1 de abril de 2026

Visita virtual: LACTANCIA DE SAN BERNARDO, representación de una leyenda devocional


 





LACTANCIA DE SAN BERNARDO

Gregorio Fernández (Sarria, Lugo, 1576 - Valladolid 1636)

Hacia 1615

Madera policromada

Iglesia de la Asunción. Monasterio de Santa María de Valbuena, San Bernardo (Valladolid)

Escultura barroca. Escuela castellana

 

 






     La leyenda de que San Bernardo, debido a su devoción mariana, recibió un chorro de leche directamente del pecho de la Virgen, se incorporó de forma tardía a la hagiografía del santo, ya que no aparece en ninguna de sus biografías antiguas. La biografía recogida en la Leyenda Dorada de Santiago de la Vorágine, escrita hacia 1264, como algunas otras se basa en la Vita Prima, una hagiografía escrita por tres monjes contemporáneos al santo que le conocieron personalmente y dieron testimonio directo de sus experiencias junto a él. Estos elaboraron un relato hagiográfico de corte histórico, coherente con los hechos biográficos de San Bernardo que describen otras fuentes contemporáneas o posteriores a la muerte del abad fundador de la abadía de Claraval. Sin embargo, no son tan coherentes algunas variantes hagiográficas posteriores, que aportan la invención de temas y toda clase de milagros que, tenidos por ciertos, dieron lugar a determinadas iconografías de dudosa autenticidad histórica o directamente carentes de historicidad.


En el campo artístico, la intención principal de las representaciones del santo en la Edades Media y Moderna no solo fue su exaltación como fundador y reformador de monasterios, sino su condición de defensor de la devoción mariana, siendo estas temáticas predominantes en su iconografía. El pensamiento de San Bernardo, en relación al marianismo, ejerció una gran influencia en la Europa de su tiempo, siendo constante la fijación de advocaciones dedicadas a la Virgen en los monasterios cistercienses en sus múltiples maneras.

  

     Muchos especialistas consideran que la exaltada devoción mariana indujo a la aparición de la iconografía de la Lactancia de San Bernardo, un hecho milagroso que no es recogido en ninguna de las biografías antiguas del santo y que se incorporó en la primera mitad del siglo XIII, después de la muerte del santo el 20 de agosto de 1153. Rèau afirma que el tema de la lactancia mística apareció primero hacia 1200, siendo a partir de 1350 cuando aparecieron los primeros relatos que daban soporte escrito al milagro, respondiendo a hagiografías impulsadas por la devoción popular. Efectivamente, el primer documento que lo narra data de la década de 1350 y está conservado en el archivo de Colegiata de Saint Vorles, en Châtillon sur Seine, donde supuestamente había ocurrido el milagro.

En la leyenda escrita, la Lactancia de San Bernardo relata el hecho milagroso como un acontecimiento histórico que habría ocurrido en la iglesia de la Colegiata de Saint Vorles, en Châtillon sur Seine, donde el santo estaba orando ante una imagen de la Virgen de la Leche esculpida en bulto redondo. La iconografía creada para presentar el milagro, presenta a la Virgen, sedente o de pie, dando el pecho al Niño Jesús, simbolizando la nutrición sagrada y la bondad maternal de María hacia toda la humanidad.


     La leyenda se completa con otros datos, como que San Bernardo, que llevaba horas en oración perpetua y la boca se le había secado, pronunció las palabras Monstra te essem matrem (Muéstrate como madre), tomando en ese momento la escultura de la Virgen una animada corporeidad milagrosa, retirando al Niño Jesús del pecho y oprimiéndose el pezón haciendo caer unas gotas de leche para humedecer los labios resecos del santo y permitirle seguir cantando sus alabanzas, expresándole su agradecimiento por sus escritos tan dulces y sentidos sobre ella. La oración que estaba declamando San Bernardo era el Ave María Stella, o lo que es lo mismo, la Salve Estrella del Mar, preceptiva entre los cistercienses y que solía cantarse diariamente en la celebración de las vísperas. Aquella escultura de la Virgen se conservó en la colegiata de Vorles hasta que en tiempos de la Revolución Francesa fue destruida.                   


     Los artistas plásticos, al interpretar el texto para realizar imágenes pictóricas o escultóricas, transformaron lo que eran unas cuantas gotas de leche en un chorro que fluía del pecho de la Virgen a la boca de San Bernardo. Asimismo, se aprovechó el milagro para sugerir —de forma simbólica— que como varias gotas habían caído sobre la túnica, negra hasta ese momento, esta habría sido blanqueada por la acción milagrosa de la leche mariana, explicando así el cambio de color del hábito cisterciense blanco respecto a su predecesor benedictino negro, del que, como signo de unión al tronco del árbol de San Benito, mantuvo el color negro en el escapulario. También imaginaron que en momento de aparecerse la Virgen al santo, se habría producido un rompimiento de gloria, con nubes algodonosas rodeadas de ángeles.

La Lactancia de San Bernardo, aderezada de tantos componentes simbólicos para orden, se convirtió en la iconografía preferida de los repertorios decorativos habituales, no solo en los monasterios cistercienses, sino también en las iglesias, prioratos y ermitas que de ellos dependieron. La escena, desde sus inicios en el siglo XIII hasta nuestros días se ha plasmado en todo tipo de técnicas y materiales, como pintura, escultura, relieves, miniaturas, artes suntuarias, etc., adaptando la escena —siempre fácil de identificar— a los gustos de cada periodo artístico.    

     Durante el Barroco, tiempo en que se generalizó la representación de milagros en el momento en que estos se producían, el tema de Lactancia de San Bernardo fue un tema recurrente en los programas iconográficos cistercienses, mostrándose como un símbolo de la sabiduría celestial o elocuencia dada como alimento. El tema —tanto titulado La Visión de San Bernardo o La Lactancia de San Bernardo— fue expandido tanto por Europa como por España, donde en ocasiones fue encomendado a grandes maestros de la pintura. Sirvan de ejemplos las obras de Juan Correa de Vivar (Visión de San Bernardo, 1540-1545, Museo de Santa Cruz, Toledo), Juan de Roelas (Visión de San Bernardo, 1611, Hospital de San Bernardo, Sevilla), Diego Valentín Díaz (Lactancia de San Bernardo, hacia 1635, Iglesia de San Pablo, procedente del Convento de Santa Catalina, Valladolid), Alonso Cano (San Bernardo y la Virgen, 1645-1652, Museo Nacional del Prado) o Bartolomé Esteban Murillo (Lactancia de San Bernardo, hacia 1665, Museo Nacional del Prado).


     En estas representaciones se repiten una serie de atributos relacionados con la hagiografía de San Bernardo, como son el hábito blanco característico del Císter, el báculo que indica su condición de abad, el libro que alude a su actividad como teólogo y escritor sagrado, la mitra colocada a los pies, recordando que rechazó ser obispo. En algunas ocasiones se incluyen lirios, como referencia a su pureza virginal y a su devoción mariana, y en otras, símbolos de la Pasión, tal vez por su insistencia para rescatar los Santos Lugares o como alegoría de su devoción por la Pasión de Cristo, leyenda que en el campo del arte inspiró una nueva iconografía de San Bernardo que representa cómo, estando el santo en oración, Cristo desclavó los brazos para darle un abrazo y consuelos en su oración.  

 


La Lactancia de San Bernardo de Gregorio Fernández

     Otro tanto ocurrió en el campo de la escultura, como es el caso del altorrelieve que tallara Gregorio Fernández en Valladolid hacia 1615, junto a otro con el tema de la Sagrada Familia, para ser colocados en la nave del evangelio de la iglesia de la Asunción del sobrio monasterio de Santa María de Valbuena, fundado en 1143 en plena Ribera del Duero por Estefanía de Armengol, hija del V conde de Urgel y nieta del conde Pedro Ansúrez, en la actualidad localizado en San Bernardo, pedanía colonial integrada en el municipio de Valbuena de Duero (Valladolid).


Gregorio Fernández, seguramente inspirado en algún grabado, se ajusta a la iconografía tradicional, componiendo el tipo de altorrelieve característico en sus obras, con figuras que se aproximan al bulto redondo y adheridas al tablero plano, recurso que ofrece una mayor corporeidad física. La composición se dispone en una diagonal que asciende desde el ángulo inferior derecho, donde se encuentra el San Bernardo de rodillas sobre una escalinata, hasta el superior izquierdo, donde aparece la Virgen dando el pecho al Niño y entronizada sobre un grupo de nubes entre las que revolotean angelitos. En los espacios que flanquean la diagonal se colocan elementos secundarios que completan la narración, como un libro en la parte inferior que alude a sus escritos y sobre él una mitra con las ínfulas extendidas que recuerda su renuncia a ocupar el cargo de obispo. En la parte superior del lado contrario se coloca una pequeña gloria abierta con tres ángeles músicos que tañen instrumentos y pequeñas cabezas de querubines que aportan un tono festivo al milagro.


     Tanto la Virgen como el Niño siguen los modelos idealizados habituales en Fernández por aquellos años, ambos presentando posturas forzadas de resabios manieristas. La Virgen, con una frente alta y un cuello alargado (para facilitar su visión a cierta altura), exprime su pecho izquierdo interrumpiendo el momento de dar el pecho al Infante mientras mira directamente a San Bernardo. Viste una túnica ceñida por un cíngulo, con puños con abotonaduras en las mangas y una policromía con esgrafiados y motivos a punta de pincel en todos rosados. Se cubre con un manto azul que apoyado en el hombro se desliza envolviendo el brazo izquierdo para caer hasta los pies. Una ancha orla recorre los bordes decorada con motivos florales en tonos rojos y azules y deja asomar un reverso de tonos marfileños con formas vegetales ocres, con la superficie cubierta de líneas esgrafiadas que dejan asomar el oro y motivos florales dispersos. Cubre su cabeza con una toca gris azulada, con líneas en los bordes, que cae por la parte izquierda rodeando el cuello y en la derecha se agita por una brisa mística dejando visible parte de la melena.

     La gestualidad serena de la Virgen contrasta con el gesto naturalista del Niño, que interrumpiendo su lactancia y con una postura forzada vuelve su rostro hacia la figura del santo. Es una figura rolliza que reposa sobre un gran pañal y mantiene el apego colocado su mano sobre la de su madre. Su gesto proporciona al conjunto un gran dinamismo basado en la observación de la realidad. A los pies de la Virgen, entre nubes corpóreas con formas helicoidales de tonos grisáceos, asoma la bella figura de un pequeño ángel, acompañado por dos cabezas aladas de querubines. Nuevas figuras de ángeles se repiten en la gloria abierta del ángulo superior derecho, donde entre nubes reposan ángeles músicos, uno de ellos tocando un laúd y otro un arpa, con la compañía de querubines tanto en relieve como pintados sobre el fondo.

     San Bernardo, en actitud orante, aparece arrodillado y llevándose la mano derecha al pecho y mientras abre el brazo izquierdo como gesto de aceptación a la lactancia. Está representado maduro, con tonsura clerical y el hábito blanco del Císter ornamentado con estofados que recubren la superficie con motivos vegetales y una orla preciosista recorriendo los bordes, destacando en la figura el carácter naturalista del trabajo de la cabeza, con los ojos hundidos y dirigidos a lo alto, la boca entreabierta y una policromía realista con barba incipiente y mejillas sonrosadas. Como en toda la obra, las carnaciones están realizadas a pulimento, técnica generalizada en la época. En los pliegues del hábito, especialmente en los que se forman en el suelo, comienzan a aparecer quebraduras de aspecto metálico, una característica de la obra de Gregorio Fernández muy repetida en buena parte de su obra.                          


Informe y fotografías de la obra: J. M. Travieso.

Resto de fotografías: Museos correspondientes.

 

































GREGORIO FERNÁNDEZ. Retablos del Monasterio de Santa María de Valbuena, hacia 1615
Izda: Sagrada Familia / Dcha: Lactancia de San Bernardo










Vista general del Monasterio de Santa María de Valbuena










JUAN CORREA DE VIVAR
Visión de San Bernardo, 1540-1545
Museo de Santa Cruz, Toledo
 ICONOGRAFÍA DE LA LACTANCIA DE SAN BERNARDO













JUAN DE ROELAS
Visión de San Bernardo, 1611
Hospital de San Bernardo, Sevilla














DIEGO VALENTÍN DÍAZ
Lactancia de San Bernardo, hacia 1635
Iglesia de San Pablo, Valladolid














ALONSO CANO
San Bernardo y la Virgen, 1645-1652
Museo del Prado, Madrid














BARTOLOMÉ ESTEBAN MURILLO
Lactancia de San Bernardo, hacia 1665
Museo del Prado, Madrid














CÍRCULO DE LUIS SALVADOR CARMONA
Lactancia de San Bernardo, segundo cuarto siglo XVIII
Monasterio de Santa Ana y San Joaquín, Valladolid











MILAGRO DEL ABRAZO DE CRISTO A SAN BERNARDO
Izda: Gregorio Fernández, 1613, Retablo mayor iglesia del Monasterio de las Huelgas Reales, Valladolid
Dcha: Francisco Ribalta, 1626, Museo del Prado, Madrid













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