13 de enero de 2012

Visita virtual: LA ESCUELA DE ATENAS, un compendio de la sabiduría humana



LA ESCUELA DE ATENAS
Rafael Sanzio (Urbino, 1483 - Roma, 1520)
1509-1511
Pintura al fresco
Estancia de la Signatura, Palacios vaticanos, Roma
Pintura del Renacimiento. Clasicismo del "Cinquecento"

     Giuliano della Rovere, recién elegido papa en 1503, adoptó el nombre de Julio II y se instaló en el Vaticano en las estancias del primer piso del Apartamento Borgia, cuyas salas habían sido decoradas por Pinturicchio a petición de Alejandro VI, el papa antecesor. A este papa, que como cardenal Rodrigo Borgia había sido su gran rival en el seno del colegio cardenalicio en la lucha por ocupar la vacante dejada por Inocencio VIII, Julio II le odiaba profundamente y cuando fue elegido le llegó a acusar de simonía (compra de cargos eclesiásticos) para ocupar el cargo. A su muerte en agosto de 1503, y tras el breve pontificado de Pio III, Julio II consiguió ser elegido por mayoría, pero no por ello olvidó los rencores hacia aquel miembro de la familia Borgia, decidiendo en 1507 acondicionar como residencia el segundo piso de aquel edificio, dotándolo de una nueva decoración que le hiciera olvidar el pasado.

     Para ello, en 1508 llamó a Roma a Rafael, ofreciéndole un importante trabajo a realizar especialmente en tres grandes salas: la llamada Estancia de la Signatura, lugar de reunión del Tribunal de Derecho Canónico y Civil, en realidad cuarto de estudio y biblioteca privada del papa, la Estancia de Heliodoro, sala de audiencias y antecámara del estudio personal de Julio II, y la Sala del Incendio del Borgo, sede del Tribunal de la Signatura y después comedor privado de su sucesor León X. Para llevar a cabo su proyecto, Julio II no vaciló en demoler la decoración anteriormente iniciada por artistas de la talla de Baldassare Peruzzi, Lorenzo Lotto, Il Sodoma y Bramantino.


     Los trabajos de Rafael y todo su equipo comenzaron en 1509 en la Estancia de la Signatura con un culto y ambicioso programa iconográfico que vino a convertirse en algo tradicional en la decoración de bibliotecas, con cada una de las cuatro paredes dedicada a una facultad de las ciencias de aquella época: Teología, Filosofía, Derecho y Poesía. El programa presentado por la genialidad de Rafael no podía ser más acertado, con grandes tondos en la bóveda del techo en los que aparecen las alegorías de cada una de estas ciencias, que tienen su correspondencia en los grandes paneles de los muros, donde Rafael ha agrupado, de forma arbitraria, a los mayores representantes de cada materia a lo largo de la Historia, haciéndoles participar de una misma escena.

     La primera de ellas realizada fue precisamente La Escuela de Atenas, dedicada a la Filosofía, cuyo éxito hizo que el papa le confiara la totalidad de la decoración, dando lugar a un conjunto pictórico impresionante, equiparable, por su creatividad y calidad de ejecución, a los frescos que Miguel Ángel realizaba en ese tiempo en la Capilla Sixtina. En ellos supo Rafael imponer su personalidad creadora a través de un estudiado conjunto de sugestivas imágenes que gira en torno a la celebración de la Verdad como hilo conductor: la verdad revelada por la religión cristiana en alusión a la Teología, la verdad alcanzada por la razón mediante las prácticas del pensamiento de la Filosofía, la verdad en la búsqueda de la Belleza que proporciona la Poesía y el descubrimiento de la idea del Bien en el conjunto de virtudes que otorga el Derecho o la Ley, todas ellas enfrentadas dos a dos.

     Frente a la pared en que se representa "La Disputa del Sacramento", que ilustra la verdad revelada a través de la Teología, aparece "La Escuela de Atenas" que opone el concepto de verdad razonada. Para componer la escena, Rafael viene a recrear un ambiente de la antigüedad clásica en el que aparecen unificados los más célebres personajes de las distintas ramas filosóficas, que parecen deambular exponiendo sus pensamientos en el marco de una escuela de filosofía (posiblemente evocando el Templo de la Filosofía de Marsilio Ficino), unos en pleno debate y formando pequeños grupos, otros aislados y sumidos en sus pensamientos.

     Con una maestría incomparable Rafael diseñó un espacio convincente y alegórico en el que ubicaría después a los distintos personajes. El grandilocuente marco es el interior de un edificio de grandes proporciones en el que predominan elementos de arquitectura clásica tardorromana, entre los que aparecen elementos característicos utilizados por Bramante. Con ello Rafael rinde un sutil homenaje a su amigo, el arquitecto que le había introducido en el ambiente laboral de Roma cuando contaba 25 años de edad. De modo que el interior arquitectónico ideado por Rafael está en estrecha relación con el momento constructivo de la basílica de San Pedro en que trabajaba Bramante cuando se realizan las pinturas, antes de que Miguel Ángel aportara la solución para cerrar la cúpula. Por otra parte, la carencia de cubiertas en la monumental construcción permite la entrada de una luz potente que baña la escena creando un refinado juego de claroscuros, todo ello con un dominio total en el trabajo de perspectiva que hace la escena creíble y veraz.

     Pero este espacio basilical adquiere nuevos valores al aparecer ocupando las hornacinas de la embocadura de la nave central esculturas monumentales de deidades clásicas que adquieren un gran valor simbólico. A la izquierda aparece el dios Apolo portando la lira. El dios del Sol representa la luz para conseguir la armonía y el conocimiento filosófico, con lo que se convierte en el dios de la Razón. Su figura es esbelta, bella y sinuosa, ofreciendo la verdad de la desnudez a través de una elegante postura de contrapposto, no ajena al esclavo moribundo que hiciera Miguel Ángel para la tumba de Julio II. La hornacina derecha está ocupada por Atenea, señora de la guerra y la paz, encarnación de la Sabiduría y patrona de las instituciones dedicadas al conocimiento, el saber y la creación artística. Ambos amparan y protegen al grupo de sabios pensadores diseminados entre unas escalinatas que establecen dos planos de altura.

     La escena guarda algunas sorpresas en la recreación de los grandes pensadores, pues en muchos de ellos Rafael incluyó retratos de personajes contemporáneos, incluyéndose a sí mismo, por lo que la pintura aporta matices documentales. Con múltiples personajes dispuestos a un eje de simetría, la escena gira en torno a las ideas de dos grandes filósofos griegos: Platón, representante de la filosofía abstracta y teórica, y Aristóteles, máxima figura de la filosofía natural y empírica. Ambos ocupan el centro de la composición con actitudes complementarias y establecen el debate a través de su cruce de miradas. Platón está representado con los rasgos de Leonardo da Vinci, con su dedo elevado señalando la fuente de inspiración superior, mientras en su mano izquierda sujeta el Timeo, obra en la que manifestó sus teorías sobre el origen del cosmos y su creación por un ser superior. En claro contrapunto, Aristóteles señala con su mano a la tierra como punto de partida de todas las ciencias naturales y sostiene la Ética, obra en la que recogió sus experiencias. Ambos personajes y los razonamientos expresados por sus gestos causan admiración entre filósofos de distintas edades colocados a sus lados.

     Próximo a Platón se encuentra Sócrates, su maestro, representado como un anciano calvo, con largas barbas, arropado de un manto púrpura y con gesto ensimismado, evocando que la esencia de su filosofía es la duda y el análisis. Junto a él, un grupo de personajes jóvenes mantienen una conversación. Con una túnica aceitunada parece Esquines, enumerando con los dedos las cuatro fases por él propuestas para llegar al diálogo filosófico: geometría, astronomía, aritmética y estereometría. Sus razonamientos son escuchados por Jenofonte, discípulo de Sócrates, historiador y militar, junto al que se halla Alejandro Magno, discípulo de Aristóteles y rey de Macedonia, que aparece armado en su condición militar.

     Algo más abajo, en primer plano y en la parte izquierda, se halla Zenón de Elea, discípulo de Parménides y autor de controvertidas paradojas. A su lado un niño sujeta un libro sobre el basamento de una columna en el que lee Epicuro, promotor del hedonismo racional y el atomismo, que aparece coronado de pámpanos.

     Más a la derecha se halla Pitágoras, que personaliza los valores de la Aritmética y la Música, en gesto de escribir sus teorías en un libro de acuerdo a las anotaciones que en una pizarra sostiene Telange. Interesado en lo que escribe se muestran Anaximandro, pensador de lo indefinido e indeterminado, y el cordobés Averroes, maestro de filosofía y leyes islámicas, matemático, astrónomo y médico.

     A su lado aparece la elegante figura de Hipatia de Alejandría, filósofa platónica y matemática, y Parménides, que señala sus escritos sobre la vía de la verdad. Ligeramente aislado, sentado en la escalinata, apoyado sobre un bloque de piedra y con actitud pensativa aparece Heráclito, representante del pesimismo y del cambio incesante, que ofrece la peculiaridad de estar representado con los rasgos de Miguel Ángel, un artista con el que Rafael no mantenía buenas relaciones personales. El hecho de que en un dibujo preparatorio de esta pintura no figure este personaje, se ha interpretado como un homenaje al artista después de haber contemplado Rafael la marcha de las pinturas de la Capilla Sixtina.
     Recostado en la escalinata, casi en el centro, se halla Diógenes, que lee un papel. Representa al hombre que despreciaba todos los bienes terrenales y la forma de vida materialista, hasta el punto de llegar a vivir en un tonel y ser apodado por sus vecinos como "el perro".

     Otro grupo muy bien definido queda determinado en primer plano en la parte derecha. Un papel destacado tiene Euclides, discípulo de Sócrates, que con los rasgos del arquitecto Bramante aparece agachado, rodeado de jóvenes y midiendo una figura geométrica sobre una pizarra con un compás. A su lado, vuelto de espaldas, con una toga color calabaza y portando el globo terráqueo se encuentra Ptolomeo, al que por entonces se identificaba con la dinastía faraónica, autor de la teoría de que la Tierra era el centro del universo. Frente a él Zoroastro porta la esfera celeste. Junto a estos astrónomos incluye, semiocultos por un pilar, un retrato del pintor Giovanni Antonio Bazzi, más conocido como Il Sodoma, con un manto y un gorro blanco, junto al que asoma un autorretrato del propio Rafael, que muestra su fisionomía cuando realizó esta obra. Algo más arriba se ha identificado al poeta Homero, caracterizado como un anciano con un bastón, y a su lado Plotino, representante de la mística y la metafísica.

     De este modo la escena en la que se acumula la sabiduría humana y la especulación sobre la existencia se convierte en un discurso mental que intenta aportar la idea de concordancia entre los grandes pensadores de la antigüedad, que tuvieron gran incidencia en la filosofía y la ciencia, y la doctrina proclamada por la Iglesia, un fenómeno conocido como la Concordatio. Este concepto fue reflejado por algunos artistas del Renacimiento, que encontraron en aquellos célebres pensadores, pilares de la cultura occidental, un alter ego en su capacidad para concebir una idea que después debían representar plásticamente, hecho que confería al arte el carácter de actividad intelectual. Merced a este cambio de mentalidad, operada en el Renacimiento, el trabajo desarrollado por pintores y escultores llegó a ser considerado en el ámbito social como un ejercicio intelectual, dejando atrás la consideración de artesanos que los creadores del arte tuvieron durante la Edad Media.


Informe: J. M. Travieso.

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3 comentarios:

  1. quien es telange?? osea, y su biografia?? por lo otro todo muy bien;)

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  2. Telange fue un discípulo de Pitágoras, por eso Rafael le representa como un joven al servicio del venerable matemático que sujeta una pizarra en la que aparece la "Tetraktys", triangulo formado por 10 puntos, distribuidos en 4 filas, como representación de la creación universal, fuente de la naturaleza eterna.

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