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18 de julio de 2022

Pie memoriae: VIRGEN DE LOS SIETE CUCHILLOS, testimonio de una devoción secular


 



EL MILAGRO DEL NEVERO DE LA VIRGEN DE LAS ANGUSTIAS
Antaño conocida popularmente como VIRGEN DE LOS SIETE CUCHILLOS

Cofradía Penitencial de Nuestra Señora de las Angustias

Iglesia de las Angustias

Valladolid

 

 



Transcripción de la leyenda que figura en la pintura

     Es algo frecuente que algunas ciudades españolas se identifiquen con alguna devoción mariana, como ocurre con la Virgen Blanca y Vitoria, la Virgen del Pilar y Zaragoza, la Virgen de los Desamparados y Valencia o la Macarena y Sevilla, por citar algunos ejemplos. Esto también ocurrió durante mucho tiempo en Valladolid, que tuvo en la Virgen de las Angustias un referente devocional equiparable o superior al de su patrona, la Virgen de San Lorenzo. 

Juan de Juni, Virgen de las Angustias, h. 1561, en su camarín

     La Virgen de las Angustias es una obra de Juan de Juni, genial maestro escultor procedente de Borgoña que, tras llegar a España y establecerse en León por un tiempo, hacia 1540 recaló en Valladolid para atender una serie de encargos, permaneciendo en esta ciudad hasta su muerte en 1577. Cuando ya tenía su taller asentado junto al Pisuerga, ingresó como hermano en la Cofradía Penitencial de la Quinta Angustia, fundada el Viernes Santo de 1561, que ese mismo año le encargó la imagen titular que debía presidir las procesiones en las que participaban todos los cofrades en Semana Santa. 

Juan de Juni sorprendió a todos entregando una magistral creación en madera policromada en la que no sólo demostraba su pericia en el oficio, sino que con su intensidad emocional se situaba a la cabeza de la escultura española del Renacimiento, marcando un hito artístico que después sería imitado por un buen número de escultores. Ajustándose a la iconografía de la Soledad de la Virgen, la escultura muestra una interpretación rigurosa de los versos que darían lugar a la modalidad de "Stabat Mater".

Juan de Juni representó el trágico momento en que María cae derrumbada por el dolor sobre una roca al pie de la cruz, en la más estricta soledad y con una disposición helicoidal del cuerpo para realzar su agitación interior en tan patético trance. Tiene una pierna extendida al frente y otra flexionada hacia atrás a la altura de la rodilla, un recurso manierista que produce un arqueamiento del torso hacía su izquierda y que el hombro izquierdo se coloque en posición avanzada. El esquema de las piernas tiene cierta correspondencia en los brazos, el izquierdo extendido hacia atrás, cubierto por el manto y con la mano apoyada en la roca, y el derecho con la mano hundida sobre el pecho con gesto de desconsuelo. El centro emocional, como es habitual en la obra de Juni, se encuentra en la impresionante cabeza, elevada y cubierta por una toca y el manto, con un expresivo rostro en el que la boca aparece entreabierta con gesto lastimoso y la mirada suplicante dirigida al cielo. 

Izda: Grabado de Alejandro Carnicero, 1719
Plancha en el Museo Nacional de Escultura, Valladolid
Dcha: Fotografía de la Virgen de los Siete Cuchillos
Fotógrafo Francisco Sancho, 1865

     Venerada con fervor por todos los vallisoletanos, su protagonismo pasionista motivó que, mediante una bula expedida en 1614, se cambiara la titularidad de la Cofradía por la de Nuestra Señora de la Soledad y las Angustias. En ese momento ya estaban vigentes en el panorama artístico las nuevas tendencias barrocas, impregnadas de un fuerte sentimiento contrarreformista, en las que, para acentuar el realismo, se comenzaron a incorporar en las esculturas elementos postizos —ojos de vidrio, dientes de hueso, fluidos de resina, telas encoladas y textiles reales, etc.—, así como ricas piezas de orfebrería elaboradas en plata que pasarían a ser parte indispensable de algunas iconografías. 

Un ejemplo significativo fue el caso de la Virgen de las Angustias, a la que en 1623 le fueron incorporadas siete espadas de plata clavadas en el pecho y que colocadas de forma radial entre los dedos de la mano aludían a los siete dolores expresados en la profecía de Simeón. De esta manera su devoción se popularizó todavía más como Virgen de los Siete Cuchillos, cuya iconografía fue repetidamente imitada. Sirvan como ejemplos ilustrativos la Virgen de las Angustias realizada en Madrid en 1714 por Felipe del Corral para la Cofradía de la Vera Cruz de Salamanca o la Dolorosa que repitiendo miméticamente el modelo juniano hizo Tomás de Sierra hacia 1720 para la Cofradía de la Vera Cruz de Medina de Rioseco (en nuestros días Hermandad de la Dolorosa). 

Pintura mural de la Virgen de los Siete Cuchillos en una capilla
de la iglesia de San Miguel y San Julián, Valladolid

     Con la popular advocación de Virgen de los Siete Cuchillos su imagen fue divulgada en el grabado realizado por Alejandro Carnicero en el siglo XVIII, cuya plancha se conserva en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid. Y así permaneció hasta la segunda mitad del siglo XIX, como lo testimonia una fotografía realizada en 1865 por el fotógrafo Francisco Sancho.

De la expansión de su devoción se conservan múltiples manifestaciones artísticas. Sirva de ejemplo la pintura mural que decora una de las capillas de la iglesia de San Miguel y San Julián, hasta 1775 iglesia de la Casa Profesa de la Compañía de Jesús en Valladolid, donde aparece sobre una peana, con los siete cuchillos y una corona tipo resplandor como muestra de la enorme veneración recibida a lo largo del tiempo.

Los grandes cuchillos fueron sustituidos por siete puñales de plata con los que desfiló desde 1920, año en que se recuperaron los desfiles procesionales por iniciativa de Remigio Gandásegui, Arzobispo de Valladolid, hasta ser eliminados —por ser agresivos con la talla— en 1971, cuando la imagen fue sometida a una restauración integral, siendo estos expuestos de continuo bajo la imagen en su camarín y en sus andas procesionales. 

Copias de la Virgen de los Siete Cuchillos
Izda: Tomás de Sierra, Dolorosa, h. 1720
Hermandad de la Dolorosa, Medina de Rioseco
Dcha: Felipe del Corral, Virgen de las Angustias, 1714
Cofradía de la Vera Cruz, Salamanca
UN EXVOTO COMO AGRADECIMIENTO A LA VIRGEN DE LOS CUCHILLOS 

Muy elocuente de los favores recibidos de la Virgen de los Siete Cuchillos por los devotos vallisoletanos, es una pintura que se conserva en la Sala Capitular de la Cofradía Penitencial de Nuestra Señora de las Angustias, una obra que constituye un exvoto por un hecho que está narrado con detalle en la base del cuadro: “Don Juan de Cobarrubias, Don Miguel Fernández de Araujo, Don Manuel Joseph Caniero, Procuradores de esta Real Chancillería, Don Tomás Hejado agente de negocios y Contador de ella y Don Francisco García de Obragón, Abogado de dicha Real Chancillería, estando en un pozo de nieves sobre un tabladillo que tenía, faltaron las maderas y cayeron a lo profundo de más de 40 pies de alto y conociendo el riesgo de sus vidas invocaron el auxilio de Nuestra Señora de los Cuchillos y por su intercesión y especial milagro fue Dios servido saliesen con felicidad y recobraron perfecta salud; sucedió el día cinco de enero año 1726”.

La pintura, con unas dimensiones de 167 x 123 cm y realizada por un discreto pintor local dieciochesco, representa a los cinco beneficiados del prodigio en actitud de oración y de rodillas, dos colocados en la parte izquierda, seguramente el contador y el abogado, y los tres procuradores en la parte derecha. En el espacio librado entre los dos grupos se muestra un escueto paisaje en el que destaca un nevero que se podría identificar con el existente en las huertas de Linares, en terrenos del actual barrio de La Rondilla, lugar donde ocurrió el milagro como indica con su mano el primero de los procuradores. La parte superior de la pintura aparece ocupada por un celaje de nubes grisáceas entre las que se abre un resplandor celestial ocupado por la Virgen de los Cuchillos, protagonista del milagro, que repite el aspecto divulgado por los grabados del siglo XVIII. 

La imagen restaurada en 1971, con los cuchillos como testigos

     Esta pintura piadosa, al margen de sus limitados valores artísticos, supone una excelente fuente de información por un triple motivo: por constituir todo un documento sobre la enorme devoción a la Virgen de los Siete Cuchillos en la ciudad durante el siglo XVIII, por patentizar la vinculación de los funcionarios de la Real Chancillería a la Cofradía Penitencial de las Angustias, y por documentar la presencia de un pozo de nieve en Valladolid. 

Sobre la veneración de la Virgen de los Siete Cuchillos sólo podemos añadir que se mantiene casi inalterable en nuestros días como Virgen de las Angustias, constituyendo un momento álgido de su devoción su participación en la emotiva Procesión del Encuentro que se celebra en el espacio público vallisoletano cada Martes Santo. La gran veneración que suscita en la ciudad fue puesta de manifiesto durante su coronación canónica celebrada en octubre de 2009.

Respecto a la cofradía que la asiste, ya aparece citada en una bula datada en 1536, durante el pontificado de Paulo III, siendo sus primeras reglas aprobadas en 1569 por el Abad de Valladolid como delegado del Obispo de Palencia, diócesis a la que por entonces pertenecía la ciudad. Denominada por entonces como Cofradía de la Quinta Angustia, conocería una gran pujanza por las vinculaciones personales con distintos funcionarios de la Real Chancillería de Valladolid, que tradicionalmente engrosaron la lista de cofrades, figurando entre las funciones de la Cofradía la asistencia jurídica a los cofrades presos. Asimismo, el hecho de que la Corporación y Cofradía del Patriarca San José, integrada por el potente gremio de entalladores, tuviera su sede en la iglesia penitencial, facilitó que los más destacados entalladores y escultores de la ciudad también fueran hermanos cofrades de las Angustias, entre ellos Juan de Juni, Francisco Rincón y Gregorio Fernández, por citar los más conocidos. 

Detalle de la pintura exvoto de 1726
En la parte inferior vista del nevero o pozo de nieve

    Un elemento sin duda interesante del exvoto es la constatación de la existencia de neveros en Valladolid, donde se tienen referencias de dos de ellos localizados en la llamada Cuesta del Tomillo y otro en La Rondilla. Otros eran explotados por los monasterios de San Francisco, San Pablo o Nuestra Señora de Prado, junto a otros pertenecientes a familias nobles, que eran utilizados para el propio consumo y para vender al público. En este sentido, el palacio de los marqueses de Valverde (junto al Palacio de Fabio Nelli), levantado a mediados del siglo XVI por Juan de Figueroa, oidor de la Real Chancillería, conoció su esplendor al figurar entre los negocios familiares el comercio de hielo, que era almacenado y transportado a Valladolid desde poblaciones de la montaña palentina. 

Este tipo de explotación, distribuida por toda España, también conoció su actividad en pueblos vallisoletanos, entre otros en La Seca, Alaejos, Íscar, Laguna de Duero, Rueda, Peñafiel, Pesquera de Duero y Olmedo (donde todavía una calle conserva el rótulo de pozo de nieve), aunque es en Nava del Rey donde pervive el único pozo de nieve íntegro construido en el siglo XVII, que consta de un amplio pozo de seis metros de profundidad revestido de ladrillo y restos de útiles para el tratamiento de la nieve, todo cobijado en una construcción de ladrillo soportada por grandes arcos en su interior y con un tejado a dos aguas en el exterior. El edificio, que en los últimos tiempos fue utilizado para almacenar distintos productos, fue restaurado por el Ayuntamiento de Nava del Rey en el año 2010, preservándolo como testigo de esta actividad tan poco conocida por su gran valor etnográfico. 

Nevero o pozo de nieve conservado en Nava del Rey (Valladolid)

     Los neveros o pozos de nieve disponían de un ancho y profundo pozo con las paredes recubiertas de mampostería caliza, piedra o ladrillo. Hasta él se trasladaba la nieve recogida en el campo en grandes cestas, transportadas personalmente o en carros, que en el pozo era apisonada de forma manual formando capas de unos 30 cm que eran separadas por otras de paja que actuaban como aislante. Ya convertida la nieve prensada en bloques de hielo, estos eran cortados y elevados mediante poleas para su distribución y comercialización. Aunque algunos neveros no estaban protegidos por una edificación, los pozos más utilitarios disponían de una construcción que los cubría y cuyo interior estaba dispuesto, como las bodegas, para su uso específico, unas veces con el exterior circular y rematado de forma abovedada y otras como una pequeña nave con tejado a dos o cuatro aguas. 

Desde el siglo XVI en España se popularizó el consumo de hielo procedente de los neveros, lo que motivó su construcción generalizada por todos los territorios donde en invierno se podía almacenar la nieve. Su actividad se convirtió en un servicio público que atendía tanto con fines hospitalarios o para la conservación de determinados alimentos, como con un sentido lúdico para la elaboración de la aloja, una bebida refrescante, a modo de un granizado actual, generalizada en el Siglo de Oro entre las clases acomodadas, que mezclaba el hielo con miel, polvos de jengibre, pimienta, longa, canela, clavo y nuez de especia. 


Nevero de Nava del Rey (Valladolid) restaurado en 2010
(Fotos tomadas del blog Vallisoletum y El Día de Valladolid)

Informe: J. M. Travieso.

Fotografías de la pintura y de la Virgen de las Angustias del autor.  












Estructura y procesos de un nevero









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14 de abril de 2021

Pie memoriae: NUESTRA SEÑORA DE TIEDRA VIEJA, resonancias épicas en los Montes Torozos


 







NUESTRA SEÑORA DE TIEDRA VIEJA

Ermita de Nuestra Señora de Tiedra Vieja

Tiedra (Valladolid)

 

 








      En las proximidades de Tiedra, en un paraje rodeado de árboles situado en la comarca de los Montes Torozos, se encuentra un santuario, culminado en el siglo XVIII, donde recibe culto la imagen de Nuestra Señora de Tiedra Vieja.

El lugar, cargado de resonancias épicas, se identifica con el asentamiento de la ciudad vacceo-romana de Amallóbriga (declarado Bien Arqueológico de Interés Cultural), después convertido en el núcleo de la primitiva villa de Tiedra, que así permaneció hasta 1171, cuando por voluntad del rey Fernando II de León el caserío se trasladó a su actual emplazamiento para reforzar la frontera con el reino de Castilla, en un espigón que domina el valle del Duero hacia la ciudad de Toro.

El santuario se levanta no muy lejos del castillo que conoció una especial actividad en el siglo XI, cuando Sancho II de Castilla ordena a Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid, la reunión con su hermana doña Urraca en esta fortaleza para solicitar la cesión de la ciudad de Zamora, por la que recibiría a cambio la ciudad de Medina de Rioseco y el infantado de Valladolid, incluyendo el propio castillo de Tiedra. Como doña Urraca no accediera a esta capitulación propuesta por El Cid, Sancho II sitió la ciudad de Zamora, donde encontró la muerte.

En el siglo XII, tras la muerte de Alfonso VII en 1157, la villa de Tiedra pasó a pertenecer al reino de León, aunque años después el rey leonés Alfonso IX se la entregaba a doña Berenguela como compensación a su separación, pasando a pertenecer a la corona de Castilla. En 1285 Sancho IV de Castilla donó la villa y otras posesiones a don Pedro Álvarez de Asturias, que la dejó en herencia a su hija Teresa Pérez, casada con Alfonso de Meneses, con lo que la población quedaría vinculada a la influyente familia castellana de los Meneses.


     Al morir el último de los Meneses sin descendencia, el rey otorgó sus posesiones a la familia de los Alburquerque, a la que pertenecía doña Leonor, casada con el infante Fernando de Antequera y madre de los infantes de Aragón, a los que el rey Juan II confiscaba Tiedra en 1430. Tras la batalla de Olmedo en 1445, este monarca donaba la villa a don Pedro Girón, que a su muerte era señor, entre otras poblaciones, de Tiedra, Urueña, Villafrechós y Peñafiel. Su descendiente, Pedro Tellez-Girón de la Cueva, recibiría de Felipe II en 1562 el título del ducado de Osuna, con Grandeza de España, al que perteneció el castillo de Tiedra hasta el siglo XIX. En la actualidad el castillo, que presenta intervenciones desde el siglo XIII, pertenece al Ayuntamiento de Tiedra, que lo adquirió en 2004 y lo ha sometido a una restauración integral.


EL SANTUARIO 


     Desde el castillo se observa, apenas a poco más de un kilómetro de distancia, la espadaña que preside el conjunto del santuario de Nuestra Señora de Tiedra Vieja, reedificado entre finales del siglo XVI y el primer cuarto del XVII bajo el patrocinio de doña Francisca Alderete, hija de don Francisco Alderete, trinchante de las damas de la reina Ana de Austria, esposa de Felipe II. Esta benefactora, fallecida en 1624, edificó junto a la iglesia, en el siglo XVI, una hospedería cuyas dependencias se organizan en torno a un patio central. 

La hospedería, de grandes dimensiones, presenta al exterior herméticas fachadas de piedra recorridas en su perímetro por una bancada ininterrumpida de piedra, con una sobria fachada de aire herreriano al exterior que está coronada por una espadaña de dos cuerpos. Se accede al recinto a través de un amplio zaguán de tres naves, con pilares cruciformes sencillos y cubierto por una cúpula y bóveda de crucería en los tramos de la nave central y bóvedas de arista en los laterales. En su interior se encuentra el brocal de uno de los antiguos pozos del albergue. Este espacio comunica con el gran Patio de la Hospedería, levantado en el siglo XVI, que presenta dos de sus lados porticados a doble altura, recorridos por grandes arquerías de medio punto de ladrillo que dan acceso a las dependencias —perdidas en gran parte— y que en el piso inferior descansan sobre pilares pétreos ochavados. 

Santuario de Ntra. Sra. de Tiedra Vieja, Tiedra

     El conjunto fue reedificado en el siglo XVIII, afectando especialmente a la iglesia, cuya entrada se encuentra en uno de los lados del patio.  Su austera portada adintelada se reduce a dos pilastras laterales, rematadas con bolas, un ventanal central y un remate en forma de frontón partido. El interior presenta una sola nave entre contrafuertes y pilastras, cubierta en sus cuatro tramos con lunetos y yeserías quebradas de trazado barroco incorporadas en el siglo XVIII. Dispone de un coro alto a los pies, con una tribuna lateral en la que se encuentra un fantástico órgano que, procedente del monasterio de la Santa Espina, ha recuperado todo su esplendor sonoro tras haber sido recientemente restaurado. 

La cabecera se articula en dos espacios, uno en forma de falso crucero de planta cuadrada, que está cubierto por una cúpula rebajada sobre pechinas, construida en ladrillo y profusamente decorada con pinturas murales del siglo XVIII, destacando las figuras de los Cuatro Evangelistas que ocupan las pechinas. Este espacio aparece separado de la nave mediante una reja barroca, sobre basamento pétreo, que fue elaborada en 1759. En el centro del pavimento, se encuentra la losa de una sepultura que fue colocada en 1897 y que fue costeada por suscripción por los tiedranos, incluyendo los de "allende los mares", que contiene los restos de Francisco Alderete y de su hija Francisca Alderete, benefactora del recinto y fallecida en 1624. Este espacio está reservado al Patronato  del Santuario de la Virgen de Tiedra Vieja, integrado por el Ayuntamiento, pues se trata de una de las pocas ermitas que no pertenece al Arzobispado de Valladolid, sino al pueblo de Tiedra. 

Zagúan de entrada y patio de la hospedería

     El testero o ábside, levantado en la primera mitad del siglo XVIII, adopta la forma de un camarín de planta cuadrada y cubierto por una cúpula sobre pechinas que aparece igualmente decorada con una profusa decoración, con plementos divididos por nervios y la paloma del Espíritu Santo en la clave. Abigarrada es también la decoración de los arcos torales y los lunetos, decorados con relieves en yeso policromado. Toda la iconografía del camarín o capilla mayor está dedicada a la Virgen, apareciendo en las pechinas los Desposorios, la Visitación, la Anunciación y el Nacimiento, mientras que en los muros aparecen grandes pinturas historiadas referidas a los Misterios de Nuestra Señora. En el centro se encuentra un retablo-baldaquino barroco, de principios del siglo XVIII, que tiene altares en sus cuatro frentes y que está ornamentado con grandes columnas salomónicas y coronado por un templete con pequeñas figuras de ángeles. El baldaquino aloja en su interior la imagen románica de Nuestra Señora de Tiedra "la Vieja", titular del santuario, que viene recibiendo una veneración secular desde todos los pueblos circundantes, la mayoría de ellos pertenecientes a la provincia de Zamora, como Pinilla de Toro, Vezdemarbán, Villalonso y Pozoantiguo. 

Patio de la hospedería

LA VIRGEN DE TIEDRA VIEJA        

Nuestra Señora de Tiedra Vieja, como no podía ser de otro modo, cuenta con un extenso historial de milagros, siendo uno de los más recordados el obrado a favor de un niño de diez años al que una mula desbocada arrastró a lo largo de trescientos metros sin que sufriera lesión alguna. Este tipo de prodigios atribuidos fue el detonante para que se expandiera, en el ámbito rural, la enorme devoción que goza la Virgen hasta nuestros días, que como agradecimiento a los favores obrados a lo largo del tiempo ha recibido todo tipo de ofrendas o exvotos, en unos casos joyas como anillos, pulseras, coronas, etc., que custodia el Patronato, en otros, de tipo popular, en forma de las habituales piezas de cera, pinturas conmemorativas y cientos de fotografías, pues los agradecimientos llegan a nuestro tiempo, como puede comprobarse en los que aparecen como testimonios en uno de los muros del templo. 

Interior de la iglesia. Camarín de la Virgen

     La imagen de Nuestra Señora de Tiedra Vieja es una talla románica que aparece enmascarada bajo un aspecto que se generalizaría en época barroca, en este caso en el siglo XVIII, ofreciéndose a los fieles con una saya acampanada, confeccionada con ricas telas, y un amplio manto que la cubre por completo con una larga cola. Su rostro se asoma bajo un rostrillo, de plata repujada con encajes, y sobre su cabeza luce una corona de tipo real con resplandor. En su brazo izquierdo sujeta la pequeña figura del Niño Jesús, que aparece ataviado con una túnica por la que asoma su pequeña cabeza, igualmente dignificada con una corona de orfebrería de tipo imperial, mientras en su mano derecha sujeta tradicionalmente una flor. 

El último de los lujosos trajes con que se agasaja a la Virgen fue confeccionado en 1996, en seda y pasamanería de oro, por devotas vecinas de Tiedra. De su atavío se encargan tres camareras, que en agosto realizan con esmero los cambios del vestuario que la imagen lucirá hasta las fiestas del Corpus del año siguiente. 

Entre las tradiciones asentadas en torno al culto a Nuestra Señora de Tiedra Vieja figura la de las "Cáñamas", consistente en la venta de un lote de productos (avellanas, bonito, carne, vino, melocotón en conserva y mantecadas), que tiene su origen en los alimentos que se ofrecían a los forasteros que pasaban el día en la ermita venerando a la Virgen sin llevar provisiones. Otra tradición se mantiene en las fiestas del Corpus y son las llamadas "Posturas de la Virgen", consistente en una puja popular, expresada tradicionalmente en fanegas de trigo (actualmente cada fanega equivale a 2,40 euros), para tener el privilegio de meter las andas procesionales en la ermita tras la tradicional romería. Asimismo, otra costumbre es la de pujar en agosto por unas corderas ofrecidas por los devotos, siendo destinados los fondos recaudados al mantenimiento de la ermita.

Cúpula del primer tramo de la cabecera

 

Informe: J. M. Travieso.

 







Cúpula del camarín y remate del baldaquino










Pinturas murales del camarín: Misterios de la Virgen










Sepultura de Francisca Alderete, benefactora del santuario










Órgano del santuario de Nta. Sra. de Tiedra Vieja










Exvotos en la nave de la iglesia








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24 de marzo de 2021

Pie memoriae: VIRGEN DE LOS PEGOTES, un pintoresco ritual de fuego en Nava del Rey


 







VIRGEN DE LOS PEGOTES

NUESTRA SEÑORA DE LA CONCEPCIÓN

Ermita de la Concepción

Nava del Rey (Valladolid)

 








Virgen de los Pegotes
(Foto jesusario.blogspot.com)

      Una de las celebraciones marianas más curiosas de la provincia de Valladolid es la tradicional fiesta que se celebra en honor de la Virgen de los Pegotes en Nava del Rey, declarada el 9 de octubre de 2018 por la Secretaría de Estado de Turismo del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo como Fiesta de Interés Turístico Nacional.

Lo más original de esta celebración son las procesiones nocturnas dedicadas a la Inmaculada Concepción que desde 1745 se celebran los días 30 de noviembre (bajada de la ermita) y 8 de diciembre (subida a la ermita).

 

Ntra. Sra. de la Concepción o Virgen de los Pegotes

La Virgen de los Pegotes, a la que los navarreses profesan una enorme devoción desde hace siglos, es una imagen que desde tiempos del barroco ha recibido veneración como una talla vestidera que representa a la Inmaculada Concepción, aunque la reciente restauración, realizada hace pocos años, puso de manifiesto que se trata de una imagen de bulto redondo tallada en el siglo XVI.

La Virgen está dispuesta para su visión frontal, con el rostro dirigido al frente, las manos juntas en actitud de oración a la altura del pecho y el cuerpo recubierto por una túnica y un manto estofados en oro, aunque tradicionalmente la talla se muestra recubierta por una túnica y un manto de textiles reales delicadamente bordados con hilos de oro y motivos florales, así como una serie de postizos al gusto barroco, como puños y cuello de encaje, peluca de pelo natural, una rica corona en forma de diadema, una media luna de plata a su pies y un conjunto de joyas procedentes de las donaciones de los devotos, como broches y anillos de oro, siendo habitual el que lleve colocada una flor entre sus manos.

Del mantenimiento, vestidura con elementos de sus ricos ajuares y del ornato floral que luce en las procesiones, se encarga un grupo de devotas de la villa —Hijas de María— que mantienen inalterable el aspecto de la imagen titular en la ermita de la Concepción, que además cuenta con el honor de haber sido nombrada como patrona de Nava del Rey.

(Foto jesusario.blogspot.com)

 La ermita de la Concepción del Monte Zarcero

La Inmaculada Concepción o Virgen de los Pegotes recibe culto en una ermita levantada en el Monte Zarcero, en las proximidades de Nava del Rey, entre los años 1556 y 1591, según informa Federico Carbonero en su obra La Historia de la Nava. La planta del templo, de concepción tardo-gótica, originariamente tenía forma de cruz griega y se cubría con bóvedas de crucería con claves pinjantes que todavía conserva. En aquel espacio se asentaría por un tiempo el convento de San Agustín, cuya comunidad abandonó el recinto, que comenzó a ser conocido como ermita de Nuestra Señora de la Cuesta, escenario durante el siglo XVII de numerosas rogativas a la Virgen para la protección de las cosechas, siendo construido en 1692, a expensas de Tomás Solórzano, el camarín anexo.

 La ermita sufriría modificaciones en el siglo XVIII, como la colocación de un transparente en la cabecera y de un coro alto a los pies que cambiaron su planta. La creciente devoción a la Virgen propició la restauración de la capilla en 1732 por parte del Ayuntamiento, que recaudó limosnas obtenidas por la venta del mosto de la vendimia. Un año después, en 1733, se construyó la Hospedería junto a los pies del templo, que tuvo un coste de 20.000 reales. Para la veneración de la Virgen se elaboró un retablo rococó, que fue acompañado por otros dos colaterales de tipo salomónico dedicados a San Gregorio y Santa Ana.

(Foto jesusario.blogspot.com)

       El proceso culminó en 1745 con la colocación en el entorno de la ermita de un Vía Crucis dieciochesco y la proclamación del Ayuntamiento, en 1749, de la Virgen de la Concepción como Patrona de la villa, determinando celebrar su fiesta del 30 de noviembre al 8 de diciembre, caracterizada por el descenso de la imagen, en solemne procesión, desde la ermita hasta la iglesia parroquial de los Santos Juanes el 30 de noviembre, procediendo el 8 de diciembre a su retorno a la ermita. De esta manera el Ayuntamiento solemnizaba el voto a la Inmaculada Concepción 105 años antes de que el papa Pío IX proclamara el dogma de fe en 1854 en la bula Ineffabilis Deus.

 

EL RITUAL PROCESIONAL DE LA VIRGEN DE LOS PEGOTES

La bajada de la ermita

La bajada de la imagen de la Virgen de los Pegotes desde su ermita en el altozano denominado Monte Zarcero hasta la iglesia de los Santos Juanes, en el centro de la villa, se celebra en la noche de cada 30 de noviembre.

 Cuenta la leyenda que, durante la primera procesión celebrada, una fuerte tormenta obligó a ser retrasada, siendo los fieles navarreses quienes decidieron iluminar el trayecto con grandes hogueras que marcaban el itinerario, así como portar antorchas impregnadas de pez —pegotes— por los acompañantes de la Virgen, cuya vistosidad indujo a mantener la costumbre, que con el fuego como protagonista ha perdurado a lo largo del tiempo hasta nuestros días.

(Foto santanavadelrey.blogspot.com)

     Inicialmente la Virgen era descendida en andas, pero por las inclemencias del tiempo invernal, pronto los vecinos comenzaron a ceder sus carruajes. Así ocurrió hasta que en 1893 la familia Pino Rodríguez costeó un coche de caballos realizado específicamente para albergar la imagen —acristalado  y con faroles— que fue fabricado en el taller salmantino de Bomati. El carruaje, que incluye un asiento interior para alojar al párroco, al alcalde de Nava del Rey y a un miembro de la familia del donante, fue estrenado en 1894, permaneciendo en activo hasta la actualidad. Está tirado por una pareja de mulas que guía un grupo de muleros que lucen un pañuelo en la cabeza para protegerse de las morceñas y que tradicionalmente combaten el frío tomando ponche y vino añejo, así como un puro que desde el siglo XIX les obsequia el Ayuntamiento.

El carruaje con la Virgen recorre la cuesta y las calles del pueblo acompañado por navarreses que portan los pegotes encendidos, al tiempo que en el itinerario se prenden grandes hogueras que iluminan y dan calor a los asistentes creando un ambiente sumamente pintoresco, realzado por los "vivas" que los devotos lanzan a la Virgen de los Pegotes. La celebración culmina en el patio barroco del Ayuntamiento con la degustación de productos típicos y castañas asadas.

Ermita de la Concepción, Nava del Rey

 La subida a la ermita

En la noche de cada 8 de diciembre, festividad de la Inmaculada Concepción, una vez finalizado el novenario, se celebra la procesión de regreso a la ermita. Tras recorrer el carruaje con la Virgen las calles de Nava del Rey, donde se encienden nuevas hogueras y las Terciarias Franciscanas hacen sonar la campana del convento, con pausas para el canto de la Salve y los "vivas" de los navarreses, la procesión emprende la subida de la pedregosa cañada de Valdego que conduce al Pico Zarcero. A la llegada a la ermita arrecian los "vivas" y tras la colocación de la Virgen en su altar los fieles entonan su himno, compuesto en 1959. Al igual que durante la bajada, la fiesta termina con una degustación gastronómica en el Ayuntamiento.

 


Interior de la Ermita de la Concepción, Nava del Rey
La fiesta de La Función

La imagen de la Virgen de la Concepción, patrona de Nava del Rey, vuelve a ser protagonista, en el último domingo de mayo, de una multitudinaria romería que se viene celebrando desde 1841 y que da lugar a otras actividades festivas en el pueblo. A las 12 del mediodía, tras la celebración de una misa, la Virgen recorre en procesión el entorno de la ermita al son de la dulzaina y el tamboril y con el alcalde portando el estandarte presidencial al frente de la comitiva.

En esta ocasión lo hace sobre el pintoresco Carro del Sol, una carroza de aspecto barroco que aparece decorada al frente con figuras de ángeles y el anagrama mariano y en la parte trasera con la figura de un gran sol radiante y el escudo decimonónico de Castilla y León. Ante su presencia, en la explanada de la ermita, grupos de danzas honran a la patrona, que es despedida a la puerta del templo con el canto de su himno, cuyo texto es obra del P. Martín Descalzo. La fiesta acaba con la invitación del Ayuntamiento a los presentes a degustar dulces y limonada. 

Procesión de la Virgen de los Pegotes, Nava del Rey

 

 Informe: J. M. Travieso.

 







Procesión de la Virgen de los Pegotes, Nava del Rey
(Foto jesusario.blogspot.com)










Procesión de la Virgen de los Pegotes, Nava del Rey
(Foto jesusario.blogspot.com)










Procesión de la Función en mayo, Nava del Rey
(Foto ssantanavadelrey.blogspot.com)










Detalle del Carro del Sol, procesión de La Función
(Foto ssantanavadelrey.blogspot.com)














Virgen de la Concepción en la procesión de La Función
(Foto ssantanadelrey.blogspot.com)












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