29 de mayo de 2020

Visita virtual: CRISTO ATADO A LA COLUMNA, ecos del genio de Miguel Ángel













CRISTO ATADO A LA COLUMNA
Michelangelo Naccherino (Florencia, 1550 - Nápoles, 1622)
Hacia 1616
Mármol
Museo Lázaro Galdiano, Madrid
Escultura barroca. Escuela italiana















       Entre las esculturas más notables que conserva el Museo Lázaro Galdiano de Madrid se encuentra un Cristo atado a la columna, una obra de tamaño superior al natural —1,99 m. de altura— concebida con un sentido monumental de marcado carácter miguelangelesco. Fue esculpida por Michelangelo Naccherino para el retablo de la iglesia de la Trinidad de Nápoles, donde formaba pareja con una escultura de la Virgen que actualmente se encuentra en la Fundación Selgas de Cudillero (Asturias). Con este mismo tema realizó otra versión para Cosme II de Medicis, en la que los brazos se cruzan por delante, que se conserva en la población florentina de Montelupo.

La escultura, esculpida en mármol, presenta la figura de Cristo en plena desnudez y colocada sobre un escueto pedestal. Con una posición de contrapposto clásico, Cristo aparece con la cabeza inclinada hacia la izquierda y con las manos amarradas a una columna de fuste bajo colocada en la parte trasera, elemento que como soporte evita que todo el peso de la figura recaiga sobre las piernas exentas, del mismo modo que en la estatuaria clásica. La ubicación de la columna obliga a adoptar la original disposición de los brazos cruzándose por la espalda y unidos por una soga anudada minuciosamente labrada. La mano derecha reposa sobre la columna, con la muñeca ensogada y apoyada sobre parte del voluminoso paño de pureza que forma abundante pliegues y que cae al frente en diagonal sujeto por una cinta ceñida a la cintura.

Es destacable el extraordinario estudio anatómico, con un cuerpo atlético que presenta vigorosos pectorales, costillas marcadas y el vientre hundido, recreando venas y tendones que afloran bajo la piel, que en el mármol pulimentado adquiere un brillo cerúleo de intenso naturalismo. El diseño corporal, de connotaciones clásicas, concentra sus valores emocionales en el sorprendente trabajo de la cabeza, con una voluminosa cabellera con raya al medio que cae sobre los hombros formando largos y ondulados mechones —magistralmente trabajados a trépano—, y un rostro de rictus sufriente configurado por ojos rasgados, nariz recta y boca entreabierta, con una barba bífida de rizos simétricos detalladamente descritos.

Esta imagen de Cristo sufriente se ajusta plenamente a los ideales contrarreformistas, concebida para hacer partícipe al espectador de los sufrimientos de la Pasión y suscitar la meditación sobre el sacrificio de Jesús. La escultura, convertida en testimonio de la fe cristiana, mantiene el decoro exigido por la Iglesia a pesar de ofrecer casi un desnudo integral, en este caso alejado de todo helenismo. En este sentido, sigue un tratamiento similar al experimentado por Miguel Ángel en el Cristo Redentor (1521) de la iglesia de Santa María sopra Minerva de Roma. La obra fue firmada por Michelangelo Naccherino en el pedestal, aunque actualmente la firma aparece parcialmente mutilada.

Esta escultura de Cristo atado a la columna fue regalada por Pedro Fernández de Castro, conde de Lemos, al rey Felipe III, que tras recibirla con agrado la donó al convento de los Trinitarios de Madrid, donde los monjes la colocaron en un altar de la sacristía. Allí fue conocida por Ponz, que la atribuyó a Gaspar Becerra, manteniendo la misma opinión Ceán Bermudez.
Cuando en el siglo XIX se produjo de desamortización y en el convento de la Trinidad se recogieron las pinturas desamortizadas, la escultura permanecía en su sitio. Tras el derribo del convento —posteriormente las pinturas pasaron el Museo del Prado— el Cristo atado a la columna permaneció varios días a la intemperie en la calle Atocha. Fue entonces cuando se borró parte de la firma del pedestal, siendo la escultura adquirida por un particular para aparecer después en el mercado del arte de París. Elías Tormo denunciaba la salida de España de una obra de Miguel Ángel Buonarroti, autoría que mantenían algunos historiadores. En París fue vista por el conde de las Almenas y comprada después por el coleccionista Lázaro Galdiano.

MICHELANGELO NACCHERINO   
      
Michelangelo Naccherino nació en Florencia en 1550, realizando su formación junto a Giambologna. En 1570, cuando tenía 20 años, está datada una escultura del Niño Jesús que se conserva en el Museo de Burgos. En 1573 se trasladaba desde el Gran Ducado de Toscana al reino de Nápoles, donde transcurriría gran parte de su fructífera carrera profesional y donde revitalizó la tradición de Giovanni da Nola con un sentido monumental inspirado en los modelos de Miguel Ángel.

Entre 1575 y 1577 residió en Sicilia, colaborando en Palermo con el escultor, arquitecto e ingeniero florentino Camillo Camilliani en la recomposición de la monumental Fuente Pretoria, que compuesta por 664 esculturas pétreas había sido encargada por Pedro Álvarez de Toledo para su jardín florentino y vendida por su hijo, Luis Álvarez de Toledo, al senado de Palermo. Entre las obras del conjunto al menos dos aparecen firmadas por Naccherino: la figura mitológica de un río y la de una nereida.

En Nápoles realizó destacados sepulcros de nobles, siempre con las figuras de los titulares en originales posturas, como el del personaje recostado y sujetando su cabeza con el brazo y con un niño doliente a los pies del Museo Provinciale Campano de Capua; el de Alonso Sánchez de Luna, realizado en 1588 en mármol y colocado en la iglesia de la Annunziata Maggiore, y el de Fabrizio Pignatelli, encargado en 1590 y asentado en la iglesia de Santa María Materdomini, que aparece presidido por la efigie en bronce del duque, que aparece arrodillado y con armadura de gala. Notables son también los monumentos funerarios de Ferdinando Maiorca y su esposa Porzia Coniglia, colocados a los lados del presbiterio de la iglesia de San Giacomo degli Spagnoli, con las efigies de los titulares recostadas, labradas en mármol y acompañadas respectivamente por el apóstol Santiago y la Virgen con el Niño, esculturas labradas en bulto y colocadas sobre peanas por encima de las urnas. En todos los casos diseñó una tipología funeraria muy personal y muy diferente a la desarrollada en Florencia y Roma, siempre impregnada de una sensibilidad mística acorde con el espíritu de la Contrarreforma.

Esto se patentiza también en sus obras religiosas, repartidas por las iglesias más importantes de Nápoles y encuadradas en la corriente manierista. Obra destacable en el Cristo crucificado esculpido en 1599 para la iglesia de San Carlo all'Arena, así como el elegante San Andrés realizado en mármol en 1600 para la iglesia de Gèsu Nuovo, año en que también realiza el magnífico bronce de San Mateo sedente de la cripta de la catedral de Salerno o el Cristo resucitado del monumento levantado en la Cartuja de San Martino.

Fructíferos para Michelangelo Naccherino fueron igualmente los primeros años del siglo XVII. En 1601 realizaba en mármol la Virgen con el Niño que se conserva en la iglesia de Sant'Agata di Castroreale, esculpiendo por ese tiempo la Virgen de la Salud de la iglesia dominica de Santa Maria della Sanità y colaboraba con Pietro Bernini en la composición de la Fuente de Neptuno, que sobre un diseño de Domenico Fontana fue levantada junto al Arsenal del puerto de Nápoles, aunque, después de varios traslados ordenados por el virrey, en 1638 fue colocada definitivamente en la céntrica Vía Medina. En 1604 realizaba en bronce la dinámica escultura de San Andrés que aparece colocada en un altar de la cripta de la catedral de Amalfi.

Tras desplazarse en 1612 a Capri para asentar varios sepulcros en la iglesia de Santo Stefano, en 1616 regresaba a Florencia, donde realizaba otra de sus obras maestras: el grupo escultórico de Adán y Eva, que aparecen acompañados por la serpiente con forma de una joven mujer. Esta obra fue regalada por el escultor al duque Cosme II de Médicis para ser colocada en una de las grutas del Jardín de Bóboli de Florencia, al que se accede desde el Palacio Pitti. Por esos años colaboró con otros escultores, entre ellos Pietro Bernini, en la elaboración de fuentes monumentales, como la Fuente de Santa Lucía y la Fuente de los Gigantes, en ambos casos con una estructura en forma de arco triunfal.

La relación del escultor con los virreyes españoles favoreció el envío a España de algunas de sus obras, como el admirable Cristo atado a la columna del Museo Lázaro Galdiano de Madrid, o el sepulcro en bronce del licenciado García de Barrionuevo, que tras ser encargado en 1607 por su hijo Bernardino de Barrionuevo, marqués de Cusano y residente en Nápoles como consejero del virrey, fue levantado en la capilla de la Soledad de la iglesia de San Ginés de Madrid.

Michelangelo Naccherino. Niño Jesús, 1570, Museo de Burgos
(Foto Museo de Burgos)
Tras producirse su muerte en Nápoles en 1622, dejaba una considerable pléyade de notables seguidores, como Giuliano Finelli, Francesco Cassano, Tommaso Montani, Angelo Landi y Mario Marasi.  


Informe y fotografías: J. M. Travieso.



BIBLIOGRAFÍA       

BARRIO MOYA, José Luis: Miguel Ángel Naccherino. El Cristo de la columna del Museo Lázaro Galdiano. Fundación Lázaro Galdiano, Madrid, 1983, pp. 2-7.

BARRIO MOYA, José Luis: Miguel Ángel Naccherino. Nápoles; Revista Goya nº 175-176, Madrid.

FUNDACIÓN LÁZARO GALDIANO. Guía breve del Museo Lázaro Galdiano. Fundación Lázaro Galdiano, Madrid, 2005, p. 34.

LÓPEZ REDONDO, A.: Hora y media en el Museo Lázaro Galdiano. Fundación Lázaro Galdiano, Madrid, 1999. p. 25.




Michelangelo Naccherino. Fuente Pretoria, 1575-1577, Palermo
















Michelangelo Naccherino. Izda: Sepulcro de Fabrizio Pignatelli, 1590,
iglesia de de Santa Maria Materdomini, Nápoles / Dcha: Adán y Eva, 1616,
Jardín de Boboli, Florencia (Fotos tomadas de la red) 



















Michelangelo Naccherino. Cristo resucitado, Cartuja de San Martino,
Nápoles (Foto tomada de la red)























Michelangelo Naccherino. San Andrés, bronce 1604, cripta de la
catedral de Amalfi (Foto tomada de la red con el fondo eliminado)























Michelangelo Naccherino y Pietro Bernini. Fuente de Neptuno, 1601, Nápoles
(Foto tomada de la red)
















Michelangelo Naccherino y Pietro Bernini. Fuente de Santa Lucía, h. 1618, 
Nápoles (Foto tomada de la red)













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27 de mayo de 2020

Música en mayo: ADAGIO DE ALBINONI, en versión al cello de Hauser



Adagio de Albinoni, en versión al cello de Hauser.
Lisinski Concert Hall de Zagreb, octubre de 2017
Zagreb Philharmonic Orchestra
Arreglos: Hauser y Filip Sljivac
Órgano: Pavao Masic
Dirección: Elisabeth Fuchs

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21 de mayo de 2020

Visita virtual: VIRGEN DE BELÉN, innovadora escultura renacentista en el ámbito sevillano














VIRGEN DE BELÉN
Pietro Torrigiano (Florencia, 1472 - Sevilla, 1528)
Hacia 1525
Terracota policromada
Museo de Bellas Artes, Sevilla
Escultura renacentista















Como testimonio de la estancia en Sevilla desde 1525 del gran escultor florentino Pietro Torrigiano, el Museo de Bellas Artes de la ciudad guarda dos de sus obras más notables: el célebre San Jerónimo penitente y la no menos admirada Virgen de Belén, ambas elaboradas a escala natural en terracota policromada.

Hoy fijamos nuestra atención en la Virgen de Belén, realizada por Pietro Torrigiano hacia 1525, al igual que el San Jerónimo, para el Monasterio de San Jerónimo de Buenavista de Sevilla, donde permaneció hasta que el recinto conoció convulsos acontecimientos en el siglo XIX, comenzando por la invasión francesa de 1808 y la extinción del clero regular en agosto de aquel año, a lo que siguió la incautación del monasterio y de todos sus bienes en febrero de 1810. Aunque parte de los objetos de culto fueron recogidos en el sevillano Convento de Santa Paula, el proceso de desmantelamiento culminó en 1835 con la disolución de la orden jerónima española, momento en que las esculturas pasaron al Museo de Bellas Artes de Sevilla, donde ya aparecen inventariadas en 1845.

Fue Pietro Torrigiano un polifacético escultor, formado en la efervescente Florencia de su tiempo, en cuya obra demuestra un total dominio de la escultura en piedra y bronce, aunque sus obras más conocidas sean terracotas policromadas de extraordinaria morbidez, una modalidad prácticamente desconocida en la España renacentista, donde únicamente fue experimentada por el borgoñón Juan de Juni en Castilla, en los grupos realizados durante su estancia leonesa para Medina de Rioseco, y por Lorenzo Mercadante de Bretaña, igualmente llegado a Sevilla, en este caso en 1454, reclamado por el Cabildo de la catedral para realizar en alabastro el sepulcro del cardenal Cervantes, escultor versátil que trabajó distintos materiales, aunque su obra principal también la realizara en terracota, con notables ejemplos en las portadas de la catedral hispalense y en obras diseminadas por poblaciones de Sevilla, Badajoz y Cádiz.
De modo que en el trabajo en terracota, las obras de Lorenzo Mercadante y de Pietro Torrigiano, a pesar de la diferencia cronológica y de la disparidad estilística de su origen, fueron coincidentes en Sevilla, posiblemente por tratarse de una ciudad de gran tradición alfarera que conocía bien los secretos del barro cocido y su bajo costo respecto a otros materiales.

La llegada de artistas de renombre, entre ellos italianos, fue determinante para el desarrollo del Renacimiento andaluz. Estos llegaban generalmente atraídos por las importantes empresas artísticas que suponían las obras catedralicias o las patrocinadas por la encumbrada nobleza andaluza. Así ocurrió con Pietro Torrigiano, activo desde 1525 en Sevilla, donde permanecería hasta su muerte en 1528. Esos años fueron cruciales para la consolidación de las pautas estéticas renacentistas en la ciudad, donde era frecuente que la nobleza de nuevo cuño encargara piezas y esculturas de mármol a Génova, como ocurriera con el escultor Domenico Fancelli, autor en aquella ciudad italiana del sepulcro del cardenal Diego Hurtado de Mendoza, encargado por su hermano el conde de Tendilla y colocado de la catedral de Sevilla, tras lo cual, el propio Fancelli acabaría desplazándose a España, siendo su obra más célebre el sepulcro de los Reyes Católicos de la Capilla Real de Granada.
Igualmente, la boda del Emperador Carlos V con Isabel de Portugal, celebrada en el Alcázar sevillano en 1526, contribuyó de forma decisiva a consolidar los gustos hacia los modelos ornamentales y el discurso alegórico "a la antigua".
Este es el contexto sevillano en el que se desenvolvía Pietro Torrigiano, cuyo historial contaba con un considerable número de obras realizadas en Italia e Inglaterra. Aunque de su producción en Sevilla sólo se han conservado las dos obras citadas, éstas representan la cumbre alcanzada por la escultura realizada en la ciudad en el siglo XVI.

LA VIRGEN DE BELÉN
 
Esta Madonna de tamaño natural —1,30 m. de altura— está elaborada en barro cocido y policromado, una técnica de complicada ejecución por el tamaño del formato, ajustándose a la iconografía tradicional de la Virgen con el Niño. La Virgen aparece sedente y dispuesta frontalmente, con una pierna elevada al descansar sobre dos cojines, lo que produce una posición un tanto inestable y transgresora de la frontalidad, siguiendo las soluciones adoptadas por Miguel Ángel en muchas de sus esculturas. El Niño, en plena desnudez, aparece colocado en su regazo en posición semirrecostada, con el cuerpo sujeto por la mano izquierda de la Virgen y con un pie más adelantado, atento a una fruta esférica que su Madre le ofrece, tal vez una manzana como símbolo de la Nueva Eva.

La cabeza de la Virgen muestra un gesto clasicista, sereno, grave y complaciente, con un rostro oval de frente despejada, cejas arqueadas, ojos rasgados y párpados abultados, nariz recta, boca bien perfilada y mentón resaltada, con una larga cabellera que sobrepasa los hombros. Viste una túnica rojiza, de cuello recto, que forma abundantes y menudos pliegues en el pecho y en los puños, un amplio manto azul que se apoya sobre los hombros y cae cruzándose al frente sobre las piernas, ornamentado con pequeñas estrellas y una ancha orla con motivos dorados que recorre los bordes, y una toca blanca que le cubre la cabeza de forma irregular y formando caprichosos plegamientos.

Uno de sus mayores atractivos es la morbidez que la ductilidad del barro permite aplicar en el rostro de la Virgen, en sus manos y en la rolliza figura del Niño, así como la conversión de los ribetes de la indumentaria en finas láminas que simulan un tejido real de fuerte naturalismo.

Su iconografía y sus rasgos formales tienen como antecedente a la Virgen de Brujas de Miguel Ángel, así como a la Madonna de Fossombrone que realizara el propio Torrigiano durante sus años en Italia. Esta escultura fue totalmente innovadora en el panorama sevillano como modelo de la nueva expresión estética renacentista, motivando la solicitud de vírgenes semejantes desde parroquias y conventos andaluces, como en los casos de las poblaciones onubenses de Almonte y Manzanilla (según Hernández Díaz). En la capilla de la Universidad de Sevilla se conserva una copia mimética que, sin la solemne belleza del original, pudo haber sido realizada por alguno de los escultores castellanos que también se asentaron en Sevilla, apuntándose como posibles autores a Villoldo, Juan Bautista Vázquez el Viejo o Jerónimo Hernández. Esta copia recibía culto desde principios del siglo XVII en el altar de las reliquias de la sacristía de la iglesia jesuítica de la Anunciación de Sevilla.

El carácter innovador y experimental de la Virgen de Belén de Pietro Torrigiano contribuyó de forma decisiva a asentar las claves de la futura escuela barroca sevillana.

EN TORNO AL ESCULTOR PIETRO TORRIGIANO

La personalidad artística de Pietro Torrigiano viene determinada por dos hechos de su azarosa vida. El más popular corresponde a su edad juvenil y es el haber propinado un puñetazo a Miguel Ángel que le rompió la nariz, tras recibir burlas de éste mientras estudiaban la obra de Masaccio en la capilla Brancacci de Florencia, motivo por el que tuvo que abandonar la ciudad. El otro es el largo periplo recorrido por el escultor por tierras de Italia, Inglaterra y España durante su vida profesional, lo que le convierte en un gran divulgador del nuevo lenguaje renacentista por dichos territorios, donde fue sembrando una semilla estética que germinaría en posteriores artistas.

Pietro Torrigiano nació en Florencia el 22 de noviembre de 1472. Era hijo de Torrigiano d'Antonio y Dionora Tocci, padres de ocho hijos de los cuales Pietro era el cuarto. La familia, dedicada a la venta de seda, vivía en el borgo di San Jacopo, barrio de artesanos situado al otro lado del Ponte Vecchio. De su aprendizaje sólo se conoce su asistencia al Jardín de San Marcos y su colección de antigüedades, una escuela propiciada por Lorenzo el Magnífico en la que ejercía como maestro Bertoldo di Giovanni para divulgar el espíritu clásico. Se especula una posible formación en el taller de Verrocchio por la afinidad con su arte.

Hacia 1491 tuvo que abandonar Florencia tras la agresión a Miguel Ángel, comenzando una nueva vida marcada por su carácter itinerante. Tras pasar por Bolonia, centro de trabajo de importantes escultores del barro cocido, llegó a Roma, donde realizó estucos para la alta curia pontificia. Aquejado de una enfermedad, en 1498 relataba su testamento en casa del clérigo Stefano Coppi, al que se atribuye la petición en 1496 de los bustos de Santa Fina, San Gregorio y Cristo Salvador realizados para San Gimignano, población natal del clérigo.

Una vez recuperado, se puso al servicio militar, tal vez como ingeniero, del condottiero Paolo Vitelli en la guerra contra Pisa (1498-1499), junto a Cesar Borgia en la Romaña (1500) y con Piero de Médici en la batalla de Garigliano frente a Nápoles (1503). En 1500 realizaba un altar para la iglesia de la Annunziata de Fossombrone, del que se conserva una Madonna en terracota, y una Anunciación que presidió el altar de la catedral de Camerino hasta su destrucción por un terremoto en 1799.

En 1503 regresaba a Florencia, donde contrajo matrimonio con Felice di Francesco Mori, con la que tendría un hijo. Un año más tarde se encontraba en Avignon, donde a petición del mercader Giovanni Baroncelli hizo un Calvario para la desaparecida iglesia de Les Cordeliers. En 1506 aparecía de nuevo en Roma para adquirir bloques de mármol a Miguel Ángel.

En 1510 se desplazó a la corte de Enrique VII en Londres, tal vez animado por comerciantes florentinos o acompañando a Baldassare Castiglione en la embajada enviada por Guidobaldo de Montefeltro, Duque de Urbino. Allí realizó en terracota el Retrato de Enrique VII (Victoria & Albert Museum, Londres) y los de un mercader florentino y el obispo John Fisher (Metropolitan Museum, Nueva York). Ese mismo año viaja a la corte de Margarita de Austria en Brujas para tratar sobre un proyecto funerario, realizando en tierras flamencas el busto en terracota de una Dolorosa (Rijksmusem, Amsterdam).
Retornado a Londres, en 1511 contrataba el sepulcro en bronce de Margaret Beaufort, abuela paterna del rey, al que siguió el sepulcro, igualmente en bronce, de Enrique VII e Isabel de York, obra sobresaliente en la que estuvo ocupado de 1512 a 1518 y que todavía se conserva en la abadía de Westminster, para cuya capilla contrataba en 1516 el desaparecido altar. 
Pietro Torrigiano. Busto de Santa Fina, h. 1496
Hospital de Santa Fina, San Gimignano (Foto Ricardo García Jurado)
En tierras inglesas se sucedieron los encargos cortesanos, realizando en 1515 el retrato del embajador sir Gilbert Talbot (Victoria & Albert Museum, Londres), hacia 1516 el arcosolio de John Yonge, consejero del rey (Public Record Office), el desaparecido monumento del decano John Colet y entre 1516 y 1520 el tondo de sir Thomas Lovell, intendente de Westminster. En esas fechas también realizaba algunas piezas de tipo devocional, como las figuras en mármol de Cristo Salvador de la Burghley Collection de Stamford, de la Fondazione Zeri de Bolonia y la Wallace Collection de Londres.

A pesar de encontrarse en plena actividad y sin que se conozcan los motivos, en 1522 abandonaba las tierras inglesas para dirigirse a Sevilla, tal vez por las expectativas laborales surgidas tras la visita de Carlos V a Londres. En Sevilla comenzó trabajando para el monasterio de San Jerónimo de Buenavista, para el que realizó hacia 1525 el San Jerónimo penitente y la Virgen de Belén, obras que causaron admiración en la ciudad hispalense, teniendo que realizar en 1526 otra versión de San Jerónimo que fue enviada para un retablo del monasterio de Guadalupe.
Pietro Torrigiano. Busto de Enrique VII, terracota, h. 1510
Victoria & Albert Museum, Londres (Foto V&AM)
Otro tanto ocurrió con la Virgen de Belén, de la que el duque de Arcos solicitó una copia prometiendo pagarla bien. Cuando recibió la imagen, envió al escultor bolsas llenas de monedas, pero al descubrir que se trataba de maravedíes, equivalentes tan sólo a treinta ducados, Pietro Torrigiano enfurecido al sentirse engañado, se presentó en casa del duque y destrozó la Virgen de terracota con una maza. Por este hecho, considerado blasfemo y sacrílego, fue denunciado ante el tribunal de la Inquisición, siendo condenado a prisión en el castillo de San Jorge de Triana. Por dejar de comer, ante lo que consideraba una humillación, allí murió en agosto de 1528.      



Informe y fotografías: J. M. Travieso.










Pietro Torrigiano. Busto del obispo John Fisher y de comerciante florentino
Terracota, 1510, Metropolitan Museum, Nueva Yok (Fotos The Met)













Pietro Torrigiano. Busto de Dolorosa, terracota, 1510
Rijksmusem, Amsterdam (Foto Rijksmusem)













Pietro Torrigiano. Izda: Detalle sepulcro de Enrique VII e Isabel de York,
1512-1518 / Dcha: Detalle sepulcro de Margaret Beaufort, 1511
Bronce, Abadia de Westminster, Londres














Pietro Torrigiano. Bustos de Cristo Salvador. Izda: 1500-1510 Iglesia de Sta
Trinita, Florencia, terracota / Centro: 1516, Burghley Collection, Stamford,
mármol (Foto Ricardo Gª Jurado)/ Dcha: 1490-1510,
Hospital de los Inocentes, Florencia, terracota













Pietro Torrigiano. San Jerónimo penitente, h. 1525, terracota
Museo de Bellas Artes, Sevilla













Anónimo. Virgen de Belén, copia de Pietro Torrigiano, 1ª mitad s. XVI,
terracota, Capilla de la Universidad, Sevilla



















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