4 de noviembre de 2020

Pie memoriae: EL MILAGRO DE LAS RANAS, un exvoto para la memoria en Arrabal de Portillo
















EL MILAGRO DE LAS RANAS
Iglesia de San Juan Evangelista
Arrabal de Portillo (Valladolid)
















Adentrándonos en el campo de las curiosidades históricas y religiosas de nuestra tierra, algunas realmente sorprendentes, hoy fijamos nuestra atención en la población vallisoletana de Arrabal de Portillo, donde en fecha imprecisa se creó la Cofradía Sacramental y de Ánimas, cuya finalidad era la de honrar al Santísimo Sacramento y dar culto a las benditas ánimas del Purgatorio. La creación de dicha Cofradía tuvo su origen en la celebración de un acto de desagravio tras producirse el robo sacrílego de hostias consagradas, al que siguió, según la leyenda piadosa, un curioso hecho milagroso que nunca fue olvidado y que fue protagonizado por las ranas de un arroyo de este pueblo, desde entonces denominado arroyo del Corpus.

Si de dicho milagro se conocen todos los detalles, no ocurre lo mismo con la fecha concreta en que se produjo, al que siguió la fundación de la Cofradía, aunque es posible que ocurriera en 1520, ya que en la iglesia parroquial de Arrabal de Portillo se conserva un cuadro manuscrito que recuerda la celebración solemne, en los días 12 y 13 de junio de 1920, del cuarto centenario de la fundación canónica de la Cofradía Sacramental y de Ánimas, a la que siguió la construcción de la desaparecida ermita del Corpus Christi, donde fue venerado el Cristo de las Injurias hasta su traslado en el siglo XVIII a la ermita del Ecce Homo, vecina a la iglesia de San Juan Evangelista.

La memoria histórico-piadosa de Arrabal de Portillo quedó plasmada en el siglo XVIII en un pequeño retablo que fue colocado en la ermita del Ecce Homo y que muestra una pintura, de autor anónimo y factura popular, en la que se representan los pormenores del singular milagro. Bajo la pintura, en una cartela escrita a dos columnas, se narran con detalle los hechos ocurridos. Su transcripción es la siguiente:
"En el rigor del invierno, una noche que había nevado, un hombre entró en la iglesia del Arrabal de Portillo, abrió la Custodia y hurtó el copón con las formas, y a distancia de un tiro de bala, echó las formas en el arroyo que pasa por dicho Arrabal, y procurando huir, no pudo pasar de junto a un peral que había inmediato. Y pasando un arriero con su recua oyó cantar las ranas con mucho ruido, y causando admiración por ser el tiempo tan contrario, se arrimó al arroyo y vio en el agua las formas y alrededor un cerco de ranas que no dejaban de cantar. Dio parte a la justicia y al cura del dicho Arrabal, se prendió al ladrón y con toda la reverencia se recogieron dichas formas y volvieron a la iglesia. Y en dicho sitio se edificó una ermita con el nombre del Corpus Christi, y en ella se venera la imagen del bendito Cristo de las Injurias.
Se renovó año de MD..."

De acuerdo a esta narración, en la pintura aparece en primer plano el arroyo en el que destaca un grupo de ranas croando y dispuestas en círculo, a modo de coro, en torno al grupo de hostias que, lanzadas por el autor del sacrilegio, flotan sobre las aguas. Arrodillado en la orilla, vestido con ropas litúrgicas, se identifica al cura de Arrabal, que se dispone a recoger las hostias acompañado de acólitos que sujetan faroles y velas. Junto a él se encuentra el representante de la justicia y un grupo de personajes que observan asombrados el milagro. En la parte izquierda, acompañado de sus mulas cargadas y de un joven ayudante, se halla el arriero que escuchó el canto de las ranas y dio el aviso. Para completar la secuencia, la pintura se completa en la parte superior con una representación del caserío de Arrabal, hacia cuya iglesia se dirige una procesión con las hostias tras ser rescatadas del arroyo.

El retablo que cobija la pintura, de trazado neoclásico y elementos decorativos  rococós, ha sido restaurado recientemente y trasladado en 2018 a la nave de la epístola de la monumental iglesia portillana de San Juan Evangelista, donde fue bendecido por el actual Cardenal Arzobispo de Valladolid. En su nueva ubicación aparece custodiado por otros dedicados a San Isidro Labrador y San Antonio de Padua, estando rematado en su parte superior por un crucifijo gótico de la primera mitad del siglo XIV (catalogado por C.J. Ara Gil), que rememora al Cristo de las Injurias que siempre estuvo colocado junto a la pintura.

Todos estos elementos se engloban en las tradiciones religiosas que en tiempos pasados se localizaban en el ámbito rural, que en este curioso caso de las ranas cantoras dio lugar a la celebración de una popular procesión del Corpus, celebrada el domingo siguiente al Jueves de Corpus, con presencia de danzantes, que todavía tiene vigencia por mantenerse activa la Cofradía Sacramental y de Ánimas, que entre sus prerrogativas mantiene el derecho a tocar las campanas, en recuerdo de los hermanos difuntos, hasta la medianoche del segundo domingo de noviembre, interviniendo en las procesiones del jueves y viernes santo y organizando en cada ocasión cultos y diferentes convocatorias gastronómico-festivas.  


Informe y fotografías: J. M. Travieso.































































Interior de la iglesia de San Juan Evangelista, Arrabal de Portillo
















Exterior de la iglesia de San Juan Evangelista, Arrabal de Portillo
















Ermita o capilla del Ecce Homo, Arrabal de Portillo

















Fiesta del Corpus, ermita del Ecce Homo, Arrabal de Portillo













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26 de octubre de 2020

Visita virtual: RETABLO DE LA CAPILLA DEL OBISPO, estética renacentista en el corazón de Madrid














RETABLO DE LA CAPILLA DEL OBISPO
Francisco Giralte (Palencia, 1510 - Madrid, 1576)
1547-1550
Madera de ciprés policromada
Iglesia de Nuestra Señora y San Juan de Letrán, "Capilla del Obispo", Madrid
Escultura renacentista española. Escuela castellana













En el centro histórico de Madrid, entre la Plaza de los Carros y la Plaza de la Paja, en el antiguo feudo de la familia Vargas, se levanta un complejo eclesial monumental formado por la iglesia de San Andrés, la capilla de San Isidro y la iglesia de Nuestra Señora y San Juan de Letrán, tres edificios que antaño estuvieron comunicados, aunque no en la actualidad. Este último templo fue levantado entre 1520 y 1535, en estilo tardogótico, por deseo de Francisco de Vargas Medina, chanciller mayor de Castilla y consejero real (de los Reyes Católicos y de Carlos V), para albergar los restos de San Isidro Labrador —santo que había trabajado para esta familia en el siglo XII—, cuyo cuerpo permaneció allí venerado hasta 1544, año en que fueron trasladados, tras numerosos pleitos, a la vecina iglesia de San Andrés, que los acogió hasta el siglo XIX.

El hecho de que las obras de aquella capilla fuesen rematadas por su hijo don Gutierre de Vargas y Carvajal, obispo de Plasencia entre 1524 y 1559, que también se encargó de la dotación, de la suntuosa ornamentación del interior y de asentar en ella el panteón familiar, hizo que popularmente fuera conocida como Capilla del Obispo.

Con la intención de convertir aquel espacio dependiente de la iglesia de San Andrés en capilla funeraria de la familia, una vez trasladadas las reliquias de San Isidro, en 1547 Gutierre de Vargas y Carvajal encargaba la realización de los sepulcros de sus padres y del retablo mayor al escultor palentino  Francisco Giralte, cuyo taller trabajó en él hasta 1550, ocupándose de las labores de policromía Juan de Villoldo el Mozo, colaborador del escultor. El retablo, que se adapta a la forma poligonal del ábside, estaría acompañado a los lados, incrustados en los muros del presbiterio, de dos arcosolios con los sepulcros de sus padres, Francisco de Vargas e Inés de Carvajal, que fueron representados por el escultor en el interior de templetes e incorporados en actitud orante, según la moda del momento. Después se añadiría en el muro derecho o lado de la epístola, el sepulcro del propio obispo Gutierre de Vargas y Carvajal, una de las más suntuosas e italianizantes obras funerarias de cuantas se hicieran en la España renacentista del siglo XVI.

UN MAGNÍFICO RETABLO   

A pesar de tratarse de una obra destacada de la escultura renacentista castellana, el retablo de la Capilla del Obispo no es muy conocido ni siquiera en Madrid, donde son tan escasas estas maquinarias compuestas en el Renacimiento.
Enteramente tallado en madera de ciprés, presenta un rico acabado dorado en la estructura y efectistas estofados en las figuras, con una traza que siguiendo la estética plateresca tiende al horror vacui, con una equilibrada y elegante organización arquitectónica y todo un universo de elementos decorativos que recubren por completo netos, frisos, columnas, pinjantes sobre los relieves y guardapolvos.

El retablo adopta la forma de tríptico para adaptarse al ábside y está compuesto de sotabanco, banco, tres cuerpos y un alto ático, organizándose verticalmente en tres calles y cuatro entrecalles destacadas del fondo, de las que las centrales son dobles. A diferentes alturas estas forman templetes, con columnas y balaustres de capitel jónico y recubiertas en el tercio inferior por grutescos, que sujetan entablamentos recorridos por frisos en relieve, en cuyo interior albergan hornacinas aveneradas que cobijan figuras exentas de santos sobre las que se colocan, a excepción del ático, hasta dieciocho medallones con bustos. Se completa con una polsera que recorre los laterales desde el banco al tercer cuerpo, con profusa decoración de bustos y figuras de niños entre guirnaldas.
Banco: Encuentro de Abraham con los tres huéspedes en Mamre (Génesis)

Todo el programa iconográfico está dedicado a la vida de Cristo, con escenas en altorrelieve de la infancia y de la Pasión dispuestas aleatoriamente en cuerpos y calles sin guardar un orden secuencial. Se acompaña de un santoral de veintidós figuras, distribuidas por las entrecalles, que representan Evangelistas, Apóstoles, Padres de la Iglesia y santas mártires, a los que se suman en el ático, en torno al Calvario central, figuras de virtudes, cinco alrededor de un gran tondo con el busto de Dios Padre bendiciendo y otras cuatro colocadas por parejas a los lados sosteniendo el emblema episcopal de don Gutierre de Vargas, motivo heráldico que se repite cuatro veces más con figuras de putti tenantes como exaltación de la familia Vargas.


DESCRIPCIÓN DEL PROGRAMA ICONOGRÁFICO

Banco  
Primer cuerpo: Llanto sobre Cristo muerto, San Pedro y San Pablo
Sobre un alto sotabanco ornamentado con paneles decorados con grutescos, los laterales con animales fantásticos enfrentados y parejas de figuras humanas que sujetan cartelas, se asienta el banco, que en las tres calles presenta relieves con profetas bíblicos recostados, de los que se reconoce fácilmente a Daniel y Abraham, y en los netos cartelas con formas ovales en el centro y rodeadas de múltiples cabezas de querubines.
Un interés especial ofrece la poco frecuente iconografía del relieve central, donde Giralte refleja el Encuentro de Abraham con los tres huéspedes de la mesa de Mamre, un pasaje tomado del Génesis que narra la visita de tres enviados de Dios para anunciar a Abraham y su esposa Sara el nacimiento de su hijo Isaac, a pesar de la ancianidad de ambos. Estos tres emisarios, con los que Abraham hizo gala de hospitalidad sentándolos a su mesa, fueron interpretados por algunos como ángeles, pero para otros su condición divina y humana a la vez sólo podía ser encarnada por Cristo, de modo que comenzó a desarrollarse una iconografía con representaciones tríplices de Cristo que se fundamentaban en un comentario de San Agustín acerca del enigmático encuentro de Abraham narrado en el Génesis 18, donde explicaba que el patriarca "tres vidit et unum adoravit" (vio a tres y a uno adoró). Esta interpretación inspiró la representación del misterio de la Trinidad con tres figuras idénticas de Cristo, un tipo de representación "triándirca" o "cristomorfa" que recibe la denominación de Trinidad eucarística por prefigurar la eucaristía, una iconografía popularizada durante los siglos XV y XVI en Italia y países limítrofes, especialmente en templos trinitarios. 
Primer cuerpo: Adoración de los Reyes Magos y Evangelistas
La difusión de estas imágenes suscitaría con el tiempo una preocupación en la Iglesia por posibles interpretaciones "triteístas", de modo que su representación fue desaconsejada en 1745, por no apropiada, por el papa Benedicto XIV en su bula Sollicitudini nostrae.
Lo cierto es que en este retablo del siglo XVI esta iconografía, tan atípica y singular, adquiere una significación eucarística por situarse justo encima de la mesa del altar, seguramente como exaltación de la fe en Dios del patriarca bíblico o tal vez como fruto de las disquisiciones de Francisco Giralte con el obispo comitente.      

Primer cuerpo
En la calle central aparece el altorrelieve del Llanto sobre Cristo muerto, desarrollado a escala monumental y organizado en dos planos. Al frente se encuentra la Virgen sedente y con el cuerpo muerto de Cristo en su regazo, al modo de una Piedad, a la que acompañan las figuras de San Juan y la Magdalena, cuya figura, envuelta en vestiduras que forman abundante pliegues y con una disposición corporal manierista, aporta un fuerte dramatismo a la composición, lo mismo que las figuras sufrientes de María Salomé y María Cleofás del segundo plano, junto a las que se encuentran José de Arimatea y Nicodemo tras intervenir en el descendimiento de la cruz.
Primer cuerpo: Anunciación y Evangelistas
Flanqueando el relieve, en las hornacinas laterales se ubican las figuras manieristas de San Pedro y San Pablo.

A su izquierda aparece la Adoración de los Reyes Magos, una composición dispuesta en diagonal en la que destacan las bellas figuras de la Virgen y el Niño colocadas sobre un estrado con los frentes decorados con grutescos, apareciendo todos los personajes escalonados ente un fondo arquitectónico.
En la calle derecha se encuentra La Anunciación, con la bella figura de la Virgen sobre un reclinatorio y vuelta hacia el arcángel San Gabriel, que portando el caduceo señala la procedencia de su mensaje, que aparece explícito en la parte superior con la figura de Dios Padre y el Espíritu Santo en forma de paloma. El resto del espacio es ocupado por un lecho con dosel que adolece de errores de perspectiva.
En las hornacinas que flanquean estos tres relieves se hallan las figuras manieristas de los Cuatro Evangelistas portando sus escritos, sobre los que se colocan los correspondientes medallones con bustos masculinos y femeninos.
Segundo cuerpo: Flagelación y Apóstoles

Segundo cuerpo
La calle central está dedicada al tema pasional de La Flagelación, con Cristo desnudo y amarrado a una columna de fuste alto, junto a un sayón con indumentaria judía que le azota y un soldado romano cuya fisionomía recuerda los modelos ya utilizados por Berruguete y Juan de Juni. Las tres figuras, a escala monumental, se recortan sobre un fondo liso de oro.

A su izquierda se encuentra la Presentación de Jesús en el Templo, una composición basada en la simetría sobre cuyo eje se encuentra un mesa de altar, decorada con grutescos a la italiana, y la voluminosa figura del Niño, que es entregado por la Virgen y recogido por Simeón, figuras que equilibran la composición. En un segundo plano se coloca San José y un grupo de mujeres, sin que falte el detalle descriptivo de la pareja de tórtolas que porta una de ellas sobre su cabeza como donación preceptiva en el rito, así como un fondo que recrea un dosel colocado en el templo.
Segundo cuerpo: Presentación en el Templo y Apóstoles

En la parte derecha se sitúa la bella composición del Santo Entierro, que incluye en primer plano la figura inerte de Cristo, con las piernas cruzadas recordando su posición en la cruz y sobre un sudario con que José de Arimatea y Nicodemo le introducen en un sepulcro decorado al frente con la escena de un sacrificio. En un segundo plano, la Magdalena llora sobre su mano y la Virgen muestra su desamparo, mientras más atrás llora María Salomé al contemplar la corona de espinas que muestra San Juan. Se ambienta en un paisaje en el que se aprecian formaciones rocosas, troncos y hojas. Es destacable la hábil colocación de las figuras de forma escalonada siguiendo una diagonal, lo que facilita su contemplación desde un punto de vista bajo, así como los matices de la policromía aplicada por Juan de Villoldo, tanto en las carnaciones como en los estofados.
En las hornacinas de las entrecalles se colocan seis Apóstoles, algunos fácilmente identificables por los atributos que portan.

Tercer cuerpo
Segundo cuerpo: Santo Entierro y Apóstoles
Preside la calle central el altorrelieve de La Natividad, que presenta como contrapunto la bella imagen de la Virgen, joven, con cabeza de serenidad clásica, de rodillas ante el Niño y con elegantes ademanes, frente a la figura erguida de San José, presentado como un venerable patriarca, envuelto en voluminosos ropajes y con una postura inestable por tener las piernas cruzadas, recurso utilizado en Valladolid por su maestro Alonso Berruguete. Al fondo, con una escala excesivamente reducida, como ocurre con los dos ángeles que acompañan a la Virgen, se encuentran la mula y el buey y dos pastores que conversan entre ellos. Una belleza especial presenta la manierista figura del Niño, con un airoso cuerpo en serpentinata y recostado sobre pañales y un cojín.

La escena de la Caída camino del Calvario se encuentra en la parte izquierda, con hasta diez figuras de gran dinamismo configurando diferentes niveles y planos. El frente está ocupado por la figura derrumbada de Cristo, que para mantener su estabilidad se aferra al madero de la cruz que sujeta con esfuerzo el Cirineo. Al lado aparecen la Magdalena y la Virgen con gesto sufriente y más atrás el sayón que conduce atado a Jesús, un heraldo romano que tañe un cuerno y otros personajes del cortejo que sale por la puerta de Jerusalén.
Tercer cuerpo: Natividad y Apóstoles

Se contrapone en la parte derecha la escena de la Crucifixión, que planteada de forma atrevida desde un punto de vista alto, para apreciar todos sus detalles a distancia desde abajo, produce un efecto de inverosimilitud por su extraña perspectiva, con la figura de Cristo en diagonal, mientras es crucificado por un grupo de sayones y soldados cuyos cuerpos parecen emerger del suelo.
Ocupan las hornacinas de las entrecalles cuatro figuras de Apóstoles y dos santas mártires en los extremos, una de ellas identificable con Santa Catalina de Alejandría.

El ático
El espacio del ático está concebido como una prolongación de la calle y las entrecalles centrales para colocar un monumental Calvario que desborda el espacio, formado por un excelente Cristo crucificado, la Virgen y San Juan, incluyendo la figura de la Magdalena aferrada a los pies de la cruz. En las hornacinas que lo flanquean, en este caso sin los medallones superiores, se encuentran los Cuatro Padres de la Iglesia.
Tercer cuerpo: Caída camino del Calvario, Santa Catalina y San Juan
Sobre las calles laterales aparece como remate un motivo heráldico de gran tamaño formado por el emblema episcopal de don Gutierre de Vargas y Carvajal sujetado por parejas de bellas virtudes, una de ellas identificada como la Clemencia. El mismo motivo se repite sobre las entrecalles con parejas de putti tenantes.
Corona el ático un enorme tondo decorado con guirnaldas de cuyo interior emerge el Padre Eterno con el globo terráqueo y en actitud de bendecir. Se rodea de cinco alegorías de Virtudes en diferentes posiciones y a los lados de putti que de nuevo sujetan el emblema familiar de los Vargas.        

Esta obra se puede considerar como la más notable de cuantas hiciera Francisco Giralte, en cuyo estilo fusiona las experiencias de su maestro Alonso Berruguete con una belleza formal tomada de Diego de Siloé, de modo que agita pero no distorsiona las anatomías con estridencia y aplica rostros estereotipados que siguen un ideal clásico, especialmente bellos en las figuras de la Virgen y San Juan. Con anatomías de canon poco estilizado, aplica un modelado suave y recubre los cuerpos con paños que forman numerosos pliegues que producen grandes contrastes lumínicos. Sus expresiones no ahondan en el dramatismo, ajustándose por su contención a las líneas más clasicistas. 
Tercer cuerpo: Crucifixión, Apóstol y Santa
Francisco Giralte conoce y recrea todo un repertorio de grutescos tomados del arte italiano, especialmente grácil en las figuras infantiles, que aplica al estilo plateresco que domina sus composiciones con profusión decorativa, como ya ocurriera en el Retablo del Doctor Corral (ca. 1547) de la iglesia de la Magdalena de Valladolid.

Por otra parte, demuestra una enorme versatilidad, que oscila desde las obras de imaginería ligera realizada en Valladolid —paso procesional de la Entrada de Jesús en Jerusalén— y los trabajos en madera policromada de esculturas y retablos, hasta la finura de los trabajos en alabastro, que alcanzan su máxima expresión en los sepulcros de la madrileña Capilla del Obispo.



LOS MAGNÍFICOS SEPULCROS DE LOS VARGAS  

Ático: Calvario, Padres de la Iglesia, Padre Eterno y Virtudes
A ambos lados del retablo de la Capilla del Obispo, aparecen empotrados en el muro dos arcosolios con los cenotafios de Francisco de Vargas e Inés de Carvajal, padres del obispo don Gutierre de Vargas y Carvajal, que igualmente son obras de Francisco Giralte, que los labró en alabastro de Cogolludo. Adoptando la forma de un arco triunfal, ambos presentan idéntico diseño, con pedestales que sujetan columnas pareadas sobre las que se apoya un entablamento recorrido por un friso, en cuyo interior se abre un nicho con un arco de medio punto. Tanto los basamentos, ménsulas, pedestales, columnas, enjutas del arco y frisos, así como el interior de los nichos, están profusamente decorados con un repertorio italianizante, como figuras de putti, alegorías, grutescos, guirnaldas, cartelas, motivos heráldicos, etc. A este repertorio se suman los paneles del interior de los nichos, con escenas de santos en relieve, y el coronamiento del frontispicio, con figuras alegóricas sujetando el emblema familiar inscrito en un óvalo y a los lados putti que sujetan calaveras y cestos de frutas, motivo que se repite en la cúspide.
Entre este alarde decorativo destacan los bultos orantes del hidalgo madrileño Francisco de Vargas, consejero de los Reyes Católicos y Carlos V, y de su esposa, la extremeña Inés de Carvajal, miembro de una importante familia castellana, cuyas efigies orantes, con características de retratos idealizados, están realizadas con gran virtuosismo técnico.

Ático: Virtudes con el emblema episcopal de Gutierre de Vargas y Carvajal y putti con el emblema familiar
Más exuberante es aún el cenotafio, insertado en el muro derecho o de la epístola de la capilla, del segundo de sus hijos, don Gutierre de Vargas y Carvajal, obispo de Plasencia desde 1524 a 1559, año de su muerte, y participante en 1551 en el Concilio de Trento. Fue elaborado en alabastro por Francisco Giralte en 1566 y presenta la estructura de un gran arco triunfal, en cuyo interior se abre un gran nicho que alberga la figura a tamaño natural del obispo orante y arrodillado, revestido lujosamente de pontifical, colocado sobre unas gradas y delante de un reclinatorio. 
Vista general de la Capilla del Obispo
Le acompañan Gaspar de Bedoya, Martín Solano y Pedro Lorenzana, que sujeta la mitra. Todas estas figuras presentan rasgos individualizados y minuciosos, con las características de verdaderos retratos. El fondo está ocupado por un gran tondo en el que se representa una monumental Oración del Huerto, primera de las escenas de la Pasión que componen el cenotafio. Bajo la grada figura una cartela, decorada con putti que juguetean entre guirnaldas, con una inscripción que identifica y exalta al obispo.
   
El arco se sustenta sobre dos columnas jónicas con el fuste estriado y la mitad inferior recubierta por grutescos en relieve. Delante de los pedestales de las mismas se aparecen dos grupos de cinco niños, unos cantores, que siguen la partitura que porta uno de ellos, y otros músicos con chirimías, grupos muy italianizantes que inevitablemente recuerdan las cantorías florentinas. A su lado, en los laterales, se encuentran dos alegorías de virtudes de gran tamaño que presentan un trabajo preciosista en la indumentaria, con paños agitados y pliegues muy menudos, ribeteados con pasamanería calada.     
Cenotafios de Francisco de Vargas e Inés de Carvajal
Sobre los pedestales se coloca a un lado la figura de Cristo amarrado a una columna, hacia la que el obispo eleva su mirada, y al otro la figura de San Pedro mostrando un gesto de arrepentimiento.
El arco aparece coronado por el capelo del prelado y en las enjutas se colocan alegorías al modo de las victorias romanas. El friso del entablamento, decorado con pequeñas figurillas humanas recostadas, comunica con la parte superior, presidida por otro arco bajo el que se encuentra una imagen del Ecce Homo, que está flanqueado por dos ángeles con ofrendas y en los extremos por virtudes que sujetan el emblema familiar. Remata la parte superior un tondo con la inscripción "Sólo a Dios honor y gloria".
Todos los paramentos y elementos arquitectónicos del monumento están recubiertos por múltiples motivos decorativos, con profusión de figuras de niños, que en estilo plateresco establecen un exuberante  horror vacui.

En su conjunto, este cenotafio constituye una obra maestra de la escultura funeraria española del siglo XVI y encumbra a Francisco Giralte como uno de los escultores renacentistas de mayor nivel y más italianizante.
Cenotafio de Gutierre de Vargas y Carvajal, 1566

En este recinto también es destacable una puerta interior que, encargada en 1544 y tallada en madera de nogal, se atribuye a Cristóbal Robles y Francisco de Villalpando. Sus hojas aparecen decoradas con bajorrelieves en los que se representa en la parte superior la Expulsión del Paraíso de Adán y Eva, como origen del pecado, y más abajo la Anunciación como inicio de la Redención. No obstante, las escenas más impactantes son las que en la parte inferior representan escenas de batallas de tiempos de Moisés y Josué, como la toma de la ciudad de Maceda, animadas escenas con multitud de soldados y caballos de estilo puramente renacentista.

La Capilla del Obispo, monumento nacional desde 1931, tras permanecer muchos años cerrada al público, se reabrió en 2010 tras realizarse su restauración integral. La iglesia actualmente está ocupada por la comunidad de las Hermanitas del Cordero, una fraternidad fundada en Madrid el 4 de octubre de 2008.

Detalles del cenotafio del obispo Guttierre de Vargas y Carvajal

Informe y fotografías: J. M. Travieso.











Niños cantores y músicos. Detaller del cenotafio de Gutierre de Vargas y Carvajal












Cristóbal de Robles y Francisco de Villalpando. Detalle de la puerta con escenas de batallas bíblicas, 1544
















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23 de octubre de 2020

Fastiginia: Miguel Delibes vuelve a caminar junto al Campo Grande

 

Desde el pasado 17 de octubre de 2020 es posible observar de nuevo, junto a la entrada del paseo del Príncipe del Campo Grande, la inconfundible figura de Miguel Delibes que, como hiciera en la vida real, aparece ensimismado en sus pensamientos, tal vez meditando sobre alguna noticia publicada en el periódico que porta, y bien protegido del frío con su característica gorra, su bufanda y un paraguas. Se trata de la nueva escultura urbana de bronce que financiada por la Junta de Castilla y León ha pasado a engrosar el amplio repertorio existente en la ciudad, en este caso para celebrar oportunamente el Centenario del nacimiento del insigne escritor y periodista, al que tan frecuente era verle pasear por este mismo lugar, tan próximo a la casa en que nació el 17 de octubre de 1920 en el número 12 de la Acera de Recoletos. 

A la inauguración oficial de tan sobrio, pero merecido monumento, que tuvo lugar el día en que el escritor hubiera cumplido cien años, asistieron cinco de sus hijos y algunos nietos, estando el acto presidido por Oscar Puente, alcalde de Valladolid, acompañado de representantes de la Junta de Castilla y León y de la Diputación. 

El autor de la escultura es el vallisoletano Eduardo Cuadrado, que ha realizado esta figura a tamaño natural —1,82 m de altura— y reproduciendo uno de los paseos que muchos vallisoletanos aún recuerdan tras el fallecimiento de Miguel Delibes el 12 de marzo de 2010. La escultura, que sigue la tendencia de prescindir de pedestal y terreno acotado, para acercarla al espectador, fue realizada con fibra de vidrio y poliéster y finalmente fundida en bronce en el taller que el escultor dispone en Fuensaldaña. Se acompaña de una placa broncínea acoplada al pavimento con la sencilla leyenda: "A Miguel Delibes en el centenario de su nacimiento. 17 de octubre de 2020. Autor Eduardo Cuadrado" y los logotipos de la Junta de Castilla y León, del Centenario y de la Fundación Miguel Delibes.

      Con esta escultura urbana Eduardo Cuadrado incrementa su legado en Valladolid, pues también es el autor de El Fotógrafo (1994) del Campo Grande, de la célebre escultura del El Comediante (1996) de la plaza Martí y Monsó, del Homenaje al Voluntariado Social (1996) de la Plaza de España y del Hombre con máscaras (1999) de los jardines de la Diputación (viejo Hospital Provincial). En este caso la escultura de Miguel Delibes ocupa un espacio privilegiado y simbólico en lo que antaño fuera el Campo de la Verdad, tan homologable a su autenticidad personal; junto al escudo floral de Valladolid, ciudad a la que tanto amó y nunca abandonó aunque pudo hacerlo por razones profesionales; junto al mástil de la bandera de España, cuyo idioma elevó a la cumbre; frente al monumento a Zorrilla, con quien comparte la gloria literaria y con la monumental Academia de Caballería como telón de fondo, cuya historia se escribe igualmente con letras de oro. 






























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