16 de noviembre de 2012

Visita virtual: EL MARTIRIO DE SAN MAURICIO, magistral interpretación de una leyenda medieval




MARTIRIO DE SAN MAURICIO Y LA LEGIÓN TEBANA
Doménikos Theotokópoulos, el Greco (Candía, Creta, 1541 - Toledo, 1614)
1580-1582
Óleo sobre lienzo
Pinacoteca del Monasterio de El Escorial (Madrid)
Pintura del Renacimiento. Manierismo


     Corría el año 1579 cuando Felipe II estaba ocupado en la decoración del recién construido monasterio de El Escorial, pero el 28 de marzo se produjo la inesperada muerte del pintor riojano Juan Fernández de Navarrete, más conocido como Navarrete el Mudo, que tenía dedicado a tales menesteres, por lo que inició una búsqueda de artistas para rematar los retablos laterales de la basílica. En junio de aquel mismo año, con motivo de las fiestas del Corpus, Felipe II, acompañado de la reina y las infantas, pasó diez días en Toledo, donde tuvo la ocasión de conocer en la catedral el Expolio de El Greco, pintor que había llegado a España tres años antes. La pintura movió al monarca a solicitar al artista cretense una con la escena del Martirio de San Mauricio y la Legión Tebana, lo que favorecía la posibilidad de que continuase trabajando en la basílica junto a otros artistas consagrados.

     La elección del tema no era improvisada, pues el rey consideraba necesaria la presencia de San Mauricio en el repertorio de la iglesia debido a la existencia de reliquias en la misma y por ser considerado, junto a San Andrés, patrono de la Orden del Toisón de Oro, cuyo rango de Gran Maestre de la Orden había pasado a los Austrias españoles a través de Felipe el Hermoso, así como por representar los valores de la lucha contra la herejía, un asunto con el que el monarca se sentía plenamente identificado.


     El Greco respondió a la petición real haciendo una fantástica interpretación del tema en una pintura de gran formato (448 x 301 cm.) destinada a uno de los altares, pero, sin que conozcamos las verdaderas razones, la escena no llegó a encajar en las ideas estéticas y decorativas del monarca, que rechazó la obra por considerarla arcaizante y poco épica, imposibilitando con ello el futuro trabajo del cretense en el monasterio, en el que, desgraciadamente, encontrarían trabajo bastantes pintores de mediocre calidad. El Greco, completamente decepcionado y sintiéndose incomprendido, abandonó los círculos palatinos y se retiró a Toledo, donde instaló definitivamente su estudio para atender otros importantes encargos. Por su parte, Felipe II encargó otra versión del tema al pintor italiano Rómulo Cincinato (ilustración 6).


     A pesar de todo, hoy día el Martirio de San Mauricio está considerado como una genial obra maestra de El Greco, tanto por su composición como por la ejecución con una técnica tan personal. Todo es originalidad en su planteamiento. En primer lugar por situar el momento estricto del martirio en un segundo plano, reservando el lugar de honor para colocar a distintos santos de la Legión Tebana a modo de "sacra conversazione", con personajes sobre un promontorio que insinúan estar dilucidando de forma filosófica la conveniencia y aceptación del martirio que, de forma secuencial y narrativa, aparece plasmado en las pequeñas escenas desplegadas por detrás.

     Realzando el acontecimiento y como es habitual en la obra de El Greco, la composición se articula en dos niveles, uno terrenal y otro sobrenatural, en este caso con una gloria abierta de sombríos nubarrones entre los que ángeles, en plena agitación, derraman coronas y palmas sobre los mártires, al tiempo que otros tañen instrumentos sugiriendo una música celestial de celebración por el gesto de catolicidad de los voluntariamente sacrificados.

     Abundan en la escena una diversidad de planos y de perspectivas, así como elaborados escorzos y elegantes posturas de contrapposto, mientras que con gusto manierista elige un colorido frío, con gran profusión de tonos violáceos, con zonas iluminadas de forma desigual a través de una luz cenital que procede de la gloria abierta, lo que impregna a la pintura de una atmósfera irreal y da lugar a una representación muy alejada de los típicos cuadros de altar de la época.

     En la pintura El Greco manifiesta su capacidad para fundir motivos de la ortodoxia medieval con nuevos elementos iconográficos, de modo que, a primera vista, la escena supuestamente ocurrida en el siglo III, al aparecer elementos militares del siglo XVI, como las alabardas y el estandarte, permite al tiempo asociar la lucha de los generales españoles contra la herejía y el paganismo, estableciendo un paralelismo con la Legión Tebana. 

     Según la leyenda, San Mauricio era un oficial romano a cuyas órdenes estaba la Legión Tebana, compuesta por soldados procedentes de la provincia de Thebaida (Alto Egipto) y todos seguidores del cristianismo. A pesar de que hay diferentes versiones de la historia, era aceptado que en tiempos del emperador Maximiano (285-305), durante su estancia en las Galias, estando acantonados en Agaune (hoy Saint-Maurice, Suiza), recibieron la orden imperial de realizar sacrificios a los dioses romanos, pero al negarse el emperador ordenó la ejecución de los 6.666 legionarios, que desde entonces fueron considerados mártires.
          
     Ese martirio es el que representa la pintura, con San Mauricio colocado de frente, barbado, con una coraza azulada un tanto convencional y descalzo. Está acompañado por sus capitanes, San Exuperio, que porta un estandarte rojo, y San Cándido, que aparece de espaldas al espectador. Formando el grupo del primer plano, también aparece un personaje con túnica que ha sido identificado por algunos como el apóstol Santiago el Menor, que convirtió a toda la legión al cristianismo, así como un personaje maduro con armadura identificado como el Duque Enmanuel Filiberto de Saboya, comandante de las tropas españolas en San Quintín y Gran Maestre de la Orden Militar de San Mauricio, y a su lado Alejandro de Farnesio, duque de Parma, que por entonces luchaba en los Países Bajos.
      
     Más atrás se muestra el martirio propiamente dicho, con los legionarios vestidos con túnicas semitransparentes o desnudos esperando ser decapitados por el verdugo colocado de espaldas. Junto a él aparece de nuevo San Mauricio reconfortando a sus compañeros, con la figura a sus espaldas de don Juan de Austria, hermanastro de Felipe II y vencedor en Lepanto, y a sus pies el escorzo de un legionario desnudo y decapitado que impregna a la escena de un dramatismo ausente en el resto del cuadro.

     San Mauricio fue un santo muy popular en toda la Europa occidental durante la Edad Media y patrono de los emperadores del Sacro Imperio Romano-Germánico, dando lugar a numerosos escritos sobre su historia, no siempre coincidentes, en base a distintas tradiciones orales. Según uno de ellos, redactado hacia el año 430 por Eucherio, obispo de Lyon, fue Teodoro o San Teódulo, obispo de la población suiza de Martigny (antigua Octodurus), quien recibió la revelación de donde yacían los restos de los mártires de la Legión Tebana en Agaune, erigiendo en el lugar, tras excavar y encontrar las reliquias, una basílica a ellos dedicada, pronto convertida en popular centro de peregrinación.

     Con el paso del tiempo, a principios del siglo XVII, las reliquias del cuerpo de San Mauricio fueron conseguidas por la madre Magdalena de San Jerónimo, dueña de cámara de la infanta Isabel Clara Eugenia, hija predilecta de Felipe II, durante su estancia en Flandes. En 1604 eran donadas a la ciudad de Valladolid, donde se organizó una solemne y multitudinaria procesión y grandes festejos durante su recepción, para la que se elaboró  expresamente un lujoso relicario y un vistoso estandarte, asistiendo a la ceremonia los reyes Felipe III y Margarita de Austria, el Duque de Lerma, los Príncipes de Saboya, todo el Ayuntamiento en pleno y gran cantidad de fieles devotos.


Informe: J. M. Travieso.
















Martirio de San Mauricio. Rómulo Cincinato, 1583. Monasterio de El Escorial.      


















Representación de San Mauricio y la Legión Tebana en una miniatura de los siglos IX-X, Biblioteca Nacional de Francia.


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