SAN MATEO
Juan de Juni (Joigny, Francia, h. 1506
– Valladolid, 1577)
Entre 1535 y 1540
Barro cocido, 98 cm de altura
Museo de León (Procedente del
convento de San Marcos de León)
Escultura renacentista
Dejaba atrás una fructífera etapa en la que demostró su versatilidad en
el empleo de distintos materiales, como diversos tipos de piedra y madera,
aunque su principal aportación fueron los trabajos en terracota, una técnica excepcional
apenas desarrollada en ese tiempo que exigía un complejo proceso: preparación
idónea del barro, modelado escultórico y cocción controlada de las piezas, en
ocasiones de gran tamaño.
Su dominio de la piedra también queda patente en el Sepulcro de Diego
González del Barco que labró en piedra caliza, en 1537, para la capilla
fundada por este canónigo en la iglesia de San Miguel de Villalón de Campos
(Valladolid), donde se evidencia la influencia del sepulcro de Ilaria del
Caretto realizado por Jacopo della Quercia para la catedral de Luca. A estas
obras realizadas en piedra se sumaría en 1540 el Sepulcro del arcediano
Gutierre de Castro, para cuya elaboración tuvo que desplazarse temporalmente
a Salamanca.
Es a partir de 1537, en que nace su hijo Isaac de Juni —futuro escultor—
como fruto de sus relaciones con una dama leonesa, cuando se extiende el
prestigio artístico de Juan de Juni, cuyo taller comienza a recibir encargos de
influyentes personajes de la sociedad del momento.
Sus obras en terracota conservadas presentan distintos formatos, desde los pequeños relieves devocionales de la Piedad realizados en torno a 1540, de escaso grosor, con figuras de escorzos muy forzados y acabado policromado (ejemplares conservados en el Museo de León, en el Museo Diosesano y Catedralicio de Valladolid, en el Museo Victoria & Albert de Londres y en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid), hasta grupos con figuras próximas al natural que presiden altares, como el San Jerónimo en el desierto y el Martirio de San Sebastián, ambos realizados en 1537 a petición de los Almirantes de Castilla para ser colocados en la iglesia de San Francisco de Medina de Rioseco, grupos en los que afloran los recuerdos trágicos del Laocoonte y la influencia de la obra realizada por Rustici en el Baptisterio de Florencia.
Por esos mismos años, entre 1535 y 1540, Juan de Juni realiza en un barro
muy rojizo, modelado y cocido, la dinámica escultura exenta del evangelista San
Mateo para el convento de San Marcos de León, desconociéndose si pudiese
formar parte de un grupo con los Cuatro Evangelistas similar al que también realizara
en terracota hacia 1580, es decir, cuarenta años después, el escultor
Alessandro Vittoria, conjunto actualmente conservado en el Art Institute de
Chicago (ver ilustración).
A pesar de sus 98 cm de altura, y de no estar policromada, la escultura
presenta una fuerza y una monumentalidad sorprendente, como arrebatada por un
torbellino, con las figuras del evangelista y el ángel siguiendo un movimiento
helicoidal contrapuesto de recuerdos miguelangelescos de máxima expresividad y
de líneas cerradas, tanto en su gesticulación como en las formas forzadas,
siguiendo un patrón típicamente manierista muy alejado del clasicismo que
presenta la escultura en mármol con el mismo tema que realizara el burgalés
Bartolomé Ordóñez entre 1514 y 1515 en Italia, allí desplazado para su
aprendizaje (ver ilustración).
Notable es el trabajo de la cabeza, donde el Juan de Juni, para expresar
el momento de revelación de las Escrituras, exprime la ductilidad del barro
para representar con detalle los ojos delineados, la boca entreabierta, arrugas
en la frente sugiriendo su avanzada edad, efecto reforzado por las patas de
gallo, y un minucioso tratamiento del agitado cabello y la barba, cuyos
mechones se desplazan con el movimiento hacia el lado derecho. Todos estos
matices remiten al fuerte carácter —terribilitá— que Miguel Ángel había
aplicado años antes a esculturas muy conocidas, como el célebre Moisés.
Esta obra, que corresponde a la primera etapa del escultor, refuerza la
hipótesis de que Juan de Juni pudiera haber recorrido Italia antes de su
llegada a León, idea que se refuerza con su dominio del francés y del italiano,
a los que pronto sumaría el castellano, según revelan documentos conservados y
sus escritos autógrafos.
Este tipo de escultura, calificado como “auténtica primicia” en la
estatuaria española, en territorio hispano solo fue realizado por escultores de
ascendencia italiana, como Pietro Torrigiano (Florencia, 1472-Sevilla, 1528),
siendo Juan de Juni quien abrió la senda que en el futuro seguirían otros
artistas, como los exquisitos barros policromados de Luisa Roldán realizados en
la segunda mitad del siglo XVII, todos ellos caracterizados por usar un humilde
material, considerado poco noble, para presentar el acabado de auténticas obras
maestras.
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| Escultura de San Mateo en su vitrina del Museo de León |
Informe y
fotografías: J. M. Travieso.
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| BARTOLOMÉ ORDÓÑEZ San Mateo, 1514-1515, mármol Iglesia de San Pietro Martire, Nápoles |
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| ALESSANDRO VITTORIA San Mateo, San Juan, San Marcos y San Lucas, hacia 1580, terracota, 60 cm de altura Art Institute, Chicago |
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