20 de mayo de 2019

Bordado de musas con hilos de oro: LA MARIPOSA BLANCA, de Martha Asunción Alonso


En el velador de la residencia,
la mariposa blanca
y los cabellos blancos de mi abuela.

Mi abuela.

Con sus 91 años recién cumplidos,
apoyada en su bastón,
se queja porque esto está lleno de viejos
con bastón.

Y se mira los ríos de las manos
y no le teme al mar.

¿Quién se ha posado sobre quién?


MARTHA ASUNCIÓN ALONSO

* * * * *

15 de mayo de 2019

13 de mayo de 2019

Museo Nacional de Escultura: DÍA INTERNACIONAL DE LOS MUSEOS



































































Pulsar sobre la imágenes para aumentar el tamaño.

* * * * *

9 de mayo de 2019

Excellentiam: SAN ANTÓN ABAD, la majestuosa imagen de un monje caritativo













SAN ANTÓN ABAD
Gregorio Fernández (Hacia 1576, Sarria, Lugo - Valladolid 1636)
1609-1613
Madera policromada
Iglesia de los Santos Juanes, Nava del Rey (Valladolid)
Escultura barroca española. Escuela castellana














En el testero de la nave de la Epístola de la iglesia parroquial de los Santos Juanes de Nava del Rey, se encuentra un retablo barroco de aire clasicista en cuya hornacina principal se cobija esta espléndida escultura de San Antón Abad. No existe ninguna referencia documental que fundamente la autoría de Gregorio Fernández, aunque en este caso, como en tantos otros, la genialidad del maestro gallego rezuma por los poros de la madera, siendo una figura dotada de un ímpetu, una rotundidad y una vivencia interior ajenos a la mayoría de sus seguidores y de los escultores contemporáneos en el ámbito de Valladolid.

Dicho retablo tiene una historia que viene a complicar las cosas. Fue contratado el 2 de agosto de 1609 por el ensamblador Juan de Muniátegui, colaborador y amigo de Gregorio Fernández, que se comprometía a entregarlo, con una traza que incluía seis pinturas y la escultura titular, en la Pascua de Resurrección del año 1610. Sin embargo, este ensamblador murió cuando trabajaba en el encargo, por lo que la entrega forzosamente se demoró. Ello motivó que el Ayuntamiento de Nava del Rey rechazase la entrega del retablo, dando lugar a que los herederos de Muniátegui establecieran un pleito que la Chancillería de Valladolid sentenció en 1613 a su favor, obligando a los regidores navarreses a cumplir lo acordado.

 En dicho pleito declaró como testigo Diego de Anicque, uno de los oficiales de confianza de Muniátegui, que figura en el litigio como "maestro arquitecto vecino de Valladolid". En el proceso Diego de Anicque incomprensiblemente afirmaba que tras la muerte de Muniátegui fue él quien "hizo y fabrico el dicho retablo y bultos de señor San Antón y el de la cochinilla"1
No obstante, aunque efectivamente este fue el artífice que remató el retablo, a todas luces es imposible que fuera el autor de tan bella escultura, siendo lo más seguro que tuviera que recurrir al escultor Gregorio Fernández, estrechamente ligado al taller de aquel ensamblador, en un momento en que era habitual la firma de los contratos de retablos por los ensambladores, en ocasiones relegando al anonimato a los escultores colaboradores. El 23 de marzo de 1622 era el pintor Francisco Martínez quién firmaba el contrato en Nava del Rey para realizar las historias pintadas de San Antón y el dorado y el estofado del retablo.

De modo que la escultura de San Antón habría sido realizada por Gregorio Fernández entre 1609, año del contrato, y 1610, año del compromiso de entrega. San Antón, monje fundador del movimiento eremítico, aparece representado como un venerable anciano —vivió hasta los 105 años—, vestido con el austero hábito monacal de los frailes antoninos, con una túnica de sayal blanco y un escapulario marrón en cuyo frente destaca una cruz en forma de "tau" o cruz egipcia, así como un manto con capucha también marrón, todos estos elementos simplemente decorados con una cenefa dorada que recorre los bordes. El santo sujeta un libro en su mano izquierda y apoya la derecha sobre un báculo abacial de orfebrería cuyo remate habitualmente adopta la forma de tau. A sus pies, en la parte izquierda, se coloca la cochinilla que define su tradicional iconografía, que levanta el hocico mirando al santo. El acompañamiento de este animal alude a la costumbre de la orden de criar cerdos que la gente alimentaba y cuya carne se destinaba a los hospitales o se vendía para recaudar fondos para ayudar a los enfermos.  
Asimismo, tanto del pecho del animal como de uno de los dedos de San Antón cuelgan sendas campanillas metálicas, recordando el aviso de los frailes antoninos cuando caminaban por las calles con enfermos que padecían enfermedades contagiosas, como la peste, lepra, sarna, ergotismo (fuego de San Antón), etc., cuya atención y cuidado era la principal misión de la orden.
Luce sobre su cabeza una corona de plata, de tipo resplandor, encajada en el cráneo según los modelos característicos de la época.   

Gregorio Fernández establece una figura corpulenta en la que quedan patentes algunos recursos estilísticos repetidos por el escultor, como una esbelta anatomía en elegante posición de contraposto y recubierta con voluminosos paños cuyos plegados son abundantes y redondeados, sin el aspecto metálico de su etapa posterior. Otro recurso expresivo es el recogimiento del manto a la altura de la cintura, muy frecuente en su santoral (San Gregorio, San Ignacio de Loyola, Santa Teresa, Santa Isabel de Hungría, etc.), que con su caída en forma de cascada de pliegues dota a la figura de un gran dinamismo. Digno de destacar es el admirable trabajo mórbido de la cabeza, con claras resonancias de los modelos de Miguel Ángel en el trazado de las abultadas y ondulantes barbas, así como en el severo gesto cargado de "terribilitá" miguelangelesca.

La escultura de San Antón Abad pone de manifiesto la capacidad creadora de Gregorio Fernández para establecer verdaderos arquetipos iconográficos, como lo hiciera con sus representaciones de la Inmaculada o Cristo yacente, aunque también con algunos santos, unos recién canonizados, como Santa Teresa, San Isidro, San Ignacio, etc., y otros referidos a devociones tradicionales, como San Agustín, San Marcelo o esta misma imagen de San Antón, que García Chico apreciaba "dotada de grandeza y majestad sobrenatural"2.



Informe y fotografías: J. M. Travieso.










NOTAS

1 URREA FERNÁNDEZ, Jesús: Gregorio Fernández 1576-1636. Fundación Santander Central Hispano, Madrid, 2000, p. 98.

2 Ibídem.







* * * * *

6 de mayo de 2019

Exposición: CUADRADO LOMAS / DESDE LA ATALAYA, del 25 de abril al 30 de junio 2019


SALA MUNICIPAL DE EXPOSICIONES DE LAS FRANCESAS
Valladolid

"La intención final ha sido, conseguir con los mínimos elementos, la máxima expresividad a través de medios tan elementales como la línea, la forma y el color, tomándome la licencia de la libertad interpretativa por ser necesaria en toda creación, pero no casual o caprichosa, sino fundamentada en la realidad existente".
Félix Cuadrado Lomas

El gran pintor Félix Cuadrado Lomas, nacido en la calle Panaderos de Valladolid en 1930 y actualmente residente en Simancas, ha declarado, casi como una despedida, que ya ha cumplido su ciclo creativo. Una pena para la ciudad de Valladolid, que como en otras ocasiones, no ha dado el tratamiento adecuado a un creador artístico de tanta personalidad.

Los pies de Cristo, 2016, homenaje a Andrea Mantegna
Ahora se presenta una muestra que refleja una mínima parte de su extensa obra, siempre inspirada en temas del entorno local, siendo inolvidables las series dedicadas a palomares, mulas, tabernas, retratos, toreros, guardias civiles y penitentes, alcanzando una especial expresividad en los personales bodegones, especialmente en los cárnicos que realizara en los años 70, así como en los sugerentes desnudos y en la personal plasmación del paisaje castellano —vallisoletano— que han sido temas recurrentes durante toda su trayectoria pictórica.

En esta ocasión se presentan obras de reciente realización que dialogan con obras del mismo tema elaboradas desde los años 60, como ocurre con la serie de desnudos, en los que demuestra un total dominio del dibujo y del color. Sin embargo, y como señala la periodista y comisaria de la exposición, María Aurora Viloria, es en los paisajes donde se aprecia su constante evolución estética sin dejar de ser fiel a sí mismo, llegando a convertir la sequedad y la soledad del páramo en un universo de gran belleza en el que, como ha declarado el pintor, se mueve al límite de la abstracción, ofreciendo el conjunto de tierras que él contempla cuando sale con el caballete y los pinceles por los cerros próximos a Simancas. 
Paisaje con figura, 1992, homenaje a Alonso Berruguete
Los paisajes aparecen como una amalgama de superficies, perfectamente encajadas y llenas de luz, en las que domina la soledad, con escasos elementos, sabiamente seleccionados —cardos, animales muertos, caminos pedregosos, árboles aislados— que sugieren el despoblamiento de la Castilla rural, no faltando poéticos paisajes con los campos reverdecidos en primavera que contrastan con los tonos ocres del estío.

Entre los óleos figuran dos con una connotación especial. Uno con la figura en escorzo de Cristo muerto, que viene a convertirse en un homenaje a la atrevida pintura de Andrea Mantegna, y otro con un paisaje con figura donde el pintor incluye una cartela en la que expresamente rinde homenaje a Alonso Berruguete. Completa la exposición una colección de dibujos, algunos muy curiosos, como dos de los años 70 en los que se aprecia el entorno de la catedral de Valladolid, uno de ellos con las construcciones adosadas que ya han desaparecido, y otro en el que es visible el derribado mercado de Portugalete.

Desnudo, 1983
HORARIO DE VISITAS
De martes a domingos, incluidos festivos,
de 12 a 14 h. y de 18.30 a 21.30 h.
Lunes cerrado.
Entrada gratuita.











Paisaje, 2017
















Velliza, 2015
















Urraca muerta, detalle del paisaje Páramo, 1993
















Paisajes, 2015 y 2016













* * * * *     

3 de mayo de 2019

Excellentiam: VIRGEN CON EL NIÑO, la melancolía animada por la espontaneidad del Niño













VIRGEN CON EL NIÑO
Juan de Juni (Joigny, Francia, h.1507 – Valladolid 1577)
Hacia 1560
Madera policromada
Iglesia de la Asunción, Tudela de Duero (Valladolid)
Escultura renacentista española. Escuela de Valladolid













Juan de Juni fue un escultor polifacético que a lo largo de su periplo profesional, por León y Valladolid, demostró dominar tanto la talla de esculturas exentas y relieves en madera policromada como el labrado de la piedra para componer altorrelieves y sepulcros, así como el modelado del barro para realizar composiciones en terracota de diferentes formatos. Entre su extensa producción se puede seleccionar un buen grupo de obras que constituyen auténticas obras maestras de la escultura renacentista española.

Dentro de su prolífica y variada obra se encuentran ciertas peculiaridades, figurando entre ellas el que fuera el creador de un arquetipo para las representaciones de Cristo crucificado, con ejemplares que adapta a unas características personales que les hace inconfundibles. Sin embargo, en las representaciones de la Virgen todos los modelos son completamente diferentes y todos ellos de una calidad de talla y una expresividad verdaderamente admirable, figurando entre sus representaciones marianas algunas obras sin parangón en la estatuaria de su tiempo, como la Virgen de las Candelas (hacia 1548) de la iglesia de Santa Marina de León, las Inmaculadas del retablo de la Capilla de los Benavente de la iglesia de Santa María de Mediavilla de Medina de Rioseco (1557) y la del retablo mayor de la catedral de Valladolid (1550-1562, retablo en origen realizado para la iglesia de Santa María de la Antigua de la misma ciudad) y, sobre todo, la Virgen de las Angustias (hacia 1561) de la iglesia penitencial vallisoletana de la misma advocación, todas ellas diferentes entre sí y colocadas en la cumbre del renacimiento castellano.

En algunas ocasiones sus esculturas ofrecen una iconografía tan extendida desde la Edad Media como es la Virgen con el Niño, representaciones a las que Juan de Juni consigue impregnar valores plásticos renovadores, especialmente en la vivacidad del Niño, como ocurre en la Virgen con el Niño que realizara en alabastro hacia 1538, conservada en la iglesia de San Agustín de Capillas (Palencia), en la Virgen con el Niño de la sacristía del monasterio de Veruela (Zaragoza), elaborada hacia 1560, o en la Virgen con el Niño realizada hacia 1576 y que actualmente se conserva en la Iglesia-Museo de Santa María de Becerril de Campos (Palencia).

A esta serie se suma la bella Virgen con el Niño de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Tudela de Duero (Valladolid), diferente a todas las obras mencionadas, aunque se aproxime al ejemplar del monasterio de Veruela en la vivacidad y actitud juguetona del Niño.

Esta escultura recibe culto en un retablo barroco situado a los pies del templo, junto al muro del cerramiento del coro en la nave de la Epístola, en un contexto muy diferente a la estética del tiempo en que fue realizada, prevaleciendo en el conjunto el brillo del oro y el abigarramiento decorativo. La Virgen con el Niño fue atribuida a Juan de Juni por el historiador Federico Wattenberg1 en los años sesenta del siglo XX, cuando ocupaba el cargo de Director del Museo Nacional de Escultura. Desde entonces la autoría no ha sido discutida.

La Virgen aparece de pie y sujetando al Niño en su brazo izquierdo, mientras con la mano derecha sostiene una parte del manto sobre la que están depositados diversos frutos, un motivo iconográfico de significación simbólica poco común en las figuras marianas. La anatomía de la Virgen describe una suave curvatura y está recubierta por una amplia túnica que deja adivinar el volumen de los pechos y rodillas, con un manto que la envuelve por completo y se cruza al frente formando la concavidad que contiene los frutos. 
En conjunto ofrece una composición volumétrica muy compacta que sigue los ideales miguelangelescos, ajustándose a la definición de Panofsky sobre las características de la escultura del gran genio: "Unidades, figuras o grupos se condensan en una masa compacta que se aísla claramente del espacio circundante". A lo que añade "La pretendida afirmación de Miguel Ángel, según la cual una buena escultura debería rodar por una colina sin romperse, aunque apócrifa, es una descripción bastante exacta de su ideal artístico", en referencia a una forma maciza, cerrada y despojada de elementos superfluos2.

De acuerdo a la declaración de Miguel Ángel de que "La perfección no es cosa pequeña, pero está hecha de pequeñas cosas", la Virgen presenta un rostro ancho, de expresión melancólica, con una larga cabellera con raya al medio que discurre sobre los hombros formando efectistas ondulaciones y dejando visibles las orejas, cubriendo la cabeza una toca que se sujeta al frente con un broche rodeado de perlas —elemento típicamente juniano— y que en la parte superior adopta una forma cilíndrica para encajar una corona, seguramente metálica, como ocurre en la Virgen con el Niño del Monasterio de Veruela, lo que implica la aplicación de los primeros postizos en la obra de Juni3.

Un especial atractivo presenta el bello desnudo de la figura del Niño, con gesto sonriente y mucha gracia formal, cuyo cuerpo se retuerce sobre el brazo de la Virgen produciendo detalles mórbidos en el tratamiento de su carne, incluyendo en la pierna izquierda una flexión muy forzada que el escultor repite en otras esculturas, en este caso con los dedos maternos hundiéndose en la blandura del cuerpo del infante. Sin duda, este trabajo anatómico de tanta suavidad y delicadeza, aunque de concepción manierista en su torsión, deriva de las experiencias del escultor en el modelado del barro en su etapa leonesa. Esta misma vivacidad infantil se repite en la obra del monasterio de Veruela, donde el Niño juguetea con un pequeño y simbólico pelícano colocado sobre su cabeza, lo que, unido a otras representaciones del Divino Infante o de ángeles, coloca a Juan de Juni como un gran creador de figuras infantiles de extraordinaria expresividad, una pauta que recogería su seguidor Juan de Anchieta en las versiones que realizara de la Virgen con el Niño, con infantes de gran amabilidad.

El hecho de que esta escultura presente el dorso cuidadosamente tallado, hace presuponer su uso procesional por alguna cofradía de su tiempo. Según el archivo parroquial, en la misma iglesia de la Asunción de Tudela de Duero aparecen reseñadas en 1603 diversas cofradías, entre ellas las de la Concepción, Nuestra Señora del Rosario y Nuestra Señora de Duero4, pudiendo ser la imagen titular de esta última en base a los frutos que porta, pues en esta población desde siempre se han producido productos hortícolas de extraordinaria calidad.

La policromía de la escultura presenta una carnación a pulimento de tonos muy pálidos y efectos sonrosados, mientras que en el estofado de los paños predomina el oro, seguramente a petición de los comitentes, con pequeñas superficies pintadas y decoradas con labores de esgrafiados sobre un fondo azul intenso.      


Juan de Juni. Izda: Virgen con el Niño, h. 1538, iglesia de San Agustín, Capillas (Palencia).
Centro: Virgen con el Niño, h. 1576, Museo de Santa María, Becerril de Campos (Palencia).
Dcha: Virgen con el Niño, h. 1560, Monasterio de Veruela (Zaragoza)
Informe y fotografías: J. M. Travieso.














Iglesia de la Asunción, Tudela de Duero (Valladolid)
NOTAS

1 MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José: Juan de Juni, vida y obra. Dirección General de Bellas Artes. Ministerio de Educación y Ciencia, Madrid, 1974, p. 317.

2 CALÍ, María: De Miguel Ángel a El Escorial. Ed. Akal, Madrid, 1994, p. 89.

3 MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José: Juan de Juni... Op. cit., p. 317.

4 MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José: Juan de Juni... Op. cit., p. 317.

















* * * * *

2 de mayo de 2019

VIAJE: CEREZAS EN CEREZOS, del 5 al 7 de julio 2019



PROGRAMA

Día 05/07/19.  VALLADOLID - BEJAR - CANDELARIO - MIRANDA
Salida a las 15,15 h.  desde el centro comercial Vallsur y a las 15,30 h. de la plaza de Colón con dirección a Candelario y Béjar. Visita a ambas ciudades de la sierra salmantina. A finalizar nos trasladaremos a Miranda del Castañar. Cena y alojamiento en el hotel Condado de Miranda (3*)

Día 06/07/19.  RECORRIDO POR EL VALLE DEL JERTE
Salida a las 8,30 h. desde el hotel con dirección a Granadilla (pueblo declarado inundable en los años 50 y que se encuentra en periodo de rehabilitación). Posteriormente visitaremos en Cabezuela del Valle el Museo de la Escuela y la Cereza, Jerte, etc. Comida incluida. Por la tarde visitaremos la bella localidad de Hervás. A últimas horas de la tarde noche regresaremos al hotel en Miranda del Castañar. Cena y alojamiento.
   
Día 07/07/19.  LA ALBERCA - CIUDAD RODRIGO - ALMEIDA - VALLADOLID
Salida a las 8,30 h. desde el hotel con dirección a La Alberca (visita). A continuación realizaremos una visita a Ciudad Rodrigo, al finalizar nos trasladaremos a Portugal (Comida en Almeida). Antes de regresar a Valladolid, realizaremos una visita a la ciudad defensiva de Almeida. A últimas horas de la tarde-noche regresaremos a la ciudad del Pisuerga.   

PRECIO SOCIO EN HABITACIÓN DOBLE: 195 €
PRECIO NO SOCIO EN HABITACIÓN DOBLE: 215 €
SUPLEMENTO HABITACIÓN INDIVIDUAL: 30 €

REQUISITOS: Grupo mínimo de 25 y máximo de 30 personas.

INCLUYE:
- Hotel Condado (3*) en Miranda de Castañar.
- Régimen de pensión completa (agua y vino).
- Guías locales en Béjar, Candelario, Granadilla, Hervás, La Alberca, Ciudad Rodrigo y Almeida.
- Seguro de viaje
- Viaje en autocar por el itinerario señalado.
 
NO INCLUYE
- Entradas no incluidas: Plaza de Toros de Béjar, Museos de la Cereza y de la Escuela, Catedral de Ciudad Rodrigo y otros monumentos que visitaremos (máx. 15 €).  
- Extras en el hotel y los restaurantes.
- Todo lo que no esté especificado en el apartado anterior.

INFORMACIÓN Y RESERVA DE PLAZAS: Por correo en domuspucelae@gmail.com o en el telf. 608419228, a partir de las 0 horas del día 5 de mayo de 2019.

















* * * * *

29 de abril de 2019

Buena noticia para el arte: Reapertura del MUSEO CHILLIDA LEKU



El pasado 10 de abril el Museo Chillida Leku ha reabierto sus puertas después de llevar ocho años cerrado al público como consecuencia de la falta de acuerdo de la familia del artista con la Diputación de Guipúzcoa y el Gobierno vasco.

Se trata de un museo al aire libre, situado en el término de Hernani, que está instalado en el caserío Zabalaga, convertido en sí mismo en una pieza de museo, rodeado de verdes praderas y zonas de arbolado por las que se distribuyen obras del escultor realizadas en gran formato y diversos materiales, pudiendo definirse como un espacio único creado por un artista excepcional.

Eduardo Chillida declaró haber soñado la utopía de encontrar un espacio donde se pudieran ubicar sus esculturas y que la gente caminara entre ellas como por un bosque, encontrando en este paraje, con sus campas y arbolado, el lugar idóneo para materializar su sueño, que comenzó a hacerse realidad tras la adquisición de la finca, junto a su esposa Pilar Belzunce, en 1983. De esta manera Chillida cumplía su sueño de ser como un árbol, con las raíces en el país, pero con las ramas abiertas al mundo.

En esta segunda fase, tras un proceso de actualización dirigido por el arquitecto argentino Luis Laplace, con la participación en el reacondicionamiento del arquitecto Jon Essery Chillida, nieto del artista,  y del paisajista holandés Piet Oudof, el museo ha abierto de la mano de la galería suiza Hauser & Wirth y está dirigido por Mireia Massagué. Su finalidad es la de facilitar la investigación de la obra de Chillida, de contextualizarla, de poner en valor su trayectoria y difundir su legado.

La Colección del Chillida-Leku está compuesta por 391 esculturas realizadas en acero-hierro, alabastro, acero inoxidable, piedra, hormigón, madera, tierra y yeso, y más de 300 obras en papel, entre gravitaciones, grabados y dibujos.


HORARIOS Y ENTRADAS

El museo abre todos los días excepto los martes. (Salvo los martes festivos.)
Marzo – 10:00 / 19:00
Abril – Septiembre 10:00 / 20:00
Noviembre – Febrero 10:00 / 18:00
Octubre – 10:00 / 19:00

Precios
12 € para adultos.
10 € para grupos de más de 10 personas, estudiantes y mayores de 65 años.
6 € para menores de 18 años, discapacitados y desempleados.
Entrada gratuita para menores de 8 años.

Para más información: Pulsa aquí.

* * * * *

26 de abril de 2019

Un peculiar caso de reciclaje artístico en Valladolid: EL CRISTO DE LA MISIÓN













CRISTO DE LA MISIÓN
Juan Sánchez Barba (Madrid, 1602-1673)
Miguel Ángel Tapia (Valladolid, 1966)
Mediados siglo XVII / 2019
Madera de pino policromada y postizos
Cofradía del Santo Cristo de los Artilleros, Valladolid
Escultura barroca española. Escuela madrileña














Estado original del Ecce Homo una vez restaurado
Capilla del Palacio Real de Valladolid
En el año 1995 la Cofradía de la Piedad de Valladolid recuperaba parcialmente el antiguo paso procesional del Santo Entierro, datado en 1642 y elaborado por dos seguidores de Gregorio Fernández: Antonio de Ribera y Francisco Fermín. El paso está compuesto por las figuras de Nicodemo y José de Arimatea sosteniendo el cuerpo de Cristo muerto mientras le conducen al sepulcro. Para encajar el episodio en la representación general de la Pasión de la Semana Santa vallisoletana, el paso fue denominado "Cristo de la Cruz a María", como la secuencia previa a la representación de la Piedad, con Cristo muerto ya en el regazo de la Virgen.
En origen, estas figuras estaban acompañadas de la Virgen, San Juan y la Magdalena, que actualmente se conservan en los almacenes del Museo Nacional de Escultura. La recomposición del paso planteaba un problema: de la figura de José de Arimatea solamente se conservaba la cabeza. Por este motivo, la Cofradía de la Piedad decidió encargar el cuerpo al imaginero José Antonio Saavedra (Valladolid, 1952), que lo recompuso adaptando la talla a la estética barroca del conjunto y así desfila en la actualidad. El hecho supuso dos actuaciones paralelas. Por un lado, un trabajo de restauración de las tallas, al modo habitual, para recuperar parte de un paso histórico; por otro, un trabajo de reciclaje artístico al reaprovechar una cabeza carente de su correspondiente cuerpo.  

Un caso parecido se ha producido en la Semana Santa de 2019, aunque con unas connotaciones de mayor singularidad. En este caso ha sido la Hermandad del Santo Cristo de los Artilleros, fundada en 1944 y vinculada al Arma de Artillería del Ejército, quien para celebrar el 75 Aniversario de su fundación ha desfilado en el Sábado de Pasión rindiendo honores a la talla de un Ecce Homo que bajo la advocación de Cristo de la Misión ha constituido una novedad en la celebración de la Semana Santa de este año en Valladolid. Sin embargo, lo más curioso es la historia de la imagen y la contribución del Ejército de Tierra a su desfile por las calles vallisoletanas. Vayamos por partes.

La Cofradía del Cristo de los Artilleros de Valladolid desde su fundación ha estado vinculada a la veneración de la figura del Ecce Homo. Comenzó desfilando con el llamado Cristo de la Humildad, obra realizada por José de Rozas en 1691 para la Cofradía de la Piedad, que antaño había recibido culto en la iglesia de San Antón, derribada en 1939, desde donde fue trasladada al vecino Santuario Nacional de la Gran Promesa. Pocos años después desfilar con esta imagen, la Cofradía del Cristo de los Artilleros conseguía el permiso del arzobispo para desfilar acompañando al Ecce Homo realizado por Gregorio Fernández hacia 1620 para la Cofradía de la Vera Cruz, donde había integrado el antiguo paso de la Coronación de espinas. Así lo ha venido haciendo de forma aislada hasta nuestros días, de modo que la imagen fernandina, obra maestra barroca y símbolo por excelencia de la humildad e incomprensión, en la memoria vallisoletana está íntimamente ligada a su acompañamiento procesional por el Arma de Artillería.

PERIPECIAS CON FINAL FELIZ

En otro orden de cosas, ahora nos referimos a un busto del Ecce Homo que fue realizado a mediados del siglo XVII para el convento de San Francisco de Burgos. Allí permaneció hasta 1836, cuando tras la desamortización de Mendizábal, el recinto se convirtió en un almacén de municiones. Al parecer, la talla no encajaba en el arsenal de armas, por lo que la imagen comenzó a peregrinar por diversos polvorines de la provincia de Burgos, recalando en 1997 en el polvorín del municipio de Ibeas de Juarros, donde permaneció hasta que aquellos bienes del ejército pasaron a la Agrupación de Apoyo Logístico 61 de Valladolid, con sede en la Base El Empecinado de Santovenia de Pisuerga. Fue en 2003 cuando el cabo Julián Díaz Bajo, cofrade vallisoletano, descubrió de forma fortuita la talla abandonada y la dio a conocer como el "Cristo del Polvorín", pasando desde el polvorín burgalés a la base vallisoletana.

Afortunadamente, la sensibilidad militar tuvo la iniciativa de firmar un acuerdo con la Junta de Castilla y León para que la talla del Ecce Homo fuese restaurada en 2014 en el Centro de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Simancas, pasando a ser custodiada, en su forma de busto, en la capilla del Palacio Real de Valladolid, sede de la cuarta Subinspección General del Ejército.

Tras permanecer tres años en dicha capilla sobre su peana hexagonal, surgió la iniciativa de transformar el busto del Cristo del Polvorín en una figura de cuerpo entero para celebrar con una procesión solemne la efeméride del 75 aniversario de la fundación de la Hermandad del Santo Cristo de los Artilleros, vinculada al Ejército. Esta labor fue encomendada por la Cofradía al imaginero vallisoletano Miguel Ángel Tapia, que realizó en madera de pino —material en que está tallado el busto— unas piernas ajustadas a las proporciones anatómicas de la figura preexistente, respetando el estilo y la policromía de la obra y resolviendo la unión de las dos partes mediante una túnica carmín de terciopelo que se sujeta a la cintura con un cíngulo dorado. Nacía así, en 2019, una nueva talla para la Semana Santa de Valladolid bajo la advocación de Cristo de la Misión.

El Cristo de la Misión presenta el torso original de 85 cm. de altura, tallado hasta algo más bajo de la cintura, con una cabeza ligeramente inclinada hacia la derecha, cabellos abultados formando largos mechones rizosos, perforados a trépano, larga barba bífida minuciosamente descrita, párpados muy marcados, con ojos rasgados y la mirada dirigida hacia abajo, arrugas en la frente y las mejillas y la boca entreabierta, lo que le proporciona un rictus grave y sereno. Su complexión es atlética, con los músculos y venas resaltados, los brazos cruzados al frente y maniatado. En el montaje de cuerpo entero queda oculto el paño de pureza tallado, que forma un pequeño nudo en la parte derecha.

Su policromía presenta una carnación rosada, con la espalda ensangrentada y la piel levantada por los azotes, así como grandes póstulas en los codos y un hombro para enfatizar su sufrimiento. El mismo estilo se continúa en las piernas, robustas y ajustadas a su posición sedente. Se acompaña de todo un repertorio de elementos postizos acordes con la época en que fue realizado, como ojos de cristal, corona de espinos naturales, un cordón que le amarra manos y cuello, la túnica caída hasta la cintura y una larga caña que sujeta con su mano derecha simulando un cetro.

Así desfiló por primera vez por las calles de Valladolid el 13 de abril de 2019, Sábado de Pasión, portado por doce militares como contribución del Ejército de Tierra a la Semana Santa vallisoletana, sobre unas andas cedidas para la ocasión por la Cofradía del Ecce Homo de Nava del Rey (Valladolid), realizando un recorrido desde el Palacio Real, donde se guarda, hasta el convento de Santa Isabel.

JUAN SÁNCHEZ BARBA COMO AUTOR DE LA IMAGEN

Juan Sánchez Barba
Izda: Cristo crucificado, 1672, iglesia de San Antonio de los Alemanes, Madrid
Dcha: Cristo de la Agonía, Oratorio del Caballero de Gracia, Madrid (foto
Yolanda Pérez, dondepiedad.blogspot.com) 
La escultura, de indudable calidad, ha sido atribuida por José Ignacio Hernández Rodondo, conservador del Museo Nacional de Escultura, al escultor madrileño Juan Sánchez Barba (1602-1673), que la habría realizado en el primer tercio del siglo XVII para el convento de San Francisco de Burgos.

Este escultor, junto a Manuel Pereira, estuvo a la cabeza de la escultura barroca de Madrid a mediados del siglo XVII. Especializado en escultura religiosa y dedicado especialmente a la elaboración de retablos, sus obras gozaron de gran estimación en su tiempo, inscribiéndose en la corriente expresiva y realista de la escultura barroca cortesana, afín a los modelos derivados de Gregorio Fernández. Aunque su producción fue abundante, muchas de sus obras han sido destruidas, lo que unido a cierto desinterés historiográfico hace que sea un autor desconocido, aunque actualmente su obra está siendo progresivamente puesta en valor.

Formado junto a su cuñado, el escultor Antonio de Herrera, continuó trabajando en su taller hasta montar el suyo propio en 1634, realizando abundantes obras para hospitales, ermitas, iglesias y capillas devocionales particulares de Madrid y su entorno, así como puntuales decoraciones efímeras, lo que le permitió vivir holgadamente. En sus representaciones de Cristo, aunque acusa la influencia de los modelos fernandinos, presenta características propias, como una barba mucho más larga y la ausencia del sudario tallado en los yacentes, generalmente con una esbelta anatomía y un movimiento corporal muy dinámico en la línea de Manuel Pereira.   

Juan Sánchez Barba. Cristo yacente, h. 1656, iglesia del Carmen, Madrid
Entre sus obras más conocidas se encuentran el Santo Entierro de la ermita de la Veracruz de Navalcarnero, datado en 1652; el Cristo crucificado de la iglesia madrileña de San Antonio de los Alemanes, documentado en 1672; el Cristo de la Agonía que actualmente se venera en el Oratorio del Caballero de Gracia de Madrid; el Cristo yacente y la Imposición del escapulario a San Simón Stock (1656) de la iglesia del Carmen de Madrid, este último conservado parcialmente tras sufrir mutilaciones durante la Guerra Civil.              


Informe: J. M. Travieso.



* * * * *