2 de enero de 2015

Fastiginia: Iconografía vallisoletana de Gabriel Osmundo Gómez en el Ayuntamiento de Valladolid


Estampas y recuerdos de Valladolid

En el siglo XIX, el edificio del primitivo Ayuntamiento de Valladolid, aquel que proyectara en 1561 Juan Sanz de Escalante y modificaran después Francisco de Salamanca y Juan de Herrera, comenzó a presentar síntomas de ruina e incapacidad, por lo que en 1879, por iniciativa del alcalde Miguel Íscar, se realizó un informe sobre su seguridad, cuyas consecuencias inmediatas fueron el acuerdo de su derribo y la construcción de un nuevo edificio más acorde con los nuevos tiempos y, sobre todo, más amplio y mejor dotado.

Para ello, en 1880 se convocó un concurso público de proyectos que fue ganado por Antonio Iturralde Montel. El diseño, que ya había sido cuestionado por la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción, conocería nuevas complicaciones cuando en 1893, un año después de iniciarse las obras, comenzaron las discrepancias entre el arquitecto y el Ayuntamiento, lo que originó la paralización de los trabajos y la rescisión del contrato cuando Antonio Iturralde murió en 1897.

Buscando un arquitecto alternativo, el Ayuntamiento eligió entre las seis candidaturas presentadas la del abulense Enrique María Repullés y Vargas, que modificó por completo el proyecto inicial y derribó todo lo realizado hasta ese momento, planteando un edificio de estilo ecléctico, una corriente muy en boga en la época, en el que prevalece la inspiración renacentista relacionada con el Palacio Monterrey de Salamanca, como también ocurriría tiempo después en la nueva Academia de Caballería, levantada entre 1921 y 1924 por el comandante de ingenieros Adolfo Pierrad Pérez.

El edificio de Repullés mantuvo en parte el arquetipo del estilo de los Austrias, con torres en los extremos y un patio interior, aunque incorporó numerosas novedades, entre ellas una torre con reloj, un pórtico y un gran balcón en el cuerpo central de la fachada, tal y como hoy se presenta. La relativa austeridad del exterior contrasta con la suntuosidad del interior, destacando la escalera de tipo imperial en mármol y bronce, diseñada por los hermanos Gargalló, el Salón de Plenos decorado por Algueró, la serie de despachos y el espacioso Salón de Recepciones desde el que se accede al balcón, compartiendo las dependencias una decoración con recreaciones historicistas de gran belleza en pinturas murales, vidrieras, estucados, etc. El nuevo edificio fue inaugurado solemnemente el 19 de septiembre de 1908.

Uno de los espacios más representativos es el citado Salón de Recepciones, una espaciosa sala rectangular con el suelo recubierto de maderas nobles y los muros y bóveda con decoración neorrenacentista de gran riqueza, ideada por los hermanos Gargalló, con frisos, pilastras y columnas adosadas de aire plateresco, no faltando grandes vidrieras con motivos alegóricos y plafones en los techos para albergar pinturas de gran formato que proclaman las excelencias de Valladolid. Por estar destinado a los actos protocolarios, institucionales y representativos, se buscó a un pintor de prestigio que, como en otras importantes obras decimonónicas de la ciudad —Salón de Baile del Casino de Recreo, Escalera del Palacio Real, Pasaje Gutiérrez, etc.— realizara pinturas murales de gran formato que en este caso tendrían una repercusión estética fundamental.

El pintor elegido fue Gabriel Osmundo Gómez (1867-1915), cuyo estudio era uno de los más valorados en la ciudad en las postrimerías del siglo XIX. Gabriel Osmundo,  al que se le conocía por el apodo de "El Mulato", había nacido en Cuba, aunque de padres vallisoletanos, era en ese momento un modesto pintor que luchaba por conseguir importantes contratos. Con el tiempo se revelaría como un excelente paisajista al que no fueron ajenas las vanguardias, dominando el género del retrato (entre ellos el del rey Alfonso XIII), la pintura religiosa, los bodegones y especialmente la pintura costumbrista, en la que refleja tanto celebraciones y rincones vallisoletanos como aspectos del trabajo campesino y marinero a través de tipos populares. Se conservan de su mano atractivos bocetos y delicadas acuarelas, así como algunas incursiones en temas literarios, como la Leyenda del Campo Grande recogida por Zorrilla, que plasmó en su pintura "Tradición", actualmente en la Casa de Zorrilla.
En su pintura pone de manifiesto el uso del color acomodado a la temática representada, prevaleciendo en su obra los tonos luminosos que fueron calificados por algún crítico como "tintas Gabriel", a mitad de camino entre el romanticismo y el modernismo.

GLORIFICACIÓN DE LA HISTORIA DE VALLADOLID

Una buena muestra de la creatividad de Gabriel Osmundo es la pintura de gran formato que realizó para el plafón central de la bóveda del Salón de Recepciones del Ayuntamiento, una obra de carácter alegórico en la que se adapta con fidelidad al aparente clasicismo neorrenacentista que marca la estética del grandilocuente espacio. La pintura, concebida como un canto al pasado histórico de Valladolid, aparece como una luminosa gloria abierta donde entre nubes descansan ilustres personajes históricos relacionados con la ciudad por diversos motivos.

El centro de la composición es ocupado por la figura del Conde Ansúrez, que acompañado de su esposa doña Eylo porta el plano de la iglesia de Santa María de la Antigua, indicando con su gesto donde debe ser construida. A su lado un arquitecto le muestra otro plano extendido  con la traza del Puente Mayor. La glorificación del Conde Ansúrez, tema central de la pintura, se completa con un plano de Valladolid colocado a su derecha, junto al que aparecen diseminados algunos componentes de su armadura condal, como la coraza, los brazales y el casco, así como la espada. Por detrás un soldado con brillante armadura sujeta el escudo en el que aparecen las armas de su linaje, que se repiten en la parte superior en el emblema que porta un amorcillo que gravita mientras el difuminado pendón de Castilla se enreda entre sus piernas.

A ambos lados, formando agrupaciones, se distribuyen destacados personajes históricos. En la parte derecha, junto a las figuras centrales, aparece un grupo de seis personajes, de resonancia histórica, entre los que se reconocen las figuras de la reina María de Molina, que eligió Valladolid como lugar de residencia y tanto benefició a la ciudad, sentada en compañía de su esposo el rey Sancho IV; a su lado la reina Isabel la Católica, con corona y colocada de pie, ofrece sus joyas para sufragar la gesta del Descubrimiento después de que celebrara su matrimonio en Valladolid; debajo de ella se asienta el Cardenal Mendoza, fundador del Colegio de Santa Cruz; al frente del grupo se sitúa Cristóbal Colón, ensimismado en el estudio de la cartografía mientras acaricia un globo terráqueo, recordando con ello que tanto el inicio de su proyecto como su muerte se produjeron en Valladolid. Completa el grupo la figura sedente del rey Felipe II, nacido en Valladolid, que sujeta entre sus manos el plano de la ciudad que ayudó a reconstruir después del incendio de 1561.

Más a la derecha el grupo de personajes está relacionado con la literatura. En el centro aparece Miguel de Cervantes, ilustre vecino de la ciudad en la que consiguió hacer posible la publicación del Quijote; detrás, según se puede deducir por sus rasgos fisionómicos, aparece el teólogo y jesuita vallisoletano Luis de la Puente, cuyos escritos, publicados en los albores del siglo XVII, tanta repercusión tuvieron; más a la derecha se coloca el gran poeta y dramaturgo vallisoletano José Zorrilla, orgullo de la ciudad, con el que se relaciona una bella alegoría de la musa de la Poesía, que, bajo el aspecto de la Primavera, gravita algo más abajo rodeada de flores.

Otras dos agrupaciones se colocan en la parte izquierda de la composición. Una de ellas, formada por cuatro figuras femeninas de gran tamaño, adquiere un valor alegórico relacionado con la historia de la ciudad, recordando al tiempo las virtudes del gobierno. Una de las alegorías representa la Fortaleza, que está sugerida por una elegante dama que sujeta un casco con penachos y una lanza; a su lado aparece recostada la Justicia, que con una espada en su regazo fija su mirada en el libro de la Ley; por detrás una bella figura femenina puede representar la Historia, pues porta un puñal y hace un gesto de contención, al tiempo que se acompaña de un brioso caballo blanco; al fondo, casi de espaldas, aparece una alegoría de la Música que enaltece el espíritu, en este caso portando un arpa.

Otra serie de personajes conforman un último grupo. Entre ellos se distingue al rey Fernando III el Santo, reconocible por aparecer con el libro de Las Partidas, recordando que este rey y su madre doña Berenguela fueron coronados como reyes de Castilla en la Plaza Mayor el 1 de julio de 1217, como lo recuerda una lápida colocada en la fachada del Ayuntamiento. A su lado, aparece el rey Enrique IV, nacido en Valladolid en 1425, que sujetando una corona y una espada recuerda el haber disputado el trono a su hermana Isabel. También vallisoletano es el franciscano San Pedro Regalado, patrón de la ciudad, bajo el que aparece otro personaje, cubierto por un manto blanco, que se tapa la cara, lo que dificulta su identificación.

En definitiva, todo un compendio de historia relacionada con Valladolid como exaltación de su importante papel a lo largo del tiempo. Pero también una muestra de la capacidad compositiva e historicista de tipos creados por Gabriel Osmundo Gómez, cuya luminosidad y grandilocuencia sigue presidiendo el incomparable marco del salón mas suntuoso de la Casa Consistorial.















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1 comentario:

  1. Hemos realizado dos correcciones según la sugerencia amablemente enviada por Jesús Sánchez Ruiz.
    A veces las prisas no son buenas consejeras.

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