1 de noviembre de 2011

Fastiginia: Un testimonio de la insensibilidad histórica


Estampas y recuerdos de Valladolid

     El ingente patrimonio histórico-artístico de Valladolid ha sido injustamente tratado por la historia. Forzosamente hemos de referirnos a tres momentos críticos que casi barrieron las señas de identidad de la ciudad a través de una fatídica y generalizada tarea de destrucción masiva.

     El primero de ellos es conocido popularmente como "la francesada", cuando las tropas de Napoleón llegaron a la ciudad en los primeros años del siglo XIX y ante la insuficiencia de alojamientos invadieron no sólo cuarteles y el Palacio Real, sino también conventos, colegios y diversas instituciones. Las distintas sublevaciones y el enfrentamiento en la lucha por la independencia tuvieron como contrapartida el expolio y la destrucción de buena parte de los edificios ocupados, muchos de ellos abocados a su desaparición.

     Otro momento decisivo se produjo poco tiempo después con los procesos desamortizadores liberales que afectaron a los bienes de la Iglesia y las órdenes religiosas. Los más incisivos tuvieron como protagonistas a Juan Álvarez Mendizábal, ministro en 1836 de la regente María Cristina de Borbón, y Pascual Madoz, que como ministro de Hacienda reemprendió en 1855 la tarea de desamortización por la que muchos de los antiguos conventos se transformaron en cuarteles, hospitales, museos y oficinas, mientras otros pasaban a ser adquiridos como propiedades privadas. Por entonces abundaron los derribos para realizar ensanches y nuevos trazados de calles y plazas, cambiando el aspecto conventual de la ciudad por otro de tipo burgués.

     Habría que esperar a los años sesenta del siglo XX para que la ciudad conociera una de sus experiencias más dañinas bajo la insensible labor de la piqueta especulativa. El desarrollo económico y demográfico afectó por igual a todo tipo de construcciones señeras, con una especial incidencia en el numeroso conjunto de palacios urbanos que sucumbieron en aras de un progreso corrupto y mal entendido. A ese momento corresponde esta desasosegante fotografía que muestra el derribo de uno de ellos en la calle Conde de Ribadeo, en un barrio, el Rosarillo, que quedó completamente aniquilado.

     El desastre afectó a otros muchos barrios y construcciones céntricas, hasta el punto de alcanzar Valladolid un insólito record "guiness": después de la ciudad alemana de Dresde, destruida por los bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial, Valladolid es la ciudad de Europa que ha conocido la mayor destrucción de su patrimonio histótico-artístico durante el siglo XX. ¿Habrá cambiado esta mentalidad en nuestro tiempo? Esperemos que sí. 

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