10 de junio de 2011

Visita virtual: LOS EMBAJADORES, el otro lado de la vanidad humana


LOS EMBAJADORES
Hans Holbein el Joven (Augsburgo, 1497 - Londres, 1543)
1533
Óleo sobre tabla de roble
National Gallery, Londres
Pintura del Renacimiento. Escuela alemana

     ¿Qué es esta obra maestra de la pintura alemana: un retrato, una naturaleza muerta, una "vánitas"? Se podría decir que es un compendio de todo ello, pero sobre todo un documento de los avances de una época y un extraordinario ejercicio de virtuosismo pictórico que coloca a Holbein el Joven en la cumbre de la pintura del siglo XVI y al cuadro entre las joyas de la National Gallery de Londres.

     Todo es novedad y experimentación en esta pintura, tanto por el modo de estar representados los personajes como por la selección de objetos, dando lugar a una escena cargada de simbolismo y extraordinaria plasticidad, incluyendo la atrevida "rareza" que figura en primer plano. Técnicamente supone la mayor cota de realismo alcanzada en la evolución de la pintura de origen flamenco, el dominio total sobre la técnica del óleo aplicada sobre tabla con una colección de pinceles de pelo de marta que permiten reproducir desde texturas increíbles a minúsculos detalles en los cabellos, pieles de animales, etc., siempre con un indiscutible talento por parte del pintor.

     En la tabla están retratados, con un realismo sorprendente, Jean de Dinteville a la izquierda y Georges de Selve a la derecha. El primero embajador de Francisco I de Francia en Inglaterra en el momento en que se hace la pintura, 1533, y el segundo obispo de Lavaur y embajador francés ocasional ante el Sacro Imperio Romano Germánico de Carlos V, ante la República de Venecia y ante la Santa Sede. Los dos aparecen orgullosos de su dignidad, luciendo sus mejores galas y mirando fijamente al espectador mientras se apoyan en un mueble con acumulación de suntuosos objetos de tipo científico.

     Jean de Dinteville aparece vestido lujosamente con una fina camisa blanca, con encajes en cuello y puños, a la que se superponen una prenda de raso rojo, ornamentada con acuchillados que dejan asomar la camisa, y otra de terciopelo negro con vuelo a la altura de las rodillas, calzando medias y zapatos negros. Pero aún más elegantes son el abrigo de piel blanca al interior y negra al exterior, con mangas abombadas que dejan apreciar mechones blancos en las juntas de la costura, rigurosamente representados, y la boina con aplicaciones doradas y un broche que luce en la cabeza. Curiosamente podemos saber su edad, 29 años, pues el dato figura grabado en la funda de una daga que porta en su mano derecha, del mismo modo que el medallón que pende de cadenas al cuello nos informa de su pertenencia a la Orden de San Miguel. Con precisión el pintor ha trabajado una recortada barba de tonos pelirrojos y unos ojos de gran viveza que se desvían ligeramente para mirar la actividad del pintor.

     Por su parte el religioso Georges de Selve, aparentemente más austero, tiene 25 años y viste el hábito eclesiástico, con una sencilla camisa blanca anudada con pequeños lazos al cuello, una sotana y el tradicional tocado clerical de cuatro puntas, cubriéndose con un lujoso abrigo con cuello de piel y decoración simulando formas vegetales al alternar partes de la piel con pelo y otras curtidas. En su mano derecha sujeta unos guantes, símbolo de dignidad, y su rostro presenta una cuidada barba en la que, como en las cejas y el cabello, el pintor trabaja pelo a pelo. Este obispo embajador dedicó su tiempo al intento de reconciliación en el seno de la Iglesia.

     La relación entre ambos personajes hacen presuponer que la pintura trata de inmortalizar la toma de posesión del embajador en la corte de Inglaterra, momento en que fue visitado por su amigo el obispo. La escena responde a una situación política en que el rey inglés Enrique VIII intenta que el francés Francisco I utilice su influencia con el papa Clemente VII para resolver su divorcio con Catalina de Aragón, tía de Carlos V. Francia, principal enemigo de Carlos V, aprovecha la ocasión para afianzar su alianza con Inglaterra frente al Emperador y consigue el nombramiento papal de Thomas Cranmer como arzobispo de Canterbury. En enero de 1533 Enrique VIII se casa en secreto con Ana Bolena y en mayo de aquel año, el mismo en que se realiza la pintura, el arzobispo Thomas Cranmer anula el matrimonio de Enrique VIII y Catalina de Aragón, siendo proclamada reina Ana Bolena el 1 de junio en la abadía de Westminster. A partir de entonces se produce el cisma entre la Iglesia Anglicana y la Romana.

     En este proceso, lleno de intrigas y estrategias políticas, el embajador francés Jean de Dinteville jugó un papel fundamental en las negociaciones entre Francisco I, Enrique VIII y el papa Clemente VII, siendo quien encargó la realización de la pintura.

     Pero en la atípica escena, junto a los dos personajes históricos, colocados a los lados como custodios, aparecen en la parte central una serie de objetos de especial significación, un conjunto de utensilios con tanto protagonismo como las figuras humanas. Todos ellos están relacionados con el Quadrivium: la aritmética, la geometría, la música y la astronomía, las cuatro ciencias matemáticas de las siete artes liberales.

     El estante superior está recubierto por una alfombra persa de nudo, ornamentada con los característicos motivos geométricos, sobre la que se apoyan un libro, una esfera armilar con las coordenadas celestes de los astros, una brújula y distintos objetos de medición astronómica y del tiempo, adquiriendo el valor de símbolos con referencias ocultas difíciles de desvelar, un hecho muy frecuente en la pintura del Renacimiento.

     En el estante inferior reposan dos libros, uno de ellos abierto y mostrando una partitura musical y otro cerrado con una escuadra haciendo de "marca páginas"; a su lado un globo terráqueo, un compás de punta seca, un laúd y un estuche con flautas de diferentes tamaños.

     Tampoco pasa desapercibida la ambientación, con una sala con rico pavimento marmóreo de mosaicos cosmatescos, perfectamente ajustado a las leyes visuales de la perspectiva, lo que proporciona profundidad a la escena, y como fondo unas cortinas de damasco verde que dejan asomar un pequeño crucifijo en el ángulo superior izquierdo. Estas ennoblecen a los personajes del mismo modo que los doseles colocados tradicionalmente como fondo en las pinturas religiosas flamencas.

     Pero la pintura guarda una sorpresa más. Se trata de un extraño objeto que casi aparece gravitando en primer plano por encima del pavimento. Su extraño aspecto, que recuerda los llamados "huesos de sepia", guarda un código secreto que hizo que por muchos años tuviese un significado oculto. Hoy podemos comprobar, como ya apuntó el historiador Jurgis Baltrusaitis, que en realidad se trata de la "anamorfosis" de una calavera, elemento habitual en las pinturas referentes a la vanidad humana, un elemento que viene a poner un contrapunto oculto al lujo terrenal representado en la escena y que constituye un ejercicio de virtuosismo pictórico basado en los progresos de la óptica.

ESTUDIO ICONOGRÁFICO DE LOS DISTINTOS ELEMENTOS

Libro de la estantería superior
     Aparece cerrado en escorzo y sobre él apoya su codo Georges de Selve. El lomo del libro está recorrido por una inscripción que desvela la identidad y edad del personaje: "Aetatis Svae 25", que nos informa que en ese momento el obispo tiene 25 años.

Esfera armilar del estante superior
     La esfera armilar es un antiguo instrumento astronómico, empleado hasta el 1600, que servía para determinar las coordenadas celestes de los astros, en este caso con las constelaciones representadas por distintos animales mitológicos o zodiaco. El soporte lo constituye dos círculos ("armillas") cruzados que delimitan el meridiano principal y el ecuador. Su presencia es muy frecuente en los retratos del Renacimiento como símbolo de sabiduría y conocimiento. Como dato curioso la constelación del cisne está representada como un gallo atacando a un buitre y rotulada como Galacia, posible alusión al símbolo de la Galia, el gallo, haciendo huir a sus enemigos.

     Una esfera armilar muy semejante se guarda en el Museo de Ciencias de Londres y fue construida precisamente en 1533 por el astrónomo Johannes Schöner, originario de Nuremberg.

Serie de relojes
     Sobre el estante superior se hallan colocados varios relojes de sol, entre ellos un modelo también representado por Holbein cinco años antes en el retrato de Nicholas Krazter. También aparece un "torquetum", instrumento del mismo tipo que los elaborados por el célebre fabricante Peter Apian. La precisión de la pintura permite ver que uno de los relojes está marcando el 11 de abril, Viernes Santo en aquel año.

Libro de aritmética
     En el borde del estante inferior se halla una representación minuciosa de un libro de aritmética publicado por Petrus Apianus, matemático y astrónomo de la universidad de Ingolstadt (Alemania), que subtituló como "Un libro nuevo y fiable para aprender cálculo, destinado a los comerciantes", elemento que se ha interpretado como una alusión al origen de Georges de Selve en una familia de comerciantes enriquecidos en el siglo XV.
     Una escuadra permite ver una de las páginas del libro de cálculo entreabierta. En la que se aprecia la palabra "Dividirt", página elegida no por la operación matemática, sino para aludir a la división religiosa imperante en la Iglesia y en la política en ese momento, hecho que motivó diversos escritos de Georges de Selve, entre ellos un llamamiento a la reconciliación dirigido a Francisco I, rey de Francia, y al emperador Carlos V. El significado de la división se complementa con un compás colocado al fondo, denominado en inglés "divider".

Libro de música o cantoral
     El libro aparece abierto y en escorzo en el estante inferior. El acentuado realismo permite comprobar que se trata de un libro de himnos sagrados luteranos titulado "Geistlich Gesangbuhli" que fue publicado por Johannnes Walther en 1524. En las páginas figuran referencias a dos obras de Lutero, en la izquierda el primer versículo del himno titulado "Veni Sancte Spiritus" y en la derecha una introducción de los "Diez Mandamientos".

El laúd
     Preside, junto al cantoral y las flautas, el rincón destinado a la música. El instrumento, a modo de naturaleza muerta, es todo un ejercicio pictórico de perspectiva, con un exquisito trabajo de texturas, especialmente en el mástil de los trastes. El aparecer con una cuerda rota se interpreta como una referencia a la armonía perdida en el seno de la Iglesia.

Las flautas
     Junto al cantoral se halla un estuche de cuero para cinco flautas con una cinta roja para ser portado a la cintura. En su interior sólo figuran cuatro flautas, reforzando esta ausencia de nuevo la falta de armonía en la Iglesia, al faltar un elemento necesario para la polifonía.

El globo terráqueo
     La representación del mundo muestra la división pactada entre España y Portugal en el Tratado de Tordesillas de 1494. Sigue el modelo cartográfico realizado y coloreado en 1523 en Núremberg por Johannes Schöer y en él aparece dibujado el recorrido de Magallanes y parte de las costas de Brasil en el continente americano. Es una clara referencia a la presencia en el mundo de las grandes potencias del momento.

El crucifijo
     Aparece medio oculto tras la cortina en el ángulo superior izquierdo. Su presencia ha dado lugar a diversas interpretaciones. Por un lado como una imposible representación de Dios, reducida a un simple icono piadoso. Por otro, como una referencia a lo desconocido y al papel de Cristo como intermediario entre la vida y el más allá. También puede interpretarse como el arrinconamiento de las creencias religiosas en la lucha por el poder político.

El pavimento cosmatesco
     Se ha querido encontrar cierta similitud con los pavimentos de la abadía de Westminster, realizados en 1268 por el romano Odoricus, y el de la Capilla Sixtina, dos lugares donde aparecen trabajos de mosaicos cosmatescos insertados en el suelo con este diseño. La elección de este tipo de pavimento en lugar de las tradicionales baldosas todavía no está aclarado, apuntándose una posible referencia al macrocosmos en la que el círculo central puede estar simbolizando a Dios y los cuatro circundantes a los cuatro elementos: tierra, agua, fuego y aire. A través de este elemento se pondría en relación el microcosmos representado por los dos personajes con el macrocosmos de la creación.

La anamorfosis del cráneo
     Con una simple mirada a la pintura no es tan fácil descubrir el mensaje críptico que oculta la anamorfosis. A primera vista tiene un aspecto óseo que recuerda los llamados "huesos de sepia", pero hay que colocarse junto al marco, siguiendo el eje longitudinal de este motivo, para descubrir que representa la imagen de un cráneo humano, una calavera que frontalmente está desarrollada y que sólo es posible percibir en sus correctas proporciones desde un punto de vista concreto.

     Este gusto por los enigmáticos juegos visuales de imágenes deformadas se pusieron de moda en la corte de los Tudor para ciertos retratos, cuyas figuras sólo se identifican mirando a través de un orificio practicado en el marco. No obstante, también existieron ejemplos en la corte del emperador Carlos, conservándose algunas obras en España. Su representación supone un alarde visual por parte de los pintores para demostrar el dominio de la perspectiva visual según la captación de la realidad por el ojo humano, desde que Piero della Francesca describiera el método en sus estudios de perspectiva, que bien pudo conocer Holbein cuando viajó a Italia en su juventud.
     En este caso, la denominación en alemán de hueso hueco como "hohle bein" a motivado a algunos estudiosos a considerar esta representación como una firma en clave de Holbein. Otros ven un símbolo de la vanidad humana contrapuesto al lujo de los personajes representados, un género de pintura en el que las calaveras aluden de forma moralizante a la fugacidad de la vida, la belleza y el saber, así como el tratamiento igualitario de la muerte a todos los rangos de la existencia.

     Por todo ello, la pintura de los Embajadores es algo más que un retrato impecable y un universo de símbolos materializados en determinados objetos, pues sobre estos elementos ricos y suntuosos prevalece la idea de la inutilidad del hombre ante la muerte y lo transitorio de la vida, toda una declaración críptica de principios de este versátil pintor a través de una escena en la que prima el lujo y la apariencia.

Informe: J. M. Travieso.

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8 de junio de 2011

Bordado de musas con hilos de oro: SONETO, de Carlos Pellicer


SONETO
A un amigo incomparable, regalándole un reloj

El tiempo que nos une y nos divide
—frutal nocturno y floreciente día—
hoy junto a ti, mañana lejanía,
devora lo que olvida y lo que pide.

Cuidar en él lo que al volar descuide
será internarse en su relojería;
y minuto a minuto y día a día,
sin quererlo, aunque poco, nos olvide.

Olvidados del tiempo, esos instantes,
serán de eternidad; los deslumbrantes
momentos del instante de lo eterno.

Junio en tus manos su belleza afina;
el otoño es su dócil subalterno.
Tiempo y eternidad tu alma combina.


CARLOS PELLICER

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7 de junio de 2011

Estudios de Arte: Viaje Fin de Curso por los monasterios segovianos


     El día 5 de junio, como acto final del curso 2010-2011, los participantes en el Curso de Arte han realizado el Viaje Fin de Curso recorriendo diferentes enclaves segovianos en una suerte de viaje en el tiempo para conocer un conjunto de obras maestras diseminadas por la provincia hermana.

     El primer objetivo fue el Monasterio del Parral, situado en un paraje idílico al que el grupo llegó tras serpentear la ribera del Eresma con sus aguas cristalinas y una frondosa vegetación primaveral junto a la Casa de la Moneda. Todos quedaron sorprendidos de la vista de la ciudad desde el pórtico del monasterio jerónimo que fundara el marqués de Villena en tiempos de Enrique IV, una de las más bellas experiencias paisajísticas que uno puede encontrar en España, siempre entre el murmullo del agua y el canto de los pájaros.

     Tras recorrer los recoletos claustros, algunos de los cuales recuerdan la estética mudéjar de Guadalupe, todos quedaron impresionados ante la riqueza decorativa de la capilla mayor terminada en 1485, en la que se abren seis grandes ventanales en cuyas jambas se coloca un excelente apostolado pétreo realizado por Sebastián de Almonacid. En el centro el retablo renacentista que tallaran Juan Rodríguez y Jerónimo de Pellicer, discípulos de Vasco de la Zarza, el mejor exponente en la provincia del primer renacimiento, a cuyos lados se colocan los impresionantes sepulcros-retablo de alabastro de don Juan Pacheco, marqués de Villena, y su esposa doña María de Portocarrero, encargados en 1528 por su hijo Diego López Pacheco y atribuidos a Juan Rodríguez y Lucas Giraldo, dando lugar a un conjunto deslumbrante que sigue las pautas decorativas del Renacimiento.

     La siguiente parada fue en el monasterio de clarisas de San Antonio el Real, levantado en su día sobre el bosque del Campillo, donde Enrique IV, rey de Castilla y León, tenía una casa de campo en la que practicaba la caza. El monasterio, habitado desde 1488 por concesión de Isabel la Católica, es un complejo arquitectónico que cuenta con una impresionante colección de cubiertas mudéjares del siglo XV de colorido intenso y en perfecto estado de conservación, trabajos que impresionaron a todos al recorrer la capilla mayor, la sacristía, el claustro, el refectorio y la sala capitular. Otro tanto podemos decir del conjunto de trípticos flamencos que mezclan pintura y escultura, destacando el impresionante retablo de la Pasión situado en la nave de la iglesia, obra de 1460 poblada por más de cien pequeñas figuras de una calidad y expresividad increíble.

     Para terminar la mañana el grupo se acercó hasta la iglesia románica de San Justo para admirar el importante ciclo de pintura románica y conocer de forma detallada la historia del Cristo de los Gascones, crucifijo articulado del siglo XII, y los rituales medievales de la Depositio (Descendimiento) y la Visitatio (Visita de las Marías al sepulcro) que se celebraban en la iglesia en Semana Santa, un ritual que sorprendió a los asistentes al poder contemplar en vivo todos los elementos conservados: esculturas, relieves y frescos que documentan aquellas ceremonias.

     Tras una comida colectiva en el restaurante El Sexmo, por la tarde la primera visita fue a la iglesia de San Juan Bautista de Carbonero el Mayor, cuyo retablo mayor es una de las mayores joyas del renacimiento español, un deslumbrante conjunto de 21 tablas pintadas en 1547 por Baltasar Grande y Diego de Rosales que se conservan en un estado impecable. Las pinturas sorprenden por su intenso colorido y por fusionar con mucha habilidad la calidad del dibujo, la paleta y la minuciosidad de detalles de la pintura flamenca, tan apreciada en España desde el enlace de la reina Juana con Felipe el Hermoso, con los modelos tomados del renacimiento italiano, dando lugar en algunas escenas a unas obras de calidad poco habitual. El retablo de San Juan Bautista fue un gran descubrimiento para todos, cuya visita justificaba pos sí misma el haber realizado el viaje por tierras segovianas.

     Y aún daría tiempo para acercarse hasta Cuéllar para visitar en la iglesia de San Esteban, recientemente restaurada, el interesante retablo de la nave y el fastuoso conjunto de sepulcros de la capilla mayor, con las camas sepulcrales entre una abigarrada decoración de yeserías mudéjares. También hubo tiempo para hacer un recorrido por el gigantesco castillo-palacio de los Duques de Alburquerque, tras lo cual, y ante la amenaza de negros nubarrones, el grupo emprendió el regreso a Valladolid.

     El día no había podido ser más completo: prados idílicos y murmullo de manantiales bajo un sol primaveral, el silencio y el simbolismo cósmico de los viejos monasterios, historias de otro tiempo llenas de encanto y misterio, obras de arte de primera calidad que hemos recibido como inapreciable regalo y, lo más importante, todos juntos en torno a una mesa unidos por el aprecio al arte y una sincera amistad. ¡Esperemos que se repita!

Informe y fotografías : José Miguel Travieso.

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6 de junio de 2011

Museo Nacional Colegio de San Gregorio: Actividades junio 2011


CINE EN SAN GREGORIO. ESPAÑOLES EN CANNES

     El Museo Nacional Colegio de San Gregorio dedica un ciclo de cine para homenajear el 50 aniversario del único triunfo de dos españoles en el Festival Internacional de Cine de Cannes.

     El ciclo contará con la presencia de Pedro G. Romero, artista plástico y crítico de arte especialista en cultura popular (ha compilado el mayor archivo sobre la iconoclastia en España 1845 – 1945), que impartirá la conferencia: «La exaltación de la visión. Fuentes y vertientes distintas para la lectura de Fuego en Castilla de José Val del Omar».

     Tan sólo cincuenta años nos separan del triunfo español en la 14 edición del Festival Internacional de Cine de Cannes. En 1961 un largo y un cortometraje se llevaban la Palma de Oro en sus categorías: Viridiana, de Luis Buñuel y Fuego en Castilla, de José Val del Omar.

     Como se suele decir, no existen las casualidades, y lo cierto es que fue aquel un festival memorable y políticamente explosivo para el cine español:
     Buñuel presentaba una película cargada de elementos transgresores, como el intenso deseo sexual y la burla a la caridad cristiana, transformando lo que para la censura franquista había pasado por un inocente guión, en una bomba de relojería.
     Val del Omar proyectaba él mismo un documental que rebosaba de una nueva mística vanguardista e insólita, reforzada por una técnica irrepetible de gran poder conmocionador: el desbordamiento apanorámico de la imagen por techos y paredes de la gran sala del Festival.
     De esta manera, misticismo y sacrilegio compartieron sus destinos en Cannes… y triunfaron.

     Si conceptos como vanguardia y documental, vinculan la producción artística de Buñuel y Val del Omar durante la época republicana, lugares tan dispares como París, Las Hurdes o México, conservan la huella de su paso.
     Buñuel y Val del Omar se conocieron en los años 30 en la Residencia de Estudiantes madrileña, compartieron amistad con Federico García Lorca, y se reencontraron en México en el año 60. Si la obra de Buñuel representa la vanguardia histórica del cine español en los años 30, la del Val del Omar sirve de enlace entre dicha etapa y el cine experimental de los años 70 y 80.
     Sus obras premiadas el mismo año en Cannes cierran este ciclo de paralelismos y coincidencias, con una única salvedad: la de Buñuel fue rodada en tres meses y la del Val del Omar tardó tres años en concebirse y realizarse en el Museo Nacional de Escultura, hoy Museo Nacional Colegio de San Gregorio.

Miércoles 8, a las 20 h.
Ciclo de cine y conferencia
CINE DE VANGUARDIA. ESPAÑOLES PREMIADOS EN CANNES
Conferencia sobre Val del Omar. Pedro G. Romero, crítico de arte especialista en cultura popular y artista plástico.
FUEGO EN CASTILLA (Documental). José Val del Omar (duración 20’)
Capilla del Colegio de San Gregorio.
Entrada libre hasta completar el aforo.

Jueves 9, a las 20 h.
Ciclo de cine
CINE DE VANGUARDIA. ESPAÑOLES PREMIADOS EN CANNES
VIRIDIANA. Luis Buñuel (duración 90’)
Capilla del Colegio de San Gregorio.
Entrada libre hasta completar el aforo.

OTRAS ACTIVIDADES

Sábado 18, a las 12 h.
Inauguración del jardín del museo
UN GIORNO NEL GIARDINO. FIESTA DE LA MÚSICA
Aperitivo y música: Trivial Suite
Flauta, acordeón y percusión
Entrada libre

Domingo 19, a las 12 h.
Música en salas: LA MUSA MUSICAL
Grupo de arpas. Alumnos del Conservatorio Profesional de Música de Valladolid
Salas del Museo

Sábado 25, a las 11.30 h.
Taller para jóvenes de 13 a 18 años
XprésaT. Desarrolla el «Efecto Galatea»
Actividad gratuita. Plazas limitadas.
Inscripción previa reservas.museosangregorio@mcu.es o en el teléfono 983 250375 ext. 110, 116 y 117 (martes a viernes de 12 a 14 h).

Domingos 5, 12, 19 y 26, a las 12 h.
Taller para familias: MONSTRUOS Y OTROS BICHOS
Actividad gratuita. Plazas limitadas.
Inscripción previa reservas.museosangregorio@mcu.es o en el teléfono 983 250375 ext. 110, 116 y 117 (martes a viernes de 12 a 14 h).

Domingos 5, 12 y 19, a las 12 h.
Visitas temáticas
Museo y teatro: DIÁLOGOS ENTRE LA ESCULTURA Y LA ESCENA
Actividad gratuita. Plazas limitadas.
Inscripción previa reservas.museosangregorio@mcu.es o en el teléfono 983 250375 ext. 110 (martes a viernes de 12 a 14 h).

Todos los jueves de junio el horario de apertura se amplía de 20 a 22 horas.

Dpto. de Comunicación del Museo Nacional Colegio de San Gregorio

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3 de junio de 2011

Historias de Valladolid: EL CRISTO DE BRONCE, un testigo inesperado en la iglesia de la Antigua


     Tenemos en Valladolid sobrados ejemplos de escultura fantástica y monstruosa en el tapiz de piedra de la fachada del Colegio de San Gregorio y en las gárgolas de su patio, pero ninguna de ellas alcanza el grado burlón y enigmático que presentan las gárgolas que circundan las cresterías de la iglesia de Nuestra Señora de la Antigua.

     Pocos viandantes reparan en esta colección de extraños monstruos y seres malignos que desde su alta posición, encaramados sobre la cornisa del alero, acechan a los viandantes con sus bocas abiertas y su gesticulación sarcástica, adquiriendo especial expresividad cuando vomitan el agua como desagües del tejado. Este peculiar bestiario, que por su tamaño constituye el elemento ornamental de tipo figurativo más destacado entre la pureza de líneas y sobriedad estructural de la arquitectura gótica del siglo XIV, contribuyó a dotar de misterio y fantasía a uno de los entornos más sugerentes de Valladolid, un espacio que hoy es difícil de recrear porque ha llegado a desaparecer casi por completo.

     En esta ocasión queremos atribuir a estas gárgolas de Valladolid la complicidad de un secreto muy bien guardado, pues todas ellas fueron testigos de una leyenda, no demasiado conocida, que tiene por escenario el emblemático templo y por cronista apasionado al poeta José Zorrilla.

     La iglesia de Santa María de la Antigua, convertida en una de las principales enseñas de la ciudad, tuvo su origen en el siglo XI como capilla privada del palacio del Conde Ansúrez (ya mencionada en 1088), pero sería a comienzos del siglo XIII cuando adquirió su aspecto monumental al añadirse la esbelta torre románica a los pies y la galería porticada que sigue un diseño característico en el románico castellano, un pórtico cuyas arquerías se levantaban a escasos metros del cauce de un ramal del Esgueva, motivo por el que aparece atípicamente colocado al norte, cuando lo habitual es que lo hagan al sur. Tanto la torre como el pórtico se conservaron cuando en el siglo XIV se remodeló la iglesia, por entonces reinaba Alfonso XI de Castilla, dando lugar a la fusión de los elementos románicos y góticos que presenta su elegante fisionomía.

     Es justamente aquel sugestivo enclave formado por el cauce del Esgueva y el pórtico románico colocado a modo de mirador, en su tiempo con las arquerías reflejadas en sus aguas, el punto de partida de la leyenda que ahora trataremos, porque a pesar de que a mediados del siglo XIX el cauce del río fue desviado y cubierto, y la iglesia comenzó a manifestar síntomas de ruina, precisamente por la inestabilidad del terreno junto al río, su airosa imagen siempre llamó la atención de los viajeros y artistas románticos de otro tiempo, que reiteradamente dejaron su aspecto plasmado en diferentes grabados y estampas.

     Tras el cierre al culto en 1908 de la iglesia de la Antigua y tras un prolongado proceso de restauración que en 1922 obligó al traslado del retablo de Juan de Juni a la catedral, de donde nunca más regresó, las naves de la iglesia y el crucero fueron rehechas en estilo gótico según un proyecto de Adolfo Fernández Casanova, que conservó los ábsides, la torre y la galería porticada, al tiempo que se derribaron añadidos posteriores a su fundación. Las obras terminaron en 1930, aunque por reformas funcionales la iglesia no se abriría al culto hasta 1952.

     También el entorno ha sufrido una transformación radical, especialmente cuando en la década de los 80 del siglo XX se derribó, en medio de una gran polémica ciudadana, la manzana de viviendas circundantes, de origen medieval, dejando la iglesia aislada y descontextualizada de su entorno.

     Retomando el hilo de la vieja historia, hemos de retrotraernos a mediados del siglo XIX, cuando la sensibilidad romántica José Zorrilla recoge la Leyenda del Cristo de bronce, situando la acción, en un ejercicio de fantasía y fabulación, en el citado entorno de la iglesia de la Antigua. Como el propio poeta declaraba, afloraban en su imaginación un cúmulo de recuerdos de infancia y, según sus palabras, recogidas en sus Obras Completas, encontró en el entorno de la Antigua el marco apropiado para localizar una vieja historia que de niño había escuchado en Valladolid, ideando la existencia de un nicho que albergaba un Cristo de bronce que en realidad nunca existió: "el callejón que formaba con el muro de la iglesia quedaron fotografiados en mi memoria; pero con la extraña adición de un Cristo en un escaparate alumbrado por un farol, que creo nunca existió y que debió colocar mi memoria al pie de la torre y sobre el Esgueva, confundiéndoles con el de otra parte de la cual le arrancó para colocarle allí".

     En su infancia, Zorrilla ya había dado muestras de la sugestión que sobre su sensible personalidad habían llegado a ejercer algunos lugares de Valladolid, como cuando siendo niño creyó ver pasar junto a la puerta de su casa el caballo de San Martín montado por el demonio que antes había visto vencido por San Miguel, fruto del impacto de las imágenes de los retablos de la iglesia que frecuentaba con su madre. Por eso es fácil imaginar a Zorrilla en su infancia merodeando por el entorno de la Antigua, donde no le pasarían desapercibidos los gestos de las gárgolas, el crucero de piedra colocado ante la fachada y las sombrías arquerías del pórtico, un escenario más que idóneo para localizar una vieja historia. A ello podríamos añadir la posibilidad de que conociera, en la penumbra de la capilla de San Juan Evangelista de la catedral, la imagen de un busto de Cristo que allí se conservaba, realizado en bronce en el siglo XVII, que pudo pasar a formar parte de su memoria para después fabular aquella leyenda ambientada en el reinado de Felipe II.

LEYENDA DEL CRISTO DE BRONCE

     Vivían en Valladolid dos jóvenes, Germán y Juan, que durante mucho tiempo estuvieron enfrentados, siendo su enemistad conocida por todos. El primero era sobrino de don Miguel Osorio, un juez que ejercía su actividad en torno a la Chancillería, mientras que su adversario era un ahijado del rey. Ya convertidos en caballeros, ambos se movían entre grandes familias y ambos compitieron por los amores de Aurora, una dama joven y hermosa. La conocida rivalidad parecía haberse solucionado cuando los dos nobles, en un acto de cordura, llegaron a hacer las paces en presencia del rey y del juez, lo que supuso el fin a muchos quebraderos de cabeza, a pesar de que el juez tenía pendiente un pleito de Juan que no terminaba de resolver.

     Tiempo después Aurora llegó a condescender a los galanteos de Juan, con quien mantenía citas frecuentes mientras desdeñaba a Germán. En cierta ocasión la dama, con gran astucia, llegó a convencer a Juan de que sabía a ciencia cierta que el motivo por el cual el juez don Miguel de Osorio retenía la sentencia definitiva a su favor se debía a que ella hubiera rechazado las aspiraciones amorosas de su sobrino.

     Juan, encolerizado, decidió llevar a cabo la venganza, dispuesto a poner fin a una rabia que había marcado buena parte de su vida. Una noche, embozado y armado, esperó el paso habitual de Germán junto al pórtico de la iglesia de la Antigua, un lugar apenas iluminado por la tenue luz de un farol colocado junto al nicho ocupado por un crucifijo de bronce. Al realizar Germán su recorrido habitual, fue asaltado a traición y asesinado por Juan, que rápidamente huyó del lugar para evitar ser reconocido, dejando a Germán tendido bajo la pequeña hornacina orientada al Esgueva.

     El hecho causó una gran conmoción entre los vecinos, circulando enseguida rumores que apuntaban al ahijado del monarca como posible culpable del asesinato, algo de lo que también estaba convencido el juez, que rápidamente informó al rey de lo sucedido. Por orden real, Juan fue detenido, a pesar de declararse inocente, mientras Germán fue enterrado en la capilla familiar de la iglesia de la Antigua.

     Deseoso el juez de que el caso no se demorase de nuevo, como aquel pleito pendiente, se dirigió a Felipe II solicitando autorización para realizar una prueba judicial que podía resolverse con rapidez, una suerte de ordalía o juicio de Dios, como los practicados desde la Edad Media, consistente en que Juan jurase ante los Evangelios y sobre la tumba de Germán la inocencia que declaraba. Fiel a sus convicciones, a cambio se ofrecía como juez para asumir todas las culpas, dispuesto incluso a morir ajusticiado si el acto le era desfavorable.

     El rey aceptó la propuesta y el juez reunió al tribunal en la iglesia de la Antigua, junto al enterramiento de su sobrino. Tras ser conducido Juan hasta allí, colocaron sobre el sepulcro el texto sagrado para realizar el juramento. En el momento en que Juan apoyó su mano sobre el libro, irrumpió en la capilla un personaje embozado cuya potente voz retumbó por las bóvedas de la iglesia sorprendiendo a todos: "Yo fui testigo de la muerte de ese hombre, don Juan le asesinó y estando yo presente no se atreverá a jurar".

     A pesar de la amenaza del desconocido, Juan se apresuró para realizar su juramento colocando su mano sobre los Evangelios. En ese momento el embozado se descubrió y todos quedaron atónitos al comprobar a las luz de las teas que el personaje era una estatua de bronce. Fruto de la impresión, Juan lanzó un grito de angustia y cayó al suelo fulminado. La estatua levantó el brazo y señalando el cadáver de Juan exclamó: "Jamás se debe jurar en vano. Yo fui testigo del crimen y he venido a vengarle; soy el crucifijo de la Antigua".

     Desde entonces el crucifijo desapareció y para recordar el suceso fue colocada una gran cruz de piedra ante la fachada principal de la iglesia de la Antigua, la misma que hoy se puede contemplar sobre el enlosado pétreo.


     Buena parte de la leyenda se debe a la fabulación de Zorrilla, al que desde pequeño gustaba escuchar los relatos que narraban algunas personas que visitaban a sus padres. Historias fantásticas, también compartidas por Gustavo Adolfo Bécquer, en las que son frecuentes las intervenciones sobrenaturales, como aquella recogida en "A buen juez mejor testigo", también recreada por el poeta vallisoletano y localizada en la ermita del Cristo de la Vega de Toledo, donde un crucifijo desclava un brazo para confirmar un juramento amoroso del que fue testigo.


(El relato de la leyenda está basado en el trabajo publicado por Sara Puy Palacios Arregui  como "Leyendas y Tradiciones" en la colección de "Cuadernos vallisoletanos", editado en 1987 por la Caja de Ahorros Popular de Valladolid).

Ilustraciones: 1 Detalle de una gárgola de la iglesia de Santa María de la Antigua. 2 Detalle del ábside de la misma iglesia. 3 Litografía de la iglesia de Sta. María de la Antigua realizada en 1821 por D. Harding, donde curiosamente aparece un crucifijo en el crucero situado ante la fachada. 4 Recreación del pórtico de la Antigua con el inexistente Cristo de bronce. 5 Cabeza de bronce a partir de uno de los Guerreros de Riace. 6 Crucero pétreo ante la fachada de la iglesia de Sta. María de la Antigua, origen de la leyenda. 7 Crucero de piedra con la inacabada catedral de Valladolid al fondo. 

Informe y fotografías: J. M. Travieso.
Registro Propiedad Intelectual - Código: 1106039365611

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2 de junio de 2011

VIAJE: FESTIVAL TEATRE GREC DE BARCELONA, del 15 al 17 de julio 2011


PROGRAMA

Día 15 de julio, viernes
     Salida a las 15,45 h. desde el aeropuerto de Villanubla en vuelo hasta Barcelona. Traslado al hotel en transporte público. Traslado en transporte público hasta el Teatre Grec para asistir al espectáculo "Las Migas y Rafaela Carrasco" (precio entre 15 y 25 €). Regreso al hotel en metro u otro transporte urbano.

Día 16 de julio, sábado
    Desde primera hora de la mañana visita a la ciudad con guía local. Por la tarde visita al Museo Nacional de Arte de Cataluña. Al finalizar está previsto visitar otros monumentos histórico-artísticos de la ciudad condal. Posibilidad de asistir a un espectáculo de música napolitana (precio entre 25 y 54 €). Traslados al hotel en transporte público.

Día 17 de julio, domingo
     Mañana libre. Salida en tren de cercanías hasta el aeropuerto. Embarque en vuelo de Ryanair con destino Valladolid, donde está previsto llegar alrededor de las 15 h.


PRECIO APROXIMADO: 310 € Habitación doble. / 360 € Habitación individual.


INCLUYE:
- Vuelo con Ryanair (coste aprox. 140 € / Sujeto a variación dependiendo del momento de contratar los asientos. Se haría precio medio entre los viajeros).
- Hotel Guillermo Tell (3*) en régimen de media pensión.
- Habitaciones dobles o individuales en el hotel, según elección.
- Entrada al Teatre Grec.

NO INCLUYE:
- Entradas a monumentos.
- Traslados Valladolid-Villanubla-Valladolid.
- Traslados en Barcelona (Aeropuerto-hotel-Teatre Grec-visita guiada).
- Servicios no especificados.

REQUISITOS: Grupo máximo 20 personas.

INFORMACIÓN Y RESERVA DE PLAZAS: Por correo en la dirección domuspucelae@gmail.com o llamando al teléfono 608 419228 de 18 a 20,30 h. a partir de la publicación de este anuncio, con fecha tope el 5 de junio.

NOTA: El viaje está organizado por Domus Pucelae, por lo que necesario la preinscripción cuanto antes para realizar la reserva del vuelo y las entradas al Teatre Grec.
El día 6 de junio se realizará una reunión a las 19 horas en la sala de Caja Círculo, calle Claudio Moyano, para el pago de 200 € como confirmación de reserva y pago del teatro, avión y adelanto de hotel.

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Exposición: POLONIA. TESOROS Y COLECCIONES ARTÍSTICAS, del 2 de junio al 4 de septiembre 2011


PALACIO REAL DE MADRID. Sala de Exposiciones Temporales

     Durante tres meses se presenta en Madrid la exposición “Polonia. Tesoros y Colecciones Artísticas”, una muestra organizada por Patrimonio Nacional junto con el Museo Nacional de Cracovia que permitirá contemplar por primera vez en España una obra mítica de Leonardo da Vinci: La Dama del armiño, pintada entre 1483 y 1490 por el genio toscano.

     La exposición presenta 195 obras pertenecientes a distintas disciplinas artísticas, entre ellas pintura, escultura, tapices, monedas, medallas, porcelana, textiles, documentos, libros y mobiliario, todas ellas profundizando en los aspectos históricos, geográficos y tradicionales de Polonia.

     Entre las piezas más significativas que han viajado a Madrid se encuentran La familia Jagellón de Lucas Cranach el Joven, La niña en el marco de Rembrandt, varios retablos góticos, tapices de Bruselas y armaduras elaboradas en talleres de Alemania e Italia, aunque sin duda alguna la estrella de la exposición es la célebre tabla de Leonardo, que ha podido salir de Polonia después de casi un año de discusiones entre expertos, el Ministerio de Cultura polaco y la Fundación Princes Czartorysky, propietaria de la pintura.

La Dama del armiño
     Se trata de una pintura al óleo sobre tabla que representa a Cecilia Gallerani, amante de Ludovico Sforza el Moro, cuando tenía 17 o 18 años. La pintura siempre ha sido considerada como una de las obras más sutiles de la historia de la pintura y con los retratos de Ginebra Benci, La Belle Ferronière y La Gioconda forma parte del cuarteto de damas pintadas por Leonardo. El retrato fue comprado en el siglo XIX por el príncipe Czartorysky como regalo a la colección que su esposa tenía en el castillo polaco de Pulawy, donde ha permanecido hasta hoy. Después de Madrid la pintura viajará a Berlín, donde formará parte de una exposición de retratos del Renacimiento, y posteriormente a Londres, donde será presentada en una ambiciosa muestra dedicada a Leonardo da Vinci, regresando a Cracovia en febrero de 2012.

HORARIOS DE VISITAS:
De lunes a domingo de 10 a 20 horas.

TARIFAS:
Visita a la Exposición: 10 €
Visita al Palacio Real y a la Exposición: 16 €

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1 de junio de 2011

Fastiginia: Valladolid en "Civitates Orbis Terrarum", 1572-1617


Estampas y recuerdos de Valladolid


     Tras la experiencia de Abraham Ortelius, autor del "Theatrum Orbis Terrarum", el primer atlas de la edad moderna, publicado el 20 de mayo de 1570 en Amberes, Georg Braun y Frank Hogenberg decidieron recorrer la misma senda y recopilaron una colección de casi 600 vistas, coloreadas a mano, de las que por entonces eran consideradas como las ciudades más importantes del mundo. Lo que en principio estaba concebido para un volumen único acabó convirtiéndose en una colección de 6 tomos que fueron editados sucesivamente, entre 1512 y 1617, en Colonia (Alemania) con el título de "Civitates Orbis Terrarum". En la obra figuraban enclaves urbanos como Roma, París, Londres, Jerusalén, Moscú, Constantinopla, etc., incluyendo también ciudades de África, Asia y América y una representación de destacadas ciudades españolas, entre ellas Sevilla, Barcelona, Toledo, Burgos y Valladolid.

     La obra tuvo un enorme éxito entre los círculos humanistas de las universidades, contribuyendo las vistas de Hogenberg y las explicaciones escritas en latín por Braun a cambiar la visión del mundo, dado que en cada lámina se incluían descripciones históricas, geográficas, sociales y económicas de las ciudades. Cierto es que, dado el elevado coste de la edición, los principales compradores fueron reyes, príncipes, nobles y miembros de la burguesía enriquecida, para los que la posesión de la obra se convertía en un símbolo de prestigio y poder. Hoy día los codiciados e ilustrativos ejemplares están custodiados en las más prestigiosas instituciones, como es el caso en España de la Biblioteca General Histórica de la Universidad de Salamanca, la Biblioteca Nacional de España de Madrid y las bibliotecas vallisoletanas Reina Sofía, de la Universidad, y la del Palacio de Santa Cruz, entre otras.


     En la célebre recopilación figura una vista de Valladolid según una plancha realizada por Frank Hogenberg sobre un apunte del natural tomado por Georg Hoefnagel. La panorámica está planteada como un dibujo realizado desde la Cuesta de la Maruquesa, con las torres al fondo de los principales templos, parte de las murallas en los accesos al Pisuerga y campesinos trillando en primer plano en las proximidades de la actual Huerta del Rey. De esta estampa después se hicieron diferentes versiones, tanto en color como en blanco y negro.


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30 de mayo de 2011

Viaje Fin de Curso Estudios de Arte: RETABLOS SEGOVIANOS, 5 de junio 2011


VIAJE RESTRINGIDO A LOS PARTICIPANTES EN EL CURSO DE ARTE 2010-2011

PROGRAMA

Salida desde la plaza de Colón a las 8 horas con dirección a Segovia. Visita del Monasterio del Parral, Monasterio de San Antonio el Real, iglesia de San Justo (Cristo de los Gascones) y retablo del santo Entierro de Juan de Juni en la catedral.
Traslado hasta Tabanera la Luenga, donde en el Centro de Turismo Rural El Sexmo tendrá lugar la comida Fin de Curso.
Por la tarde traslado a Carbonero el Mayor para visitar la iglesia de San Juan Bautista, que guarda uno de los retablos más importantes del Renacimiento español. Traslado a Cuéllar para visitar la iglesia de San Esteban y otros templos recientemente restaurados. A las 20 h. regreso a Valladolid.

PRECIO: 40 €.

INCLUYE:
- Traslado en autocar desde Valladolid por todo el recorrido.
- Entrada a los monumentos.
- Comida de hermandad en el restaurante El Sexmo.

REQUISITOS: Grupo máximo 40 personas. CUPO CUBIERTO.

INFORMACIÓN Y RESERVA DE PLAZAS: Por correo en la dirección domuspucelae@gmail.com

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28 de mayo de 2011

¡ Superamos las 200.000 visitas!





     En mayo de 2010 celebrábamos las 50.000 visitas al blog después de poco más de un año de funcionamiento y estábamos orgullosos de ello. Desde entonces las visitas se han triplicado y ya alcanzamos las 200.000, lo que indica que nuestros artículos se leen con interés no sólo en Valladolid, sino también en muchas partes del mundo.

     Durante este tiempo ha ocurrido de todo, desde las palabras alentadoras que nos animan a seguir en la misma línea al pirateo descarado de nuestras colaboraciones y fotografías. Pero incluso eso nos indica que lo que aquí presentamos, recordemos de nuevo que se trata de un tablón virtual de nuestra asociación, no pasa desapercibido y merece la atención de mucha gente. Así lo consideramos sin la pretensión de optar a premios ni galardones, siendo nuestro único objetivo informar, formar y entretener. ¡En ello estamos!

Muchas gracias por vuestra amistad.


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27 de mayo de 2011

Visita virtual: ADÁN Y EVA, la belleza ideal en el paraíso





ADÁN Y EVA
Alberto Durero (Núremberg, 1471-1528)
1507
Óleo sobre tabla
Museo del Prado, Madrid
Pintura del Renacimiento. Escuela flamenca-alemana


     Estas dos tablas independientes, que a su vez forman pareja, fueron realizadas por Alberto Durero después de su segundo viaje a Venecia en 1505, motivo por el que ofrecen algunos rasgos italianizantes, como el representar un relato bíblico con fines moralizantes como excusa para hacer a través del desnudo un estudio anatómico a escala monumental (209 x 80 cm.) exaltando la belleza carnal del cuerpo humano. A pesar de todo, en la obra subyace un evidente mensaje moral que gira en torno al pecado original, ratificado en el cartel que cuelga de una rama en la pintura de Eva, en el que, junto a la firma del autor, anagrama habitual y fecha de ejecución, figura la frase "post Virginis partum" en alusión a la Virgen como nueva Eva o mujer libre del pecado que Adán y Eva se disponen a cometer.

     Pero estas dos pinturas nunca fueron concebidas para formar parte de algún retablo destinado al culto religioso, pues ambas pinturas pueden sugerir a simple vista las puertas de un tríptico, sino como una composición alegórica en la que Durero experimenta sobre la perfección de las proporciones humanas, una constante entre los pintores del Renacimiento que en la obra de Durero se traduce en obsesión.

     Las dos anatomías destacan tanto por su esbeltez y estilización, fruto de haber utilizado el pintor un canon de nueve cabezas en lugar del canon vitrubiano de ocho, como por su colocación sobre un fondo neutro que potencia las formas y la fluida línea del dibujo, con un espacio muy reducido para la ambientación espacial. En las figuras Durero hace un ejercicio de manierismo que no será habitual en su obra, claramente apreciable en las posturas inestables de la pareja, en los movimiento rítmicos de los cuerpos, próximos a la danza en la figura de Eva, la afectación de los gestos de las manos y el ensimismamiento de los rostros, con la cabeza de Adán colocada en tres cuartos y de frente la de Eva, aparentemente sin relación entre sí y con la manzana como único vínculo de unión.

     Un elemento que no pasa desapercibido al espectador es el principal objetivo perseguido por el pintor, esto es, la belleza que emana de los cuerpos y los rostros, una belleza lograda a través de una estudiada y elegante composición, así como una perfección técnica impecable en la utilización del óleo, con perfiles recortados nítidamente sobre el fondo uniforme y una gama cromática que define un magistral modelado volumétrico. A ello se suma la ausencia de detalles anecdóticos, con un virtuosismo de tipo científico y naturalista en la representación del árbol del bien y del mal, de las manzanas y de la serpiente.

     Por este motivo, Adán puede sugerir la representación clásica de Apolo y Eva la de Venus, con la belleza y serenidad propia de los artistas griegos y la idealización de la figura humana propia de los pintores renacentistas italianos, con cual la pintura se revela como un ejercicio intelectual, relacionado por su complejidad con la obra de Leonardo da Vinci, en el que Durero funde los modelos de procedencia clásica con los temas cristianos: la concordatio aplicada por los artistas del Renacimiento italiano. De modo que lo personajes no sólo siguen un clasicismo formal, estético y de gran pureza artística, sino que adquieren una nueva dimensión ideológica y teórica muy alejada del arte precedente. Todo ello se aprecia con nitidez en estas pinturas, donde Durero muestra a los primeros habitantes de la Humanidad, los primeros padres según el relato bíblico, representando una belleza humana sin la contaminación producida por el pecado, donde lo bueno y lo bello sólo puede ser alcanzado a través del arte.

     Las tablas de Adán y Eva de Alberto Durero son los primeros desnudos de tamaño natural realizados por la pintura nórdica, destacando la sutileza del tono bronceado en el cuerpo masculino y el blanco rosado en el de la mujer. En el escueto paisaje, que en lenguaje actual diríamos de aspecto lunar, parece soplar una ligera brisa que agita los cabellos de la pareja, lo que contribuye a resaltar el movimiento de los cuerpos y la emoción de los rostros, utilizando una luz cenital un tanto artificiosa para resaltar los volúmenes de las anatomías, toda una serie de sabios recursos técnicos para hacer desparecer bajo el brillante cromatismo del óleo aplicado la precisión y el naturalismo del dibujo subyacente, una modalidad en la que el pintor era un auténtico genio.

PERIPECIAS DE ESTAS PINTURAS

     No existe un soporte documental que informe acerca de quién pudo encargar estas pinturas ni su destino, pero sí de que fueron adquiridas por el Ayuntamiento de Nurmeberg tras la muerte de la esposa de Durero, siendo regaladas en 1586 por aquel municipio al emperador Rodolfo II, que las colocó en su galería del castillo de Praga. Allí formaron parte de las obras expoliadas por los suecos durante el saqueo de Praga de 1648, momento en que fueron trasladadas a la corte de Estocolmo. Seis años después Cristina de Suecia, que sentía una especial predilección por la pintura italiana, no así por la germánica, se las regaló al rey español Felipe IV.

     A su llegada a Madrid en 1655, las dos tablas fueron consideradas como atrevidos "desnudos", aunque de gran calidad, por lo que pasaron a formar parte de un gabinete privado del Alcázar conocido como las "Bóvedas de Tiziano", así llamado por la colección real de desnudos del pintor veneciano junto a otros de Tintoretto, Rubens, Ribera y otros afamados pintores. Tras el célebre incendio del Alcázar en 1734, que afortunadamente no afectó a aquel gabinete, todas aquellas obras fueron trasladadas al palacio del Buen Retiro.

     Pero no habían acabado los problemas, pues los prejuicios morales del puritano Carlos III hicieron que en 1762 fueran incluidas en una lista de "cuadros indecentes" listos para su destrucción. Afortunadamente Mengs, pintor del rey, supo convencerle de que eran unas pinturas muy apropiadas para los estudiantes de pintura, siendo confinadas con fines didácticos en los almacenes de la Real Academia de San Fernando, de donde sólo salieron durante el reinado de José Bonaparte (1809-1813), siempre como modelo para los alumnos de Bellas Artes.

     Tras su ingreso en 1827 en el Museo del Prado, formaron parte de una sala reservada que reunía pinturas de desnudos de destacados maestros, siendo incorporadas a las salas públicas a partir de 1838.

     El año 2008 las pinturas fueron sometidas a un lento proceso de restauración en el Museo del Prado que afectó tanto al soporte de madera como a la limpieza y reintegración de la pintura, siendo aplicadas sofisticadas y vanguardistas técnicas en el campo de la restauración, especialmente aplicadas al soporte. El magnífico estado final de las obras fue presentado públicamente el 24 de noviembre de 2010.

Informe: J. M. Travieso.














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