3 de enero de 2026

Visita virtual: RETABLO DEL ARZOBISPO DON SANCHO DE ROJAS, antiguo retablo de San Benito el Real de Valladolid



RETABLO DEL ARZOBISPO DON SANCHO DE ROJAS

Juan Rodríguez de Toledo (activo en Toledo en 1395 y 1420)

Entre 1415 y 1420

Pintura al temple sobre tabla de madera de pino, 5,32 x 6,18 m

Museo Nacional del Prado, Madrid

Procedente del Monasterio de San Benito el Real de Valladolid

Pintura gótica española


 

 


El importante mecenas del retablo: don Sancho de Rojas

El mecenas de este excepcional retablo fue Sancho de Rojas, nacido en Alcalá de Henares hacia 1369 y fallecido en esta misma ciudad el 24 de octubre de 1422. Era hijo de Juan Martínez de Rojas, señor de Monzón, de Cavia y de Cuzcurrita y de María Fernández de Rojas. A decir de Fernán Pérez de Guzmán en sus Generaciones y semblanzas, pertenecía a una familia de «antiguo e buen linaje de caballeros; su solar, en Burueña», siendo aludido en la elogiosa referencia del poeta Alfonso Álvarez de Villasandino como «arca de mucha ciencia, esfuerzo de hidalguía, cámara de lozanía, puerta de alta prudencia». Sancho de Rojas fue una de las personalidades más importantes en la Corona de Castilla durante las postrimerías del siglo XIV y comienzos del XV.

     Estudió Cánones en Salamanca y Toulouse. Según atestigua un documento del 24 de julio de 1388, con sólo diecinueve años recibió el cargo de canónigo en las catedrales de Salamanca y Burgos, siendo avalado por el rey Juan I ante el papa para que recibiera mayor dignidad eclesiástica dispensado por su edad —pro defectu aetatis—. Igualmente fue protegido del condestable Ruy López Dávalos, quien también solicitó para él beneficios eclesiásticos en 1403.

En 1397, según Alonso Fernández de Madrid, autor de la Silva palentina, gracias a la intervención real obtuvo, cuando contaba veintiocho años, el obispado de Palencia, cargo que consta ostentaba en 1399, año en que asume su primer cargo civil ejerciendo en Portugal como embajador de Castilla para negociar treguas.      

Tras la muerte prematura del rey Enrique III de Castilla (el Doliente), hijo y sucesor de Juan I, heredó el trono su hijo Juan II, que sólo contaba un año, llegando Sancho de Rojas a ejercer de facto como auténtico regente durante la minoría de edad del infante, aunque dicha regencia correspondiera a su madre Catalina de Lancaster y al infante Fernando de Antequera, segundo hijo de Juan I de Castilla y futuro Fernando I de Aragón.

Como miembro del Consejo Real, apoyó la política militar del infante don Fernando, junto al que participó en eventos importantes, como en las Cortes de 1408 o en la campaña de 1410 que culminó con la toma de Antequera, por lo que fue recompensado con la dignidad de conde de Pernía. Su ocupación político-militar no le impidió tomar iniciativas en su obispado, como la terminación de la sillería del coro de la catedral palentina, para la que ayudó aportando fondos propios.

     En su diócesis convocó varios sínodos dedicados a cuestiones de organización y disciplina eclesiástica, aunque por su actividad política, cada vez más intensa, viviría con frecuencia en la Corte real, alcanzando su mayor protagonismo con motivo del conflicto por la sucesión al trono de Aragón, donde ejerció como embajador ante las Cortes aragonesas en las deliberaciones que culminaron con el Compromiso de Caspe, tras lo cual gozó de la confianza de Fernando I de Aragón.

En esta situación, por la mediación de Fernando I ante el papa, el 26 de junio de 1415 recibió el nombramiento pontificio de arzobispo de Toledo, aunque siguió controlando el Consejo Real. Ese mismo año financiaba el retablo de la capilla mayor de la iglesia del monasterio de San Benito de Valladolid.


     Aquejado por su salud, se trasladó al Palacio Arzobispal de Alcalá de Henares, donde murió el 24 de octubre de 1422, siendo trasladados sus restos tiempo después a la capilla de San Pedro de la catedral toledana que él mismo había mandado construir. En su actividad política tendría como sucesor a Álvaro de Luna. 

El retablo de la iglesia de San Benito el Real de Valladolid    

En torno a 1415, don Sancho de Rojas, arzobispo de Toledo, encargaba un retablo de grandes dimensiones destinado a presidir la capilla mayor de la monumental iglesia del monasterio de San Benito el Real de Valladolid, motivo por el que dicha obra se conoce con el nombre de tan importante mecenas, un sobresaliente conjunto de pintura gótica actualmente conservado en el Museo Nacional del Prado de Madrid, del que Elena Gómez-Moreno y María Ángeles Piquero López comparten la teoría de que se trata de un retablo incompleto, apuntando que en origen pudo haber estado compuesto de tres cuerpos y siete calles rematadas por pequeños tabernáculos con agudos gabletes.

El conjunto conservado está compuesto por banco, dos cuerpos con escenas —las de la calle central dispuestas a mayor altura— y siete calles separadas por pináculos, estando rematadas las cinco centrales por tabernáculos con gabletes que albergan figuras aisladas. En el banco o predela, separados por la base de los pináculos que decoran y estructuran el retablo, aparecen seis tríos de medallones que albergan en su interior bustos de santos y santas con nimbo.

La Virgen con el Niño

Sin duda la mejor pintura del retablo, ocupa la calle central del primer cuerpo bajo un arco lobulado y aporta figuras de gran valor histórico. En ella aparece la Virgen entronizada y con el Niño en su regazo, con cuatro ángeles tras ellos ricamente vestidos y sujetando, a modo de dosel, un paño de brocado. Por detrás, sobre un fondo dorado, otros cuatro ángeles tocan instrumentos musicales de viento glorificando la escena. A los lados de la Virgen aparecen de pie San Benito y San Bernardo —santos de la Orden Benedictina— que ejercen como protectores de dos personajes que aparecen arrodillados en actitud de oración y que aluden al origen divino del poder eclesiástico y del real. Se trata del arzobispo don Sancho de Rojas (arzobispo de Toledo entre 1415-1422), al que la Virgen coloca la mitra, y el rey don Fernando I de Aragón, que es coronado por el Niño. De este modo se testimonia la estrecha relación entre ambos personajes: Don Sancho de Rojas como tutor del infante castellano don Fernando y participante en 1412 en el Compromiso de Caspe, en el que el infante fue designado rey de Aragón. En su conjunto, esta iconografía deriva de la Virgen en Majestad bizantina (Panagia Nikopoia), estando también relacionada con la tradición de la pintura trecentista italiana.

Primer cuerpo

Sin un orden secuencial coherente, a la izquierda de la calle central del primer cuerpo aparecen representadas tres escenas de la Pasión a un tamaño inferior al de las tablas centrales. Son el Ecce Homo, con Jesús maniatado entre soldados, la Flagelación, con Cristo atado a la columna en el interior de una construcción con arquerías, y el Camino del Calvario, con Cristo caminando con la cruz a cuestas entre un grupo de soldados. En la parte derecha se contraponen la Ascensión, con la Virgen destacando sobre los apóstoles, el Pentecostés, de composición similar a la anterior, pero con once apóstoles, y en el extremo la Misa de San Gregorio, un tema muy recurrente en la época.

La Crucifixión

El arzobispo don Sancho de Rojas recibiendo la mitra

     Compuesta por numerosos personajes, la iconografía se ajusta a los modelos del gótico italiano desarrollado en la escuela sienesa. En esta escena del Calvario, que destaca en altura sobre el resto de tablas del segundo cuerpo, mantiene un fondo dorado intemporal y en ella se incluyen una serie de figuras inspiradas en aquella iconografía ítalo-gótica, como el grupo de la Virgen en actitud de desmayo acompañada de las Santas Mujeres, un grupo de soldados portando armas y estandartes y ángeles que recogen en recipientes la sangre de Cristo. La Virgen aparece derrumbada en el ángulo inferior izquierdo, acompañada de un grupo femenino en el que destacan las Santas Mujeres, identificadas con el nimbo que las santifica. En el lado opuesto un grupo de soldados armados se colocan a dos niveles. En el inferior, en primer término, dos se juegan la túnica de Cristo mediante un juego de dados; más arriba, los soldados sujetan lanzas y estandartes, así como la esponja impregnada de hiel. Igualmente, siguiendo la tradición ítalo-gótica, un ángel recoge en un cáliz la sangre que mana del costado de Cristo. 

Detalle de San Bernardo
Segundo cuerpo

Manteniendo la misma estructura que en el primer cuerpo, las calles de la izquierda están dedicadas a la infancia de Jesús, comenzando por la Presentación en el Templo, escena de delicado colorido, la Natividad, tabla con pérdidas cromáticas en buena parte de la superficie, y la Adoración de los Reyes Magos, con una escena sintética muy expresiva. En las calles de la derecha se retoman algunas escenas de la Pasión con un acento más dramático, como la Piedad, con la Virgen sujetando a Cristo muerto en su regazo, el Santo Entierro, con Nicodemo y José de Arimatea colocando el cuerpo inerte de Cristo en el sepulcro y la Virgen Dolorosa en primer término, y el Descenso al Limbo, otra tabla con gran pérdida de pintura en la que sólo se atisba la figura de Cristo, siendo visible la boca de un monstruo de cuyo interior se liberan Adán y Eva junto a patriarcas del Antiguo Testamento.          

El remate

Los diversos desplazamientos de este retablo (como se verá más adelante), que motivaron su desmontaje, impide conocer cuál fue la estructura original del conjunto. Según el montaje actual, el remate está dispuesto en tres registros que ocupan las cinco calles centrales con templetes coronados por agudos gabletes, que albergan en su interior figuras aisladas. En la central, algo más ancha, aparece la figura de Dios Padre entronizado y bendiciendo. En las dos calles contiguas, se disponen las figuras del arcángel San Gabriel y la Virgen, que se complementan formando la escena de la Anunciación. Las calles de los extremos acogen a dos profetas sedentes identificados en las filacterias que sujetan: Isaías y David. Entre los pináculos aparecen escudos de la familia Rojas, muy vinculada a Toledo —cinco estrellas azules en campo de plata—, un blasón que permite identificar al arzobispo Sancho de Rojas, muy relacionado con el rey de Aragón.

Estilo y autor

El Retablo del arzobispo don Sancho de Rojas es un arquetipo de retablo gótico de influencia italiana. En él se manifiesta con claridad el avance hacia el naturalismo de la pintura gótica con escenas descritas de manera sintética y eficaz para su perfecta comprensión por parte de los fieles. En las tablas aparecen detalles sugestivos, como el interés del pintor de encontrar soluciones espaciales, los rudimentarios estudios del cuerpo humano, la expresividad de algunos rostros y la riqueza decorativa en telas y nimbos.

Realizado entre 1415 y 1420, sus pautas estilísticas están en relación con la difusión en Castilla de los modelos pintados por Gerardo Starnina y Nicolo de Antonio en la catedral de Toledo a finales del siglo XIV. Las similitudes estilísticas de este retablo con los frescos de la capilla de San Blas de la catedral toledana, llevó a Josep Gudiol a identificar al autor con Juan Rodríguez de Toledo, pintor con taller abierto en Toledo en esos años y representante del estilo ítalo-gótico en Castilla que, al igual que en varias tablas, en la catedral toledana dejó su obra firmada. De este modo se manifiesta la gran incidencia que tuvieron las propuestas estilísticas de los pintores llegados de Italia, lo que favoreció la creación de un importante foco pictórico en Toledo que estuvo activo hasta la cuarta década del siglo XV.

 

Los diferentes traslados del retablo

     Como ya se ha dicho, el retablo fue realizado para presidir la capilla mayor de la iglesia del monasterio de San Benito el Real de Valladolid, donde estuvo colocado hasta que en la segunda década del siglo XVI la comunidad benedictina, tras unas obras de remodelación, decidió sustituirle por otro de mayores dimensiones que fue encargado a Alonso Berruguete después de su regreso de Italia, artista que dejó una impresionante obra maestra de pintura y escultura, realizada entre 1526 y 1532, que permaneció presidiendo la iglesia hasta que fue desmembrado en 1837 a causa de la Desamortización y sus piezas recogidas en el Museo Provincial de Bellas Artes de Valladolid (convertido desde 1933 en Museo Nacional de Escultura).

Tras la instalación del monumental retablo sustituto, el Retablo del arzobispo don Sancho de Rojas fue recolocado en la capilla de San Marcos del mismo templo benedictino, aunque a partir de 1596 fue trasladado a la pequeña villa vallisoletana de San Román de Hornija, donde el arqueólogo e historiador Manuel Gómez-Moreno, durante uno de sus viajes por Castilla y León en 1908, localizó el retablo en la pequeña capilla del cementerio de dicha población, donde llevaba instalado 479 años.  

Manuel Gómez-Moreno informó del hallazgo al Museo del Prado y en 1928 se iniciaban los trámites para su compra al obispado de Zamora, interviniendo en las negociaciones en nombre de la pinacoteca el propio historiador, que trató con el suspicaz vicario capitular del obispado de Zamora para establecer un precio justo. Finalmente, el precio definitivo se fijó en 26.000 pesetas y el acta se firmó en San Román de Hornija el 20 de noviembre de 1928, firmándose el recibo de compra el 11 del mes de diciembre siguiente.

     En la compra se incluían veintitrés tablas, cuatro pertenecientes a la predela decoradas con tres medallones cada una, dieciocho correspondientes a los cuerpos —colocadas de forma aleatoria y forzada en la cabecera de la iglesia— y la tabla central del retablo de la Virgen con el Niño, que en ese momento estaba instalada en la sacristía de la iglesia. 

Para su traslado a Madrid, Gómez-Moreno encargó el desmontaje del retablo a Severiano Ballesteros, director del Museo Provincial de Palencia, y su acondicionamiento en un embalaje ligero para ser trasladado en camión desde San Román de Hornija hasta Medina del Campo, donde sería recogido por un delegado del Museo del Prado. Llegadas las tablas a Madrid por separado, la primera propuesta fue la necesaria restauración y ensamblaje, siendo aceptado el presupuesto presentado el 20 de noviembre de 1928 por la empresa “Carpintería de Bellas Artes de José Cano”, intervención que incluía el completamiento de los dorados de las tablas, respetando el oro preexistente y aplicando una entonación general, la restauración de la parte inferior de La Virgen con el Niño y la inclusión de una cartela imitando la estética gótica del retablo.

Detalle de la predela

El presupuesto de la restauración fue de 7.000 pesetas, siendo los trabajos realizados entre 1928 y 1930. En ellos se intentó, dentro de lo posible, realizar una intervención respetuosa con el original. A este respecto, Sánchez Cantón advertía en 1933 de otra posible disposición de las escenas al encontrar incoherencias tanto en las dimensiones como en la secuencia iconográfica, sugiriendo que en origen el retablo pudo tener seis tablas más, hoy dadas por perdidas.

 



Detalle de la predela
Informe: J. M. Travieso.
Fotografías: Web Museo Nacional del Prado.

 






Detalle de la Presentación en el Templo
Bibliografía

ANGULO ÍÑIGUEZ, Diego: La pintura trecentista en Toledo. Archivo Español de Arte, 7, 1931, pp. 272, 273.

JIMÉNEZ HORTELANO, Sonia: El Retablo del arzobispo don Sancho de Rojas. Adquisición, intervención y exposición en el Museo del Prado (1928-30). Boletín del Museo del Prado, tomo 35, 2017, pp. 113-119.

PIQUERO LÓPEZ, María Ángeles Blanca: La pintura gótica toledana anterior a 1450. El trecento. Caja de Ahorros, Toledo, 1984, pp. 57-235.

PORTÚS, Javier: La colección de pintura española en el Museo del Prado, Edilupa, Madrid, 2003, p 25.

La Flagelación
SÁNCHEZ CANTÓN, Francisco Javier: El retablo viejo de san Benito el Real de Valladolid en el Museo del Prado. Archivo español de arte, 14, 1940/1941, pp. 272-278.

SÁNCHEZ CANTÓN, Francisco Javier: Museo del Prado, 1819-1969. Museo del Prado, Madrid, 1969, p. 41.

YARZA LUACES, Joaquín: La pintura española medieval: el mundo gótico, La pintura en Europa. La pintura española, Milán, Electa, 1995, t. I, pp. 95 y 134.

 








Camino del Calvario














Detalle del Camino del Calvario








Detalle de la Piedad








Detalle de la Piedad








Detalle de la Ascensión








Detalle del Pentecostés








Remate del retablo







Reconstrucción del retablo de Alonso Berruguete, 1526-1532,
que sustituyó al del arzobispo don Sancho de Rojas en la
iglesia de San Benito el Real de Valladolid
Museo Nacional de Escultura 















Aspecto actual de la iglesia de San Benito el Real
Valladolid










Aspecto del retablo de don Sancho de Rojas en 1928
en la iglesia del cementerio de San Román de Hornija (Valladolid)











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1 de diciembre de 2025

Visita virtual: NIÑO JESÚS NAZARENO, un ejercicio de delicadeza para los sentidos


NIÑO JESÚS NAZARENO

Luisa Roldán, la Roldana (Sevilla, 1652 – Madrid, 1706)

A/ Niño Jesús Nazareno, Niño del Dolor, 1692, madera de castaño y telas encoladas policromadas, 75 cm

Real Congregación de San Fermín de los Navarros, Madrid

B/ Niño Jesús Nazareno, h. 1692, madera y telas encoladas policromadas, 71 cm

Convento de San Antón, Madres Capuchinas, Granada

Escultura barroca. Escuela sevillana
 

 

LUISA ROLDÁN. Niño del Dolor, 1692

     Dos obras destacadas en la producción de Luisa Roldán, apodada La Roldana, fueron realizadas en 1692: el monumental San Miguel luchando contra el demonio, elaborada para el rey Carlos II, que la destinó al Monasterio de El Escorial, actualmente en la Galería de las Colecciones Reales de Madrid, y el denominado Niño del Dolor para la reina Mariana de Neoburgo, obra que acabaría siendo recibida por la Real Congregación de San Fermín de los Navarros de Madrid. Ambas esculturas, destinadas a los reyes de España, fueron iniciadas cuando la escultora residía en Cádiz en 1687 atendiendo encargos para la corporación municipal y para el cabildo catedralicio, antes de su llegada a Madrid en 1689 con toda su familia, años en los que se fue forjando su personal estilo y aumentando su prestigio profesional, siendo posiblemente estas dos obras maestras las que fueron recompensadas en la corte de Carlos II con su nombramiento como Escultora de Cámara.

Fue su esposo, el escultor y dorador sevillano Luis Antonio de los Arcos, que trabajó en el taller de su padre Pedro Roldán, quien le permitió realizar el examen de maestría, el instalar taller propio —con la facultad de firmar contratos— y acoger aprendices y oficiales.

 La producción de Luisa Roldán sigue de cerca el estilo paterno, cuya influencia fue poderosa en el campo de la escultura barroca del último tercio del siglo XVII en Sevilla, especialmente patente en los trabajos realizados por sus hijas y maridos, como la escultora María Josefa Roldán (1644), casada con el escultor Matías de Brunenque; la policromadora Francisca Roldán (1651), casada con el escultor José Felipe Duque Cornejo; Luisa Roldán (1652), que contrajo matrimonio con el policromador Luis Antonio de los Arcos; Isabel Roldán (1657) casada con Alejandro Martagón, colaborador en el taller paterno; Marcelino José Roldán (1662), director del taller a la muerte de Pedro Roldán y padre de los escultores Jerónimo y Diego, así como Pedro de Santa María Roldán (1665), escultor que no alcanzaría el éxito.

LUISA ROLDÁN. Niño del Dolor, 1692

     No obstante, Luisa Roldán destacó desde sus inicios por su propio acento, desarrollando un estilo que se caracteriza por la delicadeza de los detalles, la dulzura de las expresiones, el tamaño doméstico de sus piezas y su preferencia por los temas relacionados con la infancia o la mujer, dejando tanto en barro policromado como en sus tallas en madera un conjunto de obras de calidad excepcional que no solo fueron reconocidas por los monarcas Carlos II y Felipe V, sino que también la sitúan entre los grandes maestros del barroco andaluz, con el aliciente de ser la única mujer que con su creatividad y dominio técnico alcanzó las cotas más altas de la escultura hispana en un sector de trabajo dominado secularmente por hombres.

 


A / NIÑO JESÚS NAZARENO, NIÑO DEL DOLOR, 1692.
Real Congregación de San Fermín de los Navarros, Madrid.

LUISA ROLDÁN. Niño del Dolor, 1692

     Por su calidad excepcional, con la figura de Luisa Roldán un tanto en la sombra, esta escultura fue atribuida durante mucho tiempo a grandes maestros barrocos, como los granadinos Alonso Cano y Pedro de Mena, apuntándose incluso su autoría al portugués Manuel Pereira. Recientemente, ha sido el historiador sevillano Alfonso Pleguezuelo quien ha documentado esta escultura como obra personal de Luisa Roldán basándose en un documento autógrafo, conservado en el archivo del Palacio Real, en el que Luisa Roldán solicita al rey Carlos II que le conceda un sueldo diario vinculado a su nombramiento como Escultora de Cámara, título simplemente honorífico que no implicaba recibir ninguna pensión económica.

Para merecer ese favor solicitado, la escultora expone como méritos el haber realizado dos esculturas, “la imagen del Ángel y el Niño Nazareno”, que Pleguezuelo identifica con la monumental escultura de San Miguel luchando con el diablo, hecha para el rey Carlos II, que la depositó en el Monasterio de El Escorial (actualmente expuesta en la Galería de las Colecciones Reales, Madrid), y el denominado Niño del Dolor, una delicada escultura en la modalidad de Niño Jesús Nazareno hecha para la reina Mariana de Neoburgo, segunda esposa de Carlos II, cuya boda por poderes se celebró el 28 de agosto de 1689 en la ciudad alemana de Ingolstadt y con presencia personal de ambos contrayentes el 14 de mayo de 1690 en la iglesia del convento de San Diego, anexo al Palacio Real de Valladolid.

LUISA ROLDÁN. Niño del Dolor, 1692
     A la muerte de la reina viuda Mariana de Neoburgo en 1740, en la realización del inventario de sus bienes y posesiones la delicada escultura del Niño del Dolor figuraba entre las pertenencias que la reina había dejado en Toledo en 1706 y que en 1729 fueron depositadas en el desaparecido Convento de las Monjas Vallecas de Madrid para su custodia y conservación, siendo citado en el inventario como “Un Niño Jesus de talla, de tres quartas de alto con la cruz a cuestas, y un pie sobre el glovo del mundo, y el otro sobre cavezas de angeles, con peana dorada, que la falta una de las seis bolas, y tiene potencias de plata, en tres dibisiones, y los dos tornillos para la cruz, y quebrados unos dedos”.

Al no figurar expresamente en el testamento de la reina que la escultura fuera donada a alguna persona en concreto o institución religiosa, pasó a pertenecer a Isabel de Farnesio, sobrina de la reina y su heredera universal, una aristócrata italiana que, como reina consorte de España —segunda esposa de Felipe V— formó una importante colección de arte a la que pertenecieron célebres pinturas conservadas en el Museo Nacional del Prado de Madrid.

LUISA ROLDÁN. Niño del Dolor, 1692

     En 1761 el Niño del Dolor fue donado por Isabel de Farnesio a la Real Congregación de San Fermín de los Navarros atendiendo la petición de Francisco Miguel de Goyeneche, tesorero de la reina desde 1724 y nombrado conde de Saceda en 1740. Este era hijo de Juan de Goyeneche, que fuera tesorero de Mariana de Neoburgo desde 1699 y vinculado a la Real Congregación desde sus orígenes, a los que las reinas tenían en estima. También influyó en la donación el navarro Francisco de Indaburu, Secretario de Estado desde 1739 e igualmente miembro de la Real Congregación de San Fermín de los Navarros.

Como agradecimiento al valioso donativo de la escultura de Luisa Roldán, que fue tasada ese año en 1.200 reales, se celebró un funeral en memoria de la reina Mariana de Neoburgo, siendo la escultura colocada en el altar mayor de la iglesia de la Congregación. Tras ser sacada en procesión en algunas ocasiones y apreciándose un cierto deterioro, la escultura fue restaurada en 1889 por A. Gil Montejano.

Un hecho decisivo para su conservación fue el traslado de la imagen por motivos de seguridad, ya en el siglo XX, al Salón de Juntas de la Real Congregación, con lo que pudo librarse de la quema de obras religiosas que sufrió la iglesia durante la Guerra Civil española. Durante el año 2000 la escultura fue minuciosamente restaurada por Cristóbal Antón. 

LUISA ROLDÁN. Niño del Dolor, 1692

     El conocido como Niño del Dolor es una escultura de bulto realizada en madera de castaño y con 75 cm de altura, iniciada por Luisa Roldán en su etapa gaditana contando con su marido Luis Antonio de los Arcos como colaborador y terminada en 1692 en el Alcázar de los Austrias en Madrid, donde la escultora tenía su alojamiento durante su etapa madrileña (1689-1706). El hecho de que estuviera concebida para la reina Mariana de Neoburgo, es decir, destinada a ser una obra de devoción cortesana, puede explicar su refinada concepción y el alarde técnico de su ejecución.

El Niño del Dolor se encuadra en la iconografía del Niño Jesús Nazareno, derivada de la tipología de las imágenes del Niño Jesús Pasionario, una iconografía piadosa en la que el Divino Infante aparece representando con los estigmas, el sufrimiento y los atributos de la Pasión, un tipo de representación que en España alcanzó un gran desarrollo —especialmente en las clausuras— durante los siglos XVII y XVIII. Siguiendo los postulados de la Contrarreforma, este tipo de representación venía a prefigurar el sacrificio de Cristo para redimir al mundo, intentando al tiempo provocar la piedad y la emoción en los fieles a través de los sentidos y sentimientos, en esta obra de Luisa Roldán suscitando con su expresión de sufrimiento —acentuada por tratarse de un niño— una compasión cargada de un hondo misticismo.

LUISA ROLDÁN. Niño del Dolor, 1692

     El Niño Jesús, caracterizado de nazareno, camina cargando sobre su hombro izquierdo una cruz de madera sin desbastar que es sostenida por sus manos finamente modeladas. Viste una túnica larga, creada en tela encolada, que está ceñida a la cintura y adaptada con suavidad a su anatomía. Su cabeza, algo caída hacia adelante acusando el peso, está cubierta por una larga melena de tonos castaños, con raya al medio y bucles ondulados que, como si estuvieran modelados en barro, enmarcan el bello rostro del infante, que denota el esfuerzo con la boca abierta, dejando visibles los dientes.  

En su caminar adelanta el pie izquierdo, que apoya sobre el globo terráqueo — símbolo del alcance universal de su misión—, mientras el derecho, más retrasado, lo hace sobre la cabeza de un querubín que, al igual que los otros tres que le acompañan, muestran gestos lastimosos de dolor. Todos estos elementos simbólicos conforman la base de la escultura y descansan sobre su elaborada peana original, que con 30 cm de altura tiene forma hexagonal, apoyada sobre bolas y decorada al frente con formas florales en relieve.

LUISA ROLDÁN. Niño del Dolor, 1692
Detalle de la policromía, con medallones a punta de pincel
con temas del Antiguo Testamento

     Mención especial merece la policromía aplicada por Tomás de los Arcos, hermano del marido de Luisa Roldán y por lo tanto su cuñado, que en el taller se ocupó de policromar muchas de sus esculturas. La entonación cálida del conjunto sigue la estela de las policromías aplicadas en Sevilla por Juan Valdés Leal, pintor, maestro en dorado y estofado y colaborador como artífice de la policromía en importantes obras de su padre Pedro Roldán. Las carnaciones reciben el tratamiento de una pintura de caballete, como las mejillas sonrosadas del Niño —blando y sensible—, las cabezas de los ángeles, los continentes y océanos en el globo terráqueo, etc., aunque hay un detalle realmente original: para acentuar el carácter premonitorio del tema representado, en el policromado de la túnica, decorada con aguadas de motivos vegetales en tonos violáceos, se insertan dieciséis medallones, igualmente aplicados a punta de pincel, en los que se representan diminutas escenas del Antiguo Testamento que prefiguran la Pasión de Cristo, algo único en la escultura española1. Por ejemplo, sobre la rodilla avanzada, se representa a Isaac llevando al hombro la leña (Génesis 22; 6).

Para realizar tan expresiva escultura, Luisa Roldán seguramente se inspiró en grabados devocionales del flamenco Hieronymus Wierix o de Philips Galle que circulaban en España por los talleres artísticos, aunque también es posible que encontrara su inspiración en el cercano Valdés Leal, cuyas pinturas con el tema del Niño Jesús guarda notables concomitancias.

 

LUISA ROLDÁN. Niño Jesús Nazareno, hacia 1692
Convento de San Antón, Granada
B / NIÑO JESÚS NAZARENO, hacia 1692.
Convento de San Antón, Madres Capuchinas, Granada.

Una segunda y magnífica versión del mismo tema, con similares dimensiones (71 cm y peana de 39 cm de altura), se conserva en el convento de Capuchinas de San Antón de Granada. Este Niño Jesús Nazareno se debe igualmente a las gubias de Luisa Roldán, que habría contado con la colaboración de su marido Luis Antonio de los Arcos, mientras la policromía corrió de nuevo a cargo de su cuñado Tomás de los Arcos.

Se apunta que posiblemente fuera realizada, hacia el mismo año que la anterior, para la duquesa de Berlips (María Josefa Gertrudis Wolff von Gudenberg), noble cortesana del séquito de la reina Mariana de Neoburgo que la acompañó en su viaje a España y posteriormente ejerció como su camarera mayor y confidente. Se desconocen las circunstancias en que llegó al convento granadino.

La escultura repite la composición del Niño del Dolor madrileño con ligeras variantes, con la figura del Divino Infante en actitud de marcha y portando sobre su hombro izquierdo una cruz de troncos circulares con nudos visibles, la túnica dispuesta de igual manera y con la novedad de presentar una soga anudada al cuello y que baja para ceñir la cintura mediante un anudamiento en el costado derecho. En la base se repite el apoyo del pie izquierdo sobre el globo terráqueo —en el que se reproducen mares y continentes— y el derecho sobre una de las cabezas de los cuatro querubines alados con rictus apenado, elementos simbólicos que aluden al alcance universal de su sacrificio y al fin doloroso al que se encamina el Niño.

LUISA ROLDÁN. Niño Jesús Nazareno, hacia 1692
Convento de San Antón, Granada

     En este caso la posición de la cabeza aparece más erguida y ligeramente ladeada hacia la derecha, permitiendo contemplar fácilmente la expresión facial de un bello rostro que muestra el esfuerzo de soportar el peso de la cruz con la intención de conmover al espectador, repitiéndose el trabajo de los bucles de la cabellera como si fuera un suave modelado en barro. Desgraciadamente, las manos no son las originales, pues se perdieron durante un incidente y fueron rehechas por un escultor muy alejado del virtuosismo que caracteriza a Luisa Roldán. Por el contrario, se conserva la peana original, de forma hexagonal, con tres niveles, las superficies decoradas con motivos vegetales en relieve y enteramente dorada.

No obstante, el elemento que marca la mayor diferencia de este Niño Jesús Nazareno de Granada respecto al Niño del Dolor madrileño es el cambio de color en la policromía de la túnica aplicada por Tomás de los Arcos que, manteniendo los mismos motivos decorativos vegetales, sustituye los tonos violáceos por otros grisáceos, manteniendo la originalidad de insertar, a punta de pincel, una serie de medallones con escenas del Antiguo Testamento que prefiguran el sacrificio de Cristo tomando como referencia al que coincide con la rodilla izquierda, que en este caso representa a Sansón bebiendo de la quijada del asno (Jueces 15; 15-19). El acertado tratamiento de la policromía, cercana a los modos de Valdés Leal, contribuye a sugerir la naturaleza divina del Niño, que se muestra ante el espectador dotada de luz interior y llena de trascendencia mística, aunque su condición frágil y humana queda reflejada en las mejillas sonrosadas, en el tono de los labios, en los párpados enrojecidos, etc.

LUISA ROLDÁN. Niño Jesús Nazareno, hacia 1692
Convento de San Antón, Granada

     Por todo lo expuesto, como opina Amador Marrero, ambas esculturas de los infantes nazarenos de Luisa Roldán, por su originalidad y perfección técnica, deben considerarse como verdaderos referentes de la plástica escultórica española.        

 

Informe y fotografías: J. M. Travieso.

 

Notas 

1 AMADOR MARRERO, Pablo Francisco: Niño Jesús Nazareno. En catálogo de la exposición “Luisa Roldán. Escultora Real”, Museo Nacional de Escultura, Valladolid, 2024, p. 184.

 


LUISA ROLDÁN. Niño Jesús Nazareno, hacia 1692
Convento de San Antón, Granada










LUISA ROLDÁN. Niño Jesús Nazareno, hacia 1692
Convento de San Antón, Granada










LUISA ROLDÁN. Niño Jesús Nazareno, hacia 1692
Convento de San Antón, Granada










LUISA ROLDÁN. Niño Jesús Nazareno, hacia 1692
Convento de San Antón, Granada










LUISA ROLDÁN. Niño Jesús Nazareno, hacia 1692
Convento de San Antón, Granada










Hieronymus Wierix
Grabados del Niño Jesús de la Pasión










Izda: LUISA ROLDÁN. Jesús Nazareno
Convento de las Nazarenas, Sisante (Cuenca)
Dcha: Francisco Gazán. Grabado de Jesús Nazareno de Sisante
Colección particular















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