4 de julio de 2022

Visita virtual: CENOTAFIO DE FELIPE EL ATREVIDO, el dolor humano como creación de Claus Sluter (1/2)




CENOTAFIO DE FELIPE EL ATREVIDO, II DUQUE DE BORGOÑA


Jean de Marville (Marville, ? - Dijon, 1389)
Claus Sluter (Haarlem, Países Bajos, 1340 – Dijon, Francia, 1406)
Claus de Werve (Haarlem, h. 1380 – Dijon, 1439)

1381-1410

Mármoles de diferentes colores y alabastro

Museo de Bellas Artes, Dijon

Escultura gótica. Escuela borgoñona

 


Antoine Le Moiturier (Atrib.). Sepulcro de Philippe Pot, 1477-1483
Museo del Louvre, París

     En 1383 Felipe el Atrevido, II duque de Borgoña, fundó la Cartuja de la Santa Trinidad de Champmol, en las cercanías de la ciudad de Dijon, que sería la capital del Ducado de Borgoña en el siglo XV. Su intención era establecer en aquel monasterio, que fue construido por el arquitecto francés Drouet de Dammartin, un lugar de enterramiento para los duques de la dinastía Valois, fundación que sería enriquecida con numerosas obras de arte, la mayoría de ellas piezas destacadas del arte gótico internacional imperante en ese momento. Entre ellas se encuentra el sepulcro del propio duque, en el que los escultores Jean de Marville y, sobre todo, el holandés Claus Sluter, lograrían con su creatividad una inesperada innovación en la iconografía funeraria de su tiempo, cuando esta conocía una enorme expansión por todos los países europeos.

La repercusión de esta obra funeraria sería enorme, anticipándose en más de cien años a la que entre 1477 y 1483 fue realizada, seguramente por Antoine Le Moiturier, para el enterramiento de Philippe Pot, gran senescal de Borgoña, en la capilla de San Juan Bautista de la abadía del Císter. Obra que igualmente marcaría un hito en la escultura funeraria del siglo XV y que, tras ser incautada durante la Revolución Francesa, pasó por diversos propietarios hasta ser adquirida en 1889 por el Museo del Louvre, en cuyas salas permanece expuesta. 

     La cartuja de Champmol estuvo en activo hasta 1791, año en que fue disuelta a consecuencia de la Revolución Francesa. Por entonces, buena parte de su patrimonio artístico fue recogido en el Palacio de los duques de Borgoña en Dijon, un enorme edificio comenzado en el siglo XV en el centro de la ciudad, donde una de sus alas fue reconvertida en 1787 en Museo de Bellas Artes, hoy uno de los museos más prestigiosos de Francia, recientemente remodelado, por la valiosa colección de obras de todas las épocas. Entre las obras más notables del museo se encuentran los cenotafios del duque de Borgoña Felipe el Atrevido (1342-1404) y el de su hijo y sucesor Juan sin Miedo (1371-1419) con su esposa Margarita de Baviera, instalados en la majestuosa Gran Sala del palacio. Ahora vamos a referirnos al primero, dejando el segundo para un próximo artículo. 

La Corte de Borgoña era un microcosmos privilegiado en el que residía el duque, su familia y su séquito, formando un pequeño estado dentro del estado principal de Francia. Los duques de Borgoña tenían una doble residencia, una en el Ducado de Borgoña, territorio ancestral de la dinastía, y otra en París, donde desempeñaron un importante papel en la turbulenta vida política de la época.

     Felipe II, duque de Borgoña, era el cuarto hijo del rey de Francia Juan II el Bueno y su esposa Bona de Luxemburgo, recibiendo el sobrenombre de “El Atrevido” por el arrojo que demostró cuando, con sólo quince años, participó en la batalla de Poitiers. Hombre de profundas convicciones religiosas, fundó la cartuja de Champmol con la finalidad de establecer el panteón ducal en la iglesia del complejo, próximo a la ciudad de Dijon, donde levantó su palacio. En el documento fundacional hace constar: “Para la salvación de las almas no hay nada mejor que las oraciones de los píos monjes, quienes por amor a Dios eligen libremente la pobreza y huyen de todas las nimiedades y alegrías del mundo [...]”. Fue su deseo ser allí enterrado, encargando en 1381, veintitrés años antes de su muerte, un suntuoso sepulcro acorde con el boato de la corte. 

Para ello solicitó el proyecto a Jean de Marville, un escultor originario de la región del Mosa, donde se sitúa Marville, que tras trabajar en Lille y Ruan, en 1372 entró al servicio de Felipe el Atrevido, duque de Borgoña, que le nombró escultor — ymagier— de cámara y le encomendó las obras de la cartuja de Champmol, donde trabajaría hasta su muerte en 1389. En 1381, el mismo año en que recibió el encargo del monumento funerario, contrataba como obrero de la cartuja a Claus Sluter, que fue su asistente y que desde 1389 le sucedería al frente del taller de escultores, revelándose como un maestro genial en la portada de la iglesia de la cartuja y en el Pozo de Moisés, una fuente creada para el claustro de la misma. 

     El monumental sepulcro de Felipe el Atrevido en realidad es un cenotafio (monumento funerario vacío) que fue colocado en el centro del coro de la iglesia cartujana, siendo enterrados sus restos en el subsuelo bajo el coro, es una de las obras funerarias más importantes de Europa de finales de la Edad Media.

Jean de Marville diseñó un original proyecto con la figura yacente del duque en la parte superior y una novedosa cama sepulcral recorrida en los cuatro frentes por una serie de arcadas ojivales, sobre una alta plataforma marmórea, que a modo de las galerías de un claustro suponen una innovación respecto a las habituales escenas y motivos heráldicos en relieve que aparecen en los frentes funerarios, que en este caso se presentan tridimensionales e impactantes por su novedosa iconografía, con cinco parejas de arcos en los frentes largos y tres en los cortos, entre las que se intercalan dobles arquerías achaflanadas igualmente rematadas por pequeñas galerías caladas que recuerdan los trabajos de filigrana.   

     A la muerte de Jean de Marville en 1389, tomó el relevo Claus Sluter, que continuó con la elaboración de los soportales iniciados por aquel en 1381, labrados con exquisita finura, trabajando también en las grandes losas de mármol negro, una a ras de suelo como plataforma escalonada sobre la que se apoya el conjunto y otra en la parte superior sobre la que reposa la efigie yacente. No obstante, su mayor creación fue la serie de figuras dolientes en alabastro y en bulto redondo que forman una procesión bajo las arcadas. Aunque estas procesiones de figuras afligidas fueron comunes desde el siglo XIII, en este cenotafio presentan una nueva sensibilidad al aparecer liberadas de la arquitectura y labradas con detalles minuciosos que definen una caracterización individualizada para cada figura, trabajados de forma independiente con un fuerte naturalismo y una gran variedad de gestos y posturas, formando parte del ceremonial cuarenta y una figuras que representan diferentes tipos de personas, unas religiosas —un obispo, clérigos y monaguillos junto a los monjes cartujos— y otras laicas —dos militares y numerosos familiares—, todas ellas participando de un luto colectivo y reflejando diferentes estados de duelo. Algunas de estas figuras dolientes o “llorantes” presentan discretos elementos dorados o coloreados que fueron aplicados por Jean Malouel, pintor oficial de la corte ducal. 

     Estas figuras dolientes fueron todo un hallazgo plástico en la escultura borgoñona, siendo los componentes más originales del monumento funerario, admirables por su expresividad, elegancia de formas, finura técnica de ejecución y fuerte naturalismo, consiguiendo dotar al monumento, a pesar de su discreto tamaño, de una gran monumentalidad. Con ellas Claus Sluter, convertido en escultor cortesano, consiguió insuflar nueva vida a la escultura gótica de su tiempo, siendo emblemáticas las figuras que entablan una emotiva conversación entre ellas, se consuelan mutuamente o rezan compungidas, teniendo una gran repercusión formal aquellas que representan monjes cartujos con las cabezas cubiertas por la capucha del hábito y la caída de paños pesados con pliegues muy suaves que dejan adivinar la gestualidad corporal, unos modelos que tiempo después serían imitados por otros escultores. 


     Claus Sluter murió en 1406, dos años después de haber fallecido Felipe el Atrevido, cuando la obra no estaba terminada. Faltaban por elaborar un buen número de las figuras dolientes del cortejo, así como concluir la mayor parte de la efigie yacente de Felipe el Atrevido, los ángeles que le acompañan y el simbólico león que aparece a sus pies. Estos elementos fueron continuados a partir de aquel año por su sobrino, el escultor Claus de Werve, por orden de Juan sin Miedo, hijo de Felipe el Atrevido, hasta finalizar la obra en 1410, ajustando su trabajo durante cuatro años a las directrices y estilo de su tío Claus Sluter, aunque en las figuras de los dolientes se aprecia una calidad inferior. 

Sobre la cama sepulcral y sobre una plataforma moldurada aparece la efigie policromada de Felipe el Atrevido con un tamaño superior al natural, en posición yacente sobre una alfombra azul con flecos dorados y con las manos en actitud orante levantadas a la altura del pecho. Su cabeza reposa sobre un voluminoso cojín decorado con una orla, recorrida por rombos y flores, y cuatro borlones dorados en los ángulos, acusando en sus formas el peso de la cabeza. Su indumentaria no sigue el esquema medieval de estar representada como si el personaje estuviera de pie, aunque se coloque yacente, sino que sigue la ley de la gravedad natural, con un amplio sayal blanco, con puños y flecos dorados en los ribetes, que se desparrama sobre la alfombra, una esclavina azul decorada con tres niveles de flecos dorados y un manto azul de caída natural con el interior forrado de piel de armiño, relacionada tradicionalmente con la realeza. 

     El tratamiento del rostro presenta las características de un retrato por la nariz aguileña y el mentón que también aparecen en sus retratos pictóricos, con la peculiaridad de tener los ojos abiertos como sinónimo de su triunfo sobre la muerte. Una larga melena cae por los lados y sobre su frente luce una corona dorada que simula ser metálica y ornamentada con rosetas de esmaltes engastados y cabujones circulares. Es posible que su policromía también fuera realizada por el ya citado pintor de la corte Jean Malouel, patentizando el gusto de la corte borgoñona por las mejores telas y los colores brillantes, predominando los tintes de carmín, obtenidos de la cochinilla, y los azules obtenidos de la planta glastum, tan característicos en las indumentarias reales. 

     Acompañan a la imagen yacente tres elementos más. El primero es un largo cetro con remates metálicos en los extremos —coronado con un bulbo de flor de lis— que se apoya sobre el cuerpo, de los hombros a los pies. Otro elemento es el león recostado junto a los pies, con la melena dorada, que simbolizando la realeza y el valor fue incorporado por Claus de Werve, al que también se deben las dos gráciles figuras infantiles de ángeles con cabellos dorados y mejillas sonrosadas que arrodillados, vestidos con túnicas blancas decoradas con estrellas salteadas y con alas doradas desplegadas de gran vistosidad, coronan al duque proclamando su acogida celestial. 

En toda la obra prima el virtuosismo técnico de sus artífices y los altos valores plásticos conseguidos, destacando la bella y contrastada bicromía de los soportes de mármol negro y la galería en alabastro blanco en que se cobija el cortejo de dolientes, cuya belleza y calidad deslumbró a los artistas contemporáneos, llegando a convertirse en un referente y modelo para la escultura funeraria de su tiempo.

     Estos mismos motivos salvaron al conjunto de ser destruido durante los procesos revolucionarios en Francia a finales del siglo XVIII, pues tras la venta de la cartuja como bien nacional en 1791, el cenotafio fue conservado por su importancia histórica y reensamblado en la catedral de San Benigno de Dijon. Aunque el conjunto fue víctima en 1793 de actos de vandalismo que produjeron que algunos elementos desaparecieran y fueran recuperados por aficionados, en 1819 el arquitecto Claude Saint-Père tuvo la iniciativa de reconstruir los sepulcros, comenzando a reagrupar los fragmentos conservados en los depósitos y a buscar los que habían pasado a manos privadas, un trabajo que culminó con su magnífica recomposición en la gran sala de Guardias del palacio de los duques de Borgoña en Dijon, realizándose su presentación en público en 1827 en el mismo lugar que ocupa actualmente en aquellas dependencias convertidas en Museo de Bellas Artes de Dijon. 

     Terminaremos recordando que siguiendo este modelo funerario ideado por Jean de Marville y poblado con figuras que expresan en variadas formas actitudes verdaderas y humanas, debidas al talento de Claus Sluter y Claus de Werve, estimuló a Felipe el Bueno, III duque de Borgoña, para encargar en 1443 al escultor aragonés Juan de la Huerta, activo en el Ducado de Borgoña, otro cenotafio idéntico dedicado a sus padres Juan I de Borgoña (apodado Juan sin Miedo) y Margarita de Baviera. En este nuevo proyecto Juan de la Huerta, tras sufrir una serie de inconvenientes en la realización de las figuras yacentes, abandonó Dijon en 1456 dejando realizada la galería, un buen número de figuras dolientes y los ángeles que sujetan el casco, siendo el escultor aviñonés Antoine le Moiturier a quien Felipe el Bueno confió la continuación de la obra en 1461, que realizaría las dos efigies de los yacentes, los remates de las arquerías y completadas las figuras de dolientes entre 1466 y 1469. El conjunto fue instalado en 1470 junto al cenotafio de Felipe el Atrevido en medio del coro de la iglesia de la cartuja de Champmol, compartiendo en la actualidad la misma sala en el Museo de Bellas Artes de Dijon, aunque esa será una obra estudiada en otra ocasión. 


Informe: J. M. Travieso.

 



































Anónimo. Retrato de Felipe el Atrevido, s XVI
Palacio de Versalles












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1 de julio de 2022

VIAJE: APULIA, POR EL SUR DE ITALIA, del 3 al 10 de octubre 2022

Bari


Apulia es una región sureña que forma el talón de la “bota” de Italia y es conocida por sus ciudades montañosas encaladas, las tierras de cultivo de siglos de antigüedad y los cientos de kilómetros de costa en el Mediterráneo. La capital, Bari, es una animada ciudad portuaria y universitaria, mientras que Lecce es conocida como la “Florencia del sur” por su arquitectura barroca. En Alberobello y el valle de Itria, se encuentran los “trullos”, chozas de piedra con techos cónicos característicos. 

PROGRAMA 

Lunes 3 de octubre   VALLADOLID – MADRID – BARI.

Salida desde Vallsur a las 06,15 horas y desde la Plaza de Colón a las 06.30 horas con destino Madrid Barajas. Presentación en el aeropuerto 3 horas antes de la salida del vuelo con destino Bari. Llegada al aeropuerto de Bari y traslado al hotel, recogida de Lunch box para el almuerzo y distribución de habitaciones. A continuación, visita de la ciudad con la basílica de san Nicola de Bari y su cripta con las reliquias del patrón de la ciudad. Continuación con la visita de la ciudad para conocer la parte vieja con sus callejuelas medievales. Cena y alojamiento. 

Matera
Martes 4 de octubre   BARI – ALTAMURA - MATERA – BARI.

Desayuno. Salida hacia Altamura “la ciudad del pan“, visita de su centro histórico, para conocer el exterior del Palacio Baldassare  y la Catedral de Santa María Assunta. Salida hacia la región de Basilicata para visitar la ciudad de Matera, famosa por sus casas excavadas en la roca que estuvieron habitadas hasta la década de 1.960, conoceremos algunos ambientes típicamente rupestres como “casa cueva” junto con el exterior del Palazzo Lanfranchi, la Pizza San Pietro Caveoso, una Cantina histórica de 1.700, etc. Almuerzo incluido durante la visita. Regreso a Bari. Cena y alojamiento. 

Miércoles 5 de ocubre   BARI – OSTUNI – ALBEROBELLO – BARI.

Desayuno. Por la mañana, salida hacia la localidad de Ostuni. Llegada y visita panorámica del centro histórico que conserva su estructura medieval, un laberinto de calles estrechas con elegantes arcos y escaleras, pequeñas plazas con algunas iglesias y edificios nobles sumamente interesantes desde el punto de vista artístico. Continuación a Alberobello y almuerzo. A continuación, realizaremos una visita panorámica por esta localidad famosa por sus construcciones “il trullo” construcción de forma cónica, Ciudad Patrimonio de la Humanidad desde 1.996, el barrio Monti con más de 1.030 trulli. Regreso a Bari. Cena y alojamiento. 

Alberobello
Jueves 6 de octubre   BARI – BARLETTA – TRANI – CASTEL DEL MONTE – BARI.

Desayuno. Por la mañana salida hacia la localidad de Barletta, donde podremos conocer el Castillo de Barleta. A continuación, nos dirigiremos a la ciudad medieval de Trani, donde visitaremos el casco histórico de la ciudad, centrándonos en la Catedral de San Nicolás, pero recorriendo el puerto y acercándonos al castillo. Desde allí iremos a Castel del monte. Almuerzo.  Posteriormente tendremos la entrada al fascinante Castillo octogonal mandado construir por Federico II Hohenstaufen Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Regreso a Bari. Cena y alojamiento. 

Viernes 7 de octubre   BARI – LOCOROTONDO – MARTINA FRANCA – LECCE.

Desayuno. Salida hacia Locorotondo donde daremos un paseo con nuestro guía acompañante por esta localidad de forma redonda con sus casas blancas, con arquitecturas barrocas, un pueblo antiguo, tranquilo y ordenado. Salida hacia Martina Franca para visitar el Palacio Ducal y sus frescos. Continuación a Lecce y almuerzo. Por la tarde, visita panorámica de esta interesante ciudad donde conoceremos la Piazza del Duomo donde se encuentran la Catedral de Nuestra Asunción, El Palacio Obispal de época renacentista, Palacio del Seminario, la Basílica de la Santa Croce con su imponente fachada decorada, así como las principales calles del casco antiguo que son un museo al aire libre. Cena y alojamiento. 

Barletta
Sábado 8 de octubre   LECCE – SANTA MARÍA DE LEUCA – OTRANTE – LECCE.

Desayuno. Salida hacia Santa Maria de Leuca, donde se encuentra el cabo más al sur del continente europeo, desde donde domina la gran columna que hay cerca del Convento que se eleva encima de él, en tiempo claro se divisan fácilmente desde allí los acantilados de la costa de Albania.  Salida en dirección a Otranto, la ciudad más oriental de Italia, almuerzo. Posteriormente visita panorámica de esta ciudad donde pequeñas callejuelas y casas blancas recorren el interior de sus murallas, dominadas por el gran Castillo aragonés. De entre todas las obras de arte que podrán encontrar en la ciudad, destaca la Catedral de Otranto, joya de la arquitectura románico-pugliese, edificada en el S. XI, en cuyo interior está representada en el suelo, en un precioso mosaico en colores brillantes, obra del sacerdote Pantaleone, escenas de la Biblia y ciclos épicos medievales. Regreso a Lecce. Cena y alojamiento. 

Domingo 9 de octubre   LECCE – GALATINA – GALLIPOLI – LECCE.

Desayuno. De camino realizaremos una parada en Galatina, donde visitaremos la Basílica de Santa Caterina de Alejandría. Continuación a Gallipoli, una ciudad que no puede ocultar su pasado griego, su nombre deriva de dos palabras, Kalé Polis, se traduce como "ciudad bonita". Almuerzo. A continuación, visita panorámica en la que podrán conocer, du encantador puerto, la fuente helénica, la catedral etc.  Regreso a Lecce. Cena y alojamiento. 

Trani
Lunes 10 de octubre   LECCE – POLIGNANO AL MARE – BARI.

Desayuno. Por la mañana salida muy temprano con destino al aeropuerto de Bari para tomar el vuelo de regreso a España. De camino, parada en Polignano al Mare, donde dispondremos de tiempo libre para pasear por esta localidad marítima con nuestro guía acompañante. Continuación al aeropuerto de Bari. Almuerzo Lunch Box.  Llegada a Madrid y traslado a Valladolid. 


PRECIO SOCIO EN HABITACIÓN DOBLE: 1750 €
PRECIO NO SOCIO EN HABITACIÓN DOBLE: 1770 €
SUPLEMENTO HABITACIÓN INDIVIDUAL: 285 €
 

REQUISITOS: Grupo mínimo de 30 y máximo de 35 personas.

 


Lecce
INCLUYE:
- Traslado Valladolid/ Madrid Aeropuerto/ Valladolid en Auto Pullman de lujo
- Vuelos Madrid/ Bari/ Madrid vuelo directo compañía Iberia
- Tasas Aeropuerto (50.00€)
- Tasas locales de alojamiento
- Régimen de pensión completa desde el almuerzo del primer día hasta el almuerzo del último día. (13 servicios que se podrán realizar en hoteles y/o restaurantes. Además de 2 lunch box, día de llegada y regreso)
- 4 noches alojamiento en BARI: Hotel Tipo Mercure Romanazzi, Excelsior Bari o similar.
- 3 noches alojamiento en LECCE: Hotel Tipo Grand Tizziano, Hilton o similar
- Visitas incluidas según descripción:
        Panorámica de Bari con entrada a basílica de San Nicolás y la Cripta.
        Entrada Castillo Barletta.
        Entrada Castillo octogonal.
        Visita guiada Ostuni.
        Visita guiada Alberobello con interior de uno de los Trulli.
Galatina
    
    Visita Palacio Ducal de Martina Franca.
        Panorámica Matera con entrada a una casa cueva.
        Panorámica Lecce.
        Panorámica Otranto con entrada Catedral.
        Panorámica Leuca.
        Panorámica Gallipolli.
        Entrada basílica galatina.
- Guía acompañante exclusivo para el grupo durante todo el recorrido.
- Acompañante de Domus Pucelae.
- Dossier informativo Domus Pucelae.
- Auriculares incluidos todo el recorrido.
- Seguro asistencia y cancelación.
- Presentación del itinerario con vino español.

NO INCLUYE
Extras en hotel-
Gallipoli
Bebidas en las comidas y/o cenas
Ningún servicio no especificado en el apartado “incluye”- 

INFORMACIÓN Y RESERVA DE PLAZAS: Por correo en domuspucelae@gmail.com o en el telf. 608419228 a partir de las 0 horas del día 2 de julio, debiendo hacer entrega en la reserva de 400€ antes del 11 de julio y el resto del importe del viaje, antes del 16 de septiembre de 2022, en Viajes Tempo Tours. C/ Miguel Íscar 16 (junto al Banco de Sabadell) Tfno.983 213630 - 983 666663. Persona de contacto: Pablo Parrilla Horario: de lunes a viernes de 10.00 a 14.00 y de 17.00 a 19.00 horas. 

FORMAS DE PAGO: Efectivo, Tarjeta de Crédito, o mediante transferencia a la cuenta bancaria que proporcionará la agencia, indicando en el concepto “Viaje Domus Pucelae a Apulia (Tacón de la bota de Italia)” y el nombre de los viajeros.  Enviar copia de la transferencia por mail a: info@imaginaunviaje.com

 


IMPORTANTE:
Es aconsejable que las personas inscritas estén vacunadas.
Es obligatorio uso de mascarilla en el autocar.

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VIAJE: ITALIA, TRAS LAS HUELLAS DE PALLADIO, del 2 al 12 de septiembre 2022

PROGRAMA 

Viernes 2 de septiembre

Salida a las 5,00 h. desde la Plaza de Colón con dirección Madrid Barajas. Embarque en vuelo regular IB 3242 de las 8,45 h. con dirección a Venecia. Llegada y traslado a Villa Foscari (visita). Al finalizar, traslado a Venecia y visita a pie por el centro de la ciudad. Alrededor de las 19,30 h., traslado al Hotel en Mestre (Novotel Castella o similar). Cena y alojamiento. 

Sábado 3 de septiembre

Salida del hotel a las 8 h. con dirección al centro de Venecia (visita). A las 13 h., posibilidad de comer en el restaurante self service Al Ponte di Rialto. A las 14 h. salida hacia la Villa Pisani (visita). A continuación, traslado a Padua (Visita de la capilla Scrovegni, etc). Cena y alojamiento en el hotel NH Padova. 

Domingo 4 de septiembre

Visita a los monumentos de Padua. Traslado a Ravena para visitar San Vital, San Apolinar, Mausoleo de Teodorico, etc. Al finalizar las visitas, traslado a Padua. Cena y alojamiento. 

Lunes 5 de septiembre

Desayuno. Salida hacia Basano de Grapa, ciudad famosa por su puente de madera, para conocer su bello centro histórico, el Monte Di Pietà y la Loggia del Comune. A continuación, traslado a Possano para conocer su poderoso Templo de Canova. Salida para visitar las Villas de Bárbaro y Emo. Traslado al hotel de Padua, cena y alojamiento. 

Martes 6 de septiembre

Salida con dirección a Vicenza, donde se realizará una visita panorámica. Es conocida como la Ciudad de Palladio, pues el famoso arquitecto ejecutó numerosas obras en ella. Durante nuestro recorrido, tendremos ocasión de entrar al famoso Teatro Olímpico, único en su género. Salida para visitar dos de las villas palladianas más famosas, La Rotonda, proyectada por Palladio, y la villa Valmarana, decorada por Tiepolo. Regreso a Vicenza, traslado al hotel, cena y alojamiento. 

Miércoles 7 de septiembre

Salida hacia Verona. Visitas a la basílica de San Zenon, Piazza delle Erbe y la Arena. Traslado a Mantua y visita panorámica de la ciudad. Recorrido con guía  local por el Palacio Ducal, la Magna Domus, Palacios del  Capitán, palacio Obispal, de los Uberti, el de Castiglioni y del Podestá, construcciones patricias y arquitectura italiana. Cena y alojamiento en Mantua. 

Jueves 8 de septiembre

Salida hacia Sabbioneta, ciudad Patrimonio de la Humanidad desde 2008. Visita panorámica de la ciudad, en la que conoceremos sus murallas y edificios renacentistas, la puerta de acceso Imperial y de la Victoria, la Galería de los Antiguos y la Plaza de las Armas. A continuación, salida hacia Sirmione y visita a este bello pueblo medieval. Posibilidad de recorrer el lago Garda en barco. Cena y alojamiento en el hotel NH Bérgamo.  

Vienes 9 de septiembre

Visita al centro histórico de Bérgamo. Por la tarde, traslado al Lago Mayor, donde se visitará Arona, Stresa y las islas Borromeas. Cena y alojamiento en Arona, hotel Giadino o similar. 


Sábado 10 de septiembre

Salida de Arona hacia el Lago Orta (Monte Sagrado de San Giulio). Finalizadas las visitas, salida hacia Turín. Llegada y visita panorámica a la ciudad. (Catedral, Basílica Superga, Museo Egipcio, etc). Alojamiento en el hotel NH Torino Liongotto. 


Domingo 11 de septiembre

Visita a los monumentos de Turín. Una vez terminada la visita, traslado a Milán. Visita al refectorio del convento de Santa María delle Grazie, donde se encuentra La Última Cena de Leonardo da Vinci. Visita guiada por la Pinacoteca Brera, catedral, etc. Ante la ocupación de todos los hoteles de la ciudad, posiblemente nos trasladaremos a Bérgamo (45 Km). 


Lunes 12 de septiembre

Terminada la visita a Milán, nos trasladamos a Pavía para visitar la Cartuja. Acabada la visita, traslado al aeropuerto para regresar a Madrid en el vuelo de Iberia de las 20,15 h. Llegada a la T4 de Madrid-Barajas y a continuación regreso a Valladolid. 

 

PRECIO SOCIO HABITACIÓN DOBLE PARA GRUPO DE 31 PERSONAS: 1915 €

PRECIO SOCIO HABITACIÓN DOBLE PARA GRUPO DE 22 PERSONAS: 2000 €

PRECIO SOCIO HABITACIÓN INDIVIDUAL: Suplemento de 384 €

PRECIO NO SOCIOS: INCREMENTO DE 20 €

 

 REQUISITOS: Grupo mínimo de 23 y máximo de 31 personas.

 

INCLUYE:

- Traslado en autocar Valladolid – Madrid – Valladolid.

- Régimen de Media Pensión (No incluye bebidas). Cenas y desayunos.

- Guía acompañante Domus durante todo el recorrido.

- Seguro de Asistencia en el Viaje - Race Trip Grupos.

- Traslado en autocar por el itinerario en Italia.

- Dossier.


NO INCLUYE

- Entradas a los monumentos citados en el programa (precio aprox. 200 € por persona).

- No están incluidas las comidas. A lo largo del recorrido intentaremos hacerlas en función de las disponibilidades de los restaurantes y de los guías (precio aprox. 25 €).   

- Extras en hoteles y restaurantes.

- Paseos en barcos por los lagos (Aprox. 15 €).

- Guías locales en el recorrido, 40 € por persona.

 

NOTA:

Las entradas y los guías no deberán abonarse a la cuenta de la agencia. 

RESERVA DE PLAZAS:

Por correo en domuspucelae@gmail.com o en el telf. 608 419228 a partir de las 0 horas del día 1 de julio de 2022. 

PAGO DE LA RESERVA Y DEL TOTAL DEL VIAJE:

Agencia OLID BUS TRAVEL, Valladolid. Atiende Sta. Natalia, telf. 627 206527. La agencia les indicará la cuenta donde hacer el pago. 

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27 de junio de 2022

Visita virtual: CRISTO DE LA AGONÍA, la expresión más auténtica del “phatos”







CRISTO DE LA AGONÍA

Juan de Mesa (Córdoba, 1583 – Sevilla, 1627)

1622

Madera de cedro policromada

Iglesia de San Pedro de Ariznoa, Vergara (Guipúzcoa)

Escultura barroca. Escuela andaluza

 

 






     Durante casi diez años, entre 1618 y 1627, el escultor cordobés Juan de Mesa realizó en su taller sevillano una asombrosa serie de obras pasionistas entre las que se encuentran hasta once representaciones de Cristo crucificado, en unos casos vivo sobre la cruz y en otros después de expirar, con la llaga en el costado como testimonio. Si todas ellas constituyen verdaderas obras maestras en el incipiente barroco andaluz, sin duda la cumbre la alcanza con el impactante Cristo de la Agonía, realizado en Sevilla en 1622, en el que demuestra toda su plenitud como imaginero de la madera cuando rondaba los 40 años. Esta obra se coloca entre las mejores esculturas religiosas de cuantas se realizaron en España, consolidando el apogeo del más puro Barroco de la escuela andaluza. 

En aquel tiempo en Sevilla, convertida en gran metrópolis como puerta de las Indias y uno de los centros artísticos más activos de Europa, residía el vasco Juan Pérez de Irazábal, superintendente de la Armada y contador mayor en la Real Hacienda de Sevilla durante los reinados de Felipe III y Felipe IV. Este acomodado personaje, oriundo de Vergara, no quiso olvidar la tradición, generalizada en toda España, por la que los nobles con buena posición social solían hacer donaciones a las iglesias de su población como reparación espiritual, en su caso a la parroquia de Santa Marina de Vergara, de la que era feligrés. Con esa intención y posiblemente conociendo los crucifijos realizados desde cuatro años antes por el escultor, recurrió al taller de Juan de Mesa en Sevilla para solicitar un Cristo crucificado, estableciendo en el contrato que debería estar representado vivo, clavado en la cruz, coronado de espinas y con una altura de diez cuartas, así como un plazo de ejecución de cuatro meses y un precio estipulado de 1.300 reales. 

     Terminada la imagen, esta permaneció en Sevilla durante cuatro años, hasta que el 5 de octubre de 1626 Juan Bautista Pérez de Irazábal, hijo del comitente, contradiciendo la voluntad de su padre de destinarla a la parroquia de Santa Marina, decidió donarla a la parroquia de San Pedro de Ariznoa, templo que tenía como patrono al concejo de Vergara, municipio en el que además levantó una importante casona familiar y donde fundó un mayorazgo vinculado a su linaje, lo que suponía prestigio y reconocimiento para el donante en su tierra.

De este modo el Cristo de la Agonía emprendía, sobre un carro tirado por bueyes, un largo viaje hasta la comarca guipuzcoana del Alto Deva, siendo puesto al culto en una capilla de aquella iglesia vergaresa levantada en el siglo XVI, donde generó tan intenso movimiento devocional que las autoridades religiosas y civiles de Vergara tuvieron que prohibir los enterramientos en aquella capilla para evitar la saturación de sepulturas. En el campo artístico, la llegada de la imagen tuvo una enorme repercusión en la irrupción de la escultura barroca en el País Vasco, donde en aquel tiempo predominaba la estética renacentista del movimiento romanista. 

     El Cristo de la Agonía de Juan de Mesa, que como ya se ha dicho fue tallado en la madurez artística del escultor, fue el sexto de los crucifijos que salieron de sus gubias y en su hechura aparece completamente ajeno a la suavidad de formas y los cánones que aprendiera en Sevilla junto a su maestro Juan Martínez Montañés, al que durante mucho tiempo se le estuvo atribuyendo.

Siguiendo la pauta dominante en la escuela andaluza, y aunque Juan de Mesa está considerado como el más dramático de los escultores andaluces, en la imagen de Cristo prevalecen la serenidad, el modelado suave, la búsqueda de belleza y las proporciones armónicas, a pesar de lo cual el escultor, con su personal lenguaje plástico, consigue la más conmovedora de cuantas esculturas realizara, capaz de incitar al fervor de los fieles con su fuerza expresiva, siguiendo los postulados contrarreformistas. 


     La figura de Cristo, que tiene una altura de 2,18 m y una anchura de brazos de 1,92 m, aparece sujeto por tres clavos a una cruz de tipo arbóreo que, simulando troncos naturales, fue una modalidad naturalista muy extendida por todo el territorio andaluz. Utilizando un lenguaje plástico clasicista, de herencia helenística, Juan de Mesa muestra una descripción anatómica extraordinariamente realista y premeditadamente idealizada en un cuerpo apolíneo de complexión atlética, con el tórax resaltado, el vientre hundido, caderas anchas, la pierna derecha remontando a la izquierda, los pies muy verticales, la cabeza levantada y girada hacia el lado derecho y los brazos muy horizontales, como si el cuerpo no acusara el peso y tuviera una tendencia a elevarse, lo que aminora el componente patético de la figura. 

Impresiona el modo en que está trabajada cada una de las partes, destacando el impresionante tallado de la cabeza, que presenta el rostro dirigido a lo alto con gesto suplicante, como si exclamara balbuceante la cuarta de sus palabras en la cruz: “¡Elí, Elí! ¿lama sabactani?” - ¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado? (Mateo, 27: 46). Su expresión está relacionada con el phatos de la estatuaria clásica, especialmente con la gestualidad del célebre Laocoonte en los ojos muy abiertos, los párpados perfilados, la elevación de las cejas hacia el entrecejo y la boca entreabierta dejando percibir los dientes, sugiriendo el último suspiro. Como una constante en sus crucificados, Jesús presenta una barba de dos puntas, de trazado simétrico y con los mechones pormenorizados, así como una larga melena con raya al medio que se desliza de forma desigual por los lados, en la parte izquierda con largos mechones dirigidos hacia atrás, dejando visible la oreja, y en la derecha cayendo sobre el hombro formando rizos muy abultados y ondulados.

     Sobre el cabello se inserta otro elemento constante, una corona de espinas compuesta por troncos de espinos tallados independientemente y ajustados con puntas —elementos que actualmente están incompletos— que entrelazados sugieren la forma de una serpiente anidada a la frente de Cristo como símbolo del pecado. 

En su extenuada anatomía están resaltadas las costillas, los tendones y las venas, especialmente en los brazos tensionados y las piernas, con dedos de manos y pies rigurosamente modelados. La disposición del cuerpo despegado de la cruz, a modo de la vela de un barco insuflada por el viento, permite contemplar la espalda, donde aparecen matizados los músculos dorsales y el trapecio, creando una morbidez a flor de piel en que la madera queda desmaterializada. 

Siguiendo la estela que marcara Martínez Montañés casi veinte años antes en el Cristo de la Clemencia de la catedral de Sevilla, el perizoma se agita y entreabre sugiriendo un tejido liviano que forma abundantes y profundos pliegues que producen efectos de claroscuro que contrastan con la tersura de la piel, siendo característico del escultor el doble anudamiento en los costados. En este Cristo de la Agonía Juan de Mesa repite el tipo de perizoma cordífero que aplicara por primera vez en 1619 en el Cristo de la Conversión (Hermandad de Montserrat de Sevilla), con la cadera recorrida por un cordón que sujeta al paño dejando entrever la cadera izquierda, lo que potencia el trabajo de un desnudo clásico. 

     Se desconoce al autor de la policromía aplicada, que, como estaba estipulado, sería realizada por algún miembro del gremio de pintores sevillano siguiendo las indicaciones del escultor. Contrastando con los tonos marfileños del perizoma, la encarnadura presenta escasos rastros sanguinolentos, destacando los regueros producidos por la corona de espinas, que se deslizan puntualmente por el rostro y el torso, y los producidos por los clavos en manos y pies. En brazos y piernas aparecen insinuados pequeños hematomas a punta de pincel como recuerdo de la flagelación, concentrándose estos efectos en la espalda, la parte menos visible de la imagen, enrojecida y recorrida por regueros verticales que caen desde la cabeza, a los que se suma la herida producida en el hombro izquierdo por el peso de la cruz y las huellas en la rodilla de sus caídas. Al no utilizar postizos, los ojos y dientes aparecen pintados, al igual que las texturas vegetales de la cruz. 

El retablo en que recibe culto actualmente fue elaborado por Jacobo de Jaúregui Ayesta en 1724 en sustitución de otro anterior, presentando una compleja decoración de elementos dorados aplicada por Juan Ángel Barón de Guerendiain. 

El caso de Juan de Mesa es un buen ejemplo de como un excelente escultor puede quedar eclipsado por la fama y personalidad de su maestro. Durante más de dos siglos y medio su nombre no recibió ni una sola mención, siendo sus obras atribuidas sistemáticamente a Juan Martínez Montañés, del que sigue la estela, pero con su propio estilo, oscilando desde las formas tardomanieristas a la esencia del barroco.

     Fue José Bermejo Carballo quien en 1882 le sacó del anonimato al adjudicarle el Cristo de la Misericordia del convento sevillano de Santa Isabel. Tras el traslado a Vergara, en 1895, del pintor Vicente Palmaroli, director del Museo del Prado, para restaurar el Cristo de la Agonía, la imagen comenzó a ser conocida, especialmente tras su difusión fotográfica en una colección de tarjetas dedicadas a la población guipuzcoana. Sería en 1927 cuando el historiador sevillano José Hernández Díaz encontrara y diera a conocer el documento del contrato del Cristo de la Agonía de Vergara, rompiendo la inercia de atribuir la autoría de las obras notables a Juan Martínez Montañés —como ocurriera en Castilla con Gregorio Fernández—, a lo que siguió el hallazgo de documentos en algunos archivos, especialmente en el de Protocolos Notariales de Sevilla, lo que permitió definir su personalidad artística y la configuración de su catálogo.  


     En la iglesia de San Pedro de Ariznoa de Vergara el Cristo de la Agonía ha permanecido al culto durante casi 400 años sumido durante muchos años en el olvido de los historiadores, sufriendo el paso del tiempo e incluso las consecuencias de un incendio. Afortunadamente, con motivo de la celebración del cuarto centenario de las grandes imágenes hispalenses de Juan de Mesa, el Cristo de la Agonía fue objeto de una restauración integral realizada en las instalaciones de la Cartuja de Sevilla por el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, que culminó a principios de 2018, en la que, tras ser reparadas las ampollas en su policromía producidas por el incendio, eliminar la capa oscura que enmascaraba la encarnadura original y corregir los barnices y repintes aplicados a finales del XIX en una intervención realizada en la Real Academia de San Fernando de Madrid, la obra ha recuperado el esplendor original que había perdido. Tal como lo concibiera Juan de Mesa, la talla regresó a Vergara como una de las obras artísticas más destacadas de su patrimonio. 





Relación de tallas de Cristo crucificado elaboradas por Juan de Mesa:

1618-1620: Cristo del Amor. Iglesia Colegial del Divino Salvador, Sevilla.

1619-1620: Cristo de la Conversión del Buen Ladrón. Capilla de la Hermandad de Montserrat, Sevilla.

1620: Cristo de la Buena Muerte. Capilla de la Universidad, Sevilla.

1621: Cristo de la Buena Muerte. Catedral de la Almudena (procedente de la Colegiata de San Isidro), Madrid.

1622: Cristo de la Misericordia. Convento de Santa Isabel, Sevilla.

1622: Cristo de la Agonía. Iglesia de San Pedro de Ariznoa, Vergara (Guipúzcoa).

1622: Cristo de la Buena Muerte. Iglesia de San Pedro y San Pablo, Lima (Perú).

1623: Cristo de la Misericordia. Colegiata de Osuna (Sevilla).

1624: Cristo de la Vera Cruz. Iglesia de San Juan Bautista, Las Cabezas de San Juan (Sevilla).

1626: Cristo crucificado. Convento de Santa Catalina de Siena, Lima (Perú).

Izda: Cristo de la Agonía en su presentación en 2018 tras su restauración
Dcha: Cristo de la Agonia en su retablo de la iglesia de San Pedro de Vergara
1627: Cristo crucificado. No identificado. 

 


Informe: J. M. Travieso. 







Izda: Cristo del Amor, 1618-1620, Iglesia de El Salvador, Sevilla
Dcha: Cristo de la Buena Muerte, 1620, Capilla de la Universidad, Sevilla










Izda: Detalle del Cristo del Amor, 1618-1620, Iglesia de El Salvador, Sevilla
Dcha: Detalle del Cristo de la Buena Muerte, 1620, Capilla de la Universidad, Sevilla













Cristo de la Conversión del Buen Ladrón, 1619-1620, Capilla de la Hermandad de Montserrat, Sevilla











Izda: Cristo de la Buena Muerte, 1621, Catedral de la Almudena, Madrid
Dcha: Cristo de la Misericordia, 1623, Convento de Santa Isabel, Sevilla










Izda: Detalle del Cristo de la buena Muerte, 1621, Catedral de la Almudena, Madrid
Dcha: Detalle del Cristo de la Misericordia, 1623, Convento de Santa Isabel, Sevilla












Izda: Cristo de la Misericordia, 1623, Colegiata de Osuna
Dcha: Cristo de la Vera Cruz, 1624, Iglesia de San Juan Bautista,
Las Cabezas de San Juan (Sevilla)











Izda: Detalle del Cristo de la Misericordia, 1623, Colegiata de Osuna (Sevilla)
Dcha: Detalle del Cristo de la Vera Cruz, 1624, Iglesia de San Juan Bta., Las Cabezas de San Juan (Sevilla)












Cristo de la Buena Muerte, 1622
Iglesia de San Pedro y San Pablo, Lima












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