LACTANCIA DE SAN BERNARDO
Gregorio Fernández (Sarria, Lugo,
1576 - Valladolid 1636)
Hacia 1615
Madera policromada
Iglesia de la Asunción. Monasterio
de Santa María de Valbuena, San Bernardo (Valladolid)
Escultura barroca. Escuela
castellana

La leyenda de que San Bernardo, debido a su devoción mariana, recibió un
chorro de leche directamente del pecho de la Virgen, se incorporó de forma
tardía a la hagiografía del santo, ya que no aparece en ninguna de sus
biografías antiguas. La biografía recogida en la Leyenda Dorada de
Santiago de la Vorágine, escrita hacia 1264, como algunas otras se basa en la Vita
Prima, una hagiografía escrita por tres monjes contemporáneos al santo que
le conocieron personalmente y dieron testimonio directo de sus experiencias
junto a él. Estos elaboraron un relato hagiográfico de corte histórico,
coherente con los hechos biográficos de San Bernardo que describen otras
fuentes contemporáneas o posteriores a la muerte del abad fundador de la abadía
de Claraval. Sin embargo, no son tan coherentes algunas variantes hagiográficas
posteriores, que aportan la invención de temas y toda clase de milagros que, tenidos
por ciertos, dieron lugar a determinadas iconografías de dudosa autenticidad
histórica o directamente carentes de historicidad.
En el campo artístico, la intención principal de las representaciones
del santo en la Edades Media y Moderna no solo fue su exaltación como fundador
y reformador de monasterios, sino su condición de defensor de la devoción
mariana, siendo estas temáticas predominantes en su iconografía. El pensamiento
de San Bernardo, en relación al marianismo, ejerció una gran influencia en la
Europa de su tiempo, siendo constante la fijación de advocaciones dedicadas a
la Virgen en los monasterios cistercienses en sus múltiples maneras.

Muchos especialistas consideran que la
exaltada devoción mariana indujo a la aparición de la iconografía de la Lactancia
de San Bernardo, un hecho milagroso que no es recogido en ninguna de las
biografías antiguas del santo y que se incorporó en la primera mitad del siglo
XIII, después de la muerte del santo el 20 de agosto de 1153. Rèau afirma que
el tema de la lactancia mística apareció primero hacia 1200, siendo a partir de
1350 cuando aparecieron los primeros relatos que daban soporte escrito al milagro,
respondiendo a hagiografías impulsadas por la devoción popular. Efectivamente,
el primer documento que lo narra data de la década de 1350 y está conservado en
el archivo de Colegiata de Saint Vorles, en Châtillon sur Seine, donde
supuestamente había ocurrido el milagro.
En la leyenda escrita, la Lactancia de San Bernardo relata el
hecho milagroso como un acontecimiento histórico que habría ocurrido en la
iglesia de la Colegiata de Saint Vorles, en Châtillon sur Seine, donde el santo
estaba orando ante una imagen de la Virgen de la Leche esculpida en
bulto redondo. La iconografía creada para presentar el milagro, presenta a la
Virgen, sedente o de pie, dando el pecho al Niño Jesús, simbolizando la
nutrición sagrada y la bondad maternal de María hacia toda la humanidad.

La leyenda se completa con otros datos, como que San Bernardo, que
llevaba horas en oración perpetua y la boca se le había secado, pronunció las
palabras Monstra te essem matrem (Muéstrate como madre), tomando en ese
momento la escultura de la Virgen una animada corporeidad milagrosa, retirando al
Niño Jesús del pecho y oprimiéndose el pezón haciendo caer unas gotas de leche para
humedecer los labios resecos del santo y permitirle seguir cantando sus
alabanzas, expresándole su agradecimiento por sus escritos tan dulces y
sentidos sobre ella. La oración que estaba declamando San Bernardo era el
Ave María Stella, o lo que es lo mismo, la Salve Estrella del Mar,
preceptiva entre los cistercienses y que solía cantarse diariamente en la
celebración de las vísperas. Aquella escultura de la Virgen se conservó en la
colegiata de Vorles hasta que en tiempos de la Revolución Francesa fue
destruida.

Los artistas plásticos, al interpretar el texto para realizar imágenes
pictóricas o escultóricas, transformaron lo que eran unas cuantas gotas de
leche en un chorro que fluía del pecho de la Virgen a la boca de San Bernardo.
Asimismo, se aprovechó el milagro para sugerir —de forma simbólica— que como
varias gotas habían caído sobre la túnica, negra hasta ese momento, esta habría
sido blanqueada por la acción milagrosa de la leche mariana, explicando así el
cambio de color del hábito cisterciense blanco respecto a su predecesor
benedictino negro, del que, como signo de unión al tronco del árbol de San
Benito, mantuvo el color negro en el escapulario. También imaginaron que en
momento de aparecerse la Virgen al santo, se habría producido un rompimiento de
gloria, con nubes algodonosas rodeadas de ángeles.
La Lactancia de San Bernardo, aderezada de tantos componentes
simbólicos para orden, se convirtió en la iconografía preferida de los
repertorios decorativos habituales, no solo en los monasterios cistercienses,
sino también en las iglesias, prioratos y ermitas que de ellos dependieron. La
escena, desde sus inicios en el siglo XIII hasta nuestros días se ha plasmado
en todo tipo de técnicas y materiales, como pintura, escultura, relieves,
miniaturas, artes suntuarias, etc., adaptando la escena —siempre fácil de
identificar— a los gustos de cada periodo artístico.

Durante el Barroco, tiempo en que se generalizó la representación de
milagros en el momento en que estos se producían, el tema de Lactancia de
San Bernardo fue un tema recurrente en los programas iconográficos
cistercienses, mostrándose como un símbolo de la sabiduría celestial o
elocuencia dada como alimento. El tema —tanto titulado La Visión de San
Bernardo o La Lactancia de San Bernardo— fue expandido tanto por
Europa como por España, donde en ocasiones fue encomendado a grandes maestros
de la pintura. Sirvan de ejemplos las obras de Juan Correa de Vivar (Visión de
San Bernardo, 1540-1545, Museo de Santa Cruz, Toledo), Juan de Roelas (Visión
de San Bernardo, 1611, Hospital de San Bernardo, Sevilla), Diego Valentín Díaz
(Lactancia de San Bernardo, hacia 1635, Iglesia de San Pablo, procedente del Convento de Santa Catalina, Valladolid), Alonso
Cano (San Bernardo y la Virgen, 1645-1652, Museo Nacional del Prado) o
Bartolomé Esteban Murillo (Lactancia de San Bernardo, hacia 1665, Museo
Nacional del Prado).

En estas representaciones se repiten una serie de atributos relacionados
con la hagiografía de San Bernardo, como son el hábito blanco
característico del Císter, el báculo que indica su condición de abad, el
libro que alude a su actividad como teólogo y escritor sagrado, la mitra
colocada a los pies, recordando que rechazó ser obispo. En algunas ocasiones se
incluyen lirios, como referencia a su pureza virginal y a su devoción
mariana, y en otras, símbolos de la Pasión, tal vez por su insistencia
para rescatar los Santos Lugares o como alegoría de su devoción por la Pasión
de Cristo, leyenda que en el campo del arte inspiró una nueva iconografía de
San Bernardo que representa cómo, estando el santo en oración, Cristo desclavó
los brazos para darle un abrazo y consuelos en su oración.
La
Lactancia de San Bernardo de Gregorio Fernández
Otro tanto ocurrió en el campo de la escultura, como es el caso del
altorrelieve que tallara Gregorio Fernández en Valladolid hacia 1615, junto a
otro con el tema de la Sagrada Familia, para ser colocados en la nave
del evangelio de la iglesia de la Asunción del sobrio monasterio de Santa María
de Valbuena, fundado en 1143 en plena Ribera del Duero por Estefanía de
Armengol, hija del V conde de Urgel y nieta del conde Pedro Ansúrez, en la
actualidad localizado en San Bernardo, pedanía colonial integrada en el
municipio de Valbuena de Duero (Valladolid).
Gregorio Fernández, seguramente inspirado en algún grabado, se ajusta a
la iconografía tradicional, componiendo el tipo de altorrelieve característico
en sus obras, con figuras que se aproximan al bulto redondo y adheridas al tablero
plano, recurso que ofrece una mayor corporeidad física. La composición se
dispone en una diagonal que asciende desde el ángulo inferior derecho, donde se
encuentra el San Bernardo de rodillas sobre una escalinata, hasta el superior
izquierdo, donde aparece la Virgen dando el pecho al Niño y entronizada sobre
un grupo de nubes entre las que revolotean angelitos. En los espacios que
flanquean la diagonal se colocan elementos secundarios que completan la
narración, como un libro en la parte inferior que alude a sus escritos y sobre
él una mitra con las ínfulas extendidas que recuerda su renuncia a ocupar el
cargo de obispo. En la parte superior del lado contrario se coloca una pequeña
gloria abierta con tres ángeles músicos que tañen instrumentos y pequeñas
cabezas de querubines que aportan un tono festivo al milagro.

Tanto la Virgen como el Niño siguen los modelos idealizados habituales
en Fernández por aquellos años, ambos presentando posturas forzadas de resabios
manieristas. La Virgen, con una frente alta y un cuello alargado (para
facilitar su visión a cierta altura), exprime su pecho izquierdo interrumpiendo
el momento de dar el pecho al Infante mientras mira directamente a San
Bernardo. Viste una túnica ceñida por un cíngulo, con puños con abotonaduras en
las mangas y una policromía con esgrafiados y motivos a punta de pincel en
todos rosados. Se cubre con un manto azul que apoyado en el hombro se desliza
envolviendo el brazo izquierdo para caer hasta los pies. Una ancha orla recorre
los bordes decorada con motivos florales en tonos rojos y azules y deja asomar
un reverso de tonos marfileños con formas vegetales ocres, con la superficie
cubierta de líneas esgrafiadas que dejan asomar el oro y motivos florales
dispersos. Cubre su cabeza con una toca gris azulada, con líneas en los bordes,
que cae por la parte izquierda rodeando el cuello y en la derecha se agita por
una brisa mística dejando visible parte de la melena.

La gestualidad serena de la Virgen contrasta con el gesto naturalista
del Niño, que interrumpiendo su lactancia y con una postura forzada vuelve su
rostro hacia la figura del santo. Es una figura rolliza que reposa sobre un
gran pañal y mantiene el apego colocado su mano sobre la de su madre. Su gesto
proporciona al conjunto un gran dinamismo basado en la observación de la
realidad. A los pies de la Virgen, entre nubes corpóreas con formas
helicoidales de tonos grisáceos, asoma la bella figura de un pequeño ángel,
acompañado por dos cabezas aladas de querubines. Nuevas figuras de ángeles se
repiten en la gloria abierta del ángulo superior derecho, donde entre nubes
reposan ángeles músicos, uno de ellos tocando un laúd y otro un arpa, con la
compañía de querubines tanto en relieve como pintados sobre el fondo.
San Bernardo, en actitud orante, aparece arrodillado y llevándose la
mano derecha al pecho y mientras abre el brazo izquierdo como gesto de
aceptación a la lactancia. Está representado maduro, con tonsura clerical y el
hábito blanco del Císter ornamentado con estofados que recubren la superficie
con motivos vegetales y una orla preciosista recorriendo los bordes, destacando
en la figura el carácter naturalista del trabajo de la cabeza, con los ojos hundidos
y dirigidos a lo alto, la boca entreabierta y una policromía realista con barba
incipiente y mejillas sonrosadas. Como en toda la obra, las carnaciones están
realizadas a pulimento, técnica generalizada en la época. En los pliegues del
hábito, especialmente en los que se forman en el suelo, comienzan a aparecer quebraduras
de aspecto metálico, una característica de la obra de Gregorio Fernández muy repetida en buena parte de su obra.
Informe y
fotografías de la obra: J. M. Travieso.
Resto de
fotografías: Museos correspondientes.
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GREGORIO FERNÁNDEZ. Retablos del Monasterio de Santa María de Valbuena, hacia 1615 Izda: Sagrada Familia / Dcha: Lactancia de San Bernardo |
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| Vista general del Monasterio de Santa María de Valbuena |
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JUAN CORREA DE VIVAR Visión de San Bernardo, 1540-1545 Museo de Santa Cruz, Toledo |
ICONOGRAFÍA DE LA LACTANCIA DE SAN BERNARDO
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JUAN DE ROELAS Visión de San Bernardo, 1611 Hospital de San Bernardo, Sevilla |
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DIEGO VALENTÍN DÍAZ Lactancia de San Bernardo, hacia 1635 Iglesia de San Pablo, Valladolid |
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ALONSO CANO San Bernardo y la Virgen, 1645-1652 Museo del Prado, Madrid |
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BARTOLOMÉ ESTEBAN MURILLO Lactancia de San Bernardo, hacia 1665 Museo del Prado, Madrid |
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CÍRCULO DE LUIS SALVADOR CARMONA Lactancia de San Bernardo, segundo cuarto siglo XVIII Monasterio de Santa Ana y San Joaquín, Valladolid |
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MILAGRO DEL ABRAZO DE CRISTO A SAN BERNARDO Izda: Gregorio Fernández, 1613, Retablo mayor iglesia del Monasterio de las Huelgas Reales, Valladolid Dcha: Francisco Ribalta, 1626, Museo del Prado, Madrid |
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