1 de agosto de 2026

Visita virtual: EL CICLO DE LOS MESES de BENEDETTO ANTELAMI, el inexorable paso de los meses, el tiempo y los estilos


 EL CICLO DE LOS MESES Y LAS ESTACIONES

Benedetto Antelami (activo en la zona de Parma, Italia, entre los años 1178 y 1200)

1196 - 1216

Mármol

Baptisterio del duomo de Parma

Escultura románica de transición al gótico 

 


Catedral y Baptisterio de Parma
El impresionante Baptisterio de San Giovanni de Parma

     Una de las series escultóricas de gran interés en la historia del arte es la representación del Ciclo de los Meses que elaborara el escultor y arquitecto Benedetto Antelami para el portal principal de la fachada de la catedral de Parma, proyecto que fue interrumpido posiblemente por la muerte del escultor o por su prematuro abandono de la ciudad, pasando el conjunto a formar parte de la decoración del nuevo Baptisterio de San Giovanni, construido y decorado por él mismo entre 1196 y 1216.

El Baptisterio es un alto edificio octogonal de mármol rosa de Verona que se levanta a escasos metros de la fachada de la Catedral. La base se divide en cinco segmentos separados por esbeltas columnas que se prolongan en los nervios acentuando el empuje vertical hacia lo alto de la colorista cúpula, decorada con frescos realizados por artesanos de la región del río Po, influenciados por modelos iconográficos bizantinos.

     Con pinturas realizadas por los mismos artesanos emilianenses que trabajaron en la parte inferior, la cúpula —la parte más significativa del Baptisterio— se divide en dieciséis segmentos que se extienden radialmente desde la clave y seis bandas horizontales concéntricas, la inferior con escenas de la vida de Abraham; la segunda con la vida de San Juan Bautista; en la tercera aparece Cristo glorioso con la Virgen y San Juan Bautista, rodeados de una procesión de profetas y reyes; en la cuarta Apóstoles y Evangelistas; en la quinta la Jerusalén celestial con sus murallas y cielo estrellado; finalmente el Empíreo de color rojo, símbolo del amor.


La decoración de la parte inferior se compone de arcos pintados al fresco, entre los que destacan los realizados en el siglo XIV por el pintor florentino Buonamico Buffalmacco (Florencia, 1262-1340) —uno de los más importantes representantes de la pintura gótica en la Toscana y protagonista de algunas novelas de Boccaccio—, al que se atribuyen San Jorge matando el dragón y Santa Catalina. Asimismo, en la parte inferior se incorporan al exterior de la fachada cinco arcos y tres portales alternos unidos por una banda de animales tomados de un bestiario medieval, la cual, a modo de bordado, se ciñe al perímetro del monumento. En el centro del espacio se halla únicamente la pila bautismal, bloque de mármol rosa de cuatro lóbulos.

Cúpula del Baptisterio de San Giovanni, Parma

     Por encima se abren cuatro logias abiertas —las dos inferiores transitables y precedidas de una columnata— mientras otra superior ciega corona el espacio con dos órdenes de logias de las que arrancan los lunetos que conducen a la cúpula apuntada, con logias ciegas en el exterior del remate superior. En el luneto de la portada principal aparece la Virgen entronizada con el Niño, en el segundo se representa el Juicio Final y en el tercero una interpretación de la Leyenda de Barlaam (cristianización de una historia budista) dedicada a los no bautizados, reapareciendo el mundo clásico con la presencia del Día y la Noche, junto a dos bigas inspiradas directamente en las representaciones del dios Apolo, sol triunfante romano, todo ello debido a Benedetto Antelami como genial artífice.

 


El Ciclo de los Meses

Portal del Juicio Final, Baptisterio de Parma

     En el interior del baptisterio está colocado el original Ciclo de los Meses, constituido por esculturas en altorrelieve y esculpidas en mármol que forman una serie laica, casi completa, representando los meses y las estaciones, conjunto reconocido como obra maestra de Benedetto Antelami en 1178, que resume su visión en la representación del hombre alcanzando la cumbre de su refinamiento técnico.

Las esculturas representan hombres ocupados en las tareas agrícolas de cada estación, un tema ya reflejado en la catedral de Módena para impregnar un valor salvífico al trabajo, que según la nueva doctrina teológica en ese momento deja de considerarse como maldición divina, abandonando la condena bíblica recibida por Adán —“ganarás tu pan con el sudor de tu frente”—, para pasar a ser un signo de dignidad.

En las figuras, tanto Benedetto Antelami como su taller se esmeran especialmente en la plasmación de los detalles, como la fina descripción de los utensilios, las plantas, los frutos, los animales o las indumentarias, siempre siguiendo un naturalismo realista, signo de los nuevos tiempos, sin olvidar ideas y referencias clásicas, sobre todo en los peinados, en los ropajes y en algunos elementos simbólicos, como el no mostrar señales de fatiga. 

Representación del Sol y la Luna, de inspiración romana
en el portal dedicado al paso del tiempo
Baptisterio de Parma

     Por el contrario, queda expresado el envejecimiento humano a lo largo del año, de modo que la serie comienza en marzo con un joven con el olifante (cuerno de caza) hasta julio, donde un joven trilla la cosecha con sus caballos, mientras que en noviembre un hombre maduro cosecha nabos y en diciembre, ya anciano, corta leña para el invierno.

Benedetto Antelami inició esta decoración en 1196, aunque hubo interrupciones por falta de mármol debido a desavenencias entre Parma y Ezzelino da Romano, señor de Verona. Reanudados los trabajos en 1249, en 1270 se finalizó la construcción de la cúpula de acuerdo al diseño de Benedetto Antelami.

Aproximación iconográfica a los modelos. "Antelami dictvs scvlptor fvit hic Benedictvs": 

Enero   

BENEDETTO ANTELAMI: Enero

     Benedetto Antelami personifica el primer mes del año como un anciano rústico sentado sobre una antigua silla de montar y calentándose al fuego, hecho más común del mes siguiente, recordando la celebración del banquete de Navidad. Viste una túnica hasta la rodilla, una capa con cuello de piel y un gorro que aplasta los rizos, lo que junto a la barba le proporciona un perfil de escultura clásica antigua. Benedetto Antelami le representa con la apariencia del estático Jano Bifronte (Janus en latín significa entrada, puerta), dios de las puertas y los principios, que con un rostro mira al año pasado mientras con el otro afronta el que ha de transcurrir, siguiendo un tipo de iconografía muy divulgado. 

Febrero

Con este joven campesino que regresa al campo se inicia el ciclo de los trabajos. Su clima es frío y poco propicio para el trabajo exterior. Hay que cavar la tierra endurecida durante el invierno. Con un gesto sencillo y contundente, la pala entra en el suelo volviendo a poner en marcha la vida. De este modo, el joven cierra el año para comenzar realmente el siguiente, lo que supone un continuo comienzo de actividades. La presencia al fondo de dos grandes peces se opone a la dureza de la tierra, cuyo útil tiene que empujar con su pierna izquierda como ímpetu de juventud.

 

BENEDETTO ANTELAMI: Primavera
Marzo

Este tiempo supone el comienzo de las faenas del campo, suponiendo un ciclo en el sentido literal del término, ya que presenta una narración circular que comienza en marzo, primer mes del año que en muchos municipios centro-italianos se celebraba la fiesta de la Anunciación. Marzo está encarnado por un joven, de cabellera despeinada, que toca un cuerno para advertir que desconfíen del tiempo climatológico.  

 

Abril - Primavera

El mes central de la primavera no lleva asociada una labor específicamente agrícola, sino que aparece encarnado por un rey que en una mano sujeta una rama en flor y un lirio en la otra como señal de la fecundidad de la tierra. Relacionada con él se encuentra una alegoría de la Primavera —una de las obras maestras de Benedetto Antelami— personificada en una bella joven cuya belleza simboliza la regeneración cíclica de la naturaleza. Esta se mueve con la ligereza de un ángel, cuyo vestido, sencillo y elegante, cae en forma de pliegues que parecen moverse ligeramente empujados por una suave brisa.

 

BENEDETTO ANTELAMI: Abril
Mayo

Este mes tampoco lleva asociada una labor agrícola concreta, siendo común que se presente una escena de cetrería. Antelami le representa como un impetuoso joven a caballo portando una guadaña —no se dedica a labores agrícolas— recorriendo los campos sembrados para cortar avena para su corcel, tonificando los músculos en tiempos en que no se batalla. 

 

Junio - Julio

Estos dos meses comparten la tarea de la siega del cereal, en alusión a la elaboración del pan y del vino. En Junio un joven siega el campo formando haces de gavillas de cereal, mientras en Julio se reflejan las labores de la trilla, con altas espigas de maíz que sirven de pedestales para los caballos.

 

Agosto

Está representado por la figura de un joven campesino elaborando toneles en los que almacenar el vino de la cosecha.

 

BENEDETTO ANTELAMI: Mayo
Septiembre

 Generalmente es el momento de la vendimia y del pisado de la uva para extraer el primer mosto, que se almacenará en las barricas preparadas el mes anterior. El campesino se pone el sombrero para resguardarse del frío en la vendimia. En la parte inferior, un personaje con una balanza pesa el producto conseguido. 

Octubre

 Si todos los meses de climatología benigna están encarnados por hombres jóvenes y fornidos, a partir de Octubre Benedetto Antelami introduce figuras maduras y ancianas. Ese mes está representado por un apuesto maduro de cabello largo dedicado al ritual de la siembra. Como novedad, aparecen los zapatos y los campesinos se dejan barba, signo de que la energía disminuye. 

Noviembre

Se trata de un hombre maduro que inclinado arranca dos grandes nabos de la tierra. El escultor aplica un realismo con la sensibilidad de recrearse en la belleza de la creación. 


Diciembre

BENEDETTO ANTELAMI: Junio

     Este mes está representado por un personaje anciano dedicado al acopio de leña para calentarse durante el resto del invierno. Compartiendo el simbolismo general, la figura se enmarca en lo positivo otorgado a la vida del hombre como pecador (Chiara Frugoni), que con su esfuerzo y trabajo puede superar la maldición ligada a la culpa de Adán para transformar una condena en un medio de expiación.

Por otro lado, por razones desconocidas, de las Cuatro Estaciones solo perduran la Primavera y el Invierno, el resto no se completó, tal vez a causa de la muerte del escultor.

 

El Descendimiento, 1178, una obra maestra de la escultura medieval

(Ver estudio monográfico)

Ubicado en el transepto derecho de la Catedral de Parma, casi en un rincón, este bajorrelieve en cálido mármol rojo presenta uno de los momentos más dramáticos de la vida de Cristo: Jesús muerto descendido de la cruz. Con su dinámica simetría se convierte en un símbolo de clasicismo en la transición de la escultura románica al protogótico, con un discreto formato (230 x 110 cm) que no impide la proliferación de pequeños detalles referidos al Evangelio de Mateo. Así, de forma eficaz, las inscripciones facilitan la comprensión de la escena.

BENEDETTO ANTELAMI: Septiembre

     El centro está ocupado por la figura de Cristo ya desclavado de la cruz parcialmente. En el brazo horizontal de la cruz aparece la inscripción “Ihesus Nazarenus rex Iudeorum” (INRI). José de Arimatea sostiene el cuerpo de Cristo mientras le besa el costado y el brazo desclavado de Jesús acaricia el rostro de la Virgen, que es asistida por el arcángel San Gabriel.

Entre la Virgen y José de Arimatea aparece una figura de menor tamaño que representa a la Iglesia victoriosa, revestida con ropajes litúrgicos y portando un estandarte con la cruz y el cáliz con la sangre de Cristo. Destrá de la Virgen camina San Juan con las manos juntas como gesto de dolor, al que siguen las tres Marías: María Magdalena, María de Santiago y María Salomé, las dos últimas con la mano abierta en “gesto de testimonio” que confirma que Cristo es el Mesías.

La colocación central de la cruz establece a cada lado un ámbito distinto. En la derecha Nicodemo, subido a una escalera, se ocupa de desclavar la mano izquierda. A su lado, de menor tamaño aparece una alegoría de la Sinagoga, que sostiene un estandarte roto y a la que el arcángel San Rafael obliga a inclinar la cabeza (con los ojos cerrados, simbolizando que los judíos no han visto ni creído en la grandeza de Cristo). Sigue un centurión romano con un escudo que exclama “Verdaderamente este era el Hijo de Dios”, junto a cuatro hombres, dos con barba y dos sin ella, que representan a jueces judíos, mientras en primer término tres soldados sortean con dados la túnica de Cristo.

BENEDETTO ANTELAMI: Noviembre

     A ambos lados de la composición, dentro de una corona de guirnaldas, aparecen el Sol y la Luna. El Sol ilumina la parte izquierda, donde se coloca la iglesia triunfante, y la Luna, con una tenue luz la parte derecha, donde se encuentra la Sinagoga.

La composición, con rigor geométrico, se rodea de una guirnalda muy utilizada en la época, recogiendo el conjunto influencias provenzales, bizantinas y borgoñonas. Una peculiaridad es que Benedetto Antelami dejó esta obra firmada y fechada. Sobre la cruz discurre una inscripción que especifica: “Anno milleno centeno septvageno/octavo scvltor pat(ra)vit m(en)se se(c)v(n)do//antelami dictvs scvlptor fvit hic benedictvs” (En el año 1178, segundo mes, un escultor realizó (esta obra). Este escultor era Benedetto llamado Antelami). La losa del Descendimiento, ahora tapiada, estaba concebida como parte de un púlpito que nunca llegó a construirse.

En todas las esculturas de Benedetto Antelami se aprecia un deseo absoluto del renacer de lo clásico, lo que vincula al escultor entre el románico de Willigelmo y la evolución renacentista de Nicolò Pisano y Arnolfo da Cambio.       

 


La excelencia de un escultor medieval

BENEDETTO ANTELAMI: Diciembre

     Benedetto Antelami también trabajó para la catedral de Fidenza, donde posiblemente diseñó la fachada, para la que realizó las esculturas del rey David y del profeta Ezequiel que aparecen colocadas en nichos a los lados del portal. El estilo de Benedetto Antelami fue seguido por otros escultores, como se aprecia en los lunetos de los portales de la iglesia de Sant'Andrea de Vercelli, en la iglesia de San Mercuriale de Forli, en el ciclo que el Maestro de los Meses realizó para Ferrara (ca. 1230), hoy en el Museo de la Catedral, o los relieves con meses y oficios (ca. 1240) del portal central de la Basílica de San Marcos de Venecia.

En la catedral de Parma se conservan magníficos capiteles de Benedetto Antelami pertenecientes al duomo altomedieval. Unos narran escenas del Génesis y otros episodios de Salomón con la reina de Saba. Una pieza excepcional, descubierta el 25 de abril de 1837, es la antigua cátedra episcopal, que había permanecido olvidada tras una escalera de madera durante siglos. Se trata de un trono de mármol rojo en cuyos costados aparecen los bajorrelieves de San Pablo cayendo del caballo y San Jorge matando al dragón. Al frente dos telamones pisotean dos perros y sostienen los reposabrazos, sobre los que descansan dos leones posiblemente añadidos en el siglo XV. Asimismo, en la primera mitad del siglo XIX se redescubrieron en la catedral varios frescos que habían permanecido ocultos bajo el yeso.

Obra de Benedetto Antelami también se encuentra en el complejo monumental del Palazzo della Pilotta. Son capiteles elaborados en 1178 para el desmantelado púlpito de la catedral de Parma y que constituyen obras maestras del arte gótico italiano, con referencias a la escultura del momento en el norte de Francia. Destacan las alusiones a la antigüedad, el uso de cánones clásicos para las figuras humanas y las vestimentas. Cuatro escenas representan cuatro episodios del Libro de los Reyes, comenzando por el Juicio de Salomón, con el rey sentado en el trono y a su lado las dos supuestas madres, una de la cuales sostiene al recién nacido envuelto en pañales y la otra sujetándole por los pies.

BENEDETTO ANTELAMI: Salomón y la reina de Saba
Fachada del baptisterio de Parma

     Otras escenas, que ya no siguen la división arquitectónica, narran episodios de David y Absalón, apareciendo una mujer entronizada que se interpreta como la Reina de Saba. Estas obras están atribuidas a Benedetto Antelami, criterio que no siguen todos los investigadores, aunque un análisis relaciona los componentes de los capiteles con la iconografía del Descendimiento, lo que lleva a identificarlo con el propio Antelami.    

 

Informe: J. M. Travieso.

Fotografías tomadas de la red

 










































































































BENEDETTO ANTELAMI
Cátedra episcopal de la Catedral de Parma














BENEDETTO ANTELAMI: Ezequiel y David, 1200
Portada de la catedral de Fidenza












BENEDETTO ANTELAMI
Juicio de Salomón y Salomón y la reina de Saba
Catedral de Parma









BENEDETTO ANTELAMI
Sacrificio de Caín y Abel y Muerte de Abel
Catedral de Parma









BENEDETTO ANTELAMI
Profetas y Salomón y la reina de Saba
Museo Diocesano "Benedetto Antelami", Parma











BENEDETTO ANTELAMI
Capiteles con historias del Génesis, 1178
Palazzo della Pilotta, Parma










BENEDETTO ANTELAMI
Tentación de Eva y Expulsión del Paraíso
Palazzo della Pilotta, Parma










BENEDETTO ANTELAMI
Escena del Libro de los Reyes (Juicio de Salomón), h. 1178
Palazzo della Pilotta, Parma












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1 de julio de 2026

Visita virtual: SAN SERVANDO Y SAN GERMÁN, los hermanos mártires patronos de Cádiz


 



SAN SERVANDO Y SAN GERMÁN

Talla: Luisa Roldán, la Roldana (Sevilla, 1652-Madrid, 1706)

Policromía: Tomás de los Arcos (1661-post 1711)

1687

Madera policromada y postizos

Catedral de Cádiz

Escultura barroca. Escuela sevillana

 

 



     Corría el año 1617 cuando en Cádiz se hacía realidad una idea que había sido impulsada desde mucho tiempo atrás por el erudito e historiador de la ciudad Agustín de Horozco: la elaboración para el municipio de la representación escultórica de los santos Servando y Germán, nombrados patronos de la ciudad (honor compartido con Mérida y como copatronos de San Fernando). Este trabajo fue llevado a cabo dos años más tarde por Francisco de Villegas, que, en lugar de presentarlos como hombres maduros, barbados, vistiendo túnicas y mantos tradicionales, sujetando el alfanje musulmán de su martirio e identificados con caracteres latinos bajo las figuras, tal y como aparecen a mediados del siglo XVI, en el púlpito de Santa Eulalia de Mérida, les presentaba atléticos e imberbes, caracterizados como jóvenes soldados coronados que ensalzan la cruz y sujetan la palma del martirio que sufrieran en tiempos de Diocleciano.

El 10 de marzo de 1687, 70 años después, el Ayuntamiento de la ciudad decidió renovar las imágenes de los santos patronos que eran protagonistas en su festividad y participaban en la procesión del Corpus. En ese momento residían de Cádiz el escultor Luis Antonio de los Arcos y su esposa doña Luisa Roldán —la única mujer escultora en ese momento—, que atendían encargos en la ciudad. 

     Esta pareja de escultores, junto a Tomás de los Arcos —hermano de Luis Antonio— que se ocupaba de la policromía, acordaron con el consistorio la nueva elaboración de los dos santos por 6.000 reales. Terminados estos se completaría el rico ajuar de los dos mártires siguiendo los gustos del momento, con nuevas piezas postizas, como coronas, grilletes, cruces y palmas, conjunto de accesorios realizados en plata por el orfebre Juan de la Serna. Aportaciones finales serían las parihuelas procesionales y unas vitrinas para depositar las esculturas en la catedral, trabajos llevados a cabo por el ensamblador Juan Soriano.     

La pareja de esculturas entregadas por Luisa Roldán, conocida popularmente como La Roldana, presenta una novedosa iconografía que, inspirada en la que realizara dos décadas antes Alonso Martínez para el retablo mayor de la catedral gaditana, se convertiría en el arquetipo seguido por pintores y escultores para realizar obras devocionales con las efigies de los hermanos mártires y rendir honores a los santos patronos. 

Dos hermanos mártires como patronos de Cádiz

Según las actas martiriales, Servando “el que guarda” y Germán “guerrero lancero”, nacieron en Mérida en el seno de la extensa familia formada por dos santos, el centurión Publio Elio Marcelo, venerado como San Marcelo —también mártir por declarar su fe cristiana y por negarse a celebrar la fiesta del nacimiento del emperador Valerio— y su esposa santa Nonia. Servando y Germán, martirizados en Cádiz hacia el año 290, tuvieron otros diez hermanos igualmente mártires. Ese mismo año Claudio, Lupercio y Victorio fueron martirizados en Galicia y Emeterio y Celedonio en Calahorra. En 303 Fausto, Januario y Marcial sufrían martirio en Córdoba y dos meses después Acislo y Victoria en la misma ciudad, de donde son patronos. 

Servando y Germán fueron delatados de ser cristianos por sus propios compañeros en tiempos de Diocleciano, tras lo cual lo confesaron abiertamente, por lo que fueron apresados, encadenados y encerrados en prisión. Ambos fueron puestos en libertad cuando acabaron las persecuciones de Adriano, comenzando a predicar con valentía por la zona, pero Viator, prefecto romano en Mérida, les detuvo de nuevo y les sometió a insufribles torturas, aunque demostraron una gran resistencia ante la falta de agua y comida. Fue en tiempos de Diocleciano cuando el prefecto decidió llevarlos consigo a Tingitana (Marruecos), realizando los hermanos el camino de Mérida a Cádiz descalzos y cargados de cadenas, por lo que Viator, temeroso de que sucumbieran en el esfuerzo, el 23 de octubre de 290 ordenó fuesen degollados en Collado Ursoniano, donde, según una leyenda de finales del XVI, se levantaría la Ermita del Cerro de los Mártires (San Fernando, Cádiz). Sus cuerpos permanecerían en ese lugar hasta que los restos de Servando fueron trasladados a Sevilla y los de Germán a Mérida, comenzando a recibir culto en el siglo VII. 

Estancia de Luisa Roldán en Cádiz

En 1685 Luisa Roldán y su marido Luis Antonio de los Arcos, en compañía de Francisco José Ignacio, su quinto y único hijo vivo, se trasladaron a Cádiz intentando mejorar su situación familiar mediante su trabajo para el Cabildo catedralicio, del que recibió el encargo de realizar figuras de patriarcas y de ángeles para el Monumento. Por esas fechas Luisa Roldán entregaba a la catedral el magnífico Ecce Homo que encargara un alto funcionario de la corte de Felipe V para su capilla en el convento madrileño de Montserrat, obra que actualmente preside en Cádiz un altar catedralicio y que posiblemente fue una obra realizada previamente en su taller sevillano, como lo fue el dramático Ecce Homo que en la modalidad de busto recibe culto en la iglesia parroquial de San Francisco y San Eulogio de Córdoba, en el que la escultora repite la misma iconografía. Más tardío (1700-1706) es otro magnífico busto de Ecce Homo, en el que intervino Tomás de los Arcos como policromador, que conserva la Hermandad de la Redención de León. Como elemento común, la modalidad iconográfica de esta serie se inspira en el célebre grabado de Durero de 1512. 

     Como ya se ha comentado, es en 1687 cuando Luisa Roldán recibe el encargo de realizar las imágenes de los santos patronos San Servando y San Germán, cuya autoría quedó desvelada al encontrarse en el interior de San Servando un documento que declara: “Diseñado por Pedro Roldán, hecho por Luisa Roldán y dorado y estofado por Luis Antonio de los Arcos”, lo que  confirma la habitual colaboración de la escultora en los encargos de su padre y la participación de su esposo —como titular del taller— en la elaboración de algunos encargos.

En esta etapa gaditana Luisa Roldán realizó notables esculturas para Cádiz y algunas poblaciones de la zona, como el San José con el Niño de la iglesia de San Antonio de la capital, cuya figura infantil repite la iconografía del San Antonio de Padua de la iglesia de Santa Cruz. También se le atribuye el grupo de la Sagrada Familia del convento de Nuestra Señora de la Piedad. Algunas obras se han perdido, como la admirable Magdalena realizada por La Roldana para la Cofradía del Nazareno, destruida en 1936.

     No faltaron imágenes de gran formato e iconografía de raigambre sevillana realizadas para distintas hermandades, destacando la imagen de Nuestra Señora de la Soledad, documentada en 1688, de la iglesia conventual de la Victoria de Puerto Real (Cádiz), donde también se le atribuye un Cristo yacente y una representación de San Francisco de Paula.

De acuerdo a los postulados doctrinales de la Contrarreforma durante el siglo XVII se generalizó la iconografía aislada del Niño Jesús como un ser humanizado, en la mayoría de los casos desnudo y en ocasiones sufriente y desvalido, cuyas imágenes, fáciles de colocar por su discreto formato, adquirieron un gran protagonismo en oratorios, iglesias, cofradías y dependencias conventuales. Luisa Roldán, magistral artífice de figuras infantiles, aplicó sus conocimientos en el realismo barroco realizando la peculiar iconografía del Niño Jesús quitapesares, como el conservado en el monasterio sevillano de San Leandro, donde la escultora presenta la figura infantil con un enorme naturalismo, elegancia de movimientos y la habitual dulzura en el gesto, superando en sensibilidad las obras de su padre Pedro Roldán. 

San Servando y San Germán interpretados por La Roldana

En la elaboración de las imágenes catedralicias Luisa Roldán contó con la colaboración de su esposo Luis Antonio de los Arcos, así como con su cuñado Tomás de los Arcos como autor de las labores de policromía. Para las tallas, la escultora se inspiró en algunos recursos de los santos mártires elaborados dos décadas antes por Alonso Martínez para el retablo mayor de la catedral de Cádiz, presentando a los dos hermanos de forma idéntica, tan solo diferenciados por el trabajo de las cabezas.

Ambos aparecen de pie, en posición de contrapposto, con gestualidad simétrica, portando idénticos atributos y vistiendo indumentarias a la romana resueltas con una gran fantasía (una cabeza de querubín en el pecho, cabezas de león en las hombreras, etc.). En ellas destaca el uso de un tipo de coraza que como en algunos modelos de ángeles se estrechan en la cintura, teniendo su contrapunto en el ensanchamiento de las caderas, lo que produce una mayor amplitud y movimiento en el faldellín, contraste que proporciona un gran dinamismo al conjunto. De igual manera, ambas figuras comparten el uso de una suerte de borceguíes retenidos por cepos sujetos a los tobillos.

     Contrariamente a los cuerpos, los rasgos faciales de las cabezas están trabajados como retratos individualizados que comparten su juventud, con rostros de mirada perdida y boca entreabierta resueltos con un gran naturalismo, contribuyendo a su expresividad las abultadas y largas cabelleras.


En ambas esculturas es llamativa la policromía retocada en 1715 y completamente renovada por el genovés Francisco María Mortola en 1756 sustituyendo a la policromía original, momento en que los estofados planos aplicados habitualmente por Tomás de los Arcos en las esculturas de La Roldana fueron sustituidos por otros con aplicaciones de yeso en considerable relieve1, aunque, por un estado de cuentas de 1687, se sabe que Francisco María Mortola reprodujo de la obra original tanto la aplicación de cristales de Bohemia en las vestiduras como las labores de encajes de oro en los remates de las túnicas (postizos retirados durante el siglo XX). Durante esa intervención también debieron reelaborarse las peanas. 

Anónimo, s. XVI. San Servando y San Germán
Púlpito de la iglesia de Santa Eulalia, Mérida

     No obstante, los elementos polícromos que conforman la imagen que puede apreciarse en la actualidad fueron aplicados en 1856 por José Morilla y Francisco Fatou, que retocaron las encarnaciones y los estofados. Son especialmente llamativas las series de gemas multicolores (azul, verde, rojo y blanco) engastadas en la pechera de la coraza y en los cinturones, elementos que se suman a otra serie de postizos, como los ojos de vidrio y todo el ajuar de ricos atributos en plata.

Todo el conjunto de atributos que comparten los dos santos mártires fueron realizados por el orfebre Juan de la Serna, artífice de las coronas de plata repujada en forma de nimbo que lucen sobre sus cabezas, de los firmes grilletes que retienen sus tobillos, de las cadenas de amplios eslabones fijas a las muñecas, de las cruces que enarbolan proclamando su fe y de las palmas de gran tamaño que delatan su martirio. Durante el año 2023 finalizaron los trabajos de restauración, financiados por la Junta de Andalucía, que han conseguido devolver a las figuras su magnificencia original.


LUISA ROLDÁN
Ecce Homo, 1684. Catedral de Cádiz

     Contemplando esta pareja de esculturas puede deducirse que son las efigies devocionales más bellas creadas para representar a los santos mártires patronos, convirtiéndose en modelo de inspiración iconográfica para otros artistas, como ocurre en las esculturas marmóreas que presiden la Plaza de la Constitución de Cádiz, creadas en 1705, en el óleo de 1806 realizado por Franz Xavier Riedmayër, pintor alemán afincado en Cádiz desde finales del siglo XVIII, conservado en la catedral de Cádiz, o en el grupo escultórico realizado hacia 1851 por un escultor anónimo filipino que utiliza marfil en las encarnaduras, pareja enviada desde la ciudad de Manila por el dominico gaditano Fray Rafael de Castro y que actualmente se custodia en el Museo de la catedral de Cádiz, donde popularmente recibe la denominación de “Los chinos”.   

 

Informe y fotografías: J. M. Travieso.

 





LUISA ROLDÁN
Ecce Homo, hacia 1684. Iglesia de San Francisco, Córdoba
Notas 

1 ALONSO DE LA SIERRA FERNÁNDEZ, Lorenzo: Santos Servando y Germán, 1687. Catálogo exposición “Luisa Roldán, escultora real”, Museo Nacional de Escultura, Fundación de Amigos del Museo Nacional de Escultura, Valladolid, 2024, pp. 167-169.

 







LUISA ROLDÁN
Ecce Homo, hacia 1684. Iglesia de San Francisco, Córdoba









LUISA ROLDÁN
Ecce Homo, 1700-1706. Cofradía de Nuestro Señor Jesús de la Redención, León












LUISA ROLDÁN
Nuestra Señora de la Soledad, 1688
Iglesia de la Victoria, Puerto Real (Cádiz)

OTRAS ESCULTURAS DE LA ATAPA GADITANA DE LA ROLDANA






















LUISA ROLDÁN, atribuido
Cristo yacente, 1688
Iglesia de la Victoria, Puerto Real (Cádiz)
























LUISA ROLDÁN, atribuido
San Francisco de Paula, 1688
Iglesia de la Victoria, Puerto Real (Cádiz)
























LUISA ROLDÁN
Niño Jesús Quitapesarees. Monasterio de San Leandro, Sevilla























 Monumentos a San Servando y San Germán, 1705
Plaza de la Constitución, Cádiz


















Franz Xavier Riedmaÿer
Santos Servando y Germán, 1806. Catedral de Cádiz























Anónimo, Escuela Filipina, San Servando y San Germán, h. 1851
Museo de la Catedral de Cádiz













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