30 de mayo de 2014

Theatrum: SEPULCRO DE PEDRO DE LA GASCA, la última morada del Pacificador y Virrey del Perú








SEPULCRO DEL LICENCIADO DON PEDRO DE LA GASCA
Esteban Jordán (León?, ca. 1530 - Valladolid 1598)
1571
Alabastro y jaspe
Iglesia de la Magdalena, Valladolid
Escultura funeraria renacentista. Corriente romanista







Detalle de la fachada de la iglesia de la Magdalena

La iglesia de la Magdalena de Valladolid presenta una fachada atípica, pues en lugar de desplegar un repertorio de tipo religioso, gran parte de su superficie aparece ocupada por un enorme blasón labrado en piedra, el motivo heráldico de mayor tamaño de cuantos se hicieron en España, allí colocado con orgullo para proclamar la gloria de un importante eclesiástico, político, diplomático y militar español del siglo XVI: don Pedro de la Gasca. Dicho escudo se yergue sobre una base que representa la mar océana, con monstruos marinos a los lados, está coronado por un friso con la inscripción Carolo V Imperatore Hispaniarum regii y circundado por una cartela que hace referencia al Virrey del Perú —Caesari restitutis Peru, regniis tirannorum spolia—, al igual que por seis gallardetes que, mostrando una P coronada, aluden tanto al Virreynato del Perú como al honroso título de Pacificador del Perú con el que este personaje pasó a la historia.

La referencia a este ilustre personaje tiene continuidad en el interior, donde en el centro de la nave se levanta su elegante sepulcro, realizado por el escultor Esteban Jordán cuatro años después de que se produjera su muerte. Pero, ¿quién era esta persona que quiso ser recordada de esta manera tan ostentosa?

Retrato figurado de don Pedro de la Gasca. Valentín Carderera, 1847
Biblioteca Nacional de España, Madrid
BREVE SEMBLANTE BIOGRÁFICO DE DON PEDRO DE LA GASCA

Nació en Navarregadilla, cerca de El Barco de Ávila, en 1493, hijo de Juan Jiménez de Ávila y María de la Gasca. Inició sus estudios en la Universidad de Salamanca, aunque al morir su padre en 1513 fue presentado al Cardenal Cisneros por su tío, el licenciado Del Barco, para cursar estudios de Artes y Teología en la Universidad de Alcalá de Henares, ingresando en el Colegio Mayor de San Ildefonso. Allí  le sorprendió la Revuelta de las Comunidades de 1521, en la que tomó partido por el emperador Carlos V. Al año siguiente fue enviado por su tío de nuevo a Salamanca, donde obtuvo el título de Bachiller en Derecho Civil y Canónico y ejerció el cargo de rector en 1528, pasando en 1531 al Colegio Viejo de San Bartolomé, centro en el que se formaron ilustres políticos de aquella época.

Ya plenamente formado, ingresó como eclesiástico, siendo nombrado canónigo y juez en el cabildo catedralicio de la diócesis salmantina. Tras conocer al influyente Cardenal Tavera, arzobispo de Toledo y presidente del Consejo Real, fue elegido por este en 1537 para ejercer como juez vicario en Alcalá y juez residenciador en el cabildo de Toledo, cargos que abandonó para ocupar, en 1540, la plaza de oidor en el Consejo de la Suprema Inquisición. Al año siguiente era nombrado visitador del reino de Valencia, donde entre 1542 y 1545 se ocupó del adoctrinamiento y control de la población hereje y musulmana y de fortificar la costa y las Baleares ante los posibles ataques del pirata Barbarroja encabezando la armada del turco y del rey de Francia. Esta demostrada capacidad gubernativa, sería decisiva para que fuera elegido por el emperador Carlos V para la ardua tarea de pacificar el Perú cuando llegaron noticias a la corte del levantamiento en aquellas tierras de Gonzalo Pizarro, hermano del célebre conquistador, que sublevado con otros encomenderos contra las Leyes Nuevas de Indias, inspiradas por Bartolomé de las Casas, había vencido y decapitado al Virrey, autonombrándose Gobernador.

Una vez recibido el nombramiento como Presidente de la Real Audiencia de Lima el 16 de febrero de 1546, en mayo de ese año se embarcó hacia Perú, llegando primero a Santa Marta (Colombia), donde los partidarios de Gonzalo Pizarro habían matado al virrey Blanco Núñez Vela. El mes de julio arribó a Panamá, donde se hizo cargo de la Presidencia de la Audiencia, logrando con su talento la adhesión del general Pedro de Hinojosa y otros jefes rebeldes, que lucharon contra las tropas de Pizarro, cuyos jefes fueron pasando paulatinamente al bando de Pedro de la Gasca. 

Tras desembarcar en Ecuador, recorriendo la costa llegó hasta la cordillera de los Andes en busca de la rendición de Gonzalo Pizarro, pero como esto no ocurriera, movilizó un ejército que al mando del capitán Alonso de Alvarado se encontró el 9 de abril de 1548 con las tropas pizarristas en la pampa  de Jaquijahuana, próxima a Cuzco, en cuya batalla el ejército rebelde desertó para pasar a las órdenes de Pedro de la Gasca. Sofocada la rebelión, cuarenta y ocho rebeldes, entre ellos Gonzalo Pizarro y Francisco de Carvajal, fueron juzgados y condenados a muerte, siendo otros muchos castigados con la confiscación de su bienes, con el destierro y los trabajos forzados en galeras.

Después de su labor de pacificador al acabar con la rebelión, de aplicar la ley de forma drástica y de reordenar el gobierno del Virreynato del Perú, dejando la Audiencia de Lima a cargo de Andrés de Cianca, hombre de confianza, Pedro de la Gasca regresó a España el 27 de enero de 1550 con un cargamento de metales preciosos valorados en dos millones de escudos que llegaron a Sevilla en septiembre de aquel año y que entregó a la corona. Como reconocimiento a su gesta, en 1551 fue reconocido por el emperador Carlos V con el nombramiento de obispo de Palencia —diócesis a la que por entonces pertenecía Valladolid—, siendo promovido en 1562 a obispo de Sigüenza, ya reinando Felipe II.
El prestigioso Pedro de la Gasca falleció el 13 de noviembre de 1567 a los 74 años, siendo trasladado y enterrado, por su expreso deseo, en la iglesia de Santa María Magdalena de Valladolid, por él construida y financiada1.          

LA IGLESIA DE LA MAGDALENA

La iglesia de la Magdalena tiene su origen en una ermita levantada sobre una de las puertas de acceso a la ciudad, junto a la que el doctor Luis de Corral levantó una capilla funeraria en estilo gótico. En 1564 se escrituraba la construcción de un nuevo templo a cargo de don Pedro de la Gasca, que respetaría la capilla funeraria citada. Las obras corrieron a cargo del arquitecto Rodrigo Gil de Hontañón, que trazó una nave de cinco tramos, bóvedas de crucería y una inscripción que recorre todo el perímetro, a la altura de la cornisa, detallando la fundación y patronato de Pedro de la Gasca, incluyendo una sacristía, la monumental fachada levantada en piedra de Villanubla y una torre a los pies. 

Cuando murió Pedro de la Gasca, fue su hermano el doctor Diego La Gasca, miembro de la Real Audiencia y Chancillería de Valladolid, quien, rechazando una sepultura honorífica ofrecida por la catedral seguntina, dispuso que fuera trasladado a la iglesia vallisoletana fundada por el Pacificador del Perú tras su vuelta de América, cumpliendo así las mandas testamentarias.

Se ha interpretado que la fundación por Pedro de la Gasca de la iglesia de Santa María Magdalena —santa adscrita al arrepentimiento— tras su regreso del Perú, estuvo motivada por un acto de contrición tras haber participado en aquellas tierras en juicios sumarísimos en las que se aplicó la pena capital, algo poco acorde con la caridad debida a su ministerio, siendo ilustrativo el que durante los ocho años en que cumplió con su cometido político en tierras americanas no fuera capaz de celebrar misas. Sin embargo, en el templo, en cuya construcción gastó una verdadera fortuna, conseguida con las rentas de sus cargos como obispo de Palencia y Sigüenza, el gran escudo de la fachada proclama su presencia en territorios andinos y su deseo de recordar a perpetuidad su heroica gesta.

Para el mantenimiento de la capilla mayor, de la que había adquirido el patronato, estableció trece capellanías, con sus correspondientes rentas, destinadas a celebrar numerosas misas, así como el servicio de sacristán, organista y cuatro mozos de coro. Asimismo, el 23 de octubre de 1571 fue concertado su sepulcro con el prestigioso escultor Esteban Jordán, con taller abierto en Valladolid, al que también le fue solicitado el monumental retablo mayor, todo un alarde de escultura romanista.

EL SEPULCRO DE DON PEDRO DE LA GASCA

En el contrato concertado con Esteban Jordán se especificaba que la efigie del virrey y obispo debía ser realizada en alabastro de Cogolludo (Guadalajara) y colocada sobre un lujoso túmulo de jaspe, procedente de la cantera de Espeja de San Marcelino (Soria) y labrado por el arquitecto Francisco del Río, siguiendo el conjunto un aspecto similar al que presentara el sepulcro de Fray Alonso de Burgos en la capilla del Colegio de San Gregorio, destruido durante la francesada.

El acierto de haber elegido a tan importante escultor, adscrito en ese momento a la corriente romanista implantada por Gaspar Becerra en la escuela de Valladolid, dio como resultado una elegante obra funeraria que fue colocada ante el presbiterio y orientada al espectacular retablo mayor. En ella Esteban Jordán demuestra su maestría para trabajar el alabastro como lo hiciera con la madera en sus múltiples retablos, en este caso afinando en extremo la finura de la labra por la importancia del personaje.

El obispo, poco agraciado físicamente en la vida real, hecho que incluso originó burlas en su llegada a América, es representado por Esteban Jordán con profusión de pequeños detalles, aplicando al retrato cierto grado de idealización. Don Pedro aparece en posición yacente, con aspecto de plácido reposo, revestido con las mejores galas de pontifical y reposando su cabeza sobre un doble cojín recorrido en sus costados por ornamentación en relieve con motivos de rameados.

Viste el preceptivo alba —símbolo de la pureza de corazón— que le llega a los pies, donde se forma un remolino de menudos pliegues; una casulla lisa —símbolo de caridad—, apenas decorada con ribetes en forma de hiladas de bolas que sugieren perlas; sus manos aparecen recubiertas con guantes pontificales reservados a la liturgia solemne y sobre ellos superpuesto el anillo como signo de su compromiso con la Iglesia; sobre su pecho y remontando el brazo izquierdo aparece un palio —ornamento símbolo de dignidad—, que en forma de faja con extremos rectangulares y flecos concentra los motivos decorativos, en este caso con simulación bordada de los emblemas de Castilla y León separados por minúsculas bolas que sugieren perlas; esta concentración decorativa se continúa en la mitra preciosa que cubre su cabeza, suntuosamente recorrida por cenefas con formas de broches y medallones ovalados con bustos que recuerdan bordados, así como ínfulas colgantes para otorgar el símbolo de poder.

A esta indumentaria episcopal se suman otros atributos fácilmente reconocibles, como el libro que sujeta en sus manos, lujosamente encuadernado y con el emblema de Castilla en su portada, en referencia a sus enseñanzas. Asimismo, sobre su hombro izquierdo reposan juntos un báculo profusamente decorado, símbolo de autoridad religiosa como guía de la fe, y un cetro como distinción de autoridad civil en calidad de Virrey del Perú. Una inscripción laudatoria con caracteres incisos aparece en una cartela colocada a los pies, donde se reproduce un salmo del bíblico Libro de la Sabiduría: accepit regnum decoris et diadema speciei de manu Domini (recibió un glorioso reino y una hermosa corona de mano del Señor).

Por su parte, la cama realizada por Francisco del Río adopta una forma troncopiramidal rematada por un juego de molduras, cuya decoración se limita a una serie de paneles cajeados, produciendo un elegante contraste la lisura del jaspe con los claroscuros de los pliegues de la figura yacente, a la que Esteban Jordán modela con aristas suaves y un mórbido trabajo en el rostro durmiente, logrando un conjunto solemne que magnifica el recinto, en origen colocado junto a la escalinata del presbiterio, encima de la cripta, pero desplazado a mediados del siglo XX hasta el centro de la nave.

Esta obra, en cierto modo recóndita, es un mudo testimonio de un novelesco periplo vital vinculado a la polémica labor realizada por los conquistadores y sus seguidores, especialmente los encomenderos, en tierras americanas. Con ella pasa a la inmortalidad un hombre de enorme talento y firmes convicciones que con valor y mano dura supo corregir los desmanes de las más bajas pasiones humanas, aquellas que fueron motivo de discusión en la célebre Controversia de Valladolid.


Informe y fotografías: J. M. Travieso.     






NOTAS

1 SAN MARTÍN PAYO, Jesús. Don Pedro de la Gasca (1551-1561). Publicaciones de la Institución Tello Téllez de Meneses nº 63, 1992, pp. 241-328. Todos los datos biográficos, convenientemente simplificados, están tomados de este riguroso trabajo.








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