13 de febrero de 2012

Un museo interesante: MUSEO DE VALLADOLID, Valladolid



MUSEO DE VALLADOLID. PALACIO DE FABIO NELLI
Plaza de Fabio Nelli, Valladolid





     El Museo de Valladolid nació como Museo Provincial de Antigüedades en 1879, asentado en el Palacio de Santa Cruz hasta que en 1967 fue trasladado al Palacio de Fabio Nelli de Espinosa, un banquero vallisoletano de ascendencia sienesa que, después de residir como negociante durante muchos años en Sevilla, se estableció en su ciudad natal, donde levantó a finales del siglo XVI un suntuoso palacio renacentista de aire italianizante.

     El elegante palacio que hoy acoge una importante colección de obras artísticas e históricas, fue levantado en 1576 por Juan de la Lastra y Diego de Praves siguiendo la traza clasicista imperante en el Valladolid de su tiempo, completándose con una fachada dispuesta a modo de arco triunfal, labrada en 1594 por Pedro Mazuecos, y en su interior un patio de dos pisos y una espléndida escalera, obras debidas al escultor Francisco de la Maza.

Cajita zoomorfa del poblado vacceo del Soto de Medinilla, s. IV a. C.
     En torno al patio se distribuyen las antiguas dependencias del palacio, convertidas en 18 salas adaptadas a su función museística actual, para ofrecer un recorrido diseñado con criterio cronológico en el que se exponen, a lo largo de sus tres plantas, las colecciones que constituyen sus principales fondos: Arqueología y Bellas Artes, con un apartado especial dedicado a la Historia de Valladolid. No por ello el edificio ha perdido su idiosincrasia palaciega, especialmente presente en la sala XIV, donde se reproduce un salón renacentista ambientado con mobiliario, tapices y diferentes pinturas.
    Otras dependencias son ocupadas por las oficinas de administración, almacenes, una importante biblioteca y una sala de exposiciones temporales. Existe un proyecto de ampliación ya delineado que multiplicaría el espacio expositivo y didáctico, actualmente esperando el respaldo definitivo de la Junta de Castilla y León, que gestiona esta institución.


COLECCIÓN DE ARQUEOLOGÍA

     La colección de Arqueología ocupa las diez primeras salas, con un contenido que abarca desde el Paleolítico hasta la Alta Edad Media, con piezas en su mayoría procedentes de hallazgos y excavaciones de la provincia de Valladolid. Entre sus apartados destacan:

Cuchillo "tipo Simancas", s. IV
Prehistoria
     Junto a curiosos restos paleontológicos, como fósiles, la mandíbula de un rinoceronte y restos de la cabeza de un mastodonte, ofrece ajuares paleolíticos, neolíticos, calcolíticos y de la Edad del Bronce, destacando el ajuar campaniforme de Fuente Olmedo, datado en la Edad del Cobre (1.800-1.700 a.C.), compuesto por puntas de lanza, un puñal, una cinta de oro y vasijas cerámicas decoradas con temas geométricos incisos.

Primera Edad del Hierro
     Recoge testimonios del poblamiento del territorio anterior a la conquista romana, con importantes piezas procedentes de los poblados del Soto de Medinilla y La Mota. Destacan los recipientes cerámicos modelados a mano y distintas armas.

Segunda Edad del Hierro
     Se ofrece un importante conjunto de piezas celtibéricas, destacando el conjunto de piezas de la cultura vaccea, tales como armas muy elaboradas, adornos personales y vasos cerámicos de la necrópolis de Las Ruedas, de Padilla de Duero, y las características cajas decoradas del poblado vacceo del Soto de Medinilla. Otras piezas de interés son el tesorillo de joyería celtibérica de Las Quintanas (Padilla de Duero) y un casco de bronce procedente del Pago de Gorrita (Valladolid).
     A este apartado se suman piezas ibéricas procedentes de distintos lugares de España, con una interesante colección de figurillas en bronce.

Estatua romana de Isis, s. II

Romanización
     Este ámbito abarca cinco salas de la primera planta donde, junto a colecciones de terra sigillata, cerámica y numismática romana, aparece una notable serie escultórica en mármol y bronce. Entre las piezas más destacadas se hallan la escultura de la diosa Isis, del siglo II, con elegante indumentaria de inspiración helenística, el busto-retrato de un joven procedente de Medina de Rioseco, igualmente del siglo II, dos torsos de Dionysos, la "jugadora de tabas", la cabeza de Tiberio, el retrato de Caracalla niño y la cabeza de fauno en bronce (entre los siglos I a. C. y I d. C.).

     Este apartado incluye muestras de epigrafía romana y distintos mosaicos procedentes de diferentes villas romanas, con una presencia especial de mosaicos procedentes de la Villa de Prado de Valladolid (principios s. IV), como el de Diana y el de las palomas y las cráteras.

     Se completa con piezas de cerámica, cristal, hierro y bronce correspondientes a distintos ajuares encontrados en necrópolis del Duero, destacando los peculiares puñales del "tipo Simancas".


Cultura visigoda
Busto romano de joven, Medina de Rioseco, s. II
     Entre las piezas más sugestivas se encuentran piezas pétreas, como el tenante de altar procedente de Wamba y la pila bautismal de El Val (Tiedra-Valladolid), ambos del siglo VII, junto a otros de bronce, como el jarro y el plato de Quintanilla de Arriba y el broche de cinturón de Curiel de Duero, y distintas piezas en cerámica.

     También tiene su representación el periodo mozárabe en fragmentos de canceles, modillones, estelas y un jarrito en bronce de época califal.


COLECCIÓN DE BELLAS ARTES

Pintura y escultura
     En la segunda planta se ofrece una colección de escultura en madera con muestras que oscilan desde la colección de vírgenes sedentes románicas a piezas góticas, flamencas y relieves renacentistas. Junto a ellas se dispersan magníficas obras en piedra, como la pila bautismal de Melgar de Arriba (s. XVI), en alabastro, como los restos del sepulcro de Beltrán de la Cueva, de finales del XV, el Niño Jesús dormido sobre una calavera y el relieve de la Piedad, ambos del XVI, junto a una serie de exquisitas piezas de marfil.


Cabeza en bronce de fauno, s. I
     De la colección de pintura destaca el conjunto de pinturas murales de los siglos XIV y XV, procedentes del convento de San Pablo de Peñafiel, con escenas que representan la vida de la Magdalena, el Juicio Final y la Inmaculada. Junto a ellas una importante colección de pintura gótica y renacentista de discreto formato, siendo destacables la tabla del Llanto sobre Cristo muerto, realizada a finales del XV por el Maestro de Osma, la Adoración de los Pastores de Vicente Macip (h. 1525), la Flagelación de Juan Correa de Vivar (1537), y las tablas posiblemente integrantes de un retablo de Antonio Vázquez (s. XVI), con las escenas del Bautismo de Cristo, la Piedad, los Estigmas de San Francisco, la Misa de San Gregorio y Santa Úrsula y las vírgenes mártires. Otras pinturas relevantes son la Imposición de la casulla a San Ildefonso, de Gregorio Martínez (XVI), el San Jerónimo y la minúscula Virgen orante, ambos de escuela flamenca del XVI, la pintura de San Francisco repartiendo limosna de Felipe Gil de Mena (XVII) y el retrato del Cardenal Mendoza, donde al fondo se aprecia la fachada del Colegio de Santa Cruz con la portada y las ventanas originales.

Artes suntuarias
     Distribuidas por las salas aparece una importante colección de artes aplicadas, como una nutrida colección de cerámica monástica y doméstica, de diferentes épocas, destacando el botamen de farmacia de Talavera perteneciente a la Botica de San Ignacio, de la Compañía de Jesús, y el de la Botica del Monasterio de San Benito, ambos del XVIII.
     La orfebrería ofrece cruces procesionales románicas y góticas, junto a otras de los siglos XVI y XVII, variados objetos litúrgicos de distintas épocas y estilos, joyas, coronas, bandejas, medallas, pinjantes, monedas y armas de distintos tipos.

Mosaico con palomas y cráteras, Villa de Prado, s. IV 
     Junto a una urna y un elegante relicario del XVII, el museo conserva importantes piezas de mobiliario, como una cama y una larga mesa del XVI, arcones de nogal, arquetas y un arca de caudales de hierro del siglo XVII. También se pueden encontrar tapices, juegos de naipes, ediciones bibliográficas, sellos reales, amuletos, instrumentos musicales e incluso un ajuar textil con un reponcillo de terciopelo de la primera mitad del siglo XV.

HISTORIA DE VALLADOLID

     El museo, junto a restos ornamentales del propio Palacio de Fabio Nelli, como murales de azulejería y un medallón con el supuesto retrato del banquero, guarda objetos y documentos importantes de la historia de la ciudad, comenzando por un bordado con las armas del linaje del Conde Ansúrez, y una espada y un cofre que la tradición dice le han pertenecido, aunque se trate de piezas del XV y XVI respectivamente.

     También aparecen cerámicas elaboradas en los alfares de la calle Olleros (Duque de la Victoria), el sarcófago en madera policromada del infante don Alfonso, tercer hijo de Sancho IV y María de Molina, restos del artesonado del Palacio del Almirante (Teatro Calderón), un tapiz de armas elaborado en un taller vallisoletano en el XVI, la veleta del Hospital de la Resurrección, el célebre estandarte de San Mauricio pintado para la llegada de las reliquias a la ciudad en 1604, la lápida sepulcral del insigne escultor Gregorio Fernández, el dibujo del Campo Grande realizado por Diego Pérez Martínez en 1788, las Ordenanzas de Valladolid de 1818, el plano del convento de San Francisco dibujado en 1835 por Rodrigo Exea y la maqueta del antiguo Ayuntamiento, aunque posiblemente la pieza más popular sea el célebre Sillón del Diablo, cuya espeluznante leyenda que sigue cautivando y atemorizando a los más sensibles.

Una vitrina de la Sala de Romanización





HORARIOS DE VISITAS:

INVIERNO (del 1 de octubre al 30 de junio)
De martes a sábado: 10 a 14 y de 16 a 19 h.
Domingos y festivos: 10 a 14 h.

VERANO (del 1 de julio al 30 de septiembre)
De martes a sábado: 10 a 14 y de 17 a 20 h.
Domingos y festivos: 10 a 14 h.

CERRADO: Lunes, 1 y 6 de enero, 8 de septiembre y 24, 25 y 31 de diciembre.






Una sala de Bellas Artes




TARIFAS:

Entrada General: 1,20 €

Entrada Gratuita: menores de 18 años, mayores de 65 años ó jubilados y estudiantes con carnet.

Grupos: consultar con el museo. Tel. 983 351389.

Sábados y domingos gratuito.








Mural con pinturas góticas, procedente de Peñafiel















Sepulcro del infante Don Alfonso, s. XIII
















Niño Jesús dormido, alabastro s. XVI






















Sala ambientada en el siglo XVI donde figura el Sillón del Diablo





















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11 de febrero de 2012

Domus Pucelae con los Amigos del Teatro Zorrilla de Valladolid



     Según lo acordado en la última Asamblea General celebrada en enero, se ha llegado a un acuerdo con la empresa Iniciativas Teatrales, para que los socios de Domus Pucelae puedan gozar de un pequeño descuento en las actividades del Teatro Zorrilla.

     Los socios que quieran hacerse Amigos del Teatro Zorrilla deberán comunicar a Domus Puceale su consentimiento para que sus datos sean entregados a Iniciativas Teatrales, que emitirá un carnet gratuito para cada socio que lo haya solicitado. Con ese carnet se podrá tener acceso preferencial por una puerta del teatro, asistir a los montajes y beneficiarse de algunos descuentos en las representaciones, para lo cual será necesario acreditarse con el carnet en la taquilla del teatro.

     Los descuentos ofertados serán válidos para las entradas del patio de butacas y se podrá retirar un máximo de dos entradas por persona, hasta completar aforo. Esta oferta no es acumulable a otras que realice la empresa.

     El plazo de solicitudes finaliza el 29 de febrero, haciéndolas llegar por correo a la dirección domuspucelae@gmail.com o llamando al teléfono 608 419228 de 18 a 20,30 h. a partir de hacerse pública esta información.

     Recordamos que la programación del Teatro Zorrilla se puede consultar pulsando en el icono de enlace directo que aparece en el apartado "Cultura en Valladolid", situado en la columna izquierda de esta página.

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8 de febrero de 2012

Música en febrero: SHAPE OF MY HEART, de Sting





Tema interpretado por Sting, acompañado de Josh Groban y del trompetista Chris Botti, durante un concierto en Boston.

SHAPE OF MY HEART / LA FORMA DE MI CORAZÓN

He deals the cards as a meditation / Él reparte las cartas como un acto meditado
And those he plays never suspect / Y los que juegan nunca sospechan
He doesn't play for the money he wins / Él no juega para ganar dinero
He doesn't play for the respect / Él no juega para ser respetado
He deals the cards to find the answer / Él reparte las cartas para encontrar la respuesta
The sacred geometry of chance / La sagrada geometría de la oportunidad
The hidden law of probable outcome / La ley oculta de un resultado probable
The numbers lead a dance / Los números le conducen a una danza

I know that the spades are the swords of a soldier / Sé que las espadas son espadas para un soldado
I know that the clubs are weapons of war / Sé que los clubes son armas de guerra
I know that diamonds mean money for this art / Sé que los diamantes significan dinero para este arte
But that's not the shape of my heart / Pero esa no es la forma de mi corazón

He may play the jack of diamonds / Él puede realizar el jack de diamantes
He may lay the queen of spades / Podrá presentar la reina de picas
He may conceal a king in his hand / Puede ocultar un rey en su mano
While the memory of it fades / Mientras la memoria se desvanece

I know that the spades are the swords of a soldier / Sé que las espadas son espadas para un soldado
I know that the clubs are weapons of war / Sé que los clubes son armas de guerra
I know that diamonds mean money for this art / Sé que los diamantes significan dinero para este arte
But that's not the shape of my heart / Pero esa no es la forma de mi corazón
That's not the shape, the shape of my heart / Esa no es la forma, la forma de mi corazón

And if I told you that I loved you / Y si te dije que te amaba
You'd maybe think there's something wrong / Tal vez estaría algo equivocado
I'm not a man of too many faces / No soy un hombre de muchas caras
The mask I wear is one / La máscara que llevo es una
Those who speak know nothing / Los que hablan no saben nada
And find out to their cost / Ni averiguan lo que cuesta
Like those who curse their luck in too many places / Como aquellos que maldicen su suerte en muchos lugares
And those who fear are lost / Y quienes temen se pierden

I know that the spades are the swords of a soldier / Sé que las espadas son espadas para un soldado
I know that the clubs are weapons of war / Sé que los clubes son armas de guerra
I know that diamonds mean money for this art / Sé que los diamantes significan dinero para este arte
But that's not the shape of my heart / Pero esa no es la forma de mi corazón
That's not the shape of my heart / Esa no es la forma, la forma de mi corazón

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7 de febrero de 2012

Museo del Prado: Sorpresa en la limpieza de La Gioconda


     Durante mucho tiempo el Museo del Prado ha expuesto una copia de La Gioconda que ya aparecía en el inventario realizado en 1666 en el Alcázar de Madrid. La gran similitud con el original quedaba desvirtuada por el fondo negro de unos repintes, posiblemente aplicados en el siglo XVIII, que no permitían apreciar el paisaje del fondo.

     Tras una rigurosa limpieza iniciada hace dos años, en la que se han eliminado todos los repintes, la figura ha recobrado detalles de gran nitidez en la figura y su indumentaria y el paisaje del fondo por completo, idéntico al original, como puede apreciarse en las fotografías. Este descubrimiento ha causado un gran revuelo internacional, pues la pintura se revela contemporánea a la obra de Leonardo, apuntándose que la obra se hiciese simultáneamente a la conservada en el Louvre, en el taller del gran genio, entre 1503 y 1506.

     En opinión de Bruno Mottin, conservador jefe del centro de Investigación y Restauración de los Museos de Francia, la obra pudo ser realizada por un discípulo de Leonardo, como Andrea Salai o Francesco Melzi. La fama del retrato ha disparado la especulación acerca de la autoría, pues la obra madrileña incluso muestra ahora ciertos detalles que se ajustan con más precisión a la descripción que de ella hiciera Giorgio Vasari, que también desveló la identidad de la dama como Lisa Gherardini, esposa de Francesco del Giocondo.

     Tras ser presentados los hallazgos por Ana González Mozo, del Museo del Prado, en un simposio celebrado en la National Gallery de Londres y de la reciente presentación a la prensa, la noticia ha causado un gran revuelo en Italia, desatando toda serie de hipótesis, como la de Alessandro Vezzosi, presidente del Museo Ideale di Vinci, que apunta la posibilidad de que sea obra de un discípulo de Leonardo conocido como Ferrando Spagnolo, unas veces identificado como Fernando Yáñez de la Almedina y otras como Fernando Llanos, una opinión que también es compartida por Pietro Marani. Otras opiniones son más reticentes, como la de Caterina Bon Valsassina, superintendente de Bienes Culturales, que encuentra en la pintura matices rafaelescos, o el historiador Tomaso Montanari, que no encuentra la obra a la altura de Leonardo.

     Sin duda esta pintura, al igual que el original, seguirá generando ríos de tinta, especialmente después de su viaje a París, donde será presentada, completamente restaurada, junto al mítico icono.


Artículo relacionado: La Gioconda, el eterno enigma de una sonrisa

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Exposición: CIRILO MARTÍNEZ NOVILLO, FOTOGRAFÍAS 1957-1990, del 8 de febrero al 19 de marzo 2012


MUSEO DE LEÓN
Plaza de Santo Domingo 8, León

     Lo que el pintor mira, lo que ve, lo que descubre, siempre se relaciona con los intereses de su mundo. El artista percibe lo que necesita y, en ese sentido, el alimento de la mirada se corresponde con el aliento de la creación. Una mirada del alma, por ejemplo, en un pintor de paisajes interiores que derivarían hacia un expresionismo abstracto, y que en toda su obra destila la resonancia lírica de un universo entresoñado.

     Cirilo Martinez Novillo, uno de los incuestionables clásicos de la pintura española del siglo XX, vino a León en el verano de 1958. Fue una estancia de reposo familiar y de trabajo, unos días de ese tiempo detenido en los que el pintor, lejos de su estudio, pasea, merodea, hace sus apuntes con acuarela, ejercita la mirada en el descubrimiento de los paisajes modestos y laborales que circundan la ciudad. El pintor viene provisto de una cámara de fotos, un instrumento para retener lo que le interesa, la instantánea que puede establecer la sugerencia de una pintura.

     Lo que el pintor mira y, en esos casos, el recordatorio o el testimonio de una visión casi a flor de piel, tan casual como significativa, tan imprevista como reveladora. Nada es inocuo en la mirada del pintor, todo se asienta en la necesidad que expresa su mundo, como dije antes.

     Existe una maravillosa colección de las miradas fotográficas de Martinez Novillo, del sustento modesto pero no trivial de lo que veía cuando no pintaba, de lo que la fotografía podía tener para él de apunte y reclamo. Un ejemplo que a mi modo de ver excede esa línea o, al menos, la transfigura con un resultado más comprometido, es la fotografía de la catedral leonesa, realizada en blanco y negro, experimentando un filtro amarillo que le habían recomendado para fotografiar los celajes. La catedral parece crecer en la distancia que el pintor necesita para la composición, entre las casas que la resguardan, los árboles que la velan y el barbecho que la respeta para alejarla en su bandeja. Hay un cielo que nubes que la amparan y, en la totalidad de la fascinada mirada del pintor, una atmósfera de viejo grabado que imprime una sensación física y, a la vez, de sueño: la sensación de un objeto maravilloso que surgió de la tierra como un misterioso fruto.

     La catedral de Martinez Novillo no habita la ciudad, se desprende en las afueras, está en la cercanía de las recolecciones y es como una silueta poderosa de los extrarradios. El pintor siempre estuvo enamorado de la catedral. Supongo que fueron infinitas las veces que la contempló pero, al fin, la mirada que le correspondía era la que por suerte para todos dibujaba su cámara desde el marco preciso en que al fin pudo verla como la quiso haber soñado.

Luis Mateo Díez

HORARIO DE VISITAS
De martes a sábado: de 10 a 14 h. y de 16 a 19 h.
Domingos y festivos: de 10 a 14 h.
Lunes: cerrado.

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6 de febrero de 2012

Conferencia y visita: PALACIO DEL MARQUÉS DE VILLENA, 11 de febrero 2012



CICLO DE CHARLAS Y VISITAS A LA ARQUITECTURA DEL SIGLO DE ORO DE VALLADOLID.
Coordinación: Daniel Villalobos, Santiago García y Sara Pérez.
Organiza: Domus Pucelae y Dpto. de Teoría de la Arquitectura y Proyectos Arquitectónicos (UVa).

11 de febrero, sábado, 11 horas.
Conferencia 5 y visitas.

Lugar: Palacio del Marqués de Villena, actual Museo Nacional de Escultura (Exposiciones Temporales), calle Cadenas de San Gregorio.

PALACIO DEL MARQUÉS DE VILLENA Y PORTADA DE LA CASA DEL SOL. ARQUITECTURA Y NOBLEZA.

Ponente: JESÚS URREA.

Nota: Esta actividad no es pública, sino restringida a los socios de Domus Pucelae y estudiantes de Arquitectura.

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3 de febrero de 2012

Historias de Valladolid: RELIQUIAS Y RELICARIOS, embajadas de la corte celestial (1/2)



     En el convento de San Pablo de Valladolid se conserva un relicario cerrado con barrotes que deja visible en su interior una lúgubre calavera en cuyo cráneo aparece escrito un nombre: San Francisco Fernández de Capillas. Se trata de la reliquia de un dominico, nacido en 1607 en la villa palentina de Baquerín de Campos, que ingresó y estudió en este convento vallisoletano y después ejerció su vocación misionera en México, Manila, Formosa y finalmente en Fujián (China), donde fue degollado en 1648. Como mártir fue beatificado por Pío X en 1909 y después canonizado por Juan Pablo II en 2000 junto a otros 120 mártires de China, siendo conocido entre sus devotos como "el santo Capillas".

     Pero esta no es sino una más de los miles de reliquias que se conservan en Valladolid, un cúmulo de pequeños despojos de personajes declarados santos por la Iglesia Católica, preservados en recipientes de diversa índole, que desde tiempos remotos se convirtieron en objetos de culto que generaron todo un fenómeno sociológico y religioso, con derivaciones artísticas, que en ocasiones llegó a rozar lo irracional, en unos casos por su extravagancia, en otros por su acumulación obsesiva, ya que estos restos llegaron a ser considerados como talismanes protectores y benéficos contra toda clase de males, y finalmente por el tráfico de los mismos, muchas veces utilizados como auténtica moneda de cambio. El fenómeno se repite en otras ciudades españolas, europeas y americanas y constituye el patrimonio más intrigante, tenebroso y misterioso relacionado con la cultura católica, aunque el valor de las reliquias sea compartido por otras religiones.


EL CONCILIO DE TRENTO COMO PROPULSOR DEL CULTO A LAS RELIQUIAS

     El culto a las reliquias se remonta al año 313, cuando tras el Edicto de Milán firmado por Constantino el Grande, que supuso la tolerancia oficial al cristianismo y la consiguiente expansión de la Iglesia, muchos templos levantados en honor de determinados mártires trasladaron desde las catacumbas los restos de sus santos titulares. De forma oficial el valor del culto a las reliquias sería establecido en el II Concilio de Nicea, celebrado el año 787, y aunque en el IV Concilio de Letrán de 1215, dada la fiebre medieval por estos restos, se condenara el abuso, compraventa y falsificación de los mismos, en el Concilio de Trento (1559-1565) se potenció decisivamente su culto como reafirmación del dogma de fe de la Comunión de los Santos, una doctrina que también afectaba a la veneración de sus reliquias e imágenes.

     En realidad la normativa suponía una reacción frente a su rechazo por los protestantes, estableciendo la Iglesia oficialmente que "Deben ser venerados por los fieles los sagrados cuerpos de los Santos y mártires y de los otros que viven con Cristo, pues fueron miembros vivos de Cristo y templos del Espíritu Santo, que por Él han de ser resucitados y glorificados para la vida eterna, y por los cuales hace Dios muchos beneficios a los hombres; de suerte que los que afirman que a las reliquias de los Santos no se les debe veneración y honor, o que ellas y otros sagrados monumentos son honrados inútilmente por los fieles y que en vano se reitera el recuerdo de ellos con objeto de impetrar su ayuda, deben absolutamente ser condenados, como ya antaño se los condenó y ahora también los condena la Iglesia”. Esta disposición, que ratifica que su veneración aporta beneficios espirituales, alentó a reyes, nobles y religiosos a reunir ingentes colecciones de reliquias que generalmente se encerraban en obras de arte de gran calidad, siendo uno de los regalos más preciados, en aquella sociedad sacralizada, recibir el permiso del papa para exhumar de las catacumbas romanas los restos de algunos santos mártires, especialmente después de que estas fueran redescubiertas en 1578 y se convirtieran en una fuente inagotable de fragmentos óseos y por extensión de objetos puestos en contacto con ellos.

     Sirva como ejemplo ilustrativo la tarea llevada a cabo por el aragonés fray Juan López de Caparroso, que de fraile dominico en el convento de San Pablo de Valladolid fue promovido por Felipe II en 1595 para ocupar la cátedra episcopal de Crotona, en la Calabria italiana, y después de Monopoli (provincia de Bari, Apulia), por cuya influencia llegó a conseguir en aquellos territorios las reliquias de más de 150 mártires que envió a la Colegiata de Santa María de Borja (Zaragoza), su ciudad natal, donde aún permanecen en la conocida como Capilla de los Mártires.

FELIPE II, UN MONARCA OBSESIONADO POR LAS RELIQUIAS

     El caso más significativo fue protagonizado por Felipe II que, convertido en adalid de la Contrarreforma, rastreó las reliquias existentes en España a través del humanista e historiador cordobés Ambrosio de Morales, que en 1572 viajó por los reinos de Castilla, León, Galicia y el principado de Asturias, dando noticias detalladas de cuantas encontró a su paso en su crónica Viaje.

     Asimismo, entre 1572 y 1598 el rey emprendió hasta siete campañas para la consecución y el coleccionismo de reliquias, enviando a Italia, Flandes y Alemania delegaciones de nobles y clérigos de confianza, coordinados por un fraile portugués, que consiguieron acopiar millares de restos, debidamente autentificados, que se almacenaron en el puerto de Barcelona antes de su traslado al monasterio de El Escorial, donde eran censados por deseo del monarca. El primer censo de reliquias de España fue realizado en 1575 y figura en las Relaciones topográficas ordenadas por Felipe II.

     Según se desprende del estudio e inventario realizado en El Escorial por los frailes agustinos Benito Mediavilla y José Rodríguez Díez, en la colección aparecen restos de unos 6.000 santos y santas, en su mayor parte mártires, que vivieron desde los orígenes cristianos hasta la Edad Media, figurando 12 esqueletos completos, 144 cabezas y hasta 4.168 fragmentos óseos. Curiosamente, fray José de Sigüenza llega a afirmar que proceden de "todos los santos conocidos de la cristiandad", a excepción de san José, san Juan y Santiago el Mayor, este último por conservarse supuestamente su cuerpo íntegro en Santiago de Compostela, apreciada reliquia que desde la Edad Media daría lugar a la configuración de la trascendental Ruta Jacobea.

     Pero además, para acondicionar tan apreciada colección, Felipe II mantuvo ocupado en el monasterio a un nutrido grupo de orfebres, entre ellos al célebre platero Juan de Arfe (autor de 22 bustos), que realizaron los relicarios, recipientes con formas de urnas, viriles, bustos con mirillas acristaladas, simulaciones de brazos, etc., unos de latón dorado y otros de plata con aplicaciones de oro y piedras preciosas engastadas, todos ellos con la inscripción del santo correspondiente. Muchos relicarios se distribuyeron por las dependencias de El Escorial como elementos de protección, incluyendo una copia a escala de la Sábana Santa de Turín realizada en 1590 y la hostia profanada y pisoteada por un soldado en la ciudad holandesa de Gorcum, que aún se exhibe solemnemente cada 29 de septiembre y 28 de octubre, aunque el relicario más suntuoso sólo es visible en la festividad de Todos los Santos, cuando en la iglesia de El Escorial se abren los dos retablos-armario colocados junto al altar mayor, aquellos que fueran pintados por Federico Zuccaro y que están dedicados a san Jerónimo y la Asunción, en cuyo interior guardan una suntuosa colección de relicarios.

     La obsesión de Felipe II por la efectividad de las reliquias alcanzó su punto culminante cuando llegó a introducir, durante una grave enfermedad del príncipe Carlos, el cuerpo incorrupto del franciscano Diego de Alcalá, fallecido un siglo antes, en el lecho de su hijo, que se recuperó de su agonía al cabo de un mes, haciendo que el caso fuera decisivo para la causa de la canonización del fraile franciscano.

     El culto a las reliquias, propiciado por la Iglesia contrarreformista, pasaría a convertirse en una actividad devocional común en todo el territorio español, llegando a traspasar el océano con todas sus características, siendo muy numerosos los relicarios reunidos en centros religiosos de la mayoría de los países hispanoamericanos.

LA FORMACIÓN DE RELICARIOS EN VALLADOLID

     La formación de grandes colecciones en determinadas iglesias y monasterios, en virtud de las numerosas donaciones recibidas, obligó a la Iglesia en su Código de Derecho Canónico a regular su conservación y la forma de exhibirlas, apareciendo espacios y objetos específicos para ello. Unas veces en forma de columbario, con nichos en las paredes cerrados por rejas; otras como armarios con puertas pintadas o talladas; la mayoría de las veces como retablos con múltiples hornacinas y peanas receptoras de piezas talladas o de orfebrería y, finalmente, abarcando salas o capillas enteras creadas para ese fin, en unas ocasiones restringidas a las clausuras o la comunidad, y en otras abiertas a los fieles en las grandes solemnidades. Siempre destacando por su riqueza los relicarios de los santos titulares, los pertenecientes a los apóstoles y sobre todo los relacionados con la Pasión de Cristo, con reliquias generalmente encerradas en ricas piezas de orfebrería que eran exhibidas solemnemente en el altar mayor.

     Las modalidades de los relicarios son muy variadas, siendo los que contienen calaveras completas y los grandes huesos de las extremidades los más impactantes. Predominan los que adoptan forma de viril, de cofre o de urna, generalmente confeccionados con materiales preciosos, pero la implantación masiva de talleres escultóricos, especialmente en Valladolid, dio lugar a que desde finales del siglo XVI y durante todo el XVII se generalizaran relicarios tallados en madera, debidamente policromados, con formas de bustos, cabezas, brazos, figuras de medio cuerpo con atributos identificativos o imágenes completas con el recipiente en la peana, junto a otros, muy abundantes, que adoptan formas constructivas de variado diseño: obeliscos, pirámides, tabernáculos, templetes, retablillos, armarios, etc. En las clausuras algunas reliquias diminutas eran encerradas en trabajos bordados y como protección personal se generalizaron en los escapularios a modo de talismanes, según nos informan algunas historias del romancero.

     Atendiendo al informe del inventario que Ambrosio de Morales realizara para Felipe II en su Viaje, en el que Valladolid fue la primera ciudad que visitó, existieron importantes relicarios en el monasterio de San Benito y en los conventos de San Francisco y Las Huelgas Reales, junto a otros de la provincia localizados en los monasterios cistercienses de La Santa Espina, que toma su nombre de tan preciada reliquia, Santa María de Palazuelos, San Mancio, Matallana y Wamba, abadía ocupada por la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, así como en el monasterio jerónimo de La Mejorada, en el término de Olmedo, y en la cartuja de Aniago, próxima a Villanueva de Duero.

     Un testimonio de celebración festiva en torno a las reliquias en Valladolid, en tiempos de Felipe II, aparece reflejado en uno de los murales cerámicos del zaguán del Palacio Pimentel, recreación del talaverano J. Ruiz de Luna entre 1939 y 1940, donde se recoge el acontecimiento que supuso la llegada de la reliquia de un fémur de San Benito a Valladolid en la madrugada del 10 de julio de 1594. Se trataba de una donación al monasterio de la familia de don Diego de Álava Viamonte, gentilhombre de Felipe II e hijo de Francés de Álava, embajador en la corte francesa, donde había recibido la reliquia de manos del rey Carlos IX. La imagen muestra la multitudinaria procesión que se celebró con este motivo, que fue seguida de grandes y concurridas celebraciones con corridas de toros, juegos de cañas y otros festejos populares.

     Asimismo, puede deducirse que si Felipe II trasladó en 1561 la Corte terrenal y política de Valladolid a Madrid, no ocurrió lo mismo con la representación de la corte celestial recolectada en los copiosos relicarios, que permanecieron en sus lugares de origen, tanto en la ciudad como en la provincia.

     El coleccionismo de reliquias en Valladolid fue continuado en tiempos de Felipe III, hijo de Felipe II y Ana de Austria y apodado "el Piadoso", tarea que contó con el decidido apoyo de la Compañía de Jesús, que encontró en la construcción de salas-relicario uno de los espacios más representativos de sus conventos y seminarios jesuíticos. Buenos ejemplos fueron los relicarios vallisoletanos reunidos en la iglesia de San Ignacio (hoy parroquia de San Miguel), repartidos por los retablos de crucero, un proyecto que sufrió diversas modificaciones, y la recoleta capilla-relicario que se conserva intacta. Otro tanto ocurriría en San Ambrosio, cuyo relicario fue desintegrado, apareciendo actualmente restos diseminados por el actual Centro de Espiritualidad. Igualmente, se instalaron destacados relicarios en los centros jesuíticos de Villagarcía de Campos y Medina del Campo, conservados prácticamente íntegros, que toman como modelo los retablos y el relicario de la Casa Profesa de Valladolid.

     Margarita de Austria, esposa de Felipe III, tampoco se sustrajo al coleccionismo piadoso, como lo demuestra el nutrido relicario del coro de las Descalzas Reales, monasterio de monjas franciscanas, reedificado a instancias reales, sobre el que la reina tomó el patronato realizando generosas donaciones, tanto de obras artísticas como de reliquias, durante los años de la estancia de la Corte en Valladolid.

     Como no podía ser menos, el acopio de reliquias también fue del interés del Duque de Lerma, que incrementó y potenció los relicarios del convento dominico de San Pablo, en el que había adquirido el patronato de su capilla mayor, que recibió una ingente colección de reliquias almacenadas previamente en la iglesia de los franciscanos descalzos de San Diego.

     En el Museo de Valladolid (Palacio de Fabio Nelli) se guarda el denominado Estandarte de San Mauricio, que si estrictamente no constituye una obra maestra pictórica, tiene el valor testimonial de los grandes festejos que se celebraron en Valladolid en 1604 con motivo de la llegada desde Flandes del cuerpo de San Mauricio, ilustrando del tipo de celebraciones tan frecuentes cuando la Corte estaba establecida junto al Pisuerga. Se trata de un damasco de color carmesí, de considerables dimensiones (2,50 x 1,70 m.) y pintado en un taller local, en cuyo anverso aparece la figura de San Mauricio con uniforme militar de gala y en el reverso dos santos decapitados, mártires pertenecientes a la Legión Tebana. El estandarte fue elaborado expresamente para recibir el cortejo que, dirigido por la venerable madre Magdalena de San Jerónimo, llegaba a Valladolid desde Flandes portando los cuerpos de San Mauricio y San Pascual papa, según informa Sangrador y Vítores. Depositadas las reliquias en la casa de la Penitencia, para las que se elaboró un arca apropiado, al día siguiente fueron trasladadas hasta la catedral en solemne procesión, entre danzas y cirios, presidiendo la comitiva barroca el elegante estandarte que con devoción después se preservó para recordar aquel acontecimiento.

     Otra celebración memorable, relatada por Luis Cabrera de Córdoba en su obra Relaciones de las cosas sucedidas en la Corte de España desde 1599 a 1614, tuvo lugar el 22 de septiembre de 1608, cuando fueron trasladadas en solemne procesión, contemplada por los reyes y con la asistencia de más de mil frailes de todas las órdenes de la ciudad, todas las reliquias del monasterio de San Diego hasta el relicario que el Duque de Lerma había hecho instalar en la capilla mayor de la iglesia de San Pablo. El escribano que anotó el acta, agobiado ante el ingente número de reliquias, se limitó a registrar las de los santos más importantes, englobando al resto como "diversas reliquias de santos y santas", teniéndose constancia de 44 brazos relicarios, 60 torsos de gran tamaño, otros 20 más pequeños, parte de los cuales se conservan en el Museo Nacional de Escultura, y profusión de viriles, distintas urnas y tabernáculos con forma de pequeñas construcciones, llegando un Lignum Crucis y una Santa Espina de Cristo bajo palio. Pero aparte de aquel nutrido relicario ducal, concebido a imitación de los elaborados en El Escorial, consta que el Duque de Lerma pudo hacer donaciones de reliquias a otros trece centros, entre ellos el monasterio de la Merced, el hospital de la Resurrección y los conventos del Carmen y de la Trinidad.

     Por otra parte, también acumularon importantes colecciones las carmelitas descalzas de Santa Teresa, las dominicas de Porta Coeli o Calderonas y el convento de Santa Brígida, no faltando copiosos relicarios en la práctica totalidad de conventos de la ciudad y provincia, destacando la colección reunida por las agustinas recoletas de Medina del Campo.

     Un caso especial lo constituyó el desaparecido convento de dominicas de Las Lauras, fundado en 1606 por doña María de Toledo y Colonna, segunda hija de García Álvarez de Toledo y Osorio, duque de Alba, que al enviudar de don Fadrique entregó el relicario de su patrimonio familiar a dicho convento, una de cuyas reliquias, la reproducción de la "Santa Sindone" de Turín, conseguida por su difunto esposo, llegaría a adquirir un destacado protagonismo en la vida de la ciudad, dando lugar a una romería anual, la Feria del Sudario, que como último de los actos de Semana Santa llegaría a pervivir hasta mediados del siglo XX. Las bondades de la santa reliquia fueron tantas, que con el tiempo y sin pudor llegaría a ser presentada a la veneración como la auténtica "Sábana Santa".

     Incluso la tradición procesional de Valladolid tampoco es ajena al culto a las reliquias, pues en el recinto conventual de San Francisco nació a finales del siglo XV la Cofradía Penitencial de la Santa Vera Cruz, la más antigua de la ciudad, cuya advocación fue tomada del Lignum Crucis que custodiaba desde tiempos inmemoriales, procedente del fragmento conservado en el monasterio cántabro de Santa María de Liébana. Ya contando con su propio templo penitencial desde 1589, el 23 de marzo de 1661 la Cofradía encargaba al orfebre Pedro Cortés de la Cruz unas andas de plata para el relicario, participando por primera vez el 3 de mayo de aquel año en el cortejo de la fiesta de la Invención de la Cruz, una celebración donde la reliquia desfilaba bajo palio según la imagen, que a su paso por la calle de Platerías, dejaría inmortalizada el pintor palentino Felipe Gil de Mena (colección privada, Madrid).

Continuará...

Informe: J. M. Travieso.
Registro Propiedad Intelectual - Código 1202021019323

Ilustraciones:
1 Cráneo del Santo Capillas, iglesia de San Pablo, Valladolid.
2 Reliquias del Monasterio de El Escorial y de la Colegiata de Santa María de Borja (Zaragoza).
3 Relicarios procedentes del convento de San Diego, Museo Nacional de Escultura, Valladolid.
4 Edición del Viaje de Ambrosio de Morales, Madrid 1765.
5 Retablo-relicario de la iglesia de la Inmaculada Concepción, Medina del Campo.
6 Relicarios de la capilla-relicario de la iglesia de Santiago el Real, Medina del Campo.
7 Retablo relicario en la iglesia de Santa María del Castillo, Olmedo.
8 Capilla-relicario de la iglesia de San Miguel y San Julián, Valladolid.
9 Murales cerámicos con escenas de la llegada de las reliquias de San Benito a Valladolid en 1594, zaguán del Palacio Pimentel, Valladolid.
10 Estandarte de San Mauricio, Museo de Valladolid.
11 Relicarios del convento de San Diego, Museo Nacional de Escultura, Valladolid.
12 Reliquia del Lignum Crucis, iglesia de la Santa Vera Cruz, Valladolid.
13 Procesión del Lignum Crucis en 1656, Felipe Gil de Mena , Colección particular, Madrid.

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VIAJE: BORGOÑA Y ALSACIA, del 6 al 15 de julio 2012



PROGRAMA

6 de julio, viernes
Salida a las 8 h. desde la Plaza de Colón con dirección a Burdeos. Visita y salida hacía Perigueux, con cena y alojamiento en el céntrico hotel IBIS.

7 de julio, sábado
Salida con dirección a Sarlat y visita a la ciudad. Traslado a Rocamadour y visita. Salida hacia Cahors, con cena y alojamiento en el hotel Campanille.

8 de julio, domingo
Salida con dirección a Conques. Recorrido por el macizo central francés. Visita a la abadía Premostratense. Traslado a Le Puy y visita de la ciudad. Cena y alojamiento. en hotel Ibis.

9 de julio, lunes
Salida desde Le Puy con dirección Clermont, para hacer una breve visita. Salida hacia Bourges para visitar la catedral y el centro histórico. Traslado a Auxerre. Después de visitar la ciudad, cena y alojamiento en hotel Ibis.

10 de julio, martes
Salida de Auxerre con dirección a Vezalay y visita a este centro de peregrinación medieval. Traslado a Autun para visitar la catedral. Continuación por Tournus y Beaune, con cena y alojamiento en hotel Ibis.

11 de julio, miércoles
Salida hacia Paray le Monial y visita. Traslado hasta la antigua abadía de Cluny. Salida hacia Beaune para visitar la ciudad. Cena y alojamiento en hotel Ibis.

12 de julio, jueves
Salida hacia Dijon y visita de la ciudad. De camino a Estrasburgo, se parará en Ronchamp y en algún pueblo de Riquewirt y Ribeauvillé. Cena y alojamiento en el hotel de Estrasburgo.

13 de julio, viernes
Salida hacia Colmar para visitar la ciudad y museos, con posibilidad de pasear en barcos por los canales. Por la tarde visita al castillo de Haut Koenigsbourg y la antigua abadía de Ebersmunster. Al finalizar la tarde, regreso al hotel de Estrasburgo.

14 de julio, sábado
Visita de la ciudad de Estrasburgo, catedral y paseo por los canales (Fiesta Nacional Francesa). Excursión a Baden-Baden. Regreso al hotel, con cena y alojamiento.

15 de julio, domingo
Salida a primera hora de la mañana con dirección Mulhouse para visitar el Museo Nacional del Automóvil. Traslado al aeropuerto y embarque vuelo bajo coste con dirección a Madrid. Traslado en bus hasta Valladolid.


PRECIO SOCIO: 980 € (Habitación doble)
PRECIO NO SOCIO: 1000 € (Habitación doble)


NOTA: Este viaje se organiza en estas fechas de periodo vacacional para personas que trabajan en la enseñanza y otras actividades laborales, terminando el día 15 por el tema de las quincenas.
Aunque queda mucho tiempo para la realización del viaje, la idea es regresar en avión desde la ciudad de Basilea, en vuelo de bajo costo, por lo que es necesario realizar la reserva de la plaza de avión cuanto antes. El precio de los asientos del avión será la media (igual para todos). El bus viene de vacío, por lo que el coste del mismo, será igual para todos, para los que quieran regresar en bus o los que regresen en avión.
Los hoteles previstos en el viaje son de las cadenas Campanille e Ibis (**-***) en media pensión y habitaciones dobles, teniendo un coste adicional las habitaciones individuales.

INCLUYE:
Vuelo bajo coste Basilea - Madrid; Cena y alojamiento en hoteles Ibis o Campanille, durante todo el recorrido; Circuito en autobús, con salida desde Valladolid; Régimen de media pensión, incluyendo bebidas y cafés; Seguro de Viaje; Tasas de aeropuerto; Autobús Madrid – Valladolid el 15 de julio.

NO INCLUYE:
Cualquier cosa que no esté contemplada en esta hoja informativa; entradas a museos y edificios de interés histórico-artístico; visitas guiadas a las ciudades.

REQUISITOS: Grupo máximo 45 personas.

INFORMACIÓN Y RESERVA DE PLAZAS: Por correo en la dirección domuspucelae@gmail.com o llamando al teléfono 608 419228 de 18 a 20,30 h. a partir del 4 de febrero de 2012.
Se convocará una reunión informativa para los inscritos al viaje, pudiéndose solicitar una cantidad a cuenta para la reserva de las plazas de avión a pagar en Viajes Halcón de calle San Lorenzo.

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1 de febrero de 2012

Fastiginia: Fachada del Colegio de San Gregorio, 1842-1850, dibujo de Genaro Pérez Villaamil


Estampas y recuerdos de Valladolid

     El pintor Genaro Pérez Villaamil y Duguet (El Ferrol, La Coruña, 1807-Madrid, 1854) está considerado como el máximo representante del paisajismo romántico español. Comienza su actividad como dibujante topógrafo en el taller que dirigía su padre en la Escuela Militar de Santiago de Compostela. Trasladado a Madrid en su juventud, inicia sus estudios literarios en San Isidro el Real, aunque a los 16 años se enrola en el ejército del Gobierno liberal durante la invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis capitaneados por el Duque de Angulema, que defendía la instauración del Borbón Fernando VII, siendo herido y trasladado a Cádiz como prisionero de guerra. Tras formarse en la Academia gaditana, en 1830 viaja como exiliado a Puerto Rico y allí realiza las decoraciones del Teatro Tapia. A su regreso a España en 1833, conoce al pintor escocés David Roberts, al que seguirá desde entonces en los planteamientos de la pintura paisajística romántica.

     Establecido en Madid desde 1834, su obra es alabada por el poeta José Zorrilla, siendo nombrado en 1835 académico de mérito de la Real Academia de San Fernando y en 1840 pintor honorario de cámara. Durante la regencia de Espartero, tal vez por motivos políticos, huye a Francia, emprendiendo la publicación en París de su obra "España artística y monumental", cuyos escritos y comentarios de los dibujos y pinturas corrieron a cargo de Patricio de Escosura, siendo la publicación de viajes con litografías más bella del romanticismo español.

     Antes de su regreso a Madrid en 1844, tras la caída de Espartero, viaja por Francia, Bélgica y Holanda, siendo compradas sus obras por los reyes de estos países. En 1845 es nombrado teniente director de la Academia de San Fernando y catedrático de paisaje y en 1848 profesor de paisaje de la Escuela Preparatoria para las carreras de Ingenieros Civiles y Arquitectos, concurriendo con éxito a las exposiciones de la Academia y del Salón de París. Entabla gran amistad con Isabel II, para la que trabaja como pintor de cámara de la casa real. Murió en Madrid a los 47 años, cuando la pintura paisajística romántica comenzó su decadencia.

Comparación entre el dibujo de Pérez Villaamil y la fachada real
     En su obra se aprecian dos etapas. Una primera prerromántica que dura diez años (1823-1833), caracterizada por paisajes de amplias perspectivas y poblados de pequeñas figuras populares, y otra plenamente romántica a partir de su contacto con David Roberts, donde predominan las vistas de motivos arquitectónicos envueltos en románticos celajes crepusculares, e interiores de monumentos con atmósfera de ensueño, todos ellos generalmente medievales y poblados de personajes populares, siendo además pionero en la introducción en España de temas orientalistas.

     Sin embargo, sus sugestivas imágenes, que enfatizan el carácter romántico de las construcciones góticas a través de contrastes luminosos y la presencia de multitud de personajes minúsculos, en el caso de sus dibujos con una gran precisión técnica, no logran una fidelidad de carácter científico por su libertad interpretativa, por lo que no pueden ser considerados como documentos para recomponer de forma fiable algunos monumentos desaparecidos. Sirva como ejemplo la interpretación subjetiva de la fachada del Colegio de San Gregorio de Valladolid, una escena de gran belleza plástica que recrea un ambiente de tinte romántico y pintoresco en el que sin embargo los elementos no se ajustan con precisión a la realidad, tanto en la fachada del antiguo Colegio como en la esquina del Palacio Villena.

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