17 de mayo de 2013

Theatrum: VIRGEN DE LA SALVE, elegancia y belleza renacentista












VIRGEN DE LAS CANDELAS 
O VIRGEN DE LA SALVE
Juan de Anchieta (Azpeitia, Guipúzcoa 1538-Pamplona 1588)
Hacia 1570
Madera policromada
Iglesia de Santiago, Valladolid
Escultura renacentista española. Corriente romanista














Una de las más bellas representaciones marianas de Valladolid es esta Virgen de las Candelas que se conserva en la iglesia de Santiago y que desde 2008 ha sido recuperada para el culto y declarada patrona por la Cofradía de las Siete Palabras bajo la advocación de "Virgen de la Salve". La imagen de esta manera vuelve a asumir su antiguo protagonismo que tuvo como titular de una desaparecida cofradía fundada poco antes de 1593 y entre cuyos fines figuraba la ayuda a las niñas huérfanas.

Ignorada su autoría, ha sido atribuida durante mucho tiempo — y así todavía se presenta en el templo— al escultor Manuel Álvarez, discípulo de Berruguete y seguidor de Juan de Juni en los últimos años del siglo XVI, hasta que recientemente Luis Vasallo Toranzo, profesor de la Universidad de Valladolid, ha considerado que se trata de una obra personalísima de Juan de Anchieta, escultor de origen vasco que durante su estancia en Castilla realizó su formación junto a maestros como Juan de Juni y Gaspar Becerra, hasta llegar a convertirse en uno de los escultores más destacados del Renacimiento español, con obra muy abundante y dispersa por territorios al norte del Duero.

La Virgen de las Candelas ocupaba antaño la hornacina de un retablo colateral del presbiterio de esta iglesia vallisoletana, hoy ocupado por el fantástico grupo de Santa Ana, la Virgen y el Niño de Francisco de Rincón, pasando después a ubicarse en distintos retablos del céntrico templo hasta quedar ubicada en el otro retablo barroco del presbiterio que hace pareja con el que primitivamente tuvo. Esta bella madonna siempre ha destacado por su notable calidad, siendo una buena muestra de los apreciados trabajos de Juan de Anchieta, al que Juan de Juni, intentando recomendar a un artista apropiado para realizar el retablo de la iglesia de Santa María de Medina de Rioseco, llegó a referirse en los siguientes términos: "No ay otra persona ninguna del dicho arte de quien se pueda fiar la dicha obra sino es del dicho Juan de Anchieta, escultor residente en Vizcaya que es persona muy perita, hábil y suficiente y de los más esperitos que ay en todo este reino de Castilla".

La historiografía actual engloba gran parte de la obra que realizara Juan de Anchieta, que como hemos visto llegó a ser admirado por Juan de Juni, dentro del Romanismo, corriente de la que Gaspar Becerra fue pionero y que marca el final del Renacimiento en Castilla abriendo las puertas a los modos del Barroco, una tendencia especialmente caracterizada por la monumentalidad y la potente anatomía de las figuras. Efectivamente Juan de Anchieta, en su faceta romanista, despliega en su obra composiciones, actitudes y tipos heroicos que evidencian una pretendida influencia de los modelos de Miguel Ángel, al que se ajusta con extraordinaria precisión en algunas de las imágenes que pueblan sus retablos.

     Un buen ejemplo de los logros de su arte es esta refinada Virgen de las Candelas, una obra de ejecución impecable y afortunadamente en óptimo estado de conservación, que debió realizar en Valladolid poco antes de 1570, año en que regresó a su tierra natal. La imagen muestra a la Virgen sujetando en su brazo izquierdo al Niño, que vuelto hacia el espectador apoya sus pies en una cesta de mimbre que María porta en su mano derecha con dos tórtolas, sugiriendo el momento de la Presentación en el Templo de Jerusalén. La talla reúne todo un conjunto de detalles sutiles, propios de una obra maestra, que aportan nuevos valores a la iconografía de la Madonna, tan extendida en el Renacimiento.

La Virgen aparece de pie, con empaque, estática, solemne y con la mirada al frente en gesto imperturbable. Viste una larga túnica ajustada a la cintura por un cíngulo, ornamentada con motivos vegetales en rojo a punta de pincel sobre fondo ocre y con cuello vuelto de color rojo, que produce grandes pliegues en su caída a los pies. Por encima está recubierta por un ampuloso manto verdoso que cubre su hombro y brazo izquierdo y rodea su espalda para sujetarse al frente a la altura de la cintura. Esta decorado con grandes motivos vegetales esgrafiados y una ancha cenefa en los bordes, con roleos rojizos al exterior y dorados en el interior, originando plegados con caídas verticales y voluminosos abultamientos laterales.

Su cabeza presenta una gran serenidad, con una larga cabellera de abultados rizos concentrados hacia la izquierda, lo que deja visible su oreja derecha, una cinta dorada en la parte superior, ancho cuello y un rostro oval de facciones clásicas, destacando los ojos abultados y dispuestos en forma de media luna. Con su brazo derecho, levantado a la altura del codo y pegado al cuerpo, sujeta una cesta de mimbre que contiene una pareja de tórtolas, para lo que flexiona la mano a la altura de la muñeca con elegante ademán, mientras los dedos de la mano izquierda, en un diseño magistral, se entremezclan con el paño que envuelve al Niño. Su imagen, que sugiere una anatomía carnosa y vigorosa, recuerda a una matrona romana.

Al clasicismo de la Virgen se contrapone el dinamismo manierista del Niño, posiblemente la figura infantil más bella de toda la escultura sacra de Valladolid, cuyo modelo repite Juan de Anchieta en el grupo de la Virgen con el Niño y San Juanito de la parroquia de San Juan Bautista de Obanos (Navarra). Presenta un cuerpo desnudo orientado al pecho materno, aunque con gesto espontáneo gira su torso y cabeza hacia el espectador con curiosidad infantil. Al exquisito trabajo de su cabeza suma sus movimientos, como las manos con expresivos dedos arqueados, los pies superpuestos en el borde de la cesta y su mirada compasiva, adquiriendo sugestivos matices según el ángulo de visión.

Virgen de las Candelas. Juan de Juni
Iglesia de Santa Marina la Real, León
La talla ofrece un cuidado estudio anatómico de carácter corpulento y una composición muy compacta basada en un movimiento cerrado, así como una gran volumetría en todos sus elementos que genera fuertes claroscuros y unos pliegues muy redondeados y suaves que sugieren el modelado en barro, siguiendo de cerca los modos de Juan de Juni, completándose con una policromía preciosista que realza su afán de naturalismo.

La imagen solamente es comparable en originalidad y suavidad del modelado a la Virgen de las Candelas de Juan de Juni que se conserva en la iglesia de Santa Marina la Real de León, aunque todo lo que en aquella es movimiento y dinamismo en la obra de Juan de Anchieta es reposo y serenidad, cambiando lo que pudiera ser una escena cotidiana por otra algo más distante y majestuosa, sin precedentes en el repertorio renacentista castellano a pesar de la influencia juniana. Una verdadera joya del talento creativo de Juan de Anchieta.
 

Informe: J. M. Travieso.






Virgen de la Salve en su retablo de la iglesia de Santiago, Valladolid

Bibliografía:

VASALLO TORANZO, Luis. Juan de Anchieta. Aprendiz y oficial de escultura en Castilla (1551-1571). Universidad de Valladolid, 2012.










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