6 de enero de 2017

Theatrum: BUEN PASTOR Y APOSTOLADO, plasmación icónica del credo católico













BUEN PASTOR Y APOSTOLADO
Cristóbal García Salmerón (Cuenca, h. 1603-Madrid, h. 1666)
Segundo tercio del siglo XVII
Óleo sobre lienzo
Museo Diocesano y Catedralicio, Valladolid
Pintura barroca española














La serie pictórica del Apostolado, que incluye la representación del Buen Pastor, es uno de los conjuntos más interesantes de cuantos recalaron en la catedral de Valladolid, hoy colocado en lo que fuera Sala Capitular, dependencia integrada en el Museo Diocesano y Catedralicio, donde la magnífica serie barroca, después de haber sido restaurada, está pidiendo a gritos un nuevo tratamiento expositivo, como se ha realizado con otras piezas del mismo museo, en el que, es justo reconocerlo, se van restaurando paulatinamente las impresionantes obras que contiene, trabajos que siempre vienen condicionados por la disposición económica.

Tanto el Apostolado como la pintura del Buen Pastor son obra de Cristóbal García Salmerón, un pintor de difusa biografía que vivió la efervescencia de la pintura barroca española de la primera mitad del siglo XVII en la órbita toledana y que, a la vista de sus obras conservadas, durante el reinado de Felipe IV encontró un cauce expresivo en la representación de "apostolados" que siguen distintos planteamientos iconográficos.

De ellos, se conservan tres completos. El Apostolado que realizara en 1648 para el monumento de Semana Santa de la catedral de Cuenca, que actualmente cubre los muros de la Sala Capitular de esta catedral, donde las figuras de los apóstoles aparecen de cuerpo entero, con sus atributos y colocados sobre fondos arquitectónicos tomados de grabados de Hans Vredeman de Vries; el Apostolado del Colegio Apostólico de la Santísima Trinidad de Valencia, con lienzos de pequeño tamaño y formato ochavado; y finalmente el Apostolado de la Sala Capitular de la catedral de Valladolid, realizado a mediados del siglo XVII, con las figuras de los apóstoles de medio cuerpo y sujetando cartelas en las que aparecen plasmados sucesivos versículos del Credo, en ambos casos con inscripciones que identifican a cada apóstol y acompañados de una decimotercera pintura con la figura de Cristo caracterizado como el Buen Pastor.
Cristóbal García Salmerón. Detalle del Apostolado realizado en 1648
Sala Capitular de la Catedral de Cuenca

Si la presencia de la serie conquense encuentra su justificación en haber sido Cuenca la ciudad natal del pintor, Jesús Urrea apunta la posibilidad de que la llegada del Apostolado a la catedral de Valladolid se debiera a una donación del vallisoletano don Carlos Venero y Leyva, capellán de Felipe III, canónigo de la catedral de Toledo y mecenas benefactor de la catedral de Valladolid entre 1615 y 1639. La familia de este personaje estaba muy ligada a Valladolid por haber sido su padre, Andrés de Venero Leyva, catedrático de Vísperas y Cánones del vallisoletano Colegio de Santa Cruz en 1548 y fiscal y oidor del Consejo y Contaduría de Castilla en 1554, cargos que desempeñó antes de llegar a ser el primer presidente de la Real Audiencia de Santafé de Bogotá.

Según descripciones de Fray Matías de Sobremonte1, este magistrado disponía del panteón familiar en la capilla de Santa Catalina del convento de San Francisco de Valladolid, donde fue enterrado junto a su esposa, María Hondegardos, y sus hijos Jerónimo y Carlos Venero Leyva, siendo este último quien continuó el patronazgo sobre dicha capilla. A consecuencia de la Desamortización y del posterior derribo del convento franciscano, las señoriales esculturas orantes de sus enterramientos fueron trasladadas a la capilla de San José de la catedral de Valladolid, donde todavía permanecen.

LA PINTURA DEL BUEN PASTOR COMO CABEZA DE LA SERIE

Esta magnífica pintura es suficiente para colocar a Cristóbal García Salmerón en un lugar destacado entre los pintores activos en España a mediados del siglo XVII. Con un evidente sentido catequético, en ella aparece Cristo portando sobre los hombros la oveja perdida, sujetando con una mano las patas traseras y con otra las delanteras, al tiempo que porta una cartela con una inscripción que tiene el valor de una declaración de principios: "Ego sum pastor bonus et cognosco oves meas et cognoscuntm meae" (Yo soy el Buen Pastor y conozco mis ovejas y ellas me conocen a mí).

Tan simbólica representación hunde sus raíces en los frescos paleocristianos que desde el siglo II aparecieron en las catacumbas romanas, donde la figura griega del Hermes Crióforo fue cristianizada para representar a Cristo como Buen Pastor. Esta iconografía, que durante la Edad Media perdió fuerza a favor de la Crucifixión, reapareció en Portugal y Francia durante el Renacimiento, mientras que en España fue el espíritu barroco, alentado por la Contrarreforma, el que favoreció la reaparición del tema principalmente bajo dos modalidades iconográficas: el Niño Jesús como Buen Pastor y la Virgen como Divina Pastora2.

La figura de Cristo, sumamente idealizada, se recorta sobre un fondo neutro, adquiriendo valores escultóricos por los fuertes contrastes de luz, siguiendo la estela de Pedro Orrente, maestro con el que Cristóbal García Salmerón se formó en Toledo. De forma bien calculada, la mayor luminosidad se concentra en la cabeza y el cordero, permitiendo contrastar la tersura del rostro joven y naturalista de Jesús, girado hacia la izquierda, con la textura de la piel del cordero, que recuerda tanto las experiencias venecianas de los Bassano como las españolas de Zurbarán. La túnica, en rosa pálido, y el manto, en un azul grisáceo poco estridente, producen pliegues que sitúan la figura en una penumbra que recuerda a Caravaggio, destacando sobre ellos el blanco de la cartela, presentada a modo de trampantojo o naturaleza muerta y con los caracteres de gran tamaño para poder ser leídos a distancia.

También en la etapa final de su carrera Cristóbal García Salmerón realizó otra versión mimética del Buen Pastor para el convento del Carmen Calzado de Madrid. En ella el rostro de Cristo está menos dulcificado y el color de la túnica es algo más intenso. Actualmente pertenece al Museo del Prado, que la tiene cedida en depósito a la iglesia de San Jerónimo el Real de Madrid.

EL APOSTOLADO DE VALLADOLID

Siguiendo el modelo del Buen Pastor, en los lienzos aparecen los doce apóstoles, en figuras de algo más de medio cuerpo, identificados con sus tradicionales atributos y mostrando al espectador una serie de cartelas con grandes inscripciones en las que se plasman ordenadamente los versículos del Credo.

Como elementos comunes, todos comparten un tratamiento naturalista sobre un fondo neutro que obliga a fijar la mirada en los detalles y la caracterización de los personajes, que mediante fuertes contrastes de luz adquieren un sentido escultórico en un entorno tenebrista. Asimismo, todos ellos aparecen acompañados en la parte superior por grandes inscripciones que les identifican, personalizando a cada uno de ellos a través del variado colorido de sus túnicas y mantos y por el trabajo personalizado de sus cabezas, en su mayor parte giradas de tres cuartos, para representar todo un catálogo de seres humanos de diferentes edades y facciones, de rostros y actitudes muy expresivas, siendo constante en todos ellos los desgarros o jirones en la indumentaria —casi con aspecto de mendigos— que recuerdan el naturalismo de Ribera.
Las pinturas fueron restauradas en 2011 con motivo de su presentación en la exposición "Passio", de Las Edades del Hombre, celebrada conjuntamente en Medina del Campo y Medina de Rioseco.

Según las frases de las cartelas que componen el Credo, se establece el siguiente orden secuencial:















San Pedro
Representado como un hombre anciano, con pronunciada calvicie y barba poblada y canosa, viste una túnica con remiendos en los hombros y un manto con rasgaduras, sujetando en su mano derecha el tradicional atributo de las llaves.
San Juan
Es el personaje más joven de la serie, luce una discreta perilla, se dispone frontalmente y levanta su mirada al cielo. En su mano derecha porta un cáliz como alegoría del veneno que se le ofreció a beber y que quedó neutralizado al bendecir el apóstol la copa.
Santiago el Mayor
Su composición es una de las más bellas de la serie, con el santo portando atributos de peregrino, como el bordón y la calabaza sujeta a la cintura.















San Andrés
Representado como un venerable anciano de largas barbas y un manto con fuertes contrastes de claroscuro. Sujeta la característica cruz en forma de aspa en que fue martirizado.
San Felipe
El santo aparece aferrado a la cruz en que fue crucificado en la ciudad de Hierápolis.
Santo Tomás
Es posiblemente la figura más dramática de la serie por su anatomía huesuda, la dureza del rostro y su indumentaria harapienta. Sujeta una lanza como alusión a su martirio en la India.















San Bartolomé
Entre un contrastado manto blanco muestra el cuchillo con el que fue despellejado y después decapitado. El tratamiento del manto recuerda las pinturas de Zurbarán.
San Mateo
Caracterizado con larga barba negra, junto a la lanza de su martirio sujeta un gran libro que alude a su condición de evangelista.
Santiago el Menor
Con barba y larga melena, sujeta el característico trozo nudoso de la pértiga con la que sufrió el martirio de un golpe en la cabeza.















San Simón
Aparece como un hombre maduro que sujeta como atributo la sierra con la que fue martirizado en Asia menor.
San Judas
De aspecto joven, es el único de los apóstoles desprovisto de atributo. Aparece en posición frontal, con la mano derecha al pecho y la mirada a lo alto, en gesto de sumisión.
San Matías
Según los Hechos de los Apóstoles, fue nombrado apóstol póstumo, en sustitución de Judas Iscariote, cuando éste y Jesús ya habían muerto. Termina la serie ladeado hacia la derecha y mostrando en su mano una de las piedras con las que sufrió el martirio de apedreamiento en la Betlaschila.

Cristóbal García Salmerón. Buen Pastro y San Juan. Museo del Prado
(Fotos Museo del Prado)
La iconografía de los apóstoles portando filacterías con frases del Símbolo de la Fe comenzó a difundirse en el siglo XV para recordar que, según la tradición, cada apóstol habría aportado una frase el día de Pentecostés para resumir las aportaciones básicas de sus predicaciones por el mundo, dando lugar el llamado "Credo corto". Siguiendo esta intencionalidad, en el siglo XVI se difundieron las series de grabados de Hendrik Goltius, Anton Wierix y Pieter Van der Heyden3. En España los precedentes directos podemos encontrarlos en los Apostolados realizados por El Greco y su taller en 1600 y 1614.

Cristóbal García Salmerón también fue el autor de otro Apostolado que pertenece al Museo del Prado y que es muy similar al de Valladolid. Del mismo sólamenteo se conservan siete lienzos que se hayan repartidos: el de San Juan permanece en el Prado; San Pedro, Santiago el Mayor, Santiago el Menor y  Santo Tomás se hallan en depósito en el palacio episcopal de Mondoñedo (Lugo); San Simón en depósito en el Museo Municipal de Játiva (Valancia) y San Bartolomé, igualmente como depósito del Prado, en el Museo Provincial de Ciudad Real.

Juan Andrés o Ignacio de Prado. Detalle de Apostolado, 1725
Iglesia de San Felipe Neri, Valladolid
En Valladolid se conserva otra serie que responde a esta iconografía del Credo, con los apóstoles representados de cuerpo entero, colgada por la nave y los soportes de la iglesia de San Felipe Neri. Un conjunto realizado en 1725 que unos atribuyen a Juan Andrés y otros a Ignacio de Prado.


BREVES APUNTES SOBRE EL PINTOR CRISTÓBAL GARCÍA SALMERÓN     

Este pintor barroco nació en la ciudad de Cuenca hacia 1603 y, según Palomino4, se formó como discípulo en el taller que el murciano Pedro Orrente (1580-1645) tenía instalado en Toledo, donde pudo tomar contacto con el gusto por la pintura veneciana, especialmente de los Bassano, asumiendo también las influencias del florentino Vicente Carducho y de la obra que Luis Tristán y Juan Bautista Maíno realizaban en la escuela toledana.

Cristóbal García Salmerón. Teresa de Jesús con benefactora, mercado del arte
Su primera obra firmada es San Julián, obispo de Cuenca, realizada en 1637 para la catedral de Málaga. También firmado está el Retablo de San Juan Bautista de la catedral de Cuenca, ciudad en la que en 1642 pintó una Fiesta de toros (celebrada cuando Felipe IV pasó por Cuenca camino de Cataluña) que Palomino conoció en el Alcázar de Madrid. En 1648 realizaba el Apostolado ya citado de la catedral de Cuenca y se le atribuye un San Juan Evangelista del Museo del Greco en Toledo.

En fecha imprecisa Cristóbal García Salmerón se trasladó a Madrid, donde pintó los Apostolados de la catedral de Valladolid y del Museo del Prado (serie fragmentaria), demostrando la búsqueda del mayor naturalismo y el apego a los modelos de Pedro Orrente hasta la etapa final de su vida profesional5. También en Madrid pintó escenas devocionales para la nobleza, como Teresa de Jesús con una benefactora (mercado del arte). Murió en la capital de España alrededor de 1666.


Informe y fotografías: J. M. Travieso.

Atribuido a Cristóbal García Salmerón
San Juan Evangelista. Museo del Greco, Toledo


NOTAS

1 SOBREMONTE, Fray Matías de: Historia del Convento de San Francisco de Valladolid. Manuscrito conservado en la Biblioteca Nacional de Madrid con la signatura MSS/19351.

2 VELASCO GALLEGO, Santiago: El Buen Pastor. En Passio - Las Edades del Hombre, Medina del Campo y Medina de Rioseco, Valladolid, 2011, p. 310.

3 ANDRÉS GONZÁLEZ, Patricia: Apostolado. En Credo - Las Edades del Hombre, Arévalo, 2013, p. 234.

4 PALOMINO, Antonio: El museo pictórico y escala óptica III. El parnaso español pintoresco laureado. Madrid : Ed. Aguilar, Madrid, 1988.

5 ANGULO IÑÍGUEZ, Diego y PÉREZ SÁNCHEZ, Alfonso E.: Historia de la pintura española. Escuela toledana de la primera mitad del siglo XVII. Instituto Diego Velázquez, CSIC, , Madrid, 1972, pp. 359-371.




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