20 de enero de 2012

Historias de Valladolid: EL ARCO DE LADRILLO, un atípico arco triunfal decimonónico


     El Arco de Ladrillo es un singular "monumento" de Valladolid sin una finalidad pragmática aparente, motivo por el que ha quedado sumido en el más completo abandono. Sin embargo, su presencia ha gozado desde el momento de su construcción de una gran popularidad, siendo el elemento más destacado de cuantos se levantaron en la infranqueable barrera que supuso el trazado de las vías del tren a su paso por la ciudad, a la que llegó a dividir en aras de la modernidad. Una insólita construcción erigida a escasos metros de la que fuera flamante Estación Campo Grande y los inmensos talleres ferroviarios contiguos.

EL LADRILLO COMO MATERIAL CONSTRUCTIVO

     El ladrillo es uno de los materiales constructivos usados desde tiempos inmemoriales, elemento básico de la arquitectura en Mesopotamia y Palestina y presente en las culturas sumeria, babilónica, persa y china. El tipo de pieza que hoy conocemos como ladrillo alcanzó un especial desarrollo en la antigua Roma (later coctus), usándose de forma generalizada desde comienzos del siglo I de nuestra era, aunque con formatos de mayor tamaño que adoptaban formas cuadradas (bipedalis, 60 x 60 cm.; sesquipedalis, 45 x 45 cm.; bessalis, 22 x 22 cm.), triangulares (semilater) e incluso circulares para levantar columnas, siendo frecuente que apareciera en las piezas un sello con el nombre del artesano o taller fabricante.

     Durante la Edad Media el ladrillo fue un material preferente en la arquitectura de Italia, Alemania, Países Bajos y sobre todo de España, donde la herencia de la cultura islámica fue recogida por alarifes que trabajaron en ladrillo edificios que seguían las pautas de los estilos románico y gótico y que dieron lugar a la aparición de un estilo genuinamente peninsular, el múdejar, en el que el uso del ladrillo alcanzaría cotas de alto virtuosismo en sustitución de la piedra.

     Su uso se prolongó en los siglos siguientes, tomando de nuevo un fuerte protagonismo en el siglo XIX, en una época coincidente con la Revolución Industrial y el despegue del uso del hierro en las principales ciudades.

     La materia prima es la arcilla, compuesta de sílice, alúmina, óxido de hierro y materiales alcalinos, que mezclada con agua es fácilmente modelada. Después de ser secada y cocida al horno adquiere una textura dura y resistente, solución que tuvo su origen en la fabricación de tejas y que supone un avance sobre los primeros ladrillos cocidos al sol (adobes). Después de un proceso de selección, trituración, homogenización y decantado, en el que la arcilla se madura y purifica, se procede al moldeo y secado, tras lo cual las piezas pasan por el horno a temperaturas que oscilan entre los 700º y los 1000º, adquiriendo su dureza y consistencia.

     Las piezas más generalizadas son de forma rectangular, con un formato apropiado para ser manipulado con una sola mano. Su cara mayor se denomina tabla, que puede ser lisa o con una perforación para facilitar el agarre del mortero, mientras que el grueso lo constituye el canto, cara larga, y la testa, cara corta. En su colocación el lado largo se conoce como soga y el corto como tizón, cuyo acabado puede ser liso, rallado, punteado, decorado, etc. Existe también la variedad de ladrillo refractario, indicado para lugares con intensidad de calor, como hornos y chimeneas.

     La disposición de arcillas idóneas para la elaboración de ladrillos ha llegado a definir la personalidad de muchas ciudades, sirva como ejemplo el caso de Toledo. A partir del siglo XVIII, como consecuencia del progreso industrial, se inició un proceso que cristaliza en el siglo XIX con la construcción de una nueva tipología arquitectónica orientada a la comunicación de masas. Es el caso de estaciones, puentes, astilleros, exposiciones universales, etc. En ellos se imponen nuevos materiales, como el hierro, el acero, el hormigón armado y el cristal, materiales que conviven con el ladrillo, que en ocasiones se impone en los exteriores bajo la forma del llamado ladrillo caravista, con un cuidado acabado de la soga y tizón, que con carácter estructural recubre el exterior de edificios de grandes dimensiones.

     En el Valladolid decimonónico existía abundancia de arcillas apropiadas para ladrillos, siendo preferidas las de Cigales, Fuensaldaña, La Cistérniga y Valladolid. Ello favoreció el desarrollo de una pujante industria que se hizo presente en la ciudad en edificios de todo tipo hasta bien entrado el siglo XX. Es el caso de la Plaza de Toros (1888), las iglesias de Jesús y Siervas de Jesús, el teatro Zorrilla, la Electra Popular Vallisoletana, que sigue la corriente modernista de influencia catalana o, ya en 1927, la Escuela Normal, entre otros muchos edificios diseminados por toda la ciudad. La excelente calidad de aquellos ladrillos podemos apreciarla hoy día comprobando el estado de conservación de todas estas construcciones, lo que justifica la rivalidad que en ese momento se entabló con la industria del hierro.

EL ARCO DE LADRILLO

     Al presenciar el Arco de Ladrillo, construcción única e insólita realizada exclusivamente en este material, la primera apreciación es su carencia de utilidad en un entorno ligado al ferrocarril, cuyos espacios son utilitarios por excelencia. Enseguida surge la pregunta: ¿Para qué se levantó?, todo un enigma.

     Aunque no se conoce con certeza el hecho que motivó su construcción en 1856, su arquitectura está vinculada sin duda al trazado de la línea del ferrocarril Madrid-Irún, inaugurada en 1864, cuyo paso por Valladolid fue facilitada por el Ayuntamiento mediante la cesión de unos terrenos del llamado Vivero de los Capuchinos para construir la Estación y demás servicios, hecho aprobado en el mismo año en que se construye el arco.

     La obra ha sido atribuida por unos al arquitecto Venancio del Valle y por otros a J. Sánchez, aunque parece más consistente la afirmación de Ortega y Rubio de que se trata de una exhibición de las posibilidades y la resistencia del ladrillo realizada por Joaquín Fernández Gamboa, fabricante en Valladolid de este material de construcción, que vino a establecer un espectacular contrapunto a los raíles ferroviarios sobre los que se levantó, en un momento en que comenzaba el éxito del uso del acero en la arquitectura.

     El Arco de Ladrillo fue levantado sobre la vía férrea en las proximidades de la Estación, sobre el trazado de los raíles que llegan de Madrid. El hecho de aparecer como una construcción emblemática, con forma de un enorme arco rebajado de 23 metros de luz, planteado como el arco de descarga de un puente ferroviario que fuera de contexto adquiere la forma de un gran arco triunfal de moderno diseño, ha sido puesto en relación con la asistencia de la reina Isabel II a la inauguración de las obras del ferrocarril en Valladolid en 1858. Sin embargo, el arco no tiene un planteamiento efímero, habitual en aquellos casos, sino duradero y permanente, tal y como ha demostrado el paso del tiempo, a pesar de las vibraciones del paso de los trenes durante ciento cincuenta años y de la contaminación producida por el tráfico rodado sobre el cercano paso elevado para automóviles, siempre a la cabeza de los índices de contaminación ambiental de Valladolid.

     También se ha interpretado como la muestra de una cimbra que sirviera de modelo para la futura construcción de puentes ferroviarios en la línea Madrid-Irún, poniendo de manifiesto la calidad de los prestigiosos ladrillos fabricados por los industriales vallisoletanos, en definitiva, como una hábil operación de marketing.

     En la obra se utiliza un sistema constructivo muy ortodoxo, con escuetos cimientos de piedra en los estribos, ladrillos macizos y prensados colocados a tizón en los frentes de la rosca, formando hiladas transversales, y en los estribos hiladas horizontales, con el extradós del arco con las piezas colocadas a soga y protegidas por una capa de mortero para prevenir de la lluvia, el único material que muestra un acusado deterioro por su estado de absoluto abandono y los efectos de la contaminación.

     Hoy el arco se yergue sobre un entorno degradado y abandonado a su suerte, aunque sigue siendo un referente ferroviario de gran calado popular. Sólo cabe esperar que tras la compleja remodelación proyectada en su entorno y en el espacio que ocupa, tras el soñado soterramiento del ferrocarril a su paso por la ciudad, se restaure según el sofisticado y dormido proyecto director, avalado por el Ayuntamiento, para conservar este testimonio de época decimonónica. Y que la organización de las nuevas construcciones levantadas en su entorno lo tomen como modelo de esbeltez y armonía y lo respeten como un testimonio de una época floreciente en Valladolid en que el uso del ladrillo fue una importante solución constructiva.

Ilustraciones: 1 Aspecto actual del Arco de Ladrillo. 2 El ladrillo como material constructivo. 3 Postal con vista antigua del Paseo del Arco de Ladrillo. 4 Fotografía antigua del Arco de Ladrillo, sin edificios colindantes. 5 Estado actual del Arco de Ladrillo. 6 Cimientos de piedra en los estribos. 7 Fotografía callejera antigua.

Informe y fotografías actuales: J. M. Travieso
Registro Propiedad Intelectual -  Código: 1201200942803



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2 comentarios:

  1. Hola, les envío imagen de una construcción similar a el arco de ladrillo para que valoren la finalidad con la que fue construido. Imagino que no fue terminada la instalación o su uso fue efímero y ya no se guarda en la memoria colectiva o documento alguno.
    Un cordial saludo esperando haberles sido de alguna ayuda.
    Jesús.
    http://www.ebay.com/itm/1938-Print-Syphon-Aqueduct-Alviella-Sacavem-River-Architecture-Portugal-XGGD4-/371429415005?hash=item567aeb185d

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    1. Muchas gracias por la información gráfica.

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