4 de abril de 2014

Visita virtual: CAPILLA DEL SANTÍSIMO, alegoría de los frutos del mar y de la tierra









CAPILLA DEL SANTÍSIMO
Miquel Barceló (Felanich, Mallorca, 1957)
2001-2006
Terracota
Catedral de Palma de Mallorca
Arte contemporáneo. Pintura y escultura experimental y abstracta









La capilla del Santísimo de la catedral de Palma de Mallorca es un conjunto singular por su carácter, concepción, aspectos plásticos, ubicación y complejidad técnica. Se trata de una obra contemporánea, realizada en terracota por el afamado artista mallorquín Miquel Barceló, que recubre por completo, a modo de piel superpuesta, la capilla absidial de estilo gótico levantada en el siglo XIV en el lado de la Epístola, antes capilla de San Pedro.


La incorporación al templo catedralicio de esta obra, que aglutina pintura y escultura a través de un tratamiento cerámico, se produjo entre los años 2001 y 2006, en un proceso que abarcó desde la aprobación del proyecto hasta su finalización y montaje, hecho que constituyó todo un acontecimiento artístico en la isla y en el atribulado mundo de las artes actuales. La arriesgada obra concebida por Miquel Barceló básicamente consiste en la creación de tres paredes modeladas, cocidas y policromadas en cerámica, que ocupan una superficie de unos 300 m2 y compuesta por una serie de grandes piezas sujetas a una estructura metálica que adherida a los muros respeta la construcción gótica preexistente. Se acompaña de cinco vitrales de 12 metros de altura con diseños de grisallas y un conjunto de mobiliario litúrgico compuesto por una funcional cátedra episcopal, un atril, un candelabro y dos bancos laterales corridos para dieciséis plazas, todo en piedra arenisca, así como el preceptivo altar, que fue realizado en piedra mallorquina de Binissalem.


El referente principal del recinto es la figura de Cristo resucitado, colocado al frente de la composición y sobre el sagrario que preside la capilla. A su alrededor Barceló recrea con imágenes de su universo personal una iconografía de simbolismo eucarístico inspirada en los episodios evangélicos de la multiplicación de los panes y los peces y las bodas de Caná, tomando como fuente de inspiración la historia, la cultura, la flora, los frutos y los animales terrestres y marinos de la isla mediterránea, lo que unido a la grisácea iluminación de las vidrieras configura un espacio intimista que sugiere una recreación del fondo abisal, poblado por variadas y reconocibles especies marinas y representado en la pared izquierda como síntesis de los frutos del mar, contrapuesto a la pared derecha, donde, en una superficie con la misma tonalidad de la arena de las playas, aparece todo un repertorio de los frutos de la tierra identificados con los cultivos mediterráneos.


El proyecto fraguó a raíz de la propuesta de la Universidad de las Islas Baleares de la concesión al artista del título de doctor honoris causa, que aceptó deseando acompañar la realización de una gran obra en su isla que sería, según el pintor, su discurso de investidura. En un principio se pensó en realizar una exposición en el marco de la catedral en el año 2003, debido al interés de Barceló en hacer unos trabajos sobre gárgolas, a lo que fue favorable el obispado, planteándose como únicos inconvenientes las partidas económicas. A partir del año 2000, Barceló comenzó a visitar la catedral para su preparación y poco después junto al obispo acordaron acometer la obra en la capilla de San Pedro, situada en el ábside lateral derecho, una capilla con una dotación artística sensiblemente inferior a la capilla mayor y la capilla de la Trinidad, situadas bajo el gran rosetón y dotadas de abundantes obras góticas y modernistas, y la capilla del Corpus Christi, situada en el ábside izquierdo, presidida por un gran retablo barroco.


La catedral, que ya conocía las intervenciones decimonónicas de Gaudí y Josep María Jujol, estaba abierta a la penetración del arte de vanguardia, de modo que el 16 de diciembre de 2000 se autorizó la intervención de Miquel Barceló y la retirada del retablo neoclásico de la capilla de San Pedro tres días antes de que el artista fuera nombrado doctor honoris causa.

En enero de 2001 se concretó que la capilla tendría la función de adoración al Santísimo y que debía disponer de sitiales de coro, eligiéndose el milagro de la multiplicación de los panes y los peces como tema a representar por su prefiguración eucarística. En marzo del mismo año se solicitó al artista una maqueta y al arquitecto Enric Taltavull un levantamiento de planos de la capilla para iniciar la búsqueda de la financiación del proyecto, que se acabó de definir el 29 de junio de 2001, lo que hacía necesaria la retirada de dos sepulcros laterales pertenecientes a los obispos Bernat Cotoner y Miquel Salvá.

Elaborada la maqueta en el taller del ceramista Vicenzo Santoriello, en la localidad amalfitana de Vietri sul Mare, donde sería finalmente realizada toda la obra, fue entregada en octubre y se expuso al Obispado y Cabildo de la Catedral, a las Conserjerías de Educación, Cultura y Turismo, a la Comisión Diocesana del Patrimonio Histórico-Artístico, a miembros del Consejo de Mallorca y representantes del Ayuntamiento, junto a otras personas interesadas en su financiación, siendo aprobado el proyecto en diciembre de 2001, lo que favoreció la creación en mayo de 2002 de una fundación específica para gestionar las obras de la denominada "Fundación Art a la Seu de Mallorca".

La obra fue comenzada oficialmente el 24 de septiembre de 2002 con el desmonte del retablo y los dos sepulcros, que fueron trasladados a las capillas del Descendimiento y del Corazón de Jesús. En primer lugar se hizo la adecuación de la capilla para acoger la obra proyectada, instalándose una estructura metálica que respeta la arquitectura preexistente y que permitió el complejo ensamblaje de los múltiples bloques de terracota, que alcanzan los 16 metros de altura, a medida que llegaban desde Italia en piezas, encajados como en un gigantesco puzzle hasta formar el novedoso y sorprendente mural cuya estética se adapta con habilidad, al tiempo que se convierte en un elemento sorpresivo, a la capilla gótica preexistente y su entorno.

Barceló trabajó las grandes piezas en el taller de Vietri empleando en el empeño todo su cuerpo hasta lograr una metamorfosis del barro que poco a poco pasaba a convertirse en elementos figurativos fácilmente reconocibles a través de una cocción a mil cincuenta grados. El artista jugó con las grietas de unión de las piezas inspirándose en la sequedad de los territorios africanos, una experiencia novedosa en su carrera, con las texturas de los engobes en la arcilla y con un colorido mate que resalta los motivos vegetales y animales. El mural fue terminado el 7 de julio de 2003 y terminado de instalar con anclajes de aluminio el 2 de agosto de 2004.

La última fase fue la elaboración de los vitrales en el taller de Jean-Dominique Fleury en Toulouse, que fueron rematados en diciembre de 2006. En ellos predomina una gama de grises con toques azulados y verdosos y muestran formas que representan palmas, raíces, olas y algas, en un intento de reproducir una apagada luminosidad inspirada en el fondo del mar, llegando a convertirse tan peculiar luz en la clave simbólica de la capilla, donde se crea un ambiente intimista, profundo y marino.

La Capilla del Santísimo fue bendecida por monseñor Jesús Murgui Soriano, obispo de Mallorca, en una ceremonia solemne celebrada el 2 de febrero de 2007, que contó con la presencia de los Reyes de España.

LA ICONOGRAFÍA CREADA POR BARCELÓ

De alguna manera la disposición del recubrimiento cerámico parte del concepto del retablo tradicional, en este caso formando un tríptico con tres frescos cerámicos y dos cuevas angulares. En el muro izquierdo está representado el mar, en el derecho la tierra y en el centro la humanidad, los tres siguiendo el hilo conductor de la multiplicación de panes y peces, cuyo concepto se extiende a la representación de todos los frutos de la tierra y el mar, la mayoría de ellos inspirados, como ya se ha dicho, en los que ofrece la geografía balear.

Barceló experimenta creando una superficie plana y agrietada que en conjunto conserva los tonos de la arena costera. Sobre ella destaca, en unos casos pintados y en otros modelados en relieve, todo un repertorio de animales y frutos que, a pesar de estar planteados como un juego de abstracción, son perfectamente identificables como elementos figurativos que se convierten en una amalgama de símbolos y metáforas de contenido religioso.

Los frutos del mar
El muro izquierdo sugiere con claridad un fondo marino sobrevolado por una enorme ola de intensos tonos azulados que se despega de la pared y se abate sobre el espacio pareciendo formar espuma en los ribetes más altos. Por debajo pululan entre otras especies, sobre un lecho de algas, lubinas, mejillones, rayas, pulpos, anguilas y toda suerte de peces de distintos tamaños y disposición; unos en solitario, otros en bancos; unos pequeños, otros enormes; unos definidos por su modelado, otros esbozados con manchas de color. Por la superficie aparecen desperdigados enormes anzuelos metálicos que aluden a las artes de la pesca por parte de los hombres, que aquí adquieren un carácter metafórico de tipo religioso.

El mundo marino se prolonga por el ángulo izquierdo de la capilla, donde se abre la puerta que comunica con la sacristía, a través de una formación muy barroquizante y abstracta que recuerda formaciones marinas de corales y que produce un contrastado efecto de claroscuro inspirado en el fondo marino. Junto a ella se distingue la gran figura de un pez espada, símbolo de la lanza que abrió el costado de Cristo.

Los frutos de la tierra
El esquema se repite en el muro derecho, en este caso dejando visible una gran variedad de frutas y hortalizas entre las que se identifican calabazas, melones, la variedad de sandía de la zona mallorquina de Villafranca de Bonany, naranjas y limones mediterráneos, granadas, berenjenas (base del tumbet mallorquín), tomates, etc., cuyas tonalidades contrastan con el color de la arcilla como metáfora de todos los bienes que proporciona la Tierra. Dispersos sobre algunas frutas aparecen algunos cuchillos, aunque la simbología eucarística se concentra en amontonamientos de resquebrajados panes mallorquines, en los racimos de uvas y en las tinajas de vino.

La escena se continúa por las enredaderas que trepan junto a los vitrales y en un espacio angular bien diferenciado que adopta la forma de una trompa arquitectónica bajo la que se articula un espacio cóncavo en cuyo interior aparece una acumulación de panes y ánforas, estando rematado por una col o repollo de gran tamaño y con hojas verdosas sobre la que penden pequeñas formaciones colgantes, a modo de estalactitas inspiradas en las cuevas del Drach y de Artá.   


La figura de Cristo como redentor
En el centro del paño central destaca el relieve blanquecino de Cristo resucitado, cuya imagen deja visibles las heridas en pies, manos y costado. Es una figura resplandeciente, transfigurada, convertida en un referente luminoso, la única imagen antropomórfica de la capilla. A los lados aparecen como motivos simbólicos el ya citado pez espada y una palmera, mientras a sus pies se coloca el sagrario, en cuya puerta dorada se plasman huellas de manos como símbolo de adoración. Por debajo de éste se simula un osario con innumerables calaveras apiladas que forman una composición muy original y que aluden a la humanidad redimida o al triunfo sobre la muerte. Su disposición toma la forma de un pequeño altar sobre el que reposan distintos recipientes de barro, algunos de ellos conteniendo flores blancas.




Los valores plásticos
Si hubiera que señalar el elemento más destacado del conjunto sin duda sería la luz. Barceló ha conseguido realizar una obra conceptual, una lluvia de metáforas, en las que prima el color de la arena de la playa, con una sugestiva referencia a la naturaleza que en forma de agua marina y ramificaciones vegetales trepa por los muros hasta fusionarse de forma natural con la arquitectura gótica subyacente. El estilo personal de Barceló queda patente en el trabajo de la arcilla, modelada mediante golpes e incisiones muy pronunciadas, con numerosas perforaciones en una búsqueda obsesiva por dejar circular el aire. Sin embargo el conjunto, debido a la referencia a las catacumbas por la acumulación de cráneos, y a los fondos abisales ocupados por algas, aparece convertido en una especie de cripta submarina en la que reina el silencio.


La capilla del Santísimo de Miquel Barceló adquiere en su contexto una belleza trascendente de simbolismo eucarístico, presentándose como una escritura con mensaje críptico realizada en barro y vidrio, aire y agua, tierra y fuego, metáfora y silencio. La atrevida obra antecede en su concepción dinámica, rica e imaginativa, basada en la naturaleza, a la enorme y polémica cúpula que el mismo artista hiciera para la Sala XX del Palacio de las Naciones en Ginebra, que fue inaugurada en noviembre de 2008.



Informe y fotografías: J. M. Travieso.
































































Miquel Barceló, 2008, cúpula del Palacio de las Naciones de Ginebra














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