30 de septiembre de 2016

Theatrum: SAN MARIANO PENITENTE, la persistencia de la plástica barroca













SAN MARIANO PENITENTE
Ramón Amadeu i Grau (Barcelona, 1745-1821)
Hacia 1816
Terracota policromada
Museo Nacional de Escultura, Valladolid
Escultura barroca española. Escuela catalana














Ramon Amadeu. Izda: San Joaquín, Santuario de la Virgen del Tura, Olot
Dcha: San Simón. Museo Marés, Barcelona

Hoy fijamos nuestra atención en una pequeña escultura que representa a San Mariano penitente y que ilustra sobre el último aliento del barroco español. Se trata de una obra exquisitamente modelada en terracota y policromada al modo de las figuras para belenes, cuya autoría corresponde al reconocido y polifacético escultor barcelonés Ramón Amadeu i Grau, que la habría realizado hacia 1816 como boceto previo a una escultura devocional de tamaño natural y cuyo principal interés radica en el aferramiento a la tradición barroca española en un momento en que triunfaban los cánones académicos del Neoclasicismo, que encontrarían su mejor expresión tanto en el entorno de la corte de Madrid como en el importante centro de formación académica que fue la Escuela de la Lonja —Escola d'Arts i Oficis— de Barcelona.

EL ESCULTOR RAMÓN AMADEU I GRAU   

Ramon Amadeu. Ecce Homo, 1782. Santuario de la Virgen del Tura, Olot
Ramón Amadeu, hijo del zapatero Francesc Amadeu y de Raimunda Grau, nació en Barcelona el 7 de febrero de 1745 y fue bautizado en la iglesia de Santa María del Pi. En 1757, con 11 años, iniciaba su aprendizaje en el taller de Josep Trulls (documentado entre 1714 y 1776), continuando en 1761 con prácticas sucesivas de seis meses en el mismo taller de Trulls, en el taller que el escultor Lluis Bonifàs tenía en la población tarraconense de Valls, y en los talleres de Agustí Mas, Bartomeu Soler, Antoni Compte y Agustí Sala1.  

En enero de 1770, Ramon Amadeu solicitaba su admisión en el gremio de escultores, arquitectos y entalladores de Barcelona, presentando documentos acreditativos de su formación con Bonifàs, aunque la solicitud fue rechazada por no pertenecer su maestro al gremio barcelonés, viéndose obligado a pasar un examen que Amadeu superó para lograr su habilitación profesional. El 1 de febrero de 1771 contrae matrimonio con Magdalena Buxadell en la iglesia de San Justo y Pastor de Barcelona, con la que llegaría a tener hasta diez hijos.

En agosto de 1772, con sólo 27 años, solicitaba su ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid con la intención de ser reconocido como escultor. Para ello envió una medalla de alabastro con la representación de La caída de Faetón con la que no consiguió su propósito, recibiendo la recomendación de que continuara estudiando. A partir de entonces, y hasta 1778, inicia su actividad como escultor y decorador de palacios aristocráticos, como el de Felipe Mariano Riquer, marqués de Benavent (de Sagriá), donde intervino en 1775. Para la iglesia de San Jaime de Barcelona realiza en 1776 la imagen de San Bruno, santo del que haría posteriores versiones más adelante. Dominando la técnica de la escultura en estuco, terracota, madera y piedra, en 1777 firma un San Bartolomé de mármol destinado a la portada de la iglesia de la abadía de Montserrat2.

Ramón Amadeu. San Bruno, Santa Águeda y San Pedro Nolasco, terracota
Colección Gelabert, Museo Nacional de Arte de Cataluña, Barcelona
El 14 de marzo de 1778 Ramón Amadeu solicita de nuevo su ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, enviando un relieve de terracota con veinte figuras que representaba la Curación por Cristo de un mudo endemoniado, escena basada en el relato de San Mateo. La Junta de la Academia lo nombra, el 5 de abril de 1778, académico supernumerario de escultura. Este nombramiento, junto al reconocimiento ese mismo año del derecho de policromar sus esculturas, le liberaba del corporativismo de los gremios y de pagar algunos impuestos3.

Desde ese momento inicia una prolífica etapa de escultura religiosa, en variados tipos de materiales, que continúa la tradición barroca española y que se prolongaría hasta 1809. Entre su variada obra figuran representaciones pasionales, como el Ecce Homo del santuario de la Virgen del Tura de Olot (1782), datado en la peana; las imágenes de la Dolorosa de la Hermandad de la Caridad del Hospital de la Santa Cruz de Barcelona, sufragada en 1786 por Antoni Amat Rocabertí, barón de Sant Miquel de Castellar, la imagen vestidera de la parroquia de Sant Denis dels Agudells (destruida en 1936), los bustos de la Dolorosa de la iglesia de San Esteban de Olot, la Virgen de los Dolores de la catedral de Barcelona (donde también se conserva una imagen del Niño Jesús) y la conservada en una colección particular.

Ramón Amadeu. Detalle de San Bruno, terracota
Museo Nacional de Arte de Cataluña, Barcelona
El repertorio se amplía con imágenes de vestir de la Piedad, en ocasiones acompañadas por ángeles llorosos, y tallas de Cristo crucificado como la de la iglesia de San Esteban de Olot (1802), así como algunos pasos procesionales, como el Misterio de la Santa Espina (1783), con la Virgen y cinco pequeños ángeles con instrumentos de la Pasión, realizado para el gremio de veleros de Barcelona, actualmente en el Colegio del Arte Mayor de la Seda de Barcelona, o el del Santo Sepulcro realizado en 1793 para la Junta de Comercio de la ciudad condal.

Ramón Amadeu también elabora bellas y amables imágenes de Santa Ana con la Virgen Niña para iglesias barcelonesas, como la realizada en 1787 y conservada en el Museo Nacional de Arte de Cataluña, la realizada el mismo año para el retablo mayor de la iglesia de Santa Ana y la destinada a la iglesia de los Santos Justo y Pastor, que se acompaña de la figura de San Joaquín. Otro tanto puede decirse de la tipología de la Virgen con el Niño, en la que demuestra una gran madurez, como la realizada en 1804 y conservada en Can Torelló, en Igualada, cuya autoría fue recogida en la correspondencia de Isidro Torelló, o la realizada en 1805 para el retablo de la iglesia de la población barcelonesa de Piera, destruida en 1936.

Otro grupo característico de la producción de Ramón Amadeu son los bustos de la Virgen, de los que son buena muestra los conservados en el Palau Moxó, en el Museo Marés y en el Museo Nacional de Arte de Cataluña, todos ellos en Barcelona.  

Ramón Amadeu. Izda: Santa Ana y la Virgen Niña, Museo Nacional de Arte de Cataluña, Barcelona.
Centro: Busto de la Virgen, Museo Nacional de Arte de Cataluña. Dcha: Virgen con el Niño y ángeles, Can Torelló, Igualada
Asimismo, junto a algunas vírgenes devocionales incorpora a su repertorio imágenes de santos, como la de San Jerónimo Emiliá (1798) de la iglesia del Colegio de Huérfanos de Barcelona o las de San José Oriol, que con motivo de su beatificación el 21 de septiembre de 1806 hiciera para la iglesia de la Esperanza de Barcelona (destruida en 1936), la destinada en 1807 a la iglesia barcelonesa de Santa María del Pi y la que se encuentra en la capilla de la Inmaculada de la catedral de Jaén.

En su polifacética producción no faltan representaciones de alegorías y personajes históricos, como las seis figuras realizadas en mármol en 1802 para ser colocadas en la terraza de la Lonja de Barcelona, desgraciadamente no conservadas. Del mismo modo, al menos desde 1794 también se tiene constancia de la elaboración de pequeñas figuras modeladas en terracota y policromadas para belenes que eran ofrecidos en la navideña Feria de Santa Lucía de Barcelona.

Ramón Amadeu. Virgen con el Niño, figura de Belén
Colección Bordas, Museo Etnológico de Barcelona
Cuando cuenta 64 años su vida sufre una importante alteración a causa de la invasión francesa de Barcelona. En 1809, un año después del comienzo de la Guerra de la Independencia, se desplaza junto a otro artista, ambos disfrazados de mendigos, hasta la ciudad de Olot, en ese momento libre de invasores. Alcolea Gil relaciona la fuga con el fracaso de la Conspiración de la Ascensión, rebelión que tuvo lugar entre el 11 y 12 de mayo de 1809. En Olot recibe la ayuda del farmacéutico Francesc Xavier de Bolós, que le acoge en su casa y le permite establecer el estudio en los pisos altos de su residencia, además de enviar dinero a la familia que había quedado en Barcelona.

Allí Ramón Amadeu continúa su prolífica actividad, estando datada en 1813 la pareja de Ángeles de un altar de la iglesia de San Esteban de Olot, en 1815 el Ecce Homo realizado para Bonaventura Roig, obispo de Barcelona, hoy en el Museo de la Garrotxa de Olot, en 1816 la imagen de San Mariano de la iglesia de San José de Barcelona, hoy en el Museo Diocesano de la misma ciudad, y en 1817 su participación en la elaboración de las figuras festivas de los Gigantes de Olot, hoy en el Museu del Sants de la Garrotxa.

Conviene reseñar que las circunstancias producidas por la invasión francesa y los sucesos posteriores no eran propicias para el encargo de retablos para iglesias y obras devocionales, lo que explica que Ramón Amadeu se dedicara en esos años a la elaboración masiva de figuras para belenes que eran muy apreciadas4. En ellas el escultor toma apuntes del natural de personajes olotinos y campesinos de la Garrotxa y acentúa el realismo de las figuras, sin apartarse de la influencia de los modelos napolitanos que idealizaban el mundo rural, dando lugar a piezas de estética propiamente romántica. El escultor Josep Clarà lo define bien: “en el escultor Amadeu se adivina una cierta influencia italiana, influencia que el escultor, con su fuerte personalidad, supo aclimatar al ambiente que le rodeaba... en la escultura italiana predomina el idealismo, mientras que Amadeu tiende palmariamente a expresarse con realismo”.

Ramón Amadeu. Izda: Grupo de Belén, Museo Etnológico de Barcelona
Dcha: Escribano del notario de Sant Pau, Colección Bolós, Olot
Buenas muestras de ese realismo romántico muestran los dos belenes conservados en la colección particular de la Familia Bolós en Olot, donde también se guarda una de sus piezas más conocidas: El escribiente del notario de Santa Pau, pintoresco personaje que frecuentaba la tertulia de la farmacia de can Bolós, con vestimenta de época y condición de jorobado.
En opinión de Garrut, incluso Antoni Gaudí se habría inspirado en los prestigiosos belenes de Amadeu para diseñar la fachada del Nacimiento de la Sagrada Familia de Barcelona, iniciada en 1891, donde fusiona la calidad artística con los modelos populares.

Al comenzar la segunda década del siglo XIX, tras su regreso a Barcelona en 1814 y haber reabierto allí su taller, su salud se resiente y su actividad disminuye, dictando su testamento ante el notario Salvador Guitart en febrero de 1821. El 16 de octubre de 1821 el escultor Ramón Amadeu fallecía a los 76 años, siendo enterrado en la iglesia del Pi de Barcelona.


Ramón Amadeu. San Mariano penitente, h. 1816
Museo Nacional de Escultura, Valladolid
Actualmente su obra se halla muy repartida por iglesias, museos y colecciones catalanas. Una buena serie de sus apreciadas figuras de belén y santos en terracota se hallan recogidas en la colección de la Familia Bolós y en el Museo de la Garrotxa de Olot, mientras  que en Barcelona se conservan representativos ejemplares en terracota en el Museo Nacional de Arte de Cataluña, entre ellos ocho obras procedentes de la colección reunida por el médico Josep Gelabert; en el Museo de Historia, donde se custodian figuras de Belén de la antigua colección de Salvador Bordas y el Retrato de Pere Virgili, médico cirujano de cámara de los reyes Fernando VI y Carlos III; otras piezas de Amadeu se exponen en el Museo Marés (Virgen de los Desamparados), en el Museo Etnológico y en la Asociación de Pesebristas de Barcelona.

LA IMAGEN DE SAN MARIANO PENITENTE DE VALLADOLID     

En la Exposición Universal de Barcelona de 1888 se expuso un San Mariano, propiedad de Bartomeu Bosch, del que no constan sus medidas y del que Evelio Bulbena5 pensaba que era una obra homónima a la que poseía Mariano Riera, yerno del escultor, lo que ilustra sobre la estima que la familia del escultor tenía a este pequeño barro. Es muy posible que aquella escultura sea la que, tras pertenecer a la colección de Antón Serrat, fue subastada en 2008 en el comercio del arte de Madrid y adquirida por el Estado para ser destinada al Museo Nacional de Escultura de Valladolid.
 
Ramón Amadeu. San Mariano penitente, h. 1816
Museo Nacional de Escultura, Valladolid
La pequeña terracota de San Mariano penitente —23 cm. de altura— presenta las características de un elaborado boceto que responde a los estudios que, junto a los correspondientes dibujos, el escultor mostraba al comitente como paso previo a la realización definitiva de la escultura solicitada a su escala real. En este caso, la habilidad en el modelado del barro y la creatividad en la invención de tipos humanos permite al escultor equiparar el boceto a sus bellas y exquisitas figuras para Belén, tanto por su acentuado naturalismo, reforzado con la implantación de ojos de cristal, como por su esmerado acabado policromado, lo que proporciona a la pequeña escultura un gran atractivo.

La obra, realizada por el escultor con total libertad y espontaneidad, a pesar de la línea académica del neoclasicismo oficial vigente en su tiempo, se ajusta a los ideales naturalistas que caracterizan el barroco español, huyendo del estatismo y con una impregnación del mismo ascetismo que algunos escultores, como Pedro de Mena, supieron infundir a sus obras. El propio Amadeu realizaba un dibujo coincidente con el boceto de la escultura y del retablo que la acogía, dibujo que fue editado en un grabado del barcelonés Francesc Fontanals proclamando la concesión de indulgencias a quienes orasen ante ella6.

Paradójicamente, el boceto del santo eremita del siglo V resulta mucho más atractivo y grácil que la escultura definitiva y de tamaño natural que realizara el escultor en 1816 para ser colocada en un retablo de la iglesia del convento barcelonés de San José, conservada en el Museo Diocesano de Barcelona desde que aquel convento fuera derribado en 1835. A diferencia del boceto y aunque mantiene la actitud de oración, la escultura de San Mariano es mucho menos dinámica y le presenta sin inclinación corporal, más envejecido, con calvicie pronunciada y una barba más poblada, conjunto de detalles posiblemente impuestos por el comitente, situándose estilísticamente a caballo entre el último barroco y el neoclasicismo.

Ramón Amadeu. San Mariano penitente. Izda: Imagen tamaño natural, Museo
Diocesano de Barcelona. Dcha: Boceto, Museo Nacional de Escultura
En definitiva, el tratamiento de la escultura de San Mariano penitente del Museo Nacional de Escultura se halla en la línea de las mejores figuras para Belén de Ramón Amadeu, en las que el escultor alcanzaría las mayores cotas de su arte. 


Informe: J. M. Travieso.
Fotografías: J. M. Travieso, MNAC y Museo Nacional de Escultura.


NOTAS

1 YEGUAS I GASSÓ, Joan: Ramon Amadeu: 200 anys de la seva estada a Olot (1809-1814). Gerona, 2012, pp. 27-28.

2 Ibid., p. 30.
Las esculturas del Salvador y los doce apóstoles de la fachada de Montserrat, que fueron encargadas a los escultores Ramon Amadeu, Joan Enrich y Pau Serra, fueron víctimas de las destrucciones de 1811 y del expolio de 1835. Algunas figuras mutiladas se llevaron al Museo Lapidario.

3 Ibid., p. 30.

4 ALCOLEA Y GIL, Santiago: Ramón Amadeu (1745-1821). Generalitat de Catalunya, Barcelona, 1992.  

5 BULBENA, Evelio: Ramón Amadeu: maestro imaginero catalán de los siglos XVIII y XIX, Barcelona, 1927, pp. 146-147. 

6 MARCOS VILLÁN, Miguel Ángel: San Mariano penitente. En: BOLAÑOS ATIENZA, María: El Museo crece: Últimas adquisiciones 2005-2010. Madrid, 2011, pp. 90-91.






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