18 de noviembre de 2022

Concierto: LA CASA DE BACH, 21de noviembre 2022

«Tengo la sensación de estar entrando en los pulmones de Bach». Ni su visita en un viaje de placer a la siempre fascinante iglesia de Santa Sofía, en Estambul, bastaba para que Chillida se alejase de esa suerte de devoción que profesó por la obra del compositor alemán. Todo le recordaba a él. No en vano llegó a dedicarle un libro de artista, varios homenajes en metal o granito y hasta una «casa» —un ‘modesto’ acero, hoy en el Museo Reina Sofía, probablemente modelo a escala (incierta) de otra realidad—.

El concierto que la intérprete Amarilis Dueñas ofrecerá en la capilla del Colegio de San Gregorio es una invitación a degustar, a través de las partituras del maestro del contrapunto, los matices de esa «música callada» que habita en el hierro, el alabastro o el papel de las esculturas de Chillida. Sonido, silencio, tiempo, ritmo, vibración, variación. Escultura y música caminan de la mano. Bienvenidos a «La Casa de Bach».

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14 de noviembre de 2022

Visita virtual: LA ORACIÓN DEL HUERTO, cuando un héroe acepta su trágico destino


 



LA ORACIÓN DEL HUERTO

Francisco Salzillo (Murcia, 1707 - 1783)

1754

Madera de ciprés policromada

Museo Salzillo, Murcia

Escultura barroca procesional. Escuela murciana

 

 



     En 1754, cuando se plantea la realización del paso de la Oración del Huerto, habían transcurrido dos años desde que Joaquín Riquelme y Togores encargara a Francisco Salzillo, costeándolo personalmente, el paso procesional de La Caída, el primero de los conjuntos procesionales realizados por el gran maestro murciano para la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, fundada en 1600 a instancias de los agustinos del convento de Santa María de la Arrixaca, que contaron con la colaboración de algunos seglares de parroquias de la ciudad de Murcia. El paso de La Caída fue determinante para la Cofradía por su compleja composición, su fuerte expresividad, su movimiento y la calidad técnica de las figuras, que ajustándose a los mecanismos teatrales impuestos por su contemplación en movimiento y en escenarios cambiantes aportaba una escena persuasiva y convincente.

Esto se producía a mediados del siglo XVIII, cuando la prosperidad económica murciana experimentada en aquellos momentos permitió a la Cofradía plantearse la renovación de fondos y plantear grandes proyectos, contando con el aliciente de la presencia en la ciudad del prestigioso taller de Francisco Salzillo. Es en ese momento cuando se le plantea al escultor sustituir por otro nuevo un antiguo paso de la Oración del Huerto que la Cofradía disponía, compuesto por las figuras de Jesús y los apóstoles como imágenes de vestir.

     A esta solicitud el escultor respondió entregando una escena completamente novedosa, no sólo en cuanto a la tipología procesional, sino también respecto a la iconografía tan frecuentemente repetida en pinturas y retablos del arte español desde los albores del Renacimiento. Uno de los aspectos más novedosos de la composición fue el conseguir plasmar en tres dimensiones y de forma palpitante la representación del desfallecimiento de Cristo en el Getsemaní, un tema que mediante diversos artificios se habían plasmado en multitud de pinturas y grabados. En su creación, Salzillo consiguió una veracidad tan convincente como la que anteriormente había alcanzado Gregorio Fernández en Valladolid con el paso del Descendimiento que realizara entre 1623 y 1624, por lo que desde el momento de su presentación en público fue objeto de tantas valoraciones elogiosas.


El paso recoge el momento en que Cristo, después de la Última Cena, se ha retirado al huerto de Getsemaní en compañía de los apóstoles Pedro, Juan y Santiago el Mayor. Mientras que estos sucumbieron “cargados de sueño”, según relatan los evangelios de San Mateo y San Marcos, Jesús en plena oración comenzó a sentir una duda que le provocaba angustias de muerte, apareciéndosele un ángel que le reconfortó, como indica San Lucas.

     Los tres apóstoles aparecen recostados en la parte delantera de la composición, recordando los primeros planos de algunas pinturas, formando un triángulo y con los rostros orientados en distintas direcciones, como si se hubiesen mantenido vigilantes ante el peligro hasta ser vencidos por el sueño. La tradición considera que los tres apóstoles suponen una alegoría de las tres edades de la vida: San Juan con un sueño despreocupado y profundo propio de la juventud; Santiago con el sueño sosegado y reparador de la madurez; el anciano San Pedro con un sueño ligero, en duermevela y permanentemente alerta, idea reforzada por sujetar en su mano izquierda una espada envainada por si tuviera que intervenir.

Al fondo de la composición aparece la figura arrodillada y hundida de Cristo, como si su cuerpo acusara el peso del destino que se le avecina. Su gesto es suplicante, con la emoción concentrada en el rostro. Este sufrimiento contrasta con la serenidad y la belleza del ángel que lo conforta, no colocado enfrente sugiriendo una visión tal y como aparece en la iconografía tradicional, sino como un cuerpo real colocado a su lado que con su mano izquierda le sujeta la cabeza y le anima a no desfallecer. Al tiempo, con su mano derecha el ángel señala el cáliz que simboliza el sacrificio al que debe entregarse y que durante los desfiles procesionales aparece colocado sobre una palmera cargada de dátiles, cuyo tronco se levanta entre las figuras de los tres apóstoles.

     Aunque la figura de Cristo está concebida como imagen de vestir —un modo de dignificar la escultura en la época mediante ricas indumentarias— presenta el torso desnudo, mientras de cintura para abajo se cubre con una túnica tallada en madera que está policromada en tonos azules y estofados dorados. Su posición de rodillas sugiere un cuerpo abatido y desolado, como un héroe que acepta su inminente y trágico destino, con los hombros caídos, los brazos extendidos sobre las piernas y la cabeza ligeramente inclinada hacia la izquierda observando, con actitud sumisa, el punto que señala el ángel. Muestra una larga melena que discurre sobre su hombro derecho y la espalda, una barba recortada, la boca ligeramente entreabierta y unos ojos muy abiertos con aplicaciones postizas de cristal que aumentan su realismo. La encarnación del rostro, pálida y nacarada, contribuye a resaltar la sensación de angustia, efecto reforzado por el sudor de sangre que recorre el rostro incidiendo en su lacerada humanidad.

     Una imagen completamente distinta es la que presenta el ángel, que actúa a modo de intermediario entre el héroe y su destino. Su figura adolescente y un tanto asexuada aparece llena de vida, ligera e inmaterial, como perteneciente a otro mundo. Su esbelta anatomía repite el modelo de Cristo, con el torso al descubierto y cubierto de cintura para abajo por un paño que rodea el cuerpo formando pronunciadas diagonales. La sensación de su reciente aparición en la escena queda sugerida por la colocación de sus grandes alas aún desplegadas, por la brisa que agita sus rubios cabellos y por los pies tocando suavemente la tierra. Su policromía presenta un tratamiento diferenciador, con la encarnación matizada con toques rosáceos aplicados como pintura de caballete y los paños decorados con estofados dorados y tonos amarillentos, que al igual que las alas resplandecientes le proporcionan el aspecto de un mensajero de origen sobrenatural.

Podría afirmarse, sin lugar a dudas, que es la figura de un ángel más bella de cuantas se realizaron en la escultura barroca española. Curiosamente, según la tradición, Salzillo habría utilizado para este ángel el mismo modelo que utilizara, encarnando la maldad, en el sayón que tira de una guedeja de Cristo y le amenaza con una maza en el paso de La Caída, realizado dos años antes, con lo que el escultor estableció la imagen dual del bien y el mal.

     En el espacio precedente y frente a la figura de Cristo se encuentra cruzada la de San Juan, el discípulo amado, cuya tipología ya avanza el magnífico modelo exento que el escultor realizara para la misma cofradía en 1755. Representado en plena juventud, barbilampiño y con una larga melena, duerme plácidamente con el cuerpo completamente recostado sobre las rocas, con las que parece fundirse ajeno a la emoción del momento y a la angustia vivida por el “maestro”. Viste una túnica de tono verdoso y un manto rojo que forman abundantes pliegues y que están policromados en colores lisos que contrastan con las carnaciones.

En la parte derecha se encuentra la figura de Santiago, caracterizado como un hombre maduro de anatomía vigorosa, con melena corta y larga barba, que igualmente recostado, pero con el torso levantado, duerme profundamente con la cabeza apoyada sobre su mano izquierda, con los dedos entrelazados entre los cabellos y la mejilla presionada por el peso. Viste una túnica de color azul oscuro que deja asomar una camisa huertana y un manto rojo oscuro que cubre su cuerpo, en ambos casos con los paños trabajados con pliegues veraces y los bordes reducidos a finísimas láminas como simulacro de textiles reales.

     En el lado opuesto, ejerciendo como un contrapunto compositivo, aparece San Pedro, representado como un hombre anciano de pronunciada calvicie y barba canosa, aunque lo que delata su avanzada edad son las arrugas en la frente, en los párpados y, sobre todo, en sus pies, fruto de un detenido estudio de la realidad. Su cuerpo aparece sentado, con la cabeza inclinada sobre su brazo derecho, como si su sueño fuese un estado puntual, ya que aparece montando guardia sujetando en su mano izquierda una espada envainada cuya empuñadura tiene tallada la cabeza de un perro, símbolo de fidelidad, que anticipa la activa figura del apóstol en el paso del Prendimiento que elaborara en 1763. A pesar del sueño transitorio su cuerpo denota tensión, pues en sus brazos se marcan venas y tendones. Viste una túnica abierta de intenso color azul cobalto, con un juego de drapeados que permiten adivinar su anatomía, bajo la que asoma una camisa huertana, y un manto ocre desparramado por las rocas. Esta figura es extremadamente virtuosa por el tratamiento del rostro y los detales anatómicos en brazos y pies, formando parte del espléndido juego de fisiognomía del paso, por el que a través de la apariencia externa de los personajes puede conocerse su carácter y su personalidad.  

Con estos elementos quedan establecidos dos planos compositivos que configuran diferentes atmósferas y que quedan enlazados por un eje visual que partiendo de los apóstoles del frente, completamente inactivos, conduce a los protagonistas de la escena, Cristo y el etéreo ángel, colocados al fondo viviendo la esencia del drama del pasaje evangélico. Asimismo, en el aspecto técnico el paso presenta un reparto muy equitativo del peso de las figuras, que colocadas sobre la plataforma habrían de soportar los costaleros, donde también se incorporan una palmera cargada de dátiles y un pequeño olivo detrás de la figura del ángel, luciendo el paso todo su esplendor en la procesión que en la mañana del Viernes Santo recorre las calles de Murcia.

Izda: Sayón de La Caída, 1752
Dcha: Ángel de la Oración del Huerto, 1754 

     El paso ideado por Francisco Salzillo se ajusta a las directrices contrarreformistas emanadas del Concilio de Trento, por las que las obras artísticas deberían utilizarse de modo didáctico para mostrar a los fieles las verdades de la fe y promover los sentimientos religiosos. Para ello el escultor establece dos planos en la representación, uno realista encarnado en las figuras de los apóstoles, y otro idealizado concentrado en los rostros de Cristo y del ángel. Como característica común a toda su obra, el novedoso paso procesional unifica la tradición escultórica napolitana, heredada de su padre Nicolás Salzillo, con la tradicional imaginería procesional en madera que había conocido un momento de esplendor durante el siglo XVII en los prestigiosos talleres de Castilla y Andalucía. 

La Oración del Huerto forma parte del conjunto de ocho pasos que Francisco Salzillo realizó para la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Murcia, con sede canónica en la iglesia de Jesús de Murcia, en cuyo recinto musealizado se exponen en nuestros días. Estos sintetizan el gusto artístico, estético y devocional de la importante producción de Salzillo, representando, por orden de elaboración, las escenas de La Caída (1752), la Oración del Huerto (1754), la Verónica (1755), San Juan (1755), la Dolorosa (1756), La Última Cena (1761), El Prendimiento (1763) y Los Azotes (1777). 

Apóstol San Juan, la Oración del Huerto

 Informe: J. M. Travieso. 









Apóstol Santiago, la Oración del Huerto










Detalle del apóstol Santiago, la Oración del Huerto














Detalle del apóstol San Pedro, la Oración del Huerto










Empuñadura de la espada que sujeta San Pedro










La Oración del Huerto en la mañana del Viernes Santo











La Oración del Huerto en la mañana del Viernes Santo
Procesión de "Los Salzillos"












Juan Albacete y Long. Retrato de Francisco Salzillo, h. 1855
Colección Real Sociedad Económica Amigos del País, Murcia












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11 de noviembre de 2022

Proyección documental: CHILLIDA. ESKU HUTS, 17 de noviembre 2022

Jueves 17 de noviembre, 19 h.
MUSEO NACIONAL DE ESCULTURA
SALÓN DE ACTOS DEL PALACIO DE VILLENA
ENTRADA LIBRE HASTA COMPLETAR AFORO

El documental "Chillida. Esku Huts" no es una biografía convencional. Se trata de una evocación poética y trepidante de un artista incomparable cuya personalidad sigue viva a través de sus obras y de aquellos que vivieron muy cerca de él, de sus ocho hijos y de sus más estrechos colaboradores.

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VIAJE: ESCAPADA GASTRONÓMICO-CULTURAL A NAVARRA (PINCHOS Y HUERTA), 17 y 18 de diciembre 2022

Pamplona, catedral

La gastronomía de Navarra, a pesar de las influencias que ha recibido durante siglos de las cocinas vasca, riojana y aragonesa, ha logrado hacerse con una personalidad propia. Esto lo comprobaremos durante la escapada gastronómica que realizaremos a esta tierra el próximo mes de diciembre de 2022. 

PROGRAMA 

Sábado 17 de diciembre   VALLADOLID - PAMPLONA

Salida de Valladolid a las 06,15 horas desde Vallsur  y 06.30 horas desde la plaza Colón. Llegada a Pamplona y visita guiada a pie por el casco antiguo, recorriendo los burgos medievales, Catedral, Ayuntamiento y la Plaza del Castillo, corazón de la ciudad.

En el corazón de la estafeta, Yolanda nos mostrará la elaboración de las tradicionales garrapiñadas, las cuales podremos degustar. Almuerzo en el restaurante “La Capilla”, en el hotel Pamplona Catedral (en una antigua capilla del siglo XVIII). En la sobremesa, disfrutaremos de unas auténticas “joticas” navarras cantadas por dos pamplonicas. Continuamos nuestra visita de Pamplona por la zona de la ciudadela y la taconera. Cena en el restaurante Basaburua, en la que probaremos pinchos típicos. Regreso caminando al hotel Check in y alojamiento. 

Puente la Reina
Domingo 18 de diciembre   PAMPLONA - ABARZUZA - ESTELLA - METAUTEN - VALLADOLID

Desayuno. Salida del hotel con dirección a Puente la Reina, villa medieval en la que se funden las dos vías principales del Camino de Santiago, y donde descubriremos joyas arquitectónicas como las iglesias del Crucifico y de Santiago y su  puente románico. Salida hacia el pueblo de Abárzuza, donde podremos conocer de la mano de Tere el proceso de fabricación del famoso Patxarán de Navarra, y degustaremos este auténtico licor navarro. Nos dirigiremos a Estella, y comenzaremos la visita guiada, a esta bella ciudad que atesora palacios, casas señoriales, conventos, puentes y hermosos edificios, lo que le ha valido el sobrenombre de “la Toledo del Norte”. Zona monumental: Plaza de San Martín, Iglesia de San Pedro de la Rúa (interior), calle de la Rúa, Palacio de los San Cristóbal, Casa de Cultura y Palacio del Gobernador y Museo del Carlismo (exterior). Puente de la cárcel (explicación judería y Convento de Santo Domingo), calle Julio Alda (explicación burgo de San Miguel), calle mayor y plaza de los fueros. Tras la visita nos dirigiremos al pueblo de Metauten, donde conoceremos el Museo de la Trufa, dedicado al llamado “diamante negro” de la cocina. Este Museo, pionero en España en su temática, tiene como objetivo principal dar a conocer a la misteriosa trufa negra, que crece de forma natural en la zona, así como su historia, la cultura que se ha desarrollado en torno a ella, y sus valores naturales y gastronómicos. Almuerzo en el restaurante del Museo un menú de productos trufados, y tras la comida tendremos la ocasión de disfrutar de una exhibición de recogida de trufa con perro, a cargo de Jorge, un recolector de trufa local que también se ocupa del museo. Regreso a Valladolid y llegada prevista a las 21.30 horas. 


Abárzuza
MENÚ RESTAURANTE LA CAPILLA (ALMUERZO)
Entrantes individuales para cada persona:
Alcachofas fritas con jamón y parmentier
Ajoarriero de la capilla
Segundo a elegir:
Taco de bacalao con porrusalda ahumada
o
Solomillo de ternera con pimientos confitados
Postre

MENÚ RESTAURANTE BASABURUA (CENA)
Volovanes de ajoarriero
Pastel de cabracho
Pimientos rellenos de hongos
Txistorra
Una brocheta de bacón y solomillo de cerdo
Estella
Brocheta de gambón, rape y salmón
Pan agua y vino

MENU MUSEO DE LA TRUFA (ALMUERZO)
Snack de bienvenida
Primeros a elegir:
Ensalada de luxe de salchichón trufado y crema de vinagre de Módena con trufa
Puerros con vinagreta trufada
Ensalada mixta
Segundo a elegir:
Huevos fritos con trufa de Lokiz, jamón y patatas fritas
Merluza rellena de espinaca y gambas sobre cama de patata panadera
Entrecot de vaca con pimientos de padrón y patatas fritas
Postre

 


Paisaje de Metauten
PRECIO SOCIO EN HABITACIÓN DOBLE: 350 €
PRECIO NO SOCIO EN HABITACIÓN DOBLE: 360 €
SUPLEMENTO HABITACIÓN INDIVIDUAL: 40 €

 REQUISITOS: Grupo mínimo de 25 personas.


INCLUYE:
- Autopullman de lujo para todo el recorrido.
- Estancia en el hotel Maisonave 4*
- Régimen de pensión completa: 2 Almuerzos y una cena en restaurante.
- Guía local para las visitas.
- Seguro turístico.
- Dossier informativo.
- Acompañante de Domus.

Metauten-Museo de la Trufa
NO INCLUYE
- Extras personales.
- Bebidas en las comidas y/o cenas.
- Ningún servicio no especificado en el apartado anterior.

INFORMACIÓN Y RESERVA DE PLAZAS: Por correo en domuspucelae@gmail.com o en el telf. 608419228 a partir de las 0 horas del día 13 noviembre, con fecha límite del pago total el 2 de diciembre, en Viajes Tempo Tours, C/ Miguel Iscar 16, junto a Banco de Sabadell, Tfnos. 983 213630 - 983 666663. Persona de contacto: Eva Hernández. Horario: de lunes a viernes de 10,00 a 14,00 y de 17,00 a 19,00 horas. 

FORMAS DE PAGO: Efectivo, Tarjeta de Crédito, o mediante transferencia a la cuenta bancaria que proporcionará la agencia Viajes Tempo Tours, indicando en el concepto “Navarra Gastronómica” y el nombre de los viajeros.  Enviar copia de la transferencia por mail a: tempotours@imaginaunviaje.com


IMPORTANTE:
Es aconsejable que las personas inscritas estén vacunadas.
Es obligatorio uso de mascarilla en el autocar.



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10 de noviembre de 2022

Cine: CORSARIOS, de Arturo Dueñas, en los cines Casablanca, del 10 al 17 de noviembre 2022

La película Corsarios es un homenaje a Teatro Corsario de Valladolid y al espíritu que ha alimentado a sus actores y actrices durante estas cuatro décadas.

El acto de presentación de esta efeméride teatral y cinematográfica tendrá lugar el próximo día 10, jueves, a las 19.30 en los cines Casablanca de Valladolid. Tras la exhibición de la película, se abrirá un coloquio que contará con la presencia del propio realizador, Arturo Dueñas, acompañado del director de Teatro Corsario, Jesús Peña.

Los interesados podremos ver el documental durante la semana que va del 10 al 17 de noviembre, a las 21:30, un proyecto cinematográfico que reúne imágenes de sus variadas representaciones y numerosas entrevistas a profesionales y especialistas vinculados a la trayectoria de la compañía. Entre ellos, Jesús Peña, Luis Miguel García, Javier Semprún, Pedro Vergara, Carlos Pinedo, Javier Juárez, Ruth Rivera, Julio Lázaro, Cristina Calleja, Verónica Ronda o Jaime Rodríguez. El catedrático de Literatura Española de la UVA y codirector de Olmedo Clásico, Germán Vega y el profesor de Historia Antigua y Medieval también de la Universidad de Valladolid, Enrique Gavilán, además del gestor cultural Miguel Ángel Pérez, Maguil, también forman parte de la amplia nómina de participantes en la película.

PRECIOS DE LAS SESIONES EN CINES CASABLANCA

Normal:
Viernes, sábados, domingos y festivos: 7,50€
De lunes a jueves, excepto festivos: 6,50€

Desempleados/Jubilados/Estudiantes:
Viernes, sábados, domingos y festivos: 6,50€
De lunes a jueves, excepto festivos: 5,50€

Bono 5 películas: 30€

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Exposición: DEL TIEMPO Y DE LA DESTRUCCIÓN, Gabriel Gallegos Alonso, del 4 de noviembre 2022 al 5 de enero 2023





MUSEO DE LA UNIVERSIDAD DE VALLADOLID
Plaza de Santa Cruz













Gabriel es arquitecto, titulado en la Universidad de Valladolid en 2009, y ejerce como tal, compartiendo profesionalmente esa dedicación con la de la fotografía de arquitectura. La exposición se compone de una serie de fotografías de interiores de arquitecturas en ruina, abandonadas y fuera de uso, sin un orden rigurosamente narrativo, pero que nos habla de una experiencia paralela a la profesional, en una secuencia que se convierte en un campo de coexistencia como es el campo de la memoria. Dispuestas en conjunto, las fotografías integran el contexto vivo de la experiencia de Gabriel y permiten que nuestro pensamiento se adueñe de lo que muestran. El mundo que Gabriel ha congelado se vuelve manejable y la información se deja penetrar por el sentimiento: las apariencias reflejan lo vivido. El Gabriel fotógrafo que deambula entre ruinas no solo se sitúa frente a sí mismo como arquitecto, sino, también, frente a sí mismo como fotógrafo de arquitectura, de esas otras flamantes arquitecturas de nueva planta que están a punto de iniciar su vida útil y aún no han sido alcanzadas por desgaste alguno. Gabriel despliega en ello una sensibilidad única y rapaz.

 

HORARIO DE VISITAS

Días laborables: De 11,00 a 14,00 h. y de 17,30 a 20,30 h.

Visitas guiadas: Los jueves a las 19,00 horas, a partir del día 17 de noviembre, previa inscripción telefónica, tel. 983 423 240


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7 de noviembre de 2022

Visita virtual: LA DUDA DE SANTO TOMÁS, el virtuosismo técnico renacentista


 





LA DUDA DE SANTO TOMÁS

Andrea del Verrocchio (Florencia 1435-Venecia 1488)

1467-1483

Bronce

Iglesia de Orsanmichele, Florencia

Escultura renacentista. Quattrocento italiano

 






Exterior de la iglesia de Orsanmichele en Florencia
LA SINGULAR IGLESIA DE ORSANMICHELE 

Sobre los terrenos del huerto de San Miguel de Florencia, en 1337 fue levantado por Francesco Talenti, Neri di Fioravante y Benci di Cione un edificio destinado al mercado del grano. Así estuvo funcionando poco más de cuarenta años, pues entre 1380 y 1404 fue reconvertido en una iglesia patrocinada por los influyentes gremios de artesanos y comerciantes de la ciudad. La capilla de Orsanmichele —Huerto de San Miguel en dialecto toscano— ocuparía el piso bajo, manteniéndose en las fachadas las arquerías góticas de la primitiva logia y en el interior los pilares con los canales por los que discurría el grano desde los dos pisos superiores, que siguieron ocupados por el granero municipal, cuya función era una reserva para situaciones de hambrunas por malas cosechas o estados de sitio.

Durante el siglo XIV la iglesia fue objeto de embellecimiento en su conjunto. En el interior se instaló un monumental tabernáculo gótico de mármol labrado por Andrea Orcagna en 1359, en cuyo interior se colocó la fantástica tabla de la Virgen con el Niño pintada en 1347 por Bernardo Daddi. Asimismo, a finales de siglo los gremios decidieron colocar a lo largo de las cuatro calles de la fachada hornacinas con las esculturas de sus santos patronos para embellecer el exterior, algunas con representaciones de algunos oficios por debajo de ellas.

Representaciones de los oficios de canteros y herreros
Fachada de la iglesia de Orsanmichele, Florencia

     Entre 1399 y 1430 se fueron completando catorce nichos para albergar una serie de esculturas elaboradas por los más prestigiosos maestros del momento en Florencia, convirtiendo a la céntrica iglesia, tanto por su estructura como por su decoración, en un caso único e irrepetible dentro del casco urbano de una importante ciudad.

El programa iconográfico completado fue el siguiente:


Madonna della Rosa, Giovanni Tedesco, 1399, encargada por médicos y boticarios (Arte dei Medici e Speziali).
Los Cuatro Santos Coronados
—Claudio, Cástor, Sinfroniano y Nicostrato—, Nanni di Banco, 1408, encargado por el gremio de canteros y carpinteros (Arte dei Maestri di Pietra e Legname).
San Lucas, Niccolò di Pietro Lamberti, 1406, sustituida en 1597 por otra en bronce de Giambologna por petición de jueces y notarios (Arte dei Giudici e Notai).
San Marcos, Donatello, 1411, encargo de los hiladores y vendedores de paños (Arte dei Linaioli e Rigattieri).
San Felipe, Nanni di Banco, 1410 para el gremio de zapateros (Arte dei Calzolai).
San Luis de Toulouse, Donatello, 1413, en bronce a petición del partido político de la Parte Güelfa, que en 1463 vendió su nicho a los comerciantes (Tribunale della Mercanzia), que lo sustituyó por el bronce de la Duda de Santo Tomás de Andrea del Verrocchio.
San Eloy, Nanni di Banco, 1411-1415, encargado por los herreros (Arte dei Fabbri).
Santiago, atribuido a Niccolò di Pietro Lamberti, 1415, solicitado por los peleteros y curtidores (Arte dei Vaiai e Pellicciai).
San Pedro
, Brunelleschi, 1415, encargo de los ganaderos y carniceros (Arte dei Beccai).
San Juan Bautista, Lorenzo Ghiberti, 1414-1416, bronce solicitado por los comerciantes de la lana (Arte di Calimala).
San Jorge, Donatello, 1416, pedido por los armeros y espaderos (Arte dei Corazzai e Sapdai).
San Mateo, Lorenzo Ghiberti, 1419-1420, encargo en bronce de los banqueros y cambistas (Arte dei Cambio).
San Esteban, Lorenzo Ghiberti, 1428, solicitado en bronce por los laneros (Arte della Lana).
San Juan Evangelista, Baccio da Montelupo, bronce destinado a los comerciantes de la seda (Arte della Seta).

Los gremios más ricos optaron por realizar esculturas en bronce, cuyo coste era ocho veces más caro que la misma pieza en mármol, por el elevado coste del material y su elaboración1.

     Como ya se dicho, al influyente partido político florentino de la Parte Güelfa le correspondía el nicho más importante de Orsanmichele, el central de los que daban a la vía de Calzaiuoli, para cuya decoración habían encargado a Donatello en 1413 una escultura en bronce dorado de San Luis de Toulouse. Sin embargo, esta escultura sólo permanecería sesenta años en su nicho, pues en 1463 la Parte Güelfa vendió su nicho a los mercaderes (Tribunale dell Mercanzia), siendo trasladada la escultura de Donatello a la iglesia de Santa Croce (hoy en el museo).

Es entonces cuando el Tribunal de Mercancías emprende la redecoración del nicho, para lo que encargaron al taller de Andrea del Verrocchio la representación en bronce de la Duda de Santo Tomás, tema elegido por este gremio dedicado a la actividad judicial y supervisora por ser un pasaje evangélico que alude a la presentación de pruebas y evidencias irrefutables ante la incredulidad.


EL GRUPO DE LA DUDA DE SANTO TOMÁS

El tema de la Duda de Santo Tomás, apóstol que dudaba de la resurrección de Jesús hasta que este le ofreció tocar la llaga de su costado para que se convenciera, es un pasaje tomado del Evangelio de San Juan que fue representado en el arte cristiano desde el siglo V con diferentes significados teológicos. En el repertorio ornamental de Orsanmichele suponía una doble novedad, por una parte por la inclusión de la representación narrativa de una historia, cuando el resto de las hornacinas estaban ocupadas por santos aislados; por otro la colocación en una hornacina de dos figuras que habían de acoplarse en un espacio reducido, lo que suponía todo un reto al tener que estar fundidas en bronce.

     Para ello Andrea del Verrocchio diseñó un admirable grupo escultórico, formado por las figuras monumentales de Jesús y Santo Tomás, que representa el preciso momento en que Jesús muestra la llaga de su costado e invita a Santo Tomás a introducir sus dedos en ella, estableciendo la interacción de los personajes a través del diálogo y de un cadencioso movimiento. De manera sutil, queda establecida entre las dos figuras la dualidad entre lo mortal e inmortal, contrastando el nerviosismo del incrédulo Santo Tomás, que acerca sus dedos temblorosos, con la pasividad de Cristo, que muestra una imagen serena y mayestática, de carácter áulico al estar coronado con un nimbo dorado.

El monumental y sofisticado grupo de 2,40 m de altura, que presenta un extraordinario naturalismo, supone la culminación de los ideales del Renacimiento en la recuperación de la esencia de la escultura clásica, mostrando a las dos figuras en posición de un airoso contrapposto, con el peso corporal descansando sobre los pies izquierdos, lo que permite flexionar y adelantar ligeramente las piernas derechas hasta tocar el suelo solamente con la punta de los dedos del pie. Además, se establece un orden jerárquico al aparecer la figura de Cristo elevada sobre una peana, con lo que la figura de Santo Tomás aparece a un nivel ligeramente inferior, aunque la altura de las dos sea la misma. Asimismo, con la colocación adelantada de la pierna derecha y parte del cuerpo del apóstol, se consigue rebasar el marco arquitectónico con una gran naturalidad, con lo que la escultura adquiere entidad propia respecto a la arquitectura, otra de las aportaciones renacentistas.

     El grupo presenta una estudiada composición en la que prevalece el movimiento a pesar del estado de reposo de los personajes, estableciendo una diagonal desde el exterior al interior que subiendo desde la pierna adelantada de Santo Tomás y pasando por la llaga del costado llega hasta la cabeza de Cristo.

El problema volumétrico respecto al espacio a ocupar, fue resuelto por Andrea del Verrocchio modelando las figuras y fundiéndolas a la cera perdida sin trabajar el dorso, no como bulto redondo como aparecen trabajadas las cabezas, sino limitándose a las partes visibles que frontalmente y desde los ángulos laterales podría captar el espectador. Esta solución tenía una serie de ventajas, como el encajar fácilmente en el nicho ya existente, el que la escultura fuera más ligera y el ahorro del gasto en bronce, que como ya se ha dicho era mucho más caro que el mármol. De esta forma, el grupo contribuye a crear un atractivo efecto visual producido por el contraste entre el bronce pulido de la escultura, que sugiere un bulto redondo, y los elegantes elementos pétreos del marco de la hornacina.

     Respecto a la técnica aplicada, es destacable el magistral tratamiento del bronce, trabajado pacientemente durante dieciséis años en su compleja fundición, en las distintas partes cuidadosamente cinceladas y en un acabado pulimentado extraordinariamente cuidado, destacando el estudio anatómico de las dos figuras, el impresionante trabajo de las cabezas con los profundos rizos de los cabellos, el naturalista plegado de los paños formando contrastados efectos de claroscuro y la minuciosidad de los pequeños detalles, como las orlas decoradas en relieve de los cuellos de las túnicas o las que recorren los bordes de los mantos con inscripciones, así como en las vistosas sandalias que calzan las dos figuras.

Este acabado preciosista del bronce sería una constante en las obras realizadas en este material por el maestro, como ocurre en el célebre David (1468-1470) del Museo del Bargello de Florencia, en el repertorio decorativo de los sepulcros de Piero y Giovanni de Medici (1469-1472) de la sacristía de la iglesia de San Lorenzo de Florencia, en el atractivo Putto con un delfín (1470) que corona una fuente en el Palazzo Vecchio o en el majestuoso monumento ecuestre al condottiero Bartolomeo Colleoni (1480-1488) en el campo de Santi Giovanni e Paolo de Venecia.

     El grupo escultórico se ubica en una elegante hornacina que, según Vasari, fue diseñada y realizada por Donatello, con la ayuda de Michelozzo, para la Parte Güelfa, siendo el único de la serie que abandona los elementos góticos para presentar un diseño plenamente renacentista y de mármol labrado con gran finura. La base está compuesta por una serie de ménsulas colocadas a dos niveles sobre la que se asienta un friso decorado en el centro por dos ángeles en vuelo que sujetan un clípeo en forma de corona, acompañándose en los extremos de dos mascarones que siguen el tipo de los que aparecen en las tapas de algunos sarcófagos romanos. Por encima se abre una hornacina semicircular flanqueada por dos estilizadas pilastras acanaladas con capiteles corintios, ocupando el interior dos columnas con fustes estriados helicoidales y capiteles jónicos que sujetan un arco de medio punto decorado con molduras, la más gruesa de forma ajedrezada. El cascarón adopta la forma de una venera y en las enjutas del arco aparecen figuras de ángeles que portan filacterías. Por encima, sobre un arquitrabe escalonado se coloca un friso con los relieves de cuatro cabezas de querubines y tres festones entre ellos. Se remata con un frontón triangular en cuyo tímpano se encuentra un medallón en relieve con una representación de la Trinidad compuesta por tres rostros nimbados y dos alas a los lados.

     El grupo de la Duda de Santo Tomás en 1484 vino a sustituir en esta hornacina a la escultura en bronce dorado de San Luis de Toulouse, obra realizada por Donatello en 1413 para la Parte Güelfa que fue trasladada a la iglesia de Santa Croce.

Todo el conjunto de obras maestras que adornaron los catorce nichos del exterior de la iglesia de Orsanmichele fueron retiradas y sustituidas por copias, pasando a ocupar los originales la sala de un nuevo museo instalado en la parte alta del edificio. El grupo de la Duda de Santo Tomás de Andrea del Verrocchio fue retirado en 1988 y el original restaurado en 1992 en el Opificio delle Pietre Dure de Florencia. En su colocación en el museo de nueva creación, en estructuras que simulan el nicho que lo albergaba, se puede contemplar el modo en que de forma tan inteligente está trabajada la parte posterior. 

Andrea di Michele del Ciones, más conocido como Andrea del Verrocchio pasaría a la Historia del Arte como un gran creador y figura clave del Quattrocento italiano, artífice polifacético de magistrales esculturas realizadas en terracota, mármol y bronce, así como autor de una importante serie de pinturas, en cuyo taller tuvo como aprendices nada menos que a Perugino, Ghirlandaio, Botticelli y Leonardo da Vinci.  


 Informe: J. M. Travieso.



Notas

1 Todas las esculturas originales de la fachada de la iglesia de Orsanmichele, tanto de mármol como bronce, fueron reemplazadas por réplicas exactas, conservándose los originales en el museo creado recientemente en el piso superior de la iglesia. Dos de los trabajos de Donatello no se encuentran en este museo: la escultura en mármol de San Jorge se halla en el Museo del Bargello y la de San Luis de Toulouse, en bronce dorado, en el Museo de la basílica de Santa Croce.














Detalle de la base de la hornacina










Remate superior de la hornacina










Exposición dedicada a Verrocchio en 2019










Aspecto del Museo de Orsanmichele con las esculturas originales










Verrocchio. David, 1468-1470, Museo del Bargello, Florencia
OTRAS ESCULTURAS DE ANDREA DEL VERROCCHIO










Izda: Putto con delfín, 1470, Palazzo Vecchio, Florencia
Dcha: Putto en esfera, h.1480, National Gallery of Art, Washington











Izda: Dama joven, 1465-66, Frick Collection, Nueva York
Dcha: Dama con prímulas, 1475, Museo del Bargello








Izda: El Salvador, 1470-75, Colección Michael Hall, Nueva York
Dcha: Cristo, h.1470, Museum of Art, Cleveland








Izda: Alejandro Magno, h.1485, National Gallery of Art, Washington
Dcha: Escipión el Africano, 1465-1468, Museo del Louvre
 










Monumento al condottiero Bartolomeo Colleoni, 1488, Venecia






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