JOSÉ CARLOS BRASAS EGIDO
Valladolid, 1950 - Valladolid, 2026
In memoriam
* * * * *
SANTOS JUANES
Talla: Juan Martínez Montañés
(Alcalá la Real, 1568 - Sevilla, 1649)
Policromía: Francisco Pacheco
(Sanlúcar de Barrameda, 1564 - Sevilla, 1644)
1611-1613
Madera de cedro policromada, 153 x
65 x 70 cm
Retablo mayor del Monasterio de
San Isidoro del Campo, Santiponce (Sevilla)
Escultura barroca. Escuela
sevillana
La demanda de estos retablos y santos tallados en madera fue
especialmente abundante en el entorno sevillano, eligiendo las comunidades
religiosas, que en ese momento vivían un tiempo de bonanza ligado al desarrollo
de Sevilla, a los mejores artistas asentados en la ciudad, como es el caso de
Juan Martínez Montañés o su discípulo Juan de Mesa. No obstante, este auge de
devoción sanjuanista también tuvo su repercusión en la escuela castellana, con
importantes creaciones de Gregorio Fernández en Valladolid y Esteban de Rueda
en Toro, aunque en menor cantidad.
Debido a la abundante demanda de este santoral sanjuanista, el genio de
Martínez Montañés creó una de las series iconográficas más abundantes de su
producción, abarcando distintos episodios tomados de la hagiografía de ambos
santos, aunque prevalece su representación como figuras aisladas, bien en bulto
redondo, como en los conventos de Santa Paula o de Santa Clara, o bien en forma
de altorrelieves, como en el monasterio de San Leandro, modelos que en algunos
casos se convirtieron en arquetipos que fueron copiados por sus seguidores.
La variada iconografía de Juan Martínez Montañés
Hay que destacar que la iconografía creada por Martínez Montañés sólo es
reiterativa en algunos casos por motivo de las demandas que exigían un modelo
concreto, pues el escultor representó a los Santos Juanes de diferentes
maneras, como con diferentes edades —desde los modelos adolescentes de San
Juan Bautista que presentan las figuras conservadas en la Catedral de
Toledo, en el convento sevillano de Santa Clara o en el Meadows Museum de
Dallas, a su aspecto evolucionado como hombre maduro treintañero, con ejemplos,
entre otros, en el convento de Santa Paula de Sevilla o en el Metropolitan
Museum de Nueva York.
Otro tanto ocurre con las representaciones de San Juan Evangelista, cuyos modelos oscilan desde el aspecto de apóstol maduro, como ocurre en los conventos sevillanos de Santa Paula, Santa Clara o San Leandro, al de un anciano de avanzada edad aludiendo a su estancia final en Éfeso, tipología que presentan las imágenes del Museo Nacional de Escultura de Valladolid, obra procedente del convento de Santa María de la Pasión de Sevilla o la imitación del modelo que hiciera Juan de Mesa, hoy en la iglesia de Santa María la Mayor de Estepa tras llegar desde Sevilla en 1894.
No obstante, Martínez Montañés no fue ajeno al extenso repertorio de la
plástica escultórica desarrollada en la época en torno a estos dos santos. En unos
casos referidos a San Juan Bautista: Visitación de la Virgen a Santa Isabel,
Nacimiento del Bautista, San Juan Niño o Sanjuanito (aislado o en
compañía del Niño Jesús), Predicación en el desierto (Precursor), Bautismo
de Cristo en el río Jordán, Encarcelación por orden de Herodes Antipas
o Decapitación por petición de Salomé a Herodes Antipas.
Paralelamente, también se potenciaron los episodios referidos a San Juan Evangelista, de modo que, junto a su representación como Apóstol al pie de la cruz en el Calvario, se extendió su imagen alusiva al Milagro del cáliz envenenado (relato tomado de la Leyenda Dorada de Santiago de la Vorágine), así como sujetando el cálamo al escribir sus visiones referidas al Apocalipsis durante su destierro en la isla griega de Patmos, incluyendo el castigo ordenado por el emperador Domiciano, antes de desterrarlo, por el que el apóstol fue introducido en una tina llena de aceite hirviendo de la que milagrosamente salió ileso.
Los Santos Juanes del Monasterio de San Isidoro del Campo
Cuando la comunidad jerónima del Monasterio de San Isidoro del Campo encargan el retablo mayor de su iglesia el 16 de noviembre de 1609, dedicado a San Jerónimo, no incluían en el santoral las imágenes de los Santos Juanes, limitándose a establecer que a los lados del primer cuerpo figurarían dos peanas para acoger dos figuras de bulto redondo de la mayor grandeza posible. Hacia 1611, la comunidad y Martínez Montañés acuerdan que sería la pareja formada por el asceta San Juan Bautista y el teólogo San Juan Evangelista, dos santos muy venerados por la Orden de San Jerónimo, cuya devoción, como ya se ha dicho, era creciente en Sevilla en ese momento. De este modo Martínez Montañés incorpora al retablo dos excelentes creaciones complementarias no sólo para el retablo, sino también entre sí, que reflejan un ideal clasicista que ya anuncia la evolución del maestro hacia el pleno naturalismo barroco.
San Juan
Bautista
El Bautista, enraizado en la iconografía tradicional, alude a su
estancia en el desierto de Judea. Representado de pie y con aspecto treintañero,
equiparable a la edad de Cristo en ese momento, muestra una elegante posición
de contraposto, una larga melena y un seductor rostro barbado que el escultor
convertirá en prototipo del santo a partir de esta obra, repitiéndole en el
futuro con la única variación del mechón resaltado sobre la frente, cada vez
más encrespado.
En la escultura destaca la armonía y la equilibrada postura corporal, de fuerte clasicismo, que proporciona un suave y elegante movimiento cadencial a la figura, así como los pequeños detalles en la descripción anatómica, como la mirada intimista, los músculos y las venas visibles, la minuciosidad en la talla de cabellos y barba, etc. Destacable es también el tratamiento de los pliegues de la indumentaria, muy redondeados, con bordes reducidos a finas láminas y cayendo en diagonal como recurso dinámico. Sobre su superficie Francisco Pacheco aplicó una policromía con tonos naturalistas de color ocre en el sayal y una fantasía de motivos florales en el anverso y reverso del manto.
San Juan Evangelista
Colocado en el lado opuesto del retablo y estableciendo el contrapunto
al Bautista se encuentra la imagen de San Juan Evangelista, que comparte con
aquella el tamaño, la elegante postura de contraposto, la envoltura del cuerpo
con voluminosas vestiduras, la expresividad discursiva de las manos, el mostrar
elementos simbólicos y la tendencia a un fuerte naturalismo. Aparece
representado como un sereno y joven apóstol, la mirada dirigida a los fieles, con
frente despejada, una larga melena e imberbe, con apenas bigote y perilla
esbozados. Viste una túnica blanca como símbolo de pureza y un manto rojo,
alusivo a su martirio, que se desliza desde el hombro izquierdo rodeando el
cuerpo y se cruza al frente estableciendo un dinámico juego de diagonales.
Como atributo porta en su mano izquierda un cáliz que alude a una de las tres pruebas que le impuso Aristodemo, sacerdote de Diana, durante su estancia en Éfeso, consistentes en destruir el templo de la diosa como muestra de su fe, el beber veneno de una serpiente y el resucitar a dos condenados que acababan de morir al probar dicho veneno.
San Juan Evangelista presenta una policromía, igualmente aplicada por
Francisco Pacheco, reproduciendo en los paños una vistosa técnica de estofado
con grandes motivos florales que imitan textiles reales.
Otras
fotografías tomadas de la red y webs de museos
MARCOS VILLÁN, Miguel Ángel: "San Juan Evangelista". En: MUSEO NACIONAL DE ESCULTURA. Museo Nacional de Escultura: colección. 2015. pp. 226-227.
PALOMERO PÁRAMO, Jesús: San Juan Bautista y San Juan Evangelista. En Catálogo exposición Gregorio Fernández / Martínez Montañés. El arte nuevo de hacer imágenes. Fundación Las Edades del Hombre, Valladolid, 2024, p. 208.
Web
Archidiócesis de Sevilla. Patrimonio religioso. Retablo de San Juan Bautista
en la iglesia de la Anunciación.
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| MARTÍNEZ MONTAÑES Retablo mayor de la iglesia del Monasterio de San Isidoro del Campo, 1613 Santiponce, Sevilla |
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| MARTÍNEZ MONTAÑÉS Ubicación de los Santos Juanes en el retablo mayor de la iglesia del Monasterio de San Isidoro del Campo Santiponce, Sevilla |
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| MARTÍNEZ MONTAÑÉS Retablo de San Juan Bautista, 1620 Iglesia de la Anunciación, Sevilla |
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| MARTÍNEZ MONTAÑÉS Relieve del Bautismo de Cristo, 1620 Iglesia de la Anunciación, Sevilla |
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| MARTÍNEZ MONTAÑÉS San Juan Evangelista en la tina o San Juan ante Portam Latinam 1638, procedente del convento de Santa María de la Pasión Museo de Bellas Artes, Sevilla |
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| MARTÍNEZ MONTAÑÉS Retablos enfrentados de los Santos Juanes, 1623-1625 Convento de Santa Clara, Sevilla |
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| MARTÍNEZ MONTAÑÉS. SAN JUAN BAUTISTA Izda: 1623-1625, Convento de Santa Clara, Sevilla Dcha: 1630-1635, Meadows Museum, Dallas |
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| MARTÍNEZ MONTAÑÉS SAN JUAN BAUTISTA, 1625-1635 Metropolitan Museum, Nueva York |
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| MARTÍNEZ MONTAÑÉS SAN JUAN BAUTISTA, hacia 1625 Museo de la Catedral de Toledo |
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| MARTÍNEZ MONTAÑÉS San Juan Bautista y San Juan Evangelista, 1633 Monasterio de San Leandro, Sevilla |
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| MARTÍNEZ MONTAÑÉS Detalle de San Juan Evangelista, 1633 Monasterio de San Leandro, Sevilla |
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| MARTÍNEZ MONTAÑÉS Retablo de San Juan Evangelista, 1637 Convento de Santa Paula, Sevilla |
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| MARTÍNEZ MONTAÑÉS San Juan Evangelista y San Juan Bautista, 1637-1638 Convento de Santa Paula, Sevilla |
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| Izda: MARTÍNEZ MONTAÑÉS. San Juan Evangelista, 1638 Museo Nacional de Escultura, Valladolid Dcha: JUAN DE MESA (Atrib.), Iglesia de Santa María, Estepa (Sevilla) |
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SAN MATEO
Juan de Juni (Joigny, Francia, h. 1506
– Valladolid, 1577)
Entre 1535 y 1540
Barro cocido, 98 cm de altura
Museo de León (Procedente del
convento de San Marcos de León)
Escultura renacentista
Dejaba atrás una fructífera etapa en la que demostró su versatilidad en
el empleo de distintos materiales, como diversos tipos de piedra y madera,
aunque su principal aportación fueron los trabajos en terracota, una técnica excepcional
apenas desarrollada en ese tiempo que exigía un complejo proceso: preparación
idónea del barro, modelado escultórico y cocción controlada de las piezas, en
ocasiones de gran tamaño.
Su dominio de la piedra también queda patente en el Sepulcro de Diego
González del Barco que labró en piedra caliza, en 1537, para la capilla
fundada por este canónigo en la iglesia de San Miguel de Villalón de Campos
(Valladolid), donde se evidencia la influencia del sepulcro de Ilaria del
Caretto realizado por Jacopo della Quercia para la catedral de Luca. A estas
obras realizadas en piedra se sumaría en 1540 el Sepulcro del arcediano
Gutierre de Castro, para cuya elaboración tuvo que desplazarse temporalmente
a Salamanca.
Es a partir de 1537, en que nace su hijo Isaac de Juni —futuro escultor—
como fruto de sus relaciones con una dama leonesa, cuando se extiende el
prestigio artístico de Juan de Juni, cuyo taller comienza a recibir encargos de
influyentes personajes de la sociedad del momento.
Sus obras en terracota conservadas presentan distintos formatos, desde los pequeños relieves devocionales de la Piedad realizados en torno a 1540, de escaso grosor, con figuras de escorzos muy forzados y acabado policromado (ejemplares conservados en el Museo de León, en el Museo Diosesano y Catedralicio de Valladolid, en el Museo Victoria & Albert de Londres y en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid), hasta grupos con figuras próximas al natural que presiden altares, como el San Jerónimo en el desierto y el Martirio de San Sebastián, ambos realizados en 1537 a petición de los Almirantes de Castilla para ser colocados en la iglesia de San Francisco de Medina de Rioseco, grupos en los que afloran los recuerdos trágicos del Laocoonte y la influencia de la obra realizada por Rustici en el Baptisterio de Florencia.
Por esos mismos años, entre 1535 y 1540, Juan de Juni realiza en un barro
muy rojizo, modelado y cocido, la dinámica escultura exenta del evangelista San
Mateo para el convento de San Marcos de León, desconociéndose si pudiese
formar parte de un grupo con los Cuatro Evangelistas similar al que también realizara
en terracota hacia 1580, es decir, cuarenta años después, el escultor
Alessandro Vittoria, conjunto actualmente conservado en el Art Institute de
Chicago (ver ilustración).
A pesar de sus 98 cm de altura, y de no estar policromada, la escultura
presenta una fuerza y una monumentalidad sorprendente, como arrebatada por un
torbellino, con las figuras del evangelista y el ángel siguiendo un movimiento
helicoidal contrapuesto de recuerdos miguelangelescos de máxima expresividad y
de líneas cerradas, tanto en su gesticulación como en las formas forzadas,
siguiendo un patrón típicamente manierista muy alejado del clasicismo que
presenta la escultura en mármol con el mismo tema que realizara el burgalés
Bartolomé Ordóñez entre 1514 y 1515 en Italia, allí desplazado para su
aprendizaje (ver ilustración).
Notable es el trabajo de la cabeza, donde el Juan de Juni, para expresar
el momento de revelación de las Escrituras, exprime la ductilidad del barro
para representar con detalle los ojos delineados, la boca entreabierta, arrugas
en la frente sugiriendo su avanzada edad, efecto reforzado por las patas de
gallo, y un minucioso tratamiento del agitado cabello y la barba, cuyos
mechones se desplazan con el movimiento hacia el lado derecho. Todos estos
matices remiten al fuerte carácter —terribilitá— que Miguel Ángel había
aplicado años antes a esculturas muy conocidas, como el célebre Moisés.
Esta obra, que corresponde a la primera etapa del escultor, refuerza la
hipótesis de que Juan de Juni pudiera haber recorrido Italia antes de su
llegada a León, idea que se refuerza con su dominio del francés y del italiano,
a los que pronto sumaría el castellano, según revelan documentos conservados y
sus escritos autógrafos.
Este tipo de escultura, calificado como “auténtica primicia” en la
estatuaria española, en territorio hispano solo fue realizado por escultores de
ascendencia italiana, como Pietro Torrigiano (Florencia, 1472-Sevilla, 1528),
siendo Juan de Juni quien abrió la senda que en el futuro seguirían otros
artistas, como los exquisitos barros policromados de Luisa Roldán realizados en
la segunda mitad del siglo XVII, todos ellos caracterizados por usar un humilde
material, considerado poco noble, para presentar el acabado de auténticas obras
maestras.
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| Escultura de San Mateo en su vitrina del Museo de León |
Informe y
fotografías: J. M. Travieso.
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| BARTOLOMÉ ORDÓÑEZ San Mateo, 1514-1515, mármol Iglesia de San Pietro Martire, Nápoles |
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| ALESSANDRO VITTORIA San Mateo, San Juan, San Marcos y San Lucas, hacia 1580, terracota, 60 cm de altura Art Institute, Chicago |
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RETABLO DEL ARZOBISPO DON SANCHO DE ROJAS
Juan Rodríguez de Toledo (activo
en Toledo en 1395 y 1420)
Entre 1415 y 1420
Pintura al temple sobre tabla de
madera de pino, 5,32 x 6,18 m
Museo Nacional del Prado, Madrid
Procedente del Monasterio de San
Benito el Real de Valladolid
Pintura gótica española
El mecenas de este excepcional retablo fue Sancho de Rojas, nacido en Alcalá
de Henares hacia 1369 y fallecido en esta misma ciudad el 24 de octubre de 1422.
Era hijo de Juan Martínez de Rojas, señor de Monzón, de Cavia y de Cuzcurrita y
de María Fernández de Rojas. A decir de Fernán Pérez de
Guzmán en sus Generaciones
y semblanzas, pertenecía a una familia de «antiguo e buen linaje de caballeros; su solar, en Burueña», siendo aludido en la elogiosa referencia del poeta Alfonso Álvarez de
Villasandino como «arca de mucha ciencia, esfuerzo de hidalguía, cámara
de lozanía, puerta de alta prudencia».
Sancho de Rojas fue una de las personalidades más importantes en la Corona de
Castilla durante las postrimerías del siglo XIV y comienzos del XV.
En 1397, según Alonso
Fernández de Madrid, autor de la Silva palentina, gracias a la
intervención real obtuvo, cuando contaba veintiocho años, el obispado de
Palencia, cargo que consta ostentaba en 1399, año en que asume su primer cargo
civil ejerciendo en Portugal como embajador de Castilla para negociar treguas.
Tras la muerte prematura del rey Enrique III de Castilla (el Doliente),
hijo y sucesor de Juan I, heredó el trono su hijo Juan II, que sólo contaba un
año, llegando Sancho de Rojas a ejercer de facto como auténtico regente durante
la minoría de edad del infante, aunque dicha regencia correspondiera a su madre
Catalina de Lancaster y al infante Fernando de Antequera, segundo hijo de Juan
I de Castilla y futuro Fernando I de Aragón.
Como miembro del Consejo Real, apoyó la política militar del infante don
Fernando, junto al que participó en eventos importantes, como en las Cortes de
1408 o en la campaña de 1410 que culminó con la toma de Antequera, por lo que
fue recompensado con la dignidad de conde de Pernía. Su ocupación
político-militar no le impidió tomar iniciativas en su obispado, como la
terminación de la sillería del coro de la catedral palentina, para la que ayudó
aportando fondos propios.
En esta situación, por la mediación de Fernando I ante el papa, el 26 de
junio de 1415 recibió el nombramiento pontificio de arzobispo de Toledo, aunque
siguió controlando el Consejo Real. Ese mismo año financiaba el retablo de la
capilla mayor de la iglesia del monasterio de San Benito de Valladolid.
El
retablo de la iglesia de San Benito el Real de Valladolid
En torno a 1415, don Sancho de Rojas, arzobispo de Toledo, encargaba un
retablo de grandes dimensiones destinado a presidir la capilla mayor de la
monumental iglesia del monasterio de San Benito el Real de Valladolid, motivo
por el que dicha obra se conoce con el nombre de tan importante mecenas, un
sobresaliente conjunto de pintura gótica actualmente conservado en el Museo
Nacional del Prado de Madrid, del que Elena Gómez-Moreno y María Ángeles
Piquero López comparten la teoría de que se trata de un retablo incompleto,
apuntando que en origen pudo haber estado compuesto de tres cuerpos y siete
calles rematadas por pequeños tabernáculos con agudos gabletes.
El conjunto conservado está compuesto por banco, dos cuerpos con escenas
—las de la calle central dispuestas a mayor altura— y siete calles separadas
por pináculos, estando rematadas las cinco centrales por tabernáculos con
gabletes que albergan figuras aisladas. En el banco o predela, separados por la
base de los pináculos que decoran y estructuran el retablo, aparecen seis tríos
de medallones que albergan en su interior bustos de santos y santas con nimbo.
La Virgen con el Niño
Sin duda la mejor pintura del retablo, ocupa la calle central del primer
cuerpo bajo un arco lobulado y aporta figuras de gran valor histórico. En ella aparece
la Virgen entronizada y con el Niño en su regazo, con cuatro ángeles tras ellos
ricamente vestidos y sujetando, a modo de dosel, un paño de brocado. Por
detrás, sobre un fondo dorado, otros cuatro ángeles tocan instrumentos
musicales de viento glorificando la escena. A los lados de la Virgen aparecen
de pie San Benito y San Bernardo —santos de la Orden Benedictina— que ejercen
como protectores de dos personajes que aparecen arrodillados en actitud de
oración y que aluden al origen divino del poder eclesiástico y del real. Se
trata del arzobispo don Sancho de Rojas (arzobispo de Toledo entre 1415-1422),
al que la Virgen coloca la mitra, y el rey don Fernando I de Aragón, que es
coronado por el Niño. De este modo se testimonia la estrecha relación entre
ambos personajes: Don Sancho de Rojas como tutor del infante castellano don
Fernando y participante en 1412 en el Compromiso de Caspe, en el que el infante
fue designado rey de Aragón. En su conjunto, esta iconografía deriva de la
Virgen en Majestad bizantina (Panagia Nikopoia), estando también
relacionada con la tradición de la pintura trecentista italiana.
Primer cuerpo
Sin un orden secuencial coherente, a la izquierda de la calle central del
primer cuerpo aparecen representadas tres escenas de la Pasión a un tamaño
inferior al de las tablas centrales. Son el Ecce Homo, con Jesús
maniatado entre soldados, la Flagelación, con Cristo atado a la
columna en el interior de una construcción con arquerías, y el Camino del
Calvario, con Cristo caminando con la cruz a cuestas entre un grupo de
soldados. En la parte derecha se contraponen la Ascensión, con la
Virgen destacando sobre los apóstoles, el Pentecostés, de
composición similar a la anterior, pero con once apóstoles, y en el extremo la Misa
de San Gregorio, un tema muy recurrente en la época.
La Crucifixión
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| El arzobispo don Sancho de Rojas recibiendo la mitra |
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| Detalle de San Bernardo |
Manteniendo la misma estructura que en el primer cuerpo, las calles de
la izquierda están dedicadas a la infancia de Jesús, comenzando por la Presentación
en el Templo, escena de delicado colorido, la Natividad,
tabla con pérdidas cromáticas en buena parte de la superficie, y la Adoración
de los Reyes Magos, con una escena sintética muy expresiva. En las
calles de la derecha se retoman algunas escenas de la Pasión con un acento más
dramático, como la Piedad, con la Virgen sujetando a Cristo
muerto en su regazo, el Santo Entierro, con Nicodemo y José de
Arimatea colocando el cuerpo inerte de Cristo en el sepulcro y la Virgen
Dolorosa en primer término, y el Descenso al Limbo, otra tabla
con gran pérdida de pintura en la que sólo se atisba la figura de Cristo,
siendo visible la boca de un monstruo de cuyo interior se liberan Adán y Eva
junto a patriarcas del Antiguo Testamento.
El remate
Los diversos desplazamientos de este retablo (como se verá más
adelante), que motivaron su desmontaje, impide conocer cuál fue la estructura
original del conjunto. Según el montaje actual, el remate está dispuesto en
tres registros que ocupan las cinco calles centrales con templetes coronados
por agudos gabletes, que albergan en su interior figuras aisladas. En la
central, algo más ancha, aparece la figura de Dios Padre
entronizado y bendiciendo. En las dos calles contiguas, se disponen las figuras
del arcángel San Gabriel y la Virgen, que se complementan
formando la escena de la Anunciación. Las calles de los extremos acogen a dos
profetas sedentes identificados en las filacterias que sujetan: Isaías
y David. Entre los pináculos aparecen escudos de la familia
Rojas, muy vinculada a Toledo —cinco estrellas azules en campo de plata—, un
blasón que permite identificar al arzobispo Sancho de Rojas, muy relacionado
con el rey de Aragón.
Estilo y autor
El Retablo del arzobispo don Sancho de Rojas es un arquetipo de
retablo gótico de influencia italiana. En él se manifiesta con claridad el
avance hacia el naturalismo de la pintura gótica con escenas descritas de
manera sintética y eficaz para su perfecta comprensión por parte de los fieles.
En las tablas aparecen detalles sugestivos, como el interés del pintor de
encontrar soluciones espaciales, los rudimentarios estudios del cuerpo humano,
la expresividad de algunos rostros y la riqueza decorativa en telas y nimbos.
Realizado entre 1415 y 1420, sus pautas estilísticas están en relación
con la difusión en Castilla de los modelos pintados por Gerardo Starnina y
Nicolo de Antonio en la catedral de Toledo a finales del siglo XIV. Las
similitudes estilísticas de este retablo con los frescos de la capilla de San
Blas de la catedral toledana, llevó a Josep Gudiol a identificar al autor con
Juan Rodríguez de Toledo, pintor con taller abierto en Toledo en esos años y representante
del estilo ítalo-gótico en Castilla que, al igual que en varias tablas, en la catedral
toledana dejó su obra firmada. De este modo se manifiesta la gran incidencia
que tuvieron las propuestas estilísticas de los pintores llegados de Italia, lo
que favoreció la creación de un importante foco pictórico en Toledo que estuvo
activo hasta la cuarta década del siglo XV.
Los diferentes
traslados del retablo
Tras la instalación del monumental retablo sustituto, el Retablo del
arzobispo don Sancho de Rojas fue recolocado en la capilla de San Marcos
del mismo templo benedictino, aunque a partir de 1596 fue trasladado a la
pequeña villa vallisoletana de San Román de Hornija, donde el arqueólogo e
historiador Manuel Gómez-Moreno, durante uno de sus viajes por Castilla y León
en 1908, localizó el retablo en la pequeña capilla del cementerio de dicha
población, donde llevaba instalado 479 años.
Manuel Gómez-Moreno informó del hallazgo al Museo del Prado y en 1928 se
iniciaban los trámites para su compra al obispado de Zamora, interviniendo en las
negociaciones en nombre de la pinacoteca el propio historiador, que trató con
el suspicaz vicario capitular del obispado de Zamora para establecer un precio
justo. Finalmente, el precio definitivo se fijó en 26.000 pesetas y el acta se
firmó en San Román de Hornija el 20 de noviembre de 1928, firmándose el recibo
de compra el 11 del mes de diciembre siguiente.
Para su traslado a Madrid, Gómez-Moreno encargó el desmontaje del
retablo a Severiano Ballesteros, director del Museo Provincial de Palencia, y
su acondicionamiento en un embalaje ligero para ser trasladado en camión desde
San Román de Hornija hasta Medina del Campo, donde sería recogido por un
delegado del Museo del Prado. Llegadas las tablas a Madrid por separado, la
primera propuesta fue la necesaria restauración y ensamblaje, siendo aceptado
el presupuesto presentado el 20 de noviembre de 1928 por la empresa “Carpintería
de Bellas Artes de José Cano”, intervención que incluía el completamiento de
los dorados de las tablas, respetando el oro preexistente y aplicando una
entonación general, la restauración de la parte inferior de La Virgen con el
Niño y la inclusión de una cartela imitando la estética gótica del retablo.
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| Detalle de la predela |
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| Detalle de la predela |
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| Detalle de la Presentación en el Templo |
ANGULO ÍÑIGUEZ,
Diego: La pintura trecentista en Toledo. Archivo Español de Arte, 7,
1931, pp. 272, 273.
JIMÉNEZ
HORTELANO, Sonia: El Retablo del arzobispo don Sancho de Rojas. Adquisición,
intervención y exposición en el Museo del Prado (1928-30). Boletín del
Museo del Prado, tomo 35, 2017, pp. 113-119.
PIQUERO LÓPEZ,
María Ángeles Blanca: La pintura gótica toledana anterior a 1450. El
trecento. Caja de Ahorros, Toledo, 1984, pp. 57-235.
PORTÚS, Javier:
La colección de pintura española en el Museo del Prado, Edilupa, Madrid,
2003, p 25.
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| La Flagelación |
SÁNCHEZ CANTÓN,
Francisco Javier: Museo del Prado, 1819-1969. Museo del Prado, Madrid,
1969, p. 41.
YARZA LUACES,
Joaquín: La pintura española medieval: el mundo gótico, La pintura en
Europa. La pintura española, Milán, Electa, 1995, t. I, pp. 95 y 134.
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| Camino del Calvario |
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| Detalle del Camino del Calvario |
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| Detalle de la Piedad |
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| Detalle de la Piedad |
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| Detalle de la Ascensión |
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| Detalle del Pentecostés |
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| Remate del retablo |
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| Reconstrucción del retablo de Alonso Berruguete, 1526-1532, que sustituyó al del arzobispo don Sancho de Rojas en la iglesia de San Benito el Real de Valladolid Museo Nacional de Escultura |
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| Aspecto actual de la iglesia de San Benito el Real Valladolid |
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| Aspecto del retablo de don Sancho de Rojas en 1928 en la iglesia del cementerio de San Román de Hornija (Valladolid) |