9 de noviembre de 2011

Viaje: Recorrido por Polonia, Repúblicas Bálticas y Finlandia en julio 2011


     El pasado mes de julio, un grupo de Domus Pucelae iniciamos una gira por Polonia, Lituania, Letonia, Estonia y Finlandia, para conocer su historia, arte, cultura, gentes y costumbres. Partimos de Valladolid el día 2 en dirección a Barajas donde embarcamos con destino a Varsovia. Llegamos en hora para efectuar la conexión con el vuelo interno que nos llevaría a Cracovia. En este punto iniciamos el segundo día de nuestro periplo por la antigua capital de Polonia, centro cultural del país donde se puede contemplar el ambiente realmente histórico. Visitamos la colina de Wawel, con el Castillo Real de estilo renacentista cuyos interiores contienen mobiliario de la época, numerosas pinturas y tapices realizados en Flandes; la catedral gótica con sus espectaculares capillas, criptas, sarcófagos y tumbas de los reyes y duques polacos; el Casco Viejo, con la Plaza del Mercado, que es una de las más grandes de Europa, la Iglesia de Santa María, que recoge elementos del arte gótico, renacentista y barroco y contiene la joya del arte gótico: el altar de Wit Stwosz. Posteriormente estuvimos en las Minas de Sal de Wieliczka, un laberinto de galerías y pasillos de 300 km. de longitud, patrimonio mundial de la cultura, que constituyen una verdadera maravilla para la vista. Finalizamos el día con un recorrido nocturno por el barrio judío Kazimierz y la plaza del Mercado.

     El tercer día en Polonia salimos hacia Wadowice, lugar de nacimiento de Juan Pablo II, estuvimos en su casa natal, con sus recuerdos y objetos personales. Con el paso el tiempo es posible que se coinvierta en lugar de perenigración por lo que representa. Continuamos camino hacia Czestochowa y visitamos la ciudad y el Monasterio de Jasna Gora, donde se venera la milagrosa imagen de la Virgen Negra, adornada de joyas y exvotos. Continuamos nuestro viaje llegando a la caída de la tarde a Varsovia donde después de cenar salimos a hacer un recorrido nocturno por la ciudad comprobando la belleza de los edificios iluminados en claro contraste con lo que veríamos al día siguiente en la visita diurna.

     Cumplimos nuestro cuarto día, visitando la parte monumental de Varsovia: El Palacio y Parque de Wilanow, llamado el “pequeño Versalles”, el maravilloso Parque de Lazienki, uno de los más encantadores de Europa; el recorrido a lo largo de la “Ruta Real”, atravesando las calles la Avenida Ujazdowskie, Nowy Swiat y Krakowskie Przedmiescie, con numerosas iglesias, monumentos, edificios históricos y palacios, muchos de los cuales actualmente son sede de ministerios y embajadas; el centro comercial con el Palacio de Cultura, el símbolo de la ciudad; el Teatro de Opera y la Tumba del soldado desconocido; la zona del antiguo guetto; la Ciudad Vieja, con su pintoresca Plaza del Mercado, la catedral de San Juan; la Plaza del Castillo y la Columna del rey Segismundo III Waza, símbolo de la historia polaca. Posteriormente salimos en dirección a Gdansk, llegando al atardecer. Después de cenar salimos a tomar contacto con la ciudad, que nos impactó por su belleza.


     En el quinto y sexto día, últimos de nuestra estancia en Polonia, iniciamos la visita a las dos ciudades, quizás las más interesantes que vimos en este país. En Gdansk caminamos por el Casco Viejo con el Gran Puerto, la Casa de Torturas, la Torre de la Prisión, Puente Dorado, la calle Dluga con sus pintorescas casas de estilo gótico tardío y renacentista, el Ayuntamiento, la Mansión de Artus, lugar de reunión de los burgueses ricos, la fuente de Neptuno, símbolo de Gdansk; el viejo puerto sobre el río Moltawa; la calle Mariacka, donde es posible comprar ámbar y plata a bajo precio; la Iglesia de Santa María, la más grande en Europa, con capacidad para 25.000 fieles; los astilleros donde surgió el sindicato “Solidaridad”; la catedral de Oliwa con su famoso órgano de estilo rococó, donde asistimos a un concierto que resulto muy agradable para todos los asistentes, paseamos por el muelle de Sopot -el más viejo y más grande en la Costa Báltica- con un despliegue de policía altamente significativo. Posteriormente entendimos el motivo, pues en el Hotel Sheraton Sopot se celebraba una reunión de los ministros/as de Sanidad de la U.E., donde, aunque no la vimos, era de suponer que estuviera nuestra representante la Sra. Pajín .

     Continuamos nuestro viaje hacia Malbork, donde se visitó la fortaleza gótica que hace siglos fue la residencia del Gran Maestre de la Orden Teutónica. En Torun realizamos la visita a esta bella la ciudad patrimonio de la humanidad y lugar de nacimiento de Copérnico. Regresamos a Gdansk para coger el vuelo con destino a Vilnius. Ya en el aeropuerto, y por problemas varios (avión; zona con nieblas, etc…), nuestro grupo fue dividido en dos, volando a esta ciudad unos vía Frankfurt y el resto vía Praga.

     Nuestro séptimo día fue conocer la primera capital de Lituania. El centro histórico de Vilnius, incluido desde 1994 dentro de la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, es el verdadero corazón de la metrópolis lituana. Visitamos la iglesia de Pedro y Pablo, obra maestra del barroco lituano, la catedral neoclásica, la famosa Puerta del Alba, la Torre Gediminas, la Universidad y el monasterio del Espíritu Santo. Posteriormente efectuamos una excursión a Trakai, la antigua capital del Gran Ducado de Lituania, que se encuentra a 27 km. al este de Vilnius. El castillo de Trakai está situado en una isla en medio del Lago Galve. Esta fortificación realizada en ladrillo rojo, fue construida por el Gran Duque Vytautas en la segunda mitad del siglo XIV. Cumplimos así nuestro primer día en las Repúblicas Bálticas.

     Continuamos el octavo día pasando a Letonia, donde paramos en la Colina de las Cruces, famoso centro de peregrinación católico de la región. Por la tarde visitamos el Palacio de Rundale, antigua residencia de verano de los Duques de Curlandia, que fue construido en la primera mitad del siglo XVIII por el arquitecto italiano Francesco Bartolomeo Rastrelli, que también diseño el Palacio de Invierno de los zares en San Petersburgo. Igualmente de singular belleza, con los jardines del palacio de estilo francés. Al atardecer llegamos a Riga.

     El noveno día iniciamos la visita a la ciudad. Riga, que es conocida como el “Paris del Norte”. Es la más grande de las capitales bálticas, con más de un millón de habitantes. El centro histórico está situado entre el río Daugava y el canal de la ciudad. Aquí encontramos construcciones de gran belleza y encanto, como el antiguo Polvorín, el Puente de los Suecos, el Castillo de Riga o la “Casa de los Tres Hermanos”, la catedral, la iglesia de San Pedro con su magnífica Torre Panorama y la muralla medieval de la ciudad, que data del siglo XIII. Visitamos el Museo de Historia y Navegación, también el Museo Etnográfico y ya por la tarde nos desplazamos a Jurmala, lugar turístico ubicado entre el golfo de Riga y el río Lielupe, regresando a la capital para pasar nuestra última noche en este país.

     Iniciamos nuestro décimo día conociendo Estonia, después de salir con dirección a Parnu, donde efectuamos una parada para visitar esta localidad, continuando viaje hasta Tallin. Capital de este país, pudimos apreciar una perfecta simbiosis entre las tradiciones más antiguas y la modernidad más actual. Se visitó el centro histórico de la ciudad donde destacan las famosas torres “El largo Hermann” y “La gordita Margarete”, las iglesias de San Nicolás y de San Olaf, la Plaza del Ayuntamiento, la Torre Toompea, las antiguas murallas de la ciudad, la catedral ortodoxa Alexander Nevski y la Iglesia de Santa Maria.

     El undécimo y último día en las Repúblicas Bálticas le aprovechamos para visitar el Museo Etnográfico y el entorno de la ciudad de Tallin. Ya por la tarde, salimos en ferry con dirección a Helsinki, efectuando tras la llegada una visita nocturna de la ciudad.
     Finalizamos nuestro periplo conociendo la capital finlandesa. Helsinki es una ciudad moderna de medio millón de habitantes. Visitamos los lugares y monumentos más característicos de la capital, tales como la Plaza del Senado, el popular mercado al aire libre, el barrio diplomático, la catedral ortodoxa de Uspenski, los rompehielos en el puerto, la iglesia excavada en la roca, el monumento del famoso compositor Sibelius y otros monumentos.

     Por la tarde nos trasladamos al aeropuerto para salir en vuelo directo hacia Madrid, donde nos esperaba un autocar para trasladarnos hasta Valladolid.

Informe y fotografías: Antonio Adrados.

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8 de noviembre de 2011

Exposición: FIGURAS DE LA EXCLUSIÓN, del 9 de noviembre 2011 al 22 de enero 2012


MUSEO NACIONAL DE ESCULTURA, VALLADOLID
MUSEO PATIO HERRERIANO DE ARTE CONTEMPORÁNEO ESPAÑOL, VALLADOLID

     Con motivo de la celebración de la V Cumbre Mundial del Microcrédito en Valladolid, los dos grandes museos de la ciudad, el Museo Nacional de Escultura, en colaboración con el Patio Herreriano de Arte Contemporáneo Español, han diseñado la exposición Figuras de la Exclusión.

     Planteada como un cruce de miradas entre tradición y modernidad, la exposición muestra la diversidad de poéticas, temas e intenciones con que el artista ha 'figurado' los universos pasados y presentes de los excluidos: a través del espléndido mundo de la imagen, esta compleja realidad de los excluidos se hace tangible.

     Un total de 80 obras procedentes de sus respectivas colecciones se reparten entre las dos sedes. En el Museo Nacional de Escultura encontramos una mirada a la exclusión desde la imagen religiosa a través de la España de la Era Moderna, donde la espiritualidad católica impregna el aire y contagia todos los aspectos de la vida. Es una etapa dinámica de nuestra historia, de máxima ambición y extrema decadencia, de grandes tensiones ideológicas y convulsiones sociales.
     La exposición se divide en cuatro ámbitos: I Inútiles para el mundo (pobres. enfermos, mendigos, huérfanos); II La marca de Caín (desterrados, judíos, herejes, indígenas); III Fuga mundi (mártires, místicos, ermitaños); IV Vidas de mujeres (vírgenes, monjas, prostitutas, concubinas). 

     La propuesta del Patio Herreriano de Arte Contemporáneo nos ofrece una mirada desde el género que pretende superar las lecturas exclusivamente esteticistas, para profundizar en el tema de las exclusiones, tomando el género como uno de los ejes, aunque no el único. No se trata de dar respuestas, sino de abrir nuevas preguntas; eso sí, preguntas que tienen en todos los casos un significado social. Son, en definitiva, obras de arte que representan los universos pasados y presentes de los excluidos.

     Paralelamente, a lo largo del mes de noviembre se desarrollarán una serie de conferencias y jornadas relacionadas con la exposición.

10 de noviembre, jueves, a las 19 h.
CONFERENCIA: Excluidos del Cielo. Una permanencia del catolicismo: La Muerte del pecador.
Ramón Maruri, catedrático de Historia Moderna de la Universidad de Cantabria.
Salón de actos del Palacio Villena.
Entrada libre hasta completar aforo.

29 de noviembre, martes, a las 19 h.
CONFERENCIA: Fernando de Castro. Reformismo social y disidencia religiosa en la España del siglo XIX.
Rafael Serrano García, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Valladolid.
Salón de actos del Palacio Villena.
Entrada libre hasta completar aforo.

Información: Museo Nacional de Escultura, Valladolid.




HORARIOS DE VISITA DE LAS EXPOSICIONES:

MUSEO NACIONAL DE ESCULTURA. Palacio Villena
Martes a sábado, de 11 a 14 y de 16.30 a 19.30 h.
Domingos de 11 a 14 h.
Lunes y festivos cerrado.
Apertura nocturna los días 15 y 16 de noviembre hasta las 21.30 h.
Entrada gratuita

MUSEO PATIO HERRERIANO DE ARTE CONTEMPORÁNEO ESPAÑOL
Martes a viernes, de 11 a 14 y de 17 a 20 h.
Sábados de 11 a 20 h.
Domingos, de 11 a 15 h.
Entrada gratuita

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Presentación publicación: LA MIRADA AZUL, de Calderón Samaniego, 12 de noviembre 2011






Con motivo del V Aniversario de Domus Pucelae, tendrá lugar la presentación de la nueva publicación "La mirada azul", cuyo autor es Calderón Samaniego, con ingeniosas ilustraciones en relieve de Villalobos Alonso.

DÍA: 12 de noviembre, sábado.
LUGAR: Salón de Actos de Caja Círculo, calle del Rastro, Valladolid.
HORA: 12,15 h.

Al finalizar el acto, será entregado un ejemplar gratuito a cada uno de los socios y el autor firmará los ejemplares.

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7 de noviembre de 2011

Exposición en Londres: "LEONARDO DA VINCI: pintor en la Corte de Milán", del 9 de noviembre 2011 al 5 de febrero 2012


NATIONAL GALLERY, LONDRES
Leonardo da Vinci: pintor en la Corte de Milán

     Durante tres meses la National Gallery de Londres ofrece una exposición con la antología más completa reunida hasta ahora en torno a Leonardo da Vinci, a pesar de que se centra sólo en las obras realizadas durante la estancia del genio renacentista en la Corte de Milán al servicio del duque Ludovico Sforza. En ella se muestran 60 obras, entre dibujos y pinturas, con la finalidad de presentar exclusivamente y por vez primera su faceta de pintor.

     Entre las obras, que proceden de diversos museos e instituciones, se encuentran el Retrato de Cecilia Gallerani (La dama del armiño, Fundación Czartoryski de Cracovia, ilustración 1), que este verano visitó Madrid, La Belle Ferronière (Museo del Louvre), Retrato de músico (Biblioteca Ambrosiana de Milán), San Jerónimo (Museos Vaticanos), cartón de Santa Ana, la Virgen, el Niño y San Juan (National Gallery), La Virgen de la Rueca (National Gallery), Madonna Litta (Museo del Hermitage de San Petersburgo) y las versiones de La Virgen de las Rocas conservadas en la National Gallery y en el Museo del Louvre, que se reúnen por vez primera.

     Junto a estas míticas pinturas aparece una buena colección de dibujos y una copia de La Última Cena (Royal Academy of Arts de Londres) realizada por Giampetrino en 1515, poco después de ser pintado el original en Milán, del cual también se ofrecen los dibujos preparatorios originales de Leonardo.

LA POLÉMICA ESTÁ SERVIDA

     La National Gallery aprovecha el evento para exponer por primera vez al público la pintura del "Salvator Mundi" (ilustración 2), obra inédita de Leonardo, pintada hacia 1500, que representa a Cristo luciendo una túnica azul, bendiciendo y sujetando un globo terráqueo de cristal. Esta pintura, que pertenece a R.W. Chandler, un consorcio de Nueva York, después de su restauración en 2010 ha sido atribuida al maestro por varios expertos y es objeto de una fuerte polémica por parte de algunos detractores, a pesar de lo cual será presentada como un gran descubrimiento dentro de la obra realizada por el pintor.

     Se tiene constancia de que Leonardo realizó una pintura del Salvador, después copiada por discípulos y seguidores, que en teoría correspondería con la citada en la colección del rey Carlos I de Inglaterra en 1649. Tras ser vendida y recuperada por Carlos II, pasaría a la colección del duque de Buckingham, siendo después subastada por su hijo en 1763. Entonces se perdió su pista hasta que reapareció en 1900, año en que fue comprada por Frederik Cook. En 1958, los descendientes de este coleccionista británico subastaron la obra como una copia realizada por Giovanni Antonio Boltraffio, discípulo de Leonardo. En 2005 fue adquirida por los actuales propietarios, que ahora la proclaman como aquel mítico original, aunque hay muchas voces que consideran esta atribución como precipitada y sin el respaldo de un detallado estudio en laboratorio que lo acredite. La pintura pasará su prueba de fuego al ser comparada por los expertos con otras pinturas de la exposición.

     Esta historia remite a otra pintura del Salvador (ilustración 3), en este caso representado como un adolescente, que durante mucho tiempo también fue atribuida a Leonardo. Se trata de una obra de pequeño formato que, procedente de Valladolid, se conserva en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid. Hace no demasiado tiempo que también ha sido atribuida a Giovanni Antonio Boltraffio, aunque todavía hay quien mantiene la duda. Esta atractiva pintura también participa en la muestra londinense.

     Lo que está claro es que la polémica en torno al descubrimiento de una obra inédita de Leonardo dará publicidad a la exposición, que recibirá visitas masivas tanto por la trascendencia de la obra reunida como por los enigmas planteados por esta nueva obra, cuando todavía no se han apagado los ecos del "Código da Vinci".

     De todos modos, para los admiradores del genio toscano es una buena ocasión para viajar a Londres, porque esta oportunidad es muy difícil que vuelva a repetirse, a pesar de que tendrá su continuación a partir de marzo del próximo año en el Museo del Louvre, donde se conserva La Gioconda, la obra más emblemática de Leonardo que no estará presente en Londres.

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4 de noviembre de 2011

Historias de Valladolid: TERESA GIL, una dama tan célebre como desconocida


     Teresa Gil es el nombre que lleva una de las principales arterias de Valladolid, una calle cuyo nombre les es particularmente familiar y reconocible a los vallisoletanos, no así la identidad de la dama en cuyo honor se rotuló tan céntrica vía, un personaje célebre por el nomenclátor callejero, pero apenas identificable por los miles de transeúntes que la recorren a diario.

     Dicha calle fue víctima de la piqueta despiadada en el siglo XX, especialmente durante los años 60 y 70, cuando los sillones del Consistorio y otras instituciones fueron ocupados por responsables de escasa sensibilidad artística y manifiesto desinterés por el pasado histórico de la ciudad. A pesar de todo, conserva la impronta de su antigua idiosincrasia, cuyo trazado estuvo ocupado en su día por destacados palacios urbanos y diversas fundaciones religiosas, la mayor parte desaparecidas. Pero no vamos a referirnos al triste destino de aquel patrimonio irrecuperable, sino que intentaremos aproximarnos a la figura de aquella dama tan célebre y desconocida al tiempo, la que da nombre a la calle en que residió en pleno centro de Valladolid.

     Las pesquisas realizadas por los historiadores vallisoletanos de tiempos pasados, como Juan Antolínez de Burgos, Casimiro González García-Valladolid y Manuel Canesi, atribuyéndole el título de infanta de Portugal, o la afirmación de Juan Agapito y Revilla de que era hija natural de Alfonso III de Portugal, no hicieron más que complicar el esclarecimiento de la verdadera identidad de aquella mujer que vivió en Valladolid en las postrimerías del siglo XIII e inicios del XIV, sumiendo su figura en una nebulosa de datos contradictorios, casi siempre erróneos, que devinieron en un rompecabezas histórico.

     En este empeño disponemos de cuatro referencias que pueden servirnos de punto de partida. La primera pista la encontramos en Valladolid, pero no en ninguno de los edificios de la calle que habitara, sino en un sencillo retrato que aparece rotulado con su nombre y que durante años ha permanecido oculto en la clausura del monasterio de las Huelgas Reales (ilustración 2). En él aparece vestida con el hábito blanco de la orden cisterciense y portando en su mano derecha un manojo de llaves, lo que indica que ocupó el cargo de abadesa. En efecto, Teresa Gil fue la primera de sus abadesas conocidas, cargo que ejerció en dos periodos, el primero entre los años 1282 y 1298 y el segundo de 1305 a 1310, por lo que dicha efigie debe considerarse como una recreación realizada más de trescientos años después de su fallecimiento, lo que explica su aspecto idealizado, muy alejado de lo que pudiera considerarse un auténtico retrato.

     Los otros tres referentes testimoniales se encuentran en el convento del Sancti Spiritus de Toro, por ella fundado y regido. Primero en una inscripción que aparece sobre la portada de la iglesia, después en otra inscripción que recorre su sepulcro, ubicado en el coro del convento, y finalmente en el testamento original de Teresa Gil, otorgado en Valladolid el 16 de septiembre del año 1307, que se conserva íntegro en las dependencias de aquel convento toresano, hoy ocupado por monjas dominicas.

     La información que conocemos sobre aquella dama fueron primeramente aportados en el siglo XVIII por el historiador cántabro Rafael de Floranes y en nuestro tiempo por los historiadores portugueses José Augusto de Sotto Mayor y Leonina Ventura, contribuyendo de forma decisiva a desvelar su identidad el estudio realizado y publicado en 2010 por el doctor José de Castro Lorenzo, que precisamente tiene su consulta en la calle Teresa Gil y ha sido capaz de recomponer el complicado puzzle de su biografía y lograr desvelar una serie de imprecisiones hasta entonces dadas por buenas.

ORIGEN Y PROCEDENCIA DE TERESA GIL DE RIBA DE VIZELA

     Teresa Gil pertenecía a una familia llegada a Castilla desde Portugal, que ostentaba el linaje de Riba de Vizela en la comarca de Guimaraes, entre el Miño y el Duero. Había nacido entre 1250 y 1255 en Tagilde, población perteneciente a la parroquia de San Salvador, arzobispado de Braga, y era hija de María Anes de Maia y Gil Martín, a su vez hijo de Martín Anes y Estefanía País. Teresa Gil era la menor de cuatro hermanos, Martín Gil I, Constanza Gil y Guiomar Gil, conociéndose que su padre ocupó los cargos de teniente de Penela, gobernador de Sintra y mayordomo mayor de Sancho II de Portugal, al que acompañó en su exilio a Castilla hasta la muerte del monarca en Toledo en 1248. Después ejerció de nuevo en Portugal como mayordomo mayor de Alfonso III el Reformador hasta 1264, momento en que por desavenencias con este regente regresó a Castilla, permaneciendo al servicio de la corte de Alfonso X el Sabio hasta que falleció en los primeros días de 1275.

     Gil Martín y sus descendientes obtuvieron un rico patrimonio tanto por las mercedes recibidas en virtud a sus servicios prestados en Portugal a los reyes Sancho II, Alfonso III y don Dionis, y en Castilla a Alfonso X, como por las alianzas matrimoniales familiares y oportunas compras territoriales, alcanzando con gran rapidez la categoría social de ricos-hombres, familia con linaje y grandes posesiones, en definitiva, una posición muy acomodada al disponer de bienes tanto en Portugal como en Castilla.

     Se desconocen los datos de juventud de esta dama de origen portugués y reconocida como ricahembra de Castilla, aunque puede afirmarse que Teresa Gil llegó con su familia a Castilla alrededor de 1260, estableciéndose en Valladolid desde que quedara huérfana en 1275, gozando de la protección de su hermano Martín Gil I, que acompañó a Alfonso X en la campaña de Sevilla de 1284 y llegó a ser alférez mayor del rey portugués Don Dionis, hijo y heredero de Alfonso III.

TERESA GIL EN VALLADOLID

     Teresa Gil vivió en Valladolid, en los años finales del siglo XIII, en la calle que después llevaría su nombre, seguramente en la casa que transcurrido el tiempo sería conocida como "Casa de las Aldabas" (desaparecida en 1963), situada a la derecha del actual convento de Porta Coeli, palacio en el que nacería Enrique IV el 25 de enero de 1425 y que fue reformado a principios del XVII cuando fue adquirido por don Rodrigo Calderón. Esta vecina de Valladolid recibió en 1276 del rey Alfonso X los derechos señoriales de la villa de Sabugal, próxima a Guarda, y en 1283 de Arroyo, perteneciente hasta entonces a la Orden de San Juan, y Zaratán, dependiente de la Orden del Temple, dos pequeñas poblaciones en las inmediaciones de Valladolid en las que ostentó su señorío y de donde comenzó a percibir la recaudación de impuestos. Otro privilegio obtenido fue el arriendo vitalicio, por concesión de su protector Sancho IV en 1291, del monasterio de la Santa Espina.

     Y es que durante su estancia en Valladolid, se especula que su vinculación a los ambientes regios estuviera motivada por su condición de favorita o amante de Sancho IV el Bravo, lo que explicaría los muchos favores recibidos. Lo cierto es que cuando este rey contrajo matrimonio con doña María de Molina en junio de 1282, Teresa Gil, siguiendo una práctica habitual, como amante tuvo que retirarse del ambiente cortesano, siendo nombrada primera abadesa perpetua del recién fundado monasterio cisterciense de las Huelgas Reales, en el primitivo edificio del arrabal de San Juan (actual calle de Santa Lucía), cargo que estuvo ocupando por un primer periodo de dieciséis años.

     No obstante, debe interpretarse esta misión como un destino impuesto por las circunstancias, lo que explica el que a pesar de ejercer como abadesa nunca llegara a tomar el hábito del Císter, ni ningún otro, ni que dispusiese ser enterrada con él. También justifica que dispusiera de sus múltiples propiedades de forma personal y que como abadesa estas no pasaran al monasterio. A pesar de ser una mujer piadosa, tampoco cita en su testamento a la comunidad cisterciense, siendo un dato ilustrativo el que en sus últimas voluntades dispusiera la fundación de un convento en Toro bajo la advocación del Salvador y que la reina María de Molina le contradijera dedicándolo al Sancti Spiritus.

     Teresa Gil ocupó de nuevo el cargo de abadesa de las Huelgas Reales desde 1305 hasta su muerte, acontecida en Valladolid en 1310, tomando el relevo tres años más tarde doña María Fernández Valverde, la abadesa que recibió de María de Molina en 1320 la donación de su palacio de recreo para reconstruir el primitivo monasterio, que había sucumbido en un incendio, motivo por el que se considera a la reina fundadora del mismo. De este modo, las dos mujeres, supuestamente rivales respecto a los amores del rey Sancho, pasarían a la historia como fundadoras de sendos conventos, uno en Toro y otro en Valladolid.

MONASTERIO DEL SANCTI SPIRITUS DE TORO

     Teresa Gil, por disposición de su testamento, otorgado en Valladolid el 16 de septiembre de 1307, fundó el monasterio del Sancti Spiritus de Toro (ilustración 7), al que nombró heredero de todos sus bienes, responsabilizando de su cumplimiento a la reina María de Molina. Efectivamente, de hacer realidad sus deseos se ocuparon personalmente María de Molina primero, durante el reinado de su hijo Fernando IV, y su nieto Alfonso XI después, siendo puesta la primera piedra del convento el 28 de agosto de 1316 por don Rodrigo, arzobispo de Santiago y canciller del reino de León.

     Para dejar constancia de ello, el año 1682 la abadesa del convento mandó colocar sobre la portada de la iglesia toresana una lápida con la siguiente inscripción: "Reinando en Castilla el rey don Fernando IV fundó este convento la serenísima señora doña Teresa Gil de Castilla, hermana del rey don Dionis I de Portugal. Está enterrada en el coro, donde yace también la reina doña Beatriz de Portugal, habiendo vivido en esta Real casa 40 años. Y la infanta doña Leonor, hermana del rey D. Fernando de Aragón, que fue priora en ellas muchos años. Fundose el de 1300. Hiciéronse estas armas siendo priora doña Isabel Girón. Año 1682".

     Está claro que la leyenda incluye toda una serie de errores históricos, pues ni Teresa Gil tenía un linaje vinculado a Castilla ni era hija de Alfonso III de Portugal y, por lo tanto, hermana de don Dionis, siendo este escrito lapidario una de las causas que contribuyeron a dificultar la determinación de la verdadera identidad de la mujer portuguesa.

     Tras la muerte de Teresa Gil en Valladolid, acontecida el 4 de octubre de 1310, sus restos fueron depositados en el convento de Santo Domingo de Zamora mientras se realizaban las obras del convento toresano, que ya estaba habitado en 1330 y prácticamente ultimado en 1345, año en que, cumpliendo la voluntad de la fundadora, sus restos fueron depositados en un sencillo sepulcro colocado en el centro del coro de la iglesia del Sancti Spiritus, en la zona de clausura separada de la nave de la iglesia por una reja, de modo que, como también ocurriera con María de Molina en las Huelgas Reales de Valladolid, el sarcófago presidía todos los cultos allí celebrados y allí se ha mantenido su memoria a través del tiempo (ilustración 5).

     El año 2001 fue realizada en el convento del Sancti Spiritus de Toro una restauración del sepulcro de Teresa Gil, labor financiada por la Fundación Allende y llevada a cabo por la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Madrid. En ella el sarcófago fue liberado de repintes aplicados en el siglo XVI, dejando visible el epitafio que recorre el sepulcro y que informa: "Aquí yace doña Teresa Gil, que mandó hacer este monasterio por Dios y por su alma, que finó el cuatro de octubre de la era de mil trescientos cuarenta y ocho", lo que precisa su muerte el 4 de octubre de 1310 del calendario cristiano. Durante los trabajos se pudo comprobar el estado momificado de sus restos y recomponer el interesantísimo ajuar funerario, uno de los pocos conservados del siglo XIV.

     De modo que de aquella mujer, hasta no hace mucho tiempo oculta en una nebulosa histórica de datos contradictorios, y aunque queden muchas aristas por limar, hoy disponemos de información verosímil, incluso de algunas prendas que pertenecieron a su estricta intimidad, recuperadas de su enterramiento, que han pasado a engrosar la importante colección textil existente en Castilla y León de indumentaria medieval, una de las más ricas de Europa.

     Entre ellas figuran dos sábanas mortuorias de lino, un tocado con bandas bordadas en color sobre tafetán de lino natural que le cubría del cuello a la frente, un juego de tocas blancas ocultando el cabello, propio de las dueñas, ligas de tafetán con lazos, una camisa de tafetán de lino muy fino en color crudo y de forma acampanada, un brial o vestido en tafetán de seda azul de una sola pieza, enteramente guateado y con faldas voladas, un manto azul grisáceo propio de la nobleza, un velo de seda con bandas y flecos, que se sujetaba a la cabeza mediante tres alfileres, y unos guantes de piel de cabritilla, todo ello siguiendo la moda de la nobleza castellana, que en aquel tiempo gustaba de tejidos de influencia hispanomusulmana (ilustración 6).

     Portuguesa, amante del rey Sancho, mujer de rico linaje, abadesa de las Huelgas Reales, piadosa y fundadora en Toro son parte de las piezas del puzzle que hoy podemos recomponer con cierto tino para identificar a la célebre dama que da nombre a una de las principales calles de Valladolid.

Informe: J. M. Travieso.
Registro Propiedad Intelectual - Código: 1111040443333


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2 de noviembre de 2011

Un museo interesante: MUSEO DIOCESANO Y CATEDRALICIO, Valladolid


MUSEO DIOCESANO Y CATEDRALICIO - CATEDRAL DE VALLADOLID
Entrada por Plaza de la Universidad, Valladolid


     El Museo Diocesano y Catedralicio de Valladolid, inaugurado en 1965, ocupa las dependencias restauradas de la antigua Colegiata de Santa María, edificada por el Conde Ansúrez y ampliada en el siglo XIII con un conjunto de capillas funerarias, algunas de las cuales, hoy salas del museo, conocieron reformas en el siglo XIV, salvándose de su derribo por quedar inacabada la nueva catedral proyectada en el siglo XVI por Juan de Herrera.

     El museo se abrió por iniciativa de don José García Goldáraz, arzobispo de Valladolid, para exponer las obras del tesoro catedralicio y todo un conjunto de pinturas, esculturas, marfiles, piezas de orfebrería y ornamentos litúrgicos procedentes de parroquias extinguidas de la Diócesis, que encontraron en estas salas su garantía de preservación para el futuro.

     Las diez salas del museo corresponden a espacios arquitectónicos ubicados a los pies de la primitiva Colegiata o abiertas a su desaparecido claustro, mezclándose en ellas los estilos románico y gótico, con un excelente muestrario de cubiertas mudéjares. El acceso al museo se halla en el interior de la catedral, en la capilla absidial del lado del Evangelio donde se encuentra el enterramiento del Conde Ansúrez, promotor de la ciudad de Valladolid. Los espacios más interesantes son la antigua Sala Capitular, un ángulo del primitivo acceso al claustro y las capillas de San Llorente, Santo Tomás, San Blas y Santa Inés, donde se distribuyen bajo arcosolios y en vitrinas toda una serie de seleccionadas obras maestras de los siglos XIII al XVIII de las cuales hacemos constar una breve selección.

     El arte está representado por un importante conjunto de obras que abarcan las modalidades de pintura, escultura, sepulcros, retablos, orfebrería y mobiliario. Entre las obras más destacadas se encuentran:

ARTE MEDIEVAL

* Sepulcros, siglo XIII, Capilla de San Llorente. Procedentes del monasterio cisterciense de Palazuelos, son sepulcros exentos colocados sobre figuras de leones recostados, con la imagen yacente en la parte superior y los cuatro flancos recorridos por escenas bajo arquerías que representan escenas relacionadas con la muerte y el sepelio de los titulares.
* Crucifijo, siglo XIII, Capilla de San Llorente. Preside a cierta altura esta capilla y ofrece las características de los primeros crucifijos góticos, con tres clavos, gran serenidad y tendencia al naturalismo en su anatomía.
* Cúpulas mudéjares, siglo XIV, Capilla de San Llorente. Se añadieron en la reconstrucción de la capilla en 1345 y están realizadas en yeso, una de forma esférica y otra octogonal, decoradas con motivos de lacerías, piñas con mocárabes y escudos heráldicos entre los que figuras las armas del rey Alfonso XI.
* Virgen con el Niño, siglo XIV. Figura en alabastro, con restos de policromía, que sigue los modelos franceses.
* Puertas de la antigua Colegiata, siglo XV. Talla de estilo gótico flamígero, con figuras de salvajes y motivos zoomorfos y vegetales.
* Llanto sobre Cristo muerto, Maestro de San Pablo de la Moraleja, Ca. 1500. Grupo compuesto por nueve figuras dotadas de un fuerte expresionismo, talla minuciosa y rica policromía.
* Piedad, autor anónimo, siglo XV. Dramática composición de estilo hispano-flamenco que presenta a los pies la corona de espinas y una calavera en alusión al triunfo de Cristo sobre la muerte.
* Retablo de Santa Ana, Maestro de Gamonal, siglo XV. Retablo sobre un frontal de azulejería del siglo XVI que se compone de siete tablas de estilo hispano-flamenco que representa episodios relacionados con la madre de la Virgen.

ARTE DEL RENACIMIENTO

* Retablo de San Miguel, Maestro de Osma, Ha. 1500. Retablo compuesto por pinturas con episodios en los que interviene el arcángel, algunos de ellos inspirados en la "Leyenda Dorada" de Santiago de la Vorágine.
* Relieve de la Piedad, Juan de Juni, Ha. 1538. Placa de terracota perteneciente a la serie que el escultor realizó cuan tenía el taller en León, con forzados escorzos que anticipan los modelos a escala monumental.
* Busto del Ecce Homo, Juan de Juni, 1544. Esta impresionante talla, obra maestra del borgoñón, que procede de la cartuja de Aniago, está realizada en madera de nogal y presenta a Cristo como un busto clásico, con la dignidad propia de un emperador. Presenta la corona de espinas tallada y está recubierto con un manto púrpura.
* Cabeza de San Juan Bautista, Juan de Juni, Ha. 1544. Efectista cabeza en la que el escultor se inspira en el grupo helenístico del Laocoonte descubierto en 1506 en Roma.
* Colección de esculturas de Alejo de Vahía, siglo XVI. El museo ofrece una representativa colección de piezas de este escultor nórdico establecido en Becerril de Campos (Palencia) que mantiene la formas de la escultura hispano-flamenca con un estilo personal inconfundible. Entre otras figuran el grupo del Llanto sobre Cristo muerto (Ca. 1500), el grupo de la Anunciación, San Juan Evangelista, San Juan Bautista, San Antonio, San Pedro y San Pablo.
* Grupo del Descendimiento, Juan Picardo, siglo XVI. Composición de gran teatralidad a escala menor que el natural.
* Cristo de la Cepa, siglo XVI. Esta curiosa imagen, capricho de la naturaleza y rodeado de una leyenda milagrosa, se veneraba en una capilla de la iglesia de San Benito y gozó durante mucho tiempo de mucha veneración en Valladolid.
* Custodia procesional, Juan de Arfe, 1587. Espectacular pieza de orfebrería concebida para presidir los desfiles del Corpus. Está enteramente realizada en plata y tiene una estructura arquitectónica piramidal a modo de torre calada. Incluye 30 relieves alusivos a la Eucaristía e infinidad de pequeñas figuras, destacando el grupo de Adán y Eva junto al árbol del Paraíso.
* Relieve de la Virgen con el Niño, anónimo, siglo XVI. Relieve de pequeño formato realizado en alabastro, con labra de gran virtuosismo y estética italianizante.
* Cruz procesional en plata, siglo XVI. Buena muestra de los exquisitos trabajos de orfebrería, con múltiples relieves cincelados en la base y los brazos de la cruz. Procede de Manzanillo (Valladolid).
* San Mateo y San Marcos, Maestro de Portillo, siglo XVI. Pinturas de gran luminosidad y brillantez en el color y una minuciosa descripción de los elementos representados de gusto flamenco, con fondo repujado en oro. Siguen los modelos implantados por Pedro Berruguete.

ARTE BARROCO

* San Martín y el pobre, Gregorio Fernández, 1606. Grupo que sigue el modelo compuesto por Francisco Rincón. Es el primer grupo procesional realizado por el escultor en Valladolid por encargo de un pastelero de Palencia.
* Arcángel San Gabriel, Gregorio Fernández, 1611. Fue realizado para la iglesia de Tudela de Duero y sigue el modelo del Mercurio de Giambologna. Está tallado como un desnudo integral siguiendo el estilo manierista de la primera época del escultor.
* Ecce Homo, Gregorio Fernández, 1613, Sala Capitular. De tamaño natural, está considerada como una obra cumbre de la escultura barroca española, máximo exponente de la madurez alcanzada en el oficio por el escultor, que plasma una figura de bulto redondo que fusiona las cualidades de la estatuaria clásica con el naturalismo capaz de conmover auspiciado por la Contrarreforma. Procede de la primitiva iglesia de San Nicolás.
* Floreros, Diego Valentín Díaz, 1650. Dos buenas muestras de la pintura del mejor pintor en la ciudad durante el siglo XVII, siempre con un estilo muy personal.
* Bustos del Ecce Homo y la Dolorosa, Pedro de Mena, ha. 1673. Excelentes ejemplos de esta iconografía tan repetida por el escultor granadino, caracterizada por el trabajo naturalista de las anatomías y ropajes, el preciso uso de postizos y el singular tallado de la toca y manto de la Virgen en capas superpuestas.
* Asunción de la Virgen, Diego Díaz Ferreras, ha. 1685, Sala Capitular. Esta pintura representa la advocación titular de la catedral vallisoletana.
* Apostolado, Cristóbal García Salmerón, siglo XVIII, Sala Capitular. Colección de pinturas con representaciones de todos los apóstoles sujetando cartelas que completan el "credo" y presididas por la figura de Cristo como "Buen Pastor".
* Sillería del convento de San Benito, Felipe de Espinabete, 1764, Sala Capitular. Formada por 35 sitiales cuyos tableros representan santos de diversas órdenes.
* Maqueta de la catedral de Valladolid, Manuel Alonso Abril, 1780-1795. Reproduce, algo modificado, el trazado original de Juan de Herrera.
* San Pedro Regalado resucitando para dar de comer a un pobre, atribuido a Plácido Constanzi, siglo XVIII. Pintura de gran calidad que representa uno de los milagros atribuidos al santo vallisoletano que es patrono de la ciudad.

     El museo, cuya titularidad corresponde al Arzobispado de Valladolid y al Cabildo Catedralicio, ofrece hasta 450 piezas de primera calidad, destacando aquellas elaboradas en los prestigiosos talleres de la ciudad durante los siglos XVI y XVII. El visitante puede recorrer unas salas que se apartan de los convencionalismos de la mayoría de los museos, pudiendo apreciar como la pureza de las líneas arquitectónicas de la piedra y las espectaculares cubiertas mudéjares no pueden ser mejor marco para que las obras de arte muestren su autenticidad.

HORARIO DE VISITAS:
De martes a viernes de 10 a 13,30 h. y de 16,30 a 19 h.
Sábados, domingos y festivos de 10 a 14 h.
Lunes cerrado.

TARIFAS:
General 2,50 €.
Entrada gratuita los jueves
Reducciones para grupos: consultar con el Museo en tel. 983 304 362.

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1 de noviembre de 2011

Fastiginia: Un testimonio de la insensibilidad histórica


Estampas y recuerdos de Valladolid

     El ingente patrimonio histórico-artístico de Valladolid ha sido injustamente tratado por la historia. Forzosamente hemos de referirnos a tres momentos críticos que casi barrieron las señas de identidad de la ciudad a través de una fatídica y generalizada tarea de destrucción masiva.

     El primero de ellos es conocido popularmente como "la francesada", cuando las tropas de Napoleón llegaron a la ciudad en los primeros años del siglo XIX y ante la insuficiencia de alojamientos invadieron no sólo cuarteles y el Palacio Real, sino también conventos, colegios y diversas instituciones. Las distintas sublevaciones y el enfrentamiento en la lucha por la independencia tuvieron como contrapartida el expolio y la destrucción de buena parte de los edificios ocupados, muchos de ellos abocados a su desaparición.

     Otro momento decisivo se produjo poco tiempo después con los procesos desamortizadores liberales que afectaron a los bienes de la Iglesia y las órdenes religiosas. Los más incisivos tuvieron como protagonistas a Juan Álvarez Mendizábal, ministro en 1836 de la regente María Cristina de Borbón, y Pascual Madoz, que como ministro de Hacienda reemprendió en 1855 la tarea de desamortización por la que muchos de los antiguos conventos se transformaron en cuarteles, hospitales, museos y oficinas, mientras otros pasaban a ser adquiridos como propiedades privadas. Por entonces abundaron los derribos para realizar ensanches y nuevos trazados de calles y plazas, cambiando el aspecto conventual de la ciudad por otro de tipo burgués.

     Habría que esperar a los años sesenta del siglo XX para que la ciudad conociera una de sus experiencias más dañinas bajo la insensible labor de la piqueta especulativa. El desarrollo económico y demográfico afectó por igual a todo tipo de construcciones señeras, con una especial incidencia en el numeroso conjunto de palacios urbanos que sucumbieron en aras de un progreso corrupto y mal entendido. A ese momento corresponde esta desasosegante fotografía que muestra el derribo de uno de ellos en la calle Conde de Ribadeo, en un barrio, el Rosarillo, que quedó completamente aniquilado.

     El desastre afectó a otros muchos barrios y construcciones céntricas, hasta el punto de alcanzar Valladolid un insólito record "guiness": después de la ciudad alemana de Dresde, destruida por los bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial, Valladolid es la ciudad de Europa que ha conocido la mayor destrucción de su patrimonio histótico-artístico durante el siglo XX. ¿Habrá cambiado esta mentalidad en nuestro tiempo? Esperemos que sí. 

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31 de octubre de 2011

Biblioteca Nacional de España: EL QUIJOTE al alcance de todos




     La Biblioteca Nacional de España, después de cinco mil horas de trabajo, ofrece la primera edición del Quijote digitalizada y presentada como un libro virtual.

     Además tiene la posibilidad de leer la célebre novela en versión original o transcrita al castellano actual, se acompaña de composiciones musicales de la época, facilita información sobre las distintas ediciones a lo largo del tiempo, ofrece la consulta de un índice de libros de caballerías y muestra una galería de imágenes con ilustraciones de la obra.

     Todo con un sencillo movimiento del ratón, incluyendo la pantalla completa.

     Si alguien se anima, tiene al alcance la novela más famosa de todos los tiempos gracias a este excelente trabajo.


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29 de octubre de 2011

Museo Nacional de Escultura: JORNADA DE PUERTAS ABIERTAS, 31 de octubre 2011





MUSEO NACIONAL DE ESCULTURA
Cadenas de San Gregorio 1 y 2, Valladolid.

     Adelantándose a la celebración de la festividad de Todos los Santos, el Museo Nacional de Escultura celebra una Jornada de Puertas Abiertas el próximo lunes 31 de octubre.

     Dicho día el Museo Nacional de Escultura permanecerá abierto en el horario de 10 a 14 y de 16 a 19.30 horas.

Entrada gratuita.

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28 de octubre de 2011

Visita virtual: SANTA ANA, LA VIRGEN Y EL NIÑO, el lenguaje críptico de Leonardo





SANTA ANA, LA VIRGEN Y EL NIÑO
Leonardo da Vinci (Anchiano-Vinci, Italia 1452 - Cloux, Francia 1519)
1508
Óleo sobre tabla de álamo
Museo del Louvre, París
Pintura del Renacimiento, clasicismo


     Esta tabla es una de las más prodigiosas composiciones de Leonardo da Vinci y la tercera de las versiones que hiciera tratando el mismo tema. La primera es el llamado Cartón de Burlington House, actualmente una de las joyas de la National Gallery de Londres, la segunda otro cartón que se ha perdido, pero que los biógrafos de Leonardo describieron minuciosamente en su época, y esta pintura la versión final que fue inicialmente concebida para presidir el altar mayor de la iglesia de la Santísima Anunziata de Florencia, aunque la obra había sido solicitada por Luis XII, rey de Francia, para celebrar el nacimiento en 1499 de Claude, su única hija, rindiendo homenaje a su esposa Anne en la elección de la santa, que además era la patrona de las mujeres estériles y embarazadas, de modo que la pintura adquiere el valor de un exvoto a Santa Ana por el feliz nacimiento de la infanta.

     Sin embargo, la pintura no le fue entregada a Luis XII, ya que es mencionada por un observador en 1517 en el taller de Leonardo, que por entonces trabajaba para la corona francesa pensionado por el rey Francisco I en un taller de Cloux, cerca de Amboise. Según algunas hipótesis, basadas en la descripción de la tabla realizada en 1651 en el palacio del cardenal Richelieu, se piensa que este personaje fue el que realmente la adquirió para las colecciones reales, aunque lo más probable es que fuera adquirida por Francisco I a Leonardo a cambio de una fuerte suma de dinero que le fue entregada a su asistente Salai, según un pago que consta en los archivos. Desafortunadamente, antes de el inventario realizado por Le Brun en 1683, la pintura no figura entre las obras expuestas en el castillo de Fontainebleau, de modo que no se puede confirmar esta idea.


     La obra aparece inacabada, pues, como en muchas de sus obras, Leonardo trabajaría en la pintura durante largo tiempo antes de entregarla, siendo un buen ejemplo de la continua búsqueda del genio renacentista en la composición de las figuras, en la aplicación de la técnica del sfumato y en la maduración del significado de la escena, de la que se conservan abundantes dibujos preparatorios en el mismo Museo del Louvre, logrando finalmente innovadores modelos y formas de sombreado que definen su genialidad y que serían fuente de inspiración para numerosos artistas de la siguiente generación.

     La pintura reúne en un paisaje idílico a personajes de tres generaciones, Santa Ana, su hija la Virgen María y su nieto el Niño Jesús, que juguetea con un cordero lleno de connotaciones simbólicas, alusivas al futuro sacrificio de Cristo, que viene a sustituir la presencia del Bautista niño que aparece en otras de sus obras, como la Virgen de las Rocas, de modo que la escena aparece humanizada aunque con personajes perfectamente reconocibles como sagrados, a pesar de que no disponen de los tradicionales nimbos sobres sus cabezas, lo que supone una traslación casi literal del ideal neoplatónico del amor divino, intemporal y perfecto.

     En esta pintura Leonardo concede una gran importancia a Santa Ana, cuya figura se convierte en el eje de una composición muy original que adopta una forma piramidal. En ella da la impresión que el grupo de figuras se trata de un sólo personaje que se continúa a sí mismo, tanto por su disposición física como por sus acciones, presentando el característico movimiento entrelazado de los personajes tan utilizado por Leonardo, una novedad después seguida por otros muchos pintores. Fruto de una minuciosa observación, todos los gestos son muy naturales y aparecen encadenados, como el brazo derecho de la Virgen que podría ser válido para la figura de Santa Ana, el brazo izquierdo de María prolongado en el de Jesús o la pierna del Niño remontando el cordero, encadenamientos que tienen una finalidad y un sentido: el expresar la idea de parentesco y descendencia entre las figuras, así como el anuncio de que la encarnación de Jesús tiene como fin el sacrificio de la Pasión, sacrificio que anuncia la presencia del cordero, de cuyo contacto la Virgen con un gesto cariñoso trata de apartar al Niño, que se aferra obstinado al pequeño animal.


     La originalidad de la pintura afecta por igual a su iconografía y a la composición, que tiene al mismo tiempo valores geométricos y dinámicos. De forma muy hábil el pintor sitúa las miradas de todas las figuras prácticamente sobre un mismo eje, siendo las que dan sentido a la escena, pues las miradas cruzadas del Niño y su Madre se complementan con las de Santa Ana y el cordero, adquiriendo la dulzura de las mismas un gran valor expresivo. Otro tanto ocurre con las figuras de Santa Ana y su hija María, a la que sujeta sobre sus rodillas, que casi llegan a tener la misma edad, los mismos rasgos físicos y la misma delicadeza, destacando en la primera el esbozo de la característica sonrisa leonardesca.


     La escena religiosa se sitúa en un paisaje idílico y fantástico que produce un distanciamiento entre los personajes de la escena y el espectador. La profundidad está remarcada por las lejanas montañas, representadas según las leyes de la perspectiva atmosférica a partir de cristalinos tonos azulados, fruto de su observación de la naturaleza, de la geología y de los cambios climáticos. Sin embargo, Leonardo recurre a plasmar un paisaje que no está sometido al tiempo real ni a las estaciones, ni mucho menos a la acción del hombre. Se trata de un paisaje de valor universal, virginal, un retorno al paraíso tras la llegada de Dios al mundo, con una ruptura cromática en el fondo que sugiere que de los vapores de la niebla surge un círculo de montañas que asemejan estar formándose después del caos de la Creación.

     La aplicación del color queda definida por el sfumato, seña de identidad por excelencia del taller de Leonardo, que funde las figuras con el paisaje envolviendo la escena de un velo vaporoso, evanescente y poético. Por todo ello y por el significado críptico de cada uno de los elementos, esta pintura representativa del arte de Leonardo y culmen del clasicismo alcanzado en la pintura del Renacimiento, produce en quien la contempla una fascinación que se funde con la sensación de extrañeza que desprenden sus sutiles expresiones y su ejecución incompleta, por lo que de ella se han hecho numerosas lecturas psicoanalíticas, siguiendo las teorías de Freud, y abundantes estudios especulativos que nunca tienen fin.

Informe: J. M. Travieso.

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26 de octubre de 2011

Música en octubre: PALCHI NO TORRI ?, de Elena Ledda





Elena Ledda es una cantante nacida en 1959 en la isla de Cerdeña, Italia, que interpreta sus canciones en lengua sarda. Aunque se preparó en oboe y canto en el Conservatorio de Cagliari, eligió el canto folclórico de su isla natal, iniciando su carrera con la Cooperativa Teatro de Cerdeña durante los últimos años de la década de 1970. Desde entonces ha recorrido buena parte del mundo y realizado numerosas grabaciones en las que ofrece la impronta de la música mediterránea, la música clásica del Renacimiento y Barroco y experiencias de música contemporánea. Hoy es muy conocida en el género "world music".

La canción que presentamos, "Palchi 'no torri?", pertenece al álbum Amargura, publicado en 2005.

Más información: Elena Ledda 

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24 de octubre de 2011

Historias de Valladolid: FRAY LUIS DE LEÓN y los excesos del Santo Oficio


     Corría el año 1572 cuando Luis de León regresaba a Valladolid, aunque las circunstancias eran bien distintas a cuando siendo niño recalara en la ciudad del Pisuerga treinta y seis años antes. En este momento ya contaba 45 años y llegaba convertido en un docto fraile agustino que ostentaba los títulos de licenciado y doctor en Teología por la Universidad de Salamanca, institución donde por entonces ejercía su actividad dedicado a la docencia. Los motivos de la llegada de Fray Luis de León eran terribles, nada menos que para ingresar como reo penitenciado en los calabozos del temible Santo Oficio, víctima, como él mismo llegaría a declarar, de la envidia y la mentira (ilustración 1). En tan lúgubre lugar permanecería durante cuatro largos años, hasta que, tras un complejo proceso de acusaciones y defensas en el que hizo gala de una gran fortaleza y convicción en sus creencias, obtuvo la libertad en 1576.

EL TRIBUNAL DEL SANTO OFICIO EN VALLADOLID

     La actividad de la Santa Inquisición marca alguna de las páginas más negras de la historia de España, causa de un clima social intolerante respaldado por la Iglesia católica frente a los avances de las ideas protestantes, consideradas heréticas, siendo buen exponente de ello el cúmulo de casos juzgados y sentenciados en Valladolid, especialmente a lo largo del siglo XVI, cuando alcanzaron su punto álgido con la celebración de repetidos y multitudinarios Autos de Fe en espacios públicos (ilustración 2). El ambiente de aquella sociedad oficialmente sacralizada e intransigente por la mano dura del Santo Oficio en Valladolid ha sido magistralmente plasmado por la pluma de Miguel Delibes en su novela "El Hereje", una historia urdida en torno a la figura de Cipriano Salcedo que ilustra al detalle como del celo inquisitorial no se libraba condición social alguna y del hacinamiento en las cárceles de multitud de acusados que finalmente conocían la privación de honores, la confiscación de sus bienes, el destierro, la condena perpetua o la muerte en la hoguera "purificadora".

     Todo tiene su origen remoto en 1233 en la Corona de Aragón, donde fue creado el Tribunal de la Fe para combatir la herejía de los albigenses. Pero se institucionalizó durante el reinado de los Reyes Católicos, cuando la reina Isabel, recogiendo las sugerencias del dominico sevillano Fray Alonso de Hojeda para combatir las prácticas judaizantes entre los conversos andaluces, confirmadas por Pedro González de Mendoza, cardenal arzobispo de Sevilla, y el dominico segoviano Fray Tomás de Torquemada, fundó en 1478 el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición para mantener la ortodoxia católica en sus reinos. Su presencia se extendería a Castilla, donde en 1492 ya existían tribunales en ocho ciudades castellanas, entre ellas en Valladolid. En ello jugó un papel principal Fray Hernando de Talavera, prior del convento de jerónimos de Nuestra Señora de Prado, confesor de la reina Isabel y después primer arzobispo de Granada.

     En un principio la Santa Inquisición ocupó en Valladolid una casa que la familia de los Zúñiga tenía en la calle Francos (actual Juan Mambrilla), pero a principios del siglo XVI se instaló en unas casas de la calle Pedro Barruecos (desde 1842 calle del Obispo, en referencia al palacio que en ella tuvo el obispo de Palencia Fray Alonso de Burgos, y desde el siglo XX calle de Fray Luis de León), en la esquina con la calle de la Galera, siendo presidentes del Tribunal el doctor don Pedro Barahona y el bachiller don Rodrigo de Argüelles. Según Matías Sangrador y Vítores, la primitiva sede, después citada como Inquisición Vieja, contaba con un tribunal compuesto por reconocidos eclesiásticos, bachilleres, licenciados y doctores en Derecho, afirmando este historiador el haber comprobado personalmente la existencia de antiguos calabozos, en los restos del desaparecido edificio, con infinidad de inscripciones grabadas en sus ennegrecidas paredes.

     Allí permaneció el Santo Oficio hasta que en el año 1559 se trasladó a un caserón propiedad de don Pedro González de León situado junto a la iglesia de San Pedro, en la calle Real de Burgos, que sería denominada popularmente como "Cárcel nueva" tras habilitarse como calabozos las cuadras del palacio. Comprado por la Inquisición en 1572, a finales del siglo XVI se acometieron en el recinto diversas obras de remodelación y ampliación, en las que intervino el arquitecto Pedro Mazuecos, dando lugar a un complejo de grandes dimensiones, organizado en torno a un patio central, con dependencias destinadas a los inquisidores, salas judiciales y, sobre todo, calabozos capaces de acoger a multitud de penitenciados, contando con una fachada monumental y entradas separadas para unos y otros (ilustración 3).
     En este edificio que fuera sede de la Inquisición, hoy desaparecido, fue recluido en 1572 Fray Luis de León tras ser acusado de tener predilección por la Biblia hebraica sobre el texto oficial de la Vulgata, traducción en latín de la Biblia realizada a principios del siglo V por san Jerónimo que fue aprobada en Trento para ser aplicada de forma oficial en toda la Iglesia, así como por la traducción que había realizado al castellano del Cantar de los Cantares, siendo en el fondo una incomprensible víctima de las suspicacias y rivalidades entre agustinos y dominicos por ocupar las cátedras teológicas y de un tiempo marcado por una irracional y obsesiva caza de brujas en torno a supuestas ideas heréticas.

     A pesar de que en 1601, por Real Cédula de Felipe III, la sede del tribunal se trasladó a Medina del Campo, esta regresó a Valladolid en 1606, incrementando su jurisdicción territorial hasta llegar a tener potestad sobre más de trescientas veinte poblaciones. Su actividad no cesó a lo largo de los siglos XVII y XVIII, como testimonia Ventura Pérez en su Diario de Valladolid, siendo posteriormente uno de los enclaves ocupados por los diez mil soldados de las tropas francesas cuando llegaron a Valladolid con Napoleón a la cabeza el 5 de enero de 1809. Once meses después el edificio padecería un violento incendio del que sólo se salvó parte del ala de la fachada, suceso que aminoró la actividad del Tribunal. No obstante, en 1814, con la llegada al trono del absolutista Fernando VII, la Santa Inquisición recuperó su función, ocupando una casa de la marquesa de Arco en la calle Herradores (actual Alonso Pesquera), donde continuó en activo hasta el 15 de julio de 1834, momento en que fue abolida definitivamente por un Real Decreto firmado por la regente María Cristina de Borbón, durante la minoría de edad de Isabel II.

     Quedaban atrás infinidad de incomprensiones, de prejuicios morales y sociales, de una implacable concepción de la ortodoxia religiosa, de innumerables injusticias basadas en la malevolencia, la envidia y el fanatismo, de multitud de ideas creativas cercenadas y de numerosas obras literarias de todo tipo censuradas o destruidas.


FRAY LUIS DE LEÓN (1527-1591)

     Luis era hijo del abogado y consejero regio don Lope de León y de doña Inés de Varela y nació en 1527 en Belmonte (Cuenca), en el seno de una familia de juristas con ascendientes conversos en quinta generación. Por las obligaciones de su padre, en 1536 la familia estableció su residencia en Valladolid, donde Luis pasó cinco años de una primera infancia de la que se desconocemos los pormenores. Cuando en 1541 su padre recibió el cargo de oidor en la Chancillería de Granada, Luis, que contaba catorce años, comenzó sus estudios en Salamanca, donde residía su tío Francisco de León, catedrático en Leyes. En 1542 mostraría sus inclinaciones por la vida religiosa e ingresó en el convento de agustinos, en el que profesó en 1544 cuando tenía 17 años.

     A partir de entonces cursó estudios de Artes (Gramática latina, Lógica, Filosofía Moral y Natural), obteniendo el título de bachiller que le permitió acceder a estudios superiores de Teología, Medicina, Leyes y Cánones. Durante ese tiempo, como era habitual, compaginó su aprendizaje con la docencia en conventos de su propia orden de Soria y Salamanca. En Salamanca fue alumno de Melchor Cano en la cátedra de Prima, de Gregorio Gallo en la de Biblia y de Domingo de Soto. Su interés por la Teología le llevaría a realizar un curso en la Universidad de Alcalá, interesado por la orientación humanística del dominico fray Mancio del Corpus Christi y del cisterciense Cipriano de la Huerga en la cátedra de Biblia. Su aprovechamiento e inteligencia demostrada en los estudios le permitió obtener en 1560 los títulos de licenciado y de doctor en Teología.

     Plenamente formado decide dedicarse a la docencia universitaria, optando por oposición a las cátedras de Teología hasta llegar a ocupar en 1561 la cátedra de Santo Tomás y en 1565 la cátedra de Durando, que es su ocupación cuando siete años más tarde se produce la denuncia que le conduciría a la prisión en Valladolid.

     Por aquellos tiempos la oposición a ocupar las cátedras de Teología de la Universidad de Salamanca venía generando conflictos y rencillas personales entre los opositores agustinos y dominicos, dando lugar a un ambiente de crispación que era favorecido por el voto de los alumnos en las oposiciones en función del número de cursos realizados, que no dudaban en organizarse en grupos de presión y recurrir al fraude si fuera necesario. En este ambiente hostil como entorno laboral se movía Fray Luis de León, que aludiría a ello calificándolo poéticamente como "mundanal ruido".


EL PROCESO QUE LE CONDUJO A VALLADOLID

     Pero iba a ocurrir un hecho que sería definitivo para su defenestración. En 1569 por iniciativa de Francisco Sancho, decano de la Facultad, comenzaron las reuniones de una comisión de teólogos para examinar el texto de la Biblia de Francisco Vatablo, un apreciado profesor de hebreo en el Colegio de Francia fundado por Francisco I, y su posible impresión por el librero salmantino Portinaris. En las sesiones eran frecuentes los enfrentamientos ideológicos entre el agustino Fray Luis de León, que contaba con el apoyo de Gaspar de Grajal, catedrático de Biblia, y de Martín Martínez de Cantalapiedra, catedrático de Hebreo, y su oponente León de Castro, profesor de griego en la Facultad de Artes, que a su vez contaba con el apoyo del dominico Bartolomé de Medina, compañero de claustro de Fray Luis.

     Con el paso del tiempo las distintas opiniones fueron degenerando en una árida discusión que acabó con la acusación ante el Tribunal de la Santa Inquisición, por parte de Bartolomé de Medina, a los maestros oponentes Fray Luis de León, Gaspar de Grajal y Martín Martínez de Cantalapiedra. Este basó su denuncia en dos hechos principales, el haber traducido a "lengua vulgar el libro de los Cánticos de Salomón, compuesto por el muy reverendo padre nuestro fray Luis de León" y que "en esta universidad algunos maestros, señaladamente Grajal y Martínez y fray Luis de León quitan alguna autoridad a la edición vulgata, diciendo que se puede hacer otra mejor y que tiene hartas falsedades", añadiendo que "esto es público y notorio" y que "en la Universidad de Salamanca hay mucho afecto a cosas nuevas y poco a la antigüedad de la religión y fe nuestra". En su alegación fray Bartolomé concluye "Y que demás desto..., los dichos tres maestros prefieren a Vatablo, Pagnino y sus judíos a la traslación Vulgata y al sentido de los santos, lo cual a este declarante ofendía mucho". Unos testimonios que ilustran el clima de intransigencia religiosa en la época, con duras condenas por intentar superar los valores de una desfasada versión de la Biblia Vulgata, versión canónica promulgada por el Concilio de Trento, y por el intento de traducir a lengua romance el Cantar de los Cantares, en definitiva, por cuestionar la forma tradicional de entender la Teología.

     Pero Fray Luis de León volcó todo su talento en la argumentación teológica de su defensa durante todo el arduo proceso inquisitorial desarrollado en el edificio del Santo Oficio en Valladolid, cuyas declaraciones se conservan íntegras, con profusión de comparecencias a lo largo de tres años y medio a favor y en contra de los acusados (ilustración 7). A las diez acusaciones de primera instancia se añadirían otras muchas a lo largo del proceso, en el que una somera lectura permite aventurar que efectivamente "la envidia y la mentira" de los oponentes fueron la clave de los más de tres años y medio durante los que Fray Luis de León fue retenido en la cárcel de Valladolid. Finalmente los tres acusados serían absueltos, Fray Luis en 1576 con una advertencia de moderación y prudencia, Martínez de Cantalapiedra en 1577 y Grajal en 1578, aunque este último ya había muerto en prisión en 1575.

     Fray Luis de León resumiría el incidente en sus versos:

        Aquí la envidia y la mentira
        me tuvieron encerrado.
        Dichoso el humilde estado
        del sabio que se retira
        de aqueste mundo malvado,
        y con pobre mesa y casa
        en el campo deleitoso
        con sólo Dios se compasa,
        y a solas su vida pasa,
        ni envidiado ni envidioso.


EL REGRESO A SALAMANCA

     De vuelta a Salamanca en diciembre de 1576, Fray Luis se reintegró a la Universidad salmantina, donde el día que reinició las clases pronunció la célebre frase "Decíamos ayer...". Después ocuparía paulatinamente las cátedras de Teología Escolástica, Filosofía Moral y de Sagrada Escritura, en cuyo recuento de votos fue acusado de fraude, fallando a su favor la Chancillería de Valladolid. A partir de entonces fue autor de una prolija producción literaria, como "De los nombres de Cristo", "La perfecta casada", "Exposición del Libro de Job" y la traducción literal del "Cantar de los Cantares", junto a una prolífica obra poética de gran altura.

     No obstante, no se habían terminado las dificultades, pues en un nuevo proceso sería nuevamente recriminado, en este caso en Toledo por el cardenal Gaspar de Quiroga. Más agradable fue su trabajo, a petición de la madre carmelita Ana de Jesús, sucesora de Teresa de Jesús, de la ordenación y preparación para la imprenta de los escritos de la santa reformadora, que permitiría la edición en Salamanca, en 1588, de las "Obras de la Madre Teresa de Jesús".

     En 1591 Fray Luis de León conoció el deterioro de su salud. Imposibilitado para dar clases se dedicó a escribir. En agosto de aquel año fue elegido Provincial de la Orden en el capítulo celebrado en Madrigal de las Altas Torres (Ávila), donde murió en el convento de San Agustín el 23 de agosto, siendo trasladado y enterrado en el convento agustino de San Pedro de Salamanca. En 1856, reducido este convento a la ruina, sus restos fueron trasladados con solemnidad a la capilla de San Jerónimo de la Universidad de Salamanca. En su memoria fue colocado en 1869, en el Patio de Escuelas de la Universidad salmantina, un monumento en bronce realizado por el escultor Nicasio Sevilla, hoy día convertido en uno de los principales iconos de la ciudad charra (ilustración 9).

     De modo que, aunque la figura de Fray Luis de León está estrechamente ligada a la ciudad de Salamanca, su personalidad iba a quedar vinculada a Valladolid por estos hechos circunstanciales y en Valladolid quedó la impronta de su elevada cultura clásica, de su talento, de su dialéctica en la defensa de sus convicciones y de sus dotes expositivas, todo un ejemplo de personalidad humanista del siglo XVI.

Informe: J. M. Travieso.
Registro Propiedad Intelectual - Código: 1110240364080


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