10 de mayo de 2013

Historias de Valladolid: CUARTA FUNDACIÓN TERESIANA, visiones místicas y ascetismo extramuros


El año 1568, después de una estancia en Malagón (Ciudad Real), donde en 1562 había fundado un monasterio de acuerdo a sus propósitos de reforma carmelitana, cuyos ejes principales eran la vuelta a la austeridad, la pobreza y la estricta clausura como justificación del verdadero espíritu carmelitano, Teresa de Cepeda y Ahumada pasó en mayo por Toledo, donde llegó enferma y, tras una breve estancia en la población toledana de Escalona, se aposentó en el convento de Ávila, del que era priora, y allí pasó completo el mes de junio.

Pero la madre Teresa de Jesús, que por entonces contaba 52 años, deseaba consolidar una nueva fundación, de modo que el 30 de junio salía de nuevo de Ávila y, tras pasar por Duruelo y permanecer del 1 al 9 de agosto en el convento de San José de Medina del Campo, su segunda fundación, llegaba a Valladolid acompañada de tres monjas el día 10 del mismo mes, festividad de San Lorenzo, donde, a pesar de sus deseos de fundar una nueva casa en Toledo, tenía prisa por dejar materializada a orillas del Pisuerga la cuarta de sus fundaciones, después de que un "caballero principal" como don Bernardino de Mendoza, hermano de don Álvaro de Mendoza, obispo de Ávila, le ofreciera para tal menester una finca con huerta y una apreciable viña situada al sur de la ciudad, junto a la ribera del Pisuerga, según cuenta ella misma en el capítulo décimo del Libro de las Fundaciones. Se trataba del mismo lugar donde, según la leyenda, el franciscano fray Gil, discípulo allegado del propio San Francisco, había fundado hacia 1210 un pequeño cenobio que precedería al posterior traslado al convento de San Francisco de la Plaza Mayor.

Visión de Santa Teresa en Río de Olmos. Rubens, 1630.
Museo de Bellas Artes de Amberes.
Tal enclave era conocido como Río de Olmos, situado a "un cuarto de legua" de Valladolid, ante el que la madre Teresa se mostró reticente en principio, pero que acabó aceptando por la devoción y el insistente interés del fervoroso donante don Bernardino de Mendoza, que murió en Úbeda poco tiempo después de hacer la donación. Allí la madre Teresa, con la ayuda del clérigo Juan de Ávila, se ocupó de hacer construir las tapias de la clausura y acondicionar unas modestas dependencias conventuales, lo que permitió la toma de posesión del monasterio el 15 de agosto de 1568, día de Nuestra Señora de la Asunción.

Según confiesa la carmelita emprendedora, precisamente en la primera misa celebrada en dicho paraje de Río de Olmos, tuvo una visión mística en la que pudo comprobar que sus súplicas por la salvación del purgatorio del alma del donante, por haber realizado tan importante obra de misericordia, habían sido atendidas. El relato de esta visión sobrenatural, tan comentada por entonces en la ciudad, fue conocido por Rubens durante su estancia como embajador en Valladolid en 1603 y plasmado en 1630 en una pintura en la que aparece la santa, a orillas del Pisuerga, intercediendo ante Cristo para sacar a don Bernardino de Mendoza del purgatorio, que es la escena representada en la obra que actualmente se conserva en el Museo de Bellas Artes de Amberes.

Al poco tiempo llegaba al sencillo monasterio de Río de Olmos el carmelita descalzo fray Juan de la Cruz, cuyo primer encuentro con Teresa de Jesús se había producido durante aquella estancia previa en Medina del Campo, en la que pudieron comprobar su afinidad de ideas. En aquel convento teresiano junto al Pisuerga, en el que todavía no estaba establecida la clausura, el joven fraile permaneció dos meses participando de todos los actos cotidianos, sometiéndose a un riguroso aprendizaje de la vida carmelitana bajo la dirección y el magisterio de la santa reformadora, basado en la combinación de las ideas humanistas con la experimentación del rigor y la mortificación.


Sin embargo, aquel lugar de humedales resultó ser un tanto insalubre para vivir -prácticamente enfermaron todas las monjas-, lo que unido a estar algo lejos de la ciudad para recibir las limosnas necesarias, motivó que al poco tiempo la caritativa doña María de Mendoza, esposa del comendador y antiguo secretario del emperador don Francisco de los Cobos, hermana del donante don Bernardino y de don Álvaro de Mendoza, obispo de Ávila y Palencia, madre del marqués de Camarasa y benefactora de la comunidad carmelita, plantease compadecida el abandono de aquel lugar haciendo a la monja emprendedora el ofrecimiento de comprar otra casa más cercana a la ciudad.

Encuentro de Santa Teresa con San Juan de la Cruz en Valladolid.
Juan Ruiz de Luna, 1939. Zaguán del Palacio Pimentel, Valladolid.
La compra se realizó de inmediato, siendo adquiridas el 14 de enero de 1569 unas casas que eran propiedad de don Alonso de Argüello, ex regidor de Valladolid, situadas no muy lejos del Puente Mayor y que fueron puestas a nombre de Teresa de Jesús y sus compañeras carmelitas. Mientras se acondicionaba el edificio, la comunidad habitó por breve tiempo en el palacio que el marqués de Camarasa tenía en la Corredera de San Pablo (futuro Palacio Real), adquiriendo esta familia el patronazgo de la iglesia del nuevo convento, en la que la misma doña María de Mendoza sufragaría los retablos.
El 3 de febrero siguiente, festividad de San Blas, la comunidad salió en procesión de su residencia provisional, recibiendo ánimos y felicitaciones de los vallisoletanos que salieron a su paso, para tomar posesión de la nueva fundación, situada en el Camino Real que unía la Puerta de Santa Clara y el Puente Mayor, un cenobio carmelitano consagrado bajo la advocación de la Concepción de Nuestra Señora del Carmen y ubicado a extramuros, muy cerca de la segunda muralla de la villa.

Estado actual del paraje de Río de Olmos (Barrio Cuatro de Marzo).

Durante esta estancia en Valladolid para llevar a cabo su fundación, Teresa de Jesús relata con alegría la presencia en el convento de la virtuosa dama doña María de Acuña, hermana del conde de Buendía y viuda de don Juan de Padilla y Manrique, Adelantado Mayor de Castilla, mostrando su admiración por haber educado a sus cuatro hijos con tanta virtud que todos eligieron profesar como religiosos, Antonio como jesuita, María como dominica, Luisa como franciscana y Casilda como carmelita.

En esta su cuarta fundación y de acuerdo a sus convicciones, la madre Teresa alentó a la comunidad en la búsqueda de la santidad renunciando al descanso, los regalos, las honras y las riquezas, olvidando las cosas del mundo y dedicándose a la oración. Santa Teresa visitaría su fundación vallisoletana en varias ocasiones más, la última en 1582, tres semanas antes de morir.


De aquella recordada estancia fundacional de Santa Teresa en Valladolid quedan restos tangibles de los dos asentamientos, aunque los restos del paraje Río de Olmos (en el actual Paseo de Don Juan de Austria, barrio Cuatro de Marzo) se reducen a unas cuantas ruinas de una ermita abandonada y al entorno de una fuente junto a la que el imaginario popular sitúa las interesantes conversaciones entre Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, los místicos más importantes del Siglo de Oro español, siendo recordado este hito con una cruz blanca enclavada junto a las aguas del Pisuerga, donde la fuente vierte sus aguas al río. Por el contrario, se conserva completo el segundo convento, un complejo monástico que dio el nombre de "Rondilla de Santa Teresa" a todo un barrio surgido entre 1967 y 1977 como consecuencia de la expansión industrial de Valladolid, un barrio masificado que recibió la afluencia de inmigrantes de provincias circundantes. Del mismo modo, un puente sobre el Pisuerga inaugurado el 25 de mayo de 2011 está igualmente dedicado a la Santa como recuerdo de su condición de ilustre vecina.


El conocido como convento de Santa Teresa se ajusta con fidelidad al ideal asceta de su fundadora, sin portadas monumentales, fachadas grandilocuentes ni salones suntuosos. Está constituido por un compás al que abre la portería y la entrada a la iglesia, al que se accede por la que fuera la entrada principal de la casa de los Argüello, sobre la que posteriormente se colocaría una hornacina con un busto de la santa, una iglesia transversal a la calle, de una sola nave, cabecera cuadrada y cúpula muy rebajada, un claustro cuadrado en el que se distribuyen las celdas, seguido por otro con dos galerías, las preceptivas dependencias conventuales comunitarias y una considerable huerta salpicada por tres ermitas rituales tan del gusto de la santa andariega, con funciones de retiro y recreo en contacto con la naturaleza rememorando el ambiente de los antiguos santos ermitaños, una de las cuales fue levantada por iniciativa de la monja lega Estefanía de los Apóstoles, que llegó a ejercer influencia en Felipe II, otra financiada en 1616 por la reina Margarita de Austria y una tercera de 1682 debida a don Manuel de Tordesillas y Cepeda, descendiente de la familia de Santa Teresa.

     En su interior se conserva la celda que ocupó por entonces Santa Teresa, después convertida en oratorio monacal. Todas las celdas son iguales, con una ventana y amuebladas por sólo una cama, siendo curioso el recuerdo de la estancia en el convento de la reformadora abulense, plasmado en una puerta con reja en la que aparece una inscripción con una queja relativa a la falta de puntualidad para hacer sonar la campana: "Si viviendo yo se hace esto, ¿qué será después de muerta?".

A pesar de haber quedado el enclave englobado dentro del ensanche de la ciudad moderna, el complejo conventual todavía respira el ambiente teresiano de austeridad y simpleza, aquel que estuviera durante mucho tiempo apartado en la denominada "Rondilla de Santa Teresa". Su sobriedad exterior contrasta con la calidad de algunas obras de arte que conserva en su interior, muchas de ellas respondiendo a las particulares devociones fomentadas por la santa, como San José, el Niño Jesús, la Virgen del Carmen o escenas de la Pasión, y otras como fruto de la celebración de su beatificación por el papa Paulo V el 24 de abril de 1614 y su canonización por Gregorio XV el 12 de marzo de 1622. Del siglo XVII es el zócalo de azulejería, una de las escasas ornamentaciones del edificio, así como el retablo mayor, en el que aparece una imagen de Santa Teresa de 1619, un San José de 1623 y una Inmaculada de 1635, todas ellas de la gubia de Gregorio Fernández, al que también pertenece una exquisita talla de 1614 conservada en el convento que representa a Cristo atado a la columna en pequeño formato.

Por todas las dependencias se reparte una infinidad de obras artísticas de todo tipo, conservadas rigurosamente en el ámbito de la clausura y relacionadas con las prácticas devocionales internas, muchas de ellas sin vigor en nuestros días, generalmente de un valor excepcional. Pueden encontrarse magníficas esculturas, como los crucificados de Alejo de Vahía y Juan de Juni, y pinturas de alta calidad firmadas por Luis de Morales, Antonio Vázquez, Bartolomé de Cárdenas, Diego Valentín Díaz, Diego Díez Ferreras o Domingo Ortiz, junto a una innumerable colección de grabados, figuras del Niño Jesús, marfiles, escaparates pasionales, relicarios, piezas de orfebrería, mobiliario y objetos personales de la santa, entre ellos varias cartas autógrafas y un manuscrito original del "Camino de Perfección".

Desde su beatificación, la figura de Santa Teresa fue considerada en Valladolid como santa propia y vecina de honor, organizando el consistorio con motivo de los reconocimientos teresianos grandes festejos públicos, como el engalanamiento de las calles, corridas de toros, concursos poéticos, etc., siendo recordados por García Valladolid los celebrados en 1886 con motivo de la declaración de Santa Teresa como patrona de la provincia eclesiástica de Valladolid por el papa León XIII.

En la fachada del convento teresiano aparece el recordatorio de una curiosa efeméride con la forma de una cruz de madera embutida en el muro, bajo la cual aparece una lápida con la inscripción “Aqvi llego el Pisverga a 4 de febrero año 1636. Alavado sea el Santísimo Sacramento”, recuerdo de los catastróficos efectos producidos por el desbordamiento del río Pisuerga, cuyas aguas alcanzaron en aquella fecha el punto álgido de unas inundaciones iniciadas el 20 de enero de aquel año que causaron grandes destrozos en la zona ribereña, entre otros lugares en el convento de Santa Teresa, en los monasterios de San Benito y San Agustín y en la parroquia de San Ildefonso y las Tenerías.

A los lados de la cruz también aparecen dos placas conmemorativas, una de ellas colocada por el Ateneo de Valladolid el 28 de marzo de 1915, para celebrar el IV Centenario del nacimiento de la Santa Doctora, y otra colocada por el Ayuntamiento de Valladolid el 10 de agosto de 1968 proclamando su nombramiento como vecina de honor en el IV Centenario de su llegada a la ciudad.


En Valladolid también apareció, gracias al talento de Gregorio Fernández, la iconografía más extendida de la santa por tierras hispánicas.

     De aquella estancia teresiana en Valladolid, quizá el paraje más sugestivo sea el de Río de Olmos, donde la fundadora mantuvo sus conversaciones con San Juan de la Cruz y donde afirmó haber tenido una de sus reiteradas visiones místicas, hoy convertido en abandonado rastro tangible de uno de los lugares recorridos por la santa andariega y situado, parafraseando al Tenorio de Zorrilla, en una "apartada orilla" del Pisuerga.


Informe: J. M. Travieso.


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4 comentarios:

  1. He vivido toda la vida en el 4 de marzo y conozco la fuente de la que hablas, pero no sé dónde están las ruinas de la ermita que mencionas. Y eso que pateaba la ribera cuando niño ¿Por dónde quedan?

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  2. Las escasas ruinas se hallan cubiertas por la maleza y bajo la carretera del Paseo Juan de Austria en el entorno de la fuente que vierte sus aguas a los pies de una gran cruz enclavada hace pocos años junto al río. La que aparece en las fotografías en color blanco. Por supuesto, de la ermita no queda nada en pie, pues fue un lugar abandonado durante mucho tiempo. He preferido no incluir una foto del estado actual de la fuente, situada junto a las ruinas, porque está pintarrajeada con "graffitis" que desvirtúan su aspecto.
    A pesar de todo, el enclave, si se busca, es fácil de localizar junto al puente de la Avenida de Medina del Campo y la Plaza del Dr. Quemada.

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  3. Buenas, soy una estudiante de filología hispánica que está haciendo el proyecto de fin de grado sobre bibliotecas de mujeres y estoy interesada en la figura de María de Acuña, por lo que tu blog me ha sido de gran ayuda, ¿sería posible que me indicaras la bibliografía que has empleado en esta entrada específica?
    Muchísimas gracias y un saludo.

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  4. Esa gran Cruz blanca que citas fue izada no con poco esfuerzo por miembros de la Asociación Cultural Amigos del Pisuerga el 26 de junio de 2010.
    Anteriormente había otra Cruz de madera al lado pero en el cauce y fue arrastrada por la riada de ese mismo año.

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