8 de abril de 2011

Historias de Valladolid: SAYONES DE LA PASIÓN, el valor testimonial de la indumentaria de otro tiempo


     Las figuras de los "sayones" que forman parte de las escenas barrocas que componen los pasos procesionales de la Semana Santa de Valladolid, elaborados en madera policromada, constituyen un conjunto escultórico homogéneo con sus propias características y peculiaridades. Por el apelativo de "sayones" se conoce a todas aquellas figuras secundarias que ayudan a componer la narración de los distintos episodios pasionales, generalmente caracterizados como soldadesca y verdugos entregados a toda clase de humillaciones.

     El término "sayón" procede de la cultura visigoda, siendo uno de los dos tipos de milicianos privados que defendían con las armas a un noble o magnate. El otro eran los "bucelarios", de mayor rango y mayores beneficios. Ambos formaban parte del séquito de su patrón y de él llegaban a recibir tierras y recompensas.
     En la Edad Media recibían la denominación de "sayones" los administradores de justicia, entre cuyas funciones figuraba la de citar a juicio a los acusados. Tiempo más tarde, con ese nombre eran denominados los verdugos que ejecutaban a los condenados, que generalmente cumplían su misión enmascarados.
     Esta acepción de verdugos es la se viene aplicando en la iconografía procesional a los personajes que intervienen en el proceso pasional de Jesús, aunque también el término se ha extendido para denominar a los cofrades que vestidos con túnicas largas y cubiertos por capirotes acompañan a los pasos.

     En las figuras de los sayones los grandes imagineros castellanos, sobre todo en los talleres vallisoletanos, crearon una gran variedad de prototipos que serían copiados y difundidos por buena parte de España. En ellos se fueron acentuando paulatinamente los rasgos grotescos hasta convertirse en una caricatura de los personajes que frecuentaban los bajos fondos de la ciudad: mercenarios, truhanes, villanos, pícaros, delincuentes y asiduos a las mancebías. Y del mismo modo que los personajes reales, serían popularmente conocidos por sus apodos, tales como "el chato", "el bizco", "el rodopelo", "el descalabrado", "el barrena", etc. Asimismo, por su aspecto de baja catadura moral y su rol ofensivo, durante las celebraciones sacras eran insultados y vilipendiados a su paso por las calles vallisoletanas.

     Todos ellos acentuaban el carácter teatral de las representaciones y fueron realizados en talleres de la ciudad a lo largo del siglo XVII, cuando España estaba gobernada por la dinastía de los Austrias. Unos durante el reinado de Felipe III (1598-1621), otros cuando ocupaba el trono Felipe IV (1621-1665) y algunos, más tardíos, durante la monarquía de Carlos II (1661-1700).

     Se desconoce el motivo que llevó a los escultores, desde un primer momento, a prescindir en las representaciones procesionales de soldados caracterizados "a la romana", tan habituales en los relieves y en los elementos decorativos de los retablos precedentes del Renacimiento. Una posible explicación es moralizante, por el deseo de descontextualizar la Pasión y hacer partícipe al pueblo de las causas del dolor de Cristo y la Virgen a través de personajes y vicios fácilmente reconocibles, lo que pudo inducir a presentarles como soldados y sayones con una indumentaria que seguía los dictados de la moda del momento, una caracterización anacrónica en unas escenas teatralizadas que pretendían el simulacro con el mayor realismo. Este hecho curiosamente se repite en los Sacromontes italianos de Varallo y Varese, cuyas escenas presentan numerosas concomitancias estéticas y de contenido con los pasos procesionales vallisoletanos.

     En efecto, los escultores "vistieron" de diferente forma a los principales protagonistas del drama sacro y a los personajes secundarios. En los primeros el atuendo se ajusta a la tradición bíblica, luciendo los personajes masculinos túnica anudada a la cintura por un cíngulo, en ocasiones con cuello vuelto y botonaduras, manto, sandalias, borceguíes y, raramente, turbantes, mientras que en los personajes femeninos son habituales la túnica, el manto, las tocas, velos y cintas en el pelo, sandalias y zapatos. Así visten Cristo y los Apóstoles, Nicodemo, José de Arimatea, la Virgen, las Santas Mujeres y la Verónica.

     Por el contrario, los personajes narrativos, es decir, el grupo de judíos, soldados y gobernantes romanos, muestran atuendos de uso generalizado durante la época de los Austrias, modelos de uso común en el momento en que se hacen las figuras, eso sí, siempre aplicados de forma selectiva, reservando a las altas jerarquías ciertos modelos orientalizantes, con turbantes o tocados sofisticados de gran fantasía, pero en ningún momento vestiduras basadas en la cultura judía o romana, cuyas analogías tan sólo se aprecian en la indumentaria de los ángeles y siempre con una gran libertad interpretativa para sugerir su pertenencia remota a las legiones celestiales. Será a finales de siglo cuando Alonso de Rozas elabore cuatro soldados durmientes con un uniforme romano más próximo al convencional, custodiando el paso del Santo Sepulcro.

     De modo que toda la soldadesca que cumple las órdenes de Poncio Pilatos y participa en la Crucifixión aparece vistiendo una indumentaria propia del siglo XVII, época en que el atuendo masculino sufrió el cambio más radical de la historia moderna. Por este motivo, los sayones más que soldados romanos evocan a los enrolados en los Tercios de Flandes, concretamente a las legiones de arcabuceros, casi siempre con gorros de cuero sustituyendo a los cascos metálicos.

     Entre los sayones es común que vistan una camisa de hilatura fina, evolución del sayo común en el siglo XV; un jubón o prenda ajustada de tejido rígido que cubre desde los hombros a la cintura, con largas botonaduras y cuellos de gran dureza, en ocasiones en forma de collar, común para hombres y damas, que alcanzó su auge durante los reinados de Felipe II y Felipe III y que eran elaborados por los juboneros, un gremio específico independiente de los sastres; en contadas ocasiones lucen un coleto sin mangas, una especie de chaleco; casi siempre un calzón o calzas que se ajustan a la altura de la rodilla, a veces con ligas en forma de cintas (senojiles); algunos con medias y otros con las piernas al descubierto; finalmente botas elaboradas en cuero y gorros de diseños caprichosos. Únicamente las figuras con mando lucen ropilla, una vestidura corta y con mangas que se colocaba sobre el jubón. Tanto el jubón como las calzas eran prendas obligadas en el guardarropa masculino de entonces.

     En el ornato son frecuentes los "acuchillados", unas rasgaduras en sentido longitudinal practicadas en las mangas del jubón y en las calzas, a veces en los gorros, que dejan asomar parte de la camisa o del forro, un elemento decorativo generalizado en el siglo XVI tanto en las prendas de hombre como en las de mujer. Igualmente, siguiendo los dictados del siglo XVI, los trajes presentan diferentes abotonaduras, un colorido muy vivo y diferentes complementos, reservando el cuero para los gorros, los cinturones y el calzado. Cuando la figura representa un soldado, identificado por portar un arma, el jubón adopta la forma de una sólida armadura para reforzar el semblante militar.

     Por supuesto, ninguno de los sayones ofrece en su atuendo elementos propios de las clases altas y adineradas de la época, tales como los paños negros que impusiera el emperador Carlos como signo de dignidad, las gorgueras alrededor del cuello, que con forma de golas o golillas eran símbolo de privilegio aristocrático o colegial, ni las cruces rojas en el pecho con símbolos de las órdenes militares de Santiago, Calatrava, Alcántara, Montesa, San Juan o Malta, generalizadas desde el siglo XVI, a las que se vino a unir el emblema del Santo Oficio. Tampoco utilizan ningún tipo de capa, capote ni casaca de aquella moda española que tanto se imitó en toda Europa.

     Teniendo en cuenta que la sociedad estamentaria y jerarquizada del siglo XVII distinguía los grupos sociales por la forma de vestir, muy definida para la monarquía, el clero, la nobleza, el pueblo llano y los marginados, y que la gente distinguía a la perfección el significado de la ropa, el grupo de sayones procesionales de Valladolid se convierten en expresivos maniquíes de la moda de otro tiempo, lo que les confiere un alto valor etnográfico.

     En sus rostros también presentan rasgos propios del gusto de la ápoca, con fisionomías igualmente aplicadas de modo selectivo, de modo que aquellos que ofenden a Cristo son presentados como personajes degenerados y con remarcadas taras físicas, apareciendo bizcos, desdentados, descalabrados, chatos, narigudos, malhumorados, etc., generalmente como una descarnada caricatura, un recurso utilizado con fines doctrinales para resaltar su maldad y convertirles en personajes despreciables, llegando a ser muchos de ellos, como ya se ha dicho, insultados cuando eran paseados por las calles durante los desfiles de Semana Santa. Estos rasgos se atemperan en los personajes populares que ayudan a Jesús, que incluso se llegan a idealizar, como es el caso de la nobleza del rostro del Cirineo o la belleza inocente del mozo ayudante en el paso del Descendimiento.

     En todos ellos son comunes los largos bigotes, a veces ensortijados, diferentes tipos de perillas, cabellos largos, casi siempre con raya al medio y cayendo hacia los lados hasta cubrir las orejas, y largas patillas, con el rasgo común de presentar barba sin afeitar de varios días para realzar su aspecto descuidado.
     Del grupo de sayones conservados, los más antiguos pertenecen a Francisco de Rincón y los mejores a Gregorio Fernández, algunos realmente geniales, siendo también ilustrativos los realizados por Andrés de Solanes, discípulo de Gregorio Fernández, y los más tardíos de Francisco Díez de Tudanca y Juan de Ávila.


RELACIÓN DE PASOS BARROCOS DE VALLADOLID, POR ORDEN CRONOLÓGICO, QUE INCORPORARON GRUPOS DE SAYONES:

1604, ELEVACIÓN DE LA CRUZ. Francisco de Rincón.
Composición: Cristo crucificado, Dimas y Gestas de pie esperando su crucifixión y cinco sayones, dos tirando de cuerdas que izan la cruz, uno empujando el madero con el hombro, otro sujetando una escalera y el quinto apuntalando la cruz con una pértiga. Los sayones del paso, encargado por la cofradía de la Pasión, anticipan los modelos de Gregorio Fernández y están impregnados de una fuerte carga teatral. La imagen de Cristo se conserva en el convento de San Quirce, donde fue venerado como San Dimas por mucho tiempo, y el resto del paso en el Museo Nacional Colegio de San Gregorio.

1612-1616, LA CRUCIFIXIÓN (SED TENGO). Gregorio Fernández.
Composición: Cristo crucificado vivo y cinco sayones, dos jugando a los dados las vestiduras de Jesús, uno portando una lanza y un calderín con la mezcla de hiel y vinagre, otro acercando una esponja a los labios de Cristo y el último encaramado a una escalera colocando la inscripción "INRI". Fue realizado en dos fases (en la primera se hicieron tres figuras) para la cofradía de Jesús Nazareno y es el primer paso compuesto por Gregorio Fernández en la línea trazada por su maestro Francisco Rincón. Es la única escena en la que se conserva completo el grupo de sayones y se custodia en el Museo Nacional Colegio de San Gregorio.


1614, CAMINO DEL CALVARIO. Gregorio Fernández
Composición: Jesús con la cruz a cuestas, el Cirineo, la Verónica y dos sayones, uno que tira de una cuerda amarrada al cuello de Jesús y otro que toca una trompeta, a los que acompaña la imagen del Cirineo caracterizado como un labriego castellano. El paso fue encargado por la cofradía de la Pasión. No se conserva la imagen original de Cristo, cuya figura actual, con el cuerpo tallado para sustituir a otro de candelero, presenta cabeza y manos atribuidas a Pedro de la Cuadra. Uno de los sayones, que apoyaba una lanza en el costado de Cristo, fue cambiado de disposición y lugar en la composición. El conjunto se guarda en el Museo Nacional Colegio de San Gregorio.

1619, LA FLAGELACIÓN. Gregorio Fernández.
Composición: Cristo atado a la columna, un sayón sujetándole con una soga, dos sayones con látigos y un general caracterizado como Poncio Pilatos. Actualmente desfila en solitario la imagen de Cristo, obra cumbre de la escultura barroca española que recibe culto en la iglesia de la Vera Cruz, cofradía que encargó el paso. La figura de Pilatos y de un sayón azotando están identificados en los fondos del Museo Nacional Colegio de San Gregorio.

1620, LA CORONACIÓN DE ESPINAS. Gregorio Fernández y taller.
Composición: Cristo sedente y dos sayones a los lados colocándole la corona de espinas, otro sayón arrodillado delante ofreciendo una caña como cetro y la figura de Pilatos al fondo. Realizado para la cofradía de la Vera Cruz. Actualmente en el paso solo figura Cristo presentado como Ecce Homo, obra personalísima del escultor. Del conjunto se conserva el sayón arrodillado, uno de los que colocan la corona y la supuesta figura de Pilatos en el Museo Nacional Colegio de San Gregorio.


1629, LA ORACIÓN DEL HUERTO. Andrés Solanes.
Composición: Cristo arrodillado, Ángel ofreciendo el cáliz, Judas señalando a Cristo y soldados portando sogas y lanzas. Actualmente sólo componen el paso Cristo y el Ángel. La figura de Judas y dos de los soldados con lanzas se conservan en el Museo Nacional Colegio de San Gregorio.

H. 1650, LA FLAGELACIÓN. Francisco Díez de Tudanca y Antonio Ribera.
Composición: Cristo atado a la columna y cuatro sayones, uno de ellos portando una alabarda (actualmente una espada) e identificado como un general. El paso fue realizado para la cofradía de la Pasión y reproduce el modelo creado por Gregorio Fernández en 1619 para la Vera Cruz. La figura de Cristo se conserva en la iglesia de San Quirce y Santa Julita y todos los sayones en el Museo Nacional Colegio de San Gregorio.

H. 1679, SANTO SEPULCRO. Soldados de Alonso de Rozas.
Composición: Cristo muerto colocado en el interior de una urna-sepulcro que es custodiada en los extremos por dos ángeles y en las esquinas por cuatro soldados dormidos, obra de Alonso de Rozas, figuras que dieron lugar a su denominación popular como "Paso de los Durmientes". La imagen de Cristo yacente fue realizada por seguidores de Gregorio Fernández hacia 1696, el mismo año en que los ángeles originarios se deterioraron accidentalmente en una caída y fueron sustituidos por otros elaborados por José de Rozas, hijo de Alonso. El paso fue elaborado para la cofradía de las Angustias, de la que fue alcalde Alonso de Rozas, que entregó las figuras a la cofradía para quedar eximido de las ocupaciones del cargo, siendo el único caso en Valladolid en que los sayones aparecen caracterizados como soldados romanos. El paso, al que se incorporó un pedestal en 1953, se custodia en el Museo Nacional Colegio de San Gregorio.

1680, PREPARATIVOS PARA LA CRUCIFIXIÓN. Sayones de Juan de Ávila.
Composición: Un sayón de raza negra cavando un hoyo para encajar la cruz, otro barrenando los orificios de los clavos y un tercero sujetando a Cristo despojado con una soga. El paso fue realizado para la cofradía de Jesús Nazareno cuando esta levantó su propio templo después de tener su sede original en el iglesia de San Agustín, donde ya existía otro similar que incorporaba un sayón que de un tirón quitaba la vestidura a Cristo (el rodopelo), conjunto que ha desaparecido. Tampoco se conserva la imagen original de Cristo despojado, que ha sido sustituida por otra realizada en 1641 por Francisco Alonso de los Ríos. El paso se guarda en el Museo Nacional Colegio de San Gregorio.


     Un caso excepcional lo constituye el paso del Descendimiento (1623-1624) de Gregorio Fernández, en el que junto a las elegantes figuras de José de Arimatea y Nicodemo aparece un joven vestido de igual manera que los sayones, aunque su función de mozo ayudante en la operación de desclavar a Cristo le otorga el privilegio de una atractiva fisionomía, muy alejada de los grotescos sayones, casi con aspecto de ángel, en la misma línea en que aparece un ayudante en la célebre pintura del  "Descendimiento", de Roger van der Weyden, que se custodia en el Museo del Prado.

Ilustraciones: 1 Sayones del paso de la Crucifixión (Sed tengo), Gregorio Fernández, 1612. 2 Detalle del sayón de la esponja del paso Sed tengo, de Gregorio Fernández. 3 Sayón que juega a los dados del paso Sed tengo. Gregorio Fernández, 1616. 4 Sayón del paso Camino del Calvario, Gregorio Fernández, 1614. 5 Figura de Poncio Pilatos del paso de la Flagelación, Francisco Díez dee Tudanca, 1650. 6 Detalle de sayón de la Exaltación de la Cruz, Francisco Rincón, 1604. 7 Sayón del paso Camino del Calvario, Gregorio Fernández, 1614. 8 Sayón del paso de la Exaltación de la Cruz, Francisco Rincón, 1604. 9 Sayones del paso de la Oración del Huerto, Andrés Solanes, 1629. 10 Mozo ayudante del paso del Descendimiento, Gregorio Fernández, 1624, y soldado durmiente del Santo Sepulcro, Alonso de Rozas, h. 1679. 11 Jubón femenino del siglo XVII, Museo del Traje, Madrid.  

Informe: J. M. Travieso
Registro Propiedad Intelectual - Código: 1104108943777


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