23 de septiembre de 2016

Theatrum: CRISTO DE LA EXPIRACIÓN, ¡Elí, Elí! ¿lemá sabactaní?











CRISTO DE LA EXPIRACIÓN
Juan de Juni (Joigny, Borgoña, h. 1507-Valladolid, 1577)
Hacia 1570
Madera policromada
Convento de la Concepción del Carmen o de Santa Teresa, Valladolid
Escultura renacentista española. Escuela castellana














Dentro de la considerable serie de crucificados realizados por Juan de Juni, este Cristo de la Expiración es el único que se aparta del inconfundible arquetipo creado por el escultor, ofreciendo como principal singularidad la representación del último momento de un Cristo vivo, circunstancia que condiciona su expresiva iconografía y justifica su advocación.

No obstante, la talla mantiene una serie de recursos junianos inalterables en sus crucificados, como el virtuoso estudio de una vigorosa anatomía en la que el peso del cuerpo fuerza a los brazos a mantener una pronunciada forma de "Y", la corona de espinas tallada conjuntamente con los cabellos, el perizoma discurriendo en oblicuo desde la cintura, los dedos muy separados, las piernas flexionadas y los pies cruzados y muy forzados al estar atravesados por un sólo clavo, siempre con una técnica muy depurada y con un planteamiento estético radicalmente manierista.

Miguel Ángel. Cristo en la cruz, h. 1541
British Museum, Londres
En esta escultura Juan de Juni vuelve a sorprender con su talento creativo al concebir el drama en su momento más álgido, cuando Cristo crucificado, con todos sus músculos en tensión, el pecho hinchado y el vientre hundido, apenas tiene fuerzas para levantar la cabeza antes de expirar y exclamar con gesto de desamparo "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?", mientras la corona de espinas se clava sobre el hombro y hace brotar pequeños regueros de sangre. Esta referencia a las últimas palabras de Cristo quedan remarcadas por la mirada dirigida hacia lo alto y la boca abierta sugiriendo el último aliento.

De esta forma, sin sus habituales retorcimientos corporales y con el centro emocional concentrado en el gesto del rostro en escorzo, que repitiera en alguna de sus "piedades", y en la tensión de las manos, Juan de Juni recurre de nuevo a expresar el drama de acuerdo al manierismo italiano, recreando el "phatos" del grupo de Laocoonte, tan presente en muchas de sus obras, y la "terribilità" que tanto admiraba de Miguel Ángel, ofreciendo similitudes conceptuales con el dibujo de Cristo en la cruz que se conserva en el British Museum de Londres, realizado por el genio italiano hacia 1541. Esta disposición implorante del rostro, con la mirada a lo alto y la boca abierta, el escultor ya la había experimentado casi diez años antes en la célebre Virgen de las Angustias de Valladolid, elaborada hacia 1561.

El cuerpo presenta un blando modelado que recuerda sus obras en terracota en cuanto al tratamiento mórbido, vigoroso, sereno y con las piernas flexionadas al frente, mientras que el paño de pureza se ciñe al cuerpo formando pliegues muy elementales y, a diferencia de otros de sus crucifijos, se anuda en la parte derecha, dejando un cabo suelto que cae por detrás. Es destacable la pulcra policromía a pulimento, algo habitual en la época, con los ojos pintados y las carnaciones en tonos nacarados que definen una palidez marmórea que acentúa su patetismo, con un aspecto capaz de conmover al espectador y especialmente a las monjas carmelitas descalzas para las que fue destinado1.


El Cristo de la Expiración presenta un excelente estado de conservación por haber permanecido secularmente en el interior de una vitrina colocada en un claustro del convento de la Concepción del Carmen, centro de Carmelitas Descalzas en Valladolid que es conocido popularmente como convento de Santa Teresa. Se da la circunstancia de que este convento, cuarta fundación de Santa Teresa en 1568, fue acondicionado merced al mecenazgo de María de Mendoza, viuda de Francisco de los Cobos, Secretario de Estado del emperador Carlos, y hermana de Álvaro de Mendoza, obispo de Ávila y Palencia, protector de la reformadora abulense. Tras un primer asentamiento teresiano en la ribera del Pisuerga, en un paraje lejano del centro urbano que resultó ser insalubre, la benefactora María de Mendoza financió la compra de una casona próxima a la ciudad para el traslado de la comunidad carmelita, a la que acogió en su palacio de la plaza de San Pablo hasta que el convento fue terminado, acondicionado y consagrado en 1569.

El hecho de que la protectora María de Mendoza adquiriese el patronazgo de la capilla mayor del convento y beneficiase a las carmelitas hasta su muerte, hace presuponer que fuera ella la que encargara el crucifijo a Juan de Juni para donarle al convento, ya que en 1572 también encargaba al artista la escultura en mármol de San Segundo2, patrón de Ávila, conservado en la ermita de San Segundo, extramuros de la ciudad amurallada. Fernández del Hoyo incluso apunta la posibilidad de que la peculiar iconografía del Cristo de la Expiración podría responder a una de las místicas revelaciones de la santa abulense. Aunque esta teoría nunca se podrá demostrar, lo cierto es que la imagen ha sido capaz de conmover durante siglos a las monjas carmelitas, dando satisfacción a los ideales propugnados por la santa fundadora.

Por sus características estilísticas, Martín González apuntaba como fecha de la realización del crucifijo en los años setenta3 del siglo XVI, es decir, en la última etapa profesional de un escultor ya casi anciano, pero aún con fuerza y vigor, ya que en 1570 un Juan de Juni algo debilitado todavía acometía dos fantásticas esculturas de San Francisco para presidir dos retablos del convento de Santa Isabel de Valladolid, de terciarias franciscanas.

A estas obras siguieron el impresionante Cristo resucitado de la catedral de Burgo de Osma (Soria) y, hacia 1572, el admirable Cristo crucificado —posiblemente el de mayor calidad de la serie de crucifijos elaborados por el maestro— encargado por Elvira de Rojas, marquesa de Alcañices, para el oratorio de una casa de campo que disponía en el camino del Cabildo de Valladolid. Heredado por su hijo Luis Enríquez, comendador de La Moraleja, en 1584 éste lo donaba al convento de Santa Catalina de Siena de Valladolid, de monjas dominicas, donde había ingresado su hija María Enríquez y donde ejercía como priora su hermana Aldonza de Castilla. 
Juan de Juni. Cristo crucificado, h. 1572. Iglesia de San Pablo, Valladolid
En 1608 fue trasladado desde el altar mayor a un retablo situado en la nave del Evangelio, en el que, a pocos metros, acabaría siendo enterrado el propio Juan de Juni junto a sus esposas Ana María Aguirre y María de Mendoza, así como su hija Ana María Juni y Mendoza. Tras el abandono del convento por la comunidad en julio de 2009, aquella obra maestra de Juni pasó a presidir la capilla mayor de la iglesia de San Pablo de Valladolid, donde luce en todo su esplendor en un ámbito descontextualizado.   

Esta escultura de Cristo crucificado del convento de Santa Teresa, vivo, atormentado y de exacerbado manierismo, se contrapone al Cristo crucificado de la iglesia de San Pablo, muerto, de extremada serenidad y fuerte clasicismo, a pesar de haber sido realizados casi al mismo tiempo y de compartir el mismo tipo de rótulo. En ellos se pone de manifiesto la versatilidad del escultor borgoñón asentado en Valladolid, no sólo para trabajar en materiales tan distintos como la piedra, la madera y la terracota o en obras tan dispares como retablos, sillerías, sepulcros, relieves y esculturas exentas, sino también en el momento de afrontar un mismo tema, cuya creatividad le permite oscilar desde la expresividad de la distorsión típicamente manierista a composiciones de fuerte contenido clásico y efectos sublimes.

Informe y fotografías: J. M. Travieso.


Cristo de la Expiración en su vitrina del claustro
del convento de Santa Teresa de Valladolid
NOTAS

1 HERNÁNDEZ REDONDO, José Ignacio: Cristo de la Expiración, en Valladolid, la Muy Noble Villa. Catálogo de la exposición en la Diputación Provincial de Valladolid, Valladolid, 1995, pp. 154-155.

2 FERNÁNDEZ DEL HOYO, Mª Antonia: Cristo de la Expiración, en Teresa de Jesús, maestra de oración. Las Edades del Hombre, Valladolid, 2015, p. 264.

3 MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José: Juan de Juni. Vida y obras. Ministerio de Cultura, Madrid, 1974, p. 308.

































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