1 de junio de 2026

Visita virtual: SEPULCROS DE ALONSO PÉREZ DE GUZMÁN (GUZMÁN EL BUENO) Y MARÍA ALONSO CORONEL, un tributo al recuerdo de un gesto heroico

SEPULCROS DE GUZMÁN EL BUENO Y MARÍA ALONSO CORONEL

Talla: 1609, Juan Martínez Montañés (Alcalá la Real, Jaén, 1568-Sevilla, 1649)

Policromía: 1613, Francisco Pacheco (Sanlúcar de Barrameda, Cádiz, 1564-Sevilla, 1644)

Madera de cedro tallada, estofada y policromada

Capilla Mayor de la iglesia del Monasterio de San Isidoro del Campo, Santiponce, Sevilla

Fundación Casa Álvarez de Toledo y Mencos

Escultura barroca española. Escuela andaluza

Sepulcros de Guzmán el Bueno y María Alonso Coronel
en los muros de la capilla mayor de la iglesia del
Monasterio de San Isidoro del Campo, Santiponce, Sevilla
 

     El Monasterio de San Isidoro del Campo fue fundado en el año 1301 por Alonso Pérez de Guzmán (León, 1256 – Gaucín, Málaga, 1309) y su esposa María Alonso Coronel (Sevilla, 1267-1330) en terrenos próximos a las ruinas de Itálica, lugar donde, según la tradición, había sido enterrado San Isidoro de Sevilla. Desde entonces el monasterio estuvo regido por diferentes órdenes religiosas, como cistercienses, ermitaños jerónimos y la Orden de San Jerónimo, dejando cada una de ellas su impronta en la construcción y decoración del recinto monasterial, donde siempre se celebraron sufragios por ser un complejo establecido como panteón de los fundadores y del linaje de los Guzmanes, carácter que estuvo vigente hasta la segunda mitad del siglo XVI. De hecho, es el primer gran monasterio hispalense en que aparece la promoción de un linaje nobiliario

Don Alonso Pérez de Guzmán el Bueno, hijo bastardo de Pedro Núñez de Guzmán, adelantado mayor de Castilla, y de Isabel, fallecida en el parto, fue un destacado soldado por cuyas hazañas en las confrontaciones a ambos lados del Estrecho recibió el título de primer señor de Sanlúcar de Barrameda, describiendo el cronista del linaje de los Guzmanes que su fortuna fue “rica de hazienda y de muy gran hermosura”. Guzmán el Bueno sería especialmente recordado por el heroico suceso ocurrido en 1292 durante el Cerco de Tarifa, donde al servicio de Sancho IV de Castilla prefirió sacrificar a su hijo antes que rendir la plaza. Este episodio, convertido en leyenda, en 1884 fue recreado por el pintor Salvador Martínez Cubells en la pintura Cerco de Tarifa que se conserva en la Universidad de Zaragoza (Depósito del Museo del Prado).

     Guzmán el Bueno murió el 19 de septiembre de 1309 combatiendo en la sierra de Gaucín a las tropas de Muhammad III de Granada y tras haber participado en la toma de Gibraltar. Su esposa María Alonso Coronel fallecería en 1330, siendo ambos enterrados en sepulcros de mármol, sobre cuatro leones y con el escudo de armas a  los lados, colocados en el centro de la capilla mayor del monasterio por ellos fundado.

Así permanecieron hasta 1609, cuando al celebrarse el tercer centenario de la muerte de Guzmán el Bueno, la Orden de San Jerónimo que ocupaba el monasterio y por iniciativa de Manuel Alonso Pérez de Guzmán el Bueno (Huelva, 1671- Madrid, 1721), XIX conde de Niebla, XII duque de Medina Sidonia, X marqués de Cazaza en África, Capitán General del Mar Océano y costas de la Andalucía, de la Orden del Toisón de Oro y Capitán General de Cataluña entre 1690 y 1693, se decidió renovar los sepulcros góticos, pasando a ser representadas las figuras arrodilladas en oración y reubicadas en nichos abiertos en los muros del presbiterio, siguiendo el modelo de El Escorial, tal vez inspirado en el suntuoso panteón construido por su suegro, don Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, duque de Lerma (1601-1607), en la iglesia de San Pablo de Valladolid o en los sepulcros de los condes de Niebla (1607) en el convento de Santo Domingo de Sanlúcar.

     La escultura se adjudicó a Juan Martínez Montañés, que firmaba el contrato con los frailes el 16 de noviembre de 1609 para realizar “dos bultos de los fundadores de rodillas, mayores que el natural, y unos sitiales delante”. La talla de estas figuras orantes en madera de cedro las inició el escultor a principios de 1611, tras finalizar el ensamblaje del retablo de la capilla, y las entregó en 1613, año en que fueron policromadas por Francisco Pacheco, que las terminó alejadas de la frialdad de los bronces de Leoni en El Escorial, dotando a los personajes de la magnificencia del oro subyacente y de la vitalidad de las carnaciones en mate en la búsqueda de naturalismo. Este maestro, tratadista y pintor estuvo orgulloso de su colaboración con Martínez Montañés en esta obra, llegando a considerar el conjunto de la capilla (retablo y bultos funerarios) como “cosa que en este tiempo en la escultura y pintura ninguna la iguala

Los elegantes sepulcros de Guzmán el Bueno y María Alonso Coronel

La imagen simbólica de los promotores de la fundación funeraria adquiere un gran sentido propagandístico. Sobre los muros ambas figuras aparecen en actitud orante, arrodillados sobre almohadones y colocados frente a reclinatorios cubiertos con paños decorados con medallones sobre los que reposan libros. Ocupan nichos ornamentados con las armas heráldicas de ambos linajes e inscripciones y elementos simbólicos pintados alusivos a sus biografías. El espacio se ajusta al acuerdo de los Guzmanes con la comunidad, que prohibía realizar el enterramiento de frailes y de personas ajenas a la familia — “Et escogemos nras sepolturas dentro de la eglesia de sant ysidro entre el altar e el coro. Et ordenamos e defendemos que nin el abad nin el convento nin otro ninguno, non pueda Reçecir sepoltora dentro en la eglesia a ninguno sinon los de nro linage. Et en tal manera que ninguno non sea puesto en sepulcro alto nin entre nos e el altar”.

     Por otra parte, Martínez Montañés, a partir de los restos embalsamados de Guzmán el Bueno, decidió representar al héroe medieval y su esposa idealizados y con tintes más épicos, optando por representarles anacrónicamente revestidos con porte regio e indumentarias de diseño renacentista.

Alonso Pérez de Guzmán luce una armadura militar de gala donde la veste, la cota de malla y el recubrimiento de brazos y piernas siguen el modelo bajomedieval, aunque embellecida con una prolija labor de damasquinado que deja aflorar el oro subyacente, con profusión de remaches y motivos vegetales esgrafiados. A pesar del estatismo que las figuras requieren y su ubicación en posición alta, Martínez Montañés describe minuciosamente cada detalle visual: cabellos con los mechones escrupulosamente delineados, cuello fruncido de la camisa, botonaduras, borlones y pliegues naturalistas en la caída de los paños, piezas metálicas ensambladas de la armadura, reproducción de la espada y el libro, etc. 

Detalle de la policromía aplicada por Francisco Pacheco
en 1613

     En el sereno rostro de Guzmán el Bueno algunos autores sugieren encontrar el retrato de su descendiente don Manuel Alonso Pérez de Guzmán, conde de Niebla, promotor de la realización de los nuevos sepulcros. Hay que mencionar que por esos años el escultor contaba con la sobresaliente aportación de una policromía realizada por Francisco Pacheco, que añadía a las esculturas matices de gran riqueza, como ocurre en este caso.

En el muro de enfrente aparece la efigie de la ricahembra doña María Alonso Coronel, correspondiendo simétricamente con la figura de su esposo. Era hija y rica heredera de Fernando González Coronel y de Sancha Vázquez de Acuña. Con quince años de edad contrajo matrimonio con Guzmán el Bueno en 1282 por disposición de Alfonso X, que así premiaba la actuación del paladín castellano en el conflicto que le enfrentaba a su hijo Sancho. En la inscripción de la cama sepulcral se hace mención a su condición de “madre del segundo Isaac”, una clara alusión al sacrificio de la vida de su primogénito en la toma de Tarifa, apareciendo también algunos versos del Laberinto de Fortuna de Juan de Mena y sobre el muro de fondo los símbolos de una tea encendida que recuerdan un suceso en el que quiso preservar su castidad. Doña María Alonso Coronel aparece representada de acuerdo a su alto estatus social, ya que además de su destacada actividad política gozaba de un rico patrimonio generado por las campañas de su esposo, que por un tiempo estuvo al servicio del sultanato meriní.

 

     Doña María Alonso Coronel está ataviada con una camisa de encaje cuyas finas labores, talladas al detalle, asoman por el cuello y los puños. Luce un elegante brial de tonos rosados, traje cortesano con anchas mangas ornamentadas con lazos y ceñido a la cintura por un cíngulo, indumentaria que más que evocar un traje medieval se acerca a la moda española de los últimos años del siglo XVI. Se cubre con un rico manto de tonos azulados que cae recto por la espalda y en la parte inferior forma anchos pliegues, mostrando sobre su pecho un medallón entrelazado y sobre su cabeza un tocado bordado y una toca blanca, destacando sobre su cuello un rico collar de esmeraldas engastadas que denotan su alta posición social. 

Estos magníficos sepulcros, que Martínez Montañés realizó como complemento al retablo de la iglesia monástica jerónima, no estaban exentos de una intención propagandística respecto al estatus social, político y económico del linaje de los Guzmanes, miembros de la alta nobleza castellana cuya rama, consolidada social y políticamente, había sentado las bases para la creación de la Casa de Niebla (con condado desde 1369) y el origen de la Casa de Medina Sidonia (con ducado desde 1445), siendo el primer título hereditario en la Corona de Castilla concedido por Juan II a Juan Alonso Pérez de Guzmán, III conde de Niebla, linaje ya convertido en uno de los más importantes de España y titular del ducado hereditario más antiguo del país.

Informe y fotografías: J. M. Travieso.


Bibliografía

 

CARTAYA BAÑOS, Juan: Don Alonso Pérez de Guzmán el Bueno y Doña María Alonso Coronel, 1609-1613. En catálogo exposición “Montañés, maestro de maestros”, Museo de Bellas Artes de Sevilla, Junta de Andalucía, 2019, pp. 131-136.

PALOMERO PÁRAMO, Jesús: Figuras orantes de Alonso Pérez de Guzmán El Bueno y su esposa María Coronel. En catálogo exposición “Gregorio Fernández y Martínez Montañés, el arte nuevo de hacer imágenes”, Catedral de Valladolid, Valladolid, 2024, pp. 278-281.










































Aspecto actual del Monasterio de San Isidoro del Campo
Santiponce, Sevilla













Salvador Martínez Cubells. Guzmán el Bueno y el Cerco de Tarifa, 1884
Universidad de Zaragoza (Depósito Museo del Prado)










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