SANTOS JUANES
Talla: Juan Martínez Montañés
(Alcalá la Real, 1568 - Sevilla, 1649)
Policromía: Francisco Pacheco
(Sanlúcar de Barrameda, 1564 - Sevilla, 1644)
1611-1613
Madera de cedro policromada, 153 x
65 x 70 cm
Retablo mayor del Monasterio de
San Isidoro del Campo, Santiponce (Sevilla)
Escultura barroca. Escuela
sevillana
En relación con la creciente devoción al tema de la Inmaculada
Concepción, a comienzos del siglo XVII se produjo en la Sevilla barroca una
gran acogida a la representación de las figuras de los Santos Juanes —San Juan
Bautista y San Juan Evangelista—, especialmente en los conventos de monjas, que
reclamaron para sus iglesias el dúo formado por el Bautista, tomado como
modelo de vida activa y predicación, y el Evangelista como referente de
la vida contemplativa y la oración. La devoción se articuló mediante la
colocación de dobles retablos, generalmente enfrentados en la nave y presididos
por cada uno de los santos, que suelen aparecer acompañados de otras esculturas
y distintas obras pictóricas bien dedicadas a su hagiografía o a otros santos
ejemplarizantes.
La demanda de estos retablos y santos tallados en madera fue
especialmente abundante en el entorno sevillano, eligiendo las comunidades
religiosas, que en ese momento vivían un tiempo de bonanza ligado al desarrollo
de Sevilla, a los mejores artistas asentados en la ciudad, como es el caso de
Juan Martínez Montañés o su discípulo Juan de Mesa. No obstante, este auge de
devoción sanjuanista también tuvo su repercusión en la escuela castellana, con
importantes creaciones de Gregorio Fernández en Valladolid y Esteban de Rueda
en Toro, aunque en menor cantidad.

Martínez Montañés, que fuera alentado por los consejos del venerable Padre Fernández de Mata, su padre
espiritual, de ser devoto “del santo de
nuestro nombre”, toma como punto de partida las características
representaciones de los escultores del Renacimiento, manteniendo los atributos
iconográficos del cordero que acompaña a San Juan Bautista y el águila que
identifica a San Juan Evangelista, pero infunde a las figuras una iconografía
renovada mucho más matizada y naturalista para enfatizar su relación con Cristo
y su papel dentro de la Iglesia, motivo con el que se identificaba la Compañía
de Jesús, que en ellos encontraba el modelo idóneo de predicación y
evangelización.
Debido a la abundante demanda de este santoral sanjuanista, el genio de
Martínez Montañés creó una de las series iconográficas más abundantes de su
producción, abarcando distintos episodios tomados de la hagiografía de ambos
santos, aunque prevalece su representación como figuras aisladas, bien en bulto
redondo, como en los conventos de Santa Paula o de Santa Clara, o bien en forma
de altorrelieves, como en el monasterio de San Leandro, modelos que en algunos
casos se convirtieron en arquetipos que fueron copiados por sus seguidores.

En todos los casos, Martínez Montañés se ajusta a una iconografía
tradicional que actúa de forma complementaria. De forma simplificada esta se
puede resumir así: San Juan Bautista revestido con una túnica de
piel de camello (alusiva a su austera vida de predicador en el desierto) y un
manto rojo (símbolo de su martirio), siendo un atributo inseparable la compañía
de un cordero al que señala con el dedo, con frecuencia enarbolando una cruz o
sujetando un libro (remarcando con el gesto su carácter de Precursor) y siempre
con la mirada dirigida al espectador. Por su parte, San Juan Evangelista
aparece con revestido con una túnica de tonos marfileños, un manto rojo equiparándole
al Bautista y con la mirada dirigida a lo alto en pleno rapto de inspiración
mientras escribe su evangelio sobre un libro o pergamino, o bien aludiendo a
las visiones del Apocalipsis en la isla de Patmos, siempre acompañado de un
águila como atributo principal (tradicional en el Tetramorfos) que simboliza la
altura espiritual de sus escritos, aunque en algunas representaciones este
atributo es cambiado por un cáliz que sujeta en sus manos aludiendo al Milagro
del cáliz envenenado difundido en la Leyenda Dorada por Santiago de
la Vorágine.

La
variada iconografía de Juan Martínez Montañés
Hay que destacar que la iconografía creada por Martínez Montañés sólo es
reiterativa en algunos casos por motivo de las demandas que exigían un modelo
concreto, pues el escultor representó a los Santos Juanes de diferentes
maneras, como con diferentes edades —desde los modelos adolescentes de San
Juan Bautista que presentan las figuras conservadas en la Catedral de
Toledo, en el convento sevillano de Santa Clara o en el Meadows Museum de
Dallas, a su aspecto evolucionado como hombre maduro treintañero, con ejemplos,
entre otros, en el convento de Santa Paula de Sevilla o en el Metropolitan
Museum de Nueva York.
Otro tanto ocurre con las representaciones de San Juan Evangelista,
cuyos modelos oscilan desde el aspecto de apóstol maduro, como ocurre en los
conventos sevillanos de Santa Paula, Santa Clara o San Leandro, al de un
anciano de avanzada edad aludiendo a su estancia final en Éfeso, tipología que
presentan las imágenes del
Museo Nacional de Escultura de Valladolid, obra procedente del convento de
Santa María de la Pasión de Sevilla o la imitación del modelo que hiciera Juan de Mesa, hoy en la iglesia de Santa María la Mayor de Estepa tras llegar desde Sevilla en 1894.

Junto a la variedad tipológica sanjuanista representada por Montañés, basada en el aspecto por la
edad, se suma la diversidad de posturas, unas veces con los santos de pie y
otras sentados o de rodillas, siempre manteniendo los mismos atributos, entre
los que no faltan motivos anecdóticos, como la actitud del cordero en el
Bautista o el águila sujetando en el pico el tintero del Evangelista, anécdotas
ya utilizadas desde el Renacimiento.
No obstante, Martínez Montañés no fue ajeno al extenso repertorio de la
plástica escultórica desarrollada en la época en torno a estos dos santos. En unos
casos referidos a San Juan Bautista: Visitación de la Virgen a Santa Isabel,
Nacimiento del Bautista, San Juan Niño o Sanjuanito (aislado o en
compañía del Niño Jesús), Predicación en el desierto (Precursor), Bautismo
de Cristo en el río Jordán, Encarcelación por orden de Herodes Antipas
o Decapitación por petición de Salomé a Herodes Antipas.

Dentro de este repertorio, es destacable el monumental Retablo de San
Juan Bautista que realizara Martínez Montañés entre 1610 y 1620 para el
convento sevillano de Santa María del Socorro, una de las mejores obras del
escultor que fue adquirida por la Dirección General de Bellas Artes en 1972 y
trasladado a la iglesia de la Anunciación de Sevilla. El retablo, con
arquitectura y relieves realizados por Martínez Montañés y policromía y
pinturas del sevillano Juan de Uceda —trabajos tasados en 1.775 ducados para
cada uno—, fue terminado de restaurar en el año 2019, recuperando la grandeza
del conjunto, compuesto por 9 altorrelieves en las calles centrales con escenas
de la vida del Bautista y 13 pinturas colocadas en los laterales, destacando en
la escena central el Bautismo de Cristo.
Paralelamente, también se potenciaron los episodios referidos a San Juan
Evangelista, de modo que, junto a su representación como Apóstol al pie
de la cruz en el Calvario, se extendió su imagen alusiva al Milagro del
cáliz envenenado (relato tomado de la Leyenda Dorada de Santiago de la
Vorágine), así como sujetando el cálamo al escribir sus visiones referidas al
Apocalipsis durante su destierro en la isla griega de Patmos, incluyendo el
castigo ordenado por el emperador Domiciano, antes de desterrarlo, por el que
el apóstol fue introducido en una tina llena de aceite hirviendo de la que
milagrosamente salió ileso.
Los
Santos Juanes del Monasterio de San Isidoro del Campo
Cuando la comunidad jerónima del Monasterio de San Isidoro del Campo
encargan el retablo mayor de su iglesia el 16 de noviembre de 1609, dedicado a
San Jerónimo, no incluían en el santoral las imágenes de los Santos Juanes,
limitándose a establecer que a los lados del primer cuerpo figurarían dos
peanas para acoger dos figuras de bulto redondo de la mayor grandeza posible.
Hacia 1611, la comunidad y Martínez Montañés acuerdan que sería la pareja
formada por el asceta San Juan Bautista y el teólogo San Juan Evangelista, dos
santos muy venerados por la Orden de San Jerónimo, cuya devoción, como ya se ha
dicho, era creciente en Sevilla en ese momento. De este modo Martínez Montañés
incorpora al retablo dos excelentes creaciones complementarias no sólo para el
retablo, sino también entre sí, que reflejan un ideal clasicista que ya anuncia
la evolución del maestro hacia el pleno naturalismo barroco.
San Juan
Bautista
El Bautista, enraizado en la iconografía tradicional, alude a su
estancia en el desierto de Judea. Representado de pie y con aspecto treintañero,
equiparable a la edad de Cristo en ese momento, muestra una elegante posición
de contraposto, una larga melena y un seductor rostro barbado que el escultor
convertirá en prototipo del santo a partir de esta obra, repitiéndole en el
futuro con la única variación del mechón resaltado sobre la frente, cada vez
más encrespado.
Siguiendo la tradición, viste un sayal de piel de camello vuelta y cubre
su cuerpo un manto rojo que se ajusta a las directrices de su colaborador
Francisco Pacheco, que recomienda para el santo esta indumentaria como “ornato
y señal de glorioso martirio”. En su mano izquierda sujeta un libro de las
Sagradas Escrituras —lujosamente encuadernado— sobre el que reposa la figura de
un pequeño cordero que simboliza el sacrificio de Cristo y al que señala con su
mano derecha aludiendo a su función de Precursor.
En la escultura destaca la armonía y la equilibrada postura corporal, de
fuerte clasicismo, que proporciona un suave y elegante movimiento cadencial a
la figura, así como los pequeños detalles en la descripción anatómica, como la
mirada intimista, los músculos y las venas visibles, la minuciosidad en la
talla de cabellos y barba, etc. Destacable es también el tratamiento de los
pliegues de la indumentaria, muy redondeados, con bordes reducidos a finas
láminas y cayendo en diagonal como recurso dinámico. Sobre su superficie Francisco
Pacheco aplicó una policromía con tonos naturalistas de color ocre en el sayal
y una fantasía de motivos florales en el anverso y reverso del manto.
San Juan Evangelista
Colocado en el lado opuesto del retablo y estableciendo el contrapunto
al Bautista se encuentra la imagen de San Juan Evangelista, que comparte con
aquella el tamaño, la elegante postura de contraposto, la envoltura del cuerpo
con voluminosas vestiduras, la expresividad discursiva de las manos, el mostrar
elementos simbólicos y la tendencia a un fuerte naturalismo. Aparece
representado como un sereno y joven apóstol, la mirada dirigida a los fieles, con
frente despejada, una larga melena e imberbe, con apenas bigote y perilla
esbozados. Viste una túnica blanca como símbolo de pureza y un manto rojo,
alusivo a su martirio, que se desliza desde el hombro izquierdo rodeando el
cuerpo y se cruza al frente estableciendo un dinámico juego de diagonales.
Como atributo porta en su mano izquierda un cáliz que alude a una de las
tres pruebas que le impuso Aristodemo, sacerdote de Diana, durante su estancia
en Éfeso, consistentes en destruir el templo de la diosa como muestra de su fe,
el beber veneno de una serpiente y el resucitar a dos condenados que acababan
de morir al probar dicho veneno.
Martínez Montañés representa al Evangelista
haciendo el ademán de bendecir el cáliz antes de salir ileso de dicha prueba. Generalmente,
para matizar el pasaje de dicho milagro, esta iconografía suele incluir una
serpiente o un pequeño dragón asomando por el cáliz. El hecho de que no
aparezca en este caso puede responder a las recomendaciones de Pacheco, que lo
relacionaba con el mensaje anunciado por Jesús: “Beberéis mi cáliz” (Mt.
20,26).
San Juan Evangelista presenta una policromía, igualmente aplicada por
Francisco Pacheco, reproduciendo en los paños una vistosa técnica de estofado
con grandes motivos florales que imitan textiles reales.
Informe y
fotografías de las obras comentadas: J. M. Travieso.
Otras
fotografías tomadas de la red y webs de museos
Bibliografía
MARCOS VILLÁN,
Miguel Ángel: "San Juan Evangelista". En: MUSEO NACIONAL DE
ESCULTURA. Museo Nacional de Escultura: colección. 2015. pp. 226-227.
PALOMERO
PÁRAMO, Jesús: San Juan Bautista y San Juan Evangelista. En Catálogo
exposición Gregorio Fernández / Martínez Montañés. El arte nuevo de hacer
imágenes. Fundación Las Edades del Hombre, Valladolid, 2024, p. 208.
Web
Archidiócesis de Sevilla. Patrimonio religioso. Retablo de San Juan Bautista
en la iglesia de la Anunciación.
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MARTÍNEZ MONTAÑES Retablo mayor de la iglesia del Monasterio de San Isidoro del Campo, 1613 Santiponce, Sevilla |
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MARTÍNEZ MONTAÑÉS Ubicación de los Santos Juanes en el retablo mayor de la iglesia del Monasterio de San Isidoro del Campo Santiponce, Sevilla |
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MARTÍNEZ MONTAÑÉS Retablo de San Juan Bautista, 1620 Iglesia de la Anunciación, Sevilla |
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MARTÍNEZ MONTAÑÉS Relieve del Bautismo de Cristo, 1620 Iglesia de la Anunciación, Sevilla |
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MARTÍNEZ MONTAÑÉS San Juan Evangelista en la tina o San Juan ante Portam Latinam 1638, procedente del convento de Santa María de la Pasión Museo de Bellas Artes, Sevilla
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MARTÍNEZ MONTAÑÉS Retablos enfrentados de los Santos Juanes, 1623-1625 Convento de Santa Clara, Sevilla |
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MARTÍNEZ MONTAÑÉS. SAN JUAN BAUTISTA Izda: 1623-1625, Convento de Santa Clara, Sevilla Dcha: 1630-1635, Meadows Museum, Dallas
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MARTÍNEZ MONTAÑÉS SAN JUAN BAUTISTA, 1625-1635 Metropolitan Museum, Nueva York
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MARTÍNEZ MONTAÑÉS SAN JUAN BAUTISTA, hacia 1625 Museo de la Catedral de Toledo |
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MARTÍNEZ MONTAÑÉS San Juan Bautista y San Juan Evangelista, 1633 Monasterio de San Leandro, Sevilla |
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MARTÍNEZ MONTAÑÉS Detalle de San Juan Evangelista, 1633 Monasterio de San Leandro, Sevilla |
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MARTÍNEZ MONTAÑÉS Retablo de San Juan Evangelista, 1637 Convento de Santa Paula, Sevilla |
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MARTÍNEZ MONTAÑÉS San Juan Evangelista y San Juan Bautista, 1637-1638 Convento de Santa Paula, Sevilla |
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Izda: MARTÍNEZ MONTAÑÉS. San Juan Evangelista, 1638 Museo Nacional de Escultura, Valladolid Dcha: JUAN DE MESA (Atrib.), Iglesia de Santa María, Estepa (Sevilla) |
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MARTÍNEZ MONTAÑÉS. Representación de los Santos Juanes con distintas edades Izda: San Juan Bautista, Catedral de Toledo y Metropolitan Museum de Nueva York Dcha: San Juan Evangelista, Monasterio de San Leandro de Sevilla y Museo Nacional de Escultura, Valladolid |
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