28 de septiembre de 2010

Visita virtual: LA VOCACIÓN DE SAN MATEO, prodigioso juego de luces y sombras



LA VOCACIÓN DE SAN MATEO
Michelangelo Merisi, Caravaggio (1571, Milán - Porto Ércole, Grosseto 1610)
1599-1602
Óleo sobre lienzo
Capilla Contarelli, Iglesia de San Luis de los Franceses de Roma
Pintura barroca. Primera época. Corriente tenebrista

     En 1560 el cardenal francés Matteo Contarelli adquirió una capilla en la iglesia romana de San Luis de los Franceses y en su testamento dejó ordenado que a su muerte, que se produciría veinte años después, se realizase una decoración de la capilla con escenas relativas a san Mateo, su santo patrón, tanto en el altar como en los muros. Para los trabajos dejó reservados unos fondos, con las correspondientes instrucciones, de las que se ocupó su albacea Virgilio Crescenzi, que tardó más de diez años en materializarlo.

     En un primer momento se le solicitaron los trabajos a un pujante pintor al que ya le había sido encomendada la decoración de la bóveda del templo: Giuseppe Cesari, más conocido como Cavalier D'Arpino. Este era un pintor manierista, activo en Roma, en cuyo taller había acogido a Caravaggio a su llegada a la ciudad y que estaba muy bien relacionado con la alta sociedad romana por ejercer como pintor de cámara del papa Clemente VIII. Pero éste, debido a sus compromisos papales y a pesar de haber cobrado un anticipo, no pudo ocuparse de la capilla Contarelli, de modo que en 1599 la obra fue finalmente encargada a Caravaggio por recomendación del cardenal Francesco Maria Del Monte, embajador del duque de Toscana en el Vaticano, que ya le había adquirido dos pinturas y acogido en su casa. El pintor, que estaba establecido por su cuenta desde 1594, era un desconocido, lo que suponía el primer encargo eclesiástico de cierta importancia en un momento en que la Iglesia contrarreformista necesitaba dotar de imágenes a los nuevos templos.

     El encargo solicitado consistía en realizar una escena para la pala de altar con la imagen de "San Mateo Evangelista", inspirado por un ángel, y otros dos grandes lienzos para las paredes laterales con episodios de su vida, por un lado "La vocación de san Mateo" o el momento en que es elegido por Cristo como uno de los Apóstoles, y por otro "El Martirio de san Mateo", siguiendo una tradición no confirmada que afirmaba que el apóstol había sufrido martirio en Etiopía.

     La obra presentada por Caravaggio fue tan novedosa en todos los aspectos que su ruptura conceptual no fue bien comprendida desde el primer momento, a pesar de que el gremio de pintores, sobre todo los más jóvenes, mostraron enseguida su admiración por el excesivo realismo y por no usar dibujos preparatorios, calificándole como el mejor artista de la naturaleza y como un auténtico milagro sus efectos de luz.

     Una de sus principales aportaciones a la pintura fue la intensidad del claroscuro, un fuerte contraste entre luces y sombras conocido como "tenebrismo" que se traducía en un realismo muy emocional, un factor que después definiría a la pintura barroca en general. Pero en sus pinturas no sólo era novedoso el uso de la luz, sino también los modelos humanos utilizados, inspirados en las capas populares y considerados por algunos como vulgares, así como la forma explícita de mostrar el dramatismo, un hecho que en su tiempo originó la aparición tanto de admiradores como de detractores.

     En la propia Capilla Contarelli el pintor conocería el primer gran escándalo de su carrera cuando presentó la imagen central de san Mateo como un hombre anciano con aspecto de jornalero, con arrugas en la frente y aspecto de cansancio, una imagen que contrastaba con el ángel adolescente, casi niño, dirigiendo la mano del evangelista al escribir como si fuera un iletrado. Estos fueron los motivos expresados al ser rechazada la obra, por lo que tuvo que pintar una nueva versión más ajustada a los criterios imperantes en la pintura sacra y al gusto de los comitentes, que es la que puede verse en la actualidad. La anterior versión fue destruida durante el bombardeo de Dresde, ciudad a la que fue trasladada en 1811 por Jerónimo Bonaparte, existiendo el testimonio de la imagen en fotografías en blanco y negro.

LA VOCACIÓN DE SAN MATEO

     Es una obra de gran formato, 3,22 x 3,40 metros, pintada al óleo sobre lienzo, que fue la primera en ser acabada por Caravaggio para la Capilla Contarelli, cuyo conjunto fue asimismo una de sus primeras obras presentadas en público con una nueva interpretación realista que le proporcionó gran popularidad. También era la obra de mayor formato realizada por el pintor hasta entonces y con mayor número de personajes, pero sobre todo supuso la representación de un pasaje evangélico como una escena de la vida cotidiana, en un espacio sórdido y tabernario fácilmente reconocible por los romanos, un reflejo del ambiente convulso en que el pintor se movía con pericia, mezclando el refinamiento formal con la vulgaridad de los personajes, un criterio revolucionario para la pintura religiosa de su tiempo, obligada a seguir las directrices contrarreformistas emanadas del Concilio de Trento.

     Como es habitual en su obra, la pintura ofrece una composición muy estudiada y está realizada con medios muy restringidos que no distraen la atención y concentran la emoción en los personajes. Caravaggio se atiene escrupulosamente al pasaje evangélico de Lucas que le fue solicitado: “Después de esto, salió y vio a un publicano llamado Leví, sentado en el despacho de impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él, dejándolo todo, se levantó y le siguió” (Lc. 5, 27-28). La pintura se localiza espacialmente en un despacho de impuestos a modo de sótano, con Leví rodeado por sus ayudantes en el momento de recontar las monedas recaudadas en el día y a Jesús, acompañado de Pedro, señalándole con el dedo al pronunciar la frase "Sígueme". Sentados alrededor de una mesa se hallan cinco personajes de edades y aspecto diferente. Dos de los tres jóvenes lucen sombreros de plumas y uno de ellos una espada, mientras un anciano funcionario con lentes se afana en el recuento de monedas para reflejarlo con la pluma, el tintero y el libro de cuentas que hay encima de la mesa. El recaudador Leví responde extrañado con un gesto incrédulo a las palabras que recibe de Cristo en el momento en que irrumpe en la sala acompañado de Pedro. En definitiva, un instante detenido en el tiempo en el que el cruce de miradas sugiere como la vida de un hombre va a cambiar por completo.

     El resto son sutiles matices que no pasan desapercibidos, como el haz de luz que entra por una ventana alta y libera de la penumbra a los personajes. Una ventana que no se ve y que está colocada en la misma dirección en que entra la luz natural en la capilla y cuya marca en la pared parece indicar a quién se dirige Cristo, estableciendo al tiempo una parte superior iluminada y otra inferior en penumbra. De igual manera, la contraventana del fondo, colocada en escorzo, establece dos zonas diferenciadas de sombras y luz, convirtiéndose en una metáfora de la vida de Leví antes de ser elegido por Jesús y su nueva vida como el apóstol Mateo.

     La escena principal reproduce un ambiente casi tabernario y subterráneo, con un grupo de personas anacrónicamente vestidas a la moda de la época en se hace la pintura, mientras Cristo y Pedro lucen una indumentaria bíblica que podría calificarse de intemporal. Los personajes representan ciudadanos romanos comunes, sin ningún tipo de idealización y de distintas edades que oscilan desde la madurez de Mateo y el personaje que está a su lado con lentes a la juventud de los otros tres, uno de ellos casi un niño con aspecto asustado. Predomina un ambiente intimista en el que el pintor permite participar al espectador, sugiriendo que con Cristo llega la luz y rescata a Mateo de su preocupación por el dinero, todo ello sugerido por el lenguaje de las manos y los gestos que definen distintas reacciones humanas. Mateo al ser señalado duda y pregunta a Cristo si se refiere a él, dos jóvenes muestran sorpresa al escuchar las palabras y otros dos ignoran a Jesús concentrados en el recuento del dinero, estableciéndose un contrapunto, una colisión, entre el ambiente mundano de Leví, rodeado de personajes lujosamente vestidos y armados, y la austeridad de Jesús y Pedro, que incluso caminan con los pies descalzos.

     Un análisis detenido permite apreciar el gran parecido de la mano con la que apunta Jesús y la que muestra Adán al despertar en el fresco de la Creación del Hombre de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, con lo que Cristo podría adquirir el significado del nuevo Adán. Tampoco es arbitraria la colocación de Pedro entre Cristo y los hombres, representando a la Iglesia Católica y su papel mediador entre lo divino y lo humano, de modo que sobre la escena domina una alusión velada a la salvación y la vía para conseguirla repitiendo los gestos instituidos por Cristo, es decir, los sacramentos, aquellos que fueron rechazados por los luteranos y que la Iglesia reafirmó en el Concilio de Trento. Avala esta interpretación el hecho de que las radiografías realizadas a la pintura revelen que en principio no estaba incluida la figura de Pedro, realizando Caravaggio la modificación sobre la marcha.

     En esta obra Caravaggio se decanta decididamente por la técnica tenebrista, creando un nuevo estilo, como recurso para no distraer la atención con elementos pintorescos o paisajes y concentrar el interés en las reacciones humanas, expresadas con un fuerte realismo y por personajes verosímiles, incluso humildes, alejados del antinaturalismo de los manieristas, sirviéndose de la luz para liberar de las tinieblas todo aquello que le interesa destacar en cada narración, estableciendo un fuerte contraste entre las zonas oscuras y los colores vivos e intensos, siempre sin precisar los contornos y a través de sutiles manchas de color.

     Asimismo la profundidad de su pintura no se basa en una rigurosa perspectiva lineal, sino a través de una estudiada composición de líneas convergentes, diagonales, series de escorzos y primeros planos resaltados por los juegos de luz, recursos con los que llega a establecer una profundidad que sugiere efectos atmosféricos.

     Todo esto se aprecia en la Vocación de San Mateo, donde la belleza de la pintura radica en la absoluta naturalidad del momento representado, aunque la auténtica intención sea plasmar el mensaje espiritual de cómo Jesús entra en la vida de Mateo como un rayo de luz y le libera de las tinieblas. Con esta obra Caravaggio inició su andadura por el tenebrismo, una técnica en la que, aunque no fuera su auténtico creador, sí se convirtió en su principal seña de identidad hasta llegar a convertirse en su representante por excelencia, dando lugar a un efectista uso de la luz que fue seguido por una multitud de pintores barrocos en toda Europa.

Informe: J. M. Travieso.

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