31 de marzo de 2021

Conocer sin salir de casa: PERSONAJES SECUNDARIOS EN LA SEMANA SANTA DE VALLADOLID (2/3)

 

LA VERÓNICA


Gregorio Fernández. La Verónica del paso Camino del Calvario, 1614
Museo Nacional de Escultura
Camino del Calvario. Gregorio Fernández, 1614.

Localización: Museo Nacional de Escultura.

La tendencia explícita al naturalismo que muestra el paso Camino del Calvario, la segunda de las grandes composiciones procesionales creadas por Gregorio Fernández en Valladolid, en este caso a petición de la Cofradía de la Sagrada Pasión para sustituir a otro anterior de papelón, es realzada por los diseños de tipos completamente originales creados por el genial maestro. Es el caso de esta representación de la Verónica, la supuesta vendedora de paños ciega que enjugara el sudoroso rostro de Jesús dejando sus rasgos milagrosamente impresos en el lienzo, al tiempo que recobraba la vista. Sin una iconografía precedente, el escultor crea una de sus obras procesionales más originales y bellas, con una mujer que, paradigma de la delicadeza, se acerca a Cristo extendiendo el paño con sus manos mientras inclina ligeramente su cuerpo. La figura, plena de dinamismo, recibe en la indumentaria un tratamiento equiparable a sus Dolorosas, con una amplia túnica azul con puños vueltos y ceñida a la cintura, un voluminoso y anguloso manto, con el envés decorado con grandes motivos vegetales a punta de pincel, y un juego de tocas superpuestas que forman gráciles caídas sobre la frente, mientras el rostro, con ojos rasgados y boca entreabierta, refleja su espíritu compasivo. En la escultura de esta mujer santificada, al igual que en otras realizadas entre 1611 y 1615, el escultor abandona la decoración de los paños a base de estofados para dar paso a colores lisos más naturalistas.

Gregorio Fernández. Detalle de la Verónica, 1614
Museo Nacional de Escultura

Desde el año 2012 la Cofradía Penitencial del Stmo. Cristo Despojado, Cristo Camino del Calvario y Ntra. Sra. de la Amargura encarga a diferentes pintores la recreación del paño que la Verónica porta en las procesiones, dando lugar a una tradición plenamente consolidada que viene a incrementar el patrimonio de la cofradía.

Desfila con: Cofradía Penitencial del Stmo. Cristo Despojado, Cristo Camino del Calvario y Ntra. Sra. de la Amargura.

 

 












EL CIRINEO


Gregorio Fernández. El Cirineo en el paso Camino del Calvario, 1614
Museo Nacional de Escultura
Camino del Calvario. Gregorio Fernández, 1614.

Localización: Museo Nacional de Escultura.

La figura de la Verónica tiene su contrapunto en el mismo paso en la representación de Simón de Cirene, la persona que, según se narra en los evangelios de Marcos, Mateo y Lucas, ayudó a Jesús a cargar la cruz hasta el Gólgota, motivo por el que, aunque no está canonizado oficialmente, la piedad popular le considera santo, tal y como ocurre en la iglesia ortodoxa.

En esta escultura Gregorio Fernández hace de nuevo una magnífica creación personal que no tiene parangón en la escultura religiosa española, con un hercúleo Cirineo que lleno de energía hace el esfuerzo de sujetar el pesado madero. La alusión evangélica a que este personaje "venía del campo" mueve al escultor a caracterizarle como un labriego castellano, vestido con un sobrio sayal y una original muceta terminada en punta por la espalda, destacando una rotunda anatomía impregnada de un fuerte clasicismo, con una disposición de las piernas y una enérgica cabeza de rostro barbado que recuerda algunas representaciones clásicas de Sileno o de Hércules. Es destacable la magnífica factura de las manos, que con gesto reverencial evitan, mediante paños al modo juniano, tocar directamente la cruz, que adquiere el valor de una reliquia. Por todos estos matices el Cirineo puede considerarse como una de las creaciones más notables de Gregorio Fernández.


Desfila con: Cofradía Penitencial del Stmo. Cristo Despojado, Cristo Camino del Calvario y Ntra. Sra. de la Amargura.

 

 

 










Gregorio Fernández. Detalles del Cirineo, 1614
Museo Nacional de Escultura












JOSÉ DE ARIMATEA Y NICODEMO

Ambas figuras hacen acto de presencia en los pasajes del descendimiento de Cristo de la cruz y en su posterior entierro. Los evangelistas hacen constar, con cierto laconismo, que fue José de Arimatea quien solicitó a Poncio Pilatos la autorización para desclavar el cuerpo de Jesús y proceder a su entierro. Este era un miembro del Sanedrín que ejercía como decurión del Imperio Romano encargado de unas explotaciones de plomo y estaño, considerado por Mateo como "hombre rico" discípulo de Jesús, por Marcos como "hombre ilustre", por Lucas como "persona buena y honrada" y por Juan como "clandestino por miedo a las autoridades judías". Los cuatro evangelistas valoran la acción de este acaudalado personaje tras las negaciones de Pedro, la muerte de Cristo y la dispersión de los apóstoles, siendo quien facilitó el desenclavo y la inhumación de Cristo en una sepultura que tenía preparada para sí mismo.

Ayudando en esta tarea aparece Nicodemo, otro miembro del Sanedrín, rico fariseo y maestro de la ley judaica, al que Juan señala como "principal entre los judíos". Ambos fueron los que desclavaron el cuerpo de Cristo, ayudaron a su embalsamamiento con una mezcla de mirra y aloe y le dieron sepultura. Estas acciones aparecen reflejadas en los pasos vallisoletanos.

Gregorio Fernández. Nicodemo (izda) y José de Arimatea del paso del Descendimiento, 1623
Iglesia de la Vera Cruz
El Descendimiento. Gregorio Fernández, 1623.

Localización: Iglesia penitencial de la Santa Vera Cruz.

Haciendo gala de unos extraordinarios recursos compositivos, en función del naturalismo narrativo y del equilibro del peso de las figuras sobre la plataforma en que se asientan, Gregorio Fernández presenta a José de Arimatea y Nicodemo en el paso del Descendimiento encaramados sobre dos altas escaleras colocadas por delante y por detrás de la cruz respectivamente. José de Arimatea, cuyos rasgos faciales rinden tributo a la figura utilizada por Juan de Juni en su célebre grupo del Santo Entierro (Museo Nacional de Escultura), apoya su brazo derecho sobre el travesaño de la cruz y con el izquierdo, con el cuerpo arqueado, intenta retener el cuerpo de Cristo por el torso después de haber desclavado su mano izquierda, mostrando en sus labios apretados el esfuerzo realizado. La figura aparece con una caracterización completamente original, sin precedentes, con una sofisticada indumentaria de aire orientalizante.

Gregorio Fernández. Detalles de Nicodemo y José de Arimatea del paso del Descendimiento, 1623
Iglesia de la Vera Cruz

Equilibrando los valores escenográficos, sobre la escalera trasera aparece Nicodemo, cuyo cuerpo remonta al travesaño de la cruz en un alarde de equilibrio. La posición de la mano de su brazo derecho parece indicar que sujetara la corona de espinas una vez retirada de la cabeza de Jesús, mostrándola a la Virgen, a la que dirige su mirada. La figura repite una indumentaria orientalizante potenciada por el turbante. Tanto su disposición corporal como la caracterización de su cabeza, con abultados cabellos y largas barbas, pone el contrapunto al rostro afeitado de José de Arimatea.

Pocas veces en la escultura barroca española se ha conseguido tan extraordinario dinamismo y naturalidad para presentar una escena de tan fuerte carga teatral, equiparable en su esencia a las creaciones de Bernini.

Gregorio Fernández. Mozo ayudante del paso del Descendimiento, 1623
Iglesia de la Vera Cruz

Vinculada a las figuras de José de Arimatea y Nicodemo, en el paso del Descendimiento aparece otra por detrás de la cruz que representa a un joven mancebo ocupado en desclavar los pies de Cristo. Aunque viste una indumentaria del siglo XVII, su tratamiento nada tiene que ver con el aspecto de los sayones, presentados como rufianes. En este caso Gregorio Fernández define un tipo juvenil dotado de una belleza angelical, un tanto andrógina, equiparable en su semblante a los arcángeles que habitan sus retablos.

Desfila con: Cofradía Penitencial de la Santa Vera Cruz / Cofradía del Descendimiento y Sto. Cristo de la Buena Muerte. 

  

Antonio de Ribera y Francisco Fermín. Paso Cristo de la Cruz a María, h. 1642
Cuerpo de José de Arimatea de José Antonio Saavedra, 1995
Antiguo Santo Entierro. Museo Nacional de Escultura
Cristo de la Cruz a María. Antonio de Ribera y Francisco Fermín, h. 1642; José Antonio Saavedra, 1995.

Localización: Museo Nacional de Escultura.

Entre los restos de figuras de antiguos pasos vallisoletanos que se conservaban en los almacenes del Museo Nacional de Escultura, se encontraban una serie de figuras que en su día formaron parte del paso del Entierro de Cristo de la Cofradía de la Piedad, del que se tiene constancia, según el contrato firmado en 1641, que estaba compuesto por tres figuras centrales que representaban a José de Arimatea y Nicodemo conduciendo el cuerpo de Cristo al sepulcro y otras cuatro alrededor representando a la Virgen desplomada, la Magdalena arrodillada sujetando el brazo izquierdo de Cristo, San Juan de pie sujetando el brazo derecho y un sirviente abriendo la losa del sepulcro.

Antonio de Ribera y Francisco Fermín, Detalle del paso Cristo de la Cruz a María, h.1642
Cuerpo de José de Arimatea (dcha) de José Antonio Saavedra, 1995
Museo Nacional de Escultura

El conjunto, realizado hacia 1642 por Antonio de Ribera y Francisco Fermín, oficiales del taller de Gregorio Fernández, sufrió el abandono a principios del siglo XVIII por la decadencia de cofradías y procesiones, siendo un caso paradigmático del paulatino deterioro de las esculturas almacenadas, hasta perderse buena parte de la composición. Fue a partir de la reconstrucción parcial del conjunto realizada por Luis Luna Moreno en 1986 para ser presentado en la exposición "Gregorio Fernández y la Semana Santa de Valladolid", cuando la Cofradía de la Piedad intentó recuperar uno de sus antiguos pasos, para lo que solicitó al Ministerio de Cultura la autorización de recomponer la figura de José de Arimatea, del que sólo se conservaba la cabeza original. Completado el cuerpo en 1995 por el escultor José Antonio Saavedra, que se inspiró en la indumentaria de la figura homónima del paso del Descendimiento, el paso comenzó a desfilar con las tres figuras centrales con el nombre de "Cristo de la cruz a María", como pasaje previo a la Piedad.

En esta composición, a modo de restos de un naufragio, José de Arimatea, que sujeta las piernas de Cristo, y Nicodemo, que lo sostiene por los hombros con la ayuda de un sudario, adquieren un protagonismo fundamental, con un aspecto directamente inspirado en la tipología fernandina del paso del Descendimiento.

Desfila con: Cofradía Penitencial de Nuestra Señora de la Piedad.

             

DIMAS Y GESTAS

La representación de los dos ladrones, Dimas y Gestas, son el caso más explícito de maniqueísmo en las representaciones vallisoletanas de la Pasión. En el caso de Dimas, el ladrón arrepentido que recibió la promesa de ir al paraíso, siempre aparece colocado a la derecha de Cristo (motivo por el que los crucificados inclinan su cabeza hacia ese lado), al que dirige su mirada con gesto de sumisión y empatía, adoptando el cuerpo una actitud serena. Por el contrario, en las figuras del malhechor Gestas las connotaciones son bien diferentes, con el rostro rechazando la mirada de Jesús, esgrimiendo un gesto burlón como recuerdo de sus insultos y con el cuerpo agitado. La presencia de ambos fue descrita en el Evangelio de Lucas, siendo citada también en los evangelios apócrifos, como en el Evangelio de Nicodemo y en el Protoevangelio de Santiago.

Francisco de Rincón. Dimas y Gestas en el paso de la Elevación de la Cruz, 1604
Museo Nacional de Escultura
Elevación de la Cruz. Francisco de Rincón, 1604.

Localización: Museo Nacional de Escultura.

El paso de la Elevación de la Cruz, presentado en su iconografía como una secuencia independiente en el proceso de la Pasión, era inexistente en las narraciones anteriores a Trento. Fue elaborado por Francisco de Rincón en 1604 para la Cofradía de la Sagrada Pasión, siendo la primera de las composiciones procesionales vallisoletanas que presenta esculturas enteramente talladas en madera, perdurables y a tamaño natural, acompañando a la imagen del crucificado hasta siete figuras de personajes secundarios que se anticipan a las futuras y geniales creaciones grupales de Gregorio Fernández. En el repertorio del paso se incluyen las representaciones de Dimas y Gestas, que aparecen desnudos, de pie y colocados a los lados de la cruz en el momento previo a su crucifixión. En un alarde creativo, Francisco de Rincón define la idiosincrasia de ambos mediante su gestualidad. Serena, con los brazos atados por delante y la mirada elevada hacia Cristo con ensimismamiento en el caso de Dimas, y estableciendo un contrapunto muy diferente en la actitud de Gestas, con gesto arrogante, las manos atadas por la espalda y la cabeza rechazando a Cristo, vuelta hacia el espectador mostrando un gesto burlón.

Francisco de Rincón. Detalle de Dimas y Gestas, paso de la Elevación de la Cruz, 1604
Museo Nacional de Escultura

En las dos esculturas el maestro hace gala de unas elegantes anatomías, con un pormenorizado estudio de la morfología humana que aporta variedad plástica y un calculado y original juego compositivo.

Desfila con: Cofradía de la Exaltación de la Santa Cruz y Ntra. Sra. de los Dolores.

 

 


Gregorio Fernández. Dimas y Gestas del antiguo paso de la Sexta Angustia, 1616
Museo Nacional de Escultura
"En tus manos encomiendo mi espíritu". Gregorio Fernández, 1616.

Localización: Museo Nacional de Escultura / Copia en la iglesia de Santiago.

De gran elegancia y fuerte naturalismo son las imágenes de Dimas y Gestas que crucificados incorporó Gregorio Fernández en el paso que con el título del Descendimiento (después denominado La Sexta Angustia) elaboró en 1616 para la Cofradía de las Angustias. De nuevo el gran maestro establece un contrapunto entre los delincuentes, de portentoso naturalismo y anatomías impecables, mediante diferentes actitudes corporales, miradas, gestos y pequeños matices.

Dimas y Gestas, copia de los originales de Gregorio Fernández de 1616
Cofradía de las Siete Palabras. Iglesia de Santiago

Dimas, el buen ladrón, muestra una equilibrada y detallada anatomía, con el cuerpo exánime levemente inclinado hacia Cristo, la cabeza girada hacia la izquierda con serenidad y cubierta con cabello corto y ordenado, presentando en el rostro bigote y perilla, ojos cerrados y la boca entreabierta. Por su gran parecido con el retrato del Duque de Lerma que aparece en  la escultura funeraria en bronce que hacia 1601 realizara Pompeo Leoni (Museo Nacional de Escultura) y en el retrato ecuestre realizado en 1603 por Rubens (Museo del Prado), se difundió por Valladolid la creencia de que en el buen ladrón Gregorio Fernández representara a don Francisco de Sandoval y Rojas, que además fue uno de sus clientes.

A Dimas se contrapone la figura de Gestas, con el cuerpo en tensión, la cabeza con cabellos rizados y desordenados, apartando la mirada de Cristo con gesto de desprecio, con el entrecejo fruncido, los ojos desorbitados y sacando burlonamente la lengua.

Actualmente copias de las dos imágenes desfilan con la Cofradía de las Siete Palabras formando parte del monumental paso "En tus manos encomiendo mi espíritu", la Séptima Palabra.

Desfila con: Cofradía de las Siete Palabras.

    

Continuará

* * * * *

No hay comentarios:

Publicar un comentario