1 de mayo de 2023

Theatrum: SANTA TERESA, la creación de un nuevo modelo iconográfico en tiempos del Barroco







SANTA TERESA

Gregorio Fernández (Sarria, Lugo, 1576 – Valladolid, 1636)

1615

Madera policromada y ojos de vidrio

Santuario de Nuestra Señora del Carmen Extramuros, Valladolid

Escultura barroca. Escuela castellana

 

 






     Aunque desde hacía tiempo ya se había divulgado la imagen de Santa Teresa a través de grabados y pinturas, incluso sobrepasando el ámbito de la orden carmelita, fue a consecuencia de su beatificación el 24 de abril de 1614 por el papa Pablo V, tras un proceso que había contado con el apoyo de Felipe II en las gestiones diplomáticas, cuando se incrementó la iconografía de la santa abulense, encontrando en el campo de la escultura un medio especialmente adecuado para el desarrollo de su culto. Al igual que aquel hecho fue motivo de celebraciones en todo el país, como nos informa fray Diego de San José en el Compendio de las solemnes fiestas que en toda España se hicieron en la Beatificación de N. B. M Teresa de Jesús, fundadora de la reformación de los Descalzos y Descalzas de N. S. del Carmen, obra publicada en Madrid en 1615, enseguida se encargaron a distintos escultores imágenes de la santa, especialmente en aquellas poblaciones en que había realizado sus fundaciones, en la mayoría de los casos procurando exaltar su faceta de escritora y la inspiración divina vertida en sus escritos.

     Estas debieron ser las circunstancias en la que se produjo el encargo a Gregorio Fernández de esta escultura en Valladolid, trabajo que habría emprendido en 1615, pocos meses después de ser promulgado tan importante breve pontificio, según propuesta de Jesús Urrea, que en 1972 atribuyó definitivamente esta escultura a las gubias de Gregorio Fernández. Tan singular creación iconográfica, que se convertiría en un arquetipo repetido por el maestro gallego y copiado por otros muchos escultores, actualmente se conserva en el lado de la epístola del Santuario de Nuestra Señora del Carmen Extramuros de Valladolid, donde Canesi la conoció y calificó “de hechura primorosa”.

En su conjunto, tanto por el carácter cerrado de la composición como por los rajados en oro de los estofados realizados en su policromía, la escultura presenta un aspecto tardomanierista, rasgo común a otras obras realizadas en la etapa temprana del escultor en Valladolid. La escultura sigue un elegante y cadencioso movimiento con un leve giro corporal, revestida del hábito carmelitano y sujetando un libro que con su mano izquierda estrecha contra su cintura —que alude a su condición de fundadora— y sujetando delicadamente con los dedos de su mano derecha una pluma liviana —alusión a su faceta de escritora—, con el rostro elevado y ligeramente orientado hacia la derecha, la boca entreabierta y la mirada dirigida al cielo para sugerir un rapto de inspiración mística recibida del Espíritu Santo.

     El rostro muestra una idealización de extraordinaria perfección en su condición de mujer madura, con las huellas de su actividad andariega, aunque su fisionomía no pretende ajustarse a un retrato real. El óvalo facial aparece enmarcado por la toca y el velo del hábito, en el que destaca el movimiento del escapulario y del manto, que aparece sujeto al cuello mediante un pasador con forma de un pequeño balaustre y recogido a la altura de la cintura, como sujeción del libro, con lo que se rompe la monotonía en la caída de paños y el principio de simetría. Contribuye a realzar el movimiento la colocación ligeramente adelantada de la rodilla derecha, que sugiere una posición de contrapposto, estableciendo en las telas grandes y redondeados pliegues que dotan de volumen y plasticidad a la figura, un recurso habitual en las esculturas que realizara en su primera etapa. La imagen descansa sobre una sencilla peana achaflanada, decorada con labores de cadeneta, en la que bajo la túnica asoma la punta de un zapato cerrado, detalle curioso, pues es sabido que la santa utilizaba las preceptivas sandalias prescritas por la orden.

     Tiene ojos postizos de cristal y encarnación mate. A pesar de la sobriedad monástica del hábito carmelitano y con el fin de dignificar al personaje, el acabado de la indumentaria presenta una rica policromía de estofados en los que esgrafiados con formas vegetales y florales dejan aflorar el oro, incorporando en el escapulario y el manto vistosas orlas florales aplicadas a punta de pincel. Respecto a esta ornamentación, Jesús Urrea advirtió que la orla visible del manto oculta la original decorada con piedras fingidas que aún es visible en la parte posterior, sugiriendo que pudo haber sido modificada en 1624, cuando la imagen fue colocada en un retablo realizado ese año, poco después de su canonización en 1622.

Con esta escultura Gregorio Fernández creaba un arquetipo que tendría una enorme difusión por la devoción a la santa en toda España. El propio escultor haría una réplica mimética de este modelo que, manteniendo su acabado original, aún recibe culto en una capilla que ocupa el espacio de lo que fuera la celda de la santa en el convento de las Descalzas de Burgos.

     Asimismo, hacia 1618 Gregorio Fernández hacía otra versión similar para el convento de San Antonio de Vitoria, ciudad donde la santa no había realizado ninguna fundación. En este caso la comitente fue Mariana Vélez de Guevara, condesa de Treviana, siguiendo las recomendaciones de su primo fray Juan de Orbea, prior del Carmen Calzado de Valladolid y amigo personal de Gregorio Fernández, que como mecenas proporcionó a muchos monasterios carmelitanos obras del escultor. La escultura, que no desapareció con la Desamortización, aunque sí el retablo, actualmente recibe culto en el retablo mayor de la iglesia del convento (actualmente de clarisas), aunque aparece un tanto desfigurada por una insulsa policromía posterior que oculta la original.

No obstante, Gregorio Fernández, que tenía una especial predilección por los carmelitas, crearía una nueva modalidad iconográfica que presenta algunas variantes sobre este prototipo y que aplicó en la imagen de Santa Teresa que realizara hacia 1624 para la capilla dedicada a la mística abulense que la condesa de Oñate, tía de fray Juan de Orbea, había fundado en el convento de Nuestra Señora del Carmen (Carmelitas Calzados) de Valladolid, situado prácticamente enfrente de la casa-taller del escultor.

     Esta segunda versión más evolucionada, que debió ser encargada para celebrar la canonización de Santa Teresa por el Papa Gregorio XV el 12 de marzo de 1622 (junto San Isidro Labrador, San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier y el italiano San Felipe Neri) y de la que se tiene constancia desde 1625, sería la iconografía teresiana fernandina más divulgada. Actualmente es una de las piezas barrocas más emblemáticas del Museo Nacional de Escultura.

La santa aparece más serena que en la versión anterior y más joven, con la composición más abierta y barroca y con pliegues duros y profundos en los paños, característicos del escultor en esos años. En su estilo se advierte un marcado giro hacia el realismo, con el rostro idealizado, pero próximo al retrato que fray Juan de la Miseria hiciera en vida a la mística, junto a detalles como el libro, que adquiere mayor verosimilitud al reproducir con detalle el cuero de la encuadernación y la flexibilidad de las páginas de papel, con una de las puntas dobladas y una inscripción con el nombre de su confesor —Pedro de Alcántara—, así como la caída del velo por la espalda, sujeto por un alfiler. La tendencia al realismo se manifiesta igualmente en el tipo de policromía, con la encarnación a pulimento y el hábito en colores planos, reduciendo el preciosismo a las orlas que bordean el escapulario y el manto, en este último imitando pedrería engastada en oro que adquiere un vistoso dinamismo. Todo ello contribuye a reflejar un momento intemporal de contemplación mística. 


Informe y fotografías: J. M. Travieso.

 



































Izda: Gregorio Fernández. Santa Teresa, iglesia de San Antonio, Vitoria
Dcha: Gregorio Fernández. Santa Teresa, convento de las Descalzas, Burgos
(Fotos tomadas de la red)












Izda: Gregorio Fernández. Santa Teresa, 1615, Santuario de Ntra. Sra. del Carmen Extramuros, Valladolid
Dcha: Gregorio Fernández. Santa Teresa, hacia 1624, Museo Nacional de Escultura, Valladolid












Izda: Gregorio Fernández. Santa Teresa, 1615, Santuario de Ntra. Sra. del Carmen Extramuros, Valladolid
Dcha: Gregorio Fernández. Santa Teresa, hacia 1624, Museo Nacional de Escultura, Valladolid












Gregorio Fernández. Detalle de Santa Teresa, hacia 1624
Museo Nacional de Escultura, Valladolid










Juan Rodríguez. Santa Teresa según el modelo fernandino, mediados siglo XVII
Santuario de la Virgen del Carmen, Carmelitas Descalzos
Medina del Campo (Valladolid)














Anónimo italiano. Canonización de Santa Teresa en Roma en 1622, s. XVII
Monasterio de la Anunciación del Carmen, Carmelitas Descalzas
Alba de Tormes (Salamanca)









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