18 de abril de 2019

Excellentiam: SANTO CRISTO DEL AMPARO, el arte como simulacro sacro













SANTO CRISTO DEL AMPARO
Gregorio Fernández (Sarria, Lugo, h. 1575 - Valladolid, 1636)
Entre 1615 y 1621
Madera policromada y postizos
Iglesia parroquial de San Pedro, Zaratán (Valladolid)
Escultura barroca española. Escuela castellana














Para las representaciones aisladas de Cristo crucificado, Gregorio Fernández creó una tipología propia, como lo hiciera con los temas de la Inmaculada, Cristo yacente, etc. En ella introduce pequeñas variantes en la disposición de los cabellos, en el movimiento y definición del paño de pureza y en los diferentes formatos de las tallas, manteniendo como constantes la representación de Cristo muerto, el uso de tres clavos, la tensión de los brazos, un preciso estudio anatómico de gran esbeltez, la colocación de la cabeza caída hacia adelante, el minucioso detalle de una espina atravesando su ceja izquierda, un anudamiento en el perizonium y el uso de postizos, como ojos de cristal y corona natural de espinos.

Los ejemplares realizados por el escultor a lo largo de su trayectoria profesional son abundantes y admirables, en unos casos a escala monumental y en otros sin llegar al natural. Por citar algunos ejemplos ilustrativos, entre los primeros se encuentran el Cristo de los Trabajos de la iglesia de la Asunción de Laguna de Duero (Valladolid), el Cristo crucificado del monasterio de San Pedro de las Dueñas (León), el Cristo de Valderas de la iglesia de San Marcelo de León y el célebre Cristo de la Luz del Colegio de Santa Cruz de Valladolid (depósito del Museo Nacional de Escultura). De menor tamaño son el Crucifijo del convento de Carmelitas Descalzas de Palencia, el Cristo del Consuelo de la iglesia de San Benito de Valladolid, el Crucifijo de la iglesia de la Merced de Conxo de Santiago de Compostela, el Crucifijo del convento de Santa Clara de Carrión de los Condes (Palencia) y el Cristo crucificado de la iglesia del Carmen Extramuros de Valladolid, cuya morfología, a menor escala, es la que más se aproxima al que recibe culto en la iglesia parroquial de San Pedro de Zaratán.

Este Cristo crucificado, que supera el tamaño natural, presenta una esmerada calidad de talla y un afán por dotarle de un realismo absoluto y convincente, dejando patente la inigualable intervención personal del gran maestro gallego. Su cuerpo presenta unas proporciones muy esbeltas y una precisa descripción anatómica, con los brazos tersos y muy inclinados, formando un ángulo muy cerrado para insinuar el peso del cuerpo. Su cabeza acusa la muerte con su inclinación hacia el frente, de modo que su barba bífida queda pegada al pecho. El cabello sigue la habitual disposición utilizada por el escultor, con una melena con raya al medio y mechones ondulados minuciosamente tallados, con los característicos rizos sobre la frente y guedejas que en la parte izquierda se dirigen hacia la espalda, remontando y dejando visible la oreja, mientras en la parte derecha forman afilados tirabuzones calados que caen verticalmente hacia adelante.

El rostro ofrece un gesto de gran serenidad, con ojos rasgados y entreabiertos de cristal, con la peculiaridad de tener aplicadas pestañas de pelo natural para aumentar su realismo —el único ejemplar fernandino que incluye este tipo de postizo—, una nariz afilada y lágrimas de resina discurriendo por las mejillas, así como una boca entreabierta, insinuando haber exhalado su último suspiro, que permite contemplar dientes de hueso y la lengua. Conserva la corona de espinas postiza original, elaborada con espinos naturales, uno de los cuales perfora la ceja izquierda de Jesús.
El pecho aparece ligeramente hinchado y el vientre hundido por el suplicio, mientras las piernas se disponen rectas y flexionadas al frente, con el pie derecho remontando el izquierdo con gran verticalidad. Su policromía ofrece una carnación mate de tono pálido, con efectistas regueros de sangre que discurren en la frente y desde las manos, costado, rodillas y pies, utilizando en las llagas postizos de tela de lino  para realzar su máximo naturalismo.
El paño de pureza, movido y con pliegues angulosos, cae ligeramente en diagonal desde la cadera hacia la izquierda, con un anudamiento en la derecha y un cabo que cae hasta las rodillas con agitadas formas. En su blanca policromía simula remiendos de piezas de lino. Se completa con un sencillo rótulo del "Inri" en lo alto del madero.

La presencia de tan magnífica escultura barroca en la iglesia de Zaratán responde al contrato establecido con Gregorio Fernández por Francisco Gutiérrez, alcalde de la población, que dispuso la donación del crucifijo, con su correspondiente retablo, a la parroquia de la localidad. Fallecido el comitente, la obra, acordada en 2.600 reales, fue pagada por su hijo y heredero Bartolomé Gutiérrez, que el 13 de noviembre de 1621 entregaba al pintor vallisoletano Pedro de Fuertes 1.600 reales por los trabajos del dorado del retablo y por la policromía del Cristo crucificado1.

Es posible que el encargo del alcalde Francisco Gutiérrez fuese hecho en representación de doña Isabel Velasco de Mendoza, por entonces abadesa del monasterio cisterciense de Santa María la Real de las Huelgas de Valladolid2. En este sentido, hay que recordar que el señorío o jurisdicción civil sobre la población de Zaratán, desde el reinado de Alfonso XI, pertenecía a la abadesa del monasterio vallisoletano, así como que doña Isabel Velasco de Mendoza, hija de don Juan de Velasco y de doña Beatriz de Mendoza, señores de Castrillo Tejeriego, y hermana de los condes de Villamor, fue quien en 1613 encargó a Gregorio Fernández toda la escultura del retablo de la iglesia del monasterio y en 1614, según figura en el Tumbo, el pequeño y exquisito Retablo del Nacimiento para una pequeña capilla por ella fundada en el coro bajo de la clausura, donde sería enterrada tras su muerte en 1631.

El retablo zaratanero se reformó en época neoclásica, siendo en 1738 cuando el crucifijo aparece mencionado como Cristo del Amparo.

Tras su presentación en público en la exposición Passio (Las Edades del Hombre) en 2011, en el año 2012 el Cristo del Amparo fue incorporado por la Cofradía de las Siete Palabras de Valladolid al paso procesional "Madre, ahí tienes a tu Hijo", compuesto por las figuras del crucificado y de la Virgen y San Juan, obras que, procedentes del retablo de la primitiva iglesia vallisoletana de San Miguel, se guardan en la parroquia de San Andrés. De este modo pasó a formar parte de la representación de la tercera palabra sustituyendo al Cristo de las Batallas, que, realizado por Francisco Rincón en 1608, recibe culto en la iglesia de la Magdalena de Valladolid, que a su vez pasó a componer el paso de la segunda palabra "Hoy estarás conmigo en el Paraíso". Ambos pasos procesionales desfilan anualmente por las calles de Valladolid el Viernes Santo, por la mañana durante el Sermón de las Siete Palabras y por la noche en la Procesión General de la Sagrada Pasión del Redentor.

Informe y fotografías: J. M. Travieso.

El Cristo del Amparo en el montaje del paso procesional


NOTAS

1 URREA FERNÁNDEZ, Jesús: Cristo crucificado. Passio. Catálogo de la exposición de Las Edades del Hombre en Medina de Rioseco y Medina del Campo, 2011, p. 400.

2 Ibídem.








El Cristo del Amparo en su retablo de la
iglesia de San Pedro, Zaratán (Valladolid)
Foto Jesús VLC



















* * * * *

No hay comentarios:

Publicar un comentario