1 de febrero de 2019

Excellentiam: RETABLO DE LA ASUNCIÓN, un fastuoso programa contrarreformista






RETABLO DE LA ASUNCIÓN
Manuel Álvarez (Castromocho, Palencia, h. 1517 - Valladolid, h.1587)
Francisco de la Maza (Meruelo, Cantabria, ? - Valladolid, 1585)
Gregorio Fernández (Hacia 1576, Sarria, Lugo - Valladolid 1636)
1576-1585 / 1611-1615
Madera policromada
Iglesia de la Asunción, Tudela de Duero (Valladolid)
Escultura renacentista tardomanierista. Escuela castellana






La iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción de Tudela de Duero es una sólida construcción renacentista levantada en cantería, de acuerdo a las pautas del estilo gótico, entre 1562 y 1568. Con planta de salón, dispone de tres naves separadas por robustos pilares octogonales y con sus tramos cubiertos con bóvedas de crucería estrellada de diferentes trazados. Dispone de una monumental portada, ubicada en un lateral y orientada al sur, que con forma de retablo pétreo se cobija dentro de una gran hornacina que se remata con una balaustrada plateresca, siendo una obra tradicionalmente atribuida al arquitecto Juan de Escalante. A los pies del templo se levanta una torre campanario, de planta cuadrada, que se corona por un chapitel de pizarra y plomo incorporado en el siglo XVIII.
En su interior guarda innumerables obras artísticas, de primera calidad, bajo la tipología de sepulcros, retablos, pinturas y esculturas devocionales, sillería del coro y objetos de orfebrería para fines litúrgicos. De entre todo este ingente acervo patrimonial, hoy fijamos nuestra atención en el Retablo Mayor, obra grandiosa elaborada en madera policromada en el último cuarto del siglo XVI.

El retablo, dedicado a la Asunción de la Virgen, titular del templo, dispone de banco y tres cuerpos, organizado en tres calles ocupadas por altorrelieves y grupos escultóricos, y cuatro entrecalles con un santoral en hornacinas cobijadas en los intercolumnios. Se remata con un atípico ático constituido por un templete rematado por un frontón triangular, que es una prolongación en altura de la hornacina que cobija el Calvario del tercer cuerpo, así como dos formas piramidales de influencia herreriana y dos profetas de bulto redondo en los extremos.

La traza de tan imponente maquinaria fue realizada por los escultores Manuel Álvarez y Francisco de la Maza, que comenzaron los trabajos en 1573 y los prolongaron hasta 1585. En 1603 el retablo era ensamblado y montado en el presbiterio cuando aún estaba pendiente de dorar y de incorporar uno de los relieves del primer cuerpo y el tabernáculo colocado sobre el altar. La ardua tarea del policromado del conjunto1 fue acometida por los pintores Tomás de Prado y Bartolomé de Cárdenas en 1615, año en que en que Gregorio Fernández se incorporaba como artífice del retablo2 con el altorrelieve de la Anunciación y el tabernáculo decorado con pequeños relieves3.

Gregorio Fernández. El Salvador, 1615. Puerta del sagrario
El retablo de Tudela de Duero sigue las directrices marcadas por Pompeo Leoni en el retablo mayor del Monasterio de El Escorial, que también sirvió de inspiración para el retablo de la Colegiata de San Luis de Villagarcía de Campos (Valladolid), en este caso con la maquinaria adaptada al testero de la capilla mayor de la iglesia. Articulada de forma reticular, su arquitectura utiliza columnas estriadas, jónicas en el primer cuerpo y corintias en el segundo, en ambos casos con el tercio inferior decorado con figuras de santos y santas en relieve entre cintas y cabezas de ángeles. En el tercer cuerpo las columnas corintias estriadas se simplifican, careciendo de ornamentación. Los cuerpos se separan mediante frisos en relieve que en las dos primeras alturas presentan figuras de putti entre vegetales y en la tercera triglifos y metopas, siguiendo la tendencia tardomanierista del estilo herreriano.   

REPERTORIO ICONOGRÁFICO         

El banco está recorrido por seis tableros en los que se representan parejas de santos, figurando de izquierda a derecha San Jerónimo y San Ambrosio, San Esteban y San Benito, San Mateo y San Juan, San Marcos y San Lucas, San Miguel y San Rafael con Tobías y San Gregorio y San Agustín, es decir, los Cuatro Padres de la Iglesia y los Cuatro Evangelistas, repartidos a ambos lados del sagrario, junto a dos santos y dos arcángeles solicitados expresamente por la iglesia. Se acompañan de las figuras de santas en relieve, como Santa Inés, Santa Apolonia, Santa Lucía, Santa Águeda, Santa Bárbara y Santa Perpetua, colocadas en los laterales de los netos.

Gregorio Fernández. La Caridad y la Esperanza, 1615. Tabernáculo
Estos relieves pueden considerarse obra de Manuel Álvarez, uno de los más importantes maestros de la escultura renacentista castellana del siglo XVI, que con el taller asentado por entonces en Valladolid destacó por sus creaciones para retablos. En las figuras se aprecia un movimiento con resonancias de la obra de Alonso Berruguete y, sobre todo, del escultor palentino Francisco Giralte, cuñado suyo por haber contraído matrimonio con su hermana Isabel y con quien colaboró en diversos proyectos, llegando a asumir la influencia de su estilo. El escultor, que se esmera en el movimiento de los paños y la personalización de las cabezas, facilita la identificación de los santos mediante el acompañamiento de sus atributos, incorporando en los fondos sencillos motivos arquitectónicos, sin que falte la tendencia a la monumentalidad romanista del momento, pues las figuras parecen revolverse para liberarse de la opresión del marco en que se encuentran, lo que aumenta su carácter dramático y expresivo.

En el centro del banco se alza un Tabernáculo de dos pisos con forma de templete de plan central hexagonal, con parejas de columnas entorchadas en los ángulos que se decoran en el tercio inferior con formas vegetales manieristas. El piso superior tiene la función de expositor (para la custodia) y el inferior de sagrario, ofreciendo al frente una portezuela con la figura en relieve del Salvador bajo un frontón triangular y decoración de guirnaldas, que viene a simbolizar la Fe. A los lados, bajo frontones curvos aparecen los relieves de las virtudes de la Caridad y la Esperanza, la primera acogiendo tres niños y la segunda acompañada de un ancla, aludiendo el conjunto a las tres virtudes teologales. 
Estos relieves son obra temprana de Gregorio Fernández, cuya personal iconografía del Salvador ya la había utilizado en el tabernáculo de la iglesia de San Diego de Valladolid (1606-1607, Museo Nacional de Escultura)) y la repetiría en el retablo de la iglesia de San Andrés de Segovia (1616).   

En el primer cuerpo comienza la narración de los episodios de la vida de la Virgen y la infancia de Jesús con el relieve de la Anunciación, obra temprana de Gregorio Fernández que, al igual que el tabernáculo, fue incorporada al retablo hacia 1615, siendo la obra más tardía del conjunto. 
De concepción netamente manierista, la escena está dividida en dos espacios, uno inferior e íntimo, en el que se coloca el arcángel San Gabriel entregando su mensaje a la Virgen, y otro superior formado por una gloria abierta en la que aparecen las figuras del Padre Eterno y el Espíritu Santo entre ángeles y nubes, aludiendo al preciso momento de la Encarnación.
Las figuras siguen un canon estilizado, destacando los delicados ademanes y la belleza adolescente de la Virgen. El escultor repite en la figura de San Gabriel la misma disposición que ya había utilizado en 1611 en otra escultura del mismo arcángel, en bulto redondo y completa desnudez, para la misma iglesia de la Asunción de Tudela de Duero, obra de función desconocida que fue encontrada por José Carlos Brasas Egido en 1974 en el desván de la iglesia (actualmente en el Museo Diocesano y Catedralicio de Valladolid). 
Ambas presentan una disposición que recuerda al célebre Mercurio de Juan de Bolonia (Museo del Bargello, Florencia), con el brazo derecho levantado y una pierna flexionada. Por su parte, la figura del Padre Eterno remite a los modelos miguelangelescos, mostrando al tiempo en los ángeles la creatividad del gran maestro gallego para la talla de bellas figuras infantiles.

En el lado opuesto se coloca el relieve de la Visitación, composición de aire romanista que se puede atribuir a Francisco de la Maza. En él la Virgen y su prima Santa Isabel, acompañadas cada una de dos mujeres, aparecen colocadas a los lados de una pilastra que divide en dos el fondo arquitectónico y establece un encuentro de figuras basado en la simetría. Tanto el tratamiento de los paños como los modelos femeninos, en este caso algo inexpresivos, repiten las formas de otras composiciones de este escultor vallisoletano.
Completan el primer cuerpo las esculturas de San Juan Bautista, San Pedro, San Pablo y San Bartolomé colocadas en los intercolumnios, todas ellas con el dinamismo propio de Manuel Álvarez.
       
La narración continúa en el segundo cuerpo con el relieve de la Adoración de los pastores, una composición basada en la simetría en cuyo eje se sitúa la bella figura de la Virgen y el hermoso y dinámico Niño, epicentro de la composición. A un lado se coloca San José, la mula y el buey y al otro un grupo de cuatro pastores, sobrevolando sobre todos ellos cabezas de querubines entre el triple arco de la arquitectura de fondo. Por el movimiento de las figuras se podría adscribir a Manuel Álvarez, lo mismo que el relieve opuesto que representa la Adoración de los Reyes, donde se acumula un gran número de expresivos personajes, incluyendo tres caballos y una esquemática arquitectura al fondo.

     La hornacina central está ocupada por una bella imagen de la Asunción, que se eleva entre dinámicos ángeles introducidos entre el manto, mientras otros dos en lo alto se ocupan de su coronación. En los intercolumnios de las entrecalles se identifican a los apóstoles San Felipe, San Andrés, Santiago el Mayor y Santiago el Menor, que mantienen el dinamismo expresivo y el movimiento contenido del resto del santoral.

En el tercer cuerpo se coloca el altorrelieve de la Presentación de Jesús en el templo, que sigue el tipo de composición basada en la simetría. 
En primer plano presenta las figuras de la Virgen entregando al Niño al sacerdote Simeón, que son acompañados en segundo término por San José, con la ofrenda de tórtolas,  y otros tres personajes colocados ante un fondo arquitectónico. Como relieve complementario, en el lado opuesto, aparece el Niño Jesús entre los doctores como último episodio de la infancia de Cristo, donde la figura del infante marca el eje compositivo, a los lados del cual se colocan ocho figuras entre las que figuran María y San José en el momento de encontrar al Niño perdido. Por sus características estilísticas y tendencia romanista, ambos podrían pertenecer a las gubias de Francisco de la Maza.

La hornacina central, con una verticalidad que desborda el tercer cuerpo, está ocupada por el grupo del Calvario, compuesto por un crucificado de gran equilibrio y rigurosa descripción anatómica, junto a las compungidas figuras de la Virgen y San Juan, que recuerdan los modelos junianos, las tres figuras en la órbita de Francisco de la Maza.
A la misma altura de colocan en los intercolumnios otros cuatro apóstoles de los que sólo es identificable por su atributo Santo Tomás, que porta una escuadra de arquitecto. Por deducción, los restantes deben representar a San Mateo, San Simón y su hermano San Judas Tadeo, todos ellos con contenidas actitudes declamatorias, largas barbas y sujetando libros, de acuerdo al movimiento impregnado por Manuel Álvarez. 
Gregorio Fernández. Anunciación, 1615
En los extremos del ático se encuentran las figuras sedentes y monumentales de los profetas Moisés y Aarón, posibles obras del escultor palentino.

A pesar de todo, dado el carácter unitario del conjunto de este retablo clasicista de influencia escurialense, a excepción de la aportación de Gregorio Fernández, es difícil establecer la autoría de cada pieza integrante del retablo, siendo Parrado del Olmo4 quien se inclina por atribuir al polifacético Manuel Álvarez las esculturas de rostros más expresivos, dotados de barbas, cabellos ensortijados, ademanes elegantes, plegados fluidos y tendencia romanista en las anatomías corpulentas y monumentales, siendo buenos referentes estilísticos los afortunados relieves de alabastro que formaron parte del retablo mayor del monasterio de la Santa Espina, en el término de Castromonte (Valladolid), que fueron comprados en 1960 por el Museo Frederic Marés de Barcelona, donde actualmente se exponen.   


Informe y fotografías: J. M. Travieso.





NOTAS

1 MARTÍ Y MONSÓ, José: Estudios histórico-artísticos relativos principalmente a Valladolid, Valladolid-Madrid, 1898-1901. Edición facsímil del Ayuntamiento de Valladolid, Diputación de Valladolid y Ámbito Ediciones, Valladolid, 1992, p. 321 y siguientes.

2 MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José: Catálogo Monumental de la provincia de Valladolid. Tomo VI. Antiguo partido judicial de Valladolid. Diputación Provincial de Valladolid, Valladolid, 1973, p. 122.

3 BUSTAMANTE GARCÍA, Agustín. Gregorio Fernández en Tudela de Duero. Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología (BSAA), Universidad de Valladolid, 1975, p. 672.

4 MARTÍN JIMÉNEZ, Carlos Manuel y MARTÍN RUIZ, Abelardo: Retablos escultóricos Renacentistas y Clasicistas. Diputación de Valladolid, 2010, p. 279.













































































































































Fachada de la iglesia de la Asunción, Tudela de Duero
















Bóvedas de la iglesia de la Asunción, Tudela de Duero



































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