1 de septiembre de 2014

Fastiginia: Trajes típicos de Valladolid, un cierto desapego a la identidad

Estampas y recuerdos de Valladolid

En las fiestas de Valladolid es frecuente encontrar por la calle grupos de danzas que supuestamente van vestidos con el traje típico de la ciudad o de la provincia. Ello nos ha movido a recoger imágenes y datos sobre lo que sería nuestro traje identificativo, especialmente vistoso en el caso de las mujeres. Para ello hemos recurrido a un verdadero especialista en la materia, Oroncio Javier García Campo, y a una fuente bibliográfica clave: la Revista de Folklore del Centro Etnográfico Joaquín Díaz de Urueña. El resultado ha sido un poco decepcionante.

Opina García Campo que el saber vestirse adecuadamente es un arte, un hecho cultural del que considera no se le ha dado la importancia debida, siempre tratado de forma superficial. Generalmente, siempre que se ha abordado el tema se ha limitado a exponer dibujos y pinturas antiguas sin profundizar en su esencia, por tanto, sin sacar nada provechoso. Sin embargo, debería considerarse dentro del folklore con la misma importancia que tienen la música, la danza o la gastronomía, tan exaltada en nuestro tiempo.

Dibujos de Pharamond Blanchard, 1848, París
Las referencias que tenemos acerca de nuestro traje típico suelen estar tomadas de los citados grabados o estampas antiguas, pero esto no es garantía para confeccionar este tipo de trajes o realizar estudios fiables sobre ellos, pues la sensibilidad de un artista no es forzosamente igual a la de un profesional del vestido, olvidando que la vestimenta de nuestros antepasados en muchos casos tenían un valor simbólico respecto a la edad, el estado civil, el oficio, la clase social, la jerarquía, etc., existiendo, por tanto, el peligro de desvirtuarlo.

La triste realidad es que nuestro traje típico es un tipo de patrimonio desgraciadamente perdido, como otras tantas facetas de nuestra cultura, pues mientras en otras regiones y provincias la gente ha mantenido a gala ataviarse con el traje típico en sus fiestas, en Valladolid no ha ocurrido lo mismo, convirtiéndose en un problema para los grupos de danzas que intentan buscar un atuendo auténtico y representativo, cuando por nuestra historia es lógico que existieran desde los trajes más sencillos y pobres, relacionados con las actividades del campo, hasta los más ricos y suntuosos en una ciudad de la que existen tantos testimonios de celebraciones continuas de fiestas y celebraciones de todo tipo.

El autor consultado llega a la demoledora conclusión de que el traje típico de Valladolid no existe, pues no se ha conservado en su pureza, aunque la provincia, por sus comarcas naturales, sea una de las que más variedad de trajes típicos tiene, algunos de gran riqueza. Entre ellos, uno de los más auténticos es el traje de "churra" de Campaspero, uno de los más bonitos de la provincia e incluso de España, que es compartido en otros pueblos de la comarca meseteña de La Churrería, algunos pertenecientes a la provincia de Segovia.

Estos trajes, que eran usados únicamente por labradores, se componen de las siguientes piezas:

Vestido femenino: Camisa, justillo (corsé), enaguas, pantalón (pololo) y refajo como ropa interior; manteo (liso o de tiranas) y delantal como falda;  basquiña, toquilla y mantón como ropa de abrigo; lazo para el moño, pañuelo y mantilla de tronco como adorno de la cabeza; medias, zapatos y botas, bolso bajero y lazos para la cintura, a lo que se suman ligas, cintillos, pendientes de plata, collares de perlas, relicarios y crucifijos de plata, etc. Con estos elementos se formaban varios trajes adaptados a cada ocasión (trabajo, fiestas, ceremonias religiosas o épocas del año).

Vestido masculino: Camisa y calzoncillos como ropa interior; chaleco, chaqueta, faja, bragas y pantalón cubriendo el cuerpo; capa y tapabocas como ropa de abrigo;  pañuelo y sombrero en la cabeza; medias, calcetines, peales, botas y albarcas en los pies. Su sobriedad contrasta con el traje femenino.

De todo ello quedan piezas sueltas que algunas familias guardaron por tradición, casi todas con una antigüedad superior a cien años, en el fondo de los baúles. En ocasiones, estas se han utilizado como atuendo pintoresco durante los carnavales, lo que les convertía en algo extraño a su función, siendo únicamente los grupos de danzas los que han mostrado interés por reproducir aquellos trajes con fidelidad, aunque no han faltado quienes, sobre ciertos estereotipos, se han inventado unos trajes que han presentado como tradicionales, sin tener en cuenta de que con ello el propio baile pierde parte de su pureza.

Esperemos que todavía surjan iniciativas para recuperar tan importante legado. De momento, aquí ofrecemos un conjunto de trajes vallisoletanos que simplemente deben considerarse imágenes pintorescas, pues, a excepción de los dibujos decimonónicos de Pharamond Blanchard, ninguno ofrece una fiabilidad científica.




Fuente documental: Revista de Folklore nº 54, año 1985, pp. 197-207.   






























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