PIEDAD
Gregorio Fernández (Sarria, Lugo,1576-Valladolid,1636)
1620
Madera policromada
Real Convento de Santa Clara,
Carrión de los Condes (Palencia)
Escultura barroca. Escuela castellana
Una de las principales aportaciones de Gregorio Fernández a la escultura
barroca religiosa fue la creación de modelos iconográficos arquetípicos tanto de
santos canonizados en su época —San Isidro, Santa Teresa, etc.— como
de temas pasionistas, realizando una considerable serie de representaciones de Cristo
atado a la columna, Cristo crucificado, Cristo yacente o de
la Piedad. Si en los primeros los estilemas y composiciones presentan
características comunes, a pesar de los diferentes formatos, en el tema de la Piedad
el escultor aplicó ligeras variantes a partir de un modelo invariable entre los
años 1610, en que realiza su primera versión, y 1628, año en que está datada la
última.
En otro orden de cosas, hay que recordar que el tema de la Piedad
no aparece en los Evangelios, vinculándose su origen a la literatura mística bajomedieval.
En este sentido, como recoge Louis Réau, es ilustrativa la interpretación que
hiciera San Bernardino de Siena: “La Virgen creyó que habían retornado los
días de Belén; se imaginó que Jesús estaba adormecido y lo acunó en su regazo;
y el sudario en que lo envolvió le recordó los pañales”. En otras obras literarias
se describe el cuerpo muerto de Cristo sobre las rodillas de su Madre, las
emociones que esta padece y su indescriptible dolor, creando un tipo de
imaginería mental capaz de estimular a los artistas a realizar obras que
alentasen entre los fieles la meditación y la contemplación. Es el caso de las Meditaciones
Vitae Christi de Pseudo Buenaventura, las Meditaciones de Enrique de
Berg, las Profecías y Revelaciones de Santa Brígida de Suecia o el Planctus
Mariae del cisterciense Ogiero de Locedio, así como la célebre Stabat
Mater, loa de los sufrimientos de María atribuida al franciscano Jacopone
de Todi.
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Vesperbild Izda:1320, Castillo de Coburgo, Alemania / Centro: H.1420-Museo Diocesano, Klagenfurt Dcha: S XV, Pinacoteca Civica, Palacio Pianetti, Ancona |
Sobre esta idea, el tema de la Piedad, aparecido en los conventos
femeninos del valle del Rin en el siglo XIV, se difundió en el siglo XV a
través de las cofradías de Nuestra Señora de la Piedad, muy populares en
tierras francesas, en forma de grupos escultóricos denominados Vesperbild
en alusión a las Vísperas del Viernes Santo, hora canónica en que Cristo fue
desclavado de la cruz y puesto en brazos de su Madre. En estas composiciones —en
Coburg se conserva la más antigua, fechada en 1320— aparece la Virgen sedente y
con el cuerpo de Cristo cruzado en su regazo manteniendo el rigor mortis. Tras
difundirse la tipología desde Alemania y Francia al resto de Europa, en el
siglo XV, por influencia del gótico Internacional, se abandona la rigidez y las
figuras comienzan a mostrarse más amables, en ocasiones incorporando en la escena
las figuras de San Juan y la Magdalena.
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| Miguel Ángel. Piedad, 1498, Basílica de San Pedro, Vaticano |
Aquella tipología de la Piedad fue variando durante el
Renacimiento, comenzando a colocarse el cuerpo de Cristo en diagonal y apoyado
en las rodillas de la Virgen, con lo que el grupo escultórico ganaba en verosimilitud
y armonía, siempre exaltando el amor maternal. No obstante, más que el cambio
formal, lo realmente importante fue el cambio conceptual a partir del impacto
del humanismo paganizante. En una curiosa simbiosis espiritual entre el antiguo
paganismo greco-romano y el cristianismo, las figuras componentes de la Piedad adquirieron
una nueva imagen, Cristo con aspecto hercúleo representando el ideal de belleza
masculina y la Virgen con aspecto de matrona romana, hermosa y saludable,
abandonando el excesivo dolor para procurar ante todo la armonía y el
equilibrio. La antigua idea medieval de la Virgen como trono en el que Cristo
asienta su poder, da paso a la Madre que comparte el sufrimiento con la humanidad.
El caso más paradigmático fue la Piedad que realizara Miguel Ángel en
Roma en 1498, en pleno apogeo del Renacimiento, que patentiza el imperante idealismo
de la época en que la belleza predomina sobre el dramatismo.
Tras la reforma protestante, que eliminó de sus iglesias la presencia
demasiado humana de Cristo y los santos, así como el culto a la Virgen, se
produjo como reacción la contrarreforma católica, que estimuló la veneración de
la Virgen y la producción de imágenes que procuraban una síntesis entre
naturaleza y gracia, entre humanismo y fe, siendo sobre todo en España donde la
religión ocupó las calles en forma de representaciones teatrales y procesiones.
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Francisco de Rincón. Piedad, 1602-1604 Iglesia penitencial de Ntra. Sra. de las Angustias, Valladolid |
Este cambio ideológico se refleja en los albores del Barroco en una
nueva estética que, a partir de los postulados contrarreformistas, también
afecta al tema de la Piedad, que abandonando las composiciones con
movimientos cerrados típicamente renacentistas comienza a manifestarse a través
de movimientos abiertos —brazos desplegados, levantados, etc.— mostrando una
gestualidad muy efectista.
En el barroco español un caso ilustrativo fueron las creaciones de
Gregorio Fernández en Valladolid, donde realizó hasta cinco versiones del tema,
cada una con sus propias peculiaridades, que están repartidas por Burgos,
Valladolid, Carrión de los Condes (Palencia) y La Bañeza (León).
Como ocurriera con el modelo de Cristo yacente, las
representaciones de la Piedad no son estrictamente creaciones originales
de Gregorio Fernández, pues en ambos casos toman como inspiración modelos precedentes
realizados en Valladolid por Francisco de Rincón, el escultor que le acogió en
su taller a su llegada a la ciudad, siendo posteriormente en el obrador
fernandino donde estos temas se repetirían, impregnados de nuevos matices, hasta
constituir la seña de identidad del activo taller vallisoletano.
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Gregorio Fernández. Piedad, 1620 Monasterio de Sta. Clara, Carrión de los Condes |
Concretamente, el precedente del modelo de Piedad se encuentra en
el retablo mayor de la iglesia penitencial de las Angustias de Valladolid,
elaborado entre 1602 y 1604, donde Francisco de Rincón incluyó en el ático una Piedad
en la que ya aparece el cuerpo de Cristo dispuesto en diagonal y con el brazo
derecho apoyado sobre la rodilla de la Virgen, que revestida de una amplia
túnica, un manto que le cubre la cabeza y remonta los brazos, y una toca que
enmarca el rostro, levanta los brazos en gesto de desconsuelo. Este modelo sería
seguido por Gregorio Fernández con fidelidad en tres de sus cinco versiones de
la Piedad, en las que incorpora un sudario bajo el cuerpo de Cristo, como
en el altorrelieve de la iglesia del Carmen de Burgos, realizado entre 1610 y
1612, que constituye la primera de sus versiones, en la Piedad del
monasterio de Santa Clara de Carrión de los Condes, datada en 1620, y en la Piedad
realizada hacia 1627 para el convento de San Francisco de Valladolid, actualmente en la
iglesia de San Martín convertida en un icono del barroco vallisoletano.
LA PIEDAD DE
CARRIÓN DE LOS CONDES
El monasterio de Santa Clara de Carrión de los Condes (Palencia), fundado
en el siglo XIII y ocupado de forma ininterrumpida por monjas clarisas, comunidad
muy favorecida por papas, reyes y mecenas, conoció en la primera mitad del
siglo XVII un momento de gran esplendor. En ese tiempo tuvo un papel destacado la
madrileña María Luisa Colmenares Cabezón, nieta del célebre músico Antonio Cabezón,
que en 1584, cuando contaba veinte años, había ingresado en el monasterio
carrionés, donde tomó el nombre de Madre Luisa de la Ascensión, llegando a
ocupar por dos veces el cargo de abadesa: de 1609 a 1611 y de 1615 a 1617. La Madre
Luisa, visionaria y autora de escritos místicos, consiguió importantes
donaciones de Felipe III y de familias de la nobleza que permitieron construir
la actual iglesia y la sacristía, ampliar las celdas y levantar una hospedería funcional
en el Camino de Santiago, así como dotar al recinto de importantes obras
artísticas.
Al igual que ocurriera en los conventos de carmelitas descalzas, que
según disposiciones de Santa Teresa de Jesús disponían de pequeñas ermitas en
la huerta para que las monjas pudiesen retirarse a orar, esto también ocurría
en la huerta del monasterio de Santa Clara de Carrión, donde una de ellas fue
redificada por la Madre Luisa, que además adquirió la talla de la Piedad
realizada por Gregorio Fernández en 1620 para presidir dicha ermita con el fin
de estimular la meditación y la oración de las monjas.

El grupo de la Piedad fue realizado en la etapa de plena madurez
del escultor, mostrando la emoción espiritual y el profundo sentimiento religioso
como reflejo de la sociedad sacralizada del momento. Como episodio inmediato al
Descendimiento, muestra a la Virgen derrumbada al pie de la cruz y sujetando en
su regazo el cuerpo de Cristo, que colocado en primer plano sobre el sudario describe
un arco con el brazo derecho remontando la rodilla de la Virgen, la cabeza
ligeramente inclinada, la desnudez apenas atenuada por un cabo del paño de
pureza, la pierna derecha adelantada respecto la izquierda, recordando la
disposición en la cruz, y el brazo izquierdo extendido sobre el costado y con
la mano cerrada del mismo modo que aparece en sus yacentes.
Cristo, cuya disposición corporal rompe con el principio de simetría,
muestra una vigorosa anatomía con el vientre hundido, destacando el minucioso
trabajo de la cabeza, que definiendo el modelo fernandino presenta una larga
melena que en la parte izquierda se dirige hacia atrás, remontando la oreja que
queda visible, mientras por la derecha cae formando detallados rizos sobre el
hombro, sin que falten los habituales mechones sobre la frente y la barba
simétrica de dos puntas. Sus párpados aparecen hinchados, los ojos y la boca
entreabiertos como recuerdo del último suspiro y sobre su ceja izquierda la llaga
producida por una espina.
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La encarnadura aparece recorrida por llagas puntuales y regueros de
sangre que condensan todo el proceso de la Pasión, como la piel tumefacta con
huellas de los latigazos, la herida del hombro izquierdo producida por el peso
de la cruz, las llagas de las rodillas que recuerdan sus caídas, las
perforaciones de los clavos en manos y pies y la herida sangrante del costado
como certificación de su muerte. Su imagen es rotunda y hercúlea, resuelta con
una gran dignidad y acentuado realismo para conmover al espectador, siguiendo
un modelo exactamente igual al que utilizara años después en la Piedad
de la iglesia de San Martín de Valladolid.
La Virgen está representada como una mujer joven, con la cabeza ladeada
hacia la derecha, con el rostro dirigido a lo alto y los brazos levantados a la
altura de la cintura con gesto de súplica y desamparo. Viste una túnica roja con
puños abotonados y ceñida a la cintura que deja asomar un zapato al frente, un
manto azul que cubre parte de la cabeza y cae plegándose sobre los brazos, y un
juego de tocas, una marfileña que forma sobre la frente el pequeño pliegue típicamente
fernandino y otra grisácea que enmarca el rostro, todos los paños formando abundantes
pliegues que proporcionan un gran valor plástico a la figura y mostrando una
preferencia por los colores planos en la indumentaria como recurso más
naturalista que las labores de estofado. En ella destaca la delicadeza de las
actitudes y la expresión facial, con cejas oblicuas, grandes ojos de vidrio que
miran hacia arriba y una boca pequeña y entreabierta que deja asomar los
dientes.
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En esta escultura ya se define el estilo del Gregorio Fernández más
genuino, cuyo lenguaje directo y recursos expresivos, basados en el ideal
contrarreformista, entroncaron directamente con la religiosidad del pueblo.
La imagen de la Piedad fue trasladada desde la ermita originaria
a una capilla de la iglesia conventual. Debió de ser en ese momento cuando la
figura de la Virgen sufrió algunos retoques muy poco afortunados y cuando se
incorporaron, siguiendo el gusto dieciochesco, remates de pasamanería sobre el
sudario y el manto de la Virgen, así como un pectoral de plata en forma de
corazón atravesado por siete cuchillos que aluden a los siete dolores de María:
la profecía de Simeón en la Presentación
de Jesús en el Templo, la Huida a Egipto, la Pérdida de Jesús en el Templo, el Encuentro
de María y Jesús en el Vía Crucis, la Crucifixión, el Descendimiento y el
Entierro de Jesús. Como atrezo ambiental, al fondo de la imagen aparece una
cruz con un sudario textil y a su lado la corona de espinas depositada sobre un
paño en el suelo.
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| Monasterio de Santa Clara, Carrión de los Condes |
La Piedad de Carrión de los Condes es una escultura pensada para
presidir un retablo, por lo que el dorso no aparece trabajado. No obstante, la
imagen fue sacada procesionalmente en la Semana Santa de 1945 y posteriormente dos
veces más, la última en 1998.
En un retablo colateral de la misma iglesia del monasterio de Santa Clara
se encuentra un magnífico Cristo crucificado, realizado por Gregorio
Fernández en 1627, que Jesús Urrea considera el precedente del famoso Cristo
de la Luz. La cruz aparece inscrita en un corazón en llamas que responde a
una supuesta visión de la Madre Luisa de la Ascensión, que recibió el crucifijo
como regalo de Mariana de Idiáquez y Álava, III condesa de Triviana.
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Gregorio Fernández. Piedad, 1610-1612 Iglesia del Carmen, Burgos |
REPRESENTACIONES DE LA PIEDAD DE GREGORIO FERNÁNDEZ
Piedad,
1610-1612, Iglesia del Carmen, Burgos
Fue solicitada al ensamblador Juan de Muniátegui por doña Teresa de
Melgosa y su esposo Pedro Fernández Cerezo de Torquemada, rico burgalés, para
presidir el retablo de una capilla de la iglesia conventual de Nuestra Señora
del Carmen (Padres Carmelitas Descalzos) de Burgos. Juan de Muniátegui
subcontrató la escultura a Gregorio Fernández, que realizó un monumental
altorrelieve —2,63 x 1,86 m— entre 1610 y 1612 (primera época del escultor). El
esquema compositivo sigue el modelo de Francisco de Rincón, con el cuerpo de
Cristo apoyado sobre la rodilla derecha de la Virgen, pero incorporando un
sudario. El efecto del peso de Cristo tiene su contrapunto en la gesticulación
de la Virgen, con los brazos levantados, cubiertos por un ampuloso manto y con
la cabeza levantada en gesto de súplica. Su policromía presenta la pervivencia
del gusto por los estofados.
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Gregorio Fernández. Piedad, 1616 Paso de la Sexta Angustia, Museo Nacional de Escultura |
Piedad, 1616,
Paso de la Sexta Angustia, Museo Nacional de Escultura, Valladolid
En 1616 Gregorio Fernández retoma el tema para incluirle en el paso procesional
del Descendimiento o “Sexta Angustia” encargado por la Cofradía de las
Angustias. El grupo de la Piedad, que constituye una de las joyas del barroco
español, rompe completamente con las leyes de simetría y evoluciona hacia
formas gestuales más abiertas en la búsqueda del mayor realismo. En la
policromía, los estofados ornamentales dejan paso a colores lisos más naturalistas,
cuyas luces y sombras vienen determinadas por lo contrastes volumétricos.
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Gregorio Fernández. Piedad, hacia 1627 Iglesia de San Martín, Valladolid |
Piedad, hacia
1627, Iglesia de San Martín, Valladolid
El grupo de la Piedad, que repite apenas sin variantes el modelo de Carrión de los Condes,
fue encargado en 1627 por la familia Sevilla y Vega para ser colocado en un
retablo de la capilla de Nuestra Señora de la Soledad, fundada en 1590 en el vallisoletano
convento de San Francisco por Juan de Sevilla y su esposa Ana de la Vega, de la
que los herederos ostentaban el patronato. Tras el proceso desmortizador, la
imagen fue trasladada a la iglesia de San Martín, siendo retocada su espalda en
1927 al incorporarla a los desfiles de la Semana Santa vallisoletana. Destaca
el expresivo rostro de la Virgen, representada con más edad que en el modelo
carrionés. La suprema belleza del conjunto de nuevo es exponente del alto grado
de naturalismo y clasicismo formal conseguido por Gregorio Fernández en su etapa
de madurez. En 1943 fue realizada por el
escultor Antonio Vaquero una réplica para la iglesia del Santo Cristo de
Santander.
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Gregorio Fernández. Piedad, 1628 Iglesia de Santa María, La Bañeza |
Piedad, 1628,
Iglesia de Santa María, La Bañeza (León)
En 1628 el taller de Gregorio Fernández recibía la petición de un nuevo
grupo de la Piedad para presidir una capilla que, bajo la misma advocación, había
fundado don Juan de Mansilla en 1612 en la iglesia del convento del Carmen
Calzado de La Bañeza. Al quedar abandonado aquel monasterio a consecuencia de
la Desamortización, la imagen fue trasladada a la iglesia de Santa María, donde
permanece. En este grupo se detecta una inferior calidad como consecuencia de
dos factores: el exceso del trabajo del taller y los problemas de salud del
maestro, lo que obligó a la participación masiva de sus colaboradores, que no
fueron capaces de infundir el sentimiento y la emoción de los grupos
precedentes del maestro. El año 2007 fue realizada una réplica por el escultor
Mariano Nieto Pérez que es utilizada por la Cofradía de Jesús Nazareno en los
desfiles de Semana Santa.
Informe: J. M.
Travieso.
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