4 de mayo de 2012

Historias de Valladolid: DON PEDRO NIÑO, héroe épico, intrigante cortesano y pirata vallisoletano



     Una céntrica vía de Valladolid, que desde la calle de San Lorenzo baja hasta el Paseo de Isabel la Católica, está dedicada a un tal Pedro Niño. Muchos reconocen el enclave urbanístico, pero pocos identifican al personaje que fuera tratado por la Historia hispánica como un legendario héroe castellano, equiparable por sus hazañas al mismísimo Cid Campeador, entre cuyas glorias figura su valeroso papel como corsario contra la flota inglesa a principios del siglo XV.

     Su fascinante biografía ha hecho correr ríos de tinta entre los historiadores, que han tenido que separar con cuidado el grano de la paja para acercarse al personaje real, dadas las excelencias que rodean a tan singular miembro de la nobleza castellana, muchos de cuyos hechos son conocidos por estar recogidos en la obra "El Victorial" (Ilustración 2), una crónica redactada por su alférez Gutierre Díez de Games, cuyo original conserva la Biblioteca Nacional de Madrid, en la que se recoge una abundante información biográfica del mítico don Pedro (Pero) Niño, Conde de Buelna.

     Desafortunadamente, en la actualidad don Pedro Niño es un personaje olvidado y hasta desconocido entre la mayoría de los vallisoletanos, habiéndose pasado del canto exagerado de sus hazañas en siglos pasados, lo que le valió la rotulación de calle tan principal, al olvido más absoluto en nuestro tiempo. Quizá esta actitud en parte deriva de la revisión crítica de su historia realizada en 1782 por el historiador alavés Eugenio Llaguno y Amírola (1724-1799), relevante figura en la España de la Ilustración, que en su obra "Crónica de Don Pedro Niño, Conde de Buelna, por Gutierre Díez de Games", publicada en Madrid por la imprenta de don Antonio de Sancha (ilustración 6), llegó a suprimir los capítulos XXIII al XXV alegando que los datos contenidos en ellos eran simples ficciones caballerescas, impropias de una historia verídica.

LAS HAZAÑAS DE DON PEDRO NIÑO


     Don Pedro Niño nace en Valladolid en 1378, en una noble familia, los Laso de la Vega, de descendencia bastarda del rey Alfonso X el Sabio, que había conocido cierta decadencia desde que apoyara a Pedro I de Castilla en la guerra civil en la que salió victorioso Enrique II de Castilla y León, fundador de la dinastía Trastámara y cuyo hijo, Juan I, era el monarca de Castilla cuando nace Pedro Niño. Su padre, Juan Niño, recibe de este rey la villa de Cigales (infantado de Valladolid) y las de Berzosa y Fuente Bureba (en la Merindad burgalesa de La Bureba) por los servicios prestados junto a su esposa Inés Lasa en la crianza de su hijo el príncipe, que después reinaría como Enrique III. Por esta circunstancia, Pedro Niño recibiría una educación cortesana al crecer junto al príncipe Enrique, que se completaría en su adolescencia bajo la tutela de Ruy López Dávalos, condestable de Castilla. De su padre heredaría Pedro Niño las tres villas citadas y de su madre el valle santanderino de Buelna, donde recibiría vasallaje de hasta ocho localidades del mismo.

     Siendo muy joven, Pedro Niño contrae matrimonio con doña Constanza de Guevara, de la que enviuda muy pronto. Desde muy temprano demuestra su ímpetu y su valor, virtudes que junto a una excelente fortaleza y preparación física le llevan a ponerse al servicio del rey para sofocar, mediante acciones armadas, algunos enfrentamientos con nobles conspiradores. Por su espíritu valeroso, cuando tiene 25 años recibe el encargo de dirigir una expedición de corsarios por el Mediterráneo.

     Para comprender su presencia en el mar, hemos de referirnos al complejo contexto histórico de aquel tiempo, un periodo comprendido entre el último tercio del siglo XIV y la primera década del XV. Un tiempo en que, mientras Francia e Inglaterra se enfrentan en la llamada Guerra de los Cien Años, y desde la llegada al trono de Enrique II, la marina castellana conoce un poderoso despliegue en el Atlántico para garantizar el flujo comercial de la lana que desde Castilla a Flandes debía cruzar el canal de la Mancha, zona donde las naves eran frecuentemente amenazadas por filibusteros. Como estrategia, Castilla decide apoyar a Carlos V de Francia, cuyo territorio estaba ocupado en gran parte por tropas inglesas.

     La impetuosa flota castellana, la mejor de toda Europa occidental, con las mejores naves y marinos organizados en los astilleros de Sevilla, sería temida en aquellas costas tanto por la flota inglesa como por sus aliados, alcanzando la situación política su punto de inflexión el 22 de junio de 1372, cuando 22 galeras castellanas aniquilaron en combate a una escuadra inglesa compuesta por 36 naves, que custodiaban a otras 14 embarcaciones que transportaban al puerto de La Rochelle (ilustración 8) el tesoro real inglés destinado a financiar las tropas en el continente. Un mes después el puerto francés era ocupado por Ruy Díaz de Rojas, merino mayor de Guipúzcoa. Jean, cronista de la corte inglesa, narra con pesar la derrota, el apresamiento del conde de Pembroke, almirante inglés, y el regreso victorioso con el botín de la flota castellana al mando de Cabeza de Vaca, Fernando de Pión, el genovés Ambrosio Bocanegra y el ya citado Ruy Díaz de Rojas, describiendo los grandes pendones de Castilla que ondeaban en los mástiles.

     En 1374 la flota castellana, con la ayuda de unas cuantas galeras francesas, saquea en dos ocasiones la isla de Wight y al año siguiente derrota a la Royal Navy en la bahía de Borneuf. En 1377 la armada de Castilla destruye Rye y los puertos de Plymouth, Porthsmouth, Darthmouth, Lewes y Folkestone, llegando a incendiar los suburbios de Londres en 1380 cuando, al mando del almirante Fernando Sánchez de Tovar, la flota castellana consigue remontar el Támesis.

     En 1405 entra en acción el vallisoletano Pedro Niño, que como almirante llega con 3 galeras al puerto de La Rochelle, donde le espera Charles de Lebret, Condestable de Francia, consiguiendo en su ofensiva dominar el territorio hasta Burdeos, ciudad en poder inglés. Es entonces cuando Charles de Savoisy, chambelán de Carlos VI, le propone practicar la piratería contra intereses ingleses, recibiendo a cambio un sueldo del rey de Francia y parte de los beneficios obtenidos. Con patente de corso y 5 galeras Pedro Niño consigue incendiar y saquear la ciudad costera de Saint Ives, el pequeño puerto de la isla de Pórtland, el municipio de Poole, sede del célebre pirata Harry Pay, así como la estratégica ciudad sureña de Southampton. Por entonces va creciendo la leyenda sobre el conde vallisoletano, al unir todos estos triunfos personales a los ya conseguidos en el Mediterráneo.

     Pedro Niño sería invitado al lujoso palacio de Sérifontaine, donde se hallaba retirado Ranaud de Trie, Almirante de Francia. Allí conoce a Jeanne de Bellengues, su joven esposa y vive días intensos. Después acude a cobrar su soldada a la corte de París, donde es recibido como un héroe por los duques de Orleans y de Borgoña.

     Su fama y admiración en Francia se acrecienta cuando participa en París en una fiesta cortesana de varas en la plaza de la Pequeña Bretaña (actuales terrenos del Louvre), un torneo al uso en la época donde competían más de cien caballeros cubiertos con armadura. Tras un brutal encontronazo entre ellos, al anochecer sólo uno quedaba en pie, esperando impacientes las multitudes hasta la medianoche para conocer la identidad del ganador. Al despojarse del yelmo se descubre que se trata de Pedro Niño, que es aclamado con vivas a Castilla.

     Tras una empresa fallida de saquear las costas inglesas del mar del Norte, a causa de las tormentas, se asocia con el bretón Héctor de Pontbriand para atacar la isla de Jersey al frente de mil hombres armados, tomando el mando conjunto de castellanos y bretones. Después de producir una masacre entre los tres mil soldados ingleses, Pedro Niño y su lugarteniente Gutierre Díez de Games acaban con el oficial real Jacquot de Vinchellez, abaten el pendón de San Jorge y capturan prisioneros que liberan a cambio del pago de diez mil coronas reunidas en castillos ingleses circundantes.

     Es por tanto Pedro Niño una pieza fundamental para comprender la supremacía de la corona de Castilla en aguas nórdicas, que incluso llegó a derrotar en 1419 a la poderosa agrupación de ciudades alemanas conocida como la Liga Hanseática.

     Pedro Niño retorna de Francia al ser reclamado desde Castilla, desembarcando en Santander acompañado de Robert de Braquemont y del obispo Saint-Flour, que actuaban como embajadores franceses. Tras pasar una breve temporada en su casa de Valladolid, llega como héroe a la corte de Madrid, donde sería colmado de honores y armado caballero por el propio rey Juan II.

EL INTRIGANTE CONDE DE BUELNA

     Es por el Victorial que conocemos que Pedro Niño hacia 1412 contrae de nuevo matrimonio con Isabel Brites de Borgoña, citada en las crónicas como Beatriz de Portugal. Esta dama era hija de Juan de Portugal, exilado en Castilla, y de Constanza de Castilla, así como nieta de Pedro de Borgoña e Inés de Castro, la conocida como "reina mártir" tras ser asesinada en Coimbra en 1355 para evitar su subida al trono de Portugal.

     El matrimonio de Pedro Niño con tan rica heredera, con grandes propiedades en Extremadura, no contó con la aprobación del infante don Fernando de Antequera, segundo hijo de Juan I, futuro rey de Aragón y regente de Castilla en ese momento, que trató de impedirlo por destinarla como esposa a su tercer hijo, el infante don Enrique. Para ello esgrimió existir rasgos de parentesco en el grado de primos, proponiendo a la dama el casamiento de su interés, a lo que ella respondió con firmeza que no tendría otro marido que no fuese Pedro Niño y que por esta causa estaba dispuesta a morir si fuese necesario. Al enterarse de la consumación del enlace de Pedro Niño con Isabel Brites o Beatriz de Portugal en la iglesia de Cigales (Valladolid), el infante don Fernando dio orden de que fuera recluida en el castillo de Urueña y sus bienes confiscados, mientras don Pedro pudo refugiarse en Bayona de Gascuña.

     Pedro Niño visitaría a su esposa en su aislamiento al menos en cuatro ocasiones, aunque la honra impediría su rapto. Esta situación terminaba tres años más tarde, cuando Pedro Niño llega a una reconciliación con Fernando de Antequera, entregando a cambio del perdón los señoríos que eran dominios de su esposa, recibiendo del regente como compensación la villas extremeñas de Talaván y Valverde de la Vera, títulos que unieron a las heredades del valle de Buelna, así como el permiso para regresar a Castilla y vivir junto a su esposa, con la que tendría tres hijas: María, Inés y Leonor.

     En esta reconciliación parecer ser que pesaron los consejos dados por algunos nobles y por la reina al infante, al que aconsejaron que no perdiera los servicios de Pedro Niño, pues era difícil encontrar un caballero con más méritos, especialmente útil en la guerra contra los moros. A partir de entonces el conde mantiene una gran fidelidad al infante, que perduró hasta que murió siendo Fernando I de Aragón. Incluso llega a protagonizar en Tordesillas, a modo de golpe de estado a favor del infante don Enrique de Aragón, el rapto de Juan Hurtado de Mendoza y su esposa María de Luna, custodios de la cámara del rey Juan II, aunque, siendo reprobada esta acción por casi toda la nobleza, abandona a los infantes de Aragón y se une a la facción de don Álvaro de Luna, recibiendo Pedro Niño en 1430 de Juan II, por influencia de su privado, el título de Conde de Buelna por su participación en la guerra de Granada.

     Con estos hechos, que le permitieron obtener un título nobiliario, don Pedro Niño une a su biografía heroica en el mar frente a los ingleses una faceta de intrigante político cortesano que le permitiría su ascenso social al reducido círculo de la aristocracia castellana.
     Sin duda a todo ello contribuía su talante y el éxito personal del que hizo gala en diversas ocasiones, como el ocurrido en Valladolid con motivo de la llegada de la reina de Navarra, tía del infante don Fernando, cuando Pedro Niño participa en unas justas celebradas en la calle de la Cascajera en las que de nuevo se distinguió por su brío y pujanza.
     Igualmente, cuenta Gutierre Díaz de Games en El Victorial que estando en Sevilla en 1395, durante una visita de Enrique III a la ciudad andaluza, Pedro Niño lidió toros a pie y a caballo con gran valentía, con golpes de espada que causaron la admiración popular.

     El conde Pedro Niño, que al enviudar de doña Beatriz contrae nuevo matrimonio con Juana de Estúñiga con la intención de tener un heredero varón, muere en Cigales en febrero de 1453, después de conseguir licencia del monarca para crear el mayorazgo de sus bienes, lo que con el tiempo produciría el enfrentamiento de sus herederos por los mismos. Según su deseo, fue enterrado en el coro de la iglesia de Santiago de este municipio vallisoletano. Su nombre pasaba a la leyenda castellana por sus míticas victorias navales, por su valor y por sus intrigas cortesanas. En torno a su figura y andanzas se generaron infinidad de leyendas inspiradas en el relato de la crónica caballeresca escrita en vida del héroe por su alférez Gutierre Díez de Games, criado de su casa desde 1401, siendo lo más sorprendente el dominio en el mar de un corsario tan ligado a los ásperos campos castellanos.

     En San Felices de Buelna, entre las localidades cántabras de Llano y Sovilla, se conserva en pie la llamada "Torre de Pedro Niño", edificada en su honor por su hermano Alfonso Niño a finales del siglo XIV. Sus muros, hoy convertidos en Centro de Interpretación de la Edad Media, son el único testimonio tangible del paso por la Historia de España de tan peculiar personaje vallisoletano.

Informe: J. M. Travieso.
Registro Propiedad Intelectual - Código 1205011562335












Torre de Pedro Niño. San Felices de Buelna, Cantabria.

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