1 de julio de 2026

Visita virtual: SAN SERVANDO Y SAN GERMÁN, los hermanos mártires patronos de Cádiz


 



SAN SERVANDO Y SAN GERMÁN

Talla: Luisa Roldán, la Roldana (Sevilla, 1652-Madrid, 1706)

Policromía: Tomás de los Arcos (1661-post 1711)

1687

Madera policromada y postizos

Catedral de Cádiz

Escultura barroca. Escuela sevillana

 

 



     Corría el año 1617 cuando en Cádiz se hacía realidad una idea que había sido impulsada desde mucho tiempo atrás por el erudito e historiador de la ciudad Agustín de Horozco: la elaboración para el municipio de la representación escultórica de los santos Servando y Germán, nombrados patronos de la ciudad (honor compartido con Mérida y como copatronos de San Fernando). Este trabajo fue llevado a cabo dos años más tarde por Francisco de Villegas, que, en lugar de presentarlos como hombres maduros, barbados, vistiendo túnicas y mantos tradicionales, sujetando el alfanje musulmán de su martirio e identificados con caracteres latinos bajo las figuras, tal y como aparecen a mediados del siglo XVI, en el púlpito de Santa Eulalia de Mérida, les presentaba atléticos e imberbes, caracterizados como jóvenes soldados coronados que ensalzan la cruz y sujetan la palma del martirio que sufrieran en tiempos de Diocleciano.

El 10 de marzo de 1687, 70 años después, el Ayuntamiento de la ciudad decidió renovar las imágenes de los santos patronos que eran protagonistas en su festividad y participaban en la procesión del Corpus. En ese momento residían de Cádiz el escultor Luis Antonio de los Arcos y su esposa doña Luisa Roldán —la única mujer escultora en ese momento—, que atendían encargos en la ciudad. 

     Esta pareja de escultores, junto a Tomás de los Arcos —hermano de Luis Antonio— que se ocupaba de la policromía, acordaron con el consistorio la nueva elaboración de los dos santos por 6.000 reales. Terminados estos se completaría el rico ajuar de los dos mártires siguiendo los gustos del momento, con nuevas piezas postizas, como coronas, grilletes, cruces y palmas, conjunto de accesorios realizados en plata por el orfebre Juan de la Serna. Aportaciones finales serían las parihuelas procesionales y unas vitrinas para depositar las esculturas en la catedral, trabajos llevados a cabo por el ensamblador Juan Soriano.     

La pareja de esculturas entregadas por Luisa Roldán, conocida popularmente como La Roldana, presenta una novedosa iconografía que, inspirada en la que realizara dos décadas antes Alonso Martínez para el retablo mayor de la catedral gaditana, se convertiría en el arquetipo seguido por pintores y escultores para realizar obras devocionales con las efigies de los hermanos mártires y rendir honores a los santos patronos. 

Dos hermanos mártires como patronos de Cádiz

Según las actas martiriales, Servando “el que guarda” y Germán “guerrero lancero”, nacieron en Mérida en el seno de la extensa familia formada por dos santos, el centurión Publio Elio Marcelo, venerado como San Marcelo —también mártir por declarar su fe cristiana y por negarse a celebrar la fiesta del nacimiento del emperador Valerio— y su esposa santa Nonia. Servando y Germán, martirizados en Cádiz hacia el año 290, tuvieron otros diez hermanos igualmente mártires. Ese mismo año Claudio, Lupercio y Victorio fueron martirizados en Galicia y Emeterio y Celedonio en Calahorra. En 303 Fausto, Januario y Marcial sufrían martirio en Córdoba y dos meses después Acislo y Victoria en la misma ciudad, de donde son patronos. 

Servando y Germán fueron delatados de ser cristianos por sus propios compañeros en tiempos de Diocleciano, tras lo cual lo confesaron abiertamente, por lo que fueron apresados, encadenados y encerrados en prisión. Ambos fueron puestos en libertad cuando acabaron las persecuciones de Adriano, comenzando a predicar con valentía por la zona, pero Viator, prefecto romano en Mérida, les detuvo de nuevo y les sometió a insufribles torturas, aunque demostraron una gran resistencia ante la falta de agua y comida. Fue en tiempos de Diocleciano cuando el prefecto decidió llevarlos consigo a Tingitana (Marruecos), realizando los hermanos el camino de Mérida a Cádiz descalzos y cargados de cadenas, por lo que Viator, temeroso de que sucumbieran en el esfuerzo, el 23 de octubre de 290 ordenó fuesen degollados en Collado Ursoniano, donde, según una leyenda de finales del XVI, se levantaría la Ermita del Cerro de los Mártires (San Fernando, Cádiz). Sus cuerpos permanecerían en ese lugar hasta que los restos de Servando fueron trasladados a Sevilla y los de Germán a Mérida, comenzando a recibir culto en el siglo VII. 

Estancia de Luisa Roldán en Cádiz

En 1685 Luisa Roldán y su marido Luis Antonio de los Arcos, en compañía de Francisco José Ignacio, su quinto y único hijo vivo, se trasladaron a Cádiz intentando mejorar su situación familiar mediante su trabajo para el Cabildo catedralicio, del que recibió el encargo de realizar figuras de patriarcas y de ángeles para el Monumento. Por esas fechas Luisa Roldán entregaba a la catedral el magnífico Ecce Homo que encargara un alto funcionario de la corte de Felipe V para su capilla en el convento madrileño de Montserrat, obra que actualmente preside en Cádiz un altar catedralicio y que posiblemente fue una obra realizada previamente en su taller sevillano, como lo fue el dramático Ecce Homo que en la modalidad de busto recibe culto en la iglesia parroquial de San Francisco y San Eulogio de Córdoba, en el que la escultora repite la misma iconografía. Más tardío (1700-1706) es otro magnífico busto de Ecce Homo, en el que intervino Tomás de los Arcos como policromador, que conserva la Hermandad de la Redención de León. Como elemento común, la modalidad iconográfica de esta serie se inspira en el célebre grabado de Durero de 1512. 

     Como ya se ha comentado, es en 1687 cuando Luisa Roldán recibe el encargo de realizar las imágenes de los santos patronos San Servando y San Germán, cuya autoría quedó desvelada al encontrarse en el interior de San Servando un documento que declara: “Diseñado por Pedro Roldán, hecho por Luisa Roldán y dorado y estofado por Luis Antonio de los Arcos”, lo que  confirma la habitual colaboración de la escultora en los encargos de su padre y la participación de su esposo —como titular del taller— en la elaboración de algunos encargos.

En esta etapa gaditana Luisa Roldán realizó notables esculturas para Cádiz y algunas poblaciones de la zona, como el San José con el Niño de la iglesia de San Antonio de la capital, cuya figura infantil repite la iconografía del San Antonio de Padua de la iglesia de Santa Cruz. También se le atribuye el grupo de la Sagrada Familia del convento de Nuestra Señora de la Piedad. Algunas obras se han perdido, como la admirable Magdalena realizada por La Roldana para la Cofradía del Nazareno, destruida en 1936.

     No faltaron imágenes de gran formato e iconografía de raigambre sevillana realizadas para distintas hermandades, destacando la imagen de Nuestra Señora de la Soledad, documentada en 1688, de la iglesia conventual de la Victoria de Puerto Real (Cádiz), donde también se le atribuye un Cristo yacente y una representación de San Francisco de Paula.

De acuerdo a los postulados doctrinales de la Contrarreforma durante el siglo XVII se generalizó la iconografía aislada del Niño Jesús como un ser humanizado, en la mayoría de los casos desnudo y en ocasiones sufriente y desvalido, cuyas imágenes, fáciles de colocar por su discreto formato, adquirieron un gran protagonismo en oratorios, iglesias, cofradías y dependencias conventuales. Luisa Roldán, magistral artífice de figuras infantiles, aplicó sus conocimientos en el realismo barroco realizando la peculiar iconografía del Niño Jesús quitapesares, como el conservado en el monasterio sevillano de San Leandro, donde la escultora presenta la figura infantil con un enorme naturalismo, elegancia de movimientos y la habitual dulzura en el gesto, superando en sensibilidad las obras de su padre Pedro Roldán. 

San Servando y San Germán interpretados por La Roldana

En la elaboración de las imágenes catedralicias Luisa Roldán contó con la colaboración de su esposo Luis Antonio de los Arcos, así como con su cuñado Tomás de los Arcos como autor de las labores de policromía. Para las tallas, la escultora se inspiró en algunos recursos de los santos mártires elaborados dos décadas antes por Alonso Martínez para el retablo mayor de la catedral de Cádiz, presentando a los dos hermanos de forma idéntica, tan solo diferenciados por el trabajo de las cabezas.

Ambos aparecen de pie, en posición de contrapposto, con gestualidad simétrica, portando idénticos atributos y vistiendo indumentarias a la romana resueltas con una gran fantasía (una cabeza de querubín en el pecho, cabezas de león en las hombreras, etc.). En ellas destaca el uso de un tipo de coraza que como en algunos modelos de ángeles se estrechan en la cintura, teniendo su contrapunto en el ensanchamiento de las caderas, lo que produce una mayor amplitud y movimiento en el faldellín, contraste que proporciona un gran dinamismo al conjunto. De igual manera, ambas figuras comparten el uso de una suerte de borceguíes retenidos por cepos sujetos a los tobillos.

     Contrariamente a los cuerpos, los rasgos faciales de las cabezas están trabajados como retratos individualizados que comparten su juventud, con rostros de mirada perdida y boca entreabierta resueltos con un gran naturalismo, contribuyendo a su expresividad las abultadas y largas cabelleras.


En ambas esculturas es llamativa la policromía retocada en 1715 y completamente renovada por el genovés Francisco María Mortola en 1756 sustituyendo a la policromía original, momento en que los estofados planos aplicados habitualmente por Tomás de los Arcos en las esculturas de La Roldana fueron sustituidos por otros con aplicaciones de yeso en considerable relieve1, aunque, por un estado de cuentas de 1687, se sabe que Francisco María Mortola reprodujo de la obra original tanto la aplicación de cristales de Bohemia en las vestiduras como las labores de encajes de oro en los remates de las túnicas (postizos retirados durante el siglo XX). Durante esa intervención también debieron reelaborarse las peanas. 

Anónimo, s. XVI. San Servando y San Germán
Púlpito de la iglesia de Santa Eulalia, Mérida

     No obstante, los elementos polícromos que conforman la imagen que puede apreciarse en la actualidad fueron aplicados en 1856 por José Morilla y Francisco Fatou, que retocaron las encarnaciones y los estofados. Son especialmente llamativas las series de gemas multicolores (azul, verde, rojo y blanco) engastadas en la pechera de la coraza y en los cinturones, elementos que se suman a otra serie de postizos, como los ojos de vidrio y todo el ajuar de ricos atributos en plata.

Todo el conjunto de atributos que comparten los dos santos mártires fueron realizados por el orfebre Juan de la Serna, artífice de las coronas de plata repujada en forma de nimbo que lucen sobre sus cabezas, de los firmes grilletes que retienen sus tobillos, de las cadenas de amplios eslabones fijas a las muñecas, de las cruces que enarbolan proclamando su fe y de las palmas de gran tamaño que delatan su martirio. Durante el año 2023 finalizaron los trabajos de restauración, financiados por la Junta de Andalucía, que han conseguido devolver a las figuras su magnificencia original.


LUISA ROLDÁN
Ecce Homo, 1684. Catedral de Cádiz

     Contemplando esta pareja de esculturas puede deducirse que son las efigies devocionales más bellas creadas para representar a los santos mártires patronos, convirtiéndose en modelo de inspiración iconográfica para otros artistas, como ocurre en las esculturas marmóreas que presiden la Plaza de la Constitución de Cádiz, creadas en 1705, en el óleo de 1806 realizado por Franz Xavier Riedmayër, pintor alemán afincado en Cádiz desde finales del siglo XVIII, conservado en la catedral de Cádiz, o en el grupo escultórico realizado hacia 1851 por un escultor anónimo filipino que utiliza marfil en las encarnaduras, pareja enviada desde la ciudad de Manila por el dominico gaditano Fray Rafael de Castro y que actualmente se custodia en el Museo de la catedral de Cádiz, donde popularmente recibe la denominación de “Los chinos”.   

 

Informe y fotografías: J. M. Travieso.

 





LUISA ROLDÁN
Ecce Homo, hacia 1684. Iglesia de San Francisco, Córdoba
Notas 

1 ALONSO DE LA SIERRA FERNÁNDEZ, Lorenzo: Santos Servando y Germán, 1687. Catálogo exposición “Luisa Roldán, escultora real”, Museo Nacional de Escultura, Fundación de Amigos del Museo Nacional de Escultura, Valladolid, 2024, pp. 167-169.

 







LUISA ROLDÁN
Ecce Homo, hacia 1684. Iglesia de San Francisco, Córdoba









LUISA ROLDÁN
Ecce Homo, 1700-1706. Cofradía de Nuestro Señor Jesús de la Redención, León












LUISA ROLDÁN
Nuestra Señora de la Soledad, 1688
Iglesia de la Victoria, Puerto Real (Cádiz)

OTRAS ESCULTURAS DE LA ATAPA GADITANA DE LA ROLDANA






















LUISA ROLDÁN, atribuido
Cristo yacente, 1688
Iglesia de la Victoria, Puerto Real (Cádiz)
























LUISA ROLDÁN, atribuido
San Francisco de Paula, 1688
Iglesia de la Victoria, Puerto Real (Cádiz)
























LUISA ROLDÁN
Niño Jesús Quitapesarees. Monasterio de San Leandro, Sevilla























 Monumentos a San Servando y San Germán, 1705
Plaza de la Constitución, Cádiz


















Franz Xavier Riedmaÿer
Santos Servando y Germán, 1806. Catedral de Cádiz























Anónimo, Escuela Filipina, San Servando y San Germán, h. 1851
Museo de la Catedral de Cádiz













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