27 de enero de 2017

Theatrum: VIRGEN DE LAS CANDELAS, una delicada maternidad adolescente













VIRGEN DE LAS CANDELAS O DE LA PURIFICACIÓN
Gregorio Fernández (Sarria, Lugo, h. 1576-Valladolid 1636)
1623
Madera policromada y postizos
Iglesia de San Lorenzo, Valladolid
Escultura barroca. Escuela castellana















Dentro de los arquetipos creados por el gran maestro Gregorio Fernández, ocupan un lugar destacado las representaciones marianas, que alcanzan su máxima expresión en la definición personal de una tipología iconográfica para la Inmaculada y, en menor medida, para la Virgen del Carmen, ambas presentes en la mayoría de los conventos carmelitanos, algo a lo que no fue ajeno Juan de Orbea, amigo personal y admirador del escultor que, desde su cargo de prior del convento del Carmen Calzado, situado a pocos metros del taller que el escultor tenía en la calle del Sacramento (actual Paulina Harriet), ejerció a modo de mecenas recomendando sus obras a todos los conventos de Valladolid y poblaciones próximas, que suman una buena serie de obras salidas de sus gubias, a lo que se viene a añadir, como agradecimiento a la Orden, que el escultor decidiera ser enterrado en el vecino convento del Carmen Calzado.

A partir del arquetipo fernandino de la Virgen del Carmen, en cuya iconografía se repite la figura de la Virgen de pie, vistiendo el hábito carmelitano, sujetando al Niño en su brazo izquierdo y mostrando el escapulario en su mano derecha, Gregorio Fernández realizaría otras versiones aisladas, aplicando ligeras modificaciones para definir otras advocaciones, tales como la Virgen del Rosario de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Tudela de Duero1 y la Virgen de las Candelas de la iglesia de San Lorenzo de Valladolid.

Hoy fijamos nuestra atención en esta última, que, presentada como Virgen de la Purificación, es más conocida por los vallisoletanos como Virgen de las Candelas, una imagen que podemos considerar, sin duda alguna, como una de las más bellas creaciones de Gregorio Fernández, cuyas delicadas formas y depurada ejecución técnica permiten situarla en la etapa final del maestro, a pesar de lo cual, y a diferencia de lo que ocurriera con el arquetipo de la Virgen del Carmen, no se conocen copias fieles realizadas por sus discípulos y seguidores, lo que le confiere mayor singularidad.

La escultura fue realizada como imagen devocional para el gremio de los ensayadores de moneda de la Real Fábrica de la Moneda de Valladolid2, institución activa desde que Felipe II otorgara, el 2 de julio de 1552, el privilegio de acuñar monedas de oro, plata y cobre. Este edificio se hallaba situado junto a la iglesia de San Lorenzo y permaneció activo hasta que el privilegio fue abolido en tiempos de Felipe III, momento en que la ceca fue reconvertida en "galera" o prisión de mujeres. Hasta entonces los monederos rendían culto a esta imagen como patrona en uno de los altares de la vecina iglesia de San Lorenzo.

En la iglesia de San Lorenzo la Virgen de las Candelas es mencionada por Palomino, Ponz, Ceán Bermúdez y Bosarte, que alabaron sus méritos artísticos. Martín González la incluía en su trabajo monográfico sobre Gregorio Fernández3 como obra del taller del escultor, lo mismo que la citada Virgen del Rosario de la iglesia tudelana, considerando que ambas composiciones derivan del arquetipo de la Virgen del Carmen, a cuyo desaparecido original podemos aproximarnos por las copias conservadas en la iglesia del Carmen Extramuros de Valladolid, en el Santuario Mariano del Carmen de Calahorra, en la iglesia de Santa Teresa de Ávila o en el convento de San José de Medina de Rioseco, la de mayor calidad de todas ellas.

Gregorio Fernández. Virgen del Rosario, 1621
Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, Tudela de Duero (Valladolid)
Posteriormente, ha sido Jesús Urrea quien ha restituido la autoría de la Virgen de las Candelas4 y de la Virgen del Rosario5 a Gregorio Fernández y así debe considerarse después de que ambas imágenes hayan sido sometidas a un proceso de restauración y limpieza que ha permitido eliminar barnices oscurecidos y sucesivos repintes, permitiendo apreciar su apariencia original y realzar los valores plásticos de las tallas, en las que aparecen indudables elementos que definen el modo de trabajar del maestro.

La Virgen de las Candelas, de tamaño ligeramente inferior al natural —1,46 metros de altura—, en su visión general aparece impregnada del fuerte componente místico y melancólico que caracteriza las esculturas fernandinas, a lo que se viene a sumar la habilidad para recubrir la anatomía con una indumentaria ampulosa en la que, sin embargo, algunos elementos permiten adivinar una disposición de contraposto que origina un elegante y equilibrado movimiento cadencial de la figura en el espacio. Otro tanto puede decirse del esmerado tratamiento de los rostros de la Virgen y el Niño, que ofrecen una escena de maternidad llena de ternura.

La Virgen aparece erguida sobre una peana —sin la base con figuras o cabezas de querubines entre nubes que figuran en la Virgen del Rosario y en la Virgen del Carmen—, sujetando al Niño en su brazo izquierdo, como es habitual interponiendo un gran pañuelo entre su mano y el cuerpo del infante, y con el brazo derecho desplegado del cuerpo siguiendo las pautas que definen la gestualidad barroca.

Su anatomía aparece recubierta por una túnica roja que se sujeta a la cintura por un ceñidor o cíngulo, cuya disposición ligeramente en diagonal, junto a la inclinación de los hombros, sugiere una posición de contraposto, es decir, que el peso del cuerpo reposa sobre la pierna izquierda —donde recibe el peso del Niño—, lo que le permite flexionar la derecha hacia adelante, como se deduce de la posición del zapato apoyado en la puntera que levemente asoma bajo la túnica.

Como artificio genuinamente fernandino, la túnica es muy larga y produce en su caída, a la altura de los pies, una serie de pliegues que adquieren aspecto metálico, que, como los del resto de la túnica, más parecen abolladuras que drapeados textiles. Siguiendo los convencionalismos de la época, ajustándose a los postulados trentinos, la túnica aparece policromada en color rojo intenso prefigurando su papel co-pasionario en el futuro, con grandes motivos florales o primaveras de tonos dorados aplicados a punta de pincel. 

Igualmente, su cuerpo se cubre con un manto abierto el frente, con aspecto de capa, que por la inclinación de los hombros cae verticalmente a distinta altura fomentando el movimiento de la figura. Su aspecto también es rígido y con tenues pliegues metálicos, con parte de los bordes tallados como una fina lámina en un alarde de virtuosismo. Está policromado en azul, reproduciendo el firmamento mediante la aplicación a punta de pincel de pequeñas estrellas, y recorrido en los bordes por una orla verde sobre la que destacan medallones dorados en los que se fingen piedras preciosas.

Virtuoso es también el estudiado diseño y afinado trabajo de la toca blanca que le cubre la cabeza, que cayendo por la parte izquierda se cruza por delante del cuello como agitado por una brisa mística, produciendo sobre el hombro derecho un efectista juego de pliegues de sorprendentes valores plásticos. Otro tanto ocurre con el gran pañuelo de tonos violáceos sobre el que se sustenta el Niño nazareno, que cae formando elegantes pliegues ondulantes y se recoge entre la mano de la Virgen, cuyos separados dedos se hunden entre la tela consiguiendo un efecto naturalista en la línea de algunas célebres creaciones de genios como Miguel Ángel y Bernini, mientras que los dedos de la mano derecha se articulan con elegancia para sujetar un objeto postizo, en este caso una candela.

De gran belleza es el tratamiento de la cabeza, levemente inclinada y girada hacia la figura del Niño, donde bajo la toca aparece un rostro femenino de tersura adolescente, con parte visible de una larga melena rubia muy pegada a la cabeza. Las facciones describen un gesto melancólico y ensimismado, con grandes ojos de cristal, nariz recta y boca pequeña ligeramente entreabierta. En el trabajo de encarnación a pulimento destacan leves efectos sonrosados en los párpados, mejillas y mentón, con las cejas y pestañas delineadas a punta de pincel.

Dotada de gracia y movimiento está la figura del Niño, con un cuerpo rollizo plenamente desnudo, como es habitual en el escultor. Su pierna izquierda se adelanta rompiendo el estatismo, mientras con los brazos gesticula en actitud de bendecir. Su cabeza se aparta del modelo característico del escultor en las figuras del Niño Jesús en cuanto a la talla del cabello, en la mayoría de los casos ensortijado y con un gran bucle sobre la frente. Aquí el cabello es lacio, con mechones afilados de tonos rubios muy pegados y recortados sobre la frente. Su gesto es sereno y como la Virgen lleva aplicados ojos postizos de cristal.

Los valores plásticos de la talla y la gracilidad de la composición quedan realzados por la excelente policromía, de tonos luminosos muy equilibrados y contrapuestos a la severidad de la Virgen del Carmen, de cuya tipología deriva.

Conviene recordar que por su gesto melancólico, durante varias décadas del siglo XX, la imagen era desprovista de la figura del Niño y metamorfoseada en Virgen de la Alegría para desfilar en Semana Santa en la procesión del Domingo de Resurrección con la Cofradía del Santo Sepulcro, que en 1996 contrataba con el escultor vallisoletano Miguel Ángel Tapia la realización de una nueva imagen de titularidad propia para celebrar el 50 aniversario de la fundación de la cofradía.

Actualmente la Virgen de las Candelas, después de su consolidación y limpieza llevada a cabo el año 2008 en el taller de restauración Arte Valladolid, luce en todo su esplendor en una pequeña capilla de la iglesia de San Lorenzo, expuesta al culto de forma musealizada con la imagen sobre un pedestal de piedra y ocupando un espacio de aspecto absidial, del mismo modo que lo hace en una capilla contigua el grupo de la Sagrada Familia, también genial creación de Gregorio Fernández.  
  

Informe y fotografías: J. M. Travieso.


NOTAS

1 URREA FERNÁNDEZ, Jesús: Gregorio Fernández 1576-1636. Fundación Santander Central Hispano, Madrid, 1999, p. 132.

2 URREA FERNÁNDEZ, Jesús: Gregorio Fernández y el modelo icónico de Valladolid, en El escultor Gregorio Fernández 1576-1636 (apuntes para un libro). Universidad de Valladolid, Valladolid, 2014, p. 79.

3 MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José: El escultor Gregorio Fernández. Ministerio de Cultura, Madrid, 1980, p. 238.

4 URREA FERNÁNDEZ, Jesús: Gregorio Fernández y el modelo icónico de Valladolid...Op. Cit. p. 79.

5 URREA FERNÁNDEZ, Jesús: Una Virgen del Rosario de Gregorio Fernández. Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología (BSAA) nº 54, Universidad de Valladolid, Valladolid, 1988, pp. 425-427.
     La autoría de Gregorio Fernández de la Virgen del Rosario está avalada por una carta de obligación suscrita por el regidor Antonio del Río con el escultor, que recibió 2.900 reales por su trabajo y entregó la escultura en Valladolid el 19 de junio de 1621.










Virgen del Carmen según el modelo fernandino
Izda: Cvto. Santa Teresa, Valladolid; Centro: iglesia del Carmen
Extramuros, Valladolid; Dcha: iglesia de Santa Teresa, Ávila









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