4 de marzo de 2025

Visita virtual: NIÑO JESÚS NAZARENO, un ejercicio de delicadeza para los sentidos


NIÑO JESÚS NAZARENO

Luisa Roldán, la Roldana (Sevilla, 1652 – Madrid, 1706)

A/ Niño Jesús Nazareno, Niño del Dolor, 1692, madera de castaño y telas encoladas policromadas, 75 cm

Real Congregación de San Fermín de los Navarros, Madrid

B/ Niño Jesús Nazareno, h. 1692, madera y telas encoladas policromadas, 71 cm

Convento de San Antón, Madres Capuchinas, Granada

Escultura barroca. Escuela sevillana
 

 

LUISA ROLDÁN. Niño del Dolor, 1692

     Dos obras destacadas en la producción de Luisa Roldán, apodada La Roldana, fueron realizadas en 1692: el monumental San Miguel luchando contra el demonio, elaborada para el rey Carlos II, que la destinó al Monasterio de El Escorial, actualmente en la Galería de las Colecciones Reales de Madrid, y el denominado Niño del Dolor para la reina Mariana de Neoburgo, obra que acabaría siendo recibida por la Real Congregación de San Fermín de los Navarros de Madrid. Ambas esculturas, destinadas a los reyes de España, fueron iniciadas cuando la escultora residía en Cádiz en 1687 atendiendo encargos para la corporación municipal y para el cabildo catedralicio, antes de su llegada a Madrid en 1689 con toda su familia, años en los que se fue forjando su personal estilo y aumentando su prestigio profesional, siendo posiblemente estas dos obras maestras las que fueron recompensadas en la corte de Carlos II con su nombramiento como Escultora de Cámara.

Fue su esposo, el escultor y dorador sevillano Luis Antonio de los Arcos, que trabajó en el taller de su padre Pedro Roldán, quien le permitió realizar el examen de maestría, el instalar taller propio —con la facultad de firmar contratos— y acoger aprendices y oficiales.

 La producción de Luisa Roldán sigue de cerca el estilo paterno, cuya influencia fue poderosa en el campo de la escultura barroca del último tercio del siglo XVII en Sevilla, especialmente patente en los trabajos realizados por sus hijas y maridos, como la escultora María Josefa Roldán (1644), casada con el escultor Matías de Brunenque; la policromadora Francisca Roldán (1651), casada con el escultor José Felipe Duque Cornejo; Luisa Roldán (1652), que contrajo matrimonio con el policromador Luis Antonio de los Arcos; Isabel Roldán (1657) casada con Alejandro Martagón, colaborador en el taller paterno; Marcelino José Roldán (1662), director del taller a la muerte de Pedro Roldán y padre de los escultores Jerónimo y Diego, así como Pedro de Santa María Roldán (1665), escultor que no alcanzaría el éxito.

LUISA ROLDÁN. Niño del Dolor, 1692

     No obstante, Luisa Roldán destacó desde sus inicios por su propio acento, desarrollando un estilo que se caracteriza por la delicadeza de los detalles, la dulzura de las expresiones, el tamaño doméstico de sus piezas y su preferencia por los temas relacionados con la infancia o la mujer, dejando tanto en barro policromado como en sus tallas en madera un conjunto de obras de calidad excepcional que no solo fueron reconocidas por los monarcas Carlos II y Felipe V, sino que también la sitúan entre los grandes maestros del barroco andaluz, con el aliciente de ser la única mujer que con su creatividad y dominio técnico alcanzó las cotas más altas de la escultura hispana en un sector de trabajo dominado secularmente por hombres.

 


A / NIÑO JESÚS NAZARENO, NIÑO DEL DOLOR, 1692.
Real Congregación de San Fermín de los Navarros, Madrid.

LUISA ROLDÁN. Niño del Dolor, 1692

     Por su calidad excepcional, con la figura de Luisa Roldán un tanto en la sombra, esta escultura fue atribuida durante mucho tiempo a grandes maestros barrocos, como los granadinos Alonso Cano y Pedro de Mena, apuntándose incluso su autoría al portugués Manuel Pereira. Recientemente, ha sido el historiador sevillano Alfonso Pleguezuelo quien ha documentado esta escultura como obra personal de Luisa Roldán basándose en un documento autógrafo, conservado en el archivo del Palacio Real, en el que Luisa Roldán solicita al rey Carlos II que le conceda un sueldo diario vinculado a su nombramiento como Escultora de Cámara, título simplemente honorífico que no implicaba recibir ninguna pensión económica.

Para merecer ese favor solicitado, la escultora expone como méritos el haber realizado dos esculturas, “la imagen del Ángel y el Niño Nazareno”, que Pleguezuelo identifica con la monumental escultura de San Miguel luchando con el diablo, hecha para el rey Carlos II, que la depositó en el Monasterio de El Escorial (actualmente expuesta en la Galería de las Colecciones Reales, Madrid), y el denominado Niño del Dolor, una delicada escultura en la modalidad de Niño Jesús Nazareno hecha para la reina Mariana de Neoburgo, segunda esposa de Carlos II, cuya boda por poderes se celebró el 28 de agosto de 1689 en la ciudad alemana de Ingolstadt y con presencia personal de ambos contrayentes el 14 de mayo de 1690 en la iglesia del convento de San Diego, anexo al Palacio Real de Valladolid.

LUISA ROLDÁN. Niño del Dolor, 1692
     A la muerte de la reina viuda Mariana de Neoburgo en 1740, en la realización del inventario de sus bienes y posesiones la delicada escultura del Niño del Dolor figuraba entre las pertenencias que la reina había dejado en Toledo en 1706 y que en 1729 fueron depositadas en el desaparecido Convento de las Monjas Vallecas de Madrid para su custodia y conservación, siendo citado en el inventario como “Un Niño Jesus de talla, de tres quartas de alto con la cruz a cuestas, y un pie sobre el glovo del mundo, y el otro sobre cavezas de angeles, con peana dorada, que la falta una de las seis bolas, y tiene potencias de plata, en tres dibisiones, y los dos tornillos para la cruz, y quebrados unos dedos”.

Al no figurar expresamente en el testamento de la reina que la escultura fuera donada a alguna persona en concreto o institución religiosa, pasó a pertenecer a Isabel de Farnesio, sobrina de la reina y su heredera universal, una aristócrata italiana que, como reina consorte de España —segunda esposa de Felipe V— formó una importante colección de arte a la que pertenecieron célebres pinturas conservadas en el Museo Nacional del Prado de Madrid.

LUISA ROLDÁN. Niño del Dolor, 1692

     En 1761 el Niño del Dolor fue donado por Isabel de Farnesio a la Real Congregación de San Fermín de los Navarros atendiendo la petición de Francisco Miguel de Goyeneche, tesorero de la reina desde 1724 y nombrado conde de Saceda en 1740. Este era hijo de Juan de Goyeneche, que fuera tesorero de Mariana de Neoburgo desde 1699 y vinculado a la Real Congregación desde sus orígenes, a los que las reinas tenían en estima. También influyó en la donación el navarro Francisco de Indaburu, Secretario de Estado desde 1739 e igualmente miembro de la Real Congregación de San Fermín de los Navarros.

Como agradecimiento al valioso donativo de la escultura de Luisa Roldán, que fue tasada ese año en 1.200 reales, se celebró un funeral en memoria de la reina Mariana de Neoburgo, siendo la escultura colocada en el altar mayor de la iglesia de la Congregación. Tras ser sacada en procesión en algunas ocasiones y apreciándose un cierto deterioro, la escultura fue restaurada en 1889 por A. Gil Montejano.

Un hecho decisivo para su conservación fue el traslado de la imagen por motivos de seguridad, ya en el siglo XX, al Salón de Juntas de la Real Congregación, con lo que pudo librarse de la quema de obras religiosas que sufrió la iglesia durante la Guerra Civil española. Durante el año 2000 la escultura fue minuciosamente restaurada por Cristóbal Antón. 

LUISA ROLDÁN. Niño del Dolor, 1692

     El conocido como Niño del Dolor es una escultura de bulto realizada en madera de castaño y con 75 cm de altura, iniciada por Luisa Roldán en su etapa gaditana contando con su marido Luis Antonio de los Arcos como colaborador y terminada en 1692 en el Alcázar de los Austrias en Madrid, donde la escultora tenía su alojamiento durante su etapa madrileña (1689-1706). El hecho de que estuviera concebida para la reina Mariana de Neoburgo, es decir, destinada a ser una obra de devoción cortesana, puede explicar su refinada concepción y el alarde técnico de su ejecución.

El Niño del Dolor se encuadra en la iconografía del Niño Jesús Nazareno, derivada de la tipología de las imágenes del Niño Jesús Pasionario, una iconografía piadosa en la que el Divino Infante aparece representando con los estigmas, el sufrimiento y los atributos de la Pasión, un tipo de representación que en España alcanzó un gran desarrollo —especialmente en las clausuras— durante los siglos XVII y XVIII. Siguiendo los postulados de la Contrarreforma, este tipo de representación venía a prefigurar el sacrificio de Cristo para redimir al mundo, intentando al tiempo provocar la piedad y la emoción en los fieles a través de los sentidos y sentimientos, en esta obra de Luisa Roldán suscitando con su expresión de sufrimiento —acentuada por tratarse de un niño— una compasión cargada de un hondo misticismo.

LUISA ROLDÁN. Niño del Dolor, 1692

     El Niño Jesús, caracterizado de nazareno, camina cargando sobre su hombro izquierdo una cruz de madera sin desbastar que es sostenida por sus manos finamente modeladas. Viste una túnica larga, creada en tela encolada, que está ceñida a la cintura y adaptada con suavidad a su anatomía. Su cabeza, algo caída hacia adelante acusando el peso, está cubierta por una larga melena de tonos castaños, con raya al medio y bucles ondulados que, como si estuvieran modelados en barro, enmarcan el bello rostro del infante, que denota el esfuerzo con la boca abierta, dejando visibles los dientes.  

En su caminar adelanta el pie izquierdo, que apoya sobre el globo terráqueo — símbolo del alcance universal de su misión—, mientras el derecho, más retrasado, lo hace sobre la cabeza de un querubín que, al igual que los otros tres que le acompañan, muestran gestos lastimosos de dolor. Todos estos elementos simbólicos conforman la base de la escultura y descansan sobre su elaborada peana original, que con 30 cm de altura tiene forma hexagonal, apoyada sobre bolas y decorada al frente con formas florales en relieve.

LUISA ROLDÁN. Niño del Dolor, 1692
Detalle de la policromía, con medallones a punta de pincel
con temas del Antiguo Testamento

     Mención especial merece la policromía aplicada por Tomás de los Arcos, hermano del marido de Luisa Roldán y por lo tanto su cuñado, que en el taller se ocupó de policromar muchas de sus esculturas. La entonación cálida del conjunto sigue la estela de las policromías aplicadas en Sevilla por Juan Valdés Leal, pintor, maestro en dorado y estofado y colaborador como artífice de la policromía en importantes obras de su padre Pedro Roldán. Las carnaciones reciben el tratamiento de una pintura de caballete, como las mejillas sonrosadas del Niño —blando y sensible—, las cabezas de los ángeles, los continentes y océanos en el globo terráqueo, etc., aunque hay un detalle realmente original: para acentuar el carácter premonitorio del tema representado, en el policromado de la túnica, decorada con aguadas de motivos vegetales en tonos violáceos, se insertan dieciséis medallones, igualmente aplicados a punta de pincel, en los que se representan diminutas escenas del Antiguo Testamento que prefiguran la Pasión de Cristo, algo único en la escultura española1. Por ejemplo, sobre la rodilla avanzada, se representa a Isaac llevando al hombro la leña (Génesis 22; 6).

Para realizar tan expresiva escultura, Luisa Roldán seguramente se inspiró en grabados devocionales del flamenco Hieronymus Wierix o de Philips Galle que circulaban en España por los talleres artísticos, aunque también es posible que encontrara su inspiración en el cercano Valdés Leal, cuyas pinturas con el tema del Niño Jesús guarda notables concomitancias.

 

LUISA ROLDÁN. Niño Jesús Nazareno, hacia 1692
Convento de San Antón, Granada
B / NIÑO JESÚS NAZARENO, hacia 1692.
Convento de San Antón, Madres Capuchinas, Granada.

Una segunda y magnífica versión del mismo tema, con similares dimensiones (71 cm y peana de 39 cm de altura), se conserva en el convento de Capuchinas de San Antón de Granada. Este Niño Jesús Nazareno se debe igualmente a las gubias de Luisa Roldán, que habría contado con la colaboración de su marido Luis Antonio de los Arcos, mientras la policromía corrió de nuevo a cargo de su cuñado Tomás de los Arcos.

Se apunta que posiblemente fuera realizada, hacia el mismo año que la anterior, para la duquesa de Berlips (María Josefa Gertrudis Wolff von Gudenberg), noble cortesana del séquito de la reina Mariana de Neoburgo que la acompañó en su viaje a España y posteriormente ejerció como su camarera mayor y confidente. Se desconocen las circunstancias en que llegó al convento granadino.

La escultura repite la composición del Niño del Dolor madrileño con ligeras variantes, con la figura del Divino Infante en actitud de marcha y portando sobre su hombro izquierdo una cruz de troncos circulares con nudos visibles, la túnica dispuesta de igual manera y con la novedad de presentar una soga anudada al cuello y que baja para ceñir la cintura mediante un anudamiento en el costado derecho. En la base se repite el apoyo del pie izquierdo sobre el globo terráqueo —en el que se reproducen mares y continentes— y el derecho sobre una de las cabezas de los cuatro querubines alados con rictus apenado, elementos simbólicos que aluden al alcance universal de su sacrificio y al fin doloroso al que se encamina el Niño.

LUISA ROLDÁN. Niño Jesús Nazareno, hacia 1692
Convento de San Antón, Granada

     En este caso la posición de la cabeza aparece más erguida y ligeramente ladeada hacia la derecha, permitiendo contemplar fácilmente la expresión facial de un bello rostro que muestra el esfuerzo de soportar el peso de la cruz con la intención de conmover al espectador, repitiéndose el trabajo de los bucles de la cabellera como si fuera un suave modelado en barro. Desgraciadamente, las manos no son las originales, pues se perdieron durante un incidente y fueron rehechas por un escultor muy alejado del virtuosismo que caracteriza a Luisa Roldán. Por el contrario, se conserva la peana original, de forma hexagonal, con tres niveles, las superficies decoradas con motivos vegetales en relieve y enteramente dorada.

No obstante, el elemento que marca la mayor diferencia de este Niño Jesús Nazareno de Granada respecto al Niño del Dolor madrileño es el cambio de color en la policromía de la túnica aplicada por Tomás de los Arcos que, manteniendo los mismos motivos decorativos vegetales, sustituye los tonos violáceos por otros grisáceos, manteniendo la originalidad de insertar, a punta de pincel, una serie de medallones con escenas del Antiguo Testamento que prefiguran el sacrificio de Cristo tomando como referencia al que coincide con la rodilla izquierda, que en este caso representa a Sansón bebiendo de la quijada del asno (Jueces 15; 15-19). El acertado tratamiento de la policromía, cercana a los modos de Valdés Leal, contribuye a sugerir la naturaleza divina del Niño, que se muestra ante el espectador dotada de luz interior y llena de trascendencia mística, aunque su condición frágil y humana queda reflejada en las mejillas sonrosadas, en el tono de los labios, en los párpados enrojecidos, etc.

LUISA ROLDÁN. Niño Jesús Nazareno, hacia 1692
Convento de San Antón, Granada

     Por todo lo expuesto, como opina Amador Marrero, ambas esculturas de los infantes nazarenos de Luisa Roldán, por su originalidad y perfección técnica, deben considerarse como verdaderos referentes de la plástica escultórica española.        

 

Informe y fotografías: J. M. Travieso.

 

Notas 

1 AMADOR MARRERO, Pablo Francisco: Niño Jesús Nazareno. En catálogo de la exposición “Luisa Roldán. Escultora Real”, Museo Nacional de Escultura, Valladolid, 2024, p. 184.

 


LUISA ROLDÁN. Niño Jesús Nazareno, hacia 1692
Convento de San Antón, Granada










LUISA ROLDÁN. Niño Jesús Nazareno, hacia 1692
Convento de San Antón, Granada










LUISA ROLDÁN. Niño Jesús Nazareno, hacia 1692
Convento de San Antón, Granada










LUISA ROLDÁN. Niño Jesús Nazareno, hacia 1692
Convento de San Antón, Granada










LUISA ROLDÁN. Niño Jesús Nazareno, hacia 1692
Convento de San Antón, Granada










Hieronymus Wierix
Grabados del Niño Jesús de la Pasión










Izda: LUISA ROLDÁN. Jesús Nazareno
Convento de las Nazarenas, Sisante (Cuenca)
Dcha: Francisco Gazán. Grabado de Jesús Nazareno de Sisante
Colección particular















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