18 de septiembre de 2013

Música en septiembre: MA CHE FREDDO FA, de Nada




Una canción refrescante: Hace frío ya, interpretada por la italiana Nada, un éxito de 1969 que repite nada menos que 44 años después acompañada por Carmen Consoli, Paola Turci y Marina Rei. Aquí está, tan fresca, como si no hubiera pasado el tiempo.

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16 de septiembre de 2013

Viaje virtual: MUSEO THYSSEN-BORNEMISZA DE MADRID en 360º


¿Te apetece recorrer las salas del Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid sin moverte de casa? Aquí te ofrecemos la oportunidad de recorrer una a una todas las salas del museo para ir descubriendo las maravillas que guarda.

Solamente tendrás que acceder en el enlace que figura al final de este artículo, seleccionar una de las dos plantas que figuran en el panel de la derecha de la web del museo y elegir en el croquis el número de sala que te interesa visitar y mover el ratón indicando la dirección que quieres tomar, como si estuvieras en persona en la sala. Además con la posibilidad de hacer un recorrido por todas las salas del museo.

Por si esto fuera poco, puedes colocar el cursor sobre muchos cuadros para obtener una información detallada del mismo, pues te abrirá otra ventana con la obra y un icono para escuchar, como si tuvieras tu propio guía en el museo. Un entretenimiento asegurado y enriquecedor teniendo en cuenta que podrás encontrar obras de los grandes maestros italianos, holandeses, españoles, expresionistas, impresionistas, cubistas, surrealistas, vanguardias, etc., que podrás elegir según tus gustos.

Para acceder pulsa aquí


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13 de septiembre de 2013

Theatrum: SAN PEDRO EN CÁTEDRA, un pontífice con aspecto de rudo labriego








SAN PEDRO EN CÁTEDRA
Gregorio Fernández (Sarria, Lugo, 1576 - Valladolid, 1636)
Hacia 1630
Madera policromada y postizos
Policromía de Diego Valentín Díaz
Museo Nacional de Escultura, Valladolid (Procedente del Convento del Abrojo, Laguna de Duero, Valladolid)
Escultura barroca española. Escuela castellana









Fue en los años centrales del siglo XVI cuando el escultor Arnao de Bruselas dejó asentada, en numerosos trabajos del entorno de La Rioja, una depurada iconografía de vírgenes y santos titulares que con una posición sedente presidían los cultos desde la hornacina principal de los retablos, siempre imágenes dotadas de una gran vivacidad. Buenos ejemplos los encontramos en la Virgen con el Niño y ángeles del retablo de San Vicente de la Sonsierra (La Rioja), en el San Esteban de Genevilla (Navarra), en la Santa Coloma de Angostina (Álava), en el San Esteban de Bernedo (Álava), en el San Martín de Alberite (La Rioja), en la Virgen con el Niño de Baños de Rioja, etc. Esta modalidad sedente, tan poco frecuente, sería retomada hacia 1630 por Gregorio Fernández y elegida para representar a un San Pedro en su condición de Sumo Pontífice, con todos los atributos pontificales en alusión a la dignidad de su rango como cabeza de la Iglesia Católica.

Con esta disposición, único caso conocido en la obra del escultor gallego, logra dos objetivos fácilmente apreciables a través de un trabajo de fuerte naturalismo. Por un lado, la presentación del elegido por Cristo para ocupar la primera cátedra papal de forma solemne, entronizado, revestido de pontifical y rodeado de todos los atributos papales en los que se mezclan unos asociados a la iconografía tradicional, como las grandes llaves, con otros anacrónicos que aluden a su alta dignidad eclesiástica, como la capa pluvial, los guantes, la mitra, el báculo en forma de cruz patriarcal, un gran misal que no se ha conservado y la cátedra reproduciendo un sillón frailero de uso común en el siglo XVII español, elementos que ofrecen, de forma simbólica, la estereotipada imagen papal del momento en que se realiza la escultura, totalmente distinta a otras representaciones del apóstol realizadas por Gregorio Fernández para distintos retablos, donde aparece ataviado con túnica y manto y con aire más clasicista.

Por otro lado, esta iconografía reinventada pone de manifiesto el papel asumido por el escultor como fiel intérprete y portavoz de los ideales trentinos. En efecto, tras la condena en el Concilio de Trento de las tesis luteranas de 1517, que atacaban la autoridad e infalibilidad del papado, fueron ratificados los decretos dogmáticos que establecían la supremacía del Sumo Pontífice como cabeza de la Iglesia Católica, propugnando las representaciones plásticas que así lo proclamaran, algo que en esta escultura resulta más que evidente.

Este San Pedro en Cátedra, expuesto en la colección permanente del Museo Nacional de Escultura, debió ser realizado para el Convento de Scala Coeli del Abrojo, ubicado en el término de Laguna de Duero (Valladolid), según indagaciones de García Chico, que publicó un fragmento de la Crónica del padre Calderón de 1679 en la que especificaba su ubicación en una capilla del lado del Evangelio de la iglesia del citado monasterio que había sido levantada por don Sebastián Antonio de Contreras, Caballero de Santiago, Señor de Villanueva de Duero y consejero de Su Majestad. Después del proceso desamortizador fue recogido en el Museo Provincial de Bellas Artes de Valladolid, germen del actual Museo Nacional de Escultura, donde la escultura ha sido limpiada y restaurada poco antes de la inauguración de las nuevas instalaciones el año 2009, figurando en la colección permanente.

La obra, como casi siempre ocurre con las grandes creaciones de Gregorio Fernández, ofrece un cúmulo de sutiles matices, propios de la etapa de madurez del escultor, y un juego de contrapuntos muy calculados. La figura de San Pedro aparece rodeada de toda la parafernalia que rodeaba la figura del Pontífice, con una puesta en escena que configura un verdadero grupo escultórico.

La figura aparece caracterizada con la tradicional indumentaria papal, compuesta por un amplio alba blanco, ajustado a la cintura, una larga estola discurriendo a los lados, guantes blancos y una capa pluvial en cuya espalda cuelga un capillo con la escena pintada de la Transfiguración, lo que ha hecho presuponer, dada la imposibilidad de su contemplación frontal, que se tratara de una imagen concebida con fines procesionales. A su lado, tallada en bulto redondo, se coloca una mesa auxiliar recubierta con un paño que la oculta y que está ribeteado por pasamanería de flecos. Sobre ella descansa la tiara papal de tres coronas, utilizada en las ceremonias solemnes, y dos grandes llaves cruzadas, simbolizando el poder otorgado por Cristo a Pedro para poder abrir el Paraíso a los hombres. Originariamente estos elementos se acompañaban con un libro de las Sagradas Escrituras que ha desaparecido. Otros dos elementos que forman parte de la puesta en escena son el sillón frailero, simulando madera y cuero repujado sujeto con grandes clavos, todo ello tallado con gran fidelidad, y un báculo con forma de cruz patriarcal que el apóstol debía sujetar en su regazo.

Llama la atención la profusión decorativa de la indumentaria y los accesorios, especialmente la aplicada a punta de pincel sobre la tiara, el paño que recubre la mesa, la estola y, sobre todo, la capa pluvial, donde junto a grandes motivos florales se incluyen escenas pintadas, que simulan bordados, con episodios de la vida de San Pedro, a lo que se suma el ya citado capillo de la espalda con una copia de la escena de la célebre Transfiguración de Rafael. Todo este alarde decorativo de la policromía es atribuido a Diego Valentín Díaz, el pintor más destacado de cuantos tenían taller activo en Valladolid, erudito y mecenas que mantuvo una estrecha relación de amistad con Gregorio Fernández, para el que realizó, cuando el trabajo se lo permitía, la policromía de algunas de sus obras.

Ante esta exuberancia ornamental de la Cátedra papal, no pasa desapercibido el contrapunto establecido por Gregorio Fernández en la propia imagen del apóstol, cuyos rasgos anatómicos recrean una tipología de inspiración popular que contrasta con el oropel de la indumentaria. Incluso se podría afirmar que por la morbidez del rostro, la pronunciada calvicie y las barbas y cabellos ensortijados, el escultor se ha inspirado en un rudo labriego castellano para crear la identidad de un apóstol de origen humilde, una experiencia que el escultor ya había repetido en un pastor del Retablo del Nacimiento del monasterio de las Huelgas Reales y en la figura del Cirineo del paso Camino del Calvario.

La envoltura de la anatomía en pesados y abultados ropajes desvirtúa en parte las proporciones corporales, por otra parte concebidas para su visión frontal en la hornacina de un retablo. En consonancia con la última etapa del escultor los plegados son duros y quebrados, con partes de la indumentaria trabajadas en finas láminas y pequeños detalles en el rostro que retratan a un hombre maduro, como las arrugas en la frente, en el ceño y en los párpados, con efectistas postizos en las cuencas hundidas mediante la aplicación de ojos de cristal, así como una boca entreabierta que permite distinguir en la cavidad bucal la lengua y dientes de marfil, demostrando como el Barroco intenta persuadir a través de los sentidos.

     Todos estos elementos contribuyen a definir una imagen papal de gran dignidad y realismo, amortiguando el distanciamiento que tan solemne figura pueda producir a través de sus rasgos populares y su actitud de bendecir a los fieles con aspecto bonachón.

San Pedrto en Cátedra. Juan de Ávila, 1692
Colegiata de San Pedro de Lerma (Burgos)
Este San Pedro en Cátedra es, en definitiva, uno más de los prototipos creados por el genio de Gregorio Fernández a partir de modelos precedentes, a los que logra infundir su propia personalidad. No resulta extraño que estos modelos tuvieran tanto éxito en su época y se reclamaran versiones miméticas desde otras poblaciones. Una de ellas, que nos ilustra sobre el aspecto que tendría esta talla colocada en su retablo, es la copia realizada en 1692 por Juan de Ávila para presidir el retablo mayor barroco de la Colegiata de Lerma (Burgos), conservada en su emplazamiento original.


Informe y fotografías: J. M. Travieso.
Fotografía 6: Museo Nacional de Escultura
































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11 de septiembre de 2013

Curso en el Museo Nacional de Escultura: EL HERVIDERO ESPAÑOL DE LOS AÑOS 30: POÉTICAS Y POLÍTICAS, del 16 al 25 de septiembre 2013

MUSEO NACIONAL DE ESCULTURA
Calle Cadenas de San Gregorio, Valladolid
Capilla del Museo, 20 horas

«Hay, en el aire occidental, disueltas emociones de viaje: la alegría de partir, el temblor de la peripecia, la ilusión de llegar y el miedo a perderse». Estas palabras de Ortega y Gasset, escritas en 1923, resumen el ambiente de la expectación y cambio que iba a presidir los años siguientes de la vida española, que se distinguirán no sólo por la energía creativa de las minorías intelectuales, sino también por la consolidación de una sociedad urbana cada vez más moderna y cultivada. La cultura en el espacio público adquirió un protagonismo sin precedentes.

Lunes, 16 de septiembre
LA SEGUNDA REPÚBLICA: ESPERANZAS Y DECEPCIONES
Eduardo González Calleja
Dpto. Hª Contemporánea, CSIC, Madrid

Martes, 17 de septiembre
LA MODERNIZACIÓN ESPAÑOLA EN LOS AÑOS 30: IMPULSOS Y RESISTENCIAS
Rafael Serrano
Profesor Hª Contemporánea, Universidad de Valladolid

Jueves, 19 de septiembre
LA VIDA DE LAS FOTOGRAFÍAS. FOTOLIBROS, REVISTAS Y EXPOSICIONES EN LA DÉCADA DE LOS 30
Javier Ortiz-Echagüe
Profesor Hª de la Comunicación, Universidad Carlos III de Madrid

Lunes, 23 de septiembre
INERCIAS Y FRACTURAS. LA ARQUITECTURA ESPAÑOLA ENTRE 1920 Y 1936
Diego González Lasala
Arquitecto

Martes, 24 de septiembre
LA TRAMA URBANA: LITERATURA Y MODERNIDAD EN LA ESPAÑA DE LOS AÑOS 30
Jose Ramón González García
Profesor de Literatura Española, Cátedra Miguel Delibes

Miércoles, 25 de septiembre
EN BUSCA DEL ORIGEN. LA IMAGEN DE CASTILLA EN LA FOTOGRAFÍA DE LAS PRIMERAS DÉCADAS DEL SIGLO XX
Ricardo González
Fotógrafo e investigador de Hª de la Fotografía

Precio inscripción
General: 12 €
Asociación de Amigos del Museo y menores de 30 años: 10 €
Inscripción en la Asociación de Amigos del Museo a partir del 3 de septiembre

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9 de septiembre de 2013

VIAJE: EXPOSICIÓN CREDO/ARÉVALO, 22 de septiembre 2013

PROGRAMA

     Salida a las 9 horas desde la Plaza de Colón con dirección a Fresno el Viejo. Visita a las pinturas y artesonados de la iglesia parroquial y Museo Etnográfico de Antaño a Hogaño. Traslado a Peñaranda de Bracamonte y visita a la villa. Almuerzo en el restaurante "El Oso y el Madroño". De camino hacia Peñaranda, realizaremos una breve visita a Fontiveros, pueblo natal de san Juan de la Cruz. Al finalizar la visita nos trasladaremos a Madrigal de las Altas Torres para visitar el palacio donde nació Isabel I de Castilla y otros edificios notables del lugar. A las 19 horas visita a la exposición Credo/Las Edades del Hombre en Arévalo. A las 21 horas regreso a Valladolid, donde está previsto llegar hacia las 22 horas.

PRECIO SOCIO: 45 €
PRECIO NO SOCIO: 50 €

INCLUYE: Viaje en autocar, entradas a monumentos y visitas guiadas, dossier, seguro de viaje y comida en el Restaurante El Oso y el Madroño de Peñaranda de Bracamonte (Menú: Arroz Señore de marisco, sorbete de limón, solomillo de cebón en salsa, tarta con helado, café y bebidas).

REQUISITOS: Mínimo 30 personas.

INFORMACIÓN Y RESERVA DE PLAZAS: Por correo en la dirección domuspucelae@gmail.com o llamando al teléfono 608 419228 de 18 a 20,30 h. a partir de día 7 de septiembre.


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6 de septiembre de 2013

Visita virtual: LAS CUATRO ESTACIONES, el artificioso surrealismo de un polifacético artista




LAS CUATRO ESTACIONES
Giuseppe Arcimboldo (Milán, 1527 - 1593)
1573
Óleo sobre tabla
Museo del Louvre, París
Pintura manierista italiana realizada fuera de Italia





Detalle de La Primavera
     Según informa el padre Paolo Morigia, amigo y biógrafo del artista, Giuseppe Arcimboldo realizó su formación en el taller de su padre, Biagio Arcimboldo, un pintor de procedencia alemana que trabajó en la catedral milanesa y que mantuvo relaciones amistosas con Bernardino Luini, allegado alumno de Leonardo da Vinci, a través del cual Giuseppe tuvo acceso a los dibujos y cuadernos ilustrados del gran maestro. Protegido por Gianangelo Arcimboldo, un tío abuelo que llegó a ser arzobispo de Milán, Giuseppe consiguió una gran erudición y estar registrado como pintor cuando tan sólo contaba 22 años.

En su primera obra, también realizada para la catedral de Milán, se ajustó a los cánones de la pintura de su tiempo tanto en el diseño de cartones para tapices gobelinos como en la serie de cartones para vidrieras con escenas de la vida de Santa Catalina, donde, a pesar de su genio inventivo y el prolífico uso de guirnaldas con frutas y mascarones, todavía no mostraba la atrevida creatividad que trastocaría la iconografía convencional de la pintura renacentista.

Detalle de El Verano
La verdadera personalidad de Arcimboldo se descubriría a partir del año 1562, cuando el pintor fue reclamado desde Praga por el emperador Fernando I como Retratista de la Corte (Hof-Conterfetter). Allí el emperador pronto descubrió todas sus habilidades, no sólo pictóricas, tras poner en práctica toda una serie de invenciones artísticas que le convirtieron en un verdadero maestro de escena en la celebración de torneos, juegos, desfiles, bailes, coronaciones y enlaces nupciales, llegando a tener el favor especial, no sólo del emperador durante los dos años que estuvo a su servicio, sino de toda la corte de Austria.

Arcimboldo sorprendía de continuo en tales celebraciones a los grandes príncipes que asistían a las reuniones cortesanas y a los espectadores que vivían con regocijo, incluido el propio emperador, las fiestas y desfiles en las que aparecían originales carrozas pobladas de figuras mitológicas y animales fantásticos, personas y animales ataviados con originales vestiduras teatrales y máscaras de su invención —era capaz de transformar un caballo en un dragón de tres cabezas—, incorporando alegorías y dioses mitológicos para ensalzar simbólicamente los valores del Imperio, así como construcciones efímeras como pirámides, colinas, etc., configurando asombrosos escenarios para juegos, siempre con referencias a todo el saber de su tiempo y del mundo conocido. Por toda esta polifacética labor de creación artística, el emperador le compensaba con un generoso sueldo.

Detalle de El Otoño
No es de extrañar que cuando Maximiliano II sucedió a su padre como emperador en 1564, también mantuviera a Arcimboldo al servicio de los fastos cortesanos durante los doce años que estuvo al frente del imperio germánico, donde el artista compaginaba sus originales creaciones pictóricas con diseños de arquitectura, decoración teatral, obras de ingeniería, construcciones hidráulicas e incluso la creación de un gabinete de curiosidades muy estimado por el monarca.

Otro tanto puede decirse de Rodolfo II de Habsburgo, emperador desde la muerte de su padre Maximiliano en 1576, casado con María de Austria y Portugal, hija de Carlos V, que profesaba a Arcimboldo verdadera admiración. El conocido como el emperador alquimista mantuvo al pintor a su servicio durante otros once años, cuyas pinturas venían como un anillo al dedo en aquella corte de erudición irracional en la que era habitual la presencia de artistas, científicos, astrólogos y alquimistas, con una pasión especial del monarca por su gabinete de las maravillas, donde guardaba objetos procedentes de todo el mundo, como pájaros disecados, grandes conchas y peces, piedras preciosas, supuestos demonios encerrados en recipientes, momias y hasta un exótico jardín zoológico.

Detalle de El Invierno
En 1587 Rodolfo II permitió el regreso de Arcimboldo a Milán, donde el artista llegó a pintar dos nuevas obras para el emperador, la Ninfa Flora y Vertumno, un alucinante retrato alegórico del emperador representado como el dios romano que transforma la Naturaleza y la da vida, compuesto de forma surrealista con frutas, hortalizas y flores como símbolo de la armonía de su reinado. Ambas pinturas fueron enviadas a Praga y en 1592 correspondidas por parte del emperador agradecido con la concesión al pintor del título de conde Palatino.

Conocer este contexto de la corte de Praga es imprescindible para justificar y entender los artificiosos juegos plásticos desarrollados por Arcimboldo en sus célebres pinturas, un repertorio planteado como un juego para iniciados donde las imágenes sustituyen a la palabra escrita, siendo necesario cierto nivel de erudición para captar mediante la lectura visual, al igual que en la alquimia, los mensajes secretos que encierran, mientras que para la gente ordinaria se convierten simplemente en un juego de pintura extravagante y caprichosa, una pintura que podría considerarse como el paradigma de la mentalidad manierista.


LA SERIE DE LAS CUATRO ESTACIONES

  Durante la estancia en Praga al servicio de Fernando I, además de los retratos de diversos miembros de la familia real, en 1563 Arcimboldo asombró a los soberanos y artistas de la época con una serie que supuso un brusco cambio en su obra, posiblemente después de ponerse en contacto en aquella corte con pinturas de El Bosco, Brueghel y Cranach. Se trata de Las Cuatro Estaciones, unas pinturas de discreto formato —0,76 x 0,63 m.— que simulan retratos humanos de perfil que no dejan de ser un juego óptico, ya que en realidad están compuestos por una gran variedad de pequeños objetos, naturales y artificiales, que agrupados de forma temática adquieren ingeniosas formas antropomórficas no exentas de cierta carga satírica.
De esa primera serie, La Primavera se conserva en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, y El Verano y El Invierno en el Kunsthistorisches de Viena, dándose por desaparecido El Otoño.

La Primavera, 1573. Museo del Louvre
Después de esta rompedora serie, verdadero precedente del surrealismo, en tiempos de Maximiliano II Arcimboldo volvió a sorprender en el panorama artístico con otra serie dedicada a Los Cuatro Elementos en 1566, continuando el juego caprichoso con los inusuales retratos de El Jurista, El Cocinero y El Bodeguero, consolidando un tipo de pintura fantástica que le proporcionó un enorme prestigio, recibiendo encargos reiterativos sobre los mismos temas, especialmente de Las Cuatro Estaciones, serie que repitió en varias ocasiones: en 1573 la que se conserva completa en el Museo del Louvre y en 1577 otras dos, ya en tiempos de Rodolfo II.

Las Cuatro Estaciones están compuestas por múltiples vegetales y objetos que sintetizan los bienes de la naturaleza en cada época del año, agrupados en un microcosmos reinventado donde las formas naturales se metamorfosean para mostrar una sugestiva armonía en forma de bustos femeninos y masculinos, cuya identidad sólo existe en la mente del espectador. 


LA PRIMAVERA
Un sin fin de vegetales y flores, plasmadas meticulosamente de modo naturalista, se agrupan para configurar el retrato de una mujer joven que esboza una sonrisa. Flores blancas y rosas simulan las carnaciones, una corona sugiere los cabellos y diversos tipos de hojas delinean las vestiduras, con un cuello formado por diminutas flores blancas que sugieren puntillas. La nariz es un capullo de azucena, la oreja un tulipán, y el ojo dos belladonas y sus flores, siempre con alusión al colorido que celebra la naturaleza en primavera, con un simbólico lirio en el pecho perfilado sobre un fondo neutro.

El Verano, 1573. Museo del Louvre
La original composición aglutina la esencia de la pintura manierista, que se convierte a través del ingenio y la fantasía de Arcimboldo en capricho, artificio, extravagancia, juego ilusionista, estudio científico y construcción colorista y lumínica sin pretensiones de perspectiva.
La orla en forma de guirnalda que encuadra esta serie del Museo del Louvre, fue añadida posteriormente, seguramente en el siglo XVII.


EL VERANO
Repite la configuración de un supuesto retrato a partir de la meticulosa agrupación de frutos propios del estío, simbolizado con una alcachofa colocada al pecho. De forma artificiosa, el rostro queda compuesto por un calabacín como nariz, higos y cerezas en los ojos, un melocotón en la mejilla y una pera como barbilla, acompañándose de un tocado formado por un cúmulo de frutas y hojas entre las que se distinguen cerezas, ciruelas, maíz, un melón y uvas.
En este caso lo más original es la vestidura, que simula estar trenzada con fibras vegetales de paja, con un cuello adornado con espigas agostadas bajo las que se lee el nombre del pintor, apareciendo también la fecha de ejecución, 1573, en la hombrera de la indumentaria.



El Otoño, 1573. Museo del Louvre
EL OTOÑO
El personaje que representa al Otoño es posiblemente el más tosco de la serie por sus rasgos. Está compuesto por todo un conjunto de frutos otoñales colocados artificiosamente sobre una tina desmembrada que se sujeta con anillos de mimbre. El rostro está formado con una pera bulbosa como nariz, una manzana como mejilla, una castaña en la boca, una granada en el mentón y un níscalo como oreja, de la que pende un higo reventado que simula un pendiente.

Los cabellos son racimos de uvas blancas y negras que forman un témpano y se remata con una calabaza a modo de casquete, recordando una cabeza de Baco, dios del vino, en alusión al tiempo de vendimia. Esta figuración fantástica agrupa pequeños y minuciosos detalles envueltos de una nítida luminosidad, haciendo que  adquieran una nueva significación al agruparse sobre un fondo neutro y oscuro.


EL INVIERNO
De toda la serie este es el fingido retrato más intrigante. La acumulación de elementos vegetales insinúa el depauperado busto de un anciano cuya cabeza está formada por un tronco cuya corteza perfila las arrugas, casi cicatrices, con la nariz y la oreja formadas por ramas quebradas, pequeñas ramificaciones como barbas, un hongo hinchado y pelado como boca y una hiedra enredada entre brotes secos como cabellos.

El Invierno, 1573. Museo del Louvre
Sobre su pecho penden una naranja y un limón, únicos elementos que aluden al calor y el sol, como un símbolo de esperanza de que el invierno no dure eternamente. Asimismo, parece cubrirse del frío con una gruesa estera sobre la que está entretejido un escudo de armas sin duda referido al emperador destinatario de esta caprichosa pintura.

Con estas obras Arcimboldo pasaría a la historia del arte europeo como uno de los artistas más enigmáticos y extraños, equiparable para algunos por su trabajo polifacético en la corte bohemia con el mismísimo Leonardo da Vinci, siendo sus experiencias revitalizadas en el siglo XX por artistas como Salvador Dalí y otros surrealistas.


Informe: J. M. Travieso.










Detalle de La Primavera, 1563
Real Academia de San Fernando, Madrid













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5 de septiembre de 2013

Socios de Domus Pucelae: ASAMBLEA GENERAL, 14 de septiembre 2013


Se comunica a todos los socios la convocatoria de Asamblea General:

DÍA: Sábado 14 de septiembre de 2013

HORA: 11,30 primera convocatoria/ 12 segunda convocatoria

LUGAR: Salón de Actos del Centro Cívico Bailarín Vicente Escudero, Valladolid


Orden del día:

1 Lectura y aprobación, si procede, del Acta de la asamblea anterior.
2 Presentación de actividades Curso 2013-2014.
3 Ruegos y preguntas.

Convocan: Secretario y Presidente de Domus Pucelae

A. C. Domus Pucelae


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4 de septiembre de 2013

Cine en el Museo Nacional de Escultura: GOYA, EL SECRETO EN LA SOMBRA, 10 de septiembre 2013

MUSEO NACIONAL DE ESCULTURA
Calle Cadenas de San Gregorio, Valladolid

ESTRENO EN VALLADOLID

Martes, 10 de septiembre
Capilla del Colegio de San Gregorio, 22 h.
GOYA, EL SECRETO EN LA SOMBRA
David Mauas, 2011 (77 min)
Coloquio con el director al finalizar la proyección
Entrada gratuita. Aforo limitado

Sinopsis:
Ramón, un fotógrafo de obras de arte, compra un día un cuadro en una casa de subastas de Barcelona, un retrato anónimo del siglo XIX, que, según él y los singulares expertos que le asesoran, es nada menos que un Goya, un Goya en la sombra...
Esta historia es el punto de partida de un viaje personal hacia Goya, una aproximación sui generis, un recorrido 'de autor' y contemporáneo por el mundo del arte y el universo de Goya, por su extraordinaria leyenda.

«¿Es verdad, es mentira? ¿Es una farsa? ¿Es una ficción? ¿Existen estos personajes? ¿Hablamos de un cuadro? ¿Del mercado del arte? ¿De Goya? ¿De España?, se pregunta David. Y lo cierto es que habla de todo esto y mucho más»
El Mundo

Manifestaciones de David Mauas, director sobre la película Goya, el secreto en la sombra



Goya, el secreto de la sombra (2011) TRAILER from milagrosproducciones on Vimeo.

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2 de septiembre de 2013

Fastiginia: Gigantes y cabezudos de Valladolid, iconos populares de las fiestas

Gigantes y cabezudos en los años 50. Archivo Municipal de Valladolid

Estampas y recuerdos de Valladolid



La existencia de gigantes como elemento lúdico y festivo es una tradición que en España se remonta a la Edad Media, aunque también con carácter de alegorías aparecen documentados en otros países desde el siglo XV. Los conocidos en Valladolid como gigantones, tradición compartida con numerosas poblaciones españolas, adoptan la forma de muñecos de gran tamaño, con la cabeza y las manos realizadas por artesanos en cartón-piedra y el cuerpo estructurado como un bastidor de madera recubierto por enormes ropajes confeccionados con telas reales, todo ello realizado en materiales livianos que permiten ser cargados y manipulados por una persona que introducida en su interior simula hacerles caminar y, sobre todo, bailar de forma cómica, motivo por el que tradicionalmente van acompañados por comparsas musicales que, en el caso de Valladolid, se presentan como grupos que hacen sonar con dulzainas y tamboriles un repertorio folklórico para regocijo de los espectadores.

Gigantes y cabezudos en los años 70
Siguiendo la tradición, aparecen organizados por parejas de gigante y giganta y se acompañan de un séquito de cabezudos que, a modo de actores, sujetan sobre los hombros enormes y grotescas cabezas, también modeladas en cartón-piedra, vistiendo una indumentaria apropiada que caracteriza determinado personaje o distintos pecados en su origen medieval.  Su cometido en otros tiempos era provocar y perseguir a los presentes, participando igualmente como un cuerpo de baile, antaño interpretando conocidas danzas tradicionales, pues una característica de los gigantes y cabezudos es representar arquetipos populares de cada lugar o figuras históricas con él relacionadas.

Dentro de lo que permite la memoria gráfica —Archivo Municipal de Valladolid—, conocemos hasta tres generaciones de gigantones, perviviendo en la actualidad aquellos encargados por el Ayuntamiento al prestigioso artista fallero Regino Más Mari en 1947, que sustituyendo a otros anteriores mantuvieron como motivo de inspiración local las regias figuras de los Reyes Católicos, en recuerdo de su enlace en Valladolid, desfilando acompañados de dos cabezudos que representaban grotescos maceros. Asimismo, en alusión a la pasada gloria del imperio español, gestada tras los descubrimientos de Colón, muerto en la ciudad, los reyes tienen un acompañamiento de figuras que representan a África, América y Asia con parejas de sultanes, indios pielesrrojas y mandarines respectivamente, todas ellas con su correspondiente y estrafalario cabezudo, una tipología que también se repitió en Zaragoza como celebración de la Hispanidad el día del Pilar.

Gigantes y cabezudos en la Plaza Mayor en 2011
El material endeble con que están confeccionadas las cabezas, sensibles a la lluvia y a los golpes, ha producido el deterioro ocasional de algunas figuras (la cabeza de la mujer mora fue renovada por completo), en cuya reparación no siempre han sido tratadas con el afán de mantener su identidad e integridad tradicional, un asunto que con tan admirable celo se ha producido en otros lugares como preservación de la tradición local, especialmente en Levante y Cataluña, al ser considerados como patrimonio cultural. Si todos los gigantones vallisoletanos han perdido los atributos que portaban en sus manos y no han sido repuestos —cetros, abanico, alfanje, tomawak indio, etc—, aún visibles en esta fotografía de los años 50, peor han sido las labores de repintado de los cabezudos hacia los años 80, cuya identidad quedó desvirtuada hasta perder su idiosincrasia y hacerles casi irreconocibles, sobre todo en la renovación de un vestuario que, aunque festivo, nada tiene que ver con el original. Sirvan como referencia los trajes que aparecen en la fotografía. Para colmo, se incorporaron en los cabezudos las figuras de un torero, una bruja, un bandolero y un pirata, de elaboración seriada, que contribuyen al tótum revolútum por falta de un criterio identitario.

Gigantes y cabezudos en la Plaza Mayor en 2011
No obstante, a pesar de haber sido tan mal tratados, los gigantes y cabezudos vallisoletanos siguen cumpliendo su misión festiva, alegrando las fiestas, junto a las entrañables figuras del Tragaldabas y la Tía Melitona, a grandes y pequeños, buena muestra del arraigo y la identificación de los vallisoletanos con estos iconos populares cuya presencia se hace imprescindible en las fiestas.

En la actualidad la diseñadora de los trajes de los gigantes y cabezudos es la costurera Carmen Pérez, con taller en la calle Matías Sangrador, que también realiza el mantenimiento de los renovados trajes de los gigantes que en su día financiara El Corte Inglés y que para el Tragaldabas ha confeccionado en 2013 una nueva capa para cuya confección ha sido necesaria una pista de tenis.





Gigantones en el Ayuntamiento de Valladolid, 2013
















Gigante con la figura de la reina Isabel la Católica, 2013

















Detalle del gigante de la reina Isabel la Católica, 2013
















Cabezudos, antiguos maceros de los Reyes Católicos, 2011


















Vídeo: Recogida de los gigantones en el Ayuntamiento de Valladolid después de los desfiles callejeros

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31 de agosto de 2013

Exposición: EL VIAJE DE LOS LIBROS PROHIBIDOS, del 30 de agosto al 27 de octubre 2013

SALA MUNICIPAL DE EXPOSICIONES DE LAS FRANCESAS
Calle Santiago s/n, Valladolid

MIGUEL DELIBES - EL HEREJE (1998)

Cuando están a punto de cumplirse los quince años de la publicación de "El hereje", última novela de Miguel Delibes, la Fundación Miguel Delibes y el Ayuntamiento de Valladolid presentan esta exposición que muestra, a través de más de un centenar de libros, grabados, documentos, objetos, pinturas y esculturas, un recorrido por la época que le tocó vivir a Cipriano Salcedo, protagonista de la novela, marcada por un ambiente de intolerancia religiosa impuesta por la Santa Inquisición. Todas las obras expuestas, cedidas por treinta instituciones, muestran los motivos que sirvieron de inspiración al escritor para ir entretejiendo la trama literaria, de la que también se muestran seis páginas con manuscritos originales.
La muestra se articula en cinco apartados titulados El viaje de los libros prohibidos, donde se alude al viaje de Cipriano Salcedo a la Europa luterana y la introducción clandestina de libros en la España de Carlos V; El Valladolid de "El hereje", una referencia a los escenarios que con tanta fidelidad refiere Delibes; El conventículo de los iluminados, donde se muestra la formación del foco erasmista de Valladolid y la expansión de las ideas consideradas heréticas; El Auto de Fe, con grabados de los celebrados en la Plaza Mayor a los que se ajusta rigurosamente la novela; finalmente El hereje de Miguel Delibes, con los manuscritos originales, incluyendo esquemas y croquis que sirvieron de base a sus meticulosas descripciones.   

Si entre los documentos ofrece especial relevancia un original de la bula contra Martín Lutero, una de las tres únicas que existen en España, entre las obras artísticas destaca el ilustrativo relieve del "Juicio a un monje hereje", obra de Juan de Juni que es una de las joyas que conserva el Museo de León, con una escena de la quema de libros considerados heréticos, así como la "Anamorfosis de Carlos V" que se conserva en la iglesia de San Miguel, una rara pintura relacionada con los avances de la técnica y la óptica en el siglo XVI, pues sólo mirando a través de una pequeña perforación puede contemplarse el retrato del emperador.  

Anamorfosis de Carlos V


HORARIO DE VISITAS
De martes a domingos, de 12 a 14 y de 18,30 a 21,30 horas.
Festivos, de 12 a 14 y de 18,30 a 21,30 horas.
Lunes cerrado.
Entrada gratuita.

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