29 de marzo de 2026

Visita virtual: PASO DE LA SENTENCIA, excelencia en la imaginería de Zamora


 





PASO DE “LA SENTENCIA”

Ramón Núñez Fernández (San Fernando, Cádiz 1868 – Madrid, 1937)

1926

Madera policromada

Cofradía de la Santa Vera Cruz, Iglesia de San Juan, Zamora

Escultura contemporánea academicista. Imaginería religiosa

 

 

 






     Uno de los pasos procesionales más expresivo, popular y académico de cuantos desfilan en la afamada Semana Santa de Zamora es el de “La Sentencia”, cuya presencia se debe al encargo de la Junta de Fomento de Semana Santa, que en 1926 decidió ampliar el repertorio procesional zamorano incorporando esta nueva escena al repertorio heredado de siglos anteriores, siendo cedido a la Cofradía de la Vera Cruz. Para ello eligieron como escultor al prestigioso Ramón Núñez, formado en Zamora en el academicismo historicista del siglo XIX y discípulo predilecto del también zamorano Ramón Álvarez (1825-1889), autor de un importante grupo de pasos procesionales en la ciudad y por cuyo taller pasó un buen grupo de escultores locales.

     Atendiendo el encargo, Ramón Núñez realizó la preceptiva maqueta del paso —que conserva íntegra la Cofradía de la Vera Cruz— en el estudio que el escultor tenía en Valladolid, donde, después de ser aprobada por la Cofradía, la escena fue paulatinamente elaborada a tamaño natural a partir de octubre, conformando en seis meses el paso de “Jesús sentenciado”. Dentro del plazo acordado, el conjunto procesional fue enviado a Zamora, donde desfiló por primera vez el 23 de marzo de 1926, de modo que el paso de La Sentencia cumple ahora nada menos que noventa años desfilando por las calles de Zamora cada Jueves Santo.

     En la escena, que seguramente se inspira en la célebre pintura del Ecce Homo de Antonio Ciseri (1871, Galería de Arte Moderno, Florencia), se representa la escalinata del Pretorio, en cuya parte superior aparece sedente Poncio Pilatos, que al entregar a Jesús se lava las manos con la ayuda de un esclavo adolescente de raza negra, reservando el primer término para colocar a Cristo, que caracterizado con una serena iconografía tradicional de Ecce Homo, es presentado a la plebe por un soldado burlón y un sacerdote judío. Como afirma José Andrés Casquero cada una de las cinco figuras recibe un tratamiento individualizado para plasmar el relato al completo al presentar un diálogo perfecto de unas con otras, consiguiendo una magnífica y equilibrada composición donde cada figura presenta unas calidades técnicas asombrosas, siempre manteniendo como seña de identidad del escultor la esbeltez de las figuras.

En 1926 el paso comenzó a desfilar sobre una mesa tallada por Gerardo Fernández, aunque en la actualidad lo hace sobre la antigua mesa que en 1943 talló Ricardo Segundo para la Santa Cena y que fue adaptada en 1991 para La Sentencia. 

     Según declaraciones del escultor, la primera figura realizada fue el soldado que figura en primer término, esbelto y bien parecido, pero repulsivo y antipático, destacando la inestabilidad corporal por estar colocado sobre un doble peldaño mostrando y señalando a Cristo.

La segunda figura fue la de Jesús, de la que declaró lo difícil que es convertir un madero en una escultura que represente lo divino. Según sus creencias, lo concibió sencillo, frío, espiritual, elegante, ligero en su composición y respirando grandeza, presentando una figura erguida, con prevalencia de la verticalidad, caída de pliegues de forma natural y sujetando con dignidad la caña de la afrenta. Ramón Núñez consigue en esta representación tradicional de Ecce Homo una de sus mejores creaciones, muy superior en calidad al resto de figuras que componen el paso.

Por su parte, en la figura de Poncio Pilatos, la tercera del conjunto, el escultor trató de plasmar un tipo distinguido y aristocrático vestido de cónsul romano, procurando que en sus facciones expresara la sensación de injusticia, con las comisuras de la boca contraídas y el entrecejo marcado, mostrando un rostro reflexivo y preocupado. A su lado, un joven esclavo de raza negra sujeta una jofaina dando vida y movimiento a la escena.

     Completa el grupo un personaje que encarnando a un rabino del Sanedrín trata de tranquilizar a Pilatos. Según el escultor, procuró infundir animación a esta figura con una de sus manos dirigida a Pilatos y la otra a la plebe.

El grupo escultórico manifiesta dos momentos. Por un lado Jesús presentado al pueblo por un sayón, siguiendo el relato evangélico de Juan, y en un segundo plano Pilatos en el momento de lavarse las manos asesorado por un miembro del Sanedrín, poniendo de manifiesto en estas esculturas el oficio de escultor consagrado de Ramón Núñez, que supera su estatus de imaginero al haber realizado una formación académica en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, al ocupar una plaza de profesor en la Escuela de Artes y Oficios de Santiago de Compostela, donde esculpió la impresionante fachada de la Facultad de Geografía e Historia de Santiago (1902).  

En torno a este paso procesional y su autor no faltan ejemplos de bonhomía, pues, según las crónicas, el escultor Ramón Núñez no recibió por este magnífico paso nada más que el coste de los materiales utilizados, un rasgo de generosidad elogiado y agradecido por todos los zamoranos.

 

RAMÓN NÚÑEZ
Maqueta del paso de "La Sentencia"
Cofradía de la Vera Cruz, Zamora
El paso de La Sentencia y la Cofradía de la Santa Vera Cruz de Zamora

Fundada a finales del siglo XV, la Cofradía de la Santa Vera Cruz es la penitencial más antigua de Zamora, teniéndose noticia escrita de que ya estaba activa en 1508, de que sus integrantes eran disciplinantes —penitencia que fue prohibida en 1768— y que su primera sede canónica fue el desaparecido Convento de San Francisco. A raíz de un pleito mantenido a principios del siglo XVI con la Cofradía de la Pasión consigue que esta se le agregue, llegando a tener como otra sede en Convento de Santo Domingo, realizando sus actividades en ambos conventos.

La Cofradía, de orígenes modestos, vivió su época de mayor esplendor durante los siglos XVII y XVIII, conociendo en el XIX una crisis tanto económica como devocional. Por entonces, a falta de cargadores, en los pasos se pusieron plataformas sobre ruedas, al tiempo que en las túnicas se sustituía el tradicional terciopelo por un raso más barato, recuperando esta tradición de hábitos y carga de los pasos a hombros a mediados de los 80 del siglo XX, siendo presidente Robustiano Lorenzo Sevillano. Como buena parte de los pasos pertenecientes a la Cofradía de la Vera Cruz, se puede visitar durante todo el año en la colección permanente del Museo de Semana Santa. 


RAMÓN NÚÑEZ
Maqueta del paso de "La Sentencia"
Cofradía de la Vera Cruz, Zamora

Tras los pasos del escultor Ramón Núñez Fernández (1868-1937)

Nacido en 1868 en San Fernando (Cádiz), fue un destacado escultor que dejó como legado numerosas obras tanto de tipo religioso como de escultura monumental de carácter civil. Tras el traslado de su padre a Zamora por motivos laborales, inició su formación en esta ciudad en el taller de Ramón Álvarez, uno de los grandes imagineros de la Semana Santa zamorana, del que fue alumno predilecto. Posteriormente completaría su formación junto al académico Juan Samsó Lengly en la Escuela de San Fernando de Madrid.

En 1894 se trasladó a Santiago de Compostela, donde ocupó el puesto de profesor de Modelado y Vaciado en la Escuela de Artes e Industrias. En la ciudad gallega desarrolló una productiva etapa en la que destacaron conjuntos escultóricos de gran tamaño, como en la fachada de la Universidad de Santiago de Compostela o el frontón de la Facultad de Medicina de la misma ciudad, ejecutado en mármol, junto a las figuras de las virtudes teologales que rematan los frontones del antiguo Hospital Psiquiátrico de Conxo, elaboradas en piedra de Novelda. En mármol y pertenecientes a los sepulcros de los arzobispos Bartolomé Rajoy y Lope de Mendoza, en la catedral compostelana, son las figuras de la Fe y la Esperanza. También fue el autor de monumentos en forma de bustos, como el de Montero Ríos en bronce y el de Cervantes en cemento, así como diversas obras de imaginería religiosa.

RAMÓN NÚÑEZ
Rabino judío y Poncio Pilatos
Maqueta del paso "La Sentencia"

     En 1911 Ramón Núñez llegó a Valladolid para ocupar la cátedra de modelado en la Escuela de Bellas Artes, compaginando esta tarea con la de Escultor Anatómico de la Facultad de Medicina, uniendo de nuevo su faceta de creación artística con la labor docente. En esta ciudad tuvo dos talleres, uno en la calle Cascajares, enfrente de la Catedral, y otro en la calle Paraíso. En ellos, aparte de realizar su propia obra, fue maestro de nuevos escultores que alcanzarían la fama de adultos, como José Luis Medina, Baltasar Lobo, Rafael Sanz o Antonio Vaquero.

Durante su estancia en Valladolid atendió diversos encargos, algunos con una decidida estética modernista. Es el caso de Ensueño o La mujer adúltera. También fue autor de bustos de eminentes médicos vallisoletanos, como Luis de Mercado o Dionisio Daza y Chacón. Para la iglesia de San Ildefonso en 1916 hizo una recreación de la cueva de Lourdes, que albergaba la imagen por él creada, así como la representación mariana que preside la fachada del Colegio de Nuestra Señora de Lourdes desde 1924. No obstante, su obra más popular sería la colosal imagen del Sagrado Corazón de Jesús que desde 1923 corona la torre de la catedral vallisoletana, a la que dedicó unos versos que con el título A la torre de la catedral aparecieron publicados en El Diario Regional el 24 de diciembre de 1922. Mención especial merece como imaginero de varios pasos procesionales de Semana Santa, como es el caso de La Sentencia para la Cofradía de la Vera Cruz de Zamora o el Cristo yacente de la Cofradía del Santo Sepulcro de Palencia.

RAMÓN NÚÑEZ
Poncio Pilatos y joven esclavo
Maqueta del paso "La Sentencia"

En 1930 Ramón Núñez solicitó su traslado a Madrid, donde residió sus últimos años y donde falleció el 1 de abril de 1937, en plena Guerra Civil.            

  

 

Informe y fotografías: José Miguel Travieso.

 

 






RAMÓN NÚÑEZ
Cristo. Maqueta del paso "La Sentencia"



Bibliografía:

BRASAS EGIDO, José Carlos y URREA FERNANDEZ, Jesús: Pintura y Escultura en Valladolid en el siglo XX 1900-1936. Ateneo de Valladolid, 1998.

CASQUERO FERNÁNDEZ, José-Andrés: El paso de “La Sentencia”: una obra de Ramón Núñez para la Semana Santa zamorana. Zamora, 2005.















  







RAMÓN NÚÑEZ
Detalle del paso de "La Sentencia"























RAMÓN NÚÑEZ
Paso de "La Sentencia"


















RAMÓN NÚÑEZ
Paso de "La Sentencia" junto a la catedral de Zamora

















ANTONIO CISERI
Ecce Homo, 1871
Galaría de Arte Moderno, Florencia





















OTRAS ESCULTURAS DE RAMÓN NÚÑEZ














Decoración de la fachada de la 
Facultad de Geografía e Historia
de Santiago de Compostela.












La mujer adúltera, 1912
Monasterio de Santa María la Real
de las Huelgas, Valladolid












Retrato del escultor Ramón Álvarez, 1925
Real Academia de Bellas Artes de la
Purísima Concepción, Valladolid



















Virgen de Lourdes, 1917
Iglesia de San Ildefonso, Valladolid













Boceto del Sagrado Corazón de Jesús
de la torre de la catedral de Valladolid











Colosal estatua del Sagrado Corazón 
de Jesús coronando la torre de la
catedral de Valladolid, 1923


* * * * *

4 de marzo de 2026

JOSÉ CARLOS BRASAS EGIDO

 



JOSÉ CARLOS BRASAS EGIDO

Valladolid, 1950 - Valladolid, 2026




In memoriam




* * * * *

2 de marzo de 2026

Visita virtual: SAN JUAN BAUTISTA Y SAN JUAN EVANGELISTA, una iconografía simbólica muy apreciada en Sevilla




SANTOS JUANES

Talla: Juan Martínez Montañés (Alcalá la Real, 1568 - Sevilla, 1649)

Policromía: Francisco Pacheco (Sanlúcar de Barrameda, 1564 - Sevilla, 1644)

1611-1613

Madera de cedro policromada, 153 x 65 x 70 cm

Retablo mayor del Monasterio de San Isidoro del Campo, Santiponce (Sevilla)

Escultura barroca. Escuela sevillana

 

 




     En relación con la creciente devoción al tema de la Inmaculada Concepción, a comienzos del siglo XVII se produjo en la Sevilla barroca una gran acogida a la representación de las figuras de los Santos Juanes —San Juan Bautista y San Juan Evangelista—, especialmente en los conventos de monjas, que reclamaron para sus iglesias el dúo formado por el Bautista, tomado como modelo de vida activa y predicación, y el Evangelista como referente de la vida contemplativa y la oración. La devoción se articuló mediante la colocación de dobles retablos, generalmente enfrentados en la nave y presididos por cada uno de los santos, que suelen aparecer acompañados de otras esculturas y distintas obras pictóricas bien dedicadas a su hagiografía o a otros santos ejemplarizantes.

La demanda de estos retablos y santos tallados en madera fue especialmente abundante en el entorno sevillano, eligiendo las comunidades religiosas, que en ese momento vivían un tiempo de bonanza ligado al desarrollo de Sevilla, a los mejores artistas asentados en la ciudad, como es el caso de Juan Martínez Montañés o su discípulo Juan de Mesa. No obstante, este auge de devoción sanjuanista también tuvo su repercusión en la escuela castellana, con importantes creaciones de Gregorio Fernández en Valladolid y Esteban de Rueda en Toro, aunque en menor cantidad.


     Martínez Montañés, que fuera alentado por los consejos del venerable Padre Fernández de Mata, su padre espiritual, de ser devoto “del santo de nuestro nombre”, toma como punto de partida las características representaciones de los escultores del Renacimiento, manteniendo los atributos iconográficos del cordero que acompaña a San Juan Bautista y el águila que identifica a San Juan Evangelista, pero infunde a las figuras una iconografía renovada mucho más matizada y naturalista para enfatizar su relación con Cristo y su papel dentro de la Iglesia, motivo con el que se identificaba la Compañía de Jesús, que en ellos encontraba el modelo idóneo de predicación y evangelización.

Debido a la abundante demanda de este santoral sanjuanista, el genio de Martínez Montañés creó una de las series iconográficas más abundantes de su producción, abarcando distintos episodios tomados de la hagiografía de ambos santos, aunque prevalece su representación como figuras aisladas, bien en bulto redondo, como en los conventos de Santa Paula o de Santa Clara, o bien en forma de altorrelieves, como en el monasterio de San Leandro, modelos que en algunos casos se convirtieron en arquetipos que fueron copiados por sus seguidores.

     En todos los casos, Martínez Montañés se ajusta a una iconografía tradicional que actúa de forma complementaria. De forma simplificada esta se puede resumir así: San Juan Bautista revestido con una túnica de piel de camello (alusiva a su austera vida de predicador en el desierto) y un manto rojo (símbolo de su martirio), siendo un atributo inseparable la compañía de un cordero al que señala con el dedo, con frecuencia enarbolando una cruz o sujetando un libro (remarcando con el gesto su carácter de Precursor) y siempre con la mirada dirigida al espectador. Por su parte, San Juan Evangelista aparece con revestido con una túnica de tonos marfileños, un manto rojo equiparándole al Bautista y con la mirada dirigida a lo alto en pleno rapto de inspiración mientras escribe su evangelio sobre un libro o pergamino, o bien aludiendo a las visiones del Apocalipsis en la isla de Patmos, siempre acompañado de un águila como atributo principal (tradicional en el Tetramorfos) que simboliza la altura espiritual de sus escritos, aunque en algunas representaciones este atributo es cambiado por un cáliz que sujeta en sus manos aludiendo al Milagro del cáliz envenenado difundido en la Leyenda Dorada por Santiago de la Vorágine. 

La variada iconografía de Juan Martínez Montañés

Hay que destacar que la iconografía creada por Martínez Montañés sólo es reiterativa en algunos casos por motivo de las demandas que exigían un modelo concreto, pues el escultor representó a los Santos Juanes de diferentes maneras, como con diferentes edades —desde los modelos adolescentes de San Juan Bautista que presentan las figuras conservadas en la Catedral de Toledo, en el convento sevillano de Santa Clara o en el Meadows Museum de Dallas, a su aspecto evolucionado como hombre maduro treintañero, con ejemplos, entre otros, en el convento de Santa Paula de Sevilla o en el Metropolitan Museum de Nueva York.

Otro tanto ocurre con las representaciones de San Juan Evangelista, cuyos modelos oscilan desde el aspecto de apóstol maduro, como ocurre en los conventos sevillanos de Santa Paula, Santa Clara o San Leandro, al de un anciano de avanzada edad aludiendo a su estancia final en Éfeso, tipología que presentan las imágenes del Museo Nacional de Escultura de Valladolid, obra procedente del convento de Santa María de la Pasión de Sevilla o la imitación del modelo que hiciera Juan de Mesa, hoy en la iglesia de Santa María la Mayor de Estepa tras llegar desde Sevilla en 1894. 

     Junto a la variedad tipológica sanjuanista representada por Montañés, basada en el aspecto por la edad, se suma la diversidad de posturas, unas veces con los santos de pie y otras sentados o de rodillas, siempre manteniendo los mismos atributos, entre los que no faltan motivos anecdóticos, como la actitud del cordero en el Bautista o el águila sujetando en el pico el tintero del Evangelista, anécdotas ya utilizadas desde el Renacimiento.

No obstante, Martínez Montañés no fue ajeno al extenso repertorio de la plástica escultórica desarrollada en la época en torno a estos dos santos. En unos casos referidos a San Juan Bautista: Visitación de la Virgen a Santa Isabel, Nacimiento del Bautista, San Juan Niño o Sanjuanito (aislado o en compañía del Niño Jesús), Predicación en el desierto (Precursor), Bautismo de Cristo en el río Jordán, Encarcelación por orden de Herodes Antipas o Decapitación por petición de Salomé a Herodes Antipas.


     Dentro de este repertorio, es destacable el monumental Retablo de San Juan Bautista que realizara Martínez Montañés entre 1610 y 1620 para el convento sevillano de Santa María del Socorro, una de las mejores obras del escultor que fue adquirida por la Dirección General de Bellas Artes en 1972 y trasladado a la iglesia de la Anunciación de Sevilla. El retablo, con arquitectura y relieves realizados por Martínez Montañés y policromía y pinturas del sevillano Juan de Uceda —trabajos tasados en 1.775 ducados para cada uno—, fue terminado de restaurar en el año 2019, recuperando la grandeza del conjunto, compuesto por 9 altorrelieves en las calles centrales con escenas de la vida del Bautista y 13 pinturas colocadas en los laterales, destacando en la escena central el Bautismo de Cristo.     

Paralelamente, también se potenciaron los episodios referidos a San Juan Evangelista, de modo que, junto a su representación como Apóstol al pie de la cruz en el Calvario, se extendió su imagen alusiva al Milagro del cáliz envenenado (relato tomado de la Leyenda Dorada de Santiago de la Vorágine), así como sujetando el cálamo al escribir sus visiones referidas al Apocalipsis durante su destierro en la isla griega de Patmos, incluyendo el castigo ordenado por el emperador Domiciano, antes de desterrarlo, por el que el apóstol fue introducido en una tina llena de aceite hirviendo de la que milagrosamente salió ileso. 

Los Santos Juanes del Monasterio de San Isidoro del Campo  

Cuando la comunidad jerónima del Monasterio de San Isidoro del Campo encargan el retablo mayor de su iglesia el 16 de noviembre de 1609, dedicado a San Jerónimo, no incluían en el santoral las imágenes de los Santos Juanes, limitándose a establecer que a los lados del primer cuerpo figurarían dos peanas para acoger dos figuras de bulto redondo de la mayor grandeza posible. Hacia 1611, la comunidad y Martínez Montañés acuerdan que sería la pareja formada por el asceta San Juan Bautista y el teólogo San Juan Evangelista, dos santos muy venerados por la Orden de San Jerónimo, cuya devoción, como ya se ha dicho, era creciente en Sevilla en ese momento. De este modo Martínez Montañés incorpora al retablo dos excelentes creaciones complementarias no sólo para el retablo, sino también entre sí, que reflejan un ideal clasicista que ya anuncia la evolución del maestro hacia el pleno naturalismo barroco. 

San Juan Bautista

El Bautista, enraizado en la iconografía tradicional, alude a su estancia en el desierto de Judea. Representado de pie y con aspecto treintañero, equiparable a la edad de Cristo en ese momento, muestra una elegante posición de contraposto, una larga melena y un seductor rostro barbado que el escultor convertirá en prototipo del santo a partir de esta obra, repitiéndole en el futuro con la única variación del mechón resaltado sobre la frente, cada vez más encrespado.

     Siguiendo la tradición, viste un sayal de piel de camello vuelta y cubre su cuerpo un manto rojo que se ajusta a las directrices de su colaborador Francisco Pacheco, que recomienda para el santo esta indumentaria como “ornato y señal de glorioso martirio”. En su mano izquierda sujeta un libro de las Sagradas Escrituras —lujosamente encuadernado— sobre el que reposa la figura de un pequeño cordero que simboliza el sacrificio de Cristo y al que señala con su mano derecha aludiendo a su función de Precursor.

En la escultura destaca la armonía y la equilibrada postura corporal, de fuerte clasicismo, que proporciona un suave y elegante movimiento cadencial a la figura, así como los pequeños detalles en la descripción anatómica, como la mirada intimista, los músculos y las venas visibles, la minuciosidad en la talla de cabellos y barba, etc. Destacable es también el tratamiento de los pliegues de la indumentaria, muy redondeados, con bordes reducidos a finas láminas y cayendo en diagonal como recurso dinámico. Sobre su superficie Francisco Pacheco aplicó una policromía con tonos naturalistas de color ocre en el sayal y una fantasía de motivos florales en el anverso y reverso del manto. 

San Juan Evangelista

Colocado en el lado opuesto del retablo y estableciendo el contrapunto al Bautista se encuentra la imagen de San Juan Evangelista, que comparte con aquella el tamaño, la elegante postura de contraposto, la envoltura del cuerpo con voluminosas vestiduras, la expresividad discursiva de las manos, el mostrar elementos simbólicos y la tendencia a un fuerte naturalismo. Aparece representado como un sereno y joven apóstol, la mirada dirigida a los fieles, con frente despejada, una larga melena e imberbe, con apenas bigote y perilla esbozados. Viste una túnica blanca como símbolo de pureza y un manto rojo, alusivo a su martirio, que se desliza desde el hombro izquierdo rodeando el cuerpo y se cruza al frente estableciendo un dinámico juego de diagonales.

Como atributo porta en su mano izquierda un cáliz que alude a una de las tres pruebas que le impuso Aristodemo, sacerdote de Diana, durante su estancia en Éfeso, consistentes en destruir el templo de la diosa como muestra de su fe, el beber veneno de una serpiente y el resucitar a dos condenados que acababan de morir al probar dicho veneno. 

     Martínez Montañés representa al Evangelista haciendo el ademán de bendecir el cáliz antes de salir ileso de dicha prueba. Generalmente, para matizar el pasaje de dicho milagro, esta iconografía suele incluir una serpiente o un pequeño dragón asomando por el cáliz. El hecho de que no aparezca en este caso puede responder a las recomendaciones de Pacheco, que lo relacionaba con el mensaje anunciado por Jesús: “Beberéis mi cáliz” (Mt. 20,26).

San Juan Evangelista presenta una policromía, igualmente aplicada por Francisco Pacheco, reproduciendo en los paños una vistosa técnica de estofado con grandes motivos florales que imitan textiles reales.      

 

 



Informe y fotografías de las obras comentadas: J. M. Travieso.

Otras fotografías tomadas de la red y webs de museos

 







Bibliografía 

MARCOS VILLÁN, Miguel Ángel: "San Juan Evangelista". En: MUSEO NACIONAL DE ESCULTURA. Museo Nacional de Escultura: colección. 2015. pp. 226-227. 

PALOMERO PÁRAMO, Jesús: San Juan Bautista y San Juan Evangelista. En Catálogo exposición Gregorio Fernández / Martínez Montañés. El arte nuevo de hacer imágenes. Fundación Las Edades del Hombre, Valladolid, 2024, p. 208. 

Web Archidiócesis de Sevilla. Patrimonio religioso. Retablo de San Juan Bautista en la iglesia de la Anunciación.

 


MARTÍNEZ MONTAÑES
Retablo mayor de la iglesia del
Monasterio de San Isidoro del Campo, 1613
Santiponce, Sevilla















MARTÍNEZ MONTAÑÉS
Ubicación de los Santos Juanes en el retablo mayor de la
iglesia del Monasterio de San Isidoro del Campo
Santiponce, Sevilla











MARTÍNEZ MONTAÑÉS
Retablo de San Juan Bautista, 1620
Iglesia de la Anunciación, Sevilla











MARTÍNEZ MONTAÑÉS
Relieve del Bautismo de Cristo, 1620
Iglesia de la Anunciación, Sevilla














MARTÍNEZ MONTAÑÉS
San Juan Evangelista en la tina o San Juan ante Portam Latinam
1638, procedente del convento de Santa María de la Pasión
Museo de Bellas Artes, Sevilla 

























MARTÍNEZ MONTAÑÉS
Retablos enfrentados de los Santos Juanes, 1623-1625
Convento de Santa Clara, Sevilla












MARTÍNEZ MONTAÑÉS. SAN JUAN BAUTISTA
Izda: 1623-1625, Convento de Santa Clara, Sevilla
Dcha: 1630-1635, Meadows Museum, Dallas













MARTÍNEZ MONTAÑÉS
SAN JUAN BAUTISTA, 1625-1635
Metropolitan Museum, Nueva York













MARTÍNEZ MONTAÑÉS
SAN JUAN BAUTISTA, hacia 1625
Museo de la Catedral de Toledo











MARTÍNEZ MONTAÑÉS
San Juan Bautista y San Juan Evangelista, 1633
Monasterio de San Leandro, Sevilla












MARTÍNEZ MONTAÑÉS
Detalle de San Juan Evangelista, 1633
Monasterio de San Leandro, Sevilla







MARTÍNEZ MONTAÑÉS
Retablo de San Juan Evangelista, 1637
Convento de Santa Paula, Sevilla











MARTÍNEZ MONTAÑÉS
San Juan Evangelista y San Juan Bautista, 1637-1638
Convento de Santa Paula, Sevilla











Izda: MARTÍNEZ MONTAÑÉS. San Juan Evangelista, 1638
Museo Nacional de Escultura, Valladolid
Dcha: JUAN DE MESA (Atrib.), Iglesia de Santa María, Estepa (Sevilla)










MARTÍNEZ MONTAÑÉS. Representación de los Santos Juanes con distintas edades
Izda: San Juan Bautista, Catedral de Toledo y Metropolitan Museum de Nueva York
Dcha: San Juan Evangelista, Monasterio de San Leandro de Sevilla y Museo Nacional de Escultura, Valladolid






* * * * *