12 de mayo de 2017

Theatrum: CRISTO CON LA CRUZ A CUESTAS, el padecimiento como experiencia mística












CRISTO CON LA CRUZ A CUESTAS
Atribución: Luis de Morales, el Divino (Badajoz, 1509-Alcántara, Cáceres, 1586)
También atribuido a Benedetto Rabuyate (Florencia, 1527-Valladolid, 1592)
Hacia 1560
Óleo sobre madera
Real Iglesia de San Miguel y San Julián, Valladolid
Pintura renacentista española













En la enorme Sacristía de la Real Iglesia de San Miguel y San Julián, convertida en un interesante museo de pintura y escultura, se guarda una representación de Cristo con la cruz a cuestas junto a la que una cartela informa que pertenece al círculo de Luis de Morales. Como en otras muchas ocasiones, la autoría definitiva está por concretar, aunque de lo que no cabe duda es que se trata de una excelente pintura que muestra uno de los temas devocionales que en las décadas centrales del siglo XVI más se repitieron en el taller del insigne pintor extremeño.


LA ICONOGRAFÍA ITALIANA DE "CRISTO PORTACROCE"

Como tema iconográfico deriva de la descontextualización de la figura de Cristo en la escena del Camino del Calvario, de la que se eliminan los personajes y elementos narrativos secundarios para presentar únicamente lo esencial: la figura de Jesús sufriente sobre un fondo neutro y portando sobre el hombro la pesada cruz.

Sebastiano del Piombo. Izda: Cristo portacroce, 1537, Museo del Hermitage, San Petersburgo
Centro: Camino del Calvario, Museo del Prado. Dcha: Cristo portacroce sobre pizarra, Museo del Prado 
Aunque no está claro quién fue el pintor pionero en realizar este modelo, entre los que lo experimentaron repetidamente, en una y otra variante, se encuentra el veneciano Sebastiano Luciani (1485-1587), más conocido como Sebastiano del Piombo, un pintor muy apreciado por la clientela hispana. Éste pintó la escena de su mano al menos en cuatro ocasiones. La primera, un Camino del Calvario compuesto por varias figuras, para el valenciano Jerónimo Vich y Valterra. Las tres restantes, ya con la única figura de Cristo —Cristo portacroce—, la primera para Fernando de Silva, conde de Cifuentes y embajador de España en Roma, la segunda para un cliente desconocido y la tercera, según Vasari, para la familia Grimani1.

Mientras que la versión realizada en 1537 para Fernando de Silva se identifica con la conservada en el Museo Estatal del Hermitage de San Petersburgo, se considera que tanto la pintura encargada por Jerónimo Vich como la segunda versión de Cristo portacroce, pintada sobre pizarra posiblemente para un cliente español,  son las que se conservan en el Museo del Prado.

Sabido es que la obra de Sebastiano del Piombo causó un gran impacto sobre Luis de Morales, mientras que en Italia el pintor y el tema eran criticados por su carga violenta hasta ser considerada la escena desagradable a la vista, motivo por el que en la pintura del Museo del Prado la figura de Cristo no sólo prescinde de la corona de espinas, sino también de las heridas sobre la frente.

Parece evidente que las repetidas pinturas de Cristo con la cruz a cuestas realizadas por Luis de Morales toman como punto de partida la pintura realizada por Sebastiano del Piombo para Fernando de Silva, aunque el pintor extremeño intensifica los rasgos de dolor, acordes con la mentalidad española, a través de sutiles detalles como las heridas sobre la frente a pesar de no llevar corona de espinas, el cuerpo enjuto y la túnica abierta, para expresar un momento de calculado sufrimiento, es decir, haciendo su propia interpretación sobre un modelo preexistente, cuyo éxito en tierras hispanas explica que también el pintor portugués Manuel Denis, contemporáneo de Morales y al servicio de la emperatriz Isabel, pintara en 1544 en Castilla una versión2, ajustada al original de Sebastiano, en la que al lado de la firma figura la inscripción "Sebastianus venetus inventor" (Convento de San José, Ávila), reconociendo el valor creativo del original.

De esta manera, inspirándose en modelos italianos, como tantos grandes artistas españoles del Renacimiento, Luis de Morales configura una serie de poderosos iconos ajustados a una religiosidad hispana sujeta a determinadas reglas políticas y culturales, figurando entre ellos el tema de la Piedad y la peculiar representación de Cristo con la cruz a cuestas con todas sus variantes.

LAS PINTURAS DEL NAZARENO DE LUIS DE MORALES

A pesar de la indudable influencia, se desconoce si Luis de Morales conoció los originales de Sebastiano del Piombo o lo hizo a través de copias, como la realizada por Manuel Denis para Álvaro de Mendoza, capellán de la corte, obispo de Ávila y protector de santa Teresa. Por otra parte, y según Palomino, el extremeño trabajó para Felipe II, propietario del original de Sebastiano del Piombo tras la muerte del embajador en Roma, siendo posible que por este motivo conociera el original3 en el monasterio de El Escorial.

En la composición, Luis de Morales mantiene la colocación de la figura de Cristo en escorzo, la cabeza ladeada, la perspectiva de la cruz y la mano derecha en tensión, mientras acentúa el patetismo mediante una anatomía descarnada y sutiles lágrimas sobre las mejillas.

Izda: Luis de Morales. Cristo con la cruz a cuestas. Colegiata de Osuna
Dcha: Luis de Morales o Benedetto Rabuyate. Cristo con la cruz a cuestas. Iglesia de San Miguel, Valladolid
Entre las versiones de Cristo portacroce realizadas por Luis de Morales destacan, por su calidad, la que se conserva en la Colegiata de Nuestra Señora de la Asunción de Osuna (Sevilla), de la que se desconoce la identidad del comitente, y la conservada en el Museo del Patriarca de Valencia —Real Colegio Seminario del Corpus Christi—, pintada en 1566 a petición de san Juan de Ribera cuando era obispo de Badajoz, asiduo cliente del pintor que trasladó consigo la aquella pintura cuando en 1569 tomó posesión como arzobispo de Valencia4.

Luis de Morales supo adaptarse a la perfección a la religiosidad de un personaje como Juan de Ribera, que evolucionó desde el erasmismo a una devoción alentada por místicos como fray Luis de Granada (1504-1588), en cuyos escritos sobre la vida contemplativa y la búsqueda de perfección, sobre todo en su obra Libro de la oración y meditación, tuvo enorme repercusión en las artes plásticas españolas desde mediados del siglo XVI al proporcionar en sus escritos una imaginería mental de gran capacidad evocadora que estimuló a los artistas5.

Luis de Morales. Cristo con la cruz a cuestas. Museo del Patriarca, Valencia
A su vez, retroalimentándose los escritores y artistas, la repercusión de este tipo de representaciones pasionales entre los místicos españoles fue grande, siendo conveniente recordar que santa Teresa llegó a recomendar el disponer en sus fundaciones obras con esta temática. También es significativo el caso de la pintura de Cristo con la cruz a cuestas que se conserva en la catedral de Salamanca, atribuida al taller de Luis de Morales y pintada a petición del canónigo Francisco Sánchez de Palacios, en cuyo marco figura un versículo de Isaías que proclama "En verdad él llevó nuestras dolencias y cargó nuestros dolores", inscripción que inspiró a Tomás Luis de Victoria (1548-1611) el motete Vere languores, cantado en la liturgia del Viernes Santo.
No obstante, estas pinturas religiosas también llegaron a provocar las críticas de Pacheco acerca de la poca ortodoxia iconográfica por parte de Morales, en cuanto a las representaciones del Ecce Homo y Cristo con la cruz a cuestas sin la corona de espinas6.

Otra versión de Cristo con la cruz a cuestas de Luis de Morales, datada entre 1560 y 1565, se guarda en el Museo Nacional de Arte de Cataluña como depósito de la Real Academia Catalana de Bellas Artes de Sant Jordi, aunque en realidad procede de la iglesia de Sant Gaietá (Padres Teatinos) de Barcelona. Esta pintura, que hasta 1936 se atribuía a la escuela de Rafael, ha sido restaurada en tiempo reciente y estudiada con motivo de presentarse en una exposición, siendo desde entonces atribuida sin reservas a Luis de Morales, tal como se presenta en la colección permanente del MNAC. En ella el pintor, a pesar de mantener la diagonal que marca la composición, incluye como variantes una túnica color carmesí, las dos manos visibles y un contrastado veteado en el madero de la cruz que destacan sobre un fondo neutro, lo que le proporciona valores escultóricos.
Izda: Luis de Morales. Detalle Cristo con la cruz a cuestas. Museo del Patriarca, Valencia
Dcha: Luis de Morales o Benedetto Rabuyate. Detalle Cristo con la cruz a cuestas. Iglesia de San Miguel, Valladolid
Esta obra antecede a otra versión, elaborada hacia 1570, que se conserva en el Kunstmuseum Basel de Basilea, en la que Morales cambia el formato y la iconografía introduciendo en la escena las figuras de la Virgen y San Juan junto al Nazareno.

Aún existen otras tres versiones del tema que se consideran obras del taller de Morales. Una en el Colegio de Religiosas Franciscanas Clarisas de Montijo (Badajoz), otra en la Colección Grases de Barcelona y la tercera esta de la iglesia de San Miguel de Valladolid, todas repitiendo con fidelidad la tipología.

En el catálogo de la exposición monográfica sobre Luis de Morales celebrada en 2015 en el Museo del Prado, Joan Yeguas Gassó confirma la autoría de Luis de Morales de la obra conservada en el museo de Barcelona, a pesar de las características diferentes respecto a las pinturas de Osuna y Valencia, tenidas por originales del pintor, apuntando la atribución de la pintura de Valladolid al pintor Benedetto Rabuyate (1527?-1592)7, lo que le confiere el valor de una copia.

Luis de Morales. Cristo con la cruz a cuestas, 1560-1565
Museo Nacional de Arte de Cataluña, Barcelona
El florentino Benedetto Rabuyate, afincado en Valladolid desde 1550, es un excelente pintor que trabajó para Felipe II en el Real Sitio de Valsaín. También realizó murales en el monasterio de Santa María de Valbuena, participó, junto al pintor Gaspar de Palencia, en el Retablo de la Resurrección de la Real Chancillería (hoy en el Museo Nacional de Escultura) y consta que para el antiguo Palacio de Justicia de Valladolid realizó una pintura de la Virgen con el Niño copiando un original de Sebastiano del Piombo, desgraciadamente desaparecida como las pinturas que realizara para la iglesia de San Andrés.

Ahora bien, sería lógico pensar que Benedetto Rabuyate, que difundió y ejerció su influencia en el círculo vallisoletano sobre los modos de la pintura italiana del momento, hubiese tomado como modelo para la pintura de Cristo con la cruz a cuestas el original de Sebastiano del Piombo, pintor en el que se inspiró en otras ocasiones, como también lo hiciera Manuel Denis. Sin embargo, la pintura presenta una gran similitud en composición y colorido con la pintura original de Morales de la Colegiata de Osuna —son prácticamente idénticas—, de la que cabe la duda que el florentino llegara a conocer durante su estancia en Valladolid.

Por tanto, ¿se puede descartar definitivamente que la pintura de la iglesia de San Miguel sea un original de Luis de Morales? ¿Su atribución a Benedetto Rabuyate está justificada o simplemente responde a la necesidad de especular sobre un posible autor? Solamente una limpieza de la pintura que realce y clarifique sus valores estilísticos y un estudio a fondo del soporte y los pigmentos podrían despejar estas dudas, como ya ocurriera en el caso de la pintura de Barcelona, cuyo estilo difiere de las obras personales del "Divino".

Luis de Morales. Camino del Calvario, h. 1570. Kunstmuseum Basel, Basilea
Mientras tanto podemos seguir admirando esta pintura de impecable ejecución, magnífico acabado y fuerte carga mística que refleja los padecimientos de Jesús camino del Gólgota, resaltados por las lágrimas sobre las mejillas, los hematomas producidos sobre la frente por la corona de espinas ausente, los músculos del cuello en tensión y la mano nerviosa con dedos separados y huesudos que intentan aferrarse a la cruz.

Su presencia en la iglesia de San Miguel, antiguo templo de la Compañía de Jesús en Valladolid, parece el lugar idóneo para ubicar este tipo de pintura devocional que, a través de los padecimientos de un Cristo humanizado, intenta estimular la meditación y la disposición anímica de fieles laicos y novicios de acuerdo a la metodología de discernimiento aplicada por San Ignacio de Loyola en sus Ejercicios espirituales, publicados en 1548.


Informe y fotografías: J. M. Travieso.

Detalle de Cristo con la cruz a cuestas. Iglesia de San Miguel, Valladolid

NOTAS

1 PEREDA, Felipe: Luis de Morales, pintor divino, en El Divino Morales, edición de RUIZ GÓMEZ, Leticia. Catálogo de la exposición celebrada en el Museo del Prado. Madrid, 2015, p. 55.

2 PEREDA, Felipe. Ibídem, p. 57.

3 FALOMIT, Miguel: Cristo con la cruz a cuestas, en El Divino Morales, edición de RUIZ GÓMEZ, Leticia. Catálogo de la exposición celebrada en el Museo del Prado. Madrid, 2015, p. 190.

4 FALOMIT, Miguel. Ibídem, p. 191.

5 TRAVIESO ALONSO, José Miguel: Simulacrum. En torno al Descendimiento de Gregorio Fernández. Domus Pucelae, Valladolid, 2011, p.123.

6 FALOMIT, Miguel. Ibídem, p. 191.

7 YEGUAS GASSÓ, Joan: Cristo con la cruz a cuestas, en El Divino Morales, edición de RUIZ GÓMEZ, Leticia. Catálogo de la exposición celebrada en el Museo del Prado. Madrid, 2015, pp. 196-197.

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10 de mayo de 2017

Bordado de musas con hilos de oro: IV, de Mario Pérez Antolín


IV

Estamos en mayo.
Los piornos ponen una mácula amarilla
parecida al maquillaje de un payaso
            fovista.
Salvo estas pinceladas de pigmento,
en la sierra dominan
las entalladuras niqueladas por el frío,
los matojos pardos,
los hórridos calveros desollados,
los derrubios que se abalanzan como
            un pastel desecho,
y una erosión implacable
que carcome las encías de esta
            comarca primitiva y austera.

MARIO PÉREZ ANTOLÍN. Del poemario De nadie.
(Poema publicado en la Revista Atticus Siete en enero de 2017).

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9 de mayo de 2017

II Muestra de Teatro Domvs Pvcelae



Domus Pucelae ha celebrado la II Muestra de Teatro, que estaba programada dentro de sus actividades para el año 2017 y que se ha realizado durante el mes de abril en el Centro Cívico Bailarín Vicente Escudero. Es motivo de satisfacción el haber dado a conocer la labor tan gratificante que desempeñan los grupos de teatro aficionado de la provincia de Valladolid. Hemos contado con los montajes teatrales de los grupos Albricias (Simancas), La Tramoya (Mojados) y Cachivaches (Trigueros del Valle) que respectivamente han representado La Venganza de Don Mendo, Verbena en Barataria y Los locos de Valencia.

Agradecemos la colaboración prestada por estas compañías de teatro de aficionado y a las más de 800 personas que nos acompañaron apoyando y fomentando la cultura en nuestra ciudad.

Muchas gracias.


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8 de mayo de 2017

VIAJE: RUTA MUDÉJAR POR TIERRAS SALMANTINAS, 21 de mayo 2017

PROGRAMA

Salida a las 8,15 h. desde Vallsur (Cmno. Viejo Simancas) y a las 8,30 h. desde la plaza de Colón con dirección a Rágama (visita iglesia del Salvador); Paradinas de San Juan (visita iglesia parroquial); Macotera ( visita iglesia Ntra. Sra. del Castillo); Peñaranda de Bracamonte (almuerzo y visita). Salida hacia Valladolid y llegada a última hora de la tarde.
NOTA: Puede haber variaciones en las visitas por dificultades de disponibilidad de los responsables de los monumentos.

PRECIO SOCIO: 50 €
PRECIO NO SOCIO: 55 €

REQUISITOS: Grupo mínimo 35  y máximo 45 personas.

INCLUYE:
Viaje en autocar
Visitas guiadas programadas con guía oficial de turismo CyL,
Entradas
Comida de menú
Dossier DOMUS
Seguro de viaje

NO INCLUYE:
Extras o aquello que no esté especificado en el apartado anterior.

INFORMACIÓN Y RESERVA DE PLAZAS: Por correo a domuspucelae@gmail.com o por tfno. 608 419228, a partir de las 0,00 horas del 8 hasta el 12 de mayo.

ATENCIÓN: En el momento de la inscripción, especificar el menú a elegir:
Primer plato: Ensalada mixta o Pimientos de piquillo rellenos de carne.
Segundo plato: Escalope de ternera o Merluza a la romana.








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5 de mayo de 2017

Theatrum: SAN LORENZO, un ejercicio de sereno clasicismo












SAN LORENZO MÁRTIR
Francisco Rincón (Valladolid 1567-1608)
Hacia 1605
Madera policromada
Museo Diocesano y Catedralicio, Valladolid
Procedente de la ermita de San Llorente, pago del Cabildo, Valladolid
Escultura barroca. Escuela castellana













Una de las principales aportaciones del gran Gregorio Fernández a la escultura barroca castellana fue la creación de arquetipos escultóricos que fueron reiteradamente copiados e imitados por sus discípulos y seguidores, aunque otro tanto podría decirse de Francisco Rincón, cuya versatilidad se materializó en Valladolid en la renovación de la iconografía de determinados santos, escenas evangélicas y pasos procesionales desde un personalísimo planteamiento estético.

En condición de colaboradores, ambos escultores compartieron por un tiempo su actividad profesional en un mismo taller: el que Francisco Rincón tenía abierto en la Puentecilla de Zurradores (actual calle de Panaderos), donde Gregorio Fernández fue acogido cuando hacia 1595 llegó a Valladolid ya plenamente formado. Asimismo, durante los años de transición del siglo XVI al XVII ambos escultores compartieron un proceso evolutivo que partiendo del último aliento de las corrientes manierista y romanista recalaría en expresiones decisivas del incipiente barroco. Además, ambos escultores intercambiaron influencias que retroalimentaron las creaciones de uno y de otro, compartiendo por un tiempo la influencia que sobre ellos ejerció la presencia en Valladolid del milanés Pompeo Leoni, escultor vinculado al Duque de Lerma y a la construcción del Palacio Real.

Entre 1601 y 1606, años marcados por el establecimiento de la Corte de Felipe III en Valladolid, la obra de Francisco Rincón mostraría una tendencia hacia el clasicismo naturalista con figuras que se caracterizan por una elegante serenidad, un voluminoso empaque y una mesurada afectación, aunque en ocasiones, como en su innovador paso procesional del Levantamiento o Elevación de la Cruz, elaborado en 1604 para la Cofradía de la Sagrada Pasión, volviese a retomar recursos manieristas en aras de una expresividad teatral y narrativa.

Desgraciadamente, la prometedora trayectoria profesional de Francisco Rincón quedó truncada con su muerte prematura —recién superados los 40 años— en 1608. El legado de las magníficas esculturas por él realizadas en los primeros años del siglo XVII, que le colocan entre los escultores más innovadores de su tiempo, inducen a pensar que se habría convertido, sin lugar a dudas, en uno de los más destacados de la escuela barroca castellana.

Así lo proclama su obra conservada, realizada tanto en madera como en piedra, que alcanza altas cotas de calidad en obras como el grupo de Santa Ana, la Virgen y el Niño (h. 1600) de la iglesia de Santiago de Valladolid, el Retablo de la Anunciación (1602-1604) de la iglesia de las Angustias, los relieves en piedra del Martirio de San Ignacio de Antioquía y la Lactación mística de San Bernardo (ambos realizados hacia 1605) del trascoro de la catedral de Palencia, el Cristo de los Carboneros y la Santa Gertrudis (ambos hacia 1606) de la iglesia de las Angustias, el Cristo resucitado (hacia 1606) del convento del Corpus Christi, el Cristo yacente (hacia 1606) del convento del Sancti Spiritus, las imágenes de Jesús Nazareno (1606 y 1607) de la colegiata de San Antolín de Medina del Campo y de la ermita de la Vera Cruz de Nava del Rey, y el Cristo de las Batallas (hacia 1607) de la iglesia de la Magdalena, por citar las más conocidas.

Pero Francisco Rincón también se revelaría como excelente intérprete de esculturas exentas que representan a santos y mártires de gran predicamento en el orbe católico contrarreformista, como es el caso de esta escultura de San Lorenzo que actualmente se conserva en el Museo Diocesano y Catedralicio de Valladolid y que originariamente estuvo presidiendo, como santo titular, el retablo de la desaparecida ermita de San Llorente, antaño ubicada en el pago vallisoletano del Cabildo.

Atendiendo a razones puramente estilísticas, esta escultura se puede datar en torno a 1605, perteneciendo, por tanto, al periodo de madurez del escultor, por entonces casado en segundas nupcias con Magdalena Velázquez, hija del ensamblador vallisoletano Cristóbal Velázquez, e inmerso en el fragor de la actividad cortesana que en ese tiempo conocía Valladolid.

De dimensiones inferiores al natural, en posición erguida y disposición frontal, el santo presenta una serie de atributos ya consolidados durante el siglo XVI por grandes maestros de la pintura y escultura hispana, como es su caracterización como un joven imberbe y con amplia tonsura clerical, una indumentaria litúrgica que expresa su rango de diácono, revestido con un alba recubierto por una dalmática roja que alude a su condición de mártir, una estola sobre el brazo izquierdo y sujetando en sus manos un libro como depositario y custodio de los libros sagrados de la Iglesia, así como una parrilla, en este caso desaparecida, como referencia al instrumento en que fue martirizado.

No era la primera vez que Francisco Rincón realizaba para Valladolid la interpretación de este joven mártir que tanta devoción suscitaba en España, pues otra imagen de San Lorenzo, de características muy similares, forma parte del retablo que Francisco Rincón realizara entre 1602 y 1604 para presidir la capilla mayor de la iglesia de las Angustias, donde el santo, en compañía de San Agustín, flanquean el gran altorrelieve central de la Anunciación.

Sin embargo, entre una y otra se puede establecer un criterio evolutivo, pues si en aquella el santo aparece impregnado de un elegante movimiento de aire manierista, con la cabeza girada hacia el relieve central, los brazos elevados a la misma altura, una disposición corporal siguiendo levemente un eje en serpentinata —repetido en el ángel de la Anunciación— y realzada con una policromía preciosista aplicada por el pintor Tomás de Prado, en el San Lorenzo del Museo Diocesano y Catedralicio el movimiento se torna en sereno, equilibrado y mayestático, respondiendo a los mismos cánones clasicistas, basados en el contrapposto, que presenta el solemne Cristo resucitado del convento del Corpus Christi, realizado con poca diferencia en el tiempo, siendo muy posible que la policromía fuese realizada por el mismo pintor.

Francisco Rincón
Izda: San Lorenzo, h. 1605, Museo Diocesano y Catedralicio, Valladolid.
Dcha: San Lorenzo, 1602-1604, Iglesia de las Angustias, Valladolid
En ambas obras el escultor recurre al empleo de una dalmática de similares características, inspirada en las utilizadas en las grandes ceremonias por los diáconos de su tiempo, rematada con un amplio cuello alto y cerrado por cordones que convergen en un gran borlón que pende hasta la cintura, simulado un paño forrado de seda y ornamentado con bordados que adoptan la forma de grandes motivos florales y vegetales, en este caso dejando aflorar el sustrato dorado que proporciona luminosidad a la figura mediante la técnica del esgrafiado, decoración que se extiende por el encuadernado del libro.

Se pueden encontrar precedentes iconográficos formando parte del santoral de algunos retablos renacentistas, siendo buenos ejemplos el San Lorenzo de Arnao de Bruselas que forma parte del retablo mayor de la Imperial Iglesia de Santa María del Palacio de Logroño (1553-1564), o el monumental San Lorenzo elaborado por Gaspar Becerra para el ático del retablo mayor de la catedral de Astorga (1558). Este arquetipo, que con maestría supo interpretar Francisco Rincón hacia 1605 en Valladolid, también sería abordado en 1639 por la gubia de Juan Martínez Montañés en el San Lorenzo destinado a la parroquia de la misma advocación en Sevilla. Todas estas obras citadas lucen actualmente en todo su esplendor tras haber sido restauradas recientemente.
Izda: Arnao de Bruselas. San Lorenzo, 1553-1564, Retablo mayor de la
iglesia de Santa María del Palacio, Logroño. Dcha: Gaspar Becerra.
San Lorenzo, 1558, retablo mayor de la catedral de Astorga
Por su parte, entre los pintores podemos citar al Greco como autor en 1577 de una expresiva pintura que se conserva en el museo —antigua sacristía— de la iglesia del Colegio de Nuestra Señora de la Antigua de Monforte de Lemos (Lugo), donde el cretense realza la figura del santo diácono hispano mediante la plasmación de una lujosa dalmática y el atributo de la parrilla. La iconografía de san Lorenzo, en el santoral cristiano comparte su aspecto de diácono con san Esteban y san Vicente.

SAN LORENZO MÁRTIR

Este mártir del siglo III, uno de los más tempranos en la historia de la Iglesia, era natural de la Hispania Tarraconensis, siendo la ciudad de Huesca la que reclama su filiación. Fue educado por san Valero, que en el año 257 le llevó a Roma, donde el recién nombrado papa Sixto II le ordenó diácono, le encomendó la función de archivero y de administrar los bienes de la Iglesia, así como del cuidado de los pobres.

El Greco. San Lorenzo, 1577. Museo Colegio Nuestra Señora de la Antigua,
Monforte de Lemos (Lugo)
Por entonces gobernaba el emperador Decio, que había subido al trono tras asesinar a su antecesor y estaba interesado en obtener los tesoros eclesiásticos, para lo que en una persecución contra el culto cristiano hizo detener al papa Sixto II y a algunos obispos y diáconos, entre ellos san Lorenzo, que pasó a ser encarcelado por el prefecto Valeriano, que intentó que renegase de su fe y desvelase dónde se encontraba el ansiado tesoro. Conducido ante el emperador, san Lorenzo acordó presentar el tesoro al cabo de tres días, pero en ese tiempo se dedicó a reunir una gran cantidad de pobres, lisiados y enfermos que presentó ante el emperador como el verdadero tesoro de la Iglesia. Enfurecido el emperador, ordenó su tormento y finalmente su muerte, que se consumó el 10 de agosto de 258 en el Campo de Verano de Roma, donde fue quemado vivo en una parrilla colocada sobre el fuego. Esto ocurría cuatro días después del martirio del papa Sixto II.

El cuerpo de san Lorenzo fue recogido y enterrado por san Hipólito y el presbítero Justino en las catacumbas de Ciriaca de la vía Tiburtina, según consta en la Depositio Martyrum del año 354 y en el Martirologio jerominiano del siglo V, edificándose en tiempos del papa Dámaso I (366-384) una basílica sobre sus reliquias conocida como San Lorenzo fuori le Mura, siendo desde el siglo IV uno de los mártires más venerados de la iglesia romana.

La biografía del santo fue difundida en España a partir del siglo XIII a través del poema de Gonzalo de Berceo titulado Martyrio de San Lorenzo. Es precisamente la escena del martirio de san Lorenzo la que caracteriza la iconografía del santo y la más ampliamente representada, generalmente con el cuerpo desnudo del joven diácono recostado sobre una parrilla y rodeado de verdugos que avivan el fuego mientras un ángel le entrega la palma del martirio.

Francisco Rincón. Detalle de la policromía de San Lorenzo

Informe y fotografías: J. M. Travieso.














Juan Martínez Montañés. San Lorenzo, 1639
Iglesia parroquial de San Lorenzo, Sevilla



















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3 de mayo de 2017

Reportaje: Viaje por la Ruta del Califato en febrero 2017


El viaje que realizamos en Carnavales del presente año a Córdoba y demás ciudades andaluzas resulto muy satisfactorio e interesante, cumpliendo ampliamente las expectativas que teníamos para conocer parte de la ruta del Califato.


1º Día
Salimos a las 8.30 horas desde la Plaza Colón, después de hacer breves paradas en ruta, llegamos sobre las 14,00 horas a Valdepeñas.  Comimos en un Restaurante local. A las 16,00 horas realizamos una visita guiada de la localidad y finalizada la misma, continuamos hacia Córdoba, donde llegamos a las 20,00 horas. Nos alojamos en el hotel y cenamos en sus instalaciones, a su finalización nos retiramos a descansar.


2º Día
Llamada a las 8,30 horas, desayunamos y después de contactar con el guía local nos trasladamos a Medina Azahara. (este yacimiento arqueológico está declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de monumento desde el año 1923), finalizada la visita, regresamos a Córdoba pues a continuación teníamos concertada la visita al Museo de Julio Romero de Torres el cual reúne la mayor colección de cuadros y objetos del pintor, está instalado en un edificio del siglo XIX recientemente renovado. A las 14,30 horas regresamos al hotel para almorzar en su restaurante. Por la tarde realizamos una visita guiada a la Sinagoga de Córdoba, (es la única sinagoga existente en Andalucía y una de las tres que se conservan en España de esa época, junto a la Sinagoga del Tránsito y la de Santa María la Blanca que están en Toledo. El 24 de enero de 1885 fue declarada Bien de Interés Cultural en la categoría de monumento), continuamos con la visita guiada al casco histórico de la Ciudad, vimos el puente romano, callejas de la judería, el barrio medieval de la Axerquía (plaza del Potro, de la Corredera, Templo romano), etc. a las 21,00 horas regresamos al hotel, cenamos y nos retiramos a nuestras habitaciones.


3º Día
Llamada a las 7,30 horas, después de desayunar salimos hacia Priego de Córdoba, donde llegamos a las 10,00 horas y acompañados del guía local iniciamos la visita al Castillo y la iglesia de la Asunción. Dimos un paseo por el centro histórico para ver las carnicerías reales del siglo XVI. Continuamos la visita con las casas señoriales de la calle Río, posteriormente nos dirigimos a visitar la casa natal de Don Niceto Alcalá-Zamora y terminamos en la fuente del rey, sobre las 13,00 horas almorzamos en un Restaurante de la localidad. Por la tarde, nos trasladamos a Lucena, llegamos a las 15,00 horas al lugar donde nos estaba esperando la guía para realizar la visita del pueblo, visitamos entre otros edificios, la iglesia gótica renacentista de San Mateo, el Castillo del Moral y la casa de los Condes de Santa Ana. Al terminar nos dirigimos a Montilla donde llegamos a las 17,20 horas, la guía ya estaba esperando en el punto de encuentro para realizar la visita de la villa, vimos la iglesia convento de Santa Clara del siglo XVI y la casa-Museo del Inca Garcilaso de la Vega, que nos fueron explicadas ampliamente en el interior de las mismas, finalizada la visita, nos dirigimos a una bodega de la localidad donde probamos el excelente vino de Montilla. Regresamos a Córdoba. La cena la realizamos a las 21,30 horas y nos retiramos a descansar.

4º Día
Llamada a las 8,30 horas, desayunamos y con la guía local salimos a las 10,00 horas para efectuar la visita de las iglesias fernandinas, (son las iglesias que mandó levantar Fernando III, el Santo, tras la reconquista de la ciudad en 1236) La gran mayoría se alzaron sobre las antiguas mezquitas de barrio, continuamos paseando por el casco histórico de la ciudad hasta la llegada el hotel donde almorzamos a las 13,30 horas. Por la tarde salimos del hotel y andando nos dirigimos al punto de encuentro que habíamos concertado con la guía a las 15,45 horas, nos explicó dentro del patio de los naranjos el significado del entorno donde estábamos e iniciamos la visita de la Mezquita-Catedral, con una exposición muy amplia y profundamente documentada del edificio que estábamos visitando, apuramos hasta el máximo pues salimos a las 18,00 horas, (hora del cierre). Continuamos paseando para conocer el barrio de la Judería. Regresamos al hotel a las 21,.30 horas, cenamos y posteriormente algunas personas del grupo salieron para conocer la vida nocturna, el resto se retiró a sus habitaciones para descansar.

5º Día
Llamada a las 7,30 horas, desayunamos y con las maletas salimos del hotel para dirigirnos hacia la zona donde está ubicado el Alcázar de los Reyes Cristianos, a las 10,00 horas entramos para efectuar esta última visita de la ciudad cordobesa. Salimos de Córdoba a las 11,20 horas en dirección a Linares, al llegar ya nos estaba esperando la guía para realizar la visita panorámica de la ciudad. Efectuamos el almuerzo en un restaurante de la localidad y salimos a las 16,15 horas en dirección a Valladolid, donde llegamos a las 22,45 horas.


Texto y fotografías: Antonio Adrados González


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1 de mayo de 2017

Fastiginia: Manuel Sierra, los simbólicos mensajes de la voz de la conciencia

Estampas y recuerdos de Valladolid

A estas alturas cuesta pensar que haya vallisoletanos que no conozcan a Manuel Sierra, o al menos su obra, ya que es incesante su presencia en la ciudad a través de su actividad como cartelista, ilustrador y diseñador gráfico, trabajos compaginados con su faceta de pintor en las más variadas técnicas, entre ellas la pintura cerámica y la mural.

Si algo caracteriza su personal creatividad es el constante compromiso y denuncia, desde los años 70, de los problemas políticos, sociales y de medio ambiente que padecen los ciudadanos, siempre apoyando las causas de los sectores más indefensos, de los que en ocasiones se convierte en portavoz a través de sus creaciones artísticas, en las que utiliza un lenguaje plástico de fácil comprensión y cargado de un optimismo determinado por el uso de colores brillantes y luminosos.


Nacido en Villablino (León) y afincado desde sus años jóvenes en Valladolid —actualmente reside y tiene su taller en Simancas—, practica habitualmente un tipo de pintura que mantiene un código permanente de tendencia figurativa, aunque en ocasiones haga incursiones en lo abstracto y en el collage, al modo de los cubistas, estableciendo una simbiosis entre lo figurativo y lo abstracto que determina su personal estilo. Sus pinturas —paisajes, bodegones, interiores, etc.— suelen aparecer llenas de vida, cuando paradójicamente en la mayoría de sus obras prevalece la ausencia de personajes, que sin embargo están presentes a través de objetos y elementos de la naturaleza fácilmente reconocibles por su peculiar estética, siendo el espectador el que debe imaginarlos viviendo su vida cotidiana o sus dramas personales, pues en muchas ocasiones hasta la propia muerte aparece subyacente en algún elemento.


Es muy difícil definir el estilo de Manuel Sierra por sus componentes multidisciplinares y autodidactas. Se podría decir que sintetiza viejas corrientes —expresionismo, postcubismo, grafiti, pop, pintura conceptual— con incursiones vanguardistas que juegan a experimentar con las texturas. Pero vamos a dejar este tipo de elucubraciones para referirnos a una muestra de pintura mural que anima el último tramo de la calle Juan Mambrilla, sobre una tapia que delimita unas instalaciones de la Universidad, cuyos muros ya se han convertido en una muestra permanente de la creatividad de Sierra y en objeto de las iras de los sectores más reaccionarios, que no aceptan que el conjunto de iconos allí plasmados se conviertan en un canto a la libertad.

Todavía tenemos en la memoria el grotesco atentado contra la libertad de expresión perpetrado en marzo de 2012 por el prepotente e insensible equipo municipal del Partido Popular que por entonces regía la ciudad. En aquella ocasión, dentro del programa de actividades del ciclo "Lecciones contra el olvido: Enseñanza y cultura republicana y represión franquista", que organizado por la Universidad de Valladolid contaba con la colaboración de instituciones, partidos, sindicatos y asociaciones, una de las actividades propuestas fue que Manuel Sierra, con un nutrido grupo de ayudantes voluntarios, pintara sobre la tapia una serie de murales para rehabilitar el honor de los miles de enseñantes republicanos que fueron víctimas —desaparecidos, exiliados, encarcelados o asesinados— tras el golpe militar de Franco.

El mural fue elaborado por Sierra en medio de un ambiente festivo, pero el 30 de marzo por su envergadura no pudieron concluirse los trabajos, que deberían rematarse al día siguiente. Fue entonces cuando, con nocturnidad y alevosía, el alcalde de Valladolid, cuyo nombre se nos ha olvidado, en un gesto de desprecio envió un equipo que por la noche cubrió con pintura blanca todas las pinturas realizadas, rematando la faena al día siguiente con su declaración a los medios: "Se ha actuado como en otros casos, como con cualquier otra pintada", poniendo al mismo nivel al reconocido pintor y sus intenciones altruistas con los grafiteros clandestinos. Una buena muestra de la sensibilidad y cultura de aquel gobierno municipal.

Pero si algo caracteriza a Manuel Sierra es que es incansable. De modo que, si pasamos por dicha calle en la actualidad, podremos comprobar que aparecen murales renovados, en este caso, como figura en una leyenda incluida por el pintor, realizados entre el 28 y el 29 de noviembre de 2015 para reclamar genéricamente la Paz. Y de nuevo todos los elementos simbólicos de Sierra alegran la calle para reivindicar la enseñanza pública y la libertad, con alusiones a problemas recientes como los desahucios, el abandono de la cultura, el maltrato a la naturaleza, las vallas de los inmigrantes, los refugiados, etc.

Y una vez más podemos contemplar una complicidad entre lo figurativo y lo abstracto, donde a pesar del vacío humano unos sencillos elementos de carácter cotidiano adquieren un nuevo significado para referirse a lo más sublime: la Libertad.

En este sentido, cada uno de los objetos se convierte en un símbolo que viene a enraizar, seguramente sin intención, con los anónimos pintores del Románico, que expresaban la parte por el todo y se servían de objetos y animales para aludir a motivos mucho más trascendentes, siempre a través de colores fundamentalmente planos. Si aquellos a través de un árbol se referían a todo un bosque, si una torre representaba a toda una ciudad, si una simple mano aludía a Dios y un animal a determinado pecado, en el mural de Sierra cada elemento se transmuta en un símbolo, de modo que un pájaro representa la libertad, un árbol o una nube a toda la naturaleza, un libro a la cultura, una tijera preparada para cortar una alambrada entre una puerta abierta a las férreas fronteras a los inmigrantes, etc., compartiendo con los pintores medievales el uso de tonos planos, la definición de los contornos y el uso de trazos estratégicos. Hoy, bajo una óptica minimalista lo podríamos entender como "menos es más".

El propio pintor, a modo de declaración de principios, escribe en uno de los murales: "Estos pájaros, nubes, plantas, esferas, arco iris, manos, lápices y libros, son casi logotipos que utilizamos año tras año para hablar de la enseñanza pública y de la libertad. Este mural quiere reunir hoy esas imágenes para reivindicar el derecho a una educación pública, laica, gratuita y democrática...un canto a la libertad. Salud!"

Pues eso.    























































Manuel Sierra elaborando un mural en marzo de 2012
(Foto El Norte de Castilla)













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