26 de agosto de 2016

Theatrum: NUESTRA SEÑORA DEL VAL, testigo del esplendor de los plateros vallisoletanos












NUESTRA SEÑORA DEL VAL
Anónimo
Hacia 1200
Madera policromada (repintada)
Basílica de la Gran Promesa, Valladolid
Procedente de la ermita de Nuestra Señora del Val, Valladolid
Escultura protogótica española













Nuestra Señora de San Lorenzo, siglo XIV
Iglesia de San Lorenzo, Valladolid

Esta talla medieval, excesivamente esquemática y elemental, se encuadra en el tipo de piezas cuyos valores sentimentales e históricos superan a los artísticos, reconociéndose en ellas las señas de identidad de un pueblo, de su cultura y de sus creencias, un caso generalizado tanto en poblaciones españolas como europeas.

Nuestra Señora del Val, actualmente recogida en la basílica de la Gran Promesa, está vinculada a los orígenes de Valladolid, compartiendo su veneración, como icono de devoción mariana, con otras esculturas que aún perduran en el recuerdo como referencia de la ancestral religiosidad vallisoletana1, tales como la talla románica de Nuestra Señora de Prado que en nuestros días se conserva en la iglesia de San Nicolás, cuya primitiva ermita dio lugar a la fundación de un enorme monasterio jerónimo junto al Pisuerga, la imagen de Nuestra Señora de la Peña de Francia venerada en la iglesia de San Martín, descubierta en el Prado de la Magdalena y tenida en gran devoción por el rey Fernando III el Santo, la imagen de Nuestra Señora de la Guía de la iglesia del Salvador, que según Antolínez ocupó durante muchos años un altar colocado sobre la puerta de la primitiva muralla situada al final de la calle Teresa Gil, y finalmente la imagen más conocida y venerada: Nuestra Señora de San Lorenzo, que rodeada de leyendas y con fama milagrosa primero llegaría a convertirse en protectora de los aguadores y después en patrona de Valladolid.


La sencilla imagen de Nuestra Señora del Val —60 cm. de altura— se muestra sedente sobre un trono con respaldo que sólo aparece ornamentado con pomos en los remates de las patas. La Virgen lleva una túnica ceñida por un cinto, que deja asomar los zapatos, y cubierta por un manto que se abrocha con un cabujón a la altura del cuello y que con formas planas cae de forma asimétrica cubriendo la rodilla izquierda. En la cabeza, que fue retallada para eliminar la corona, todavía se aprecian restos de un velo que originariamente cubriría sus cabellos.

La escultura, de estilo gótico incipiente y aún muy vinculada a los esquemas románicos, debió ser retocada en época barroca para adaptarla a los nuevos gustos mediante su recubrimiento con telas reales, así como la incorporación de un rostrillo y un coronamiento de plata, lo que explica la sustitución de sus manos originales y la inserción de ojos de cristal2. Incluso con el mismo criterio en ese momento le fue eliminada la figura del Niño que suele acompañar este tipo de representación, ya que la imagen, aun manteniendo su esencia, también muestra un repinte posterior.

Su iconografía deriva del modelo bizantino de Virgen Theotokos, término griego que significa Madre de Dios, según el título dado a la Virgen en el Concilio de Éfeso celebrado por la primitiva Iglesia cristiana el año 431, en el que se proclamó el dogma cristológico. Esto se reflejó en el arte mediante la representación de la Virgen entronizada sujetando al Niño Jesús en su regazo (la Virgen convertida en propio trono de su Hijo), con ambas figuras en posición frontal y en actitud hierática. El arte románico occidental asumió el modelo enfatizando la Maiestas Mariae o majestad de María, incorporando una corona sobre su cabeza y con el adorno frecuente de estrellas en el manto para recordar su perpetua virginidad, siempre respondiendo más a intenciones de simbología teológica que a una representación naturalista. 

Así aparece la simplificada Virgen del Val, en majestad, como una reina coronada, con el manto azul recubierto de estrellas y en actitud hierática mientras mira fijamente al espectador. La talla fue restaurada por la Diputación Provincial de Valladolid en el año 2000.

Esta escultura se identifica con la imagen titular de la ermita de Nuestra Señora del Val o del Valdón, que estuvo emplazada fuera del Puente Mayor3, en el camino hacia Fuensaldaña, en torno a la cual se fundó una cofradía de la misma advocación que se mantuvo en dicha ermita hasta principios del siglo XVII. La Cofradía de Nuestra Señora del Val se unificó, a partir del segundo cuarto del siglo XVI, con la Cofradía de Plateros de San Eloy, fundada en 1452 e integrada por los artífices plateros vallisoletanos4, que desde 1494 venía disponiendo de una capilla en el claustro del Convento de San Agustín5. Para realizar sus cultos, ambas cofradías construyeron una nueva iglesia próxima a la calle de las Platerías, en la actual calle Francisco Zarandona (en el tramo comprendido entre las calles Zapico y Fray Antonio Alcande), que fue consagrada en 15476. En opinión de Canesi "uno de los mejores santuarios que hay en Valladolid".

Esto originó que a finales del siglo XVI la ermita se encontrara en desuso, siendo entregada en 1592 a Francisco de Aguilar Loaysa, abad de la Orden de San Basilio, que allí fundó el convento de los Santos Mártires San Cosme y San Damián, aunque tras la toma de posesión, el 17 de octubre de 1592, los monjes de San Basilio sólo permanecieron en ella tres días por ser el convento suprimido por el cabildo de la Colegiata por carecer de licencia, siendo apresados varios monjes7.

Serían los mercedarios descalzos en 1605, con la autorización de los cofrades de Nuestra Señora del Val y San Eloy, quienes establecieran su convento en la ermita presidida por la venerada imagen de Nuestra Señora del Val. Sin embargo, los nuevos ocupantes sólo permanecieron en la ermita poco más de cuatro años, pues en 1607 los frailes de Nuestra Señora de la Merced decidieron trasladarse a otro lugar del centro de la ciudad, siendo firmada en 1608 la escritura que ratificaba el traslado, en la que se especificaba la autorización para llevarse la imagen de Nuestra Señora del Val para colocarla en un nuevo altar del convento al que se trasladaron en 1610, en el que los cofrades de Nuestra Señora del Val seguían reservándose el patronazgo de la capilla y los derechos de la imagen en caso de mudarse a un nuevo emplazamiento, como así ocurriría.

En esas circunstancias la imagen de Nuestra Señora del Val desapareció de su emplazamiento, acusándose mutuamente cofrades y frailes mercedarios de haberla ocultado. Establecido un pleito entre las partes, la imagen apareció sin que se conociera el causante de su ocultación y los cofrades acordaron colocarla en la céntrica iglesia de Nuestra Señora del Val y San Eloy, en la jurisdicción de la iglesia de San Miguel, autorizando que cada 8 de septiembre, fiesta de la Virgen, los mercedarios pudiesen predicar y celebrar misa en ella.

Fachada de la desaparecida iglesia de Nuestra Señora del Val
Dibujo de Ventura Pérez, siglo XVIII
El traslado de la imagen de Nuestra Señora del Val desde su ermita hasta la nueva iglesia tuvo lugar el 10 de agosto de 1610, asistiendo el Ayuntamiento a la solemne procesión. El 8 de septiembre de aquel año se colocó, como imagen titular del templo, presidiendo el retablo mayor de la iglesia. En 1612 la antigua ermita del camino de Fuensaldaña era derribada.

Allí permaneció la imagen hasta que la Iglesia y la Casa del Val, declaradas en estado de ruina desde 1841 y en medio de una polémica en la que intervinieron la Cofradía titular, el Ayuntamiento y diversas instituciones de la ciudad vinculadas al caso, fueron derribadas en 1868, tanto por su estado precario como para favorecer las nuevas necesidades urbanísticas de Valladolid, que culminaría con el levantamiento en sus inmediaciones, en 1878, de un gran mercado municipal cubierto que todavía subsiste como Mercado del Val, remozado en nuestros días y en cuyo subsuelo se han encontrado restos de la antigua iglesia.
En esta ocasión la imagen de Nuestra Señora del Val fue depositada en la parroquia de San Esteban el Real, que ocupaba la iglesia del Colegio de San Ambrosio desde la expulsión de los jesuitas. Allí la escultura salió indemne del incendio producido el 27 de octubre de 1869 que arrasó buena parte de la iglesia, que reabría sus puertas en octubre de 1870. Esta parroquia de San Esteban dejó de existir en 1941, pasando a convertirse en Santuario Nacional de la Gran Promesa8, lugar donde permanece y sigue siendo venerada, aunque la mayor parte de los vallisoletanos no conozcan su historia, la imagen de Nuestra Señora del Val, también denominada Virgen de los Plateros.

Recreación de la iglesia de Nuestra Señora del Val
Montaje de Juan Carlos Urueña
En una de las capillas del mismo templo, elevado en 1964 por el papa Pablo VI al rango de Basílica Menor, se conserva un retablo barroco que consta de un sólo hueco y que Martín González9 data en el primer cuarto del siglo XVII, apuntando que pueda tratarse del que originariamente contenía la imagen de Nuestra Señora del Val, llevado a la que fuera iglesia de San Esteban, como la imagen titular, tras el derribo de la iglesia de la cofradía de aquellos plateros vallisoletanos que escribieron con letras de oro una actividad gremial en Valladolid que alcanzó su mayor esplendor durante la segunda mitad del siglo XVI. 


Informe y fotografías: J. M. Travieso.



NOTAS

1 ARA GIL, Clementina Julia: Escultura gótica en Valladolid y su provincia. Institución Cultural Simancas, Valladolid, 1977, p. 127.

2 URREA FERNÁNDEZ, Jesús: Nuestra Señora del Val. En Del olvido a la memoria IV. Diputación de Valladolid, Valladolid, 2002.

3 ANTOLÍNEZ DE BURGOS, Juan: Historia de Valladolid (1887). Grupo Pinciano, Valladolid, 1987, p. 336.

4 GARCÍA CHICO, Esteban: Papeletas de orfebrería castellana. Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología (BSAA), Tomo 58, Universidad de Valladolid, 1952, p. 57.

5 DOMÍNGUEZ BURRIEZA, Fco. Javier: Principio y fin de la sede de la cofradía de Nuestra Señora del Val y San Eloy en el caso urbano de Valladolid. Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología (BSAA), Tomo 69-70, Universidad de Valladolid, 2003-2004, pp. 341-358.

6 MATÍAS SANGRADOR recogió esta fecha de una cuadro conmemorativo que se encontraba situado sobre la pila de agua bendita de la iglesia de Nuestra Señora del Val.

7 FERNÁNDEZ DEL HOYO, Mª Antonia: Conventos desaparecidos de Valladolid. Ayuntamiento de Valladolid, Valladolid, 1998, p. 421.

8 GARCÍA GUINEA, Miguel Ángel y PÉREZ GONZÁLEZ, José María: Enciclopedia del Románico en Castilla y León. Valladolid. RODRÍGUEZ MONTAÑÉS, José Manuel (coord.). Fundación Santa María la Real. Aguilar de Campoo, 2002, pp. 462-463.

9 MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José y URREA, Jesús: Catálogo Monumental. Monumentos religiosos de la ciudad de Valladolid I. Institución Cultural Simancas, Valladolid, 1985, p. 326.

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