15 de marzo de 2021

Pie memoriae: LA VIRGEN DE LA CASITA, un prodigio entre la retama de Alaejos















VIRGEN DE LA CASITA
Ermita de Nuestra Señora de la Casita
Alaejos (Valladolid)

















En un cerro situado entre las poblaciones vallisoletanas de Alaejos y Sieteiglesias de Trabancos se levanta la ermita de la Virgen de la Casita, patrona de Alaejos, cuyo legendario origen se remonta a un milagro ocurrido en 1490, cuando durante una época de sequía se le apareció la Virgen a una vecina de la villa para indicarle sus deseos de ser venerada en aquel paraje, dando lugar a una extraordinaria veneración popular que se mantiene viva en nuestros días.


Los detalles y circunstancias de la aparición fueron descritas por el padre jesuita Juan de Villafañe en su obra Compendio histórico en que se da noticia de las milagrosas y devotas imágenes de la Reyna de cielos y tierra, María Santísima, que se veneran en los más célebres santuarios de Hespaña, publicada en Salamanca en 1726. De esta enciclopedia mariana1 extraemos el relato de la historia de Nuestra Señora de la Casita de Alaejos.


Talla de la Virgen de la Casita y aspecto actual al culto en la ermita
       En la primavera del año 1490 el término a Alaejos y comarca padecía una extrema sequía que amenazaba la fertilidad de campos y viñas, una situación que presagiaba una calamidad pública. En ese momento vivía en la villa Catalina de la Cruz, una mujer virtuosa que estaba casada con Rodrigo de Villaverde, hombre vago y de mal carácter que le daba malos tratos que ella sufría con paciencia. Para mantener a sus hijos, salía todos los días al campo para recoger hierbas que luego vendía, manteniendo a la familia con los escasos recursos que le proporcionaba su humilde recolección. Pero en ese momento, secos y agostados los campos, las hierbas carecían de su verde frescura, por lo que, afligida, a diario oraba y suplicaba en el campo por su familia y sus vecinos de Alaejos, de seguir así, abocados a la hambruna.

       El 10 de mayo de ese año, cuando en lugar de la lluvia eran sus lágrimas las que regaban la tierra, vio que al pie de una retama cercana había una pequeña imagen de la Virgen, al tiempo que escuchaba una voz que le decía que sus súplicas habían sido escuchadas. Además la Virgen, como prevención para las necesidades del futuro, le solicitó que comunicara a los vecinos que deseaba que construyeran una ermita en ese mismo lugar y que la imagen fuese considerada como patrona para beneficiar al pueblo y su entorno.
Aunque respondió que no la creerían, Catalina fue al pueblo y contó lo sucedido a regidores y clérigos, que considerando sus virtudes creyeron sus palabras, aunque algunos más prudentes dudaron de la verdad. Reunidos en la iglesia, les convenció para que fueran en procesión hasta el lugar de la aparición, donde encontraron la imagen junto a la retama. Allí la adoraron y dieron gracias por haber elegido aquellos campos para demostrar su gloria. En lugar de trasladarla al pueblo, y cumpliendo los deseos divinos, decidieron dejarla allí mismo, donde para preservarla construyeron con cuatro maderos y sencillas ramas una Casita provisional, en espera de una construcción más digna. Desde entonces fue conocida como Virgen de la Casita y, como era de esperar, a estos sucesos siguieron abundantes lluvias que solucionaron el problema de las cosechas.
Según la leyenda, la retama junto a la que apareció la Virgen quedó impregnada de un dulce sabor y hasta la propia tierra emanaba una agradable fragancia, de modo que bajo la ermita que se construyó se decidió incluir una cripta, a la que se accede desde una portezuela abierta en la mesa del altar, en la que se mantuvo parte del terreno, considerado santo, y restos de la retama. Asimismo, Catalina de la Cruz, después de haberse dedicado al cuidado de la imagen y de recoger limosnas para su santuario, cuando murió en olor de santidad fue enterrada delante del altar. Una lápida sepulcral colocada en el pavimento del presbiterio mantiene su memoria.

Ermita de Nuestra Señora de la Casita, Alaejos (Valladolid)
Los milagros obrados por la Virgen de la Casita a lo largo de la historia son innumerables, abundando los sanadores. Entre los milagros recordados se encuentra el producido en 1695 en el regreso de la procesión, cuando el niño Jacinto Carrasco cayó a una cueva próxima al camino, al que daban por muerto, siendo recuperado sano y salvo tras la invocación de su madre a la Virgen de la Casita. O el obrado públicamente durante la procesión de 1719, cuando un sacerdote tomó en sus brazos al niño Francisco Rodríguez, ciego de nacimiento, y al tocarle los ojos con el manto de la Virgen recuperó la vista. Desde entonces es costumbre colocar provisionalmente a los pequeños infantes, a modo de ofrecimiento, sobre las andas de la Virgen. En otros casos libró de la muerte a desahuciados por los médicos, como a Manuel Allende, vecino de Toro y devoto de la imagen, al que sanó en 1722. Incluso se conocen casos de poseídos por el maligno que fueron liberados, como Teresa Roldán, oriunda de Valladolid, a la que sus padres, devotos de la Virgen, llevaron a la ermita en 1718. El caso se repetiría en 1723 en la persona de Agustina Sáez, vecina de Bobadilla, que se libró de los demonios nada más entrar al templo.  
Detalle de la cartela colocada en la fachada de la ermita
  
El edificio de la ermita que ha llegado hasta nosotros permite comprobar la antigüedad de la tradición, pues tanto en la cripta como en el muro del lado de la epístola aparecen elementos arquitectónicos góticos, así como restos de capiteles de finales del siglo XV en la antigua puerta de acceso, actualmente cegada. No obstante, el aspecto que hoy ofrece el santuario responde a la importante reforma que se hizo en 1699, que afectó tanto al exterior como al interior. En el muro del lado del evangelio, flanqueando un sillar decorado con un medallón en el que aparece una estrella,  se encuentra una inscripción informativa: "Hiçose esta obra siendo / comisarios el ldo d. Thomas / Mdez i el ldo Lorenzo de / Castro i d. Franco / Perlines Arias i / Christoval San / Donis 1699", y en otra más difusa: " ...Gonzalez y Xp / Toval San / Donis i pro / curadores Manuel de / ...1699". 
La ermita de la Virgen de la Casita es de grandes dimensiones, con el interior dividido en tres naves separadas por arcos de medio punto, con una cubierta rasa en la nave central y bóvedas de cañón en las laterales. La capilla mayor fue reformada en el siglo XVIII, erigiendo sobre ella una cúpula sobre pechinas decorada con yeserías de estética barroca. Se supone que en ese momento también se levantó la fachada principal, toda ella de ladrillo y con dos cuerpos cilíndricos en los extremos, contrafuertes a los lados de la puerta y un frontón triangular truncado por una sencilla espadaña, iluminando las naves una ventana cuadrangular colocada en el centro, sobre la que se arquea la cornisa al gusto barroco, y dos óculos en los laterales.

En el interior, con el fin de dar un digno alojamiento a la Virgen de la Casita, se mandó hacer un original retablo-tabernáculo de factura muy fina y gusto rococó, que podría estar inspirado en la primitiva "Casita" que la cobijó. Aparece ornamentado con bellas y dinámicas figuras de ángeles a los lados y en el coronamiento, sentados sobre ménsulas y pequeños frontones, así como una pequeña figura del Niño Jesús y una alegoría de la Fe en la cúspide.
En la hornacina situada en el centro del tabernáculo se muestra a los fieles la Virgen de la Casita, una imagen gótica cuya estética aparece reconvertida por el tradicional camuflaje aplicado inexorablemente en época barroca, en este caso afortunadamente sin grandes mutilaciones. Se trata de una talla en madera, elaborada en la segunda mitad del siglo XIII, que apenas supera el medio metro de altura. La Virgen se presenta sedente, con el Niño sentado en su pierna izquierda y sosteniendo una manzana —como nueva Eva— en su mano derecha. El Niño tiene mutilada su mano derecha, dispuesta en actitud de bendecir, y en la izquierda sujeta el globo terráqueo. Con los rostros repintados, presenta una sencilla policromía de colores lisos.  
Su aspecto original, como transición del románico al gótico, aparece enmascarado bajo la tradicional indumentaria de gusto barroco de túnica y manto acampanado, que se repiten en variados textiles en los ajuares que dispone, encajes en torno a la cabeza, rostrillo y coronas de plata en las dos figuras.

Del primitivo aspecto que presentaba el altar en que se veneraba, se conservan dos grabados que sirvieron para difundir su culto y recordar a sus devotos su imagen a distancia. Uno fue realizado en Salamanca en 1723 por el fraile capuchino Pedro de Alaejos y el otro hacia 1774 con dibujo de Diego de Villanueva e impreso por Juan Barcelón, según el ejemplar guardado en el Museo parroquial de Santa María de Alaejos.

Procesión por las calles de Alaejos
La fiesta en honor de la Virgen de la Casita se celebra anualmente cada 10 de mayo con una romería y un baile tradicional que los vecinos denominan  la "charambita". Asimismo, cada diez años, en las fiestas que se celebran en mayo en Alaejos, la imagen es bajada en solemne procesión desde la ermita hasta la iglesia de Santa María, para la que, en su condición de alcaldesa honoraria, los vecinos engalanan las calles, fachadas y balcones con vistosos arcos de retamas y flores. Al finalizar esta fiesta, la imagen retorna a la ermita en que recibe culto todo el año.

Informe: J. M. Travieso.






Notas

1 Biblioteca Digital de Castilla y León.





















Calles engalanadas en la procesión que se celebra cada diez años














* * * * *

No hay comentarios:

Publicar un comentario