16 de octubre de 2017
13 de octubre de 2017
Theatrum: CRISTO CON LA CRUZ A CUESTAS, la fortuna de un patrimonio recuperado
CRISTO CON
LA CRUZ A CUESTAS O JESÚS NAZARENO
Juan Antonio
de la Peña (Santa María de Galdo, Mondoñedo (Lugo), h. 1650 - Valladolid 1708)
Hacia 1697
Madera
policromada y postizos (imagen vestidera)
Iglesia de
San Quirce / Cofradía de la Sagrada Pasión, Valladolid
Procedente del
primitivo paso "Camino del Calvario"
Escultura barroca
española. Escuela castellana
Esta escultura aislada de Jesús Nazareno ha conocido una historia controvertida cuyo origen
se remonta a finales del siglo XVII, cuando esta escultura vestidera fue
concebida para formar parte del paso procesional Camino del Calvario, el que fuera contratado por la Cofradía de la Sagrada
Pasión de Cristo el 22 de noviembre de 1614 con Gregorio Fernández, que elaboró
para la misma una auténtica obra maestra de la escultura procesional, según se
puede apreciar en el conjunto actualmente recogido en el Museo Nacional de
Escultura.
La fecha del contrato del Camino del Calvario y la valoración de la elaboración de sus
componentes en 2.000 reales fue recogida por el Conde de la Viñaza en las
adiciones que hiciera al Diccionario
de Ceán Bermúdez, al parecer conocedor de la escritura del contrato que se da
por desaparecida, en la que se cita estar integrado por las figuras del
Nazareno portando la cruz con la ayuda del Cirineo, un sayón tirando de una
soga amarrada al cuello de Jesús y otro armado. En una revisión posterior a los
escritos de Ceán, fue Martí y Monsó quien incorporó al conjunto la figura de la
Verónica, basándose en unas instrucciones de 1661 para armar el paso en las que
es citada junto a un sayón portando la soga y la corneta y otro metiendo la
lanza en el costado de Jesús, por lo que el conjunto estaría compuesto por cinco
figuras.
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| Izda.: Reconstrucción virtual del aspecto original del paso Camino del Calvario Dcha.: Aspecto actual del paso Camino del Calvario en el Museo Nacional de Escultura |
Todo ello concuerda con los recursos compositivos
habituales en Gregorio Fernández, dotado de una especial habilidad para el
diseño de pasos procesionales en los que, además de definir cada pasaje
pasional de forma diáfana, era capaz de repartir sutilmente el peso de las
figuras sobre la plataforma, en este caso con dos figuras a cada lado y otra en
el centro actuando como contrapeso.
Por razones estilísticas es evidente que la actual figura
de Cristo que figura en el paso —representación de una de las caídas camino del
Calvario— no pertenece a la gubia de Gregorio Fernández, siendo Luis Luna
Moreno quien, con motivo de la exposición "Gregorio Fernández y la Semana
Santa de Valladolid", organizada en 1986 por el Museo Nacional de
Escultura, apuntó que la figura original de Cristo debería estar erguida, como
ocurre en la réplica del paso que a finales del siglo XVII se hizo para
Palencia. Fue entonces cuando propuso como posible figura original de Jesús Nazareno la que recibía culto en
el santuario del Carmen Extramuros y con ella se presentó el montaje del Camino del Calvario en la citada
exposición1.
Sin embargo, a pesar de dejar en el aire la
incógnita por tratarse de una escultura cuya tipología de vestir poco encajaba
con los modos fernandinos, como Juan Agapito y Revilla y Juan José Martín
González ya habían advertido, Luis Luna Moreno recordaba la costumbre de
separar de los pasos procesionales las figuras principales para recibir culto aislado
en altares de sus iglesias penitenciales, como ocurrió con este Jesús con la cruz a cuestas en la
iglesia de la Cofradía de la Pasión, para el que en 1697 acordaba hacer una
nueva túnica, que sería renovada de nuevo en 1816.
Tras la desamortización, las figuras integrantes del
paso Camino del Calvario fueron
recogidas en 1828 en el recién creado Museo Provincial de Bellas Artes de
Valladolid —reconvertido en 1933 en Museo Nacional de Escultura—, identificadas
con una "P" incisa en su hombro derecho para indicar su procedencia
de la Pasión. La cofradía solicitaba en 1848 el préstamo de la figura del
Cirineo para desfilar el Jueves Santo, lo que indica que la imagen de Cristo
aún permanecía en la iglesia. Allí la conoció Juan Agapito y Revilla, que
informa que en 1926 fue trasladada al convento de San Quirce, donde sufriría
ligeramente las consecuencias de un incendio.
Luna Moreno reforzaba su hipótesis realizando un
pormenorizado análisis de la escultura del Nazareno del santuario del Carmen
Extramuros, precisando que la imagen vestidera presentaba la talla de un
desnudo algo tosco en las partes a cubrir por la túnica, que las manos se
encontraban muy deterioradas y con partes rehechas debido a su atornillado a la
cruz, que en el costado derecho llevaba insertada una chapa metálica con rosca
que debía de servir de apoyo a la lanza hiriente que portaba el sayón2
y que en su hombro derecho aparece grabada una "P" que delata su
pertenencia a la Cofradía de la Pasión, conjunto de signos inequívocos de su
pertenencia al paso Camino del Calvario.
Además precisaba la alta calidad de talla de la cabeza, estimando su relación
con las obras de Gregorio Fernández en su primera época y apuntando la
posibilidad de que dicha imagen de Jesús
Nazareno, que desde la iglesia de la Pasión pasó a la iglesia de San Quirce
y hacia 1940 al santuario del Carmen Extramuros, pudiera tratarse de la
escultura original del paso que se daba por desaparecida3.
Respecto al Cristo que actualmente integra el paso Camino del Calvario se le identifica con
la imagen titular de la Cofradía de Jesús Nazareno cuando esta tenía su sede en
el convento de San Agustín. Tras la construcción de su propia iglesia
penitencial e independizarse de dicho convento en 1676, dando lugar a un pleito
por haberse apropiado de su patrimonio, esta cofradía se vio obligada a
devolver la imagen a los frailes de dicho convento, donde permaneció hasta que,
durante la guerra de la Independencia, fue trasladada primero a la iglesia de
San Nicolás y después a la Catedral, donde permaneció hasta que en 1827 fue
devuelta a San Agustín.
Sin embargo, en la Desamortización de Mendizábal la
escultura fue requisada junto a otros bienes agustinos y recogida en el Museo
Provincial de Bellas Artes. En 1922, durante el proceso de reconstrucción de
los pasos tradicionales, a falta de la imagen original recurrieron a ella Juan
Agapito y Revilla y Francisco de Cossío para recomponer el paso Camino del Calvario. Según propuesta de
Luna Moreno, se viene aceptando como autor al escultor Pedro de la Cuadra, que hacia
1600 talló la cabeza, pies y manos para una imagen vestidera a la que en 1697 se
añadiría un cuerpo en forma de túnica tallada con numerosos pliegues y tono
violáceo.
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| Izda.: Cristo con la cruz a cuestas, h. 1697. Iglesia de San Quirce, Valladolid Dcha.: Cristo de la Agonía, Juan Antonio de la Peña, 1684. Iglesia penitencial de Jesús Nazareno, Valladolid |
Fue Jesús Urrea quien, por razones estilísticas,
rechazaba la atribución a Gregorio Fernández sugerida por Luis Luna Moreno del Jesús Nazareno del santuario del Carmen
Extramuros, poniéndola en relación con dos escultores que trabajaron en
Valladolid en la segunda mitad del siglo XVII: el vallisoletano Juan de Ávila y
el lucense Juan Antonio de la Peña4. Esto implica aceptar que, por
razones desconocidas, posiblemente por el deterioro sufrido, la Cofradía de la
Sagrada Pasión decidiera encargar una réplica del desaparecido Cristo original de Gregorio
Fernández, obra que pudo ser terminada en 1697, año en que está documentado el
estreno de una nueva túnica.
Respecto al autor, después de la reciente
restauración de la escultura, personalmente me inclino por la autoría de Juan
Antonio de la Peña por un doble motivo. El primero, por la fidelidad de
adaptación de este escultor en toda su obra a los modelos creados por Gregorio
Fernández, que sin duda en este caso fue un requisito exigido por la cofradía
comitente, como ya ocurriera en otras ocasiones en que realizó imágenes
sustitutorias. El segundo, precisamente por las concomitancias estilísticas que
esta escultura presenta con el Cristo de la Agonía, realizado en 1684 para la Cofradía de Jesús Nazareno para suplir
al Cristo del paso de la Crucifixión,
realizado por Gregorio Fernández en 1612, que esta cofradía se vio obligada a
devolver al convento de San Agustín por resolución judicial5.
Tratándose de una imagen de vestir, y teniendo en
cuenta el deterioro de las manos, excesivamente retocadas por su acoplamiento a
la cruz durante los montajes del paso, es en el trabajo de la cabeza donde se
puede apreciar que el Cristo con la cruz
a cuestas y el Cristo de la Agonía
comparten idénticos recursos expresivos, como la blandura en el modelado del
rostro con fines naturalistas, el mismo arqueado de las cejas, la misma forma
de tener tallados los párpados, nariz y boca entreabierta y, sobre todo, la
misma forma de talla en la melena y la barba, la primera con raya al medio y
plana en la parte superior para ir adquiriendo volumen en los mechones rizados
a la altura del cuello, incluyendo algunos sueltos, aunque la similitud es más
patente en la barba, con minuciosa talla en la que queda resaltado el bigote y
la perilla, dispuesta con ondulaciones simétricas y dos puntas muy pronunciadas
trabajadas de forma similar.
A ello podemos añadir el empleo en ambos casos de
ojos de cristal y corona de espinas postiza, aunque es más significativo el
gesto ensimismado y piadoso que ambos comparten, colocándose entre lo más
selecto del repertorio barroco de la escultura procesional vallisoletana.
Respecto a la situación actual del Cristo con la cruz a cuestas hay que
reseñar que la histórica Cofradía de la Sagrada Pasión conseguía en febrero de
2013 la recuperación de la escultura para su patrimonio, tras lo cual abandonó su altar en el santuario del Carmen Extramuros para pasar a
ser custodiada en la iglesia de San Quirce y Santa Julita, sede canónica de la
cofradía. Asimismo, como ha ocurrido de forma ejemplarizante con otras imágenes
de su titularidad, la Cofradía de la Sagrada Pasión emprendió la consolidación
y restauración integral de la escultura, que como novedades recibió una nueva
túnica y una nueva corona de espinas, así como la incorporación de una nueva
cruz que fue tallada en madera ligera de cedro de Canadá en el taller que el
imaginero gaditano Rafael Martín Hernández tiene en el municipio sevillano de
Mairena de Aljarafe. Dicha cruz, que recrea un madero con betas y nudos de
aspecto envejecido, dispone de un innovador sistema de anclaje mecanizado a la
figura de Cristo, con una tuerca camuflada que permite variar su inclinación.
Con su aspecto renovado se reincorporaba a las procesiones en la Semana Santa
de 2014, ochenta y siete años después de que lo hiciera por última vez en la
procesión de "Penitencia y Caridad" de 1927 .
Informe, fotografías y recreación virtual: J. M. Travieso.
NOTAS
1 LUNA MORENO, Luis. Gregorio
Fernández y la Semana Santa de Valladolid. Catálogo exposición con motivo
del 310 aniversario de la muerte del escultor, Ministerio de Cultura, Museo
Nacional de Escultura y Junta de Semana Santa de Valladolid, Valladolid, 1986,
pp. 51-53.
2 VASALLO TORANZO, Luis. El paso
Camino del Calvario de Gregorio Fernández. Boletín del Museo Nacional de
Escultura 11, Valladolid, 2007, pp.17-22.
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| Nueva cruz de Cristo con la cruz a cuestas Rafael Martín Hernández, 2013 |
3 LUNA MORENO, Luis. Op. cit., p.
52.
4 URREA, Jesús: Paso del Camino
del Calvario. En Pasos restaurados,
Museo Nacional de Escultura, Valladolid, 2000, p. 55.
5 ARRIBAS ARRANZ, Filemón: La
Cofradía penitencial de N. P. Jesús Nazareno de Valladolid. Valladolid,
1946, pp. 82-90.
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| Cristo con la cruz a cuestas antes de su restauración en el Santuario del Carmen Extramuros, Valladolid |
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11 de octubre de 2017
6 de octubre de 2017
Un museo interesante: IGLESIA DE SANTA MARÍA DE LA O, Wamba (Valladolid)
Llegar a Wamba es adentrarse en el terreno de lo
legendario. Allí inevitablemente se rememoran antiguas tradiciones que
identifican esta pequeña población con la Gérticos visigoda, lugar donde en el
año 672 murió el célebre rey visigodo Recesvinto. La misma tradición mantiene
que con motivo de ser elegido allí mismo su sucesor, el rey Wamba, este hecho
implicó el cambio de nombre de la antigua Gérticos como homenaje al nuevo
monarca. Esta arraigada creencia, imposible de demostrar, tuvo su continuación
en las noticias divulgadas acerca de que en el monasterio de Santa María
estuvieron enterrados tanto Recesvinto como Wamba, hasta que Alfonso X trasladó
sus restos a Toledo, dato que incluso es recogido por el humanista e
historiador cordobés Ambrosio de Morales en el siglo XVI.
Esto nos pone sobre la pista del origen visigodo del
enclave, teoría avalada por algunos restos conservados en la iglesia de Santa
María, como los capiteles de la embocadura del ábside derecho y el capitel
utilizado como pila de agua bendita, o por la pilastra visigoda que procedente
de Wamba se custodia en el Museo de Valladolid.
Sin embargo, ya con apoyo de noticias documentales,
sabemos que en el año 928, bajo el reinado de Fruela II de León, ya existía
como "sedis wambensis", al frente de la cual estaba Fruminio, obispo
de León, al que algunos historiadores consideran fundador del monasterio y al
que sucedería su diácono Nuño, que aparece como abad en los años 945 y 951. Es
entonces cuando se produce la repoblación de la zona, que en el caso de Wamba
acogió a una población procedente del norte, como se refleja en la cabecera
mozárabe que ha conservado la iglesia, más vinculada a las formas visigodas y
astures que a los modos de los cristianos huidos de Al-Andalus, guardando una
gran similitud en la organización de su cabecera con la iglesia cántabra de
Santa María de Lebeña, fundada en 924.
Sería en a partir de 1140, cuando la infanta Sancha
de Castilla, hermana de Alfonso VII, dona el monasterio de Santa María de Wamba
y todas sus posesiones a los Caballeros Hospitalarios de la Orden de San Juan
de Jerusalén —también conocida como Orden de Malta—, iniciándose un desarrollo
que se materializó a finales del siglo XII con la remodelación y ampliación del
antiguo templo en estilo románico y la construcción de un amplio claustro,
dependencias monacales de las que quedan elocuentes restos testimoniales y un
hospital para peregrinos. En 1175 en el monasterio estuvo retirada como
religiosa doña Urraca, hija de Alfonso I de Portugal y esposa de Fernando II de
León, tras ser repudiada por este monarca leonés.
En torno al monasterio se fue configurando un
pequeño municipio al que fue concedido fuero por don Martín de Zamora en 1269,
siendo el papa Gregorio X quien cuatro años después lo desvinculaba de la
diócesis de Zamora para otorgarle a la de Palencia. Según aparece en el Libro Becerro de las Behetrías de Castilla,
redactado por las Cortes de Valladolid en 1351, el municipio de Wamba estaba incluido en la Merindad del Infantazgo de Valladolid, ciudad igualmente
dependiente de la diócesis palentina.
A partir de entonces se va incrementando la pujanza
del municipio y del monasterio, retiro de nobles e inquisidores. En 1521 es
Íñigo Fernández de Velasco, Conde de Haro y camarero y copero de Carlos V, el
que junto a una tropa de 3.600 soldados se aloja en Wamba en los momentos
previos a la batalla de Villalar. A partir de ese tiempo la actividad de la Orden de San Juan de
Jerusalén en este enclave seguiría creciendo hasta el siglo XVIII, momento en que se adosa un pórtico
en la fachada sur de la iglesia y una sacristía, al tiempo que la Encomienda de
Wamba extiende su pujanza hasta el municipio de Arroyo.
En el siglo XIX, a consecuencia de la
exclaustración, es cuando el monasterio conoce una decadencia que pone en
peligro su integridad, salvándose de la ruina total solamente la iglesia, ya
que el resto de las dependencias sucumbieron al expolio. No obstante, entre los
años 1988 y 1991 el conjunto conservado fue sometido a una meticulosa
restauración en la que se intentó recuperar la pureza del singular edificio
eliminando elementos añadidos poco acordes con la estética original o
sustituyendo algunas partes deterioradas por otras con materiales actuales,
como la cubierta del atrio, al tiempo que se hizo una meritoria labor para
salvaguardar la pintura mural mozárabe y gótica y para adecentar el abandonado
osario. Hoy día, visitar la iglesia de Santa María de Wamba no deja a nadie
indiferente por la originalidad y sorpresas que repara el recinto.
LA IGLESIA DE SANTA MARIA DE LA O
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| Naves románicas |
La iglesia de Santa María de la O de Wamba es una
construcción rectangular de tres naves, con la central de mayor anchura y
altura, con crucero no remarcado en planta, tres capillas absidiales de trazado
rectangular en la cabecera y la fachada principal abierta a un compás situado a
los pies. Como restos del antiguo monasterio de la Orden de Malta, en el lado
del evangelio se conservan adosadas varias dependencias que daban acceso al
espacioso claustro, incluyendo la llamada Capilla de Doña Urraca y el
baptisterio. En el lado contrario se
abre un pórtico columnado con techumbre de madera, que incluye una puerta, y la
sacristía, ambos espacios incorporados en el siglo XVIII.
La cabecera mozárabe
Tanto la cabecera como el crucero pertenecen al
edificio mozárabe levantado en el año 928, con una estructura compartimentada,
al gusto mozárabe, a base de pilares sencillos, dotados de una imposta formada
por tres molduras escalonadas, que soportan arcos de herradura. De los tres
ábsides planos, perforados por ventanales, el central es de mayor anchura y los
tres se cubren con bóvedas de cañón con generatriz de herradura. En toda esta
parte prerrománica se emplea como material constructivo el ladrillo, la
mampostería y los sillares irregulares.
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| Cabecera mozárabe |
En la ampliación del siglo XII se levantó sobre el
crucero una torre cuadrada, con función de campanario, que aparece perforada
por dos vanos de medio punto en cada lado.
Sobre los muros de en este espacio de la cabecera se
pueden rastrear algunos elementos mozárabes muy interesantes, como en la
embocadura del ábside del lado de la epístola, donde aparecen exquisitos
capiteles con talla a bisel que representan acantos estilizados de inspiración
bizantina, elementos que pudieron ser reaprovechados de la primitiva iglesia
visigótica.
Asimismo, en el muro de la capilla mayor aparece una
pintura mural mozárabe del siglo X que simula un tapiz de corte oriental,
decorado con una composición cuadriculada, recorrida por una orla de rombos,
donde en cada recuadro se inscribe un círculo con motivos geométricos que
encierra un cuadrúpedo que asemeja un caballo, con un diseño similar al que
aparece en los "beatos". Esta simulación de un paño oriental
ricamente decorado de forma anicónica, es decir, evitando figuraciones de la
divinidad, se pone en relación con los ritos litúrgicos mozárabes, donde el
iconostasio quedaba oculto a los fieles mediante cortinas que se cerraban en el
momento de la consagración.
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| Vista desde la capilla mayor |
Las naves románicas
A partir del crucero, las naves de la iglesia,
levantadas en sillería regular (con numerosas marcas de cantero) a finales del
siglo XII por los Caballeros Hospitalarios de San Juan, se perfilan en estilo
románico. Se trata de tres naves —la central de mayor altura— separadas por
pilares compuestos en los que al núcleo rectangular se adosan dos columnas,
casi completamente exentas, sobre las que se apean los arcos formeros de la
nave, de proyección ojival. Los pilares presentan los cuatro ángulos biselados
y decorados con medias bolas en relieve, conservando vagos restos de una policromía
a base de tonos ocres y rojizos. Están rematados, al igual que las columnas,
por bellos capiteles en los que se alternan depuradas formas vegetales con
escenas figuradas, en ambos casos muy esquemáticas.
En cuanto a las escenas figurativas de los capiteles
abiertos a las naves, se puede establecer el sentido catequético y moralizante
establecido por los Caballeros Hospitalarios de San Juan, de modo que la
historia comienza en la embocadura de la capilla mayor y se va desarrollando
hacia los pies de la iglesia.
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| Capilla mayor |
Comienza con el capitel de Adán y Eva, referido al pecado original y su expulsión
del Paraíso (lado derecho de la embocadura de la capilla mayor), que forma
pareja con el capitel de los pavos reales,
que bebiendo de una fuente simbolizan el Paraíso terrenal.
El pecado tiene su consecuencia en la sentencia de tener
que ganar el pan con el sudor de la frente, asunto representado a través del capitel del zapatero, que curte la piel
con la boca junto a sus útiles de trabajo, y el capitel del alfarero y el esquilador en plena faena (ambos en el
lado izquierdo de la embocadura de la capilla mayor), esto es, el trabajo
representado a través de los citados oficios.
Siguen otros capiteles ya en los pilares de los
tramos de la nave, como el capitel con
animales enfrentados y personas, de difícil interpretación, el capitel del Juicio Final, en el que
aparece San Miguel pesando las almas y a su lado Satanás intentando hacer
trampas con la balanza, y finalmente el capitel
del maligno, con un mascarón demoniaco entre formas serpenteantes y
enmarañadas en alusión al infierno.
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| Capilla mayor: pintura mozárabe del siglo X simulando un tapiz |
Las tres naves se cubren con techumbres de madera
modernas que descansan sobre ménsulas sencillas, la central recorrida por una
galería practicable dotada de una balaustrada corrida. A los pies de la iglesia
se incorporó posteriormente un coro que ha sido eliminado.
La portada
Se abren al exterior dos portadas, una en el muro
sur que es apuntada, con emblemas de la Cruz de Malta en la hojas y protegida
por el espacioso pórtico columnado.
La portada principal se halla a los pies y queda resaltada
de la fachada, ajustándose a la forma de un arco triunfal de concepción
románica. Sobre los basamentos de las jambas se disponen a cada lado tres
columnas rematadas con capiteles en los que se alternan motivos vegetales y
animales, siendo curiosos aquellos en los que aparecen salamandras cruzadas, un
ser monstruoso o pavos afrontados bebiendo de una copa como símbolos del
infierno y del paraíso.
Sobre ellos se apean cuatro arquivoltas, decoradas con
formas lobuladas y gruesos boceles, que enmarcan un tímpano asentado sobre dos
mochetas con forma de ménsulas decoradas con esquemáticas cabezas humanas que
se muerden la punta de la barba.
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| Detalle de la pintura mozárabe del siglo X |
El interior del tímpano es liso, tan sólo
animado con rosetas de ocho pétalos y la inscripción "Era MCCXXXIII", siguiendo en conjunto los característicos
modelos románicos del foco zamorano. La portada aparece protegida por un
tejaroz con once canecillos en los que se representan cabezas humanas y
animales de significación burlesca.
Sepulcro gótico con pintura
mural
En el tramo central muro del lado del evangelio se
abre un arcosolio con arco apuntado realizado en el siglo XIV. Sobre pequeñas
columnillas con capiteles vegetales y una cabeza humana se abre la rosca del
arco con un juego de molduras.
En el tímpano situado sobre la cama sepulcral se
encuentra una pintura al fresco, realizada a finales del siglo XV, que
representa el tema de la Visitación.
Sobre un fondo paisajístico en el que aparecen varios edificios se sitúan las
figuras de la Virgen y su prima Santa Isabel fundidas en un abrazo. A los lados,
en un segundo plano, presencian la escena dos mujeres acompañantes de menor
tamaño, intentando con ello de dar profundidad a una composición simplista, con
un dibujo elemental pero efectista, donde las figuras principales llevan nimbos
y orlas decorativas doradas a la barbotina.
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| Capitel visigótico |
Sepulcro gótico de Andrés de
Arroyo y su esposa
Frente al anterior, en el muro del lado de la epístola,
se abre un nuevo arcosolio que contiene un lujoso sepulcro de estilo
hispano-flamenco cuya fachada queda enmarcada por un alfiz en cuyo interior
aparecen emblemas heráldicos en los ángulos y un arco conopial de tracería gótica y cardinas rizadas. En el
frente de la urna sepulcral figuras tenantes de niños sujetan escudos del
linaje familiar y está recorrida por una inscripción con caracteres góticos en
la que es legible "Aquí yasen
sepultados Andrés del Arroyo e su muger, beneficiado del antiguo...",
siendo atribuido el conjunto a un taller vallisoletano.
En el interior del nicho se encuentra el bello Retablo de la Epifanía, realizado a
principios del siglo XVI y compuesto por seis tablas pictóricas distribuidas en
banco, cuerpo y tres calles, que se acompañan de una refinada mazonería de
estilo plateresco.
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| Capiteles románicos de Adán y Eva y pavos reales bebiendo de una fuente |
En el banco se encuentra la tabla central del Llanto sobre Cristo muerto, a cuyos
lados aparece San Miguel con los
miembros masculinos de la familia de donantes y San Juan Bautista con los miembros femeninos, con retratos de gran
calidad. La escena central del cuerpo representa la Epifanía y está acompañada a los lados por las tablas de San Pedro y San Pablo y Santa Catalina acompañada por un
donante.
De notable factura, estas pinturas se han relacionado
con el Maestro de Becerril, el Maestro de Manzanillo e incluso con Juan de
Flandes. Su estilo se ajusta al tipo de pintura del primer tercio del siglo XVI
en Castilla, vinculada al gótico final y a la influencia flamenca, apreciables
en el gusto por la colocación de tapices en los fondos y en los ricos brocados
que simulan algunas vestiduras, pero con tímidas innovaciones procedentes del
renacimiento italiano, como la abolición de los fondos dorados y su sustitución
por luminosos paisajes, la incorporación de elementos arquitectónicos y el tímido intento de conseguir profundidad a través de la perspectiva.
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| Capiteles de los oficios: alfarero, esquilador y zapatero |
Pinturas de la Capilla de Doña
Urraca
La denominada Capilla
de Doña Urraca se encuentra en el espacio que comunicaba el claustro con la
iglesia, en un tramo de tránsito cubierto por una rudimentaria bóveda de
crucería que está sustentada sobre un atípico pilar central.
El interés de la pequeña capilla radica en los
restos de decoración mural al fresco, junto a dos nichos abiertos en el muro en
el que una inscripción de 1567 alude a la leyenda por la cual los cuerpos de
los hijos de Arias Gonzalo habrían sido trasladados por Doña Urraca de Portugal
—reina consorte de Fernando II de León— a esta capilla, donde también fue
sepultada ella misma tras haber ingresado en la Orden de San Juan de Jerusalén,
de donar tierras y villas a esta Orden en 1176 y de retirarse a este monasterio
después de ser declarado nulo su regio matrimonio.
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| Capiteles de San Miguel pesando las almas y mascarón del Maligno |
En los muros, de forma compartimentada, se conservan
restos de pinturas murales góticas. En el frente se representan ángeles tenantes sujetando el escudo de la
Cruz de Malta, bajo el cual aparecen otros dos motivos heráldicos y a sus
lados San Juan Bautista en el desierto,
rodeado de animales, a la izquierda, y el Bautismo
de Cristo a la derecha, escenas con el dibujo bien marcado. Asimismo, en el
muro contiguo se encuentran dos escenas que representan a San Juan Bautista predicando y a un santo obispo ennoblecido con un dosel al fondo, todos ellos de la
segunda mitad del siglo XV.
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| Sepulcro con el fresco de la Visitación, finales siglo XV |
Baptisterio
En el espacio esquinero del desaparecido claustro,
adosada a los pies de la iglesia, se encuentra una capilla de dos tramos y
bóvedas de crucería en el que se halla instalado el baptisterio, presidido en
el centro por una colosal pila bautismal. En la capilla se ha colocado un
altorrelieve del Bautismo de Cristo
de la segunda mitad del siglo XVII, resto de uno de los retablos barrocos
desmontados. De autor desconocido, copia los modelos de Gregorio Fernández y
está coronado por un relieve que representa al Padre Eterno.
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| Sepulcro de Andrés de Arroyo, retablo de la Epifanía, principios siglo XVI |
El Osario, un espacio singular
El impactante Osario
actualmente se encuentra en la capilla del claustro más cercana a la iglesia,
posiblemente en la citada como capilla de Ánimas en la documentación
parroquial, aunque antaño se encontraba instalado en la tercera capilla. Tras
el reacondicionamiento realizado en la última intervención, se ha facilitado la
visita de tan macabra visión mediante una plataforma con barandillas que impide
al visitante el contacto con los huesos.
El Osario
de Wamba es una dependencia cubierta con bóveda de cañón apuntado, con unas
dimensiones de 6 metros de largo y 4 de ancho, que contiene más de 3.000
calaveras e innumerables restos de esqueletos depositados entre los siglos XIII
y XVIII, aunque los huesos más antiguos están datados en el siglo XVI y se
supone que pertenecieron a monjes hospitalarios.
Adosado a los muros de la capilla se encuentra un
espeluznante conjunto de calaveras, con terroríficas expresiones, que se
mezclan con innumerables fémures, tibias, etc. que apilados cuidadosamente facilitan
su estabilidad, existiendo constancia de que antaño los huesos alcanzaban la
altura de la bóveda. A este respecto, aún es recordada la recogida de dos
camiones de huesos que realizó en 1950 Gregorio Marañón para destinarlos a la
facultad de anatomía de Madrid y de otras universidades españolas.
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| Detalles del Retablo de la Epifanía |
A pesar de todo, este Osario no tiene parangón en territorio español, constituyendo una
impresionante manifestación dedicada descarnadamente a la muerte, donde el
espectador queda rodeado por la gesticulación sardónica que llega desde los
muros, donde los cráneos parecen susurrar la expresión escrita en la pared: “Como te ves, yo me vi, como me ves te verás.
Todo acaba en esto aquí. Piénsalo y no pecarás”.
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| Acceso al claustro y Capilla de Doña Urraca |
HORARIO DE VISITAS
Viernes: de 17:00 a 19:30
Sábados, domingos y festivos: de 11:00 a 13:30 y de 17:00 a 19:30
Fuera de este horario: concertar visita previamente en tel. +34 679 142
730
Tarifas: General: 2€ / Grupos: 1€
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| Pinturas murales góticas en la Capilla de Doña Urraca |
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| Pintura gótica del Bautismo de Cristo |
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| Baptisterio: Relieve barroco del Bautismo de Cristo, s. XVII |
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| Restos del claustro y entrada al Osario |
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| Osario de Santa María de Wamba |
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| Detalles del Osario |
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Etiquetas:
Museos de Castilla y León
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