CRISTO
DE LA BUENA MUERTE O CRISTO DE SANTA CLARA
Francisco
Salzillo (Murcia, 1707 - 1783)
Hacia
1770
Madera
policromada
Monasterio
de Santa Clara la Real, Murcia
Procedente
del desaparecido Convento de las Isabelas de Murcia
Escultura
barroca. Escuela murciana
Ejemplares de Cristo vivo:
Cristo de la Agonía o del Facistol, de factura magistral (hacia 1755, Museo Diocesano de la Catedral, Murcia).
Cristo crucificado (1765, Hospital de la Caridad, Cartagena).
Cristo de la Expiración (1770, Iglesia Mayor de Santiago, Jumilla).
Cristo de la Agonía (1773-1774, Capilla de la VOT de San Francisco, Orihuela).
Cristo crucificado (Convento de MM Justinianas Madre de Dios, Murcia).
Ejemplares de Cristo muerto:
Cristo del Perdón (1733-1734, Iglesia de San Antolín, Murcia).
Cristo del Amparo (1739, Iglesia de San Nicolás de Bari, Murcia)
Cristo de la Buena Muerte, también conocido como Cristo de las Isabelas o de Santa Clara (1770, Museo del Monasterio de Santa Clara, Murcia).
Las peripecias de una imagen itinerante
Hoy fijamos nuestra atención
en este último, cuya historia en la ciudad de Murcia conoció a lo largo del
tiempo toda una serie de peripecias itinerantes. Esta personal obra de
Francisco Salzillo procede del desaparecido convento de monjas franciscanas de
Santa Isabel de Murcia (que ocupaba el espacio de la actual plaza de Santa
Isabel), donde permaneció hasta ser cerrado y demolido en 1836 a consecuencia
de la desamortización de Mendizábal, momento en que las monjas Isabelas pasaron
al convento de la Orden de las Terciarias Franciscanas de San Antonio, recinto desde
el que, tras permanecer 13 años, pasaron al antiguo colegio de la Purísima, lugar
donde se habilitó como modesta iglesia el antiguo salón de Grados y donde
consta que recibía culto el Cristo de la Buena Muerte.
En 1943, por mediación de José
Alemán Muñoz, las monjas Isabelas cedieron la imagen a la parroquia de Santa
Eulalia, iglesia a la que la Cofradía de la Sangre (conocida como los Coloraos)
recurrió para procesionar el Cristo de la Buena Muerte el Miércoles
Santo en sustitución del Santo Cristo de la Preciosísima Sangre (obra
maestra realizada por Nicolás de Bussy en 1693), que desde 1940 estaba
pendiente de restaurar.
En 1997, cuando se crea la Hermandad de Maristas de Murcia, el Cristo de la Buena Muerte de Salzillo fue elegido como imagen titular, comenzando a salir del ostracismo de la clausura del convento de Santa Clara la Real, procesionando durante el Viernes Santo con la Cofradía del Santo Sepulcro. La imagen, que fue restaurada entre 2011 y 2012 por el Centro de Restauración de la Región de Murcia, trabajos que han permitido considerarla como obra personal de Francisco Salzillo, actualmente forma parte del museo instalado en las dependencias del céntrico convento de Santa Clara la Real.
Cristo de la Buena Muerte, Cristo de las Isabelas o Cristo de Santa Clara la Real
Esta imagen, que se ha conocido con las tres
advocaciones a lo largo del tiempo, es una obra de madurez de Salzillo
realizada a petición de la comunidad de Isabelas en torno a 1770, en la última
etapa del artista, constituyendo una muestra de excelencia en la obra del
escultor barroco por demostrar su grado de virtuosismo según sus criterios
estéticos dieciochescos. La imagen, que presenta unas bellas y delicadas
proporciones, muestra un trabajo en el que el escultor ha cuidado al extremo
cada uno de los detalles. La serenidad y armonía de su tipología —presentando a
Cristo ya muerto— se contrapone a las múltiples versiones que realizara de
Cristo vivo en actitud expirante, entre las que destacamos el Cristo de
la Agonía o Cristo del Facistol, encargado hacia 1755 y
perteneciente a la Inquisición, que actualmente se expone en el Museo de la
Catedral de Murcia, donde el trabajo del desnudo constituye todo un paradigma
de expresión plástica tridimensional para destacar la torsión, la violencia y
el sufrimiento sin abandonar la belleza formal de su conjunto en un ejercicio
de divina idealización.
El Cristo de la Buena Muerte sigue una tipología humana ajustada al modelo estético aplicado por el escultor en sus pasos procesionales. La talla de la anatomía es pulcra, delicada y equilibrada, ofreciendo una imagen de absoluta serenidad ajena al movimiento característico del barroco.
Destaca el naturalismo del
rostro, con los ojos cerrados, la nariz recta y los labios minuciosamente
perfilados, junto a una barba incipiente en las mejillas que en el mentón
adopta la forma de perilla con dos puntas. En la búsqueda del mayor realismo
adopta postizos, como pestañas naturales y una corona de espinas trenzada con
sogas. El mismo afán es aplicado al paño de pureza, que ajustado al cuerpo y
con uno de los cabos desplegado en el lado derecho forma una serie de pliegues
naturalistas que proporcionan a la imagen un ligero movimiento, contribuyendo a
situar el virtuosismo naturalista al servicio de la belleza, cuyo lenguaje era
una prioridad.
El cuerpo del Cristo de la Buena Muerte está sujeto a una ancha cruz de madera policromada, elaborada en el mismo tiempo de la imagen, canteada en los bordes y los extremos cubiertos por una rica decoración dorada, aplicada con la técnica del oro fino burilado, de tallos vegetales de gusto dieciochesco.
En esta obra queda diluida la antigua influencia de los italianos Bernini y Andrea Bolgi, así como del francés Antonio Dupar y de la tradición barroca española que influyeron en su formación, mostrando el personalísimo estilo personal que caracteriza sus obras, sin profundizar en los aspectos dramáticos, ajustado a la búsqueda de naturalismo y plasmando una idealizada belleza, conceptos que marcarán la transición final del Barroco al Rococó y al Neoclasicismo.
Informe
y fotografías: J. M. Travieso.
| FRANCISCO SALZILLO Otra tipología: crucificado vivo expirante Cristo de la Agonía o Cristo del Facistol, h. 1766 Museo de la Catedral de Murcia |
| FRANCISCO SALZILLO Detalle del Cristo de la Agonía o Cristo del Facistol, h. 1766 Museo de la Catedral de Murcia |
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