1 de junio de 2013

Fastiginia: Iglesia de la Sagrada Familia, si te he visto no me acuerdo

Iglesia de la Sagrada Familia en su primitivo emplazamiento.

Estampas y recuerdos de Valladolid

En el Paseo de Zorrilla, en la confluencia de las calles de Magallanes y Tres Amigos, se levantaba la iglesia de la Sagrada Familia, que contaba con un convento de franciscanos anexo. Su silueta, con aspecto de airosa ermita, todavía es recordada por muchos vallisoletanos.
La sencilla iglesia, cuya historia no llegó a sobrepasar los 70 años, había sido financiada por don Pedro Pardo Urquiza, industrial vallisoletano, y su devota esposa Ángela San José Goicoechea, según constaba en una lápida mural colocada en el presbiterio. Con diseño del arquitecto Jerónimo Ortiz de Urbina, y su hijo Antonio como maestro de obras, fue consagrada el 15 de octubre de 1899, absorbiendo parte de la feligresía hasta entonces perteneciente a la parroquia de San Ildefonso. Levantada en mampostería y ladrillo, lo más singular era su fachada pétrea inspirada en el estilo románico, con un bello portal y una espadaña de dos vanos como campanario, anticipándose en el uso de este estilo al que veinte años después se recrearía en el cuerpo bajo de la Academia de Caballería.

Su interior era sumamente austero, con planta de cruz latina formada por una sola nave y un discreto crucero, presidido por un sencillo retablo mayor de dos cuerpos, el inferior con pinturas del Sagrado Corazón de Jesús y de María, obra del prestigioso pintor Gabriel Osmundo Gómez, y el superior con el grupo de la Sagrada Familia (actualmente en el convento de Santa Isabel) en la hornacina central y a los lados el Santo Ángel de la Guarda y San Pedro Nolasco, todas ellas obras de Pedro Martí, con taller en Barcelona, en la línea de los populares y almibarados talleres religiosos de Olot.
Pequeños retablos de similares características se hallaban en el crucero, uno con la imagen de San Ramón Nonnato, en el lado del Evangelio, y dos con la Virgen del Carmen y San Antonio de Padua en el lado de la Epístola, éste último por expreso deseo de la dama que financió la obra, acompañándose de un crucifijo colocado junto a la entrada y pequeñas tallas sobre peanas en los muros que representaban a santos franciscanos, como San Pascual Bailón, San Pedro Regalado, etc., colocados después del asentamiento en 1923 de la Venerable Orden Tercera en el complejo, que fue entregado por don Remigio Gandásegui, arzobispo de la ciudad.

Nueva iglesia de los franciscanos en el Paseo de Zorrilla.
Pasado el tiempo, la insuficiente capacidad del templo en el momento de expansión de la ciudad, una vez superada la crisis de la postguerra, motivó que la orden franciscana proyectara un nuevo templo en los años 50 del siglo XX, obras que se llevaron a cabo en el mismo Paseo de Zorrilla, prácticamente enfrente de la antigua iglesia, entre 1951 y 1956, siendo el arquitecto Julio González quién levantara un moderno y espacioso templo con un alto campanario en la fachada, cambiando la advocación de la Sagrada Familia por la de la Inmaculada, un templo convertido en parroquia y después decorado en su interior y exterior con un santoral de la orden elaborado en mosaico por un padre franciscano.

En 1967 la antigua iglesia de la Sagrada Familia fue derribada y su fachada desmontada y vendida a un particular que la reconstruyó en la finca Los Álamos, situada en un enclave al sur y cercano a Valladolid, donde actualmente se conserva en perfecto estado. En su lugar se levantó después una moderna torre de viviendas, sobre la que impresionamos, a modo de ectoplasma, la presencia del efímero templo ocupado hasta los años 60 por los franciscanos.

Fachada de la Sagrada Familia en su emplazamiento actual.
Quedaba atrás la corta historia de una iglesia de la que permanecerían en la memoria dos circunstancias devocionales: la recuperación de la antigua cofradía franciscana, desde 1978 denominada Cofradía de la Orden Franciscana Seglar V.O.T., con su participación en los cortejos de Semana Santa con el emblemático y elocuente paso procesional de La Santa Cruz y sus austeros hábitos franciscanos, y la popular devoción a San Antonio de Padua, que cada 13 de junio celebraba su festividad con novenas, panecillos repartidos por los franciscanos y una procesión del santo que impregnaba el pequeño templo de un inolvidable aroma de azucenas que después eran repartidas entre las feligresas.













Don Remigio Gandásegui, arzobispo de Valladolid, entrega la iglesia
a los franciscanos en 1923.
 

















Aspecto interior de la Sagrada Familia




















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