19 de noviembre de 2013

Exposición: MAESTROS RECUPERADOS, Museo de León, del 19 de noviembre 2013 al 19 de enero 2014

MAESTROS RECUPERADOS. ARTE LEONÉS EN LA ENCRUCIJADA DE DOS ÉPOCAS
MUSEO DE LEÓN
Plaza de Santo Domingo 8, León

A finales del año 2011 y en la primavera del 2013 respectivamente, la Junta de Castilla y León, ejerciendo el derecho de tanteo, adquirió en el mercado de antigüedades madrileño dos tablas del Maestro de Astorga y una del Maestro de Palanquinos, que se presentan en esta exposición temporal una vez concluido el delicado proceso de análisis y restauración de dos de ellas.
Esta muestra permite cumplir un doble y satisfactorio objetivo. Por una parte admirar la extraordinaria calidad de las obras recuperadas y ponerlas en fructífero diálogo con las que, de los mismos autores y hasta del mismo retablo en uno de los casos, exhibía ya este Museo. Por otro lado, rectificar en la medida de lo posible el despropósito patrimonial que supuso su dispersión y venta hace alrededor de un siglo o aún menos tiempo.
De todo se aprende, y también de aquella mala hora se extraen conclusiones que, ante todo, deben hacernos recapacitar, pero también y básicamente, actuar en consecuencia para enmendar, siquiera en lo que se pueda, los errores del pasado. Por ello la Junta de Castilla y León se personó de inmediato, al conocerse la existencia y salida al mercado de las obras, para proceder a su rescate, para recuperar a estos Maestros que hoy vuelven a todos nosotros. Y creemos que es de enhorabuena para todos.
Por otro lado, las tablas, restauradas dos de ellas en un elaboradísimo proceso que está permitiendo también perfilar la mano de un taller pictórico trascendental, nos ofrecen por sí mismas, además, la posibilidad de transitar por las décadas más cruciales y apasionantes del tránsito a la modernidad artística en estas tierras. Se conjetura con que el Maestro de Astorga fuera discípulo del de Palanquinos, eslabones ambos entre el gótico y el Renacimiento, entre la Edad Media y el mundo moderno.
Su historia, en conclusión, sitúa estas pinturas en dos encrucijadas: la de su alcance artístico y la de su aprecio patrimonial. Ambas pueden, a partir de ahora, ser recorridas por quienes visiten el museo.

HORARIO DE VISITAS
De martes a sábado: de 10 a 14 y de 16 a 19 h.
Domingos y festivos: de 10 a 14 h.
Lunes: cerrado.

Entrada gratuita.


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Conocer Valladolid: MUSEO PATIO HERRERIANO, 14 de diciembre 2013




ACTIVIDADES NAVIDAD 2013
CONOCER VALLADOLID

Día 14 de diciembre, sábado
Museo Patio Herreriano. Museo de Arte Contemporáneo Español.
Cita: 12 h.
Lugar: Puerta de entrada del Museo.
Visita restringida para socios de Domus Pucelae / Grupo máximo 30 personas.
Entrada gratuita.

INSCRIPCIÓN: Por correo en la dirección domuspucelae@gmail.com o llamando al teléfono 639 816829 de 18 a 20,30 h. a partir de la publicación de este anuncio.


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Conocer Valladolid: REAL COLEGIO DE SAN ALBANO, 10 de diciembre 2013




ACTIVIDADES NAVIDAD 2013
CONOCER VALLADOLID

Día 10 de diciembre, martes
Real Colegio de San Albano o Colegio de los Ingleses
Visita guiada por D. Javier Burrieza.
Cita: 18 h.
Lugar: Puerta de entrada del Colegio de los Ingleses.
Visita restringida para socios de Domus Pucelae. Necesaria inscripción previa.
Entrada gratuita.

INSCRIPCIÓN: Por correo en la dirección domuspucelae@gmail.com o llamando al teléfono 639 816829 de 18 a 20,30 h. a partir de la publicación de este anuncio.


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18 de noviembre de 2013

Bordado de musas con hilos de oro: DESENCANTO, de Antonio Plaza Llamas


DESENCANTO

Nuestra senda regada está de llanto,
el placer del placer es el suicidio,
detrás de la ilusión está el fastidio
y detrás del fastidio el desencanto.

Lleno yo de fastidio y de quebranto,
sin fuerza ya contra la suerte lidio,
y muerto para el mundo, sólo envidio
a los muertos que guarda el camposanto.

El infierno sus furias desenfrena,
viento de maldición en torno zumba,
que a penar el destino me condena,

y he de pensar hasta que al fin sucumba;
con el peso brutal de la cadena,
que arrastra el hombre hasta la negra tumba.

ANTONIO PLAZA LLAMAS (1833-1882)


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15 de noviembre de 2013

Theatrum: SANTO DOMINGO DE GUZMÁN, una brisa mística que agita la materia













SANTO DOMINGO DE GUZMÁN
Gregorio Fernández (Sarria, Lugo 1576 - Valladolid 1636)
Hacia 1625
Madera policromada
Iglesia de San Pablo, Valladolid
Escultura barroca. Escuela castellana















LOS AVATARES DE UN ANSIADO RETABLO MAYOR EN SAN PABLO

Al entrar en la iglesia de San Pablo, produce cierta decepción que en un templo con una fachada tan grandilocuente en su interior no aparezca un retablo acorde con su arquitectura —de hecho no dispone de retablo mayor— singularidad que la diferencia del resto de las iglesias vallisoletanas, prácticamente todas ellas presididas por enormes maquinarias, en su mayor parte barrocas, que aglutinan notables obras de pintura y escultura, como es el caso de la Catedral, San Martín, las Angustias, la Vera Cruz, las Huelgas Reales, las Descalzas Reales, la Magdalena, El Salvador, Santiago, San Andrés, Santa Isabel, etcétera.

Sin embargo, conocemos hasta tres proyectos para asentar un retablo acorde con la dignidad del templo, un hecho que tiene su origen en las ambiciosas pretensiones de don Francisco de Rojas y Sandoval, Duque de Lerma, que en 1600 adquirió el patronato de la capilla mayor de la iglesia con la intención de emular el modelo real de la capilla mayor del monasterio de El Escorial y preservar en ella su enterramiento como expresión de inmortalidad, procurando con ello su exaltación personal.


Al año siguiente, el poderoso valido de Felipe III acometía importantes reformas en el templo dominico, entre ellas la elevación de la fachada y las bóvedas de la nave, los sólidos contrafuertes laterales, la construcción de un coro alto sobre la entrada y el acondicionamiento a los lados de la capilla mayor de unos lucillos funerarios con tribunas para colocar su efigie en bronce y la de su esposa, a imitación del modelo escurialense. Las obras respondían al deseo de convertir la iglesia en el principal centro religioso de un conjunto palaciego que acogería la Corte en Valladolid, como así ocurrió, por las influencias del Duque de Lerma sobre el rey Felipe III, entre 1601 y 1606.


De aquel proyecto de convertir la capilla mayor de San Pablo en panteón familiar, quedaron en la iglesia de San Pablo las suntuosas efigies en bronce sobredorado de don Francisco Gómez de Sandoval y su esposa doña Catalina de la Cerda Manuel —obras hoy conservadas en la capilla del Museo Nacional de Escultura—, iniciadas por Pompeo Leoni en Valladolid en 1601, tras ser reclamada por el Duque de Lerma su presencia y la de todo su equipo en la ciudad para realizar tanto esta obra como la decoración de los salones del nuevo Palacio Real y los retablos del convento de San Diego por él fundado.

Pocos años después de haberse realizado todas estas obras, el Duque de Lerma encargaba las trazas de un elegante retablo mayor al arquitecto real Juan Gómez de Mora, concertando en 1613 con Gregorio Fernández el conjunto de esculturas, en su mayor parte un santoral de venerados dominicos. Aunque desconocemos los motivos por los que el proyecto no se llevó a cabo, Jesús Urrea1 plantea la posibilidad de que cuatro esculturas conservadas en la iglesia, que atribuye sin reservas a Gregorio Fernández, pertenecieran a ese proyecto inicial. Son las que representan a San Pedro de Verona, San Vicente Ferrer, Santa Catalina de Siena y Santa Inés de Montepulciano.

En 1617 hubo un intento para proseguir con el proyecto, estando documentado que en 1625 de la policromía de las cuatro esculturas de los santos dominicos citados se ocuparon los pintores Juan Mateo y Gregorio Guijelmo, que contaron con la colaboración de Bartolomé Cárdenas, suegro del primero, siéndoles exigida la misma perfección en la policromía que la que presentaba la imagen de Santa Teresa que había realizado Gregorio Fernández un año antes, con los mismos tonos del hábito en blanco y negro e idénticas fajas doradas2. En ese momento, y para el mismo retablo, fue cuando Gregorio Fernández debió elaborar la imagen de Santo Domingo de Guzmán, que como santo fundador de la Orden de Predicadores habría de ocupar la hornacina principal del retablo.

A pesar de todo, en 1626 se planteó otro retablo de traza diferente, en esta ocasión encargado a los ensambladores Melchor de Beya y Francisco Velázquez, que concertaron la escultura con Andrés Solanes, discípulo de Gregorio Fernández, al que en el contrato se le exigía que sus obras fueran de igual calidad a las cuatro realizadas por el maestro gallego anteriormente. Pero de nuevo el proyecto fue abandonado y la iglesia permaneció sin un retablo mayor de calidad similar a los suntuosos cenotafios del Duque de Lerma y su esposa colocados a los lados de la capilla mayor, pasando la imagen de Santo Domingo de Guzmán a ocupar la hornacina central de un retablo colocado en una de las capillas laterales del lado del evangelio que fue costeado por el Padre Baltasar Navarrete, según informa el historiador local Manuel Canesi.

Después de la francesada en Valladolid, acabada la Guerra de la Independencia, en la que todo el monasterio dominico fue objeto de una despiadada destrucción por haber sido convertido en cuartel principal por su proximidad al Palacio Real, se hizo un discreto retablo mayor de estilo neoclásico al que se acoplaron las imágenes de Gregorio Fernández, que fueron repintadas de blanco para simular mármoles que armonizaran con la arquitectura del retablo. Así permanecieron hasta el hundimiento de las bóvedas de la capilla mayor en 1967, un desgraciado siniestro en el que las cuatro imágenes fernandinas quedaron mutiladas3, salvándose de los destrozos únicamente la imagen de Santo Domingo de Guzmán, que, a pesar de circunstancias tan desfavorables, presenta un aceptable estado de conservación puesto en valor durante una reciente restauración.       

LA IMAGEN DE SANTO DOMINGO DE GUZMÁN

La imagen de Santo Domingo de Guzmán recibe culto en la actualidad junto al presbiterio, en la capilla absidial del lado de la epístola de la iglesia de San Pablo, en un recinto gótico de gran altura donde la escultura, colocada sobre un ménsula moderna de piedra, contrasta con la desnudez pétrea de los muros, acompañada a sus pies por una urna sepulcral que encierra el Cristo yacente que fuera encargado hacia 1609 a Gregorio Fernández por el todopoderoso Duque de Lerma, que donó la imagen al convento dominico en el que ejercía el patronato y cuyas armas, resto del ático del primitivo retablo, cuelgan en la pared a escasos metros de la imagen de Santo Domingo de Guzmán.

La imagen es, aparte de una obra maestra, una de las obras más personales y originales de Gregorio Fernández, realizada en plena etapa de madurez, en unos años en que la búsqueda de naturalismo se hace obsesiva en el escultor, que impregna a sus tallas de un componente místico acorde con los postulados trentinos, se esmera en el exquisito trabajo de las cabezas, combina virtuosos estudios anatómicos en los desnudos, especialmente en las figuras de Cristo, con el recubrimiento de las figuras de vírgenes y santos con ampulosos ropajes de gran complejidad técnica, iniciando la incorporación de sutiles postizos en las imágenes y delicados trabajos en la policromía, consiguiendo impactar al espectador cuando contempla las obras a corta distancia.

Todos estos factores concurren en la figura de Santo Domingo de Guzmán, cuyo misticismo, dinamismo formal y minucioso estudio de luces y sombras la convierten en un paradigma de la esencia barroca, aquella que definiera de forma tan certera el poeta Rafael Alberti como "la profundidad hacia afuera", porque si hay algo que en ella cautiva y sorprende es el profundo ejercicio de imaginería mental del escultor en el momento que antecede a la acción de la gubia sobre la madera. Un ejercicio de talento que le permite legar una nueva visión de Santo Domingo a pesar de utilizar todos los atributos convencionales, reinventado y aportando nuevos valores a una iconografía que había tenido una fuerte tradición desde la Edad Media, compartiendo, desde un polo completamente opuesto, la misma creatividad de Fra Angélico al recrear en Florencia la imagen del santo fundador con un sereno misticismo.

Porque en el Santo Domingo de Gregorio Fernández, realizado a escala natural —1,87 m. de altura—, todo es arrobamiento místico a partir de una simple mirada a un pequeño crucifijo, mostrando más un estado mental que un estado físico, en el que el cuerpo levita, en este caso sobre un cúmulo de nubes, y asciende a planos trascendentales e ingrávidos que el escultor nos transmite mediante una composición aparentemente inestable, ascensional y en diagonal que conduce inevitablemente la mirada del espectador hacia el crucifijo, haciéndole partícipe de la tensión espiritual y consiguiendo con sutileza que la figura aparezca ingrávida ante sus ojos mediante la desmaterialización de la madera, en algunas partes trabajada en finísimas láminas para sugerir paños reales.      

La mayoría de los estudiosos citan de continuo el modo de trabajar Gregorio Fernández los plegados de los paños como algo arcaico, como un convencionalismo o reminiscencia de la escultura hispanoflamenca. Se señalan los quebrados duros y con aspecto metálico como un defecto formal respecto a la búsqueda de naturalismo. Sin embargo, no siempre aparecen trabajados de igual manera, lo que induce a pensar que el escultor lo aplicaba intencionadamente con carácter selectivo, unas veces con formas redondeadas y suave modelado, y otras, como en este caso en que la anatomía desaparece bajo la indumentaria, como un recurso "expresionista" para producir intencionadamente efectistas y animados contrastes de claroscuro en las superficies de las telas, tan apreciados por los artistas barrocos, un recurso que se convertiría en una de las señas de identidad de su taller y que es perfectamente identificable en esta imagen, donde el tratamiento de los paños del hábito adquiere valores constructivistas y los pliegues aparecen recogidos a modo de instantánea, acompañándose de una exagerada amplitud de la túnica, el escapulario y el manto en la parte inferior para producir de rodillas hacia abajo un movimiento que simula el de las propias nubes, insinuando que toda la figura está inmersa en un torbellino que de pies a cabeza sigue un movimiento helicoidal arrebatador, pues no debe olvidarse que el escultor tenía muy claro que la imagen iba a ser iluminada por los parpadeantes pábilos de las velas.

Como es habitual en Gregorio Fernández, los valores emocionales se concentran en el trabajo realista de la cabeza y el lenguaje de las manos. La cabeza está insertada en la capucha del hábito y presenta un largo cuello, para facilitar su visión desde un punto de vista bajo, y el rostro elevado y girado ligeramente hacia la izquierda. Los cabellos, que se ajustan a la tonsura clerical dejando visibles las orejas, están minuciosamente tallados, lo mismo que el pronunciado bigote y la barba de dos puntas, utilizando postizos tanto en la boca entreabierta, que permite contemplar los dientes y la lengua,  y en los ojos, muy abiertos y con aplicaciones de cristal. Se completa con una incipiente barba minuciosamente aplicada a punta de pincel sobre la carnación y una estrella dorada colocada en la frente, atributo tradicional de Santo Domingo que recuerda la leyenda piadosa que afirma que durante el bautismo del santo apareció una estrella en su frente como vaticinio de su posterior vida de predicación, simbolizando que Santo Domingo se convertiría en una estrella o faro brillante para conducir las almas hacia Cristo. 

A la ensimismada expresión del rostro acompaña la estudiada postura de las manos, con el brazo derecho flexionado a la altura de la cintura para sujetar un rosario, del que el santo fue impulsor y que es ofrecido a los fieles como vía de oración, y el izquierdo levantado enarbolando el pequeño crucifijo, símbolo de máxima gloria y victoria sobre la muerte.

En una reciente restauración la imagen ha recuperado su policromía original, muy desvirtuada hasta entonces tras haber sido completamente recubierta de blanco en tiempos pasados. Aunque los colores empleados son muy elementales por estar condicionados a las características del hábito, las carnaciones presentan un delicado trabajo de pintura en la escasa anatomía visible, con matices sonrosados en las mejillas y labios y barba incipiente pintada. Las nubes de la base están recubiertas de pan de plata y en el borde del escapulario han sido recuperadas las vistosas orlas doradas con motivos vegetales a punta de pincel que subyacían bajo la capa blanca y que fueron exigidas en el contrato, con un pequeño tramo conservado como testigo de su situación anterior. La imagen descansa sobre una sencilla peana que sigue los modelos característicos del XVII, con decoración de gemas engarzadas fingidas.

Con esta magnífica escultura Gregorio Fernández lograba plasmar una nueva visión de Santo Domingo de Guzmán, nacido en Caleruega (Burgos) el 24 de junio de 1170 y muerto en Bolonia el 6 de agosto de 1221, estudiante en Palencia, fundador de la Orden de Predicadores aprobada por el papa Honorio III el 22 de diciembre de 1216 y fundador del Santo Rosario, un santo que junto a San Francisco de Asís sería un personaje capital en la religiosidad europea a lo largo de toda la Edad Media y Moderna en Europa, pero sobre todo legaba a los padres dominicos de Valladolid una sorprendente e inigualable imagen del santo fundador que se coloca en la cumbre de la escultura barroca española.           

Informe y fotografías: J. M. Travieso.

NOTAS

1 URREA FERNÁNDEZ, Jesús. Esculturas de Gregorio Fernández. Catálogo de la exposición organizada por la Caja de Ahorros Popular de Valladolid, Valladolid, 1984.
2 Ibídem.
3 Las imágenes de San Vicente Ferrer, Santa Catalina de Siena, San Pedro de Verona, y Santa Inés de Montepulciano fueron restauradas, en la medida de lo posible, el año 1984, siendo presentadas en público las dos primeras, liberadas de los repintes en blanco, en una exposición dedicada a Gregorio Fernández presentada del 22 de mayo al 4 de junio de aquel año en la Sala de Exposiciones de la Caja de Ahorros Popular de Valladolid, después de una restauración y limpieza de las obras.



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13 de noviembre de 2013

Música en noviembre: O FORTUNA, de Carl Orff ~ André Rieu



Concierto XXV Aniversario de Maastricht/Holanda (2012)
André Rieu y Johann Strauss Orchestra, con Carmen Monarcha, Kimmy Skota, Carla Maffioletti, The Platin Tenors y The Royal Choir Society Mastreechter Staar.

O FORTUNA

O Fortuna
velut luna
statu variabilis,
semper crescis
aut decrescis;
vita detestabilis
nunc obdurat
et tunc curat
ludo mentis aciem,
egestatem,
potestatem
dissolvit ut glaciem.

Sors immanis
et inanis,
rota tu volubilis,
status malus,
vana salus
semper dissolubilis,
obumbrata
et velata
michi quoque niteris;
nunc per ludum
dorsum nudum
fero tui sceleris.

Sors salutis
et virtutis
michi nunc contraria,
est affectus
et defectus
semper in angaria.
Hac in hora
sine mora
corde pulsum tangite;
quod per sortem
sternit fortem,
mecum omnes plangite!

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11 de noviembre de 2013

Presentada la publicación de Domus Pucelae: VILLAS ROMANAS DEL DUERO: HISTORIA DE UN PAISAJE OLVIDADO, de Fernando Regueras Grande

El público y numerosos socios de Domus Pucelae asistieron con interés el 27 de octubre en el Museo de León y el 9 de noviembre en el Museo de Palencia a la presentación pública del libro "Villas romanas del Duero: historia de un paisaje olvidado", del que es autor el prestigioso historiador zamorano Fernando Regueras Grande y que constituye la decimoquinta publicación patrocinada y financiada por Domus Pucelae, algo meritorio en los tiempos que corren.

De esta manera, para nuestra satisfacción, el libro ha visto la luz en dos escenarios privilegiados al estar rodeado de algunas de las importantes piezas arqueológicas que son citadas y estudiadas en el exhaustivo trabajo de Fernando Regueras, que con la paciencia y la intuición de un experto mosaísta ha ido recolectando minuciosas teselas desperdigadas por las proximidades del Duero y ha compuesto un maravilloso mosaico que nos ayuda a comprender lo que fueron aquellas villas romanas que germinaron por nuestras tierras poco antes del ocaso del mundo romano.

Conceptos como la vida y la muerte en las villas, las formas arquitectónicas, el ornato y todas las variantes plásticas aplicadas, los ajuares domésticos, la numismática, la medicina, los conceptos religiosos y una completa localización de los asentamientos, incluyendo numerosas fotografías y una guía explicita de aquellos que pueden ser visitados en lo que el autor considera un paisaje olvidado, constituyen la parte esencial de un recorrido que nos conduce a los orígenes de nuestra historia, hasta hace poco tiempo enterrada, y que gracias a estudios como este, en el que subyace el mismo apasionamiento que nos legara Javier Cortés en la villa de La Olmeda, permiten que de nuevo aquellos asentamientos campestres romanos se puedan otear entre trigales y chopos como una realidad tangible que ya nunca más debemos despreciar y maltratar.

Ese es el grito de Fernando Regueras, que en definitiva se viene a preguntar por qué hemos sido y somos tan despiadados con nuestro pasado histórico reduciendo la presencia romana, nada menos que la génesis de nuestra cultura, al acueducto de Segovia. Toda una toma de posición que debe estimularnos a todos para ir encontrando las respuestas más adecuadas.

En el Museo de León Fernando Regueras Grande estuvo acompañado por Luis Alfredo Grau Lobo, Director del Museo de León, y por Santiago García Vegas, Presidente de Domus Pucelae, que repitió su presencia junto al autor en el acto celebrado en el Museo de Palencia, que estuvo presentado por Jorge Juan Fernández González, Director de la institución. En ambas ocasiones, al final del acto, fueron entregados gratuitamente los ejemplares a los socios de Domus Pucelae asistentes.

Una pequeña parte de la edición será ofrecida al público en diversas librerías de Valladolid.    


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8 de noviembre de 2013

Visita virtual: HISTORIA DE NASTAGIO DEGLI ONESTI, narración amorosa con apariciones espectrales

Primer panel



HISTORIA DE NASTAGIO DEGLI ONESTI
Sandro Botticelli (Florencia, 1445-1510)
Hacia 1483
Pintura con técnica mixta sobre tabla
Museo del Prado, Madrid / Palacio Pucci, Florencia
Pintura del Renacimiento. Quattrocento italiano. Clasicismo




En 1483 el rico comerciante florentino Antonio Pucci, cabeza de una de las familias más pujantes de la ciudad, encargaba a Botticelli cuatro paneles decorativos, pintados al temple sobre tabla, que habrían de formar parte del regalo de bodas que hiciera a su hijo Giannozzo, quien, tras enviudar de su mujer un año antes, iba a contraer nuevo matrimonio con la joven Lucrezia de Bini. La colección formaría parte de una spalliera, recubrimiento de madera de una sala en la que se insertaba una especie de friso con escenas que decoraban de un lado a otro una pared de la estancia con un contenido alegórico y moralizante similar al de las escenas que decoraban los cassoni, ricos arcones de madera que como regalo nupcial servían para guardar los ajuares y que tradicionalmente eran decorados en sus frentes y en su tapa con vistosas escenas personalizadas para cada pareja.

Se especula que en la elección de Botticelli como autor de las pinturas habría intervenido Lorenzo el Magnífico, gobernante de la república de Florencia, banquero, poeta, filósofo y mecenas de las artes, motivo por el que Botticelli habría aceptado realizar lo que podría considerarse como un trabajo menor, en la línea de un mueble decorado, tan distinto a los originales cuadros que tanta notoriedad le dieron en Florencia. Este también es el motivo por el que Botticelli delega parte de la pintura a sus colaboradores Bartolomeo di Giovanni, Jacopo del Sellaio y Filippino Lippi, limitándose a marcar el dibujo maestro de todas las figuras sobre el aparejo de yeso y a pintar y retocar algunas de ellas, aunque supervisando todo el proceso de elaboración, lo que convierte esta serie pictórica en una de sus obras secundarias que, sin embargo, se encuentra entre sus pinturas más célebres. 

Sabido es que la pintura renacentista italiana, sobre todo en su periodo de esplendor a finales del siglo XV, cuando se alcanza el perfeccionamiento técnico y formal en el periodo denominado clasicista, incorporó al obligado repertorio religioso temas tomados de la mitología clásica. Sin embargo, aunque de forma más restringida, los pintores también encontraron en célebres obras literarias, de la antigüedad y de su tiempo, toda una serie de temas que sirvieron de inspiración y que se esforzaron en plasmar en elocuentes imágenes.

Este es el caso de la serie pictórica realizada por Botticelli por encargo de Antonio Pucci, que presenta en cuatro paneles la narración de la octava novela de la Quinta Jornada —El infierno de los amantes crueles— del Decamerón, la popular obra compuesta por Boccaccio en 1353, que el gran maestro florentino plasmó en sucesivas escenas siguiendo un esquema similar al de los actuales cómics.  

LA HISTORIA DE NASTAGIO DEGLI ONESTI

Ante todo hemos de reseñar que Antonio Pucci, más que mostrarse desprendido y generoso ante el enlace de su hijo, con la elección del tema de las pinturas venía a realizar una sibilina advertencia a su futura nuera: persuadirla que fuera fiel y condescendiente a los deseos de su marido y que se sometiera a él. Porque la narración elegida cuenta como Nastagio degli Onesti, joven de Rávena rechazado por su amada, para conquistarla presenta el desgraciado final de otra dama que había rechazado a su pretendiente Guido degli Anastagi, ambos personajes tomados prestados por Boccaccio de un pasaje de la Divina Comedia de Dante (1265-1321), rindiendo con ello homenaje al autor que tanto admiraba.

Segundo panel
PRIMER PANEL DE NASTAGIO DEGLI ONESTI
Desesperado Nastagio degli Onesti por ser rechazado por la mujer que ama, la joven hija de Paolo Traversari, comienza a dilapidar su fortuna. Para evitarlo, sus amigos le aconsejan abandonar la ciudad e instalarse en Chiassi, un pinar situado en las afueras de Rávena, donde poder meditar sobre su situación. En la parte izquierda de este primer panel se observa cómo sus amigos se despiden de él y le dejan sólo en plena naturaleza.
Cuando Nastagio se adentra reflexionando en el bosque, escena inmediata a la anterior, se encuentra con una visión inesperada y espectral: aparece una mujer corriendo que es atacada por dos mastines, uno negro y otro blanco, mientras es perseguida por un jinete que porta una espada a lomos de un brioso corcel. Nastagio intenta ayudar a la dama enfrentándose a los mastines con una rama seca recogida del suelo. Esta escena, situada a la derecha, ocupa los tres cuartos del panel, utilizando como nexo de unión de la narración sucesivos troncos de altos pinos que dejan entrever en lontananza un luminoso paisaje marítimo de las costas de Rávena.
La composición se ajusta al principio de perspectiva basado en la pirámide visual formulada en los estudios de Brunelleschi y Alberti para conseguir un efecto de profundidad, por el que las figuras y objetos disminuyen de tamaño a medida que se acercan al punto de fuga, o, dicho de otro modo, según se alejan del ojo del espectador.

SEGUNDO PANEL DE NASTAGIO DEGLI ONESTI
Nastagio intenta defender a la mujer, pero es alcanzada por el caballero, que se identifica como Guido degli Anastasi y le explica que llegó a suicidarse por no ser correspondido por la mujer que amaba y que ella, que no se apenó de su muerte, había muerto poco tiempo después. Ambos habían sido condenados al infierno, él por suicidio y ella por impía e indiferente, uniendo a sus condenas la maldición de que todos los viernes, durante tantos años como ella le rechazó, los dos seres fantasmales repitieran aquella persecución que siempre terminaba con el caballero abriendo el costado de la dama para arrancarle el corazón y dárselo de comer a los perros.

La escena ocupa el centro de este segundo panel, mientras a la izquierda aparece Nastagio horrorizado y lleno de estupor ante un acto tan cruel y a la derecha los mastines devorando el corazón. En un segundo plano se repite la escena de la persecución espectral una y otra vez como parte del implacable castigo, con figuras agitadas que contrastan con la placidez y serenidad de la bahía que se contempla al fondo.
En esta pintura se muestra el refinamiento en el uso del color y la luz, con lo que se logra un suave modelado de objetos y seres que proporciona volumen y planos de profundidad, especialmente apreciable en el elegante escorzo del caballo.

TERCER PANEL DE NASTAGIO DEGLI ONESTI
  En la tercera de las tablas vuelven a aparecer distintas escenas sucesivas en el tiempo y el escenario sigue siendo el mismo, el sombrío pinar que deja adivinar al fondo una bucólica bahía próxima a Rávena, aunque puede percibirse que en el primer plano se han talado una serie de árboles para crear un espacio despejado que además aparece acotado con una mampara decorada con tapices y guirnaldas de piñas que delimitan un comedor al aire libre presidido por los emblemas los Bini, a la izquierda, de los Médicis, en el centro, y de los Pucci, a la derecha, los tres clavados sobre los troncos de los pinos. Todo responde a un plan urdido por Nastagio para persuadir a su amada durante la celebración de un banquete un viernes en el mismo lugar en que tuvo sus visiones.

Al mismo es invitada su amada, su padre, algunos de sus parientes y criados, así como algunos familiares de Nastagio, con su padre a la cabeza, que ocupan un larga mesa en forma de L, con las damas ocupando el tramo más corto y destacando entre ellas con su vestido blanco la imagen de la dama pretendida con los rasgos de Lucrezia, apareciendo también un retrato de su padre, De Bini, vestido de negro en el ángulo de las mesas, así como el retrato de Antonio Pucci como el padre de Nastagio, con un bonete rojo bajo el emblema de los Médicis.

Como Nastagio ha previsto, en pleno banquete todos se sorprenden al producirse la súbita aparición espectral de la dama perseguida por el jinete y los perros y todos pueden contemplar estupefactos el desenlace final en medio de un gran revuelo y sobresalto. El temor que la visión produce en su amada hace que, después de que Nastagio la solicitase en matrimonio y temerosa de sufrir un castigo similar, ésta mande a una criada para comunicarle su asentimiento para la boda, escena situada en segundo plano a la derecha del panel, con lo que la astucia de Nastagio produce los resultados por él deseados.

Tercer panel
En la pintura es destacable la minuciosidad con que están descritos los enseres y utensilios, el trabajo personalizado de los rostros de los personajes, la inclusión de un desnudo y la delicadeza de la figura de la novia, en la línea de las mejores figuras femeninas del maestro.

CUARTO PANEL DE NASTAGIO DEGLI ONESTI
La cuarta de las pinturas de la serie, aunque de dimensiones ligeramente superiores, presenta una calidad sensiblemente inferior, lo que induce a los expertos a pensar que solamente fuera diseñada por Botticelli, sin ninguna intervención posterior.

En esta ocasión aparece el banquete nupcial de Nastagio y su amada, como final feliz de la historia, aunque tal celebración no se cita en el Decamerón, lo que debe interpretarse como una licencia para homenajear a los contrayentes por parte del pintor.

Diferente en su planteamiento a los paneles anteriores por presentar una escena única, la composición se articula en base a dos largas mesas que aparecen colocadas, siguiendo los principios de la perspectiva lineal, bajo una logia cuyo punto de fuga es un simbólico arco de triunfo situado al fondo. La composición, un tanto forzada, se ciñe al más estricto esquema de simetría, con las damas colocadas a la izquierda y los hombres a la derecha, como era habitual en el siglo XV, con la tradicional costumbre de exponer el suntuoso ajuar de boda sobre unos estantes recubiertos de ricos brocados que aparecen en el centro y en primer plano, así como un cortejo de sirvientes uniformados que portan las viandas en bandejas. Sobre los capiteles se repiten los emblemas de los Pucci y de los Médicis, junto a otro a la derecha en el que ya figuran fundidas las armas de los Pucci y los Bini, todos ellos junto a laureles ornamentales sobre un diseño arquitectónico que contribuye a narrar una historia profana de origen literario de forma sublime y grandilocuente.


LAS PERIPECIAS DE LAS TABLAS       
Las cuatro pinturas permanecieron en Florencia en poder de la familia Pucci, descendiente de quien hiciera el encargo a Botticelli, hasta 1868. Fue entonces cuando fueron puestas en venta y adquiridas por Alexander Barker, que las conservó hasta 1879, año en que pasaron a la colección I. R. Leyland. En 1892 fueron compradas por G. Aynard y después adquiridas para la Colección Spiridon de Berlin, siendo adquiridos los tres primeros paneles en 1929 por Francisco de Asís Cambó, en cuyo poder estuvieron hasta que en 1941 hiciera la donación de su colección al Museo del Prado.
El cuarto panel fue recuperado por un coleccionista privado suizo y conservado desde 1960 en la colección del Palacio Pucci de Florencia.   


Informe: J. M. Travieso.




































Cuarto panel











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5 de noviembre de 2013

Exposición: EL NIÑO JESÚS EN LOS CONVENTOS DE CLAUSURA, hasta enero 2014


MUSEO DE SAN FRANCISCO
MEDINA DE RIOSECO

En la capilla de Santa Ana y Santa Isabel del antiguo monasterio de San Francisco de Medina de Rioseco se presenta la exposición El Niño Jesús en los conventos de clausura, que ofrece medio centenar de obras de pintura y escultura relacionadas con esta temática. Destacan las esculturas de Divino Infante que antaño eran objeto de juegos y rituales en las clausuras femeninas en tiempo de Adviento y Navidad, en este caso procedentes de los conventos de clarisas y carmelitas de la ciudad. Entre ellas figuran una pieza de plomo del círculo de Juan de Mesa, del siglo XVII, el Niño de la Sagrada Familia de la iglesia de Santa María de Mediavilla, copia del original de Gregorio Fernández, Niños pasionarios, dormidos e incluso uno que recuerda el juego del "Niño perdido y hallado en el Templo".

   Como en otras ocasiones, la exposición sirve de pretexto a los restaurantes riosecanos para ofrecer la llamada "Olla de las Monjas", con menús económicos de cocina tradicional, inspirados en los fogones conventuales, que oscilan entre los 10 y 15 euros. Esta oferta se puede encontrar en los restaurantes Los Almirantes, Castilla, Casa Manolo, Santamaría, Pasos, Los Arcos, La Rúa, La Vía, India Chica y Sequillo.



HORARIO DE VISITAS GUIADAS
De martes a viernes: a las 17,15 h.
Sábados, domingos y festivos: a las 13 y 17,15 h.
Lunes: cerrado.

Entrada 1 €

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4 de noviembre de 2013

Presentación del libro: PERIODISMO Y MEMORIA HISTÓRICA, 6 de noviembre 2013


El próximo miércoles tendrá lugar en Valladolid la presentación de la publicación PERIODISMO Y MEMORIA HISTÓRICA, de la que Margarita Antón Crespo, miembro de Domus Pucelae, es redactora y una de las coordinadoras de información. La obra recoge la contribución del periodismo en la recuperación de la Memoria Histórica a partir de testimonios orales.
Invitamos a todos los socios y al público en general a participar en este acto que tendrá lugar en la Universidad de Valladolid, con especial interés en este tiempo en que la crisis está causando tantos estragos en el campo de la cultura.

Miércoles 6 de noviembre, 12 horas.
Aula Mergelina, 2ª planta de la Facultad de Derecho (entrada por calle Libreros).
Presentación del libro "Periodismo y Memoria Histórica"
Intervenciones:
Carlos F. Aganzo, Director de El Norte de Castilla.
Pedro Crespo, Editor de Comunicación Social.
Margarita Antón Crespo y Estrella Alonso del Barrio, coordinadoras de la publicación.

Entrada libre hasta completar aforo

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