25 de noviembre de 2020

Pie memoriae: LA VIRGEN DE LAS ANGUSTIAS, una historia de bandoleros en La Mota del Marqués












VIRGEN DE LAS ANGUSTIAS
Iglesia de San Martín
La Mota del Marqués (Valladolid)












La comarca de los Montes Torozos fue definida metafóricamente por Justo González Garrido (Los Montes de Torozos, Valladolid, 1955) como la espina dorsal de la provincia de Valladolid. Se extiende entre la Tierra de Campos y la campiña de Valladolid, arrancando del suroeste de Palencia para cruzar el noroeste de Valladolid y llegar casi a Zamora. Es un territorio mesetario, en el que los páramos adoptan la forma de espolones, de hidrografía muy escasa —limitada a algunos arroyos— y eminentemente cerealístico, que separa los valles del Sequillo y del Pisuerga. Los Montes Torozos abarcan 5 poblaciones palentinas y 39 vallisoletanas, siendo ya citados algunos de los lugares enclavados en este territorio en el Libro Becerro de las Behetrías del siglo XIV, mandado hacer por Pedro I de Castilla.

La escasa densidad de población y las grandes extensiones sin habitar siempre han producido en sus habitantes cierta sensación de aislamiento, siendo los parajes ásperos y los cerrados bosques de encinas los que a lo largo de la historia han infundido cierto temor en el territorio, pues desde muy antiguo circularon leyendas de bandoleros que realizaban sus asaltos y fechorías por aquellos parajes deshabitados, perviviendo aún en la memoria la denominada Senda del Ladrón. 
De aquellos grupos dedicados al batir de armas en emboscadas, como vasallos rebeldes al pago de tributos al correspondiente señor y monarca, se tienen noticias especialmente a partir del siglo XVIII, cuando el bandolerismo fue una práctica común en España y algunos de sus cabecillas mitificados, como ocurrió en Andalucía con Diego Corrientes (1757-1778), la cuadrilla de los Siete Niños de Écija (activos entre 1814 y 1818) o José María Hinojosa, el Tempranillo (1805-1833).

Sirvan estas pinceladas para centrarnos en un suceso protagonizado por bandoleros asentados en Torozos, en uno de cuyos asaltos, realizado en 1724, tuvo que intervenir nada menos que la Virgen.

La historia aparece citada en una pintura que se conserva en la iglesia de San Martín de la Mota del Marqués, municipio de la provincia de Valladolid enclavado en la comarca de Torozos. En dicha iglesia recibe culto una imagen de la Virgen de las Angustias que es una talla realizada hacia 1596 por el escultor palentino Adrián Álvarez. La imagen siempre tuvo en esta población una devoción especial, como lo demuestra el hecho de que en el siglo XVIII fuese renovado su retablo como gesto de exaltación y agradecimiento a los muchos favores recibidos entre los devotos de la población motana.

La escultura, destacada entre el patrimonio artístico de la iglesia, sigue la tipología iconográfica de la Piedad, representando a la Virgen arrodillada sobre un peñasco y contemplando con gesto sufriente el cuerpo de Cristo muerto, que aparece colocado sobre un sudario y al que sujeta su mano izquierda con gesto de desamparo. La talla presenta una estética relacionada con el romanismo implantado por Gaspar Becerra, con un meritorio tratamiento de los paños, un elegante manierismo y destacados valores cromáticos conseguidos con la policromía. Es comprensible que tanto por su atractivo aspecto como por sus valores dramáticos se convirtiera en un icono devocional de la Mota del Marqués, cuyas calles todavía recorre cada Viernes Santo durante las celebraciones de Semana Santa.            

Pero esta devoción viene de muy lejos, como lo demuestra la pintura que ya hemos citado, donde a modo de exvoto, de considerable formato, se relata una intervención milagrosa de la Virgen de las Angustias en defensa de un devoto que fue víctima de un asalto de bandoleros en el Monte Torozos. A los pies del cuadro figura una cartela que detalla lo que en la pintura se representa: "Pedro Fernández, vecino de esta villa de la Mota, viniendo de la ciudad de Palencia, salieron del Monte de Torozos a robarle dos ladrones; y viéndose en grande aprieto se encomendó a Nuestra Señora de las Angustias y no le maltrataron. Año 1724".

En el centro se encuentra el susodicho Pedro Fernández, que por su atavío podría deducirse su buena posición social —botas, calzas, ropilla y jubón con mangas acuchilladas—, en el momento en que es asaltado por dos bandoleros que le amenazan, uno de ellos colocado a su lado y esgrimiendo con malas intenciones un gran puñal, y otro a caballo en el lado opuesto apuntándole con un fusil. En ese momento la víctima se encomienda a la Virgen de las Angustias, cuya imagen, ajustada a la escultura de Adrián Álvarez de la iglesia de San Martín, aparece entre resplandores en el cielo, reforzando el momento de tensión la agitación de las caballerías y los cuerpos a tierra de los acompañantes, tal vez sirvientes, del asaltado. El resultado ya queda especificado en la inscripción: los ladrones no le maltrataron y pudo regresar sano y salvo a la Mota del Marqués. Se deduce que el trauma debió ser considerable ante lo que acostumbraban los bandoleros, pues la víctima hizo pintar la escena, en acción de gracias, en un considerable formato que no pasa desapercibido y con profusión de detalles que perpetúan en la memoria motana lo que fue considerado un "milagro" de la Virgen de las Angustias, que se suma a las devociones milagreras vallisoletanas.

Más que por sus valores plásticos, pues su ejecución técnica apenas supera el carácter popular, la  pintura ofrece un gran interés por sus valores testimoniales. Por un lado, como reflejo de la religiosidad dieciochesca en la Mota del Marqués, respecto a una arraigada devoción mariana que solía ser frecuente en la mayor parte de las poblaciones del ámbito rural. Por otro, como constatación histórica de la presencia de cuadrillas de bandoleros en las tierras vallisoletanas del Monte Torozos ya durante el primer cuarto del siglo XVIII, más aún cuando no abundan las representaciones gráficas de este fenómeno en tierras castellanas.

No obstante, sería en el último cuarto del siglo XVIII, y especialmente a partir del reinado de Carlos IV, cuando en España se extendió una oleada bandolera de considerable intensidad, incluyendo ambas mesetas, lo que supuso un desafío en materia de orden público que condujo a la militarización, desde la década de 1780, para atajar la actividad de los salteadores de caminos. Las causas se encontrarían en el significativo incremento de la riqueza y del flujo del dinero y las mercancías durante el siglo XVIII, lo que originó un creciente tráfico de personas que ofrecía a los bandoleros la posibilidad de conseguir un botín a todas horas.

Por otra parte, el deterioro de las condiciones de vida en la Castilla rural, como consecuencia del endeudamiento, el empobrecimiento y la polarización social, hizo que los algunos integrantes de los sectores más frágiles, principales víctimas de la degradación de las condiciones de vida, se incorporasen a las cuadrillas de salteadores. Su presencia, controlando los caminos más estratégicos, llegaban a intimidar a los pueblos cortando parte del comercio interior por temor a los asaltos. Como declaraban los corregidores de Palencia y Zamora en 1793, "por tan notorios excesos no se atreve nadie a circular con mantenimientos, comercio ni otras cosas y se siguen otros prejuicios".


Informe y fotografías: J. M. Travieso.


Iglesia de San Martín, Mota del Marqués (Valladolid)
















Paisaje de Torozos, Urueña (valladolid)
















Salteadores españoles. Litografía de Charles Gosselin, h. 1840
Museo Etnografico de Castilla y León, Zamora
(Foto Revista de Folklore 375, Fundación Joaquín Díaz)














* * * * *

23 de noviembre de 2020

Bordado de musas con hilos de oro: CANCIÓN DE INVIERNO, de Juan Ramón Jiménez


Cantan. Cantan.
¿Dónde cantan los pájaros que cantan?
 
Ha llovido. Aún las ramas
están sin hojas nuevas. Cantan. Cantan
los pájaros. ¿En dónde cantan
los pájaros que cantan?
 
No tengo pájaros en jaulas.
No hay niños que los vendan. Cantan.
El valle está muy lejos. Nada...
 
Yo no sé dónde cantan
los pájaros -cantan, cantan-
los pájaros que cantan.
 
JUAN RAMÓN JIMÉNEZ (1881-1958)
 
* * * * *

20 de noviembre de 2020

Exposición: EL CUERPO Y EL ALMA, del 22 de octubre 2020 al 18 de enero 2021

 

En estos momentos en que es tan difícil desplazarse para ver exposiciones interesantes, recurrimos al reportaje gráfico para conocer la exposición que se está celebrando en el Museo del Louvre de París y que con el título de "El cuerpo y el alma" está dedicada a la escultura italiana del Renacimiento, desde Donatello a Miguel Ángel.

* * * * *

18 de noviembre de 2020

Visita virtual: PUPPY, una mascota colosal como icono pop de Bilbao














PUPPY
Jeff Koons (York, Pensilvania, 1955)
1992
Acero inoxidable, sustrato y plantas en floración
1240 x 1240 x 820 cm
Museo Guggenheim, Bilbao
Escultura contemporánea. Arte pop








Puppy, escultura viva convertida en icono del Bilbao actual, es una de las obras más emblemáticas de la colección del Museo Guggenheim de esta ciudad. Fue creada en 1992 por el artista norteamericano Jeff Koons para ser colocada en un castillo situado a cincuenta kilómetros de Kassel, coincidiendo con la celebración en esta ciudad alemana de la "documenta", una de las exposiciones de arte contemporáneo más importantes del mundo. La peculiar escultura causó auténtica sensación a pesar de no participar en aquel evento artístico. Después la obra no pudo conservarse por tener un armazón de madera y tuvo que ser renovada con una estructura de acero inoxidable, tal y como se muestra actualmente, para su posterior presentación en el exterior del Museo de Arte Contemporáneo de Sidney, siendo trasladada en octubre de 1997 al Museo Guggenheim de Bilbao, poco antes de su inauguración, que ya la había adquirido para formar parte de los fondos del museo.

La obra fue creada en una época controvertida en la trayectoria de Jeff Koons, que ya era conocido por las icónicas piezas de la serie Banalidad. El año anterior había presentado una serie de pinturas, esculturas y fotografías titulada Made in heaven (Hecho en el cielo), en la que mostraba al artista y su pareja, la actriz Ilona Staller, más conocida como Cicciolina, como unos modernos Adán y Eva, serie que fue clamorosamente denostada y vituperada por la crítica americana. Sin embargo en 1992, dando continuidad a ese adverso momento, hizo su aparición Puppy, que se convirtió en la gran estrella durante la citada celebración en Kassel.

La escultura es de dimensiones colosales —12 metros de altura— y representa un cachorro de perro de la raza West Highland terrier, cuyo origen se encuentra en una pequeña escultura de madera de un perrito terrier de pelo blanco que había realizado en 1991, sobre el que Jeff Koons, en base a su interés por la escala y la monumentalidad, ideó convertir en escultura gigante, empleando un sofisticado modelo de ordenador para establecer una original escultura orgánica en la que fusiona una iconografía edulcorada de amable cachorro con el tratamiento de un jardín clásico europeo del siglo XVIII, esto es, un monumento al sentimentalismo.

Puppy está compuesto por un armazón metálico de acero inoxidable —de 15 toneladas de peso—, que como una gigantesca cápsula adopta la forma de un "Caballo de Troya", con un amplio interior al que se accede por una puerta trasera y en el que se desarrolla el sistema de riego controlado por ordenador. La superficie está recubierta por un mallazo metálico que soporta la tierra y una tela geotextil que mantiene la turba y favorece el crecimiento de las plantas, admitiendo sobre su superficie hasta 38.000 macetas florales regadas por imperceptibles varillas de riego por aspersión.  Las plantas son renovadas dos veces al año para adaptarlas a las condiciones climáticas, durante la temporada de primavera-verano (begonias, alegrías, lobelias, petunias y claveles) y la de otoño-invierno (pensamientos resistentes al frío). La figura del perro sólo presenta una zona sin flores en la papada, donde son colocadas plantas de hiedra que crecen hacia abajo. Estas características la convierten en la escultura floral más grande del mundo.


Con esta original escultura el artista quiere transmitir cómo el hombre intenta controlar la naturaleza sin conseguirlo, pues, al tratarse de una superficie viva, el aspecto se descontrola afectando a colores y dibujos, con lo que la escultura adquiere matices permanentemente cambiantes por su continuo crecimiento. Este hallazgo estético proporciona al arte pop de una dimensión que hasta entonces no tenía.
En este sentido, hay que reseñar que Jeff Koons no sólo se limitó a diseñar la figura, su estructura y el sistema de riego, sino que también realizó el diseño de los dibujos que forman las flores, cuyos cíclicos cambios realizados por el Museo Guggenheim, respecto al tipo de flores y dibujos, deben ser aprobados por él, lo mismo que cualquier otro problema planteado por el revestimiento floral.

La escultura de Puppy, de aspecto paradójicamente contenido y cambiante al mismo tiempo, yuxtapone referencias elitistas a otras de la cultura popular, poniendo de manifiesto el deseo del artista de que la finalidad de esta escultura pública sea la de atraer, suscitar optimismo e infundir confianza y seguridad como guardián a las puertas del Guggenheim, causando en los espectadores admiración y alegría al irradiar positividad, motivo por el que es especialmente atractiva para los niños. No en vano el enfoque del trabajo artístico de Jeff Koons viene marcado por las fiestas que conoció durante su infancia en su ciudad natal de York, donde participaba del entusiasmo colectivo que producían los globos y los desfiles de carrozas de flores, lo que se traduce en esta obra en la fusión del pasado y el presente del autor.


Informe y fotografías: J. M. Travieso.











































(Foto Wikipedia)
















Jeff Koons, Terrier, madera, 1991



















* * * * *


9 de noviembre de 2020

Pie memoriae: CRISTO DE CASTILVIEJO, una imagen sudorosa en Medina de Rioseco
















SANTO CRISTO DE CASTILVIEJO
Santuario de Castilviejo
Medina de Rioseco (Valladolid)
















A unos cuatro kilómetros de Medina de Rioseco, Ciudad de los Almirantes, en un atractivo enclave arbolado se encuentra la ermita de Nuestra Señora de Castilviejo, una construcción clasicista levantada a mediados del siglo XVI por Juan de Hermosa, arquitecto que participó en otras iglesias de la ciudad y que colocó sobre el arco de su sobria fachada el escudo de Luis Enríquez, VI Almirante de Castilla y II duque de Medina de Rioseco. En su interior, la capilla mayor presenta un suntuoso retablo barroco, trazado en 1712 por Joaquín Benito Churriguera, que fue elaborado por el ensamblador Carlos Carnicero y dorado y policromado por Tomás de Sierra y Manuel de la Puerta, contando con notables esculturas del vallisoletano Antonio Gautúa. El retablo lleva incorporado un camarín en cuyo transparente se muestra la discreta imagen de la Virgen de Castilviejo, copia del original románico de 60 cm de altura y realizado en madera de peral que, según la tradición, fue encontrado por un labrador entre las ruinas de un viejo castillo. La primitiva escultura mariana desapareció a finales del siglo XX. 

(Foto Iglesia en Valladolid)
Junto a la capilla mayor, en la parte izquierda o lado del evangelio, se encuentra un retablo colateral que fue realizado en el primer cuarto del siglo XVIII para albergar un crucifijo del siglo XVI de autor anónimo: el Cristo de Castilviejo, talla que fue propiedad de la Cofradía de Nuestra Señora de la Consolación. Este aparece dentro de un nicho trilobulado en cuyo fondo fue pintado un sencillo paisaje con las figuras de los dos ladrones, estando flanqueado por dos ángeles realizados por Antonio Gautúa en 1715 para el altar mayor. Corona el ático la pintura de la Virgen del Pópulo.
El Cristo de Castilviejo comparte con la Virgen la extraordinaria devoción popular que se les profesa en Medina de Rioseco, puesta de manifiesto anualmente cuando el 8 de septiembre se celebra una concurrida romería en honor de la Virgen, fiesta que se repite el domingo siguiente a esa fecha con la procesión del Cristo de Castilviejo.

La especial devoción a este crucifijo viene determinada por haber sido protagonista, en junio de 1602, de una sudoración inexplicable que fue interpretada como un hecho milagroso, fenómeno del que dieron fe numerosos testigos.
Ese año Medina de Rioseco y toda la comarca sufría una prolongada sequía que amenazaba con la imposibilidad de recolectar las cosechas en el inminente verano. Como en otras apuradas ocasiones, se organizaron las correspondientes rogativas para evitar la catástrofe. Con este fin, fue trasladada la imagen de la Virgen de Castilviejo a la iglesia de Santa María de Mediavilla para celebrar la novena, así como la imagen del Cristo de Castilviejo, que junto a ella sería sacada en la procesión que recorrería las calles riosecanas en la madrugada del sábado 8 de junio.

(Foto Iglesia en Valladolid)
Cuando el crucifijo salía de la iglesia a las 6 de la mañana, Luisa de Castroverde, esposa de un sastre riosecano, percibió que del Cristo emanaban gotas de agua, hecho que comunicó a unos hermanos del Trabajo. Estos lo transmitieron al sacristán mayor, que reaccionó con enfado e incredulidad. Sin embargo, cuando la procesión regresaba a la iglesia en el mediodía, el rumor se había extendido por la población, siendo numerosas las personas que acudieron a la puerta de la iglesia para comprobarlo.

Ante el tumulto, tras la entrada del alcalde Juan Cuadrado, del regidor Luis Vázquez, del escribano municipal Gaspar de Gauna, de sacerdotes, religiosos y otras personas avisadas, la iglesia fue cerrada y la imagen colocada en la capilla de los Benavente, aislada por una reja, donde los presentes pudieron comprobar a la luz de las velas la sudoración del Cristo en todo su cuerpo, especialmente en las manos, nariz, boca y barba, discurriendo hasta las piernas, como pudo comprobar el dominico fray Matas Ortiz. Intentando aliviar a la imagen de las gotas de agua, el licenciado Arcayos y el predicador de San Francisco intentaron secar la imagen con unos corporales, pero el agua brotaba de nuevo. Convencidos todos del portento milagroso, sin fraude ni manipulación posible, se decidió proclamarlo con el repique de las campanas de la iglesia.

(Foto Iglesia en Valladolid)
El fenómeno fue comunicado al obispado de Palencia, diócesis a la que pertenecía por entonces Medina de Rioseco, que ordenó una investigación, dirigida por el arcediano del Alcor, para comprobar su autenticidad. En ella declararon varios testigos que pusieron de manifiesto haber experimentado una sugestión colectiva, relatando los más dispares testimonios personales. También se encargó al escultor Mateo Enríquez que hiciera unas catas en la talla para detectar posibles fraudes, dictaminando que la talla era maciza y de madera de peral, ratificando las pruebas ante un juez eclesiástico, ante un letrado del Regimiento de la villa y ante el corregidor, dando fe de los hechos cuatro escribanos por separado.
Mientras el fiscal eclesiástico era reacio a la consideración de milagro, siguiendo las prevenciones de la Iglesia, el letrado del Regimiento sentenció el 21 de agosto que “El dicho caso debe tenerse por milagro que Nuestro Señor Jesucristo fue servido de hacer y obrar en su sancta imagen y figura para bien de los fieles cristianos…”.

Otro de los mandatos de la sentencia fue la creación de un relicario que preservase los corporales con que se limpió el sudor de la imagen, elemento que fue ofrecido a la veneración de los fieles riosecanos en el altar de San Juan de la iglesia de Santa María y que en la actualidad se conserva en la iglesia-museo de San Francisco.

Igualmente, se instituyó la Fiesta del Sudario, que todos los años rememoraba el prodigio con una misa solemne en la ermita de Castilviejo, repicando en la víspera las campanas de todas las iglesias riosecanas y con fiestas y fuegos artificiales en la Ciudad de los Almirantes. Esta fiesta, que no ha pervivido en el tiempo, fue transformada en la concurrida romería anual por la pradera de la ermita.

Por su interés documental, a continuación se muestra el acta firmado por el escribano Gaspar de Gauna el 10 de junio de 1602:

Medina de Rioseco, 10 de junio de 1602. Yo gaspar de gauna secrivano publico y del numero y ayuntamiento desta noble y leal villa de medina de rioseco aprovado por su magestad doi fee y berdadero testimonio a los que la presente vieren en como el savado proximo pasado que se contaron ocho de junio deste año de mil y seisçientos y dos a ora de las diez del dia antes mas que menos se enpeço a
dibulgar por esta villa y entre los vecinos della quel cristo cruçificado de la confradia de los hermanos desta villa ques de nuestra señora de la consolaçion estaba sudando el qual se avia traido juntamente con nuestra señora de castilviejo a la dicha villa a causa de los tenporales y asi como lo oi fui adonde estaba el dicho cristo crucificado con juan cuadrado alcalde ordinario desta villa y luis vazquez regidor della y llegando a la dicha yglesia la alle zerrada y muy gran cantidad de gente a la puerta della y preguntandoles que acian alli y por que causa estaba çerrada la puerta de la iglesia dixeron que iban a ver el milagro del sudor del cristo crucificado y llamando el dicho alcalde abrieron la puerta y entre con los susodichos dentro de la dicha yglesia en la qual alle mucha xente y llegando junto al dicho cristo crucificado me puse encima de un banco questava distante del rostro del cristo y el mio cosa de una tercia de bara y mirandole con mucha atencion con una bela ençendida vi una gota de sudor o agua muy grande pendiente del pico de la nariz y en el bozo del lavio vi estarle sudando todo y un gota de agua o sudor en la barva y vi y oi deszir a religiosos y sacerdotes questaban presentes mirando
lo susodicho que no avia parte en el cristo que no sudase y entre ellos vi que fray matas ortiz de la orden de santo domingo con un dedo de la mano derecha llego a una pantorrilla del dicho cristo crucificado y le saco moxado cerificandose el fraile deste misterio y ansimismo vi al licenciado arcayos clerigo y beneficiado desta villa questando ençima de un banco con una bela encendida en la mano y unos corporales en la otra mostrando y diçiendo que por partes de la cabeza del cristo nariz y barba sudaba señalando y mostrando a otros religiosos y personas questavan presentes las gotas de sudor o agua del dicho cristo en las partes dichas le dixe limpiase aquella gota de sudor o agua que tenia en la nariz con unos coporales que tenia en la mano y haçiendolo vi tomo los dichos corporales el predicador de san francisco y los llego a sus oxos y le oy descir le avia moxado el dicho sudor o agua los oxos suyos y asimismo le dixe llegase los dichos corporales a mis oxos por la parte que avia linpiado la dicha gota de agua o sudor en los dichos corporales que seria del tamaño de medio quarto poco mas o menos y ansimismo tocando con dichos corporales por la dicha parte en los oxos de muchas personas que alli estaban presentes y en este
Procesión del Cristo de Castilviejo
(Foto Iglesia en Valladolid)
medio que abria como dos credos que el licenciado arcayos le linpio la gota de sudor o agua de la punta de la nariz teniendo la bela encendida en la mano llamo a otros relixiosos mas y personas diciendo que llegasen a ber como en la mesma parte de la punta de la nariz donde se avia quitado la otra gota de sudor o de agua se le iba fixando otra la qual vieron muchas personas vecinos desta villa questaban alli y les oy desçir aber buelto al mismo lugar otra gota de sudor o agua como la pasada y ansimismo a cosa de las quatro oras de las once del dicho dia estando en la sacristia de la dicha yglesia exsaminando algunos testigos llego un sacerdote diciendo que de la madera del cristo cruçificado le corria por el brazo adelante y que llegaba a la madera del palo de la dicha cruz el agua que le parecia salir de la parte donde estaba el clavo de la mano derecha y salio de la dicha sacristia el licenciado juan criado y bolviendo a ella le oy descir abia linpiado con los corporales el agua de la mano derecha de todo lo qual doi fee y para constancia de lo susodicho el presente en medina de rioseco a diez de junio de mil y seiscientos y dos años [...]



Informe: J. M. Travieso.





Antigua postal de la Ermita de Castilviejo
Fundación Joaquín Díaz, Urueña (Valladolid)












* * * * *

4 de noviembre de 2020

Pie memoriae: EL MILAGRO DE LAS RANAS, un exvoto para la memoria en Arrabal de Portillo
















EL MILAGRO DE LAS RANAS
Iglesia de San Juan Evangelista
Arrabal de Portillo (Valladolid)
















Adentrándonos en el campo de las curiosidades históricas y religiosas de nuestra tierra, algunas realmente sorprendentes, hoy fijamos nuestra atención en la población vallisoletana de Arrabal de Portillo, donde en fecha imprecisa se creó la Cofradía Sacramental y de Ánimas, cuya finalidad era la de honrar al Santísimo Sacramento y dar culto a las benditas ánimas del Purgatorio. La creación de dicha Cofradía tuvo su origen en la celebración de un acto de desagravio tras producirse el robo sacrílego de hostias consagradas, al que siguió, según la leyenda piadosa, un curioso hecho milagroso que nunca fue olvidado y que fue protagonizado por las ranas de un arroyo de este pueblo, desde entonces denominado arroyo del Corpus.

Si de dicho milagro se conocen todos los detalles, no ocurre lo mismo con la fecha concreta en que se produjo, al que siguió la fundación de la Cofradía, aunque es posible que ocurriera en 1520, ya que en la iglesia parroquial de Arrabal de Portillo se conserva un cuadro manuscrito que recuerda la celebración solemne, en los días 12 y 13 de junio de 1920, del cuarto centenario de la fundación canónica de la Cofradía Sacramental y de Ánimas, a la que siguió la construcción de la desaparecida ermita del Corpus Christi, donde fue venerado el Cristo de las Injurias hasta su traslado en el siglo XVIII a la ermita del Ecce Homo, vecina a la iglesia de San Juan Evangelista.

La memoria histórico-piadosa de Arrabal de Portillo quedó plasmada en el siglo XVIII en un pequeño retablo que fue colocado en la ermita del Ecce Homo y que muestra una pintura, de autor anónimo y factura popular, en la que se representan los pormenores del singular milagro. Bajo la pintura, en una cartela escrita a dos columnas, se narran con detalle los hechos ocurridos. Su transcripción es la siguiente:
"En el rigor del invierno, una noche que había nevado, un hombre entró en la iglesia del Arrabal de Portillo, abrió la Custodia y hurtó el copón con las formas, y a distancia de un tiro de bala, echó las formas en el arroyo que pasa por dicho Arrabal, y procurando huir, no pudo pasar de junto a un peral que había inmediato. Y pasando un arriero con su recua oyó cantar las ranas con mucho ruido, y causando admiración por ser el tiempo tan contrario, se arrimó al arroyo y vio en el agua las formas y alrededor un cerco de ranas que no dejaban de cantar. Dio parte a la justicia y al cura del dicho Arrabal, se prendió al ladrón y con toda la reverencia se recogieron dichas formas y volvieron a la iglesia. Y en dicho sitio se edificó una ermita con el nombre del Corpus Christi, y en ella se venera la imagen del bendito Cristo de las Injurias.
Se renovó año de MD..."

De acuerdo a esta narración, en la pintura aparece en primer plano el arroyo en el que destaca un grupo de ranas croando y dispuestas en círculo, a modo de coro, en torno al grupo de hostias que, lanzadas por el autor del sacrilegio, flotan sobre las aguas. Arrodillado en la orilla, vestido con ropas litúrgicas, se identifica al cura de Arrabal, que se dispone a recoger las hostias acompañado de acólitos que sujetan faroles y velas. Junto a él se encuentra el representante de la justicia y un grupo de personajes que observan asombrados el milagro. En la parte izquierda, acompañado de sus mulas cargadas y de un joven ayudante, se halla el arriero que escuchó el canto de las ranas y dio el aviso. Para completar la secuencia, la pintura se completa en la parte superior con una representación del caserío de Arrabal, hacia cuya iglesia se dirige una procesión con las hostias tras ser rescatadas del arroyo.

El retablo que cobija la pintura, de trazado neoclásico y elementos decorativos  rococós, ha sido restaurado recientemente y trasladado en 2018 a la nave de la epístola de la monumental iglesia portillana de San Juan Evangelista, donde fue bendecido por el actual Cardenal Arzobispo de Valladolid. En su nueva ubicación aparece custodiado por otros dedicados a San Isidro Labrador y San Antonio de Padua, estando rematado en su parte superior por un crucifijo gótico de la primera mitad del siglo XIV (catalogado por C.J. Ara Gil), que rememora al Cristo de las Injurias que siempre estuvo colocado junto a la pintura.

Todos estos elementos se engloban en las tradiciones religiosas que en tiempos pasados se localizaban en el ámbito rural, que en este curioso caso de las ranas cantoras dio lugar a la celebración de una popular procesión del Corpus, celebrada el domingo siguiente al Jueves de Corpus, con presencia de danzantes, que todavía tiene vigencia por mantenerse activa la Cofradía Sacramental y de Ánimas, que entre sus prerrogativas mantiene el derecho a tocar las campanas, en recuerdo de los hermanos difuntos, hasta la medianoche del segundo domingo de noviembre, interviniendo en las procesiones del jueves y viernes santo y organizando en cada ocasión cultos y diferentes convocatorias gastronómico-festivas.  


Informe y fotografías: J. M. Travieso.































































Interior de la iglesia de San Juan Evangelista, Arrabal de Portillo
















Exterior de la iglesia de San Juan Evangelista, Arrabal de Portillo
















Ermita o capilla del Ecce Homo, Arrabal de Portillo

















Fiesta del Corpus, ermita del Ecce Homo, Arrabal de Portillo













* * * * *