4 de noviembre de 2011

Historias de Valladolid: TERESA GIL, una dama tan célebre como desconocida


     Teresa Gil es el nombre que lleva una de las principales arterias de Valladolid, una calle cuyo nombre les es particularmente familiar y reconocible a los vallisoletanos, no así la identidad de la dama en cuyo honor se rotuló tan céntrica vía, un personaje célebre por el nomenclátor callejero, pero apenas identificable por los miles de transeúntes que la recorren a diario.

     Dicha calle fue víctima de la piqueta despiadada en el siglo XX, especialmente durante los años 60 y 70, cuando los sillones del Consistorio y otras instituciones fueron ocupados por responsables de escasa sensibilidad artística y manifiesto desinterés por el pasado histórico de la ciudad. A pesar de todo, conserva la impronta de su antigua idiosincrasia, cuyo trazado estuvo ocupado en su día por destacados palacios urbanos y diversas fundaciones religiosas, la mayor parte desaparecidas. Pero no vamos a referirnos al triste destino de aquel patrimonio irrecuperable, sino que intentaremos aproximarnos a la figura de aquella dama tan célebre y desconocida al tiempo, la que da nombre a la calle en que residió en pleno centro de Valladolid.

     Las pesquisas realizadas por los historiadores vallisoletanos de tiempos pasados, como Juan Antolínez de Burgos, Casimiro González García-Valladolid y Manuel Canesi, atribuyéndole el título de infanta de Portugal, o la afirmación de Juan Agapito y Revilla de que era hija natural de Alfonso III de Portugal, no hicieron más que complicar el esclarecimiento de la verdadera identidad de aquella mujer que vivió en Valladolid en las postrimerías del siglo XIII e inicios del XIV, sumiendo su figura en una nebulosa de datos contradictorios, casi siempre erróneos, que devinieron en un rompecabezas histórico.

     En este empeño disponemos de cuatro referencias que pueden servirnos de punto de partida. La primera pista la encontramos en Valladolid, pero no en ninguno de los edificios de la calle que habitara, sino en un sencillo retrato que aparece rotulado con su nombre y que durante años ha permanecido oculto en la clausura del monasterio de las Huelgas Reales (ilustración 2). En él aparece vestida con el hábito blanco de la orden cisterciense y portando en su mano derecha un manojo de llaves, lo que indica que ocupó el cargo de abadesa. En efecto, Teresa Gil fue la primera de sus abadesas conocidas, cargo que ejerció en dos periodos, el primero entre los años 1282 y 1298 y el segundo de 1305 a 1310, por lo que dicha efigie debe considerarse como una recreación realizada más de trescientos años después de su fallecimiento, lo que explica su aspecto idealizado, muy alejado de lo que pudiera considerarse un auténtico retrato.

     Los otros tres referentes testimoniales se encuentran en el convento del Sancti Spiritus de Toro, por ella fundado y regido. Primero en una inscripción que aparece sobre la portada de la iglesia, después en otra inscripción que recorre su sepulcro, ubicado en el coro del convento, y finalmente en el testamento original de Teresa Gil, otorgado en Valladolid el 16 de septiembre del año 1307, que se conserva íntegro en las dependencias de aquel convento toresano, hoy ocupado por monjas dominicas.

     La información que conocemos sobre aquella dama fueron primeramente aportados en el siglo XVIII por el historiador cántabro Rafael de Floranes y en nuestro tiempo por los historiadores portugueses José Augusto de Sotto Mayor y Leonina Ventura, contribuyendo de forma decisiva a desvelar su identidad el estudio realizado y publicado en 2010 por el doctor José de Castro Lorenzo, que precisamente tiene su consulta en la calle Teresa Gil y ha sido capaz de recomponer el complicado puzzle de su biografía y lograr desvelar una serie de imprecisiones hasta entonces dadas por buenas.

ORIGEN Y PROCEDENCIA DE TERESA GIL DE RIBA DE VIZELA

     Teresa Gil pertenecía a una familia llegada a Castilla desde Portugal, que ostentaba el linaje de Riba de Vizela en la comarca de Guimaraes, entre el Miño y el Duero. Había nacido entre 1250 y 1255 en Tagilde, población perteneciente a la parroquia de San Salvador, arzobispado de Braga, y era hija de María Anes de Maia y Gil Martín, a su vez hijo de Martín Anes y Estefanía País. Teresa Gil era la menor de cuatro hermanos, Martín Gil I, Constanza Gil y Guiomar Gil, conociéndose que su padre ocupó los cargos de teniente de Penela, gobernador de Sintra y mayordomo mayor de Sancho II de Portugal, al que acompañó en su exilio a Castilla hasta la muerte del monarca en Toledo en 1248. Después ejerció de nuevo en Portugal como mayordomo mayor de Alfonso III el Reformador hasta 1264, momento en que por desavenencias con este regente regresó a Castilla, permaneciendo al servicio de la corte de Alfonso X el Sabio hasta que falleció en los primeros días de 1275.

     Gil Martín y sus descendientes obtuvieron un rico patrimonio tanto por las mercedes recibidas en virtud a sus servicios prestados en Portugal a los reyes Sancho II, Alfonso III y don Dionis, y en Castilla a Alfonso X, como por las alianzas matrimoniales familiares y oportunas compras territoriales, alcanzando con gran rapidez la categoría social de ricos-hombres, familia con linaje y grandes posesiones, en definitiva, una posición muy acomodada al disponer de bienes tanto en Portugal como en Castilla.

     Se desconocen los datos de juventud de esta dama de origen portugués y reconocida como ricahembra de Castilla, aunque puede afirmarse que Teresa Gil llegó con su familia a Castilla alrededor de 1260, estableciéndose en Valladolid desde que quedara huérfana en 1275, gozando de la protección de su hermano Martín Gil I, que acompañó a Alfonso X en la campaña de Sevilla de 1284 y llegó a ser alférez mayor del rey portugués Don Dionis, hijo y heredero de Alfonso III.

TERESA GIL EN VALLADOLID

     Teresa Gil vivió en Valladolid, en los años finales del siglo XIII, en la calle que después llevaría su nombre, seguramente en la casa que transcurrido el tiempo sería conocida como "Casa de las Aldabas" (desaparecida en 1963), situada a la derecha del actual convento de Porta Coeli, palacio en el que nacería Enrique IV el 25 de enero de 1425 y que fue reformado a principios del XVII cuando fue adquirido por don Rodrigo Calderón. Esta vecina de Valladolid recibió en 1276 del rey Alfonso X los derechos señoriales de la villa de Sabugal, próxima a Guarda, y en 1283 de Arroyo, perteneciente hasta entonces a la Orden de San Juan, y Zaratán, dependiente de la Orden del Temple, dos pequeñas poblaciones en las inmediaciones de Valladolid en las que ostentó su señorío y de donde comenzó a percibir la recaudación de impuestos. Otro privilegio obtenido fue el arriendo vitalicio, por concesión de su protector Sancho IV en 1291, del monasterio de la Santa Espina.

     Y es que durante su estancia en Valladolid, se especula que su vinculación a los ambientes regios estuviera motivada por su condición de favorita o amante de Sancho IV el Bravo, lo que explicaría los muchos favores recibidos. Lo cierto es que cuando este rey contrajo matrimonio con doña María de Molina en junio de 1282, Teresa Gil, siguiendo una práctica habitual, como amante tuvo que retirarse del ambiente cortesano, siendo nombrada primera abadesa perpetua del recién fundado monasterio cisterciense de las Huelgas Reales, en el primitivo edificio del arrabal de San Juan (actual calle de Santa Lucía), cargo que estuvo ocupando por un primer periodo de dieciséis años.

     No obstante, debe interpretarse esta misión como un destino impuesto por las circunstancias, lo que explica el que a pesar de ejercer como abadesa nunca llegara a tomar el hábito del Císter, ni ningún otro, ni que dispusiese ser enterrada con él. También justifica que dispusiera de sus múltiples propiedades de forma personal y que como abadesa estas no pasaran al monasterio. A pesar de ser una mujer piadosa, tampoco cita en su testamento a la comunidad cisterciense, siendo un dato ilustrativo el que en sus últimas voluntades dispusiera la fundación de un convento en Toro bajo la advocación del Salvador y que la reina María de Molina le contradijera dedicándolo al Sancti Spiritus.

     Teresa Gil ocupó de nuevo el cargo de abadesa de las Huelgas Reales desde 1305 hasta su muerte, acontecida en Valladolid en 1310, tomando el relevo tres años más tarde doña María Fernández Valverde, la abadesa que recibió de María de Molina en 1320 la donación de su palacio de recreo para reconstruir el primitivo monasterio, que había sucumbido en un incendio, motivo por el que se considera a la reina fundadora del mismo. De este modo, las dos mujeres, supuestamente rivales respecto a los amores del rey Sancho, pasarían a la historia como fundadoras de sendos conventos, uno en Toro y otro en Valladolid.

MONASTERIO DEL SANCTI SPIRITUS DE TORO

     Teresa Gil, por disposición de su testamento, otorgado en Valladolid el 16 de septiembre de 1307, fundó el monasterio del Sancti Spiritus de Toro (ilustración 7), al que nombró heredero de todos sus bienes, responsabilizando de su cumplimiento a la reina María de Molina. Efectivamente, de hacer realidad sus deseos se ocuparon personalmente María de Molina primero, durante el reinado de su hijo Fernando IV, y su nieto Alfonso XI después, siendo puesta la primera piedra del convento el 28 de agosto de 1316 por don Rodrigo, arzobispo de Santiago y canciller del reino de León.

     Para dejar constancia de ello, el año 1682 la abadesa del convento mandó colocar sobre la portada de la iglesia toresana una lápida con la siguiente inscripción: "Reinando en Castilla el rey don Fernando IV fundó este convento la serenísima señora doña Teresa Gil de Castilla, hermana del rey don Dionis I de Portugal. Está enterrada en el coro, donde yace también la reina doña Beatriz de Portugal, habiendo vivido en esta Real casa 40 años. Y la infanta doña Leonor, hermana del rey D. Fernando de Aragón, que fue priora en ellas muchos años. Fundose el de 1300. Hiciéronse estas armas siendo priora doña Isabel Girón. Año 1682".

     Está claro que la leyenda incluye toda una serie de errores históricos, pues ni Teresa Gil tenía un linaje vinculado a Castilla ni era hija de Alfonso III de Portugal y, por lo tanto, hermana de don Dionis, siendo este escrito lapidario una de las causas que contribuyeron a dificultar la determinación de la verdadera identidad de la mujer portuguesa.

     Tras la muerte de Teresa Gil en Valladolid, acontecida el 4 de octubre de 1310, sus restos fueron depositados en el convento de Santo Domingo de Zamora mientras se realizaban las obras del convento toresano, que ya estaba habitado en 1330 y prácticamente ultimado en 1345, año en que, cumpliendo la voluntad de la fundadora, sus restos fueron depositados en un sencillo sepulcro colocado en el centro del coro de la iglesia del Sancti Spiritus, en la zona de clausura separada de la nave de la iglesia por una reja, de modo que, como también ocurriera con María de Molina en las Huelgas Reales de Valladolid, el sarcófago presidía todos los cultos allí celebrados y allí se ha mantenido su memoria a través del tiempo (ilustración 5).

     El año 2001 fue realizada en el convento del Sancti Spiritus de Toro una restauración del sepulcro de Teresa Gil, labor financiada por la Fundación Allende y llevada a cabo por la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Madrid. En ella el sarcófago fue liberado de repintes aplicados en el siglo XVI, dejando visible el epitafio que recorre el sepulcro y que informa: "Aquí yace doña Teresa Gil, que mandó hacer este monasterio por Dios y por su alma, que finó el cuatro de octubre de la era de mil trescientos cuarenta y ocho", lo que precisa su muerte el 4 de octubre de 1310 del calendario cristiano. Durante los trabajos se pudo comprobar el estado momificado de sus restos y recomponer el interesantísimo ajuar funerario, uno de los pocos conservados del siglo XIV.

     De modo que de aquella mujer, hasta no hace mucho tiempo oculta en una nebulosa histórica de datos contradictorios, y aunque queden muchas aristas por limar, hoy disponemos de información verosímil, incluso de algunas prendas que pertenecieron a su estricta intimidad, recuperadas de su enterramiento, que han pasado a engrosar la importante colección textil existente en Castilla y León de indumentaria medieval, una de las más ricas de Europa.

     Entre ellas figuran dos sábanas mortuorias de lino, un tocado con bandas bordadas en color sobre tafetán de lino natural que le cubría del cuello a la frente, un juego de tocas blancas ocultando el cabello, propio de las dueñas, ligas de tafetán con lazos, una camisa de tafetán de lino muy fino en color crudo y de forma acampanada, un brial o vestido en tafetán de seda azul de una sola pieza, enteramente guateado y con faldas voladas, un manto azul grisáceo propio de la nobleza, un velo de seda con bandas y flecos, que se sujetaba a la cabeza mediante tres alfileres, y unos guantes de piel de cabritilla, todo ello siguiendo la moda de la nobleza castellana, que en aquel tiempo gustaba de tejidos de influencia hispanomusulmana (ilustración 6).

     Portuguesa, amante del rey Sancho, mujer de rico linaje, abadesa de las Huelgas Reales, piadosa y fundadora en Toro son parte de las piezas del puzzle que hoy podemos recomponer con cierto tino para identificar a la célebre dama que da nombre a una de las principales calles de Valladolid.

Informe: J. M. Travieso.
Registro Propiedad Intelectual - Código: 1111040443333


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1 comentario:

  1. Teresa Gil nunca fue abadesa de Las Huelgas de Valladolid. Eso es pura leyenda, sin ninguna base documental de la época. El monasterio de Las Huelgas se funda en 1320, si bien hay documentación desde 1309 acerca de las intenciones de María de Molina de fundar un monasterio en Valladolid. Pero toda la historia de una fundación anterio, del incendio de 1282 etc... son erróneas interpretaciones de los cronistas de los siglos XVI y XVII.

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